Salvar una vida

Miguel Ángel, al que llamamos Chacho, es un joven de mi pueblo, El Hoyo de Pinares. Aunque por edad no ha sido del círculo más estrecho de mis amigos, le conozco desde niño, siempre nos hemos tenido mutua simpatía, nos hemos llevado muy bien y le tengo un afecto sincero y especial a él y a toda su familia.

Miguel siempre ha sido una persona abierta, afectuosa, noble, ilusionada. Pero un buen día se cruzó en su camino la palabra cáncer. No es necesario que os aclare que, cuando supo de la existencia de metástasis y de lo avanzado de la enfermedad, la vida de este joven dio un inesperado y negro giro.

Llegó un momento en que él había tirado la toalla con resignación, aceptando que no había salida. Pero, según me dicen, hace apenas unas semanas, unos especialistas le han devuelto las esperanzas. En una prestigiosa clínica, un equipo médico le habla, tras estudiar detenidamente su caso, de un tratamiento novedoso y de un margen amplio de posibilidades de éxito.

El único obstáculo, aunque importante, es económico. Miguel no cuenta con el elevado importe que se necesita para ello y que además se precisa contrarreloj.

Por eso, en estas últimas semanas, sus amigos más cercanos se han movilizado y han protagonizado una auténtica conjura por la vida. Han removido cielo y tierra para ir recaudando fondos y que el dinero no sea un obstáculo para que Migue Chacho, su amigo, alguien a quien quieren, tenga la oportunidad de desafiar a la muerte y de vencer su enfermedad.

Han corrido la voz en internet, en los medios, entre la gente que conocen, en los establecimientos... El domingo pasado se celebró un partido de fútbol benéfico cuya recaudación íntegra fue para este fin. Se ha convocado una gymkhana infantil, se ha organizado un mercadillo... Y se ha abierto una cuenta bancaria para que quienes lo deseen ingresen su grano de arena.

Sé que todos están hartos de solicitudes, de mensajes, de cadenas pidiendo colaboraciones. Sé que la mayoría de los que lean esto ni siquiera conocen al afectado. Pero esta vez yo sí le conozco, le pongo cara y le pongo nombre, y si no lo reflejara aquí no me lo perdonaría.

Miguel tiene sólo 35 años. En 2005 se casó con su chica. Y tienen un niño que ha cumplido dos años.

Como decía hace poco alguien, podemos contribuir a que el final aún no escrito de esta historia sea "el protagonista muere” o, por el contrario, “vivieron felices y comieron perdices”. A mí, sin duda, también en la vida real me gusta mucho más este final feliz de los cuentos que nos contaban nuestras abuelas.

Ojalá que dentro de muchos años pueda seguir cruzándome en mi pueblo con él y saludarnos sonrientes como siempre. Una persona tan joven merece seguir teniendo sueños e ilusiones, poder ser feliz con su pareja, ver crecer a su hijo... Y que éstos también tengan la oportunidad de tenerle a su lado.

Donativos: cuenta Caja de Ávila 2094-0016-01-0016104656
 

(Fotografía: Un cop de mà, de José Téllez, de la galería Creative Commons de Flickr).

Aflojando el nudo

El pasado 26 de febrero había sido una jornada pesada y agobiante en lo laboral. Y, en lo personal, uno de esos días en que te da por pensar qué coño estás haciendo con tu vida y otras menudencias así. Pero, por fortuna, terminé las ocupaciones un poco antes de lo previsto. Y con una sensación imperiosa de que necesitaba respirar.

Recordé que ese día la escritora Flavia Company presentaba en Madrid su último libro de relatos, Con la soga al cuello (Editorial Páginas de Espuma). Aunque inicialmente había descartado asistir, porque pensaba que no iba a poder, ahora me daba tiempo, aunque llegara algo tarde al acto. Tomé un taxi y telefoneé sobre la marcha a Virginia, porque estaba seguro de que le iban a gustar tanto la presentación de este libro como echarnos unas risas compartiendo los vinos de después, pero ella acababa de llegar de viaje cansada y al día siguiente tenía una entrevista temprano, así que se quedó con las ganas de aceptar la propuesta. Bueno, pues allí me planté yo solo. Así que ¿necesito un respiro y para dármelo acudo a la presentación de un libro que se titula Con la soga al cuello? No sé, no sé…

Me cae bien Flavia Company. Es esa impresión, que todos hemos experimentado alguna vez, de estar ante alguien a quien realmente no conoces pero que te transmite buenas sensaciones. En un mundillo como el literario, tan lleno de apariencias y de impostura, Flavia transpira autenticidad por todos sus poros. Y eso siempre es un regalo.

Llegué al tramo final del acto. Me perdí intervenciones interesantes (por suerte, la de Clara Obligado he tenido ocasión de leerla luego en internet) pero pude escuchar las palabras de la autora y la lectura de algunos fragmentos del libro y eso fue suficiente premio como para cambiar mi estado de ánimo y construirme un pequeño oasis en un día que había sido duro.

También pude saludarla por primera vez en persona y que me firmase un ejemplar de su libro.

Flavia Company aterrizó por La nota discordante, creo que desde el delicioso blog de Bárbara, y dejó algún comentario elogioso sobre la ironía de una de mis entradas. Sí, ya sé que es paradójico que yo conozca a una escritora consagrada porque sea ella quien entre en mi blog y no al revés, pero eso es fruto de mi ignorancia, qué le vamos a hacer. Confieso con rubor que no había leído nada de ella, pero si aquel comentario sirvió para que comenzara a leerla, pues para mí ha sido doblemente grato.

Flavia Company, escritora y periodista, nació en Buenos Aires, pero desde los diez años ha vivido en Barcelona, donde tenía raíces familiares. Escribe tanto en castellano como en catalán y tiene publicados, que yo cuente, al menos siete libros infantiles y dieciocho de narrativa para adultos (novelas y volúmenes de cuentos), además de una recopilación de los artículos que con el título Trastornos literarios vieron la luz en El Periódico de Catalunya. El sábado, por cierto, salía Flavia Company en la revista Yo Dona de El Mundo, participando en un diálogo con Nuria Amat, Carme Riera y Mercedes Abad sobre mujeres y literatura.

Mi disfrute no terminó aquella tarde de la presentación, claro. Con la soga al cuello me acompañó en el metro durante los días siguientes y, en trayectos cortos, lo fui leyendo, pero la verdad es que se puede devorar de un tirón.

El hilo conductor son situaciones límite. En cierto modo, estamos ante historias de supervivientes. Personas que se enfrentan a encrucijadas de lo más variado: la vejez, el engaño en la pareja, las dificultades económicas, la muerte, la mentira, las obsesiones… Relatos con fuerza, relatos que no son previsibles, que están bien escritos, donde pesa más lo que realmente importa –las personas, los sentimientos, los comportamientos, las vivencias…- que la mera secuencia de hechos en los que se manifiesta. Es un libro donde late la vida real, aunque tiene algunas curiosas incursiones en el terreno de lo fantástico. La autora logra, además, dar a cada uno de los cuentos un tono narrativo diferente, acorde con la propia historia. Un libro sugestivo que merece la pena y que, modestamente y como lector, les recomiendo.

Como no conocía a nadie en la sala, la timidez me venció y no entablé conversación en ningún corrillo. Así que, un rato después de concluir la presentación y tras tomar un vinito, salí de la encantadora Librería Tres Rosas Amarillas (a la que, por cierto, tengo que volver) y regresé a casa dando un paseo nocturno, prolongando esa sensación de haberme concedido el respiro que necesitaba. De camino, me encontré con los animadísimos locales de Malasaña (qué pena que Vir no pudiera salir, porque daban muchas ganas de quedarse por allí), con las calles llenas de gente… y hasta con una festiva manifestación de bicicletas. Recordé que más allá de la mesa de despacho, hay vida. Y también recordé por qué me gusta Madrid.
“Es una suerte que existan los demás, pensé” (Flavia Company, El río de la vida, cuento de Con la soga al cuello).

(La autora de la fotografía de Flavia Company es Laura Zorrilla).
(Ps.- ¡Ah... ! Y no dejen de leer la última entrada que Flavia Company ha publicado en su blog, Círculos que se cierran: conmovedora).

Curso introductorio al Derecho Laboral


El martes 28 de abril imparto en Madrid, de 10 a 14 h. y de 15'30 a 18'30 h., el curso Derecho Laboral para no expertos. Este curso nació dentro de una oferta formativa de Fundación Confemetal en la línea de ofrecer una visión global e introductoria de una determinada materia a personas no conocedoras de la misma (Finanzas para no financieros, Contabilidad para no contables, Derecho Mercantil para no expertos...)

Hay en el mercado muchos cursos especializados en algo concreto y éste pretende justamente lo contrario: ofrecer una panorámica general y básica, a vista de pájaro, a quien se acerca por vez primera al ámbito del Derecho Laboral.

Generalmente, el seminario resulta de interés y de utilidad práctica a quienes van a tener que trabajar en el área de recursos humanos o de administración de personal de una empresa y no cuentan con formación jurídica previa, aunque a veces participan alumnos que sí la tienen pero que intentan repasar o actualizar conocimientos.

El curso se comenzó a ofrecer en abierto, a quienes desearan inscribirse, pero en muchas ocasiones en estos años ha sido encargado a medida por importantes empresas, para impartirlo directamente a su personal en sus sedes y ha acabado teniendo una versión más amplia a distancia. La del martes es la convocatoria anual que hacemos presencial y en abierto.

Con un lenguaje que intento que sea comprensible, explico las normas básicas en relación con la contratación de trabajadores, el salario, la jornada, las vacaciones y permisos, el régimen disciplinario, los despidos, etc. Y, por descontado, hacemos coloquio, resolvemos dudas, compartimos experiencias... El programa incluye estos temas:

- LA RELACIÓN LABORAL EMPRESA-TRABAJADOR. Cuestiones previas.
- LAS FUENTES DEL DERECHO LABORAL. Normativa legal básica y convenios.
- PANORAMA DE LA CONTRATACIÓN LABORAL EN ESPAÑA. MODALIDADES DE CONTRATO MÁS COMUNES. Características. Ventajas e inconvenientes.
- EL SALARIO Y OTRAS PERCEPCIONES NO SALARIALES
- LA JORNADA. Horas extraordinarias. Vacaciones. Permisos. Reducciones de Jornada.
- DERECHOS Y OBLIGACIONES ENTRE EMPRESARIO Y TRABAJADOR. Notas sobre el régimen disciplinario en la empresa.
- PROBLEMÁTICA MÁS COMÚN EN LA EXTINCIÓN DEL CONTRATO DE TRABAJO. La baja voluntaria. El fin de contrato. El despido disciplinario. La extinción por causas objetivas. Procedimiento y efectos.

Aunque a veces lo flexibilizamos y adaptamos sobre la marcha, en función de los intereses de los propios asistentes.
Más información sobre condiciones de inscripción en inscripciones@fundacionconfemetal.es o en el teléfono 91 564 95 36.

Edición 2009 de libro de Nóminas

Este mes se publicó la quinta edición de mi libro Nóminas, Seguridad Social y Contratación Laboral, un manual concebido sin más pretensión que el de resultar útil y que se viene emplando como referencia en cursos sobre la materia y como texto de consulta en empresas.

Fue un libro de encargo, publicado por FC Editorial por vez primera en 2005, que ha venido funcionando muy bien y me ha proporcionado en estos años buenas noticias. En los datos cerrados a finales de 2008, ha superado los 7.000 ejemplares vendidos, que no está nada mal. Yo siempre bromeo con las de la editorial diciéndoles: "venga, que al final le mojamos la oreja a Dan Brown".
Y del libro se han publicado reseñas en las revistas Agenda de la Empresa Andaluza, Bibliodiversidad, Empresa XXI, Iuris... y en varias ocasiones en el suplemento salmón que publicaban los diarios El Mundo y Expansión, el Expansión y Empleo; de hecho, apareció ahí en la lista de los libros de gestión más vendidos en 2005.

El librito aborda en un primer bloque el contenido de la relación laboral, las modalidades de contrato vigentes, los derechos y deberes de los trabajadores, así como la modificación, suspensión y extinción de la relación contractual. Luego se centra en el estudio del salario, su composición, su pago, sus garantías... y cómo elaborar una nómina. Y la última parte está dedicada a la Seguridad Social: cotización, recaudación, prestaciones, sistema RED... Todo ello, explicado en lenguaje que, dentro de lo posible, intenta ser coloquial y con algunos ejemplos prácticos resueltos. La edición 2009 está actualizada con las últimas medidas de fomento del empleo contenidas en el R.D.L. 2/2009 del pasado 6 de marzo que, aunque no ha sido convalidado por el Congreso y va a ser tramitado como proyecto de ley para la introducción de enmiendas, está actualmente en vigor y su núcleo central de medidas no es previsible que sufra demasiadas modificaciones.

Curso sobre despido disciplinario y extinción de la relación laboral por causas objetivas

El próximo miércoles 22 de abril participo como ponente en la Fundación Confemetal en un curso que abordará una cuestión de lamentable actualidad: el despido, en su modalidad disciplinaria y por causas objetivas. Se trata de explicar a los responsables empresariales qué pueden y qué no pueden hacer y, en su caso, cómo han de hacerlo, de acuerdo con los criterios legales y jurisprudenciales.

El programa previsto es el siguiente:

"10'15 h. LA EXTINCIÓN POR CAUSAS OBJETIVAS (I). ANÁLISIS DE LAS CAUSAS LEGALES, por D. MIGUEL VALENTÍN-GAMAZO DE CÁRDENAS, abogado
- La ineptitud sobrevenida del trabajador
- La falta de adaptación a las modificaciones técnicas del puesto de trabajo
- La amortización de puesto de trabajo por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción
- El absentismo laboral

12'15 h. LA EXTINCIÓN POR CAUSAS OBJETIVAS (II). REQUISITOS FORMALES Y PROCEDIMIENTO, por DÑA. EMILIA RUIZ-JARABO QUEMADA, Magistrada de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Madrid
- Requisitos de la comunicación
- La puesta a disposición de la indemnización legal
- El preaviso
- La licencia para búsqueda de nuevo empleo
- Relevancia de los requisitos formales. Consecuencias de su inobservancia
- Despido individual-despido colectivo. Límites legales. Fraude de ley

15'00 h. EL DESPIDO DISCIPLINARIO. CAUSAS Y PROCEDIMIENTO, por D. MANUEL VALENTÍN-GAMAZO DE CÁRDENAS, abogado

- Faltas de asistencia y puntualidad
- Indisciplina y desobediencia
- Ofensas verbales o físicas
- Transgresión de la buena fe y abuso de confianza
- Disminución del rendimiento
- Embriaguez y toxicomanía
- Acoso
- Forma y efectos del despido disciplinario

17'00 h. LA EMPRESA ANTE LA IMPUGNACIÓN DE LA DECISIÓN EXTINTIVA, por D. CARLOS-JAVIER GALÁN GUTIÉRREZ, abogado

- La conciliación ante el SMAC
- El procedimiento laboral. Estrategia de la empresa y articulación de la prueba
- Calificación judicial de la decisión extintiva: despido procedente o decisión ajustada a Derecho, despido improcedente, despido nulo. Consecuencias
- Posibilidad de reconocimiento de improcedencia, depósito de indemnización y congelación de salarios de tramitación
- Acuerdos entre las partes".

Para ampliar información y ver condiciones de inscripción, puede consultarse la web de Fundación Confemetal.

Una comedia española

El mal sabor de boca que me dejaron las expectativas defraudadas por Dos menos, me lo quité volviendo al teatro, claro.

Yasmina Reza (Arte, Un dios salvaje…) nos obsequia con otra interesante obra, que se ha estado representando, bajo la dirección de Silvia Munt, en el teatro Valle Inclán, con lo que este año la autora francesa ha hecho triplete en la escena madrileña. Creo que Una comedia española ha comenzado ahora su gira por otras ciudades.

Cinco actores están ensayando la obra de un joven autor español, Olmo Panero, en una escena sin decorado, entre cajones. De vez en cuando, se intercalan los monólogos de los propios actores, dirigiéndose supuestamente a ese autor que asiste mudo al ensayo. Es como si nos hubiéramos colado en el patio de butacas, sentados junto al escritor, espiando el doble espectáculo: la obra ensayada y las confesiones de los intérpretes. Es el teatro dentro el teatro (no voy a explicar por qué, pero habría que decirlo incluso una vez más: el teatro dentro del teatro dentro del teatro)… Ahí asoma un cóctel de relaciones, de ilusiones, de frustraciones… las que entretejen los personajes, pero también las que aparecen en los pensamientos que, sobre el teatro y la propia vida, expresan en voz alta los actores.

El trabajo de todos (Mònica Randall, Xicu Masó, Ramon Madaula, Maria Molins y Cristina Plazas) es espléndido. Pero, además, cada cual realmente está haciendo al menos dos interpretaciones: la del actor que ensaya y la del personaje de éste en la obra. No hay que perderse ese cambio de registro: a mí me gustó especialmente en Xicu Masó, que da vida a Fernando, el novio de la madre (¿o habría que decir que da vida al actor que da vida a Fernando, el novio de la madre?), pero en todos ellos está muy logrado.

Los diálogos son, en general, buenos, y por momentos brillan en los personajes de la comedia y están repletos de ingeniosos hallazgos en las reflexiones de los actores.

Respecto al montaje, sin ser un entendido (siempre insisto en que ni por asomo pretendo hacer crítica de teatro, sino recoger mis impresiones de simple espectador) me pareció cuidadísimo en todo, desde la iluminación hasta cada detalle escénico. A algún crítico le he leído descalificar que en una pantalla se proyecten primeros planos de los propios intérpretes ya que, según él, distorsionaba. A mí sí me gustó mucho el efecto y me pareció muy bien traido, porque es una especie de juego que subraya el propio planteamiento de la obra. Un juego de espejos que nos ofrece simultáneamente una doble perspectiva y nos acerca la expresividad de los artistas y de sus respectivos personajes.

En este collage de Una comedia española, se puede encontrar teatro inteligente, pinceladas de humor sutil y reflexiones sugestivas. Todo ello con magníficas interpretaciones y con una hábil puesta en escena. Así que, en conjunto, muy recomendable.

Por cierto, que he leído que están rodando una versión cinematográfica, al parecer titulada Chicas. Nunca se me hubiera ocurrido que esta obra pudiera llevarse al cine. Seguramente se centrará en la comedia en sí, en la trama familiar, pero imagino que, al trasladarla al lenguaje cinematográfico, prescindirá de este atractivo planteamiento poliédrico –ensayo de la obra y contenido de la obra, actores y personajes...- que nos ofrece en su versión teatral.

(Fotografía y video de la web del Centro Dramático Nacional).

Una nueva actividad docente


Cuando terminé la carrera de Derecho, con veintitrés años -uffff, qué vértigo da esto del tiempo-, se me pasó por la cabeza la posibilidad de dedicarme a la enseñanza. Hice algunas gestiones con amigos y conocidos que eran profesores universitarios y la experiencia que me transmitieron fue unánime. Yo saqué la impresión de que hacía falta cierto mamoneo: estar muy cercano a algún catedrático o profesor bien situado, pulular mucho por un departamento, ir preparando por allí la tesis, esperar a que le tocara el turno a tu protector y no tuviera compromisos mejores, etc., etc. La verdad es que no me apetecía nada entrar en esa dinámica. Y con mi carácter de entonces, en plena efervescencia rebelde, mucho menos.

Así que lo descarté y -tras un primer empleo inmediato cuyo fin era simplemente proporcionarme ingresos propios y algo de experiencia- me encaminé enseguida hacia el ejercicio libre de la profesión.

Sin embargo, unos años después, a mi compañera de despacho de entonces, Ana, y a mí nos ofrecieron la posibilidad de impartir cursos jurídico-empresariales y comenzamos a hacer nuestros pinitos en esto de la docencia, con buen resultado (supongo, porque repetían en lo de llamarnos).

Una década después de haber terminado mi carrera, aprovechando un cambio profesional, volví a tantear diversos contactos, con desigual respuesta. Pero la consecuencia de ello fue que, finalmente, comencé a incrementar progresivamente mi actividad docente, aunque siempre como complementaria de mi dedicación a la abogacía.

Desde entonces, he impartido numerosos cursos organizados por sindicatos, por organizaciones empresariales, por entidades sin ánimo de lucro, por administraciones públicas… y, en general, siempre con valoraciones positivas por parte de los alumnos en sus encuestas.

El ejercicio de la abogacía personalmente me gusta, particularmente la intervención en juicios y todo lo que implique algún reto (de enfoque, de estudio, de estrategia procesal, de exposición oral…), lo que no sea meramente repetitivo o de trámite. Pero esa labor profesional es poco reconocida, tiene siempre algo ingrato: si un juicio concluye con resultado satisfactorio para tu cliente, él tiene la percepción de que tu labor no tiene demasiado mérito, puesto que la verdad estaba de su parte; si no termina con sentencia a su favor, sin embargo, el demérito sí que es del abogado, que lo habrá defendido mal… Es decir, casi siempre el juicio lo gana el cliente y lo pierde el abogado, desde el punto de vista de aquél. El justiciable normalmente cree que le asiste la razón y generalmente suele despreciar el peso de las otras razones de quien está enfrente; y, por otro lado, carece de conocimientos legales y de elementos comparativos para saber si un planteamiento jurídico es más o menos acertado, si una estrategia procesal resulta más o menos hábil, o si una intervención en juicio reviste mayor o menor calidad. Sólo te queda, pues, la íntima satisfacción personal de que tú sepas que has hecho un buen trabajo.

En la docencia, sin embargo -al menos desde mi experiencia hasta ahora-, los alumnos habitualmente sí te evalúan y, si tu trabajo les ha parecido bueno, lo reflejan así. No te encuentras con esa paradoja de que si aprenden sea exclusivamente por sus aptitudes y si no aprenden sea consecuencia de que el profesor es malo.

Todo este preámbulo venía a cuento para justificar que tengo una inclinación (no sé si se le puede llamar vocación, porque dudo que tenga alguna) por la docencia, que me ha resultado siempre algo más gratificante que la abogacía, aunque las dos actividades indudablemente me satisfacen y realmente mis intervenciones como profesor están hoy claramente derivadas de mi dedicación principal a la abogacía.

En los últimos años, mi labor docente se ha venido centrando especialmente en la Fundación Confemetal, donde he impartido seminarios presenciales, preparado cursos a distancia -tanto en papel como online- y donde he publicado varios manuales jurídicos, en una agradable colaboración profesional que es ya larga y fructífera.

También comencé una colaboración docente con la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en los estudios de Economía y Empresa, primero en una materia de Introducción al Derecho y, desde hace ya unos años, en la asignatura de Derecho Laboral, compartiendo equipo con unos excelentes compañeros de departamento, como profesores y como personas. La UOC fue en su momento pionera en el campo de la enseñanza virtual y hoy sigue a la vanguardia de este tipo de procesos. Es un proyecto con el que, globalmente y considecaciones menores al margen, me siento muy identificado. Prefiero, qué duda cabe, la calidez de la enseñanza presencial, pero en nuestro mundo hay una serie de necesidades formativas que ésta no puede atender y a las que hay que ofrecer respuesta. Me parece que las nuevas tecnologías (especialmente cuando se vayan desarrollando instrumentos audiovisuales tales como las videoconferencias y similares) ofrecen un campo de enormes y atractivas posibilidades y personalmente soy un decidido entusiasta de este tipo de iniciativas.

Y hoy comienzo una nueva experiencia en ese ámbito de la educación en entornos virtuales. La de impartir, desde mediados de abril hasta primeros de junio, la asignatura de Derecho Internacional del Trabajo como profesor del Máster de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de Online Business School, una iniciativa impulsada por IL3 (el Instituto de Formación a Distancia de la Universitat de Barcelona) y la Escuela de Administración de Empresas.

Mi gente cercana, la que me ve sobrecargado de trabajo cada día, me preguntará irónicamente que si me aburría y por eso me he buscado un nuevo entretenimiento. Lo cierto es que, cuando me comprometí con la Universidad de Barcelona, abril de 2009 sonaba aún muy lejano y, para estas fechas, pensaba estar más aligerado de carga de mi despacho. Todo se andará. Pero por otro lado, como dice el refranero “sarna con gusto no pica”. Y esto es una actividad que me apetecía mucho desarrollar, aun suponiendo un sobreesfuerzo temporal.

Y para mí, que no me caracterizo precisamente por tener subidones de autoestima, tiene una parte de pequeña valoración personal. Supongo que si muchas entidades, pero especialmente la Fundación Confemetal, la UOC y ahora la UB, han confiado en mí como docente (bien porque conocen sobradamente mi labor en el caso de las dos primeras, o bien porque alguien les ha dado buenas referencias en el caso de la segunda), será que no lo hago demasiado mal. Y me acuerdo ahora un poco de algunas personas que, hace veinte años o hace diez, cuando les planteé que quería hacer algo de enseñanza y ellos estaban –por su responsabilidad- en situación de haberme prestado al menos una mínima atención, directamente me miraron por encima del hombro y pasaron ni de considerar siquiera la posibilidad. Y no hablo de personas para los que fuera un desconocido. Supongo que pesaron sus prejuicios: un recién licenciado de veintitrés, o un abogado de treinta y tres años, joven y con pelo largo… En fin, no sé si habrán cazado muchos talentos después, pero como hayan tenido el mismo olfato… Y es que a veces es bueno dar una oportunidad a la gente, ¿no? Escuchar y probar antes de sacar conclusiones.
Discúlpenme ustedes esta especie de pequeña reivindicación personal. Bien saben quienes me conocen que no es nada frecuente en mí, pero hoy, casi veinte años después, tocaba.

Y ya. Ahora, a explicar hoy a mis alumnos en el campus virtual qué es la Organización Internacional del Trabajo y a intentar hacer bien mi cometido…
(Fotografía: Coffee and a laptop, de Steve Garfield, de la galería Creative Commons de Flickr).

Premios Apache y Abrazos

Aunque sea tarde, no quiero dejar de reflejar un par de premios que, dentro de las cadenas blogueras de distinciones, me dedicaron en estos últimos meses.

El blog de Pegasa me brindó afectuosamente un Premio Abrazos, así que otro abrazo de vuelta para esta bloguera llena de humanidad y de otros muchos valores.

Y por otro lado, Shikihouse, otro blog lleno de la inteligencia y la sensibilidad que le imprime su autora, otorgó a La nota discordante el premio Apache 2009. Este circula por la blogosfera distinguiendo a aquellos blogs que luchan con la palabra contra el terrorismo. Así que ese reconocimiento se lo agradezco muy especialmente a Shikilla.

Pobres traductores...

Magdalena Álvarez será la candidata número 3 del PSOE en las elecciones al parlamento europeo.

Menos mal que se limitará a apretar un botón y a cobrar, porque como la dejen hablar, algún traductor simultaneo de Bruselas terminará cortándose las venas...



¿Fue éste?

Según rumores sin confirmar, el policía que liberó al presunto jefe de la banda que asaltó el chalet de José Luis Moreno fue el mismo que aparece como militar romano en esta célebre escena...
Sin embargo, por desgracia el prisionero no era el mismo que en este fragmento de La vida de Brian, porque no rectificó su broma, insistió en que lo suyo era libertad y hoy está suelto...
¿Y qué quieren? Mejor que me lo tome a guasa, porque si se para uno a pensarlo en serio, es para deprimirse.
A ver, mi dedicación profesional no guarda relación con el Derecho penitenciario, pero por lo poco que yo sé, la puesta en libertad de una persona que está en prisión, incluso cuando es procedente ponerle en libertad -que en este caso no lo era-, no la hace nunca el policía que está con él en ese momento, quitándole las esposas y dándole una palmadita en el hombro. Un agente no suelta a un recluso por el mero hecho de que el acusado se lo diga o incluso porque le enseñe un papel que le han dado en el Juzgado.

Cuando un interno sale de una cárcel a declarar ante el juez, lo hace esposado y custodiado por las fuerzas y cuerpos de seguridad, que en todo caso tienen la responsabilidad de reintegrarle después a la misma prisión de donde salió. Dicte el juez la orden que dicte, incluso si ésta es de libertad, creo no equivocarme al afirmar que el preso vuelve siempre al punto de partida. Allí se entrega a los responsables del centro penitenciario esa orden judicial, éstos la examinan, comprueban cuál es la situación del interno (si tiene más procesos o condenas pendientes, por ejemplo, que es un detalle de suma importancia) y, si procede, le pondrán oficialmente en libertad.
El artículo 22 del Reglamento Penitenciario dice que "recibido en el centro el mandamiento de libertad, el director o quien reglamentariamente le sustituya dará orden escrita y firmada al jefe de servicios para que sea cumplimentada por funcionarios a sus órdenes" y muy claramente preceptúa que "antes de que el director extienda la orden de libertad (...), el funcionario encargado de la Oficina de Régimen procederá a realizar una completa revisión del expediente personal del interno, a fin de comprobar que procede su libertad por no estar sujeto a otras responsabilidades".
Y, en cumplimiento de ese mismo precepto del Reglamento Penitenciario, la puesta en libertad se hace, además, de manera documentada y siguiendo el procedimiento establecido: la citada orden por escrito del director, la comprobación de datos personales y huellas dactilares de la persona a la que se va a liberar, la devolución de sus pertenencias personales y la liquidación y entrega de su peculio de recluso, el acompañamiento hasta la puerta del centro, la diligencia extendida en su expediente personal, la certificación remitida luego a la autoridad judicial... No se hace de palabra en la calle diciéndole "hala, salao, te puedes marchar cuando quieras".

La cosa no consiste en que el juez entregue al propio preso o a los agentes que le custodian un auto de puesta en libertad (siempre referida exclusivamente a la causa que él instruye, que la situación exacta de las demás no necesariamente la conoce ni tiene por qué conocerla) y los mismos policías que le han llevado al Juzgado le digan: "Bueno, majete, pues no hace falta ni que recojas tus pertenencias en la cárcel, te puedes ir desde aquí... ¿o te viene mejor que te acerquemos a algún sitio? Ah, no te olvides de que el juez te ha dicho que vuelvas dentro de quince días, ¿eh?", mientras el preso asiente conteniendo las lágrimas de la risa.

En fin, que el presunto capo Astrit Bushi debió de empezar a correr como una centella en cuanto dobló la primera esquina, antes de que se dieran cuenta de tan monumental error. Todavía a estas alturas no se lo creerá. Pero los ciudadanos tenemos motivos para indignarnos con este espectáculo lamentable que ha puesto en la calle a una persona que, muy probablemente, sea un peligrosísimo delincuente.

Entre Larra y Kafka

Quienes tenemos que lidiar con la administración más que el común de los ciudadanos, a causa de nuestra profesión, contamos con un amplio repertorio de irracionalidades sufridas, que daría para escribir un grueso tomo. Bueno, yo de hecho publiqué un pequeño manual con consejos prácticos para entender mejor la burocracia: La empresa ante las administraciones públicas. Cómo sobrevivir al "papeleo".

Verán, por si no lo saben, los Registros Civiles españoles conservan el sistema decimonónico, con un Registro diferente en cada localidad, donde se inscriben, a mano y en gruesos libros, los actos jurídicos relevantes sobre la vida y estado de las personas (nacimiento, matrimonio, separación, divorcio, nulidad, régimen económico matrimonial, incapacitación, defunción…). ¿Los de cada persona en un determinado Registro?, quizá se pregunten ustedes. Pues no, se inscriben en cada Registro ¡¡¡los actos que hayan sucedido en ese lugar!!! Es decir que mi nacimiento estará inscrito en el Registro Civil de Ávila, mi matrimonio con Maribel Verdú lo inscribirían por ejemplo en el Registro de Madrid, y mi fallecimiento en una residencia de ancianos de Ibiza -abandonado por mi familia por ser un abuelo batallitas- lo inscribirían en el Registro Civil de esa preciosa isla.

Por tanto, para pedir un certificado respecto a alguien, no basta con saber el nombre y apellidos y el número de D.N.I. (dato que, por cierto, no solía aparecer en las inscripciones hasta fechas muy recientes), sino que hay que saber dónde ha nacido, dónde se ha casado o dónde ha fallecido, según el caso, y además saber en qué fecha, para que lo busquen en los libracos correspondientes del Registro Civil del lugar dónde haya ocurrido.

Si vas a pedir un certificado de nacimiento tuyo, no hay mucho problema; mientras el alzheimer no te ataque, seguramente te acordarás de dónde te dijeron que naciste, del día de tu cumpleaños y de tu edad. Si es el de matrimonio y eres una mujer, tampoco hay problema, aunque si eres un hombre ya la cosa se complica, dada la acreditada tendencia varonil a olvidarse de los aniversarios. Y si has fallecido, seguramente ya no vas a pedir ningún certificado. Pero si lo que quieres es pedir un certificado de un tercero, pongamos por caso de tu tío de América, porque crees que ha dejado una herencia multimillonaria, estás perdido: o sabes la fecha y el lugar del acontecimiento que necesites acreditar o no hay otra forma de buscarlo.

Por fin, tras ciento cuarenta años con este sistema, el gobierno ha pensado –y lo aplaudo con entusiasmo- que la informática quizá tenga cierta utilidad en esto. Y que, igual que los Registros de la Propiedad tienen un sistema unificado de índices donde puedes buscar propiedades inscritas en cualquier Registro de cada uno de los distritos hipotecarios, o tal y como el Registro Mercantil Central permite la búsqueda de sociedades inscritas en cualquier Registro Mercantil Provincial…, podría también establecerse un sistema por el que yo pueda consultar el nacimiento, el estado civil, la incapacitación o la defunción de una persona sin tener dotes de adivinación y sin peregrinar por toda España. La tarea es costosa y laboriosa, porque hay que informatizar (proceso que en las ciudades está a medias y en la mayoría de los pueblos está inédito) y luego centralizar información. Pero bien está que se empiecen a dar pasos en esa dirección.

Hace unos años por fin establecieron que pudieran pedirse los certificados por internet. Te los envían en papel y por correo postal, pero al menos no tienes que desplazarte al Registro Civil de que se trate o escribir una carta al responsable del mismo. Por descontado que, para pedir un certificado por internet, sigue siendo necesario saber el lugar y la fecha del acontecimiento en cuestión, pero con eso ya contamos.

El otro día estaba preparando la reclamación judicial de una herencia y tenía que pedir un certificado de defunción. Entramos en la web del Ministerio de Justicia y vemos que han cambiado la interfaz de solicitud. Ahora todos estos trámites están en lo que pomposamente llaman sede electrónica del Ministerio. Cuando accedes a la pantalla de solicitud del certificado de defunción, donde antes te pedían solamente el nombre y apellidos del difunto y la fecha y lugar de fallecimiento, ahora te exigen también el tomo y el folio donde está inscrito. Y aparece un asterisco rojo al lado de estas casillas. No explican a pie de página qué significa el símbolo pero, como es conocido, suele utilizarse normalmente en los cuestionarios de las webs para indicar que se trata de datos de cumplimentación obligatoria.

Fantástico. O sea, que no basta con que haya averiguado dónde murió el tío de América de mi cliente y en qué fecha, sino que ahora tengo que saber en qué tomo está inscrito el fallecimiento y en qué página. Paciencia.


Probamos a pedirlo sin rellenar esas casillas, pero no nos deja. Efectivamente nos advierte en rojo que no hemos cumplimentado todos los campos preceptivos: “Error, compruebe los siguientes campos: - Debe completar el campo Tomo - Debe completar el campo Folio”.
Llamamos a la Administración:

- Es que acabo de ver que, para solicitar un certificado de defunción, ahora piden el tomo y el folio de inscripción y yo desconozco esos datos.
- ¿Se los pide el sistema?
- Sí
- ¿Y ha probado a no ponerlos?
- Sí, pero da error y no deja seguir
- Pues no sé…, entonces si quiere hacerlo por internet tendrá que buscarlos, vienen en el Libro de Familia…

Suponiendo que tengas en tu poder el Libro de Familia (insisto en que puedes estar pidiendo el certificado relativo a un tercero ajeno a tu núcleo familiar), esa pista que nos da la amable funcionaria estaría fenomenal… si no fuera por un pequeño detalle. El fallecimiento de alguien no aparece anotado automáticamente en el Libro de Familia por arte de magia cuando éste muere, sino que hay que ir con el Libro a que lo anoten. Y ¿qué hay que aportar para que te anoten una defunción en un Libro de Familia? Acertaron: un certificado de defunción. ¿No les suena esto un pelín, sólo un pelín, a círculo vicioso? Para un certificado, el Libro de Familia; para el Libro de Familia, un certificado.

Probamos a llamar otra vez al Ministerio, a ver si tenemos nuestro día de suerte y aleatoriamente nos toca el funcionario listo:

- Buenos días. Mire, es que quería pedir un certificado de defunción por internet -consulta Sandra desde mi despacho- y me pide tomo y folio de la inscripción y no lo sabemos. ¿Qué se hace en estos casos?
- Ah, nada, no importa
–parece que hasta se sorprende de que haya gente tan ignorante como nosotros por el mundo-. Si no lo sabe da igual, ponga usted “cero cero cero” en esas casillas y ya está.
- Pues muchas gracias

Les recuerdo: el asterisco indica campo de cumplimentación obligatoria... El sistema te avisa: “Error, compruebe los siguientes campos: debe completar el campo tomo, debe completar el campo folio” y te impide continuar… Pero, claro, "si no lo sabe da igual, ponga usted cero cero cero"… "Obligatoria" y "da igual" son dos conceptos que a mí no me casan mucho, pero también es verdad es que yo soy muy tiquismiquis.

Efectivamente, ponemos tomo 0, folio 0 y, apenas un par de días más tarde, tenemos en nuestro poder el certificado, que realmente es tomo 137, página 164, de un determinado Registro Civil.

Una sugerencia que se me acaba de ocurrir, así, de pronto, sin ser político, ni informático ni nada. ¿Y si quitan el asterisco? ¿Cómo lo ven? El programador lo modifica para que no sean campos obligatorios –o sea, exactamente como estaba antes- y así, en caso de que no se cumplimenten, el sistema no da un error que impida continuar. De esta forma, el solicitante que conoce esos datos los pone y el que no los sabe no se vuelve loco, no tiene que estar llamando, el funcionario no tiene que responderle duplicando la gestión (internet más atención telefónica)… En fin, vamos a ver cuánto tiempo tardan en darse cuenta y cuántas miles de llamadas como la nuestra tendrán que producirse antes de que a alguna mente privilegiada se le pase por la cabeza corregirlo.


(Ilustraciones: Libro de Partidas de Nacimiento del Archivo Municipal de Córdoba, de una exposición organizada por la Junta de Andalucía; y recorte de un reportaje del diario 20 Minutos).

El llanto de Lot

Yo te gritaba:

- Corre, corre, Edith, y no mires atrás

Y los dos huíamos jadeantes, subiendo por aquella abrupta ladera.

A ratos te tendía la mano, a ratos nos soltábamos para sujetarnos a las piedras.

Detrás, la destrucción, los gritos, la desesperación... Pero nosotros éramos afortunados por poder escapar a Zoar.

- Corre
Y tú caíste y te ayudé a levantar. Cruzamos una mirada que nos dio fuerzas para seguir avanzando.

- Corre

Porque no había que volver la vista atrás, porque no debía importarnos ya lo que quedaba a nuestras espaldas.

- Corre, Edith, no te detengas

Pero tú sentiste la necesidad de ver el lugar que abandonábamos, de tener la imagen final de lo que había rodeado nuestra vida tantos años, esa ciudad condenada a ser muy pronto solamente un recuerdo. O quizá fueron los alaridos desgarradores, el horror, tu compasión hacia esas personas con las que convivíamos, por las que nada podíamos hacer mientras morían entre las llamas. Ya nunca sabré lo que te impulsó a volver hacia el pasado esa mirada que nos hizo perder nuestro futuro.

Ahora, soy yo quien mira atrás, irremediablemente. Observo tu silueta sin vida y recuerdo la primera vez que sentí tu piel. Viene a mí esa sonrisa tuya que se abría paso decidido entre el miedo y el dolor cuando nació nuestra primera hija. Todo se agolpa ahora como en un ahogo: el vino que me servías cada día cuando regresaba a guardar el ganado, las historias que le contabas a nuestra hija pequeña, las conversaciones al anochecer sentados en la puerta de casa, la angustia de no entender a Dios.

Hace apenas unos momentos, huíamos hacia una nueva vida, llenos de incertidumbre y de deseos. Y ahora ya nada me importa. Ni lo que dejo atrás ni lo que pueda haber más adelante.

Mi desesperanza está atrapada entre aquel fuego lejano y este mar cercano.

Aquel fuego, lo último que vieron tus ojos.

Este mar triste de tu sal y mis lágrimas.

(El escritor Luis Felipe Comendador propone en su blog Diario de un Savonarola un meme consistente en escribir algún texto sobre el mito de la mujer de Lot. La propuesta me llega a través del blog Dame una tregua de mi querida Bárbara Blasco y ésta es mi aportación. Todos los textos participantes se van reuniendo en esta entrada del blog del promotor de la idea).