El dedo en la llaga

A mí lo que más me gusta de la clase política española es lo atenta que está siempre a las preocupaciones ciudadanas. Es atisbar un problema que nos preocupa y allá están ellos raudos al tajo: el Gobierno poniéndose manos a la obra a solucionarlo con ahínco y la oposición poniéndose manos a la obra a demandar soluciones y proponer alternativas.

Leo que el PP ha registrado la siguiente pregunta para formular al Presidente del Gobierno en su próxima comparecencia en el Senado: "¿Qué reflexiones le han llevado a concluir que el Gobierno de España debe ser llamado 'Gobierno de España'?". Tal cual. Para nota lo de esta gente.

Habrán visto que el Gobierno ha decidido que toda la publicidad institucional, antes de aludir al Ministerio u organismo público correspondiente, lleve la firma de Gobierno de España e incluso ha convocado un concurso para decidir la imagen corporativa de esa marca. Y el PP plantea la pregunta citada, porque, como estamos en precampaña, toca aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para acabar hablando por enésima vez -como si lo viera- de las concesiones a los nacionalistas, una reiteración que en mi opinión obedece más al interés partidista que a una sincera preocupación.

Si yo pudiera hacer una pregunta al Presidente del Gobierno en el Senado, le plantearía lo mismo que el PP, vamos, sin dudarlo. Es lo que más afecta ahora mismo a mi vida como ciudadano, el asunto público de más envergadura. Qué sintonía con las inquietudes de la gente de a pie, muchacho.

Que en España no haya un modelo educativo consensuado después de treinta años de democracia y cambiemos de sistema de enseñanza cada vez que cambia el gobierno, usando a los alumnos como conejillos de indias, o que un porcentaje muy elevado de la población española tenga problemas de acceso a la vivienda y el relator de la ONU haya llamado la atención sobre el problema, por citar sólo dos ejemplos entre las decenas posibles, son cuestiones baladíes. Ahí están nuestros representantes para tratar lo que de verdad importa... Vaya sueldos que pagamos.

Sí, me dirán algunos, tú utilizas la ironía, pero no te das cuenta de que el portavoz del PP también formula su pregunta con ironía. Ya, ya, que sí me doy cuenta, hombre. Qué ingenioso Pío García Escudero, vaya chispa que tiene. Es que me partiría de risa, si no fuera porque estos tipos están ahí para representarnos y manejan nuestros asuntos públicos. Es un problema de contexto: si la pregunta la formulan en un monólogo del Club de la Comedia, me divierte; si la gracieta la hacen en el Senado, empiezo a perder el sentido del humor.

El debate sobre por qué el Gobierno de España debe ser llamado Gobierno de España promete ser apasionante. No creo que me lo pierda. Supongo que ustedes tampoco, ¿verdad?

1 comentarios:

Gladis dijo...

La reflexión a la que me mueve tu comentario es tremenda: ¿qué alternativa nos queda entonces a los ciudadanos españoles?. ¿Esperamos a que Rosa Díez y Savater se vayan centrando y nos ofrezcan algo más definido... o vamos atisbando el precio de la vivienda en Bahamas, por optar a un exilio decoroso?.
Porque se hace necesario poner negro sobre blanco en este tipo de cuestiones, que pareciera que en España el síndrome post-vacacional nos dura todo el año: seguimos pagando sin chistar las subidas anuales de nuestras hipotecas, asistimos gozosos a ver cómo nuestros hijos pasan de curso pensando que Góngora es un nuevo buscador de internet, con atascos en todas las carreteras a la primera nevada del invierno, asumiendo que nunca sabremos exactamente lo que pasó el 11-M o convencidos -¡qué putada, Carlos!- de que los nacionalismos que sufrimos en realidad son un mero objeto partidista y que ofrecen menos peligro del que nos quieren hacer ver.
Y votamos dentro de nada.
¿Votamos en blanco? (como forma de castigo a la clase política en general, más allá de ideologías, partidos o carismas)¿No votamos? (que también es un derecho, señores)¿Hacemos como que no nos ha dado tiempo y ofrecemos una excusa razonable....?
Lo peor: seguiremos siendo todos "andaluces recalcitrantes" y votaremos más de lo mismo, cada uno al suyo, con una fidelidad que conmueve. Y cuando nos metan la papeleta en la urna pensaremos "que te jodan" (y cada uno pensará en el contrario, claro). Y otros cuatro añitos de preguntas tontas, como la de don Pío. ¡Ay, don Pío!