Fausto Santamaría, ex alcalde de El Hoyo de Pinares

(Una versión extractada de este artículo ha sido publicada en la revista Ávila Digital,
núm. 57, junio 2008, sección Con nombre propio-Obituario).


Justamente los mismos días en que España despedía por vez primera a un presidente del gobierno de la democracia, en El Hoyo de Pinares decíamos adiós, también por primera vez, a un alcalde de la democracia. El pasado 5 de mayo falleció Fausto Santamaría Estévez, quien desempeñó la alcaldía hoyanca en el período 1999-2003. Había sido previamente teniente de alcalde en dos ocasiones, en el mandato 1963-67 y, años después, en 1995-99. Además fue juez de paz durante largo tiempo y también estuvo al frente de la comisión gestora local del Partido Popular. Como industrial, regentó durante décadas un comercio minorista junto con su esposa, Marina, prematuramente fallecida, y ambos eran muy conocidos y apreciados en la localidad.

Cuando él alcanzó la alcaldía, yo había sido elegido concejal por un partido diferente, que a nivel local venía obteniendo representación, Falange Auténtica (formación que, para que los lectores se hagan una idea aproximada, sostiene una actualización progresista y democrática del ideario joseantoniano, alejada por completo de las pseudofalanges de extrema derecha). A pesar de esa importante distancia en la forma de pensar, durante su mandato me designó como primer teniente de alcalde y ambos partidos suscribimos un acuerdo de gobierno. El pacto no se basaba, evidentemente, en afinidades ideológicas, sino en definir proyectos municipales compartidos, algo que debería ser elemental en la política en los pueblos. Nosotros teníamos en ese momento el criterio de respetar a la fuerza política más votada y, si estaba en minoría, dialogar contribuyendo a la gobernabilidad del pueblo. Así lo hicimos tanto con el PSOE como con el PP en mandatos previos y así fue también en esta ocasión. Pero, a diferencia de anteriores veces, en las que se habían producido luego distanciamientos o rupturas, con Fausto se mantuvo el trabajo conjunto durante los cuatro años. Y ello fue debido en buena medida a que él tuvo una actitud abierta y dialogante dentro del consistorio.

De Fausto recibí apoyo para muchas iniciativas y en él como alcalde encontré por vez primera al menos un proyecto de municipio más allá del corto plazo. Había lógicas discrepancias en nuestras respectivas visiones, pero el respeto a un razonable reparto de responsabilidades consensuado y un diálogo permanente hizo que se mantuviera una estabilidad que a mi juicio resultó fructífera.

La implantación de la Educación Secundaria Obligatoria por la que tanto había luchado unitariamente todo el pueblo, incluidas las gestiones para adelantar un año los plazos, firmar el convenio, hacer la obra y conseguir dotación adecuada para el centro; las importantes inversiones en los dos edificios escolares; el arreglo de la carretera a la Comunidad de Madrid, que es pieza clave para nuestro desarrollo socioeconómico; la pavimentación de otro camino rural que nos une con la carretera Cebreros-Robledo de Chavela; las necesarias obras abordadas en el embalse; la reforma y mejora del Parque Infantil; la informatización de la ventanilla única administrativa; la pavimentación de ocho vías públicas; la implantación de un transporte gratuito al Centro de Salud de Cebreros… son algunas de las realizaciones destacadas del período. Además, el Ayuntamiento dejó adquiridos casi 50.000 metros cuadrados de terreno urbanizable, que deberían haber servido en el siguiente mandato para dar el impulso urbanístico definitivo que, en aquella coyuntura económica favorable, el pueblo necesitaba para desarrollarse. Se dejaron, además, otros varias iniciativas en marcha, concedidas (cursos del programa Equal, 15 viviendas sociales a las que su sucesor en la alcaldía inexplicablemente renunció, nuevo decantador en la depuradora…) o solicitadas con sus respectivos anteproyectos (una ambiciosa ampliación del colegio que ahora se está ejecutando, reconversión de las viajes casas de los maestros en alojamientos de turismo rural también hoy hecha realidad, reforma del Campo de Fútbol, etc.). Otro dato objetivo: se desarrolló durante todo el mandato la programación cultural y deportiva más amplia que nunca –ni antes ni después- haya tenido El Hoyo de Pinares. Y, como se recordará, nuestro pueblo fue pionero en la aplicación de las nuevas tecnologías a la participación ciudadana, protagonizando, con amplia repercusión informativa, la primera votación por internet de la historia de España, al ser elegido para esta prueba piloto organizada por la FNMT.

Esta gestión que llevamos a cabo desde el equipo plural que Fausto Santamaría encabezó como alcalde siempre resultará, como es lógico, discutible desde otras ópticas diferentes. Pero hay algo que yo creo que, sin embargo, nadie le discutirá al desaparecido alcalde y son sus virtudes humanas.

Creó buen ambiente entre los concejales de todos los partidos en la Corporación, porque sabía diferenciar las discrepancias políticas del trato en lo personal. Aportó siempre su honradez, su capacidad de diálogo y su afán conciliador a la labor pública.

De los muchos testimonios que podría narrar para corroborar eso, me gustaría recordar dos. El primero pone en evidencia esa honradez. Un propietario, que había adquirido por embargo el extenso terreno urbanizable al que me he referido antes, telefoneó al Ayuntamiento para ver si allí le podían dar la pista de alguien en el pueblo que pudiera estar interesado en la compra. Cuando supo el precio que pedían, que era muy económico -porque el titular a buen seguro desconocía el mercado local- Fausto podría haberle dicho que él a título personal estaba interesado y, simplemente revendiéndolo después, hubiera realizado sin dificultad una operación redonda que le hubiera aportado multimillonarios beneficios. Pero puso de inmediato la ventajosa oferta a disposición del Ayuntamiento que presidía, beneficiando así a su pueblo en una situación en la que otros hubieran llenado su propio bolsillo.

Y respecto al trato humano, tenía una disposición permanente a mediar y conciliar, en situaciones que, de largo, escapaban a lo que era su competencia como alcalde. Pero él defendía que, en un pueblo pequeño, hay que escuchar a la gente, y que la figura y la autoridad del alcalde tienen una utilidad más allá de la estricta obligación legal. Recuerdo un día que llevaba buena parte de la mañana reunido con varias personas que le habían ido a plantear problemas que no eran de incumbencia municipal (situaciones familiares, conflictos sociales, etc). A pesar de eso, Fausto escuchaba pacientemente, aportaba su consejo, ayudaba a buscar una solución o les derivaba donde podían encontrarla… Al salir, abrumado por la coincidencia de visitas de ese tipo aquella mañana, me dijo:

- A mí cualquier día me van a venir a buscar para atender un parto.

Me reí y le dije:

- ¿Y sabes que es lo peor? Que irías.

Tal era su vocación de servicio a la comunidad de la que formaba parte.

Ha muerto un alcalde digno, pero, sobre todo, un buen hombre, muy querido en el pueblo, como así lo demostraron sus vecinos, compañeros, familiares y amigos tributándole una emotiva, multitudinaria y afectuosa despedida.

(Fotografía: Alejandro Novo, Sun Microsystems).

2 comentarios:

Mª Gemma dijo...

Lo que ha demostrado el alcalde del que hablas, es que no son las ideas políticas, si no las voluntades de hacer y crear cosas para la comunidad... con dialogo, con ganas... escuchando y pensando en el bien de todos.
Lo bien que nos iría a todos si siguieran su ejemplo... sean del partido que sean...

Un abrazo

carlos dijo...

Pues sí, M. Gemma, yo no compartía su ideología, pero me parece que no hay que ser sectarios y reconocer lo que hacen bien los demás y apoyarlo. Y, en contra de la arraigada costumbre española, no me he esperado a que se muriese, todo esto lo había mantenido ya en vida.