Felicidades a El Mundo


Cuando apenas había cumplido dos años aprendí a leer, así que créanme si les digo que casi crecí con un periódico en las manos. En mi memoria me acompaña la lejana imagen de muchas caras de perplejidad ante un pequeñajo de tres o cuatro años leyendo tranquilamente el ABC. Comenzaba, eso sí, a hojearlo por el final (televisión, chistes, horóscopo, sociedad…): no iba a empezar a esa edad por las páginas de política, ya sería para preocuparse.

Soy de una generación que no puede quitarse el vicio del periódico impreso. Para quienes han nacido ya en la era digital, leer el periódico consiste en situarse ante una pantalla de ordenador y escribir en la barra del navegador la dirección del diario de su elección. Así será el futuro, inevitablemente. Pero para tarados como yo, leer el periódico sigue siendo ese rito arcaico, en vías de extinción, de saludar al quiosquero, gastarse un euro y pico, mancharse las manos de tinta, llevar el ejemplar bajo el brazo, o en el maletín de trabajo, o asomando en la bolsa de la compra..., y pasar sus páginas en el metro, en el sofá de casa, o en cualquier establecimiento donde te acompañe el olor y el sabor de un café.

El diario El Mundo ha cumplido veinte años. Y, al ver la efeméride, yo sufría el vértigo de reparar en que, casi durante la mitad de mi vida, he leído este periódico cada día.

Creo recordar que, siendo aún estudiante, dejé de comprar Diario 16 -después de cesado Pedro J. Ramírez en la dirección del mismo- en el momento en que salió a la calle El Independiente diario, que se convirtió en mi periódico de referencia. Y cuando luego apareció El Mundo, fui alternando ambos, hasta que cerraron también El Independiente y definitivamente me convertí en lector habitual de ese joven rotativo cuya cabecera ponía El Mundo del siglo XXI. Por cierto, qué época más negra aquélla en la que, a través de operaciones político-empresariales, se conseguía sistemáticamente silenciar a medios que no eran dóciles y así se hizo con Diario 16, El Independiente y Antena 3 Radio.

No comparto la ideología de El Mundo ni su visión de muchas cosas. Pero si tuviera que esperar a leer un periódico que tuviera mi forma de pensar, me moriría sin que se llegara a salir. Y, además, ¿quién dijo que hay que leer las cosas desde nuestro propio punto de vista? Así no hay forma de aprender, de contrastar, de desarrollar sentido crítico… Yo no soy como esos oyentes radiofónicos que se levantan escuchando a un opinador que únicamente les dice aquello que quieren escuchar. Yo soy más bien partidario de la máxima orwelliana que aparece casi presidiendo la columna lateral de este blog.

De El Mundo me gusta que -aunque no siempre su tratamiento informativo de las cosas me haya satisfecho, como es lógico- no ha sido tan previsible y lineal como otros medios a la hora de enjuiciar. Como dijo en una ocasión Victoria Prego, no creo mucho en la objetividad, pero sí en la honesta subjetividad. El País tiene calidad en los contenidos, pero me repugna cómo ha ido mudando su línea editorial siempre al compás que le marcaba el maridaje con el poder, establecido al servicio de sus propios intereses empresariales. El Mundo denunció la corrupción felipista, pero también se opuso al apoyo del gobierno del PP a la invasión de Irak y hoy publica continuamente revelaciones sobre la trama Gürtel aunque afecte al partido del que pueda sentirse más cercano.

De Pedro J. Ramírez hay cosas que me gustan y otras que no me gustan nada. Pero creo que, con independencia de que pueda caer bien o mal, habría que estar ciego o ser muy mezquino para no reconocerle su indudable talento. Tiene inteligencia, mucha habilidad y eso que llaman olfato periodístico. En nuestro país, ha hecho historia en la comunicación. En Diario 16 quisieron entregar su cabeza como ofrenda para congraciarse con el poder, pero vivito y coleando partió de la nada hasta llegar, con asombrosa tenacidad, a construir lo que hoy es uno de los medios de referencia del periodismo internacional.

Se ha reiterado la afirmación en estos días, pero no por repetida es menos cierta: sin El Mundo la historia reciente de España sería otra. Porque fue este diario el que reveló la trama de Filesa para financiación ilegal del PSOE y la trama de terrorismo de Estado de los GAL, entre otras muchas noticias que vieron la luz como resultado del periodismo de investigación por el que apostaron desde sus comienzos, y que de otra forma nunca hubiéramos conocido.

En las páginas de El Mundo seguí durante estas décadas vertiginosas la fuga de Roldán, los relevos en la Moncloa, la rebelión ciudadana ante el secuestro de Miguel Ángel Blanco, el drama de la inmigración, los primeros pasos de internet, la muerte de Juan Pablo II, el fenómeno Obama o los atentados del 11-S en Nueva York y del 11-M en Madrid…

Y espero que, desde la coincidencia o desde la discrepancia, después de estos veinte años de lector, continúe teniendo motivos para abrir cada día este diario, nacido de una arriesgada aventura y que ha demostrado un indudable afán de seguir mejorando.

Cantantes de mi infancia

He dedicado ya en este blog varias entradas a cantantes lamentablemente fallecidos –Joan Baptista Humet, Antonio Vega, Mercedes Sosa- cuya trayectoria musical había seguido con interés y admiración. Autores o intérpretes cuya obra coincide con mis gustos musicales, nombres que han tenido significación para mí.

Pero están luego esos otros cantantes cuyas creaciones o interpretaciones no están entre lo que escucho habitualmente ni se corresponden con lo que realmente me gusta, pero que, cuando fallecen, uno de pronto recuerda que sus canciones estuvieron ocasional e inevitablemente presentes en algún momento de su vida.

Luis Aguilé, cantante argentino afincado en España, era autor de muchas canciones ligeras que a mí no me llaman la atención en absoluto, como La Chatunga, Juanita Banana, El Tío Calambres y cosas así. Pero de niño me gustaba ver su programa El Hotel de las mil y una estrellas, supongo que porque me resultaría entretenido o curioso para mi mentalidad de entonces. Siempre lo recuerdo como uno de los personajes más parodiados de la época: desde Fernando Esteso hasta Martes y Trece, todos cayeron en la tentación de colocarse unas gafas, un sombrero y unas corbatas gigantescas para imitar su peculiar estilo. Con todo, alguna de sus canciones más livianas –por ejemplo, Es una lata el trabajar-, aun cuando carezca de pretensiones, suena simpática y me parece que no tiene nada que envidiar a algunos temas que se entronizan hoy como reyes del verano de forma machacante y son de mucho peor gusto y calidad. En Madrid coincidí una vez con él en un homenaje a Eva Perón y tuve oportunidad de saludarle brevemente. Pero sí hay que recordar que Luis Aguilé es autor de una canción muy sencilla que, sin embargo, sí forma parte de la memoria de casi todo el mundo y que para algunas personas es casi un himno: la emotiva Cuando salí de Cuba:

Nunca podré morirme,
mi corazón no lo tengo aquí…


Y también ha muerto hace unos días Basilio. ¿Se acuerda alguien de él? Mucho menos conocido hoy, este cantante panameño disfrutó de cierto éxito en nuestro país en los años setenta. A mí en aquel entonces me gustaba su Cisne cuello negro, cuyo mensaje suena a alegato contra la segregación racial:

No hay un mundo negro y un mundo blanco.
Hay un mundo inmenso que hay que cuidarlo.
(…)
No hay quejido negro, ni canto blanco,
hay solamente quejido y canto.

Y ya que estoy de revival y traigo ahora estos nombres, sería injusto no acordarme de Mari Trini, que falleció ya hace meses y sobre la que entonces no escribí nada. Era un estilo que tampoco acababa de estar del todo entre mis preferencias pero, ciertamente, Mari Trini era una autora y cantante de indudable calidad y tiene algunos temas dignos de mención como Ayúdala, Te amaré, te amo y te querré, Una estrella en mi jardín y, sobre todo, Amores:

Quién no escribio un poema
huyendo de la soledad,
quién a los quince años
no dejó su cuerpo abrazar...

Blog action day: contra el cambio climático

El Blog Action Day 2009 está dedicado a la sensibilización contra el cambio climático. Quienes me leen ya saben a estas alturas que yo soy de letras y un tanto ignorante, así que lo poquito que sé sobre este asunto lo he aprendido escuchando y leyendo. Hay, por ejemplo, un libro, La Tierra herida, que recoge conversaciones entre el escritor Miguel Delibes y su hijo, el biólogo Miguel Delibes de Castro, donde se explica este fenómeno de forma muy sencilla y directa, de manera que lo entiendo hasta yo.

En España, Coalición Clima agrupa a más de treinta organizaciones ecologistas, sindicales, de cooperación al desarrollo, etc. que consideran que "el cambio climático es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad a corto plazo" y que "es uno de los que de manera más intensa amenaza las posibilidades de alcanzar un desarrollo humano y sostenible".

Así que, como yo no podría opinar sobre la materia, les doy voz a ellos y reflejo aquí su decálogo de propuestas:

"1.- Contribuir a la reducción de las emisiones globales de CO2. El consenso científico señala que es imprescindible mantener los incrementos de temperatura por debajo del 'límite de seguridad' de 2º C respecto a los niveles preindustriales para evitar cambios climáticos rápidos, abruptos y no lineales que tendrían consecuencias desastrosas sobre la ecología, la economía y la sociedad. Para no superarlo, los niveles de emisiones globales deben comenzar a disminuir antes de 2015 y reducirse en más del 80% respecto a los niveles de 1990 en el 2050. Coalición Clima pide al Gobierno español que defienda en las negociaciones el establecimiento de límites de emisiones de gases de efecto invernadero obligatorios para los países industrializados, que permitan mediante medidas internas la reducción de las emisiones de al menos un 30% para 2020 y de un 80% para 2050, respecto de los niveles de 1990.
2.- Reducir las emisiones nacionales de CO2. Coalición Clima exige que se establezca para España objetivos concretos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de obligado cumplimiento para el año 2020, que en ningún caso podrán suponer objetivos menos ambiciosos que los establecidos por el protocolo de Kyoto.
3.- Ayudar a la adaptación al cambio climático de los más pobres. Quienes menos responsabilidad tienen en las emisiones contaminantes son quienes más duramente están sufriendo las consecuencias presentes del cambio climático. Desde Coalición Clima pedimos que España defienda en los procesos de negociación la inclusión de las políticas de adaptación como un pilar fundamental de la acción contra el cambio climático.
4.- Comprometerse con un desarrollo con bajas emisiones de carbono. El primer paso es un cambio radical del modelo energético, dejando atrás las opciones obsoletas y contaminantes, y apostando decididamente por el ahorro, la eficiencia, las energías renovables y la equidad.
5.- Promover el ahorro y la eficiencia energética. Coalición Clima propone una Ley de Ahorro y Eficiencia energética que contemple un compromiso de reducción mínima de energía primaria del 20% en 2020 con respecto a 2005.
6.- Promover un sistema basado en energías renovables. Coalición Clima considera que los combustibles fósiles son la causa principal del cambio climático y junto con la energía nuclear suponen el mayor obstáculo para el desarrollo de un modelo energético sostenible. Coalición Clima pide al Gobierno que en la planificación energética contemple el objetivo de que las energías renovables cubran el 50% de la producción de electricidad en 2020 y el 100% en 2050.
7. Posibilitar elegir electricidad de origen renovable. Para que sean competitivas es imprescindible la internalización de todos los costes ambientales en el precio de la energía, eliminando las subvenciones al carbón que todavía existen, o la no internalización de costes de la energía nuclear.
8.- Transporte y movilidad sostenible. Las emisiones del transporte han aumentado un 97% en 2007 respecto de 1990. Es imprescindible que nuestra movilidad cotidiana deje de estar basada en el vehículo particular. Para ello son necesarios cambios en el modelo de ordenación territorial y urbanismo que se ha venido desarrollando en los últimos años. Coalición Clima pide al gobierno una ley de movilidad sostenible.
9.- Transición hacia el 'empleo verde'. Las medidas de reducción de emisiones suponen importantes y nuevas oportunidades de empleo más cualificado en algunos sectores –energías renovables- que deben potenciarse. La lucha contra el cambio climático también puede significar pérdidas de empleo en otros sectores industriales que deban reestructurarse. Para estos sectores pedimos que se impulsen medidas de 'transición justa'. Estas medidas deberían adoptarse también para paliar los efectos negativos que el cambio climático puede tener en el empleo de diversos sectores productivos (agricultura, turismo, pesca…) y en zonas especialmente vulnerables al mismo.
10.- Reducir la huella ecológica. Un mundo con límites a las emisiones de carbono requiere de quienes vivimos más allá de nuestras posibilidades ecológicas, consumir menos y de otra manera, lo que, además, se traduciría en una mejora de nuestra calidad de vida y bienestar. Hay que romper la ilusión de que al bienestar se accede con un nivel de consumo siempre creciente de bienes y servicios y proponer una mayor responsabilidad medioambiental y social en todos los ámbitos de consumo."

Prohíban, por favor



Se cumplieron en junio cincuenta años de la muerte de Agustín de Foxá. Con tal motivo, las asociaciones culturales Fernando III y Ademán solicitan hace algunas semanas al Ayuntamiento de Sevilla un salón de actos para homenajear al escritor. El siempre interesantísimo Aquilino Duque (Premio Nacional de Literatura y prolífico y profundo autor en todos los géneros) y Antonio Rivero Taravillo (Premio de Biografías Comillas por su obra sobre Luis Cernuda) iban a recordar su figura literaria.

Parece que el salón siempre se cede para actos culturales y ésta es una convocatoria literaria, así que, rutinariamente, la concejalía de cultura resuelve estimar la petición. Pero, después, la curiosidad puede a su titular: Josefa Medrano, de Izquierda Unida, se pone a mirar quién diablos era ese tal Foxá. O quizá alguien que -al contrario que ella- sí lee y sí lo sabe, se lo cuenta. ¿Cómoooo? Intolerable... Cuando los convocantes y el público acuden al lugar, se encuentran con que la autorización de uso de las instalaciones ha sido revocada por esta edil. Los motivos: que Foxá se adscribió a la Falange en su juventud y que fue embajador durante la dictadura. Ambos crímenes son de suficiente peso como para que se prohíba utilizar el salón para ese homenaje, sobre todo con una finalidad preventiva: evitar que se convierta “en un acto de apología del franquismo” y –cómo no- “por respeto a la ley de memoria histórica". Qué cansancio. Lo suyo, la censura de un autor literario por motivos ideológicos, sí que fue un auténtico homenaje al franquismo. Paradójicamente, dentro de las instalaciones municipales sigue colgado el cartel de los actos conmemorativos del 50º aniversario de la revolución cubana, sin matices críticos hacia la actual dictadura castrista. Los organizadores celebran su acto a la intemperie. Y la noticia de la censura política salta a los medios informativos.

Foxá, en mi opinión, nunca fue falangista por convicciones. En realidad, quizá políticamente no fue nada, o al menos nada que resulte etiquetable. Su monarquismo era más bien estético y tenía gran parte de nostalgia del mundo perdido de su niñez; en cualquier caso, distaba mucho del proclamado republicanismo de la Falange. Y su talante conservador (sobre el que bromeó toda su vida repitiendo “soy gordo, soy conde, soy diplomático… ¿cómo quieren que no sea de derechas?”) igualmente estaba a años luz de la vocación social y transformadora del falangismo originario. Tuvo, eso sí, una gran amistad con José Antonio Primo de Rivera, al que sin duda quiso y admiró. Más que desarrollar activismo político en el partido, perteneció a lo que Mónica y Pablo Carbajosa bautizaron, en su brillante trabajo del mismo título, como La corte literaria de José Antonio. Foxá estuvo entre el grupo de poetas –con José María Alfaro, Jacinto Miquelarena, Pedro Mourlane Michelena, Dionisio Ridruejo, Rafael Sánchez Mazas...- que, sobre la melodía compuesta por el músico vasco Juan Tellería, escribió las estrofas de lo que sería el Cara al sol.

Tras el asesinato de José Antonio y el final de la guerra civil, Foxá jamás participó en política en el franquismo ni ostentó cargo alguno, que yo sepa. Más bien mantuvo, en lo personal, cierta distancia y desafección creciente hacia el régimen. Siempre fue por libre.

Además de escribir artículos en ABC -por los que Umbral le citaba como uno de los grandes columnistas de la época-, se dedicó a ejercer la diplomacia. Porque alguien tendría que explicarle a la entusiasta censora sevillana que Agustín de Foxá fue embajador durante el franquismo como también lo había sido durante la Segunda República, sencillamente porque era su profesión: diplomático de carrera.

Al régimen nunca le gustó la actitud de Foxá, sus maneras, su imparable ironía. Entre las mil y una anécdotas, reales o apócrifas, que se cuentan sobre él, dicen que el Cuñadísimo Serrano Suñer le recriminó en cierta ocasión su humor corrosivo, por irrespetuoso:

- Agustín, ya sé que no lo haces con mala intención, pero el resultado, viniendo de ti, es demoledor. Piénsalo. Nos estamos jugando una España pobre y desgastada por una guerra y nosotros lo que buscamos es un Imperio.

Foxá cuando oyó lo del Imperio no pudo reprimirse:

- Eh, eh, Ramón, que te juro que este último chiste no es mío...

El franquismo prefirió siempre tener lejos a un personaje tan imprevisible, tan inmanejable: Roma, Helsinki, Buenos Aires… Telegrama del Ministerio: “Vuestra Ilustrísima ha sido destinado a la embajada de España en Tegucigalpa”. Respuesta de Foxá al Subsecretario: "Honradísimo. ¿Dónde coño está eso?”. Durante su estancia como agregado cultural en Italia su incontrolado genio y su incontrolado ingenio provocaron un conflicto con el entonces influyente cuñado de Mussolini, el conde Galeano Ciano, del que se decía que su mujer le era infiel. Ciano encontró a Foxá entregado a una de sus aficiones, beber whisky, y le criticó el exceso:

- A usted, Foxá, le va a matar el alcohol.
- Y a usted Marcial Lalanda –replicó como una centella el diplomático poco diplomático.

De esta forma se definió Foxá a sí mismo: “Gordo. Con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo. Poético pero glotón. Con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro. Bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana. Mi virtud: la imaginación. Mi defecto: la pereza”.

Foxá da para una auténtica antología de frases ingeniosas, gamberras, irreverentes. “Uno de los problemas de España –aseguró una vez- es que siempre hemos ido detrás de los curas. O con un cirio o con un garrote”. Su definición del Frente de Juventudes: “Unos niños vestidos de gilipollas, detrás de un gilipollas vestido de niño”. Un día, en una cena organizada por el ministro Alberto Martín Artajo en el Palace, Foxá se emborrachó, se le cayó una moneda y, al recogerla, ante el estupor de los presentes, se puso a cantar con la música del pasodoble Francisco Alegre: “En las monedas hay una cara / que yo no puedo aguantar. / Francisco Franco y olé,/ Francisco Franco y olá”. Martín Artajo optó por marcharse.

Era un indisimulado bon vivant. En una entrevista de César González Ruano (otro periodista y escritor peligroso al que también habría que censurar con más decisión, sra. Medrano) declaró: “Todas las revoluciones han tenido como lema una trilogía: libertad, igualdad, fraternidad lo fue de la revolución francesa; en mis años mozos yo me adherí a la trilogía falangista que hablaba de patria, pan y justicia. Ahora, instalado en mi madurez, proclamo otra: café, copa y puro”.

Foxá cultivó el teatro en verso, con Cui-Ping-Sing o El beso a la bella durmiente, y el teatro en prosa, con Baile en capitanía y Gente que pasa. Escribió poesía -El toro, la muerte y el agua, El almendro y la espada, El gallo y la muerte…-. Pero su obra más destacada fue, sin duda, Madrid de corte a checa, para muchos una de las mejores novelas ambientadas en la guerra civil. El diario El Mundo la incluyó en su colección de las 100 mejores creaciones de la narrativa en español del siglo XX. Es un relato adscrito a uno de los dos bandos, como era lógico en ese momento, pero hoy se puede leer contextualizada, como una de las piezas de un rompecabezas plural. Y se puede leer también desde lo literario. Como La Forja de un rebelde de Arturo Barea, como el Homenaje a Cataluña de Orwell, como La fiel infantería de Rafael García Serrano, como Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender… Lo increíble es que algunos sigan, setenta años después, adscritos todavía a uno de los bandos de aquella guerra que libraron sus abuelos. Y prohíban hablar sobre Foxá, el poeta que ya entonces no entendía mucho de líneas divisorias o de trincheras: 

Una línea de tierra nos separa.
Pero estamos tan lejos…
Para llegar hasta vosotros, trenes,
rutas extrañas, playas extranjeras
y, sin embargo, hermanos enemigos,
¡qué cerca nuestra sangre!, que aclararon
las mismas frutas, que encendieron, roja,
primaveras y labios parecidos.

Agustín de Foxá se adhirió políticamente a una de las facciones del momento, sí. ¿Y qué? Eso no empaña la calidad artística que pueda tener o no tener. Alberti escribió poemas a lo más granado del totalitarismo criminal de su época, pero es un poeta como la copa de un pino y sólo un cenutrio discutiría su legado literario. ¿Qué miope renunciaría a que en su vida estuvieran presentes los versos de amor de Neruda por el hecho de que éste hiciera en una época apología del estalinismo? Foxá ni siquiera tuvo nunca un compromiso político intenso. No era, por descontado, un represor. Era un espíritu libre, muy particular, dispuesto a reírse de casi todo, hasta de sí mismo. Creo no perder si apuesto a que fue un buen tipo, incapaz de matar una mosca.

Este autor estaba algo peor que censurado: olvidado. Condenado por la dictadura silenciosa de lo políticamente correcto. Sometido al ostracismo, como tantos otros. Si se hubiera celebrado ese acto de homenaje, sólo un puñado de personas hubiera tenido noticia del mismo. Pero la prohibición expresa ha rescatado la figura de este escritor. Ayer, decenas de columnas periodísticas hablaban de Foxá. Muchas gracias, doña Josefa, por censurarlo, por decirnos lo que podemos y no podemos leer. Yo, por lo pronto, voy a redescubrir en estos días su más famosa novela. Y voy a volver a encontrarme con su poesía: 

Y pensar que, después de que yo muera,
aún surgirán mañanas luminosas
que, bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida.

Muchas personas que hace unas semanas no habían oído hablar nunca de Foxá, tendrán ahora interés por conocerle, gracias a esta prohibición. Si yo fuera responsable de Planeta o de Ciudadela -que creo recordar que son las últimas editoriales que publicaron Madrid de corte a checa- me apresuraría a reeditarla con una faja en la solapa que dijese: El escritor prohibido por el Ayuntamiento de Sevilla.

Si continúa con ahínco esta tarea de censura, la concejala Dña. Josefa Medrano podría aspirar a recibir el año próximo el Premio Fomento de la Lectura que le acaban de dar los editores a Las noches blancas de mi amigo Dragó.

Prohíban, por favor, señores censores, prohíban mucho más. Díganle a todo el mundo lo que no debe leer, los autores proscritos, aquellos a los que no puede rendirse nunca homenaje literario. Censuren, por favor, expresa y contundentemente, a otros peligrosísimos "fascistas" de parecido pelaje. A Eugenio D’Ors, el inolvidable Xenius, el filósofo brillante, el periodista…, prohíbannos disfrutar de su talento, por favor. A Dionisio Ridruejo, el hombre íntegro que vivió su evolución democrática con honradez, casi siempre arrimándose al sol que menos calentaba en cada momento, y dejándonos los poemas del Cuaderno de Rusia o En la soledad del tiempo, su delicioso Diario de una tregua, sus Casi unas memorias… A Rafael Sánchez Mazas, cuya peripecia inspiró a Javier Cercas Soldados de Salamina, y que dejó escritas La vida nueva de Pedrito de Andía o Rosa Kruger, además de numerosos y buenos versos. Al poeta Luis Felipe Vivanco, autor de Cantos de primavera, Tiempo de dolor, Memoria de la plata… Al desconocidísimo y atormentado Samuel Ros de El hombre de los medios abrazos o Los vivos y los muertos. Al falangista catalán Luys Santa Marina, su poesía, sus novelas históricas…. Y, cómo no, a Rafael García Serrano; díganle a todos que La ventana daba al río, Los ojos perdidos, Cuando los dioses nacían en Extremadura… son altamente nocivas, que La gran esperanza es un panfleto que insulta la versión única y obligatoria de la historia, que su soberbio Diccionario para un macuto está contraindicado para el discurso dominante...

Sigan prohibiendo, por favor. Lo prohibido nos sabe muchísimo mejor.

¿Cuál les ha gustado más? (I) Viajes


Un modesto blog personal como La nota discordante ha superado en estos días las 100.000 visitas, algo que sigue sorprendiéndome. Ya he expresado multitud de veces –con ocasión del primer mes, del primer aniversario, de las 50.000 visitas…- mi gratitud a los lectores y también he compartido una sensación gratificante: las experiencias que me ha proporcionado este cuaderno de bitácora y las personas que he conocido a través del mismo.

Se me ha ocurrido que, para celebrar esas primeras 100.000 visitas, podíamos recordar algunas de las entradas publicadas en estos dos años y también ver cuáles les han gustado más, si les apetece participar con sus comentarios en esta especie de encuesta. Para mí es una oportunidad de conocer su opinión, no texto a texto, sino ahora en global, o comparando unos con otros. Pero posiblemente también tenga otra utilidad: la de dar algunas pistas a personas que se incorporaron al blog cuando llevaba ya tiempo. De esta forma, les recomendamos entre todos algunas lecturas retroactivas de La nota discordante, que quizá en otro caso les pasasen desapercibidas entre los ya más de doscientas entradas publicadas.

La sección más consultada del blog siempre es la de Viajes. Cuando hay personas que buscan información sobre ciudades o países, a veces Google les hace toparse con las crónicas de mis escapadas. Además de los comentarios que hay publicados, he recibido muchos mensajes privados de personas. Algunas, comentándome lo útil que les había sido para su propio viaje la información que ofrecía. Otras personas, que no han viajado a esos destinos, me felicitaban por mi personalísima visión de algún lugar que les había servido como una especie de viaje virtual.

Entre los destinos nacionales que he recogido hasta ahora el primero fue la ciudad de Huesca y luego hicimos una posterior excursión por la zona pirenaica de esa provincia. Respecto a Segovia, publiqué reportajes sobre el Parque Natural de las Hoces del río Duratón y las cercanas villas de Pedraza y Sepúlveda. En la provincia de Burgos, visité en cierta ocasión Lerma y Silos. Una ruta muy interesante fue la de Labastida y la Rioja Alavesa. En tierras leridanas, visité Lleida capital, el encantador Montfalcó Murallat y Sant Ramón. Por tierras sorianas, conocimos Soria capital, Medinaceli y los pequeños municipios de Castilfrío de la Sierra y La Rubia, a invitación de los escritores Fernando Sánchez Dragó y Antonio Ruiz Vega.

En cuanto a destinos internacionales, recogí primero mis impresiones del circuito Budapest-Viena-Praga, tres ciudades fascinantes. Otro viaje interesante fue el que hice a Moscú. La ciudad a la que más espacio dediqué en el blog, por su riqueza histórico-artística, fue a Florencia, con cinco entregas (I, II, III, IV y V). El último destino recogido fue Estambul. Y, además, hubo otro reportaje no sobre una ciudad concreta, sino de recorrido por varios puntos de un país, hermoso por su naturaleza y por sus gentes: Costa Rica (también con entregas: la primera introductoria, otra dedicada a la capital, San José, y al Parque Nacional Braulio Carrillo, una tercera al Parque Nacional Tortuguero, la cuarta al Volcán Arenal y las cataratas de La Fortuna y la última a Playa Tambor).

Lo dicho: de estos reportajes y crónicas de viajes publicados hasta ahora, ¿con cuál o cuáles se quedarían y por qué? Les propongo elegir los que más les han gustado pero, aprovechando la ocasión, también se admiten críticas o sugerencias.

Duerme, duerme, Negrita...

Si se calla el cantor
calla la vida
 
-Horacio Guarany-
El viernes por la tarde, sin saber por qué, me vino a la cabeza la canción La Maza, de Silvio Rodríguez (Si no creyera en la locura… si no creyera en la esperanza… si no creyera en mi camino…), pero específicamente la versión cantada por Mercedes Sosa. Y tuve el impulso en ese momento de compartirla con amigos. Quienes vieron el video, debieron de pensar que era mi recuerdo a una persona que en ese momento se debatía entre la vida y la muerte. Pero yo no tenía ni la menor idea. Cuando llegué esa noche a casa, leí en un periódico que Mercedes estaba muy grave y tuve ese escalofrío de lo inexplicable: las intuiciones, los pálpitos, las comunicaciones intangibles, las “casualidades”… Hoy ha muerto La Negra Mercedes Sosa.

Desde la primera vez que la escuché en mi vida, me ganó esa fuerza, esa voz vigorosa que hoy se ha apagado. Han sido más de dos décadas en las que sus canciones -como las de otros artistas- han hecho compañía a mis amores, a mis alegrías, a mis penas, a mis rebeldías… Desde que, siendo estudiante, tuve que ahorrar de mi paga semanal para poder comprarme el primer cassette, hasta ese último CD comprado en Argentina en enero pasado, titulado Treinta Años y con una magnífica recopilación de su repertorio: La Maza, María María, Gracias a la vida, Todo cambia, Sólo le pido a Dios, Canción con todos, Años, Alfonsina y el mar, Unicornio, Hermano dame tu mano, Como la cigarra, Si se calla el cantor, Duerme negrito, Dale alegría a mi corazón…

Mercedes no tenía ese vacuo glamour de las estrellas prefabricadas, poseía la elegancia humana de los sencillos, la autenticidad personal. Y una voz caudalosa que cantaba los dolores y las esperanzas de todo un continente.

Esta mañana su familia –su hijo, sus nietos, sus hermanos, sus sobrinos-, decían en un comunicado: “Lo que más feliz le hacía a Mercedes era cantar. Y seguramente ella hubiera querido cantarles también en este final. De modo que así queremos recordarla y así les invitamos a hacerlo con nosotros”. Así la recuerdo yo hoy: cantando.