Un tiempo nuevo para Euskadi


Desde la aprobación del Estatuto de Guernica y la celebración de las primeras elecciones autonómicas, el Partido Nacionalista Vasco ha venido gobernando en Euskadi ininterrumpidamente, aunque con distintas alianzas.

El que un mismo partido, sea el que sea, ostente el poder político en cualquier lugar, sin alternancia, durante treinta años es, en sí mismo, un caldo de cultivo para una concepción patrimonial del poder, para que se teja un entramado administrativo y social de intereses y de clientelismo, para que ese grupo político se sienta poseedor de un cheque en blanco que le exime de hacer autocrítica, que le impide evolucionar y le hace no tener sensación de exigencia por parte de la ciudadanía.

Pero, si eso es así en general, en el caso concreto del Partido Nacionalista Vasco la cosa ha sido mucho más grave. Porque hablamos de una fuerza política que, respecto al terrorismo, siempre se ha movido en una calculada ambigüedad: se ha desmarcado formalmente del uso de la violencia, pero no ha combatido con decisión a ETA, a cuyos integrantes y simpatizantes siempre ha tratado como parte de la familia nacionalista. Con ellos ha mantenido una interlocución casi continuada y a menudo ha suscrito acuerdos políticos (como el que luego alumbró el Pacto de Lizarra). Incluso el PNV ha instrumentalizado el terror para cosechar frutos políticos en forma de concesiones (en gráfica frase del propio Xabier Arzallus a la cúpula de los asesinos: “es necesario que unos agiten el árbol y otros recojan las nueces”). EAJ-PNV como partido y el gobierno vasco han dado la espalda durante años a las víctimas (que prácticamente nunca eran de los suyos) y han mostrado mucha mayor preocupación por la situación de sus verdugos. Pero, por si fuera poco, el nacionalismo vasco ha sido poco respetuoso con la pluralidad y ha impuesto un modelo político y social monolítico, asfixiante para quienes no comulgan con las falacias del discurso oficial.

Si hay quien albergaba aún la menor duda de que el PNV necesita pasar un tiempo en la oposición y que la comunidad autónoma vasca precisa un cambio, creo que la propia reacción de los dirigentes jelkides lo ha dejado muy claro. Lejos de aceptar que pueda existir una mayoría alternativa –aun cuando la criticasen políticamente, que es muy legítimo- sus declaraciones han puesto en evidencia esa concepción patrimonial del poder, ese sentido de posesión del propio País Vasco, esa visión excluyente que rechaza la realidad compleja y mestiza de todas las sociedades del siglo XXI.

Urkullu ha dicho que el PSE no ha ganado las elecciones y ha descalificado que pretendan llegar a la lehendakaritza sin ser el partido más votado. Habrá que convenir que, en una democracia parlamentaria en la que no hay segunda vuelta electoral, se pueden formar mayorías de gobierno plurales. Si el partido A tiene 1000 votos, el partido B tiene 800 y el partido C ha sido votado por 500 electores, está muy claro que el partido B y el C, siempre que sean capaces de encontrar puntos de encuentro, representan juntos a mayor porcentaje de votantes que el partido A, por mucho que A sea el más votado, esto es, la minoría mayoritaria. O no lo admitimos en ningún caso o lo admitimos en todos. Porque uno se cansa ya de ese doble discurso de todos los partidos, de ver, por ejemplo, al PP gobernando con los nacionalistas canarios cuando el PSOE fue la fuerza más votada en las islas y, a la vez, poniendo el grito en el cielo cuando esto mismo lo ha hecho el PSOE en otras comunidades. Pues bien, en el caso de los nacionalistas vascos, no sé si se les ha olvidado ya que en las elecciones autonómicas de 1986 la fuerza política con más escaños en el parlamento vasco fue el Partido Socialista de Euskadi encabezado por Txiki Benegas y, en aquel momento, el PNV -segunda fuerza electoral- puso como condición innegociable que, para llegar a un pacto de gobierno, el lehendakari debía ser nacionalista. Así continuó José Antonio Ardanza en Ajuria Enea, a donde había llegado tras la dimisión de Carlos Garaikoetxea. Y no hace falta siquiera remontarse a ese momento: hoy mismo, el PNV gobierna en las Juntas Generales de Álava (donde el partido más votado fue el PP) y Guipúzcoa (donde el más votado fue el PSE-EE-PSOE).

Asegura también Urkullu que esto es un “golpe institucional” porque PP y PSOE están a la gresca en toda España y no tienen nada en común. Por un lado, todo parece indicar que el PP (ahora dirigido por ese peculiar Basagoiti, encantado de haberse conocido a sí mismo y convencido de que es la mar de ocurrente, aunque con un interesante Iñaki Oyarzabal al que no habrá que perder de vista) sólo va a apoyar la llegada de un gobierno constitucionalista, pero no va a formar parte del mismo. Pero, por otro lado, los peneuvistas también han olvidado que el gobierno vasco aún en funciones está formado por un partido supuestamente democristiano, el PNV, un partido supuestamente socialdemócrata, Eusko Alkartasuna, y otro partido definido como ecosocialista, Ezker Batua. Es decir, una alianza que va desde la derecha nacionalista más rancia y montaraz de toda Europa hasta la izquierda federalista.

Y critica Urkullu, finalmente, el “frentismo”, es decir, que los constitucionalistas se alíen entre sí, en vez de buscar acuerdos transversales. Esta postura sería mucho más creíble si el PNV la hubiera puesto en práctica en estos años, en lugar de hacer todo lo posible para que el PSE tuviera que salir del gobierno vasco y, posteriormente, llevar a cabo una política sectaria y de segregación contra todos los no nacionalistas.

Pero no sólo Urkullu, sino también el propio Juan José Ibarretxe se ha dejado ver: el PNV, dice él, "seguirá dirigiendo" el País Vasco aunque no esté en el gobierno. Significativo, ¿no?

En estas circunstancias, un relevo político en esa comunidad autónoma creo que es una buenísima noticia. Por higiene política, democrática y ética.

Me parece muy acertado lo que les dijo a los peneuvistas el líder del PSE-EE-PSOE. Necesitan un tiempo en la oposición y una regeneración porque tienen cosas elementales que aprender: “Todos los partidos queremos ser partidos de gobierno, para eso existimos, para llevar adelante nuestros programas. Pero también tenemos que saber estar en la oposición. Ahí es cuando se demuestra la grandeza, la altura de miras y el sentido de país de un partido político. Si el PNV pasa a la oposición, no sucede absolutamente nada. Porque el PNV es un partido más y esto tienen que empezar a asumirlo ya. Por lo tanto, no acepto ninguna amenaza de otro partido, porque el país no es suyo. Y porque las cosas, con toda tranquilidad y normalidad, se pueden hacer de otra manera. Y hacerlas mejor (…). Que el PNV asuma de una vez que es un partido más, que no es el régimen ni la religión de Euskadi. Es un partido político, y a veces estará en el gobierno y a veces estará en la oposición, y no pasa absolutamente nada. Ésa es la grandeza de la democracia”.

No soy de los que lanzan las campanas al vuelo por la previsible llegada de Patxi López a la lehendakaritza. No me olvido de que, si el PNV ha sido, cuando menos, comprensivo con el terrorismo nacionalista, el PSOE tiene en su pasado el terrorismo de Estado de los GAL, una de las páginas más negras de nuestra historia democrática. O de que el PSE ha avalado en multitud de ocasiones la negociación con los asesinos como atajo para que dejen de matar, un atajo que siempre ha resultado infructuoso para los ciudadanos y para el Estado, y que siempre ha sido rentable para los propios terroristas, que han recibido aliento y capacidad de influencia. O de que López se reunió con la cúpula del brazo político de ETA intentando legitimarles. O de que tiene a su lado a tipos tan oscuros y tan poco de fiar como Jesús Eguiguren. O de que la actual cúpula dirigente del PSE defenestró con muy poco estilo a un político como Nicolás Redondo Terreros (éste sí, un hombre inteligente, íntegro y de fiar, a mi juicio, dicho sea desde la distancia ideológica). O de que el PSE, hasta ayer, estaba aprobando los presupuestos y muchas de las leyes de Ibarretxe. O de que el PSOE en determinadas comunidades no ha construido una alternativa política a los nacionalismos, sino que cuando ha alcanzado el poder ha hecho precisamente política nacionalista…

Pero, frente al escepticismo, me gustaría que prevaleciera la esperanza. Porque, con todo, creo que Patxi López es un político hábil y muy consciente de la enorme oportunidad que se le brinda. Creo que intentará que la educación forme mejores ciudadanos y mejores profesionales en lugar de adoctrinar en el aldeanismo. Y que intentará que los buenos profesionales de la Ertaintza tengan por fin un jefe que les dedique a perseguir los delitos sin distinguir quién es el delincuente. Y que intentará que los ciudadanos vascos sepan algo tan básico como que su Gobierno cumple la ley y está del lado de la ley...

Estoy convencido de que Patxi López tiene todas las facultades para gobernar con inteligencia. Quiero pensar que no limitará su acción –como suele hacer a veces el PP- a una mera política de gestos que puedan interpretarse como revanchistas, sino que se dedicará, sobre todo, a trabajar por gestionar lo mejor posible la política social, cultural, educativa, sanitaria, económica, etc… y hacerlo desde una perspectiva integradora y no excluyente, desde una actitud que sea firme defensora de la identidad vasca (algunas de sus iniciativas previas, como el Manifiesto Euskera y Libertad, la implicación social de la Red para el cambio o el proyecto Kultura Irekia, tenían buena pinta), pero que no sea desleal con el Estado y con la idea de España.

Creo que tiene la oportunidad histórica de demostrar con hechos, día a día, con normalidad, que lo vasco y lo español no son antagónicos, todo lo contrario, que no se entiende lo español sin contar con lo vasco y que está incompleto lo vasco disociado de lo español.

Si es así, podrá concluir la transición política en Euskadi y se abrirá un tiempo de esperanza en esta tierra. Si no es así, habremos perdido la mejor oportunidad en mucho tiempo para no seguir ahondando brechas ni dividiendo a esta sociedad.

Soy castellano, pero muchas cosas de mi vida personal me han unido al País Vasco, que en un tiempo fue mi segunda tierra familiar y que hoy sigue siéndolo sentimentalmente. Le tengo un cariño muy especial a esa cultura, a esos paisajes, a esas gentes. Deseo con toda mi alma que termine una enorme patología política y social –la de la justificación de la amenaza, de la tortura y de la muerte del diferente- que es tristísima y que ha hecho mucho daño allí y fuera de allí. Que algún día en el País Vasco cada cual pueda pensar lo que quiera, pueda expresarlo libremente sin miedo, que nadie utilice el terror para defender sus planteamientos y que esos distintos modos puedan convivir buscando espacios de encuentro.

Por los muertos, por tantas víctimas de la sinrazón como han ido cayendo por defender en su vida cotidiana espacios de libertad. Por los vivos, por quienes pueden y deben construir un futuro mucho mejor para todos.

No es que crea que el relevo político autonómico vaya a hacer este sueño realidad. No soy tan ingenuo. Me conformo con que dé pasitos en ese sentido, con que mañana pueda estar un poco más cerca. Por eso, sin ser del PP ni del PSOE, me alegré del resultado electoral del otro día y por eso le deseo mucha suerte a Patxi López si llega a ser nuevo lehendakari vasco. Porque si la tiene él, la tendremos todos.

(Fotografía del Bosque de Oma, de la web de turismo del gobierno vasco. La decoración del Bosque Animado, en Kortezubi, dentro de la Reserva Natural de Urdaibai, fue una creación de Agustín Ibarrola. Resultó numerosísimas veces atacado por los ultras del nacionalismo, simplemente porque este artista vasco no piensa como ellos).

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Carlos! Qué tal?, me alegro atra vez de saludarte.
Tengo que reconocer abiertamente que la política no es una de mis grandes pasiones.
Yo tampoco soy ni del PP, ni del PSOE, ni tampoco de IU. Pero tengo que decir que estás elecciones si las seguí de cerca, con bastante interés, como creo que muchos españoles.
Me alegro de los resultados (aunque con cautela), porque cuándo se llega al poder...
Pero vamos a ser optimistas, cuando sea despacio, poco a poco, por el bien de todos los españoles y sobre todo de los vascos que se lo merecen.
Un beso fuerte.

Fernando Solera dijo...

Yo creo, efectivamente, que no hay que perder del todo la esperanza, aunque mucho me temo que Patxi López quiera hacer un gobierno pseudonacionalista. De hecho le ha ofrecido la vicepresidencia a Josu Jon Imaz, un 'moderado' del PNV. Me da la sensación de que López, y sobre todo Zapatero, se sentirían muy incómodos caso de gobernar con el apoyo del PP. Ojalá todo salga bien, que ya va siendo hora.

carlos dijo...

Sí, Anónima, hay que ser cautos pero yo creo que a peor no irá...

Yo espero que no, Fernando,que no haga un gobierno pseudonacionalista, aunque cuente con algún nacionalista moderado (de la línea de Joseba Arregi), lo cual no necesariamente será malo, puede ser integrador. Si en el futuro hay gente que hasta ahora votaba al PNV que ve sin miedo que puedan gobernar los no nacionalistas y que el País Vasco no pierde nada, todo lo contrario, creo que será un gran paso. Lo más importante yo creo que es que Patxi López demuestre que puede haber relevo, y que se puede gestionar bien la Comunidad sin hacer bandera del nacionalismo victimista y del antiespañolismo. Tendrá que ser a la vez valiente y prudente.

Samantha Keyela dijo...

Ni soy nacionalista de nación alguna ni me gusta ninguno de los partidos que veo. Ahora bien, queri creer que cuando el nacionalismo -sea españolista, vasco, catalán, gallego, castellano, etc- es razonable, comprensivo, constructivo y cooperante, todo el mundo sale beneficiado, igual que cuando lo son las supuestas izquierdas y las supuestas derechas. El problema es que apenas he tenido ocasiones de verlo - a veces con Jordi Pujol- y que la gente prefiere sacudirse mutuamente con los palos de sus banderas y echarse los muertos y torturados en cara que intentar tirar adelante.
Respecto a las alianzas entre partidos que por sí solos no alcanzaron la mayoría de los votos, me producen asco -como los tránsfugas- puesto que si dos o más partidos creen tener puntos en común que les permita poner fin a una situación ideseable y gobernar para el bien de todos, deberían haberse concertado antes de concurrir a los comicios, en lugar de haber estado descalificándose mutuamente en la campaña electoral. Lo otro es engañar a la gente, y de eso ya estoy completamente harta.
A los vascos, sólo les deseo que su nuevo gobierno "bipartito" no sea tan mentiroso, dilapidador e intelectualmente mediocre como el "tripartito" catalán.

Carlos dijo...

Completamente de acuerdo en lo primero: abunda el sectarismo y el enfrentamiento y escasea la sensatez y la altura de miras.
En lo segundo no estoy del todo de acuerdo, porque hay grupos que pueden no tener puntos en común como para acudir en coalición y aspirar a tener mayoría propia, pero luego, si no la obtienen pueden buscar puntos de encuentro. Y no creo que eso necesariamente traicione la voluntad de los electores: yo querría que las cosas fueran blancas, por ejemplo, pero si los más votados resultan ser, finalmente, los partidiarios del gris y los partidarios del negro, yo prefiero que mis representantes -los blancos- apoyen gris, antes que finalmente el poder sea para quienes defienden que las cosas sean negras. Pero eso cuando se tenga que formar alianzas; yo no quiero tener que votar gris a priori, quiero tener mi opción a blanco en las elecciones. Hay una solución muy clara a todo esto: las segundas vueltas.
De todas formas, en España hay mucha incoherencia con esto: todos lo hacen... y todos lo critican cuando lo hacen los demás. Hoy Feijoo ha hecho unas declaraciones criticando las "alianzas de perdedores" que me imagino que no habrán alegrado mucho a Basagoiti y que el PNV estará ya guardando para repetírselas al PP en el debate de investidura de lehendakari.
En fin, como bien dices, espero que los vascos tengan mucha más suerte con su nuevo gobierno que los catalanes con el tripartito.