Resaca electoral

Por fin terminó la campaña y el proceso electoral. Qué saturación.

Respecto a la campaña, en una entrada anterior yo la preveía crispada, pero tópica y aburrida. Sin embargo, nos dejó algunas perlas que, como de costumbre, dieron la medida de la clase política que tenemos y de su nivel. En medio de gente como Pepiño Blanco y Vicente Martínez Pujalte, Rodolfo Chikilicuatre tampoco desentonaría mucho en esta otra votación.

Que el presidente del gobierno engañe a los ciudadanos respecto a los contactos con terroristas, me parece gravísimo pero en España ya vemos que mentir no pasa factura alguna, nos lo tragamos. Ya dije también al tratar El culebrón Gallardón que el hecho de que sea el líder de un grupo político el que decida unilateralmente quién va o quién no va en las listas electorales a mí muy normal no me parece, aunque esté generalmente aceptado, porque se supone que los partidos están obligados constitucionalmente a tener un funcionamiento interno democrático. Tampoco me parece muy normal que tengamos todos que costear los caprichos suntuarios de Fernández Bermejo en materia de vivienda. Ni que Tomás Gómez, aprovechando que es alcalde de Parla, utilice la megafonía de un vehículo de la policía municipal para dar un pequeño mitin. Sin embargo, sí me parece perfecto, a diferencia de lo que les pasa a Rajoy y a Arias Cañete, que una inmigrante que trabaje legalmente aquí y que cotice pueda hacerse una mamografía en la sanidad pública, y lo que me parece irresponsable es que un partido que aspira a gobernar haga un permanente guiño a ciertos sectores con discursos lepenistas. A mí no me parece normal, al contrario que a Zapatero y Gabilondo, que una campaña electoral consista en crear tensión y dramatizar por intereses partidistas en vez de servir para difundir y explicar propuestas a los ciudadanos. Yo no creo que por debate electoral debamos entender una sucesión de monólogos sobre el pasado, en lugar de un intercambio y contraste de propuestas de futuro. A mí no me gustan aportaciones de tanta altura intelectual y creatividad como las de ciertos artistas, que salieron a la palestra a manifestar que los que piensan distinto a ellos son una turba mentirosa y humillante. Espero no parecerme nunca a Fraga, ni siquiera cuando ya chochee, y que no se me ocurra decir que voy a usar la documentación electoral de otro partido como papel higiénico. Para denunciar una mala situación educativa en una comunidad, tampoco creo necesario calificar, como hizo Ana Mato, de prácticamente analfabetos a todos los niños de la misma. Ni tampoco aplaudo que se reduzca el debate político, al estilo González, a llamar imbécil al adversario.

Y respecto al resultado, refuerza aún más el bipartidismo, y ya es decir. Tengo la impresión de que en algunos países hemos sustituido la burda dictadura de partido único –como pasaba en el comunismo o en el franquismo- por una sutil dictadura mediática de dos macropartidos sustancialmente iguales, al modo americano. Dos partidos similares que, sin embargo, se las apañan para parecer dos opciones diferentes y hasta enfrentadas enconadamente por los matices que las diferencian. Sin embargo, si uno se fija, lo que se discute no son en el fondo distintas políticas, sino cómo gestionar la misma política. Nadie cuestiona la raíz del modelo económico ni del orden internacional, que son intocables, por ejemplo. Los dos grandes partidos funcionan como empresas que se disputan un mercado, aunque el objetivo sea el poder político en vez de la rentabilidad económica (¿o también?), utilizando instrumentos de publicidad y mercadotecnia. Por eso, algunos detalles, como la irrupción del partido de Rosa Díez, parecen al menos un pequeño soplo de aire fresco, un David cruzando entre las piernas de los dos Goliat. Veremos qué da de sí.

Unos días antes de la jornada electoral, se me ocurrió probar un test ideológico que tenía El País disponible en su web y que me aseguraba que me iba a decir a quién debía votar. Me despertó curiosidad saber si el test me diría que debía votar a Ciudadanos en Blanco, a Unión Progreso y Democracia, a Falange Auténtica o al Partido Obrero Socialista Internacionalista…, pero lo primero que constato es que sólo contempla la posibilidad de votar al PP o al PSOE, ni siquiera a IU o a los nacionalistas. Vaya concepto de pluralismo. Pensé entonces que iba a volver loca a la maquinita pero, una vez completado el test, enseguida salió el resultado: “Es usted un indeciso –me espetó concluyente-. Coincide con tantas propuestas del PSOE como del PP”. A quién se le ocurre. Con lo cómodo que resulta tener encajonado el pensamiento en una de las dos sectas y que te parezca siempre bien todo lo que hace la misma y sistemáticamente mal todo lo que hace la otra...

Por el bien de mi país, me gustaría que el PSOE no interpretase estos resultados como un cheque en blanco, sino que, como aseguró Zapatero en la noche electoral, se aplicase de verdad a profundizar en sus aciertos y a enmendar sus errores. Claro, que habría que saber qué incluye él en una u otra categoría, porque lo mismo no coincidimos y le da por dedicarse cuatro años a profundizar en lo que yo veo como errores y a enmendar lo que yo considero aciertos...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿dónde está la separación entre Zp y el Chiquilicuatre? es una delgada línea.......

Yo ayer me nacionalicé polaca....................me da cierto pudor reconocer que soy española con personajes tan representativos.........

Anónimo dijo...

POR EL BIEN DE MI PAIS.....
¿CUAL?

Carlos dijo...

Anónima, pues ya habrás descubierto con tu nueva nacionalidad que Polonia no está tampoco para muchos trotes en cuanto a la seriedad política, está gobernada por dos gemelos, los Pili y Mili de la política polaca.

Mi país, anónimo, es España. Mis identidades territoriales son círculos concéntricos: abulense, castellano, español, europeo, eso tan cursi de ciudadano del mundo... No se excluyen unas a otras.