El nacionalismo vasco ¿contra la Justicia?


En una ocasión me paró un joven por la calle y me dijo que firmase “contra el SIDA”. Yo le dije: “¿contra el SIDA? ¿Y a quién le vais a presentar las firmas, al virus?”.

No, no soy un borde ni un insensible. Cuando eché un vistazo a la hoja que me extendía, claramente vi que estaba ante el típico caso en el que se utiliza un reclamo de tipo humanitario para conseguir datos personales –nombres y apellidos, DNI y firmas- que luego serán posiblemente utilizados para otros fines.

Pero la pregunta que le hice, en realidad, tenía mucho sentido. Si uno pide firmas para que haya más investigación sobre el SIDA, o para que haya más medios en la atención a los afectados, o para que se realicen más campañas divulgativas… la iniciativa tiene su lógica, hay unas peticiones concretas y unos responsables que pueden ser destinatarios de las mismas. Pero si uno pide firmas directamente contra una enfermedad, ¿cuál es el objetivo que persigue esta iniciativa? ¿a quién se dirige? Porque puede ser tan absurdo como recoger firmas contra los terremotos.

Me acordaba yo de este razonamiento al ver la manifestación convocada por el Partido Nacionalista Vasco, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua-Izquierda Unida en Bilbao contra la sentencia condenatoria a Juan María Atutxa, Gorka Knorr y Kontxi Bilbao por incumplir una orden judicial.

No voy a entrar en la discusión sobre el fallo de la sentencia. En mi opinión, no es injusto. Pero puedo entender perfectamente que a ellos se lo parezca. Bien, prescindiendo de ese debate, les preguntaría: ¿y ahora qué? ¿qué quieren que hagamos?

Yo soy profesional del Derecho. En muchas ocasiones afortunadamente me encuentro sentencias que me satisfacen. Pero también me pasa algunas veces, como a los manifestantes del PNV, EA y EB, que me encuentro con sentencias que no me gustan ni un pelo, que me parecen profundamente injustas y que discutiría hasta la saciedad. Y si les contase algún caso concreto, incluso muchos lectores de este blog seguramente me darían la razón indignados y podríamos montar una manifestación. Pero, descuiden, no lo haremos.

El Estado de Derecho funciona así y, aun cuando sea imperfecto como obra humana, no hay otra forma más razonable de organizar el sistema de aplicación de la ley. Acato las sentencias, cuando me dan la razón y cuando no me la dan, cuando me parecen jurídicamente bien fundamentadas y cuando me parecen de mala calidad.

Prácticamente siempre que hay un juicio encontramos, casi por definición, posturas enfrentadas. Visiones antagónicas que no han podido conciliarse y que, precisamente por eso mismo, llegan a un Juzgado buscando solución. Cada uno piensa que tiene razón y que el otro no la tiene, y cada parte lo argumenta razonablemente. ¿Cómo se resuelve esa situación? Pues, cuando los interesados no se ponen de acuerdo, todos los Estados de Derecho han establecido sistemas similares: un tercero, o varios, generalmente profesionales, que tienen que ser neutrales y que se suponen independientes, tienen la facultad de decidir. Dictan una resolución que obliga a ambas partes, a la que gana y a la que pierde, a la beneficiada y a la perjudicada.

Eso, o restablecemos el duelo a espada. Ustedes dirán. De verdad, ¿a alguien se le ocurre otro sistema civilizado de resolución de conflictos que no sea la de unos jueces profesionales e independientes que interpreten y apliquen la ley? Sus decisiones resultarán más o menos acertadas, más o menos discutibles, pero es una fórmula sensata de afrontar estas situaciones de conflicto, de discrepancias en la aplicación de la norma. Imperfecta, sin duda, pero la más adecuada que se ha encontrado en todo el mundo.

El concepto de que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley –ya sean nacionalistas vascos o no, ya sean diputados autonómicos o no- sin distinción de clases, ideologías, condición social, sexo, procedencia… y que puedan acudir al amparo de un juez independiente es un avance social, a mi modo de ver incuestionable. Aunque ese juez no nos dé esa razón que nosotros creemos tener.

Por eso, vuelvo a la pregunta. A estos señores les parece injusta la sentencia que el Tribunal Supremo –es decir, varios jueces con experiencia y amplia trayectoria que están en la cúspide de la organización judicial- ha dictado, condenándoles por desobediencia. De acuerdo, pero ¿qué es lo que piden entonces? ¿Que los nacionalistas vascos no puedan nunca ser condenados por un tribunal? ¿Que no estén sometidos a la ley como el resto de ciudadanos? ¿Que los jueces siempre les den la razón a ellos y así nunca pueda haber una sentencia que subjetivamente se les antoje injusta? ¿Que estén obligados a dictar la resolución que a ellos les parezca bien y no la que fundamente consideren los propios jueces que es la más acertada? ¿Qué hacemos, pues, para satisfacerles? ¿Desmontamos el Estado de Derecho, desmontamos el sistema judicial? No me digan que la sentencia es muy injusta: no lo comparto pero lo respeto. Díganme, una vez dictada en un proceso con garantías y en aplicación de una ley, qué quieren ahora que hagamos con ella. ¿No la damos cumplimiento? ¿Establecemos un privilegio especial de impunidad si el procesado es del PNV, de EA o de EB?

¿Que les parece mal una resolución judicial? Bien, están en su derecho, a mí también me pasa con otras. ¿Qué muestran su desagrado manifestándose? Pues, entonces, como en el caso del señor de las firmas “contra el SIDA”, habría que preguntarles contra qué o contra quién va dirigida esa movilización, qué objetivos persigue, qué soluciones propone. Me gustaría que estos señores, apeándose por un momento del victimismo que explotan hasta el aburrimiento, explicaran a la ciudadanía qué plantean, qué diablos pretenden que hagamos cada vez que a ellos no les gusten las sentencias judiciales.

4 comentarios:

Óscar Gómez Mera dijo...

Con su oposición a la sentencia el tripartido PNV-EA-EB demuestra cuanta hipocresía hay en los partidos políticos que presumen de democráticos. Para ellos el Estado de Derecho y la democracia son válidos siempre y cuando se pongan de su parte. Si no es así, el Estado no es tan de Derecho y la democracia es deficitaria.

Yo que soy un enemigo acérrimo del Estado (de todos, de los que existen y de los que quieren crear)por cuanto tiene de clasista y opresor, y que aspira a una sociedad donde el Estado no sea más que la administración de las cosas por la ciudadanía (otro Estado es posible, podría ser el lema)no voy a alabar las excelencias de ningún Estado de Derecho, y menos del Estado de España. Pero creo que el artículo de Carlos deja bien claro como los partidos no son más que empresas y organizaciones de intereses que acatan su democracia cuando les interesa y cuando no la desprecian.

Un saludo.

Shikilla dijo...

Carlos, me he permitido dejarte algo en mi blog. Espero que lo aceptes :)

Respecto a tu entrada, de acuerdo contigo, como casi siempre.

Saludos

carlos dijo...

Hola, Óscar, no esperaba que coincidieras con este artículo, me alegro de que también compartas la denuncia de la hipocresía de esta gente.

Por cierto, aprovecho para recomendar la lectura de tu blog. Aunque no coincidamos en muchas cosas, se agradece leer una perspectiva de izquierda vasca escrita desde la más visión personal y la independencia intelectual.

Carlos dijo...

Shikilla, muchísimas gracias por la sorpresa. Ya pasé por tu blog a recoger el premio y agradecerlo y ya he "hecho los deberes" premiando a otros.