Faemino y Cansado

Hace años, los había visto ocasionalmente en algún programa de la tele –me parece que en La Bola de Cristal y en Cajón Desastre- los sábados por la mañana y no me habían hecho gracia. Creo que en aquel momento no les presté mucha atención o no les pillé el punto. Aparte de que también ocurre que hay números de humor que en el vivo y directo ganan y que pierden frescura en televisión (les pasa, en mi opinión, a Académica Palanca, por ejemplo). Llegó el cumpleaños de mi hermana y propuso que saliéramos con unos cuantos amigos a ver alguna actuación. En contra de mi voluntad la mayoría eligió Faemino y Cansado y yo pensé: si no me divierten, les voy a poner un careto que les deprima, ahí en primera fila del Café del Foro… En cuanto salieron al escenario y empezaron a dar las gracias a los colaboradores del espectáculo, entre ellos “al Excelentísimo Corte Inglés de Madrid, por la cesión gratuita del vestuario… Si bien ellos no lo saben” me empecé a reír con sus ocurrencias y ya no paré en toda la noche.

Desde entonces, procuro verlos en cuanto tengo ocasión y la otra noche fui con un amigo, Carlos Cardesa, a la sala Galileo Galilei y nos dimos una buena sesión de risas. La verdad es que estuvieron sembrados.

Carlos Arroyo, Faemino, y Javier Pozuelo, Cansado, comenzaron a actuar juntos en el Retiro madrileño. De ahí pasaron a cafés y locales y finalmente dieron el salto a televisión, donde hicieron el programa El orgullo del tercer mundo.

Practican un humor muy personal, sin imitaciones (bueno, una sí hacían: la de Julio Iglesias en el dentista..., y ahora han incorporado también la de la voz de la Reina), sin chistes convencionales, con caracterizaciones y escenografía muy sencillas. Se suelen basar en situaciones más o menos cotidianas, pero llevándolas al absurdo, con reflexiones divertidas (el romanticismo de los cultivadores de perejil, por ejemplo) y con juegos de palabras, así como ocurrencias disparatadas.

En una ocasión, los productores de su programa televisivo les recomendaron que crearan una frase que se llegara a popularizar, supongo yo que al estilo del “veintidós, veintidós, veintidós…” del Dúo Sacapuntas, el “¿es la guerra?” de Gila, el “hablaremos del Gobierno” de Tip y Coll y otras similares (fíjense en el reciente éxito popular de la expresión “un poquito de por favor”, sin ir más lejos). Sin embargo ellos, de absoluta coña, crearon una frase que pensaron que era totalmente imposible que calara en nadie. En un momento en uno de sus gags, uno de ellos decía “qué va, qué va, qué va” y la surrealista respuesta del público tenía que ser “yo leo a Kierkegaard”… Al final, la frase sí se hizo popular entre sus seguidores.

A mí me divierten especialmente sus personajes de Arroyito y Pozuelón. Frente al humor inteligente que Faemino y Cansado practican, estos supuestos parientes suyos recorrían los escenarios haciendo un humor de chascarrillos más gruesos. Siempre salen con la copa de coñac en la mano, y con un cigarro o un palillo en la boca. Para presentarles, antes solían poner como sintonía esa rumba tan sutil de “Dame veneno que quiero morir, dame veneno /porque prefiero la muerte que vivir contigo…”. Aquí les dejó de regalo un sketch en el que hacen de Arroyito y Pozuelón. Y, si tienen oportunidad, no se los pierdan en vivo.

Viena


En una entrada anterior opinaba que un tour organizado es una mala opción para visitar una ciudad. Pero, cuando no queda más remedio -por decisión de grupo, por escasez de tiempo o por cualquier otro motivo-, ¿qué es lo mejor que te puede pasar? Pues que te toque en suerte un guía como Javier.

Bueno, Javier no era exactamente eso –contábamos con guías locales en cada ciudad- sino, de alguna manera, quien acompañaba y coordinaba, el encargado de los detalles organizativos por parte del operador mayorista. Pero la impresión que daba era totalmente distinta. Parecía algo así como un amigo o conocido que tuvieras en una ciudad europea, alguien medio bohemio –que fuera profesor de universidad, o escritor, o algo parecido- y al que fueses a visitar después de mucho tiempo, y te contara cosas y te ofreciera pistas para descubrir y disfrutar la ciudad. Inteligente, irónico hasta la mordacidad, provocador, culto, Javier intentó que fuéramos un poco menos con la actitud gregaria y cómoda del turista y un poco más con la curiosidad del viajero… Si yo hubiera llevado una grabadora, me habría dado hecha la crónica del viaje.

A ver, ¿todos lleváis un plano? –se aseguraba-, ¿hay alguien que no lleve un plano? Bien, pues entonces dobladlo y lo guardáis. Olvidaos de él. Ya habéis hecho una visita panorámica, así que ya conocéis los sitios que ‘hay que ver’. Ahora, os aconsejo que aprovechéis esta tarde para poneros a caminar sin rumbo definido y que descubráis que, fuera de la Viena que se enseña, la ciudad sigue. Y que hay otra Viena que ya no es de los turistas sino de los vieneses”.

Con los Habsburgo, Viena fue la capital del mayor imperio del mundo; hoy, Viena es la capital de una pequeña república centroeuropea. Sin embargo, si piensas encontrar una ciudad con aire decadente, no será esa la sensación que percibas, o al menos no fue mi caso. Viena es una ciudad orgullosa de su historia -que asoma a cada paso-, pero muy acoplada a su realidad actual. Una ciudad bien organizada, que funciona y que parece estar habitada por personas con una dosis alta de educación cívica.

Al encontrarte con la historia de Austria, de paso te reencuentras con parte de nuestra propia historia. Al fin y al cabo, los Habsburgo –en España simplemente los Austrias- fueron la dinastía reinante en nuestro país durante dos siglos, hasta que Felipe V y los Borbones se impusieron en la guerra de sucesión. Resulta simpático enterarte de que allí, cuando alguien no entiende una cosa, no le suena a chino como a nosotros, sino que le está pareciendo español. Y esa expresión popular es debida a que Fernando I (hermano del emperador Carlos y nieto por tanto de Fernando el Católico) había nacido y se había criado en España, apenas hablaba alemán cuando llegó a reinar en Austria, y se presentó allí con una corte de consejeros españoles con los que nadie conseguía entenderse.

Viena es la música. Seguramente no hay otra ciudad en todo el mundo donde se viva la música con esta intensidad y esta pasión, donde esté tan presente en lo cotidiano. Todos los días hay varios conciertos en decenas de sitios, encuentras monumentos que hacen alusión a compositores, hay muchas tiendas especializadas (por cierto, a mí tendrían que prohibirme entrar a las tiendas de música y de libros aunque yo quisiera, igual que a otros no les dejan entrar al bingo)… La corte vienesa promocionó la música, y compositores como el alemán Beethoven, el húngaro Haydn o el austriaco Mozart desarrollaron en Viena su carrera en el siglo XVIII. Pero también fueron vieneses, ya en el siglo XIX, Schubert, Mahler o Strauss, el gran creador de los más conocidos valses. Además de la Ópera de Viena, la ciudad acoge prestigiosas salas de conciertos como el Musikverein –donde la Filarmónica de Viena ofrece el célebre concierto de Año Nuevo-, el Burgtheater, el Konzerthaus y otros muchos.

Viena son, también, los cafés. Los viejos cafés como sitio de encuentro social, de tertulia… “¿Qué café es recomendable en Viena –nos informaba Javier-, cuál es bueno? La respuesta es: cualquiera”. “Ahora bien –advertía- aquí, cuando la gente va al café, va sin prisas, a hablar del vecino y de lo que surja. ¿Y qué pasa si uno tiene prisa? Pues que no va al café. Al camarero no se le llama ni se le chista. Él te ha visto, nota tu presencia. Ya vendrá”. “Yo tengo un pequeño truco –compartía con nosotros- cuando quiero dedicarle al café cuarenta y cinco minutos y no hora y media. Consiste en pedir la cuenta a la vez que te sirven el café. El camarero te mirará con lástima, pensando ‘qué asco de vida lleva este hombre’, pero te la traerá…”.

En la Viena medieval encontramos la Catedral de San Esteban, con un interior impresionante y un exterior llamativo, aunque muy deteriorado, falto de una restauración y limpieza a fondo.

Enfrente, un edificio moderno: la Haas-Haus, una torre asimétrica de vidrio y mármol, que resultó controvertida en su momento. Es un centro comercial cuya planta baja alberga… un Zara. Supongo que la firma española despliega esa estrategia para darse a conocer: es inevitable encontrársela en lugares o edificios emblemáticos de todas las capitales europeas donde vayas.

Entre los museos vieneses, destacan el de Artes Aplicadas (MAK) y el de Historia del Arte (KHM), que están ubicados en edificios gemelos, uno frente al otro.


Caminando, muy cerca, en la plaza Michaeler, encontraremos el edificio Looshaus, la Biblioteca Nacional, la actual sede de la Presidencia de la República –ubicada en los apartamentos imperiales de María Teresa y José II- o la Escuela española de equitación, entre otros puntos de interés.
El entorno del Ayuntamiento –donde luego se instala el célebre mercado navideño- para nosotros fue punto de referencia permanente. En agosto se celebra una especie de feria gastronómica internacional, con casetas de diversos países, y a la vez se ofrece en el interior del edificio municipal algún evento –conciertos clásicos, ballet, musicales contemporáneos…- que proyectan en una gran pantalla exterior. Convertimos la zona en nuestro lugar habitual de cena. Lo mismo nos dábamos a las salchichas y cerveza alemanas, que probábamos ricos postres de todo el mundo, pero las opciones incluían desde platos orientales hasta comida mexicana. Se podía también españolear, porque había un puesto con una supuesta paella, un supuesto gazpacho, una supuesta sangría… aunque no nos atrevimos a probarlo por si acaso los productos era tan españoles como los que atendían el puesto.

Hay muchísimos más sitios que visitar dando un paseo por la ciudad: el Teatro –en cuya fachada aparecen tres nombres: Calderón de la Barca, Shakespeare y Molière-, el Palacio Real o el edificio del Parlamento, en el que el gusto de los emperadores imitaba el arte romano…

Entre los sitios de visita obligada está el Belvedere, un palacio que hoy es museo, con una parte dedicada al arte medieval y barroco y otra amplia colección de arte contemporáneo, que incluye el conocido cuadro El Beso de Klimt.


Pero entre los palacios vieneses sobresale Schömbrunn, ampliado por orden de la emperatriz María Teresa y claramente inspirado en el Versalles francés. Se pueden visitar los laberínticos jardines y algunas de las dependencias interiores, para apreciar el arte y la decoración. También incluye una exposición permanente de carruajes de la familia imperial.

En contraste con esta Viena histórica, entre el canal del Danubio y el barrio de Landstrabe, encontramos algunas construcciones concebidas por Friedensreich Hunderwasser y ejecutadas bajo la dirección del arquitecto Josef Kravina, entre las que destacan las Huntderwasser-Haus


Hunderwasser fue pintor, una especie de discípulo de Gaudí interesado por el medio ambiente y por la arquitectura, nacido en 1928 y muerto en el año 2000. Las Huntderwasser-Haus son unas casas verdaderamente singulares y originales que a mí me fascinaron. Pretenden un diálogo entre naturaleza y arquitectura. Las plantas que crecen en las fachadas y en el interior hacen que el edificio luzca aspecto diferente en cada estación del año, verde intenso en primavera, amarillo o rojizo en otoño… Las viviendas tienen una zona peatonal delante y están pintadas de vivos colores: cada vivienda interior tiene su propio color exterior. Las superficies grises marcan zonas comunes: escaleras, pasillos, salas de juegos para los niños, el llamado jardín de invierno interior… Los suelos interiores no son planos, sino que recrean las formas del suelo natural de los bosques. El contraste entre la reproducción de una parte de la fachada del antiguo edificio y la nueva y colorista construcción con la que se mezcla, simboliza muy gráficamente esa conexión entre la Viena clásica y esta Viena vanguardista. Los habitantes de estas casas pagan pequeñas rentas razonables (comparando sueldos austríacos con sueldos españoles y alquileres austriacos con alquileres españoles te entra depresión) y sólo hay unos inquilinos que no pagan en efectivo: los árboles, que crecen desde el interior hacia el exterior de la casa y que pagan con su utilidad produciendo oxígeno, purificando el aire y adornando. Hay multitud de elementos figurativos, como columnas, bolos, ladrillos antiguos, restos de azulejos… Teóricamente, cada inquilino puede pintar la fachada desde su ventana hasta donde le alcance el brazo y puede pintar también lo que quiera en las escaleras interiores y los pasillos. Enfrente, está el Village, que tiene diseño similar y estaba pensado originariamente para ser el Mercado del barrio, pero que ha acabado convertiéndose en un conjunto de tiendas de souvenirs.
El Prater es un área campestre y recreativa, que era el antiguo coto de caza imperial. Entre estanques y pequeños bosques, hay un parque de atracciones, con la noria más antigua que queda en Europa, del siglo XIX (no seré yo quien se suba ahí).

La parte más moderna de Viena es la Ciudad de las Naciones Unidas, donde, en cuatro grandes torres de oficinas, se alojan distintos servicios de la ONU. Allí cerquita teníamos el magnífico hotel recién inaugurado en el que nos alojábamos y que fue una auténtica lotería.

La guinda de la visita a la ciudad, como no podía ser de otra forma, fue comprar entradas para un concierto de música. Se celebró en la Ópera de Viena y corrió a cargo de la Orquesta Mozart, una formación integrada por músicos de otras prestigiosas orquestas que se han agrupado para cultivar e interpretar la obra de este genial compositor austriaco. Tienen la peculiaridad de que actúan con vistosos trajes del siglo XVIII y suelen ofrecer un repertorio de los denominados de Academia Musical, esto es, sólo fragmentos de las composiciones más conocidas. Disfrutamos como enanos viendo la Ópera por dentro y escuchando desde uno de sus palcos los acordes de la Sinfonía 40, la Pequeña Música Nocturna… y los cantos de D. Giovanni, La Flauta Mágica o Las bodas de Fígaro. Pero, como estamos en Viena y los músicos saben que muchos de los asistentes son extranjeros, la orquesta añadió fuera de programa, entre el entusiasmo del público, un final que no era de Mozart, sino el mismo que todos recordamos del Concierto de Año Nuevo: El Danubio Azul y la Marcha Radetzky. Una experiencia deliciosa, de las que no olvidas.

Yo al final me fotografié con una de las colaboradoras de la orquesta, ella con traje de época.

Pero, como mis compañeras de viaje, Marisol y Susana, son unas envidiosillas, al ver que yo me hacía una foto con esta chica tan guapa, ellas corrieron a hacerse otra con este chico tan… simpático.


En fin, que no hay color.

Próxima estación: Praga. ¿Me acompañan?

(Fotografías del autor y de Marisol Nieto)

Fiestas de San Miguel en El Hoyo de Pinares: imágenes para el recuerdo

Publicado en Diario de Ávila, 25.09.07, suplemento especial dedicado
a las Fiestas Patronales de San Miguel Arcángel en El Hoyo de Pinares.

Durante mucho tiempo he promovido o participado activamente en numerosas actividades socioculturales, ecológicas o deportivas en El Hoyo de Pinares, primero a través de mi implicación en la vida asociativa del municipio y, luego, a lo largo de dieciséis años, como concejal del Ayuntamiento. Pero, si tuviera que elegir, entre las iniciativas de más grato recuerdo estaría, sin duda, Imágenes del Ayer. Bajo este título se celebraron en los años 1998 y 99 dos ediciones de una exposición y se publicó un libro-catálogo, recopilando fotografías antiguas del pueblo, aportadas por vecinos y visitantes. Un incompleto recuerdo de ello lo conservamos en la web Imágenes del Ayer.

Con el inestimable apoyo de la Peña Lolailo, la cobertura de Cultura Joven y el patrocinio de Caja de Ávila y Ayuntamiento, pudimos dirigir entonces una mirada colectiva a la memoria gráfica de esta villa, una iniciativa que aún hoy muchas personas siguen pidiendo que se repita, y ojalá que podamos hacerlo a no mucho tardar.

Como ya he contado otras veces, la idea surgió cuando encontré en casa unas fotos en blanco y negro que habían pertenecido a mi padre, en las que se veían tradiciones que en ese momento ya no existían: concursos de corte de troncos, rondallas, procesión de San Isidro... Pensé que en otros hogares podrían conservarse estampas similares y ese año recopilé aproximadamente cien fotografías de interés, entre familiares, amigos y conocidos, con las que montamos una primera muestra. El éxito cosechado fue tal –tanto en afluencia de visitantes como en eco en los medios informativos- que se organizó al verano siguiente una segunda edición, en la que ya participó mucha más gente aportando imágenes y conseguimos reunir unas cuatrocientas fotos. De ahí se seleccionó luego un centenar para el libro, que tuvo amplia difusión local y que llegó también a muchos puntos de España e incluso del extranjero, a manos de personas vinculadas al pueblo que no residen en el mismo pero que no quieren olvidar sus raíces.

La experiencia fue impresionante. Ante esas fotografías vivimos de todo: el magisterio de los mayores explicando a los más jóvenes detalles de cómo era antes el pueblo; momentos entrañables, con personas que se emocionaban al encontrarse con la estampa de seres queridos que ya no estaban; y ratos divertidísimos, de recordar acontecimientos agradables o de reír contando anécdotas.


Aquellas Imágenes del Ayer también nos mostraron cómo eran antiguamente las fiestas de San Miguel que volveremos a celebrar en estos días. Nos traían a unos el recuerdo de las vivencias y a otros el conocimiento por vez primera de unas fiestas distintas, la función, como la llamaban nuestros mayores.

Unas fiestas esperadísimas, en cuyos días previos, como recordaba Germana de Miguel en un artículo el pasado año, se jalbegaban las casas, se vareaban los colchones de lana y se preparaba ilusionadamente todo con el fin de que los hogares estuvieran renovados y acogedores, para los familiares que esos días venían a compartir las jornadas festivas.


Unas fiestas patronales en las que siempre hubo, a lo largo de los años, festejos taurinos organizados por el Ayuntamiento, para una afición local más torista que torerista. Hasta que, hace veinte años aproximadamente, comenzó a instalarse una plaza de toros portátil, las novilladas se celebraban en la propia plaza de España, frente al Ayuntamiento. Allí se disponía un tendido de madera, mientras que cada balcón de las viviendas se convertía también en un improvisado palco.

El patrón del pueblo, desde hace al menos cinco siglos, es San Miguel Arcángel. En las fotos pudimos comprobar que en los años cincuenta la procesión se hacía con otra imagen diferente a la actual y que ya no se conserva. En la década de los sesenta, la procesión tampoco se hacía con la imagen que actualmente se saca, sino con otra que ahora está en el mismo templo, en la parte superior del retablo del altar mayor. Quienes portaban la imagen a hombros, en unas andas doradas, eran normalmente los compañeros enterradores –tradición hoy desaparecida-, mientras que desde hace unos años las andas, ya con ruedas- son llevadas por las mujeres del pueblo.

La localidad contó con diferentes Bandas de Música en las distintas épocas. Durante algún tiempo, existía la que organizó el Frente de Juventudes. Luego, en las décadas de los setenta y ochenta, cuando la villa carecía de Banda propia, fueron las de Guadamur (Toledo), primero, y la de Cadalso de los Vidrios (Madrid), después, las que amenizaban y acompañaban nuestras fiestas, hasta que el Ayuntamiento impulsó la actual Banda de El Hoyo de Pinares, que tantas satisfacciones nos ha proporcionado a todos.


(Las fotografías reproducidas de las antiguas fiestas de El Hoyo de Pinares, proceden del libro El Hoyo de Pinares. Imágenes del Ayer, de Carlos Javier Galán, y fueron cedidas por Santiago Blanco, Bautista Fernández, Santiago Fernández, Lucila Galán, Sebastián Gallego y Cándido Martín).

Joseantonianos y transición política


El pasado fin de semana intervine como invitado en una de las ponencias de la XI Universidad de Verano de la Fundación José Antonio. Participar hoy en España en algo que lleve el nombre de José Antonio es ya de por sí casi como quedar estigmatizado de por vida. En mi caso, tengo que decir que acepté la invitación, cursada por el profesor universitario de Sevilla José Manuel Cansino, sin dudarlo: por mi trayectoria estoy a estas alturas tan marcado que soy "un caso perdido" y, por otro y ya más en serio, me parece de justicia histórica recuperar para el patrimonio común de los españoles un nombre como el de José Antonio Primo de Rivera, tergiversado hasta la náusea durante la dictadura franquista y hoy injustamente proscrito y condenado al ostracismo.

Si preguntáramos a la gente de a pie por este personaje, descubriríamos que, a pesar de que durante cuatro décadas su imagen estuvo muy presente en la vida nacional, sus contenidos políticos permanecieron arrinconados, por lo que es uno de los grandes desconocidos de nuestra historia. La mayor parte de los españoles de hoy tendrán la equivocadísima idea de que se trata de un líder ultraderechista o alguna visión simplista parecida a ésa. A mí me interesa la figura de José Antonio, pero no del José Antonio angelical que nos ofrecieron en el franquismo ni del José Antonio demoníaco que hoy nos presentan, sino del José Antonio lleno de humanidad, del José Antonio de la búsqueda de una síntesis política, del que abandonó una posición social acomodada para defender sus ideas hasta ser asesinado, del admirador de Picasso que habló de su obra con este pintor malagueño, del amigo de Federico García Lorca con el que el poeta decía cenar muchos viernes, del hombre que defendía “la aspiración a una vida democrática, libre y apacible”, del que consideraba que desmontar la injusticia del capitalismo era “una alta tarea moral”, del que fustigó a la derecha de su tiempo por su egoísta desentendimiento de las carencias sociales, del brillante parlamentario de la Segunda República, del hombre del que han hablado en términos elogiosos Miguel de Unamuno, Azorín, Rosa Chacel, Salvador Dalí, Gregorio Marañón, Fernando Sánchez Dragó, Alfredo Amestoy o Julio Anguita, al igual que lo hizo toda la izquierda de su tiempo, como los anarquistas Durruti y Abad de Santillán, la radical-socialista Victoria Kent, la comunista María Teresa de León, y los socialistas Prieto, Largo Caballero, Prat o Zugazagoitia, entre otros, de quien consumió sus últimos días en prisión en intentos de mediación para parar la guerra civil, del que hizo una valoración negativa de lo que iba a pasar tanto si ganaba el gobierno como si ganaban los sublevados, del que formuló una propuesta de paz que suponía el restablecimiento de la legalidad republicana sin represalias y la formación de un gobierno de concentración nacional con distintos partidos, del que deseó infructuosamente al morir que ojalá fuera la suya la última sangre española derramada en discordias civiles. No digo, claro está, que José Antonio no tuviera, además, defectos, desaciertos o aspectos con los que no esté de acuerdo. Claro que sí. Pero, en primer lugar, creo que fueron comparativamente menores que los de algunas otras figuras políticas del momento que hoy están poco menos que elevadas a los altares y, en segundo lugar, cuando menos sería deseable que la figura se analizara con rigor, sin simplificaciones ni gruesas caricaturas interesadas.

Pero, dejando a un lado esta explicación previa –más motivada por la desinformación que creo que existe sobre el personaje que por una justificación personal que no necesito dar-, en esta ocasión no hablábamos de José Antonio, sino que la Universidad de Verano que organiza la Fundación que lleva su nombre se centraba en otro tema: La Transición Política, treinta años después de las primeras elecciones democráticas.

Me tocó compartir tribuna con Pedro Conde Soladana, algo que para mí constituyó un honor y una satisfacción y así lo expresé. Pedro -a quien no conocía personalmente hasta no hace mucho tiempo- es un vallisoletano que en la época de la transición estaba aún en la treintena, pero tuvo un cierto protagonismo a través de su actividad política y de su columna en el periódico El Imparcial. Trabajador de la siderometalurgia, durante las postrimerías del régimen franquista había destacado por su participación en luchas sindicales y reivindicaciones laborales, siendo detenido y procesado varias veces, hasta resultar finalmente despedido de su empresa. Trabó contacto con Manuel Hedilla Larrey, el hombre que había sido elegido democráticamente en 1937 como sucesor de José Antonio al frente de Falange Española y que se opuso a la absorción de ésta por el aparato del régimen franquista, siendo por ello condenado a muerte primero y –tras conmutarse la pena- encarcelado durante años. Pedro Conde se acercó a organizaciones falangistas antifranquistas en la clandestinidad. En las primeras elecciones democráticas, Pedro estaba ya al frente de la Falange Auténtica, apellidada así por contraposición a la otra pseudo-Falange de extrema derecha, dirigida por el ex ministro franquista Raimundo Fernández Cuesta. Al margen de que se puedan o no compartir sus ideas, creo que hombres como Pedro, que entregaron lo mejor de sí mismos para plantear alternativas al pueblo español, son un digno ejemplo de coherencia, honradez e integridad.

La organización de esta Universidad de Verano, dirigida por el periodista Javier Castro-Villacañas, había dispuesto la intervención de unos ponentes –que son los que se lo curran, los que elaboran un trabajo sobre la materia- y a continuación unos comentaristas –que apostillaban y glosaban brevemente esa ponencia previa-. Ni que decir tiene que en este caso el ponente fue Pedro Conde Soladana y el tuno que chupó rueda de su trabajo fui yo.

Pedro detalló en su ponencia –pasando de la anécdota a la categoría- la presencia electoral en el 15-J de aquella joven y audaz FE-JONS (Aut.), que era vista entonces en los ambientes políticos como de izquierda, nos mostró carteles e informaciones de prensa y proyectó algún fragmento de los spots electorales de las nueve formaciones que obtuvieron espacio en TVE por concurrir en el suficiente número de circunscripciones. Resultó, por cierto, muy ilustrativo ver y escuchar ahora al joven Felipe González prometer que los diputados del PSOE saldrían al terminar su mandato como entraron, con las manos totalmente limpias. Evocó también Pedro algunos episodios hoy silenciados, como la participación de algunos destacados falangistas auténticos en la fundación de las clandestinas Comisiones Obreras.

En mi intervención, ofrecí algunos datos sobre las diversas organizaciones –una auténtica sopa de letras- que invocaban la herencia joseantoniana en 1977, desde ese falangismo auténtico hasta las consabidas falsificaciones ultraderechistas, así como los resultados electorales que cada una de ellas obtuvo. Hice, finalmente, una reflexión sobre qué planteamiento, a mi juicio, se debería haber formulado en ese momento –reducir el número de opciones políticas y la perplejidad que provocaban en el elector, simplificar un mensaje complejo cifrándolo en una serie de ideas-fuerza, dar una imagen actualizada, y asumir sin reserva alguna el pluralismo político…- para no perder definitivamente el tren de la transición y no quedar extramuros del conjunto de partidos democráticos. Pero, en todo caso, reconocí que es relativamente fácil hacer análisis a posteriori y que lo difícil era acertar en el momento y más en una encrucijada de tanta confusión como aquélla. Aclaré que en mi valoración no hay ni sombra de reproche a quienes, con la mejor de las voluntades, intentaron valiente y honradamente abrir caminos alternativos. Si a la postre no se consiguió, “¿quién nos compuso el engaño -como dice la canción de Aute- de que vivir es apostar a no perder?”.

Pensaba el otro día que, para alguien que no haya profundizado en estas materias, la actual situación le podría parecer “el mundo al revés”: el PSOE renegando de la transición y los joseantonianos en buena medida reivindicándola. ¿No es el PSOE el que presumía de haber diseñado la transición en la pizarra de Suresnes? ¿No eran los falangistas quienes se resistieron al cambio? Pues ni una cosa ni otra. La transición no puede ser patrimonializada por nadie, pero resulta irresponsable que el zapaterismo aliente ahora el revanchismo que entonces se consiguió conjugar en pro de la concordia. Y es verdad que en la transición hubo grupos ultras que se autoproclamaban falangistas y que fueron dignos herederos del ala más dura del continuismo franquista, pero también hubo estos otros falangistas auténticos que tenían meridianamente claro lo que repitió el otro día Pedro Conde: que es preferible cualquier democracia, por imperfecta que pueda ser, a una dictadura.

El gran mérito de la transición no fue el entramado político creado en la Constitución, porque el sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas, el monopolio de la representación por unos macropartidos que son como empresas que se mueven al son del marketing y no de los intereses nacionales, el excesivo poder que se otorgó a los nacionalismos y que está pasando facturas cada vez mayores… no son, en mi opinión, como para estar muy satisfechos. El mérito fue otro: que, por muchos errores que se cometieran, por muy imperfecto que sea el actual marco político, y aunque legítimamente muchos aspiremos a su transformación, aquella transición de la dictadura a la democracia, aquella recuperación de las libertades formales, no se hizo contra nadie, no se hizo desde la nostalgia de unos ni el revanchismo de otros, sino con el pueblo español mirando con decisión hacia delante, hacia un porvenir que superase heridas del pasado y abriese la posibilidad de convivencia pacífica. Ésos son el patrimonio, la enseñanza histórica y el ejemplo a los que, sea cual sea el futuro común que construyamos, los españoles nunca deberíamos renunciar.

El caso Madeleine

Publicado en AvilaRed.com, 28.09.07
y en la web de la asociación profesional Unión de Abogados, 10.10.07.

Pues no, no voy a hacer especulaciones sobre si creo que los padres de Madeleine McCann están o no implicados en la desaparición de su propia hija. Lo siento si alguien se decepciona. Ni siquiera estoy informado de la mayor parte de detalles –verdaderos o falsos- que sobre este caso han ido publicando los medios de comunicación.

A mí lo que me llama poderosamente la atención es el inusual tratamiento informativo del mismo.

En España, sin ir más lejos, hay actualmente 1.200 casos abiertos de menores desaparecidos. El último que yo recuerdo es el de Yeremi José Vargas, un niño de siete años desaparecido en Gran Canaria hace algunos meses. Los padres de Yeremi no tienen contratado jefe de prensa. Tampoco cuentan con los servicios del despacho de abogados que libró a Pinochet de la extradición. Ningún millonario les ha hecho un donativo para la búsqueda de su hijo. No han sido recibidos por el Papa. Ni siquiera se han entrevistado con el Ministro del Interior español. Y a la puerta de su casa no hay enviados especiales de medios informativos de todo el planeta.

Es increíble cómo el mundo entero puede moverse, no por razones objetivas (puesto que es obvio que informativamente no se trata de igual forma casos semejantes), sino cuando alguien tiene inteligencia y recursos como para montar una campaña. Y es curioso cómo se retroalimentan la oferta y la demanda: se ofrece información llamativa, la gente empieza a interesarse por el caso y, a partir de ahí, los medios le prestan esa atención que su propio público está demandando.

Pero, ¿no debería ejercitarse, en estos casos, por parte de los medios, un cierto sentido de la responsabilidad y evitar el morbo? Una cosa son las conversaciones informales que podamos tener en torno a un café y otra muy distinta es ver en letra impresa todos los días especulaciones y más especulaciones. Un panorama lamentable donde todos los medios parecen manejar información fiabilísima y estar en el quiz de la cuestión cuando, si algo ha demostrado este caso, es que existen multitud de filtraciones contradictorias y casi siempre interesadas. Un panorama donde cada ciudadano de a pie que se precie tiene ya hace tiempo un veredicto –casi siempre de culpabilidad-, dictado en atención a elementos tan concluyentes como los datos que va ofreciendo la prensa, el comportamiento público de los padres o lo que reflejan sus caras...

Los padres de Madeleine, ¿están implicados? No tengo ni la más remota idea. Y como no tengo certeza y tampoco tengo aficiones detectivescas, me ahorro hacer elucubraciones y menos públicamente. Como jurista y como ciudadano, creo sincera y firmemente en la presunción de inocencia como un pilar básico de nuestro marco de convivencia y me parecen repugnantes los juicios mediáticos paralelos. Pienso que, sencillamente, hay que dejar que la policía y los jueces hagan su trabajo. Y cuando haya realmente una noticia y no una suposición, que nos la faciliten.

Este clima que se ha creado y este tratamiento informativo, a mi juicio disparatado, no es beneficioso en ninguno de los supuestos posibles.

Imaginemos por un momento (ya sé que, después de lo que se ha visto y leído, les costará, pero inténtenlo) que el desenlace sea que, finalmente, los padres de Madeleine no están implicados. ¿Habrá alguna forma de compensar el calvario que pueden estar viviendo, el doble dolor indescriptible de padecer la desaparición de su hija y, además, sufrir las acusaciones de ser ellos mismos los culpables?

Pero ¿y qué pasa si, simplemente, el caso nunca se resuelve, como ha sucedido en millares de ocasiones, si el cadáver nunca aparece, si nunca realmente sabemos lo que pasó…? Pues que esos padres, sin que nadie les haya juzgado ni condenado, tendrán que vivir lo que les reste de existencia con la permanente sombra de la sospecha. Piénselo durante unos instantes, es sana costumbre ponerse en el lugar de los demás.

Y, finalmente, si fuera cierto que los padres de Madeleine están implicados en la desaparición de su propia hija, ¿de verdad alguien cree que este clima, con la lupa informativa diariamente sobre la policía y con los supuestos sospechosos sobre aviso, es el más adecuado para que se desarrolle una investigación medianamente seria?

Budapest

A veces visitas sitios de los que ya tenías una idea previa –que puede verse confirmada o no- , pero en ocasiones vas a lugares de los que no tienes ni repajolera idea de lo que te vas a encontrar. Éste era el caso. ¿Qué cosas conocía yo relacionadas con Hungría antes de ir allí? Bien pocas. Hago inventario: el cine de los húngaros (unos señores que, en mi infancia, allá por la prehistoria, llegaban de vez en cuando al pueblo, cuando no había cine de verano, con un rudimentario cine ambulante y proyectaban al aire libre películas en blanco y negro -de las que yo recuerdo vivamente la primera versión de King Kong-, sesiones a las que el público acudía llevando su propia silla y luego daba una propina cuando pasaban el cesto en el intermedio), algunos compositores húngaros célebres (fundamentalmente Franz Liszt y Béla Bartók), y que durante décadas fue una nación escondida tras el telón de acero... Poco más hubiera sabido detallar. Éstos eran mis vastos conocimientos sobre Hungría...

La historia de su país sonaba triste cuando la contaba Bori, una húngara de preciosos ojos (que a mí era inevitable que me cayera bien, pero de la que las malas lenguas decían que tenía muy mala leche; en fin, seguramente calumnias ;-) motivadas por la envidia…). Todo era una sucesión casi ininterrumpida de derrotas y dominaciones: sometidos a los turcos, sometidos al imperio de los Habsburgo, sometidos a la dominación nazi de los alemanes, sometidos a la dominación comunista de los soviéticos… A pesar de la melancolía, en el relato había ese puntito de orgullo por su identidad que los habitantes de todos los países (menos los del nuestro) parecen tener.

La actual capital, Budapest, surge en el siglo XIX como resultado de la unión de tres ciudades: Óbuda, Buda y Pest. Todavía la actual urbe tiene dos zonas claramente diferenciadas: Buda, la más antigua, y Pest, separadas por el río Danubio. A grandes rasgos, aunque esto seguramente es una simplificación, Buda parece más señorial y tranquila, Pest algo más moderna y bulliciosa. Bori bromeaba diciendo que los habitantes de la ciudad se dividían en dos grupos: “los que viven en Buda y los que quieren vivir en Buda”.

La comunicación entre las dos áreas de la ciudad se hace por varios puentes. El más antiguo y famoso es el de las Cadenas, uno de los iconos de Budapest, flanqueado por sus leones de piedra. Pero también hay otros, como el dedicado a la emperatriz Isabel –la célebre Sissi de las novelas y películas-, el Puente de la Libertad o el Puente Margarita.

En el centro del Danubio se halla Isla Margarita, una porción de unas 80 hectáreas que es algo así como el pulmón verde de la ciudad.

En Buda destaca en una colina el barrio del Castillo. Allí se alza la iglesia consagrada a Nuestra Señora de la Asunción, más conocida como la iglesia de Matías –por este rey húngaro-. Construida inicialmente en estilo románico en el siglo XIII, fue escenario de acontecimientos históricos y bodas reales. Transformada en mezquita en el siglo XVI bajo la dominación turca, se restauró en el XIX con su aspecto actual, ya gótico, pero con algunas mezcolanzas. Aunque el exterior es hermoso (si bien lo encontramos deslucido por los andamios, supongo que por alguna limpieza o restauración), me pareció sin embargo más impresionante el interior, decorado con vistosos frescos y vidrieras.

Junto a la iglesia está, por uno de los lados, la columna de la Trinidad, que preside la plaza del mismo nombre y, por otra parte, el Bastión de los Pescadores, una construcción del siglo XX pero que imita los antiguos castillos y constituye un privilegiado mirador de la ciudad. Allí encontramos una estatua ecuestre del rey húngaro San Esteban.

Por el barrio puede callejearse, deleitándonos con el entorno, entre casas góticas y rincones con encanto. Nos topamos con algunos puntos de interés, como la iglesia calvinista, el Museo de Historia de la Música, el antiguo Parlamento, restos del barrio judío medieval… Y, para los golosos -o simplemente para los curiosos- la pastelería Ruszwurm, con decoración del siglo XIX.

En el sector de Buda está también la actual sede de la Presidencia de la República, así como el antiguo Palacio Real, hoy sede de la Galería Nacional húngara, y cuya silueta contemplada desde el otro lado del Danubio es también uno de las estampas más representativas de Budapest.

Cruzando a Pest, cerca del puente de las Cadenas está el palacio renacentista de la Academia de Ciencias, en la plaza de Roosevelt. En la plaza Vörösmarty y varias calles cercanas se concentra la animación peatonal. Allí está el célebre Café-Pastelería Gerbeaud, también del siglo XIX, con su terracita… en fin, una tentación irresistible.

El Vigadó, hoy centro cultural y comercial, es un ejemplo de la llamada arquitectura romántica húngara.

La sinagoga de la ciudad, con una colorista fachada, alberga un museo de arte y cultura judía.

El Café Nueva York está ubicado en la planta baja de un edificio del siglo XIX que es también un lujoso hotel. Tradicionalmente era lugar de cita de la intelectualidad. Hoy es otro de los puntos que suelen atraer a los visitantes, por su suntuosa decoración interior.

En la Plaza de los Héroes, está la tumba del soldado desconocido y, por tanto, es lugar tradicional de celebraciones, ofrendas y homenajes. Alberga un conjunto monumental, con dos columnatas en forma semicircular, que cobijan estatuas de reyes y héroes húngaros. En el centro, se levanta una columna de 36 m. de altura, coronada por la imagen del arcángel San Gabriel y debajo aparecen las estatuas de los caudillos de las siete tribus que dieron origen a Hungría.

A los lados de la plaza hay dos edificios neoclásicos. Uno, dedicado a exposiciones temporales. El otro, el Museo de las Artes, que en sus amplias salas incluye una interesante colección de pintura española (con obras de Velázquez, Goya, El Greco, Murillo, Alonso Cano, Zurbarán…).

En la avenida Andrássy –declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad- se suceden edificios monumentales. Entre ellos, el Teatro Nacional de la Ópeca –sufragado por el emperador Francisco José, con la condición de que no fuera más grande que la Ópera de Viena-.

Uno de los monumentos más característicos de Pest es la Basílica de San Esteban, un espectacular edificio neorrenacentista, aunque con un interior algo desangelado para lo que es usual en este tipo de basílicas.

La construcción más llamativa de la ciudad, sin duda, es el Parlamento. Un edificio neogótico, construido junto al Danubio, que, con sus pináculos, estatuas y ventanales, coronados por una gran cúpula central, resulta sólo comparable en majestuosidad al londinense de Westminster. Fue una lástima la coincidencia de que, durante nuestra visita, parte de la fachada se encontrara cubierta con andamios, lo que desluce un poco la imagen inferior vista desde la otra orilla del río, pero qué le vamos a hacer, son cosas inevitables para un adecuado mantenimiento de maravillas como ésta.

Budapest cuenta con un Metro no muy grande que, sin embargo, fue uno de los primeros del mundo (1896) y el primero de Europa tras los antecedentes del suburbano londinense.

Es comentario general –en las guías, en foros de viajes… y uno lo comprueba bien pronto en persona- que, en el sector servicios, no es sobresaliente la simpatía de los húngaros. Primero te preguntas si habrás dejado poca propina, si no habrás sido correcto en algo, si te está tocando siempre el borde en cada establecimiento… Poco a poco, una vez que descubres que no tienen nada contra ti, sino que es su forma de ser, acabas acostumbrándote. Y aprendes a no depender de su sonrisa y amabilidad para, a pesar de todo, disfrutar de la ciudad al máximo.

(Fotografías del autor y de Marisol Nieto)

Eva Mora y Madrileños por el mundo


Si mi memoria no me falla, corría el año 2002 y yo acababa de intervenir en Todo Madrid -un espacio presentado por Juan Ramón Lucas en Telemadrid- a propósito de la polémica suscitada sobre una caravana de mujeres celebrada en El Hoyo de Pinares. La verdad es que a mí la controvertida caravana como tal ni me iba ni me venía, pero considerábamos desde la Corporación (yo era teniente de alcalde en ese momento) que, en el reportaje, realizado con cámara oculta, no se había diferenciado entre las legítimas críticas a esa iniciativa de un particular y la correctísima actitud del Ayuntamiento y de los vecinos del pueblo. Así que me tocó bailar con la más fea –no se hacen una idea ustedes hasta qué punto- y ejercer de defensor de esta causa en ese programa televisivo, que se desarrolló en circunstancias ciertamente peculiares y con más de una y más de dos anécdotas que ya les contaré en otra ocasión.

Poco tiempo después de su emisión, estaba tomando unas copas en el pueblo con una amiga, cuando me presentaron a Eva Mora, que también cuenta con antecedentes familiares allí y que decía tener curiosidad por conocerme personalmente, después de haber visto mi intervención en el programa. Esa noche apenas pudimos hablar, pero luego quedamos algún día por Madrid y desde entonces se inició una amistad que ya dura unos años. De vez en cuando, compartimos cafés y confidencias, Eva se mete un poco conmigo por motivos políticos mientras yo esquivo sus dardos como buenamente puedo, arreglamos entre los dos el pueblo, España e incluso, si se tercia, las injusticias del mundo, me cuenta los entresijos de su profesión, hablamos de la vida en general y nos echamos unas risas a costa de lo que sea, que es costumbre muy sana y siempre recomendable.

Eva Mora es licenciada en CC. Políticas y en Periodismo, pero ejerce de lo segundo. Fue redactora en prácticas en el veterano espacio Informe Semanal, presentó el magazine Café Express en Onda IMEFE (del Ayuntamiento de Madrid), trabajó en CNN +, volvió a TVE como redactora de informativos en el Canal 24 horas… hasta que este año recaló en Telemadrid.

Cuando yo veía antes el programa Mi cámara y yo en la cadena autómica, créanme que me acordaba siempre de ella y pensaba “esto lo haría muy bien Evita”. Por su forma de desenvolverse y su desparpajo, le pegaba este tipo de reportajes. Curiosamente, años después, la directora del programa, Paloma Ferre, parece haber compartido esa misma impresión cuando tuvo oportunidad de entrevistar a Eva. Y ahí la tienen. Ella conduce ahora algunos (se alterna con otros compañeros) de los reportajes ­de Madrileños por el mundo, una excelente serie elaborada por el equipo de Mi cámara y yo y que nos presenta ciudades extranjeras de la mano de madrileños residentes en las mismas, que hacen de guía, a la vez que nos asomamos a cómo son sus vidas allí.

Se lo recomiendo. El último emitido, en el aniversario del 11-S, estuvo dedicado a Nueva York. Javier, un biólogo que trabaja en el Hospital Monte Sinaí, nos enseñó algunas calles de la ciudad, nos paseó por Central Park y nos mostró la catedral de San Patricio, entre otros rincones. Con Mayte, que creo recordar que era traductora, visitamos Harlem, la zona cero –que inexplicablemente sigue igual- y el principal icono de la ciudad: la estatua de la libertad. Con Paz, que trabaja en un laboratorio neoyorkino, que tiene la curiosa afición de practicar trapecio, que come cocido y que se marchaba luego a ver ballenas (porque “sólo hay una vida, o la vives o te la cuentan”) subimos al Empire State y tuvimos una vista panorámica de la gran manzana. El último madrileño del reportaje, Víctor, que se dedica a escribir música para anuncios publicitarios, nos enseñó Brooklyn y su célebre puente, además de introducirnos en el metro neoyorkino.

Eva Mora es la reportera más dicharachera. Sí, como la rana Gustavo, pero en guapa y lista, para que ustedes se hagan una idea.
Inteligente, ingeniosa, simpática, divertida, muy dispuesta, se maneja en el programa con naturalidad, con un lenguaje coloquial y con habilidad para dar juego a los personajes y captar las situaciones. El resultado es un reportaje interesante pero a la vez muy ameno.

Vale, vale, ya sé que están pensando que yo no soy objetivo... Pero eso tiene fácil solución: vean ustedes el programa y después me cuentan su impresión. Los martes a las 21'30 h., aunque ya digo que los reportajes de Eva Mora se alternan con los de otros compañeros del equipo, también buenos.

La próxima conversación con Evita delante de un café ya anticipo que será, por cierto, sobre los viajes que se está metiendo con la vulgar excusa de que va a trabajar :-). La envidia me corroe cada vez que me entero de su siguiente destino... Un beso, Eva, y felicidades.

Para muestra, un botón

Y tan extraterrestre, si ya lo decía yo. Me avisan en los comentarios de que la foto que he puesto en la entrada anterior no es del celebérrimo Colate, como yo creía. Si se entera mi madre, ya sí que llama a los de Libro Guinness para que me vayan tomando en cuenta.

Es lo que tiene la ignorancia, que encima es atrevida: yo escribí en el Google "Colate", di la opción buscar imágenes y, aparte de varias de uno al lado de Paulina Rubio, me salió ese tío solo y me dije "pues será el mismo" y ahí que le colgué convencido, sin más comprobación.

Alguien me asegura que el tipo que he puesto es un cantante, Coti, que yo sé que una vez interpretó una canción con Paulina Rubio. Yo no digo ni que sí es ni que no, no me quiero mojar. A lo mejor salía en la búsqueda porque asistió a la boda de Colate y Paulina o vaya usted a saber. Yo ya no estoy seguro de casi nada.

Si es que es un mundillo muy complicado éste del famoseo. Requiere mucho interés y mucha atención, y yo soy muy despistado. Ya me doy cuenta de que no apruebo yo este examen ni con chuletas.

Vale, vale, pues lo rectifico: Colate es éste, el de la foto. Ahora sí, ¿verdad? ¿O tampoco?

Y a Paulina Rubio sí la conocía. Mi ignorancia es amplia, pero tiene sus límites.

No lo sustituyo en el propio post, porque ahí queda como prueba de que no era una boutade. Juro que no lo hice deliberadamente, que estaba convencido de que estaba poniendo de verdad la imagen de Colate.

Bueno, al menos con Fernando Alonso sí que acerté en la foto.

Me siento extraterrestre

A mí me da la impresión de que cada vez estoy más distante de lo que a los medios -y supongo que a la gente que los sigue- les interesa. A veces me veo envuelto en conversaciones en las que miro en silencio a los que intervienen como si fuera un partido de tenis, sumido en la más absoluta perplejidad. Con una desinformación que no sé ni cómo me atrevo a salir de casa.

Les podría poner centenares de ejemplos de mi ignorancia. Me pasa, sin ir más lejos, con la Fórmula Uno. Por aquello de que el ganador de los dos últimos campeonatos del mundo es español –hasta ahí sí llego, vaya-, pues he visto el final de alguna carrera y más o menos me he enterado de alguna información general… Pero, de la noche a la mañana, me di cuenta de que vivía en un país repleto de auténticos expertos en Fórmula Uno que salían todos del armario a la vez. Y este aluvión de asesores y comentaristas de automovilismo no lo detectas moviéndote en círculos especializados, no, está en cualquier parte: el de la tienda de frutos secos se sabe con detalle las estrategias de los pilotos, las veces que paran en boxes, cuándo, por qué y cuánto tiempo emplean; el camarero del bar de la esquina, a poco que le des pie, te suelta una charla que no veas sobre los tipos de circuitos y los neumáticos más adecuados para cada uno... Bueno, no sé para qué cuento esto, si lo más probable es que usted mismo que lee estas líneas sea un erudito en escuderías...

Estos días todo el mundo habla del caso del espionaje con una familiaridad tal que yo no pregunto ya por no hacer más el ridículo. Tengo la sensación de ser el único tonto que no está en el ajo de esa trama… Joder, a ver si voy a ser yo el espiado…

Y lo del mundillo del corazón, eso ya me supera, es fantástico. Antes famoso era un adjetivo. Uno era, por ejemplo, un escritor famoso, un famoso actor, un cantante famoso… Ahora famoso resulta que es un sustantivo, uno puede ser un famoso a secas.

Pero, además de un sustantivo, tengo observado que es también una condición contagiosa. Rocío Jurado era una famosa cantante. Bien, pues como tenía una hija, Rocío Carrasco, ésta pasa a ser automáticamente una famosa. Si no ha hecho nada, ¿por qué tiene fama? Pues por eso, por ser hija de la cantante Rocío Jurado. Luego Rocío Carrasco se casa con un guardia civil con tendencia a retener el dinero de las multas, un tal Antonio David Flores, y éste pasa automáticamente a ser también famoso. ¿Qué por qué es famoso? Pues por ser marido de la hija de la cantante Rocío Jurado. Una tal Nuria Bermúdez dice que ha echado cinco polvos con Antonio David y eso la convierte ya en famosa. ¿Por qué es famosa? Por ser la que dice que ha echado cinco polvos con el marido de la hija de una cantante famosa. A su vez, Nuria Bermúdez puede contagiar la condición de famoso a cualquiera que se relacione con ella. ¿Por qué sería famoso? Pues por ser, por ejemplo, el que se ligó una noche en una discoteca a la que dice que echó cinco polvos con el marido de la hija de Rocío Jurado… Y así hasta el infinito.

A mí, aplicando este criterio, me resulta un tanto complicado estar al día, me pierdo con facilidad. Y así me pasa, que no conozco ni a la mitad de los personajes de los que se habla en la tele y en la calle.

En un viaje a Cuba, mi hermana había coincidido con un mago y humorista español, primero, y con un muy famoso director de cine, también español, después. Cuando yo volví de Venecia, como las comparaciones son odiosas, mi madre me echaba la bronca:

- Pero ¿que has estado en Nochevieja en Venecia y no has visto a ningún famoso? –preguntaba sorprendida de tener un hijo tan inútil-. Desde luego, no te pareces a tu hermana… (esta frase, en otras circunstancias, suele completarla con un "ayyy, qué poco 'espabilao' eres", pero esta vez no lo dijo).

- No –reconocía yo, medio sorprendido, medio avergonzado, como no atreviéndome a preguntar por qué, entre góndola y góndola, tenía yo que haber visto a ningún famoso.

- Pero si han estado todos allí en Nochevieja –me aclaraba mi madre-. ¿Es que tan grande es?

- Pues no, no es grande... Además todo el mundo termina coincidiendo en los mismos sitios de la ciudad.
- Entonces no me explico –decía esgrimiendo la revista Semana- cómo no te has encontrado a nadie. Has podido ver a Iker Casillas que ha estado allí con su novia...

- Ah, sí, una que está bu… que es muy guapa, ¿no, mamá?

- Sí. O a Elton John, que también estuvo. O a Colate…
- Hmmmmm, y ¿quién es Colate?

Acabáramos... Mi madre se dio por vencida ante alguien tan ajeno al mundo real. Me dejó por imposible. Si su hijo andaba por la vida sin saber quién era Colate, ya podía haberme dado de bruces con él o haber estado tomando cañas juntos, que ni siquiera le hubiera reconocido. Hay algunos que vamos a los sitios como la maletas, qué dinero más tirado…

Para no pasar más bochorno, lo averigüé. Ahora ya sé por qué es famoso el tal Colate: por ser el marido de una cantante mexicana que, antes de ser famosa por cantar, en nuestro país lo era porque había salido con otro personaje, que a su vez era famoso por ser el hijo de un arquitecto. Pero anda que no me queda por aprender…

Y tú, ¿dónde estabas?

Hoy es el aniversario. Ya sé que es un topicazo decir esto, pero el 11 de septiembre de 2001 es uno de esos días que todo el mundo que lo vivió recordará dónde se encontraba, dónde le pilló la noticia, qué estaba haciendo...

Yo estaba comiendo en Madrid con un amigo y colaborador y con un cliente común. En el restaurante tenían puestas las Noticias de Antena 3 pero sin sonido –o con sonido muy bajito-. Mirando de reojo, vimos una de las torres gemelas de Nueva York ardiendo y el texto sobreimpreso decía que un avión se había estrellado, en lo que suponíamos un accidente.


Poco después, vimos cómo un avión se estrellaba y, aunque inicialmente pensábamos que alguien había captado la imagen y sería su repetición, el rótulo "En Directo" nos alertó de que no era un avión sino otro avión, y nos hizo levantarnos de los asientos y pedir al encargado que subiera el volumen. Todo el establecimiento siguió a partir de ese momento con inquietud los comentarios de Matías Prats. Luego dijeron lo del Pentágono –qué episodio más oscuro, por cierto- y eso fue lo que más sensación me dio de que estábamos ante algo muy trascendente. Entonces envié algunos SMS a personas cercanas.

Desde entonces, muchas son las cosas que han pasado: el terrorismo como excusa para la invasión de Afganistán, las supuestas armas de destrucción masiva como excusa para la invasión de Irak, la dialéctica seguridad/libertad como excusa para recortar derechos e implantar o reforzar islas de alegalidad como Guantánamo... Por otro lado, al 11-S norteamericano le sucedieron atentados de radicales islamistas en varias ciudades y varios intentos frustrados. Y la masacre del 11-M en Madrid...

Tanto tiempo después, hay muchos aspectos que siguen sin estar claros. No soy especialmente aficionado a teorías conspiratorias, pero sí creo que es bueno cuestionarse las cosas, porque la experiencia me ha enseñado a desconfiar de las versiones oficiales. Datos como los recogidos en el documental de Michael Moore, en libros como los de Thierry Meyssan o ahora el muy reciente de Pilar Urbano -que aún no he leído, sólo conozco las referencias de prensa-, serán discutibles, pero dan que pensar y, sobre todo, no han sido suficientemente desmentidos o aclarados, creo yo.

(En Manhattan en 2004, ya sin torres gemelas)

No sé cómo debe afrontarse una crisis como la que se originó ese día. Pero una cosa tengo clara: el mundo ahora no es más seguro, ni más libre, ni más justo que hace seis años.

Y tú, ¿dónde estabas? ¿qué recuerdas de aquel 11-S?

Cumplemeses feliz

Bueno, pues que resulta que, casi sin darme cuenta, La Nota Discordante ha cumplido ya su primer mes de vida –nació el 7 de agosto- y parece que la criatura se está desarrollando muy sanota.

Tengo que decir que la experiencia de haberme convertido en bloguero hasta el momento me está resultando muy satisfactoria.


Para empezar, puse en marcha este blog, como ya expliqué en la primera entrada del mismo, simplemente porque me apetecía escribir, sin muchas más pretensiones. Creía que, en el mejor de los casos, tendría un puñado de amigos incondicionales leyendo de vez en cuando mis ocurrencias. Pero resulta que, desde que el día 14 de agosto (fecha en la que empecé a publicitarlo entre conocidos y en otros blogs) hasta el día de hoy, se han registrado más de 3.200 accesos, lo que supone que ha recibido cerca de 130 visitas diarias de media. A mí, pensar que hay 130 personas ¡¡cada día!! (de los cuales habrá algunos seguidores habituales, pero otros serán visitantes ocasionales) que no encuentran nada mejor que hacer durante un rato que leer lo que yo escribo, me parece un resultado ciertamente sorprendente.

Ha habido también datos anecdóticos, curiosos o ilusionantes. Por ejemplo, que me escribió Lorenzo Silva. La entrada en la que comentaba algunas de sus novelas la remití a la web del propio autor y el novelista se tomó la molestia de contestarte amabilísimamente: “Querido amigo: Muchas gracias por enlace, el correo y la recomendación. Con ella me haces un hermoso regalo: la esperanza de algún nuevo lector al que animen tus palabras. Mi gratitud por esa generosidad. Salud y abrazos. Lorenzo”.

Otra curiosidad más: el blog del escritor Fernando Sánchez Dragó recomienda este cuaderno de bitácora entre los que considera blogs de interés, nada menos que junto con los de los periodistas Julia Escobar y Arcadi Espada o los de los escritores Rafael Reig y Javier Puebla, entre otros. Más que una demostración del interés de este blog creo yo que es otra prueba de la generosidad y de la amistad de Fernando.

Me hizo también ilusión el gesto de Labana -la responsable del muy cuidado blog no oficial sobre Mara Torres- de recomendar cariñosamente el artículo que escribí sobre esta periodista y sobre su último libro, y de colocar un enlace permanente al mismo.

Muchos peruanos me manifestaron su afecto y gratitud al leer cómo tratamos aquí el terremoto que sufrió una zona de su país.

He podido ver que algunos oscenses también han comentado elogiosamente en no pocos blogs la visión que di de su ciudad tras mi breve escapada.

Y es que, sin duda, lo más reconfortante de la experiencia ha sido el contacto con la gente, con los lectores, a través de los comentarios en el blog y de los mensajes recibidos en el correo electrónico.

Gracias a esta iniciativa he tenido la oportunidad de conocer a algunas personas muy interesantes, a personas encantadoras, a personas con sensibilidad, a personas con las que comparto algunos intereses...

El blog es, además, lugar de encuentro, en el que hemos establecido diálogo sobre los distintos asuntos que he ido planteando. Y en esa charla han llegado comentarios de todo tipo sobre mis propuestas: unos me han invitado a la reflexión, con algunos me he reído mucho y alguno incluso me ha emocionado.

Por cierto, coincidiendo con este primer mes de vida y atendiendo alguna sugerencia, he suprimido la moderación de comentarios y ahora todos se publican ya en tiempo real, sin pasar por mi previa aprobación. Ese mecanismo no pretendía ejercer ningún tipo de censura, simplemente lo había activado por la paranoia que he heredado de mi experiencia en el mundillo político, donde siempre hay algún espontáneo que decide obsequiarnos con insultos en vez de con argumentos. Pero la verdad es que el tiempo ha demostrado que mi desconfianza en este caso no estaba acertada. Espero que funcione bien así, sin control previo, así que nos concedemos la mayoría de edad bloguera y probamos.

Un día que tenía poco tiempo para escribir se me ocurrió algo muy simple: colgué en el blog una canción que me gustaba y se la regalé a quien quisiera dedicarse un momentito a sí mismo a lo largo del día... Ya ven los comentarios, pero además no se pueden ni imaginar la cantidad de sentimientos que, por lo que me contaban en mensajes privados, un gesto tan sencillo despertó en mucha gente, que pasaba por experiencias duras o que simplemente había tenido un mal día.

Cuando yo repetía eso de que este blog, al no estar especializado en nada y ser un cajón de sastre de mis opiniones, nunca tendría éxito, recibí un par de mensajes, que por sí solos hacen que esta aventura merezca la pena. Los dos coincidían en una misma idea. Una lectora y amiga me decía: “Desconozco si entre tus pretensiones u objetivos personales con el blog que recién has iniciado se hallaba el de remover y renovar sentimientos, sensaciones, sensibilidades y demás, pero sin duda será uno de aquéllos; para muestra un botón”. Y otro lector y también compañero de varias andanzas se manifestaba en esa misma línea: “Estoy seguro de que en torno a ese blog vamos a ser muchos los que pasaremos largos ratos disfrutando con tus propuestas para pensar y disfrutar. En cuanto al éxito, espero que lo tengas en número de visitantes, pero si lo valoras en base a los sentimientos que provocas en alguno de esos visitantes hoy ya cuentas con una porción de éxito”.
En fin, que espero que la experiencia siga siendo así de gratificante y que ustedes que tienen la paciencia de leerme también lo disfruten como yo: que unas veces les haga pensar, que otras les remueva algún sentimiento –como decían estos amigos- y que en otras ocasiones les haga sonreír. Porque (como escribía Antonio Martínez en una joya de la que algún día hablaré, Soy Julia) “si no te ríes qué a lo tonto se va la vida”.

Gracias a todos los que han participado hasta ahora (leyendo, comentando, sugiriendo...) y muchas felicidades.

El dedo en la llaga

A mí lo que más me gusta de la clase política española es lo atenta que está siempre a las preocupaciones ciudadanas. Es atisbar un problema que nos preocupa y allá están ellos raudos al tajo: el Gobierno poniéndose manos a la obra a solucionarlo con ahínco y la oposición poniéndose manos a la obra a demandar soluciones y proponer alternativas.

Leo que el PP ha registrado la siguiente pregunta para formular al Presidente del Gobierno en su próxima comparecencia en el Senado: "¿Qué reflexiones le han llevado a concluir que el Gobierno de España debe ser llamado 'Gobierno de España'?". Tal cual. Para nota lo de esta gente.

Habrán visto que el Gobierno ha decidido que toda la publicidad institucional, antes de aludir al Ministerio u organismo público correspondiente, lleve la firma de Gobierno de España e incluso ha convocado un concurso para decidir la imagen corporativa de esa marca. Y el PP plantea la pregunta citada, porque, como estamos en precampaña, toca aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para acabar hablando por enésima vez -como si lo viera- de las concesiones a los nacionalistas, una reiteración que en mi opinión obedece más al interés partidista que a una sincera preocupación.

Si yo pudiera hacer una pregunta al Presidente del Gobierno en el Senado, le plantearía lo mismo que el PP, vamos, sin dudarlo. Es lo que más afecta ahora mismo a mi vida como ciudadano, el asunto público de más envergadura. Qué sintonía con las inquietudes de la gente de a pie, muchacho.

Que en España no haya un modelo educativo consensuado después de treinta años de democracia y cambiemos de sistema de enseñanza cada vez que cambia el gobierno, usando a los alumnos como conejillos de indias, o que un porcentaje muy elevado de la población española tenga problemas de acceso a la vivienda y el relator de la ONU haya llamado la atención sobre el problema, por citar sólo dos ejemplos entre las decenas posibles, son cuestiones baladíes. Ahí están nuestros representantes para tratar lo que de verdad importa... Vaya sueldos que pagamos.

Sí, me dirán algunos, tú utilizas la ironía, pero no te das cuenta de que el portavoz del PP también formula su pregunta con ironía. Ya, ya, que sí me doy cuenta, hombre. Qué ingenioso Pío García Escudero, vaya chispa que tiene. Es que me partiría de risa, si no fuera porque estos tipos están ahí para representarnos y manejan nuestros asuntos públicos. Es un problema de contexto: si la pregunta la formulan en un monólogo del Club de la Comedia, me divierte; si la gracieta la hacen en el Senado, empiezo a perder el sentido del humor.

El debate sobre por qué el Gobierno de España debe ser llamado Gobierno de España promete ser apasionante. No creo que me lo pierda. Supongo que ustedes tampoco, ¿verdad?