La comunicación telemática entre la empresa y la Administración

Publicado en la sección La Lupa de CyCH -Conocimiento y Capital Humano-, 
revista editada por Fundación Confemetal, núm 2, marzo 2011.


La Ley 11/2007, de 22 de junio, de acceso electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos, estableció la obligación de habilitar sistemas que permitieran relacionarse con la Administración por medios telemáticos. El propósito declarado era posibilitar el ejercicio de un nuevo derecho de los administrados, reduciendo las molestias que implican los desplazamientos y las pérdidas de tiempo. Como afirma la Exposición de Motivos de esta norma, “las tecnologías de la información y las comunicaciones hacen posible acercar la Administración hasta la sala de estar de los ciudadanos o hasta las oficinas y despachos de las empresas y profesionales y les permiten relacionarse con ella sin colas ni esperas”.

La Ley hacía referencia expresa al “papel de vanguardia que corresponde a nuestras empresas en el desarrollo de una verdadera sociedad de la información y, por ende, de una Administración accesible electrónicamente”. Se considera que la inevitable integración de las nuevas tecnologías en el día a día empresarial es, a la vez, “palanca impulsora para el desarrollo y creciente incorporación de esas mismas tecnologías en el actuar administrativo”.

A pesar de estas invocaciones, parece claro que no sólo se busca facilitar trámites a particulares y empresas, sino al mismo tiempo un funcionamiento más cómodo –también posiblemente más eficaz- para la propia Administración. En otro caso, no se entendería que lo que se configura como un derecho acabe convirtiéndose a la postre en un deber. El artículo 27 proclama que “los ciudadanos podrán elegir en todo momento la manera de comunicarse con las Administraciones Públicas, sea o no por medios electrónicos” e incluso deja clara la reversibilidad de la elección: “la opción de comunicarse por unos u otros medios no vincula al ciudadano, que podrá, en cualquier momento, optar por un medio distinto del inicialmente elegido”. Sin embargo, poco después la misma norma introduce una pretendida excepción, que nos atrevemos a afirmar que con el tiempo acabará convirtiéndose en generalidad: “Reglamentariamente, las Administraciones Públicas podrán establecer la obligatoriedad de comunicarse con ellas utilizando sólo medios electrónicos, cuando los interesados se correspondan con personas jurídicas o colectivos de personas físicas que por razón de su capacidad económica o técnica, dedicación profesional u otros motivos acreditados tengan garantizado el acceso y disponibilidad de los medios tecnológicos precisos”.

SEDES ELECTRÓNICAS

La Administración estatal, las autonómicas y algunas locales tienen ya disponibles sus Sedes Electrónicas en internet, donde los ciudadanos pueden acceder a sus servicios telemáticos, conocer los procedimientos y realizar trámites.

La Administración General del Estado, a través de su portal www.060.es ofrece a los administrados la posibilidad de generar lo que se ha denominado Dirección Electrónica Habilitada (DEH). El interesado que desea utilizar este servicio, de carácter gratuito, debe contar con un certificado digital y crear un buzón electrónico seguro, gestionado por Correos, al que llegarán las notificaciones correspondientes a aquellos procedimientos administrativos a los que voluntariamente haya decidido suscribirse.

Cuando acceda a su buzón, encontrará esas comunicaciones oficiales, con indicación del organismo que las remite y la fecha de puesta a disposición, y tendrá la opción de aceptarlas (con la misma eficacia que si se hubieran practicado por medios tradicionales y entregado en papel) o bien rechazarlas (con los efectos legales que se derivan de tal comportamiento esto es, tener el trámite por realizado, en aplicación del artículo 59.4 de la Ley que regula el procedimiento administrativo común). Con carácter general, se entenderán rehusadas las notificaciones si en diez días no se recogen del buzón electrónico.

Además de la recepción, los procedimientos electrónicos van permitiendo también cada vez más la presentación válida de solicitudes, escritos, recursos, etc., cómodamente por vía telemática, así como conocer el estado de tramitación del expediente por ese mismo cauce.

NOTIFICACIONES TRIBUTARIAS

Pero, si estos procedimientos existen con carácter opcional para el conjunto de los ciudadanos, en los últimos meses las empresas se han visto afectadas por la obligatoriedad de recibir determinadas notificaciones por vía telemática.

Destaca, por su trascendencia práctica, el ámbito fiscal. El Real Decreto 1363/2010, de 29 de octubre, ha regulado una serie de supuestos de notificaciones y comunicaciones administrativas obligatorias por medios telemáticos en las actuaciones de la Agencia Tributaria. Según el texto normativo, tal obligación afecta, desde enero de 2011, a las siguientes entidades:

-      Sociedades anónimas (NIF letra A) y de responsabilidad limitada (NIF letra B).
-      Personas jurídicas y entidades sin personalidad jurídica que no tengan nacionalidad española (NIF letra N).
-      Establecimientos permanentes y sucursales de entidades no residentes (NIF letra W).
-      Uniones temporales de empresas (NIF letra U).
-      Agrupaciones de interés económico y Fondos (NIF letra V).
-      Contribuyentes inscritos en el Registro de Grandes Empresas.
-      Contribuyentes que tributen en el Régimen de Consolidación Fiscal del Impuesto de Sociedades.

Todas ellas estaban ya obligadas a presentar telemáticamente sus declaraciones tributarias.

No obstante, no será efectivo este deber de recepción de notificaciones telemáticas en tanto las propias entidades no reciban, por medios tradicionales, una notificación escrita en la que se les comunique formalmente su inclusión en el sistema de Dirección Electrónica Habilitada.

El Director General de Gestión de la AEAT declaró públicamente que “no hay nada planificado para las pequeñas y medianas empresas ni para las personas físicas”. Cabría suponer, pues, que la implantación será gradual y que la preceptiva notificación no llegará por ahora a los sujetos pasivos que tengan la consideración de pymes, pero desde luego debemos advertir que, en su caso, esto sería un criterio meramente operativo o interno, puesto que el Decreto no establece excepción al respecto y, por tanto, todas las S.L. y S.A. están legalmente obligadas.

Una vez se les haya comunicado su inclusión en el sistema, las sociedades mercantiles deberán recibir ya por medios electrónicos todas las notificaciones que efectúe la Agencia Tributaria en sus procedimientos tributarios, aduaneros, estadísticos de comercio exterior, o recaudatorios para otros entes. Como excepción, Hacienda podrá recurrir a la notificación convencional en casos de comparecencia espontánea del interesado o cuando, por razón de plazo o eficacia, haya de hacerse de forma inmediata.

Para su acceso a la DEH, el contribuyente debe disponer de un certificado digital aceptado (el expedido por la FNMT, el expedido por Camerfirma de las Cámaras de Comercio, el incluido en el DNI electrónico…) y se entra desde la sede electrónica de la Agencia Tributaria o por el acceso genérico de la Administración General el Estado.

Puede hacerlo el propio obligado tributario o un representante, al que habrá de apoderar expresamente, bien por internet mediante firma electrónica, bien mediante comparecencia personal ante la Agencia Tributaria o bien por documento público o privado con firma legitimada notarialmente. Se está pensando así tanto en administradores, directivos, empleados, etc. de personas jurídicas, como en la posibilidad de que se autorice a asesorías o consultorías externas a gestionar y atender estas notificaciones de la empresa. Cabe otorgar poder general para todos los trámites tributarios o sólo para algunos específicos y puede ser revocado en cualquier momento por la persona o entidad otorgante.

LAS MULTAS DE TRÁFICO, POR INTERNET

Otro organismo que ha establecido con carácter imperativo las notificaciones telemáticas para empresas es la Dirección General de Tráfico que, a finales del pasado año, puso en marcha la llamada Dirección Electrónica Vial (DEV), voluntaria para las personas físicas, pero obligatoria para las sociedades mercantiles que matriculen nuevos vehículos.

La DEV se obtiene igualmente con certificado digital y sustituye al domicilio físico para todas las notificaciones relacionadas con los vehículos, en particular los expedientes sancionadores. Ofrece la posibilidad de generar avisos por correo electrónico y sms para que las notificaciones que lleguen a la misma no pasen desapercibidas. Desde esta sede electrónica se puede, por ejemplo, identificar al conductor responsable de una infracción o pagar una multa. La intención que ha anunciado Tráfico es incluir en este año servicios de alerta sobre renovación del permiso de conducir y la ITV, o consulta de saldo de puntos, entre otros.

También las Comunidades autónomas con competencias transferidas y algunos Ayuntamientos –cuya relación consta en la web de la DGT- se han adherido al sistema de DEV y notifican ya por este cauce, tanto a los que estén obligados como a quienes voluntariamente se hayan adscrito, todo lo que se deriva de sus facultades en materia de Tráfico.

El coeficiente de optimismo

En la entrada anterior, dedicada a Carmen, hacía referencia a una conferencia sobre el optimismo. Aquí os la dejo, merece la pena. 

No soy nada original, porque esta charla se ha movido mucho por la red y, de hecho, son los internautas quienes han dado popularidad al orador. 

Emilio Duró es Licenciado en Económicas, Máster en Administración de Empresas, ejecutivo de varias firmas... pero desde algún tiempo se dedica a hablar de temas tan atípicos en el mundo empresarial como el optimismo, la felicidad, la suerte y cosas así. Asegura que esta conferencia se grabó sin su conocimiento (me lo creo, por sus comentarios sobre los "innovadores" de Renfe, sobre un presidente de Coopers & Lybrand..., incluso le he oído pedir perdón a los psicólogos por las bromas), pero lo cierto es que se ha convertido en un fenómeno, reforzado por Buenafuente, que decidió llevarlo a su programa.

La conferencia no sé si es particularmente rigurosa, más bien son apuntes dispersos, pinceladas sugestivas, pero que hacen pasar un rato agradable y hacen pensar, dejan poso. Duró es ameno y es muy buen comunicador.

¡Ah! Y su teoría sobre que la amargura es contagiosa y hay que mantenerse alejado de sus portadores, y la recomendación de no motivar a los tontos, las comparto al cien por cien.

Carmen


Soy un desconsiderado, lo sé. Escribo muy poco y, encima, las escasas personas que se sigan asomando pacientemente a ver si hay algo nuevo se van a encontrar hoy el blog lleno de babas.

Pero ustedes me entenderán. Esta preciosa niña se llama Carmen. Y es mi primera sobrina. ¿Cómo no voy a presumir?

Lo de plantar un árbol está chupao. Casi sin darte cuenta lo haces en la escuela, en algún Día Mundial del Medio Ambiente o similar. Y, si no, ellos todavía están a tiempo. Pueden plantarlo, por ejemplo, en ese huerto que Fernando le regaló a mi hermana Tere y que luego no recuerda haberlo hecho.

Las otras dos cosas son ya palabras mayores. Lo grande es que ellos las han hecho. Y que decidieron hacerlas juntos.

Primero escribieron un libro. Éste de la foto de al lado. Y después lo mejor: tuvieron una hija. La de la foto de arriba.

Para anunciarnos la noticia del embarazo, nos reunieron con excusas medio creíbles y empezaron, como decía Gila, con indirectas: Fernando nos regaló un cupón de la ONCE para el sorteo del Día del Padre. No fue suficiente. Yo ya me estaba partiendo de risa pero mi madre no lo pillaba. Luego, nos entregaron a cada uno copia de la ecografía pequeñita, personalizada en plan cómic (la mía: “hola, tío Charly”). Mi madre decía incrédula “esto qué es”, mientras se ponía las gafas para leer “hola, abuelita”… Hasta que yo no me levanté a darles un beso de felicitación, no reaccionó. Creo que tardó meses en creérselo de verdad… y ahora está absolutamente encantada: no hay nadie en el mundo capaz de discutirle que su nieta, y todo lo que haga su nieta, es excepcional.

Se hizo esperar y nos llegó cabalística la niña. Nació el 2 del 10 de 2.010 a las 22:10 (o 10:10 de la noche, como prefieran). Menos mal que no pesó dos kilos y diez gramos.

Cuando la vi por primera vez, tan pequeñaja y ya aferrándose con sus manos a Tere, pensé en qué pocas certezas y cuánto por definir. A poco que la genética funcionase, tendría bonitos ojos (y así ha sido, a la carta: el color azul de la madre y las pestañas del padre). A poco que la genética funcione, será inteligente. A poco que la educación y el ejemplo funcionen, será buena persona.

Y poco más. La tienes entre tus brazos, apenas recién nacida, y sabes que el resto es un cuaderno en blanco, páginas por escribir: cómo será su carácter, cómo su voz, qué aficiones tendrá, qué profesión elegirá, qué cosas le apasionarán, qué le disgustará… Carmen, la mujer a la que esperan años para enfadarse, reír a carcajadas, esforzarse, tener amigos, luchar, disfrutar, sufrir, enamorarse… El estremecedor prodigio de la vida. Carmen, la niña a la que unos segundos antes ni siquiera conocías y por la que poco después te dejarías matar. El misterio del amor.

A mí no me han entusiasmado nunca los bebés. Mientras la familia conversa sobre a quién se parece, yo siempre me digo: coño, pues al resto de recién nacidos. A mí me gustan realmente los niños desde que comienzan a hablar (“… y hasta que comienzan a pensar”, añadía con maldad un amigo). Así que, respecto a los hijos de las personas cercanas, hago el trato de que me los pueden empezar a dejar a mi cargo cuando sepan decir algo y ya se los devuelvo yo cuando sean adolescentes conflictivos.

Fernando y Tere se partían estos meses de risa, porque el de a-mí-no-me-gustan-los-bebés se podría pasar horas simplemente observando a Carmen.

Me resulta también curiosísimo ver a mi hermana ejerciendo de madre. La conozco “desde siempre”, le saco poco más de un año y, por tanto, desde que tengo uso de razón, antes de ir al cole o antes de tener amigos, ella ya estaba ahí. Y ahora verla en esta faceta es novedosa y entrañable. Me decía un amigo común: “si tu hermana ya nos cuidaba un poco a todos, cómo no va a cuidar a Carmen”. Es impresionante seguir de cerca la relación tan estrecha, emocional y física que se establece entre madre e hija.

Y qué decir del código secreto que se transmiten las mujeres, vaya usted a saber cómo, y que les permite sorprendentemente entender a sus hijos a los diez segundos de haber nacido. “Quiere comer”, “quiere dormir”, “está incómoda así, inclínala un poco”, “ponle el chupete”, “muévele un pie”… interpretando con acierto, ante tu perplejidad, llantos o gestos que a ti te parecen iguales. Y como si supieran por ciencia infusa el resorte que hay que tocar, en un bebé que inevitablemente viene sin manual de instrucciones.

Llevábamos mucho tiempo sin sumar miembros a la familia, sólo restando. Y Carmen nos ha llenado a todos de inmensa alegría.

Hace poco vi la grabación de una interesantísima y recomendable conferencia sobre el coeficiente de optimismo. En un momento determinado salía la cuestión de cuántas personas se ven obligadas, por ejemplo, a posponer por razones profesionales el ser padres o madres. El orador reflexionaba sobre nuestro modelo laboral y social y sobre las cosas que de verdad importan en la vida. Y en esto no tuvo que hacer muchas consideraciones. Bastó una encuesta de urgencia. Pidió que levantasen la mano los que tuvieran algún hijo. Luego les preguntó, uno por uno: “y dígame, ¿qué es para usted lo más importante de su vida? ¿y para usted? ¿y para usted?...”. Hubo unanimidad.

Por enésima vez, enhorabuena a Fernando y Tere.

Que seas muy feliz, Carmen.