Felicidades a El Mundo


Cuando apenas había cumplido dos años aprendí a leer, así que créanme si les digo que casi crecí con un periódico en las manos. En mi memoria me acompaña la lejana imagen de muchas caras de perplejidad ante un pequeñajo de tres o cuatro años leyendo tranquilamente el ABC. Comenzaba, eso sí, a hojearlo por el final (televisión, chistes, horóscopo, sociedad…): no iba a empezar a esa edad por las páginas de política, ya sería para preocuparse.

Soy de una generación que no puede quitarse el vicio del periódico impreso. Para quienes han nacido ya en la era digital, leer el periódico consiste en situarse ante una pantalla de ordenador y escribir en la barra del navegador la dirección del diario de su elección. Así será el futuro, inevitablemente. Pero para tarados como yo, leer el periódico sigue siendo ese rito arcaico, en vías de extinción, de saludar al quiosquero, gastarse un euro y pico, mancharse las manos de tinta, llevar el ejemplar bajo el brazo, o en el maletín de trabajo, o asomando en la bolsa de la compra..., y pasar sus páginas en el metro, en el sofá de casa, o en cualquier establecimiento donde te acompañe el olor y el sabor de un café.

El diario El Mundo ha cumplido veinte años. Y, al ver la efeméride, yo sufría el vértigo de reparar en que, casi durante la mitad de mi vida, he leído este periódico cada día.

Creo recordar que, siendo aún estudiante, dejé de comprar Diario 16 -después de cesado Pedro J. Ramírez en la dirección del mismo- en el momento en que salió a la calle El Independiente diario, que se convirtió en mi periódico de referencia. Y cuando luego apareció El Mundo, fui alternando ambos, hasta que cerraron también El Independiente y definitivamente me convertí en lector habitual de ese joven rotativo cuya cabecera ponía El Mundo del siglo XXI. Por cierto, qué época más negra aquélla en la que, a través de operaciones político-empresariales, se conseguía sistemáticamente silenciar a medios que no eran dóciles y así se hizo con Diario 16, El Independiente y Antena 3 Radio.

No comparto la ideología de El Mundo ni su visión de muchas cosas. Pero si tuviera que esperar a leer un periódico que tuviera mi forma de pensar, me moriría sin que se llegara a salir. Y, además, ¿quién dijo que hay que leer las cosas desde nuestro propio punto de vista? Así no hay forma de aprender, de contrastar, de desarrollar sentido crítico… Yo no soy como esos oyentes radiofónicos que se levantan escuchando a un opinador que únicamente les dice aquello que quieren escuchar. Yo soy más bien partidario de la máxima orwelliana que aparece casi presidiendo la columna lateral de este blog.

De El Mundo me gusta que -aunque no siempre su tratamiento informativo de las cosas me haya satisfecho, como es lógico- no ha sido tan previsible y lineal como otros medios a la hora de enjuiciar. Como dijo en una ocasión Victoria Prego, no creo mucho en la objetividad, pero sí en la honesta subjetividad. El País tiene calidad en los contenidos, pero me repugna cómo ha ido mudando su línea editorial siempre al compás que le marcaba el maridaje con el poder, establecido al servicio de sus propios intereses empresariales. El Mundo denunció la corrupción felipista, pero también se opuso al apoyo del gobierno del PP a la invasión de Irak y hoy publica continuamente revelaciones sobre la trama Gürtel aunque afecte al partido del que pueda sentirse más cercano.

De Pedro J. Ramírez hay cosas que me gustan y otras que no me gustan nada. Pero creo que, con independencia de que pueda caer bien o mal, habría que estar ciego o ser muy mezquino para no reconocerle su indudable talento. Tiene inteligencia, mucha habilidad y eso que llaman olfato periodístico. En nuestro país, ha hecho historia en la comunicación. En Diario 16 quisieron entregar su cabeza como ofrenda para congraciarse con el poder, pero vivito y coleando partió de la nada hasta llegar, con asombrosa tenacidad, a construir lo que hoy es uno de los medios de referencia del periodismo internacional.

Se ha reiterado la afirmación en estos días, pero no por repetida es menos cierta: sin El Mundo la historia reciente de España sería otra. Porque fue este diario el que reveló la trama de Filesa para financiación ilegal del PSOE y la trama de terrorismo de Estado de los GAL, entre otras muchas noticias que vieron la luz como resultado del periodismo de investigación por el que apostaron desde sus comienzos, y que de otra forma nunca hubiéramos conocido.

En las páginas de El Mundo seguí durante estas décadas vertiginosas la fuga de Roldán, los relevos en la Moncloa, la rebelión ciudadana ante el secuestro de Miguel Ángel Blanco, el drama de la inmigración, los primeros pasos de internet, la muerte de Juan Pablo II, el fenómeno Obama o los atentados del 11-S en Nueva York y del 11-M en Madrid…

Y espero que, desde la coincidencia o desde la discrepancia, después de estos veinte años de lector, continúe teniendo motivos para abrir cada día este diario, nacido de una arriesgada aventura y que ha demostrado un indudable afán de seguir mejorando.

7 comentarios:

Fernando Solera dijo...

Es el primer diario que ojeo cada día desde hace ya bastantes años. Uno de los motivos más importantes por los que sigo leyéndolo es su determinación, contra viento y marea, de investigar el 11-M, pese a que los padres de la patria se han encargado de acallarlo. Si no fuera por este periódico y la gente de Libertad Digital, llevaríamos años sin hablar del atentado más grave de la historia de España. Un atentado que, por cierto, huele cada vez más a operación de servicios de inteligencia extranjeros, con el objetivo de aupar al inútil de Zapatero al poder.

Me he ido mucho del tema, ¿verdad?

Alberto Vara. dijo...

Yo leo El Mundo cada día. Creo que ha sabido ser crítico con PSOE y PP, habiendo sido en muchos momentos el único contrapoder que vigilaba al Único Gran Poder. Además, de los medios ajenos a este universo de agit-prop que nos domina y fiscaliza compuesto por El País, Público, La Sexta, Cuatro, La Uno y La Dos, y un interminable etcétera, es el único que huele a naftalina.

Con todo y con eso, yo tampoco comulgo con muchos de sus editoriales y columnistas. Por ejemplo, con David Gistau, al cual nunca le perdonaré ser del Real Madrid.
Un abrazo.

Alberto Vara. dijo...

Fe de erratas:
Donde pone "que huele a naftalina", colar un "NO".

Carlos dijo...

Mi impresión, Fernando, es que sobre el 11-M, con independencia de que no se haya podido acreditar una versión aletnativa, la versión oficial hace aguas en muchos puntos y tiene aspectos oscuros que no se nos aclaran. En El Mundo insisten en que cuando comenzaron a investigar los GAL recibieron descalificaciones parecidas a las que ahora se les dirigen por lo del 11-M y que tardaron años en descubrir la verdad y en que los tribunales la establecieran y que no era la verdad oficial que previamente se nos había contado.

Es cierto, Alberto. Ésa es la sensación que tengo yo. No comparto su ideología ni su línea editorial, no me gustan algunas de sus actitudes... pero con todo me parece que ha sido más frecuente en la crítica a los afines, menos dócil frente al poder en unas y otras etapas, que ha desarrollado investigaciones interesantes y que ha ejercido a menudo de contrapoder, que no es poco en el panorama que tenemos.

Bárbara dijo...

Yo coincido contigo, es interesante leerlo aunque a veces sea para echarse las manos a la cabeza. No me gustó el tratamiento de las investigaciones del 11-M pero me encanta que esté Arcadi Espada compartiendo espacio con Jiménez Losantos. Y es el único periódico que hubiera permitido la columna que hizo Arcadi para felicitar el aniversario (¿la leíste? brutal, hasta recordó el famoso video de Pedro Jota, y las carcajadas de los que lo veían ...). Por mucho menos se censura en El País.

j.p. dijo...

leer con dos años? eras un niño prodigio?

Carlos dijo...

Sí, Bárbara, es interesante cuando menos. Me parece que tiene algo más de pluralidad que otros, aunque yo en realidad todos los periódicos encuentro columnistas buenos -otra cosa es que coincida o no con lo que dicen- y columnistas que me parecen una castaña. Hace un esfuerzo por tener columnistas que sean la pata izquierda del periódico, aunque yo creo que se le suelen marchar: se fueron sucesivamente colaboradores como Forges, Gabriel Albiac, Luis Solana, Javier Ortiz, Carlos Boyero... Ah, sí leí lo de Arcadi, sí... Un beso.

J.P., esto siempre me lo preguntan y siempre aclaro que no, niño prodigio no, simplemente niño precoz. Aprendí a leer muy pronto pero me quedé ahí, apenas sigo sabiendo lo mismo, leer y poco más.