Conferencia de Arnaud Imatz sobre José Antonio

El sábado 17 el historiador y politólogo francés Arnaud Imatz presentó en Alicante su libro José Antonio, entre odio y amor. Su historia como fue, publicado por Áltera Ediciones.

Me propusieron que lo presentara y lo hice gustoso. La obra es una revisión actualizada de una edición francesa muy anterior, publicada hace más de veinte años, y que yo había leído en su momento en su lengua original (con dificultades, claro). Ya me pareció entonces un gran libro, por lo que, para mí, tratar ahora personalmente a Imatz (nos conocimos hace unos meses en El Corte Inglés de Madrid mientras él firmaba ejemplares) y además ser yo quien le presentara en este acto ha constituido un privilegio.

Ya comenté en otra ocasión, en una entrada anterior, mi admiración (tan contracorriente y tan políticamente incorrecta, lo sé) por la figura de José Antonio, que me parece un absoluto desconocido para sus compatriotas, un nombre antes manipulado por la dictadura franquista y hoy inexplicablemente proscrito.

Cuando uno analiza, por ejemplo, sus últimos meses de vida, se encuentra con que, tras el triunfo electoral del Frente Popular, dicta instrucciones internas a su partido para que “por nadie se adopte actitud alguna de hostilidad hacia el nuevo gobierno ni de solidaridad con las fuerzas derechistas derrotadas” y ordena también: “nuestros militantes desoirán terminantemente todo requerimiento para tomar parte en conspiraciones, proyectos de golpe de Estado, alianzas de fuerzas de orden y demás cosas de análoga naturaleza”.

Poco después, es encarcelado. La supuesta asociación ilícita que se imputaba a su partido, es descartada por el propio Tribunal Supremo de la República, que dicta sentencia avalando la legalidad de los fines y los medios de la organización. Sin embargo, la suerte está echada porque se ha producido entretanto el levantamiento y José Antonio ya permanecerá en prisión hasta su muerte, sin participar, obviamente, ni en la guerra civil ni en el posterior franquismo, con los que ahora se vincula injustamente a la figura de este diputado de la II República. Que Franco pusiera su retrato en las escuelas mientras llevaba a cabo una política en buena medida opuesta a su pensamiento fue una terrible farsa, pero que en el siglo XXI los demócratas coincidan con Franco en mantener esa falsedad, en contra de la propia realidad histórica, no se entiende muy bien.

En la única entrevista que pudo conceder en prisión, al periodista Jay Allen, cuando éste le pregunta si conoce la naturaleza del movimiento que se ha desencadenado en España y la participación de sus gentes, José Antonio alude a su desconocimiento de la situación por la incomunicación, pero asegura muy significativamente que “si este Movimiento gana y no es nada más que reaccionario, entonces me retiraré con la Falange y yo volveré a ésta o a otra prisión dentro de muy pocos meses”.

Entre los manuscritos que deja en la cárcel de Alicante se encuentra el guión de un futuro artículo, en el que se preguntaba: "¿Qué va a ocurrir si ganan los sublevados? Un grupo de generales de honrada intención; pero de desoladora mediocridad política. Puros tópicos elementales (orden, pacificación de los espíritus...). Detrás: 1º) El viejo carlismo intransigente, cerril, antipático. 2º) Las clases conservadoras, interesadas, cortas de vista, perezosas. 3º) El capitalismo agrario y financiero. Es decir: la clausura en unos años de toda posibilidad de edificación de la España moderna. La falta de todo sentido nacional de largo alcance".

Desde la prisión, hizo al Gobierno una propuesta de mediación para detener el curso de la guerra, propuso el restablecimiento de la legalidad republicana y la formación de un gobierno plural de concentración con elementos de los partidos mayoritarios de uno u otro signo, un ejecutivo que decretase la amnistía general e hiciera efectiva la disolución y desarme de todas las milicias, implantando medidas que entonces eran necesarias y de elemental justicia social (como la reforma agraria) y acometiendo la redacción y aplicación de un “programa de política nacional reconstructiva y pacificadora”.

Tenía muy claro que “no puede haber vida nacional en una patria escindida en dos mitades inconciliables: la de los vencidos, rencorosos en su derrota, y la de los vencedores, embriagados por su triunfo”.

Y, ya condenado a muerte, dejó en su testamento escrito su fallido deseo: “Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles”.

Tras su fusilamiento, dirigentes destacados de la izquierda, como los anarquistas Durruti o Abad de Santillán, los socialistas Negrín, Prieto o Zugazagoitia lamentarían de forma explícita lo que consideran que ha sido un sangriento error de su propio bando, en una actitud ante el personaje muy distinta a la de la izquierda actual.

Cuando se conoce todo esto, les aseguro que produce auténticas náuseas el repulsivo espectáculo que cada 20 de noviembre ofrece la extrema derecha franquista utilizando el nombre de José Antonio como hicieron durante cuatro décadas. Y produce bochorno que la actual democracia no haya sido capaz de rescatar su figura, como la de tantas otra personas de todas las ideologías, por encima de la deformación histórica y sectaria, con sus virtudes y con sus defectos, para el patrimonio común de todos los españoles, pensando en una efectiva reconciliación.

Yo espero que algún día, igual que hoy hablamos de las anteriores guerras civiles sin necesidad de mantener simpatías carlistas o isabelinas, los españolitos del siglo XXI no se adscriban ya a ningún bando de la guerra de 1936 y consideremos a todos, absolutamente a todos, como nuestros muertos, a los de uno y a los de otro lado, sin perjuicio de las opciones políticas actuales que cada cual profese legítimamente.

Imatz, el conferenciante al que tuve el honor de presentar ante el público español, es un historiador de las ideas como él mismo se definió. Es, además, y doy fe, persona inteligente, culta y, desde el punto de vista humano, entrañable y amable en el trato.

Es increíble que tenga que ser un autor de otro país (que, políticamente, no tiene ninguna vinculación con el falangismo, debo aclarar) quien haya acertado a escribir la que, a mi juicio -y así lo manifesté-, es la mejor obra sobre la vida y el pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera, por la ausencia de prejuicios y el rigor con que se acerca a su trayectoria y su mensaje.

Imatz hizo en su intervención una excelente y documentadísima exposición sobre por qué José Antonio no era antidemócrata ni en modo alguno se le puede considerar fascista.

Afirmó que curiosamente la corriente política de su época con la que se detectan más coincidencias objetivas es con el personalismo comunitario de Emmanuel Mounier, que era un movimiento filosófico y político de tercera vía, con una visión integradora de las dimensiones individual y social de la persona, frente al individualismo liberal-capitalista y frente al colectivismo marxista.

Y detalló también aquellos aspectos del pensamiento joseantoniano que podrían, en su opinión, ser rescatables hoy, por su vigencia, como la síntesis superadora que aunase lo mejor de la izquierda y lo mejor de la derecha, como su crítica al capitalismo salvaje o como el sentido de proyecto colectivo opuesto a la patriotería y al chauvinismo, entre otros.

2 comentarios:

atticus dijo...

Me alegro,

Por la integridad. La decencia es muy necesaria en estos días de mendacidad interesada. Y tu blog es un muy buen lugar para practicarla y abrir necesarios caminos.

Enhorabuena carlos.j

Un cordial saludo

P.S.: beti aurrera.

P.S.2º.: http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Primo_de_Rivera

Todo mi respeto

Joan Rovira dijo...

Interesante artículo, Carlos. No puedo negar que a priori la figura de Primo de Rivera me produce rechazo, la tengo profundamente asociada al régimen del pequeño y cruel general. Es difícilmente clasificable, estoy de acuerdo, y un caso de brillante vampirización política: Che, Lenin, José Antonio... Los mejores héroes son los muertos, no pueden defenderse... Tomo nota de este libro, procuraré leerlo sin prejuicios. Ya te contaré.