De huelga, pese a todo

Quienes tienen la paciencia de seguir este blog saben que he sido muy crítico con los dos grandes sindicatos, cómplices de la irresponsabilidad política que hemos padecido al tiempo que más de dos millones de personas perdían irremediablemente su empleo.

Cuando el Gobierno negaba la existencia de la crisis misma y, en consecuencia, la necesidad de adoptar decisión alguna, estos sindicatos callaban. Cuando, en vísperas electorales, el presidente, con la peregrina excusa de incentivar el consumo, anunció el regalo indiscriminado de cuatrocientos euros como medida estrella que, según el Ministro de Economía de entonces, ya agotaba el margen de maniobra ante la recesión, los sindicatos no abrieron la boca. Cuando el ejecutivo pensó después que, con una inyección rápida y masiva de dinero a los Ayuntamientos, destinada a obras de muy desigual necesidad y acierto, conseguiría contener durante unos meses las cifras de paro en tanto llegaban tiempos mejores, UGT y CC.OO. siguieron en absoluto silencio. Cuando el Gobierno inyectó solvencia a la banca, con miles de millones de euros procedentes de fondos públicos, sin siquiera exigir a cambio que cumpliera su elemental función de otorgar crédito, cuando los dos grandes partidos se pusieron de acuerdo en dar prioridad a la salvación del sistema financiero sobre la salvación del sistema productivo, cuyo derrumbe estaba provocando situaciones dramáticas a muchas personas, los grandes sindicatos continuaron sin mover un solo dedo.

Durante estos años, tan duros para tantas pequeñas empresas y tantas familias, UGT y CC.OO. no cumplieron con su deber de exigir con insistencia la implementación de políticas activas de empleo, con su deber de alzar una voz crítica y exigente, con su deber de defender activamente a las víctimas de la crisis. Incluso llenaron más sus arcas participando en la negociación de EREs y en procedimientos judiciales. Estaban a partir un piñón con el Gobierno y compartían su principal tesis: sólo hay que esperar pacientemente a que escampe y lo importante es que salgamos de ésta sin recortes sociales. Ninguno de los sindicatos recordó al ejecutivo que, más allá de garantizar un subsidio de desempleo, su principal obligación era intentar que millones de personas no tuviesen que ir precisamente al desempleo. La diana de las críticas sindicales no era entonces un Gobierno inoperante y sin respuestas, sino un empresariado y una oposición al acecho que querían aprovechar la coyuntura para disminuir derechos sociales.

Con dos millones de parados más, los sindicatos encontraban inexplicables motivos de celebración y se iban de paella compartida con el Ministro de Trabajo el 1º de mayo. Invitaban al Presidente del Gobierno a intervenir en sus Congresos, sin el menor atisbo de crítica o de exigencia, y Zapatero incluso les agradecía expresamente su cariño y les prometía que no iba a olvidar nunca esa dejación de sus responsabilidades sindicales.

En esa situación, los trabajadores, y todos los que querían serlo y no podían, no encontraban valedor alguno, mirasen hacia donde mirasen, y afrontaban su situación personal como les era posible.

Pero el discurso del Gobierno acabó dándose de bruces con la tozuda realidad de una crisis más aguda en sus consecuencias y más prolongada en el tiempo de lo previsto. Y los poderes económicos finalmente le han impuesto ajustes que, como de costumbre, caen sobre los sectores populares y ni rozan levemente a los beneficiarios de la burbuja o a los responsables de la crisis.

Se suben los impuestos sobre el consumo, desaparecen deducciones tributarias en la renta, se decide no seguir apoyando fiscalmente a quienes adquieren con esfuerzo su primera vivienda, desaparecen las ayudas a la natalidad, se rebaja sustancialmente su salario a todos los empleados públicos, se congelan los ingresos de los pensionistas, se impone una reforma laboral que facilita y abarata el despido y que crea un nuevo negocio lucrativo en torno a la necesidad de búsqueda de trabajo…

Entonces los sindicatos, perplejos ante ese giro, a desgana, con mala conciencia, deciden convocar una irremediable huelga general. Y les parece incluso una “putada” –Toxo dixit- el tener que hacerlo, cuando a mí la lista de auténticas putadas me parece la que he transcrito en el párrafo anterior.

Así las cosas, entiendo la razonable reacción de muchos ciudadanos de desentenderse, de no secundar esta medida, de no querer seguir a quienes antes no abogaron por sus intereses cuando más lo hubieran necesitado.

Y a pesar de todo… yo hoy apoyo la huelga.

Porque si algo tengo que criticar a los sindicatos no es que convoquen una huelga, sino que no la hayan convocado antes.

Porque no hay una tercera vía, porque nadie ha propuesto una alternativa para manifestar nuestro descontento: o se hace huelga y entonces Méndez y Toxo te cuentan entre quienes la han secundado, o se va a trabajar y entonces son Corbacho y Zapatero los que te cuentan entre quienes han dado la espalda a la protesta, sintiéndose más legitimados para seguir adelante con sus medidas. Y, llegados aquí, entre Guatemala y Guatepeor, tengo clarísimo dónde prefiero estar.

Algunos se justifican diciendo que no servirá para nada. Pero convendría recordar, por aleccionador, lo que pasó hace unos meses en el Metro de Madrid. El ejecutivo de Aguirre seguía la misma receta –en estas cosas, PP y PSOE siempre están de acuerdo- y quería recortarles el sueldo a los trabajadores de esa empresa pública. Éstos se pusieron en huelga. La reacción de los políticos y los medios fue la misma que ahora: poner el foco de atención en el incumplimiento de los servicios mínimos, en la tremenda faena que supone para los madrileños la incomodidad de no tener transporte público, etc. Que el ciudadano de a pie pensara que sus enemigos eran los empleados del metro y no la clase política. Pero los representantes de los trabajadores pusieron sobre la mesa, ante el silencio informativo, una alternativa: le dijeron a la empresa y al Gobierno autonómico de qué partidas podía obtenerse un ahorro equivalente, qué gastos menos importantes podían recortarse antes de tocar el sustento de sus familias. La Thatcher española, que soñaba con doblegar a los sindicatos en ese pulso, dio marcha atrás, aunque intentó que la cosa no trascendiera demasiado. Y la disminución salarial del 5 % se quedó al final en el 1 %. La Comunidad de Madrid y el aparato mediático le pusieron sordina al acuerdo, posiblemente para que no cundiera este peligroso ejemplo. Pero si los funcionarios de este país hubieran hecho antes lo mismo, si hubieran respondido masivamente a la convocatoria de huelga del 8 de junio, si hubieran combatido la medida fácil de meter la tijera sobre sus economías domésticas en lugar de hacerlo sobre tantos gastos superfluos, tal vez hoy no estarían pagando mensualmente con sus nóminas las subvenciones a la banca y los derroches incontrolados del Plan E.

No es casualidad que, en estas semanas previas a la huelga general, la derecha mediática –es decir, prácticamente todos los medios- haya orquestado una dura campaña contra los sindicatos y sus dirigentes. Era una oportunidad de oro, no sólo para intentar hacer fracasar esta huelga, sino para obtener réditos del desprestigio que se han ganado a pulso, para debilitar definitivamente el único obstáculo que pueden encontrar, hoy y en el futuro, las políticas neoliberales que algunos nos presentan falsamente como las únicas posibles, sensatas y ortodoxas.

No es casualidad que la lideresa Aguirre haya arremetido justo ahora contra los liberados sindicales, que la mayor parte de los medios hoy nos haya hablado sólo de los piquetes coactivos y prácticamente nada sobre las justificadísimas causas de la huelga... La lamentable actuación de los sindicatos les ha hecho perder credibilidad ante los ciudadanos, no hemos visto ni el menor atisbo de autocrítica y nadie, salvo ellos mismos, va a salir en su defensa. Y, de esta manera, han ofrecido en bandeja una oportunidad de oro a todos los interesados en que el movimiento sindical en España salga seriamente debilitado.

Sí, hay piquetes, hay excesos, condenables sin duda. También los hubo en huelgas anteriores y, sin embargo, en ninguna ocasión hubo esa unanimidad política e informativa en convertir eso en portada, para distraernos de la cuestión fundamental que hoy se sustanciaba. Nadie ha hablado de los otros piquetes, igual de reales pero menos burdos, mucho más sutiles: la ajustada economía familiar de quienes no están de acuerdo con estas medidas injustas pero no pueden permitirse el perder ni un solo euro de sus ingresos mensuales; la presión silenciosa que sienten quienes tienen un contrato temporal –o sea, la inmensa mayoría- que puede prorrogarse o no a su término; el miedo a transmitir una imagen de inconformista o de problemático, porque quien hace huelga puede estar mal visto y ver cortada su progresión profesional; y ese ejército de piquetes formado por políticos, patronos, editorialistas, portavoces y tertulianos que transmite la idea de que no hay alternativas y que lo más lógico del mundo es que nosotros soportemos el peso de esta crisis que otros generaron.

Sí, la financiación de los dos grandes sindicatos es más que cuestionable. Pero es la misma desde hace décadas. ¿Por qué precisamente abrir ahora este debate, por qué esta maniobra de distracción mientras nos están metiendo la mano en la cartera? La financiación de los sindicatos es tan absolutamente discutible como la de la patronal de la que ninguno de estas voces denunciantes ha hablado, como la de algunas ONGs y asociaciones meramente instrumentales ante la que todos miran para otro lado, y algo menos escandalosa que la de los partidos políticos que nadie osa cuestionar.

Sí, Méndez y Toxo han tenido una actuación impresentable. Pero la campaña de desprestigio orquestada estos días, los ataques aireados a bombo y platillo justamente ahora, hubieran podido multiplicar por diez sus argumentos si se refirieran a los gestores de muchas entidades financieras o al personaje que encabeza aún hoy la patronal española, por ejemplo. Y no he visto nada ni remotamente parecido.

No se ha pretendido incentivar la autocrítica en los sindicatos, la reflexión o el debate de fondo sobre estas cuestiones. Lo que se ha intentado es aprovechar que los sindicatos viven, justificadamente, horas bajas ante la opinión pública, para desmontar esa última resistencia ante unas fórmulas económicas bendecidas por la banca, la gran patronal y los dos macropartidos que se alternan en el poder.

Ésta es la huelga general más justificada desde que tengo uso de razón. Los convocantes no son, desde luego, el mejor ejemplo de casi nada. Pero si tengo que elegir, prefiero estar donde siempre he estado en ocasiones anteriores: en el gesto de rechazo a las políticas antisociales, en la no resignación ante esa fórmula tan repetida de que los beneficios y los pelotazos siempre vayan a bolsillos privados y las pérdidas siempre acabemos pagándolas entre todos, en la creencia de que la economía tiene que estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la economía.

Es una ardua disyuntiva. Pero si tengo que entrar en un cómputo, prefiero que me cuenten entre los que no se resignan que entre los que indirectamente lanzan el mensaje de que van a tragar con todo. Me fastidiaría reforzar a Méndez y Toxo, a su complicidad de estos años, a su visión burda y caricaturesca estilo Chikiliquatre, a su negociete... Pero mucho más me fastidiaría avalar la idea de que la política de mi país no la diseña un gobierno democrático sino los poderes fácticos, que se decide fuera de aquí y que no hay nada que hacer salvo aguantarse. Mucho más me fastidiaría respaldar la gestión de ese títere errático llamado Zapatero, a ese Rajoy que se frota las manos porque encima de allanarle el camino le van a dar el trabajo sucio ya hecho, a ese dechado de virtudes llamado Díaz Ferrán que tan bien representa a un determinado modelo empresarial que ha proliferado estos años de atrás en nuestro país…

Prefiero consolarme pensando que hay otros sindicatos, minoritarios pero dignos, que han tenido posturas diferentes durante este tiempo y que hoy han sabido dónde tenían que estar. Prefiero incluso esperar, ingenuamente, que las grandes centrales sindicales hagan algo de autocrítica o afronten alguna regeneración, antes que respaldar la desautorización o el desmantelamiento del movimiento sindical sin sustituirlo por nada.

Me parece que, como dice Toxo, la sociedad española se juega mucho hoy. Si el mayor recorte de derechos sociales no encuentra rechazo ciudadano, el camino queda despejado para que éste o cualquier gobierno futuro pueda ir más allá. Tanto como quiera. Porque no habrá nadie que se atreva ya a convocar una respuesta contundente ante el miedo a fracasar en la apuesta. Si esto cuela, cuela todo. A pesar de todos los pesares, es preferible un contrapeso deficiente que ningún contrapeso.

11 comentarios:

Leonor dijo...

Hola, Carlos.
Yo creo que la pregunta que habría que hacerles a esos señores es, ¿por qué no se ha hecho antes,cuando ya empezábamos a ver la tragedia?¿Por qué han callado como fulanas?.
Yo apoyo que debemos defender nuestros derechos, y por lo tanto veo justa esa huelga, pero creo que ya es hora de que sea la sociedad la que se organice y no espere a que otros le digan lo que tiene que exigir. Debe ser nuestra conciencia social la que nos empuje a mostrar el poder del pueblo soberano, no unos señores que se van de paelladas y mariscadas con el presidente de turno.
Felicidades por tu entrada.
Un abrazo.

ana de la robla dijo...

¡¡¡Magnífica entrada!!!

Fernando Solera dijo...

¿Te has planteado publicar este extraordinario artículo en algún medio de comunicación, Carlos?. Me ha parecido soberbio, y lo suscribo de principio a fin. Estoy totalmente de acuerdo en que la actitud de los sindicatos estos últimos años ha sido deplorable, pero es mucho peor hacer creer que tragamos con unas medidas económicas que van a sudamericanizar el país. Enhorabuena por tu artículo y que no nos pase nada.

Óscar dijo...

Coincido con lo que expones en esta entrada. Veo que cuelgas dos carteles llamando a la huelga. Uno de la USO y el otro de la centenaria CNT. ¿Simpatizas (o estás afiliado)con alguno de ellos? Lo digo más que nada porque son sindicatos minoritarios ambos, pero a la vez muy diferentes entre sí, ¿no?

Un abrazo.

Julián dijo...

Estoy al 90% de acuerdo con lo que dices, un post excelente. Porque, además, rebate con claridad algunos de los motivos esgrimidos, no sé si sinceramente, por una parte de quienes no han apoyado la huelga: que si los sindicatos son impresentables, que si se tenía que haber hecho antes. Vale, precisamente por eso, porque hay más razones que nunca y porque por fin los sindicatos CC.OO. y U.G.T. rectifican y convocan la necesaria huelga, por eso era necesario ir.

El 10% de discrepancia: me parece que adornas un poco el análisis, simplificando burdamente la posición de dichos sindicatos en estos años. Por ejemplo, en el caso de Toxo no se puede decir que haya tenido el entreguismo de Gutiérrez o Fidalgo, ha tenido un discurso algo más crítico. Además, no es de ahora que los sindicatos se movilicen masivamente cuando hay recortes en derechos, pero no para exigir otras políticas concretas, se ha establecido una cierta lógica -tal vez perversa- según la cual esto último correspondería a los partidos y no a los sindicatos.

Por último: la escasa beligerancia sindical también era consecuencia de lo que es nuestra sociedad, muy adormecida y adocenada, creo que los propios dirigentes sindicales se daban cuenta de que no era fácil mover a la gente ¿Acaso crees de veras que hace dos años una huelga general hubiese tenido el seguimiento de esta? Ni de coña! Sin ello tampoco podemos entender la actitud de CCOO y UGT.

Finisterre dijo...

Carlos, impresionante trabajo (y encima estando de huelga).

De verdad, podré estar en parte o en todo de acuerdo contigo pero lo que no niego hoy ni negaré nunca es tu talento y tu implicación en cada tema que te propones.

Sombrerazo.

Mañana, con unas cañas por medio, debatimos.

JavierN dijo...

Carlos, excelente discurso, llevas mucha razón en todo, aunque discrepe en algunos pensamientos tuyos, creo que lo que falla es el modelo de sociedad, que es puramente capitalista y consumista, la diferencia con otros paises del mismo modo de sociedad, es en este caso la actuación de los síndicatos, como tu bien dices han sido un dechado de dejacedes totales, ¿como van a morder la mano que les da no solamente de comer sino de jugosas subvenciones, etc, etc?. El gobierno tiene la mayor parte de la culpa, pero es más indignante, que teoricamente ellos, los sindicatos, que están para ayudar al obrero, se hayan puesto de parte del patròn-zapatero. Dices con buen criterio que prefieres estar en guatemala, pero es que hay veces, que para que se arreglen las cosas hay que pasar por guatepeor. Y una reflexión que lanzo al aire, de que aquí en adelante, que va a ser de los síndicatos, si ya casi nadie cree en ellos. Saludos Carlos por el excente artículo.

Bernardo Rivero dijo...

Completamente de acuerdo con tu análisis, Carlos.
Yo, pese a todo, hice huelga pero parece que a muchos, demasiados, tan sólo les interesa su particular día a día y no se dan cuenta de lo que puede suponer dar carta blanca a los gobiernos.
Saludos.

Carlos J. Galán dijo...

Sí, Leonor, lo ideal sería que la sociedad reaccionase por sí misma, ante la falta de representantes y defensores. Pero no parece.

Ana, gracias por tu generosidad. Mira que eres particular tú también para coincidir con esto, porque doy caña a diestro y siniestro...

Muchas gracias, Fernando. Ya vi que, a partir de que lo retwitteaste, se movió mucho. Leí tantas veces lo de "lo mejor que se ha escrito sobre la huelga..." que mi vanidad engordó unos kilos en esos días.

Sí, Óscar, son sindicatos muy distintos. No estoy afiliado a ninguno, pero procuro estar informado de lo que dicen. Los usé como ilustración porque ambos han mantenido una postura más digna y coherente que las dos grandes centrales.

Hola, Julián. Sí, forzosamente cualquier post conlleva no poder analizar cada matiz. En cuanto a Toxo la verdad es que yo no he apreciado diferencias sustanciales respecto a la etapa de Fidalgo, pero posiblemente me hayan pasado desapercibidas y sí las haya. Tal vez el discurso más crítico y matizado de Toxo quede muy descafeinado y poco visible al ir siempre de la mano de Méndez, que sí estaba absolutamente entregado. Lo de rechazar recortes pero no plantear alternativas, es una línea poco nítida y, en efecto, me parece una lógica un poco perversa. Pero en todo caso, aun sin plantear medidas políticas concretas, sí podrían haber llamado la atención sobre la imperiosa necesidad de afrontar políticas activas de empleo y no sólo la de mantener prestaciones sociales, o haber sido algo más críticos con las indecisiones y con algunas decisiones gubernamentales. Creo sinceramente que si el gobierno hubiera sido del PP sí hubieran sido más críticos. Te invito a leer esto:
http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2009/05/imaginemos.html
Respecto a que la huelga tampoco hubiera tenido seguimiento si se hubiera convocado tiempo atrás, pienso que el ambiente hay que crearlo. La obligación de los sindicatos precisamente era intentar cambiar esa situación de desmovilización social progresivamente, porque sí que existía un malestar y una preocupación en la calle y muchos millones de afectados por la situación. Si los sindicatos hubieran defendido con decisión el empleo, podría haber ido madurando esa movilización. Pero si se comportan de forma sumisa durante años, cuando por fin se mueven la gente ya no quiere seguirles porque no se ha sentido representada por ellos.

Gracias, Finisterre. Debatir con cañas por delante es un sano ejercicio.

Coincido, Bernardo. Es posible que, como dicen algunos medios, hubiera tácitamente un "empate" pactado. Pero me temo que en mucho tiempo nadie se va a atrever a convocar una movilización y eso supondrá que en los próximos años nos colarán lo que quieran.

JavierN dijo...

Carlos, please, se te ha olvidado contestarme!!!. Un saludo.

Carlos J. Galán dijo...

Es verdad, Javier!!! Te había saltado, perdona. Estoy completamente de acuerdo en que la raiz del problema está en el propio modelo socioeconómico capitalista. Y, dentro de eso, tenemos unos sindicatos mantenidos por el poder y que no cumplen su función con independencia. Y a veces sencillamente no la cumplen sin más, como ha sido el caso. A mí me preocupa ese vacío de que podamos quedarnos sin contrapeso sindical. Si todo eso sirviera para una catarsis, que la gente se inclinara por sindicatos sectoriales independientes, o por sindicatos minoritarios, o se autooganizara de alguna forma... podría estar bien. Pero no veo reacción. Lo malo es que simplemente haya un divorcio trabajadores/sindicatos pero los primeros se queden sin defensa colectiva, buscándose cada uno la vida.