¿#spanishrevolution? Ojalá

A estas alturas ya no tenía esperanza de que nadie se moviera. Pensaba que los políticos profesionales habían constatado que nunca pasaría nada, que nuestra capacidad de aguante era ilimitada y nuestra capacidad de reacción inexistente. Aquí he aludido muchas veces a las inmensas tragaderas que parecía tener la ciudadanía y fuera de aquí habré tenido mil y una conversaciones sobre ello.

El día que en Twitter saltó lo de #eurodiputadossinvergüenzas y los aludidos (cómodamente acostumbrados a que nunca nos enteramos ni de lo que hacen ni de lo que votan) reaccionaron de inmediato, sintiéndose obligados cuando menos a dar una explicación y en algunos casos a rectificar, fue la primera vez que me percaté de verdad -más allá de tópicos- de la fuerza que podían tener, inteligente y oportunamente utilizadas, las redes sociales como arma ciudadana, como contrapeso y control democrático.

Los dos macropartidos son como grandes empresas que, con herramientas propias de mercadotecnia, se disputan el poder político. Carecen de principios y van adaptándolos a lo que el mercado demanda para ganar las elecciones. El planteamiento no es “yo sostengo estas ideas y que me voten los que estén identificados con ellas, pocos o muchos, para representarles”. Por el contrario, se trata de “qué debo hacer o qué hay que decir para ganarse el apoyo de la mayoría, que ya moldeo yo mi discurso a conveniencia”. E incluso si no hay que decir nada, porque el adversario lo está haciendo muy mal y el voto descontento me va a llegar sin esfuerzo, pues espero tumbado y calladito, que es el acreditado método Rajoy.

Los candidatos saben que dependen mucho más de la cúpula de sus partidos que de sus propios electores y ya procuran no tener descontentos a quienes les ponen en las listas cerradas y bloqueadas, ni a quienes les dicen el botón que deben pulsar en las votaciones parlamentarias.

Desde hace tiempo, las encuestas del CIS venían advirtiendo de que los políticos son la tercera preocupación para los españoles. Esto es una enorme anomalía, como si percibiéramos que son un problema mayor los bomberos que los incendios o nos inquietase más la policía que la delincuencia. Que nuestros representantes electos, los que tienen que solucionar problemas, sean vistos precisamente como uno de nuestros principales problemas, no merecía, sin embargo, la más remota consideración o autocrítica por los aludidos. Les importaba tanto como les importamos nosotros.

Decía Paul Valéry que “política es el arte de evitar que la gente se preocupe de lo que le incumbe” y esto lo hacen a la perfección nuestros dos grandes partidos. Se han sustituido las burdas dictaduras totalitarias del siglo pasado, fascistas o comunistas, por la dictadura moderna, sutil y perfecta. Hemos pasado de las tiranías de un solo partido a las democracias formales de dos partidos iguales. Dos opciones coincidentes en lo sustancial que, sin embargo, se enfrentan -hasta la extenuación y con un sectarismo apabullante- en todo lo circunstancial, para que parezca que hay un intenso debate, en el que nos involucramos como corderitos.

Nos dicen ahora desde el PP y sus medios afines: ¿por qué criticáis al sistema? Criticad a quien ha gobernado, que lo ha hecho muy mal. Es obvio que el Gobierno Zapatero lo ha hecho de forma pésima; aquí lo he venido señalando repetidamente. Pero yo no creo en el supuesto mal menor. Ese discurso es su juego permanente, el de una alternancia donde nunca se discute el modelo en sí, sino cómo gestionar el modelo, algo así como “yo hago lo mismo, pero lo hago mejor que los del otro color”.

El PP puso en marcha una burbuja inmobiliaria insostenible, a cuya ola el PSOE se subió con entusiasmo una legislatura más. Cuando estalla la crisis, a la hora de dejar caer el sistema productivo sin mover un dedo y, a la vez, hacer todo lo posible y lo imposible para que se sostuviera el sistema financiero (quien paga, manda), ambos estuvieron de acuerdo. Repasen en qué han coincidido los dos grandes partidos y verán qué significativo es. Nunca discrepan en ayudar a los bancos, en ayudarse a sí mismos y en apuntalar sus privilegios.

Las crisis periódicas que vivimos en el sistema capitalista, sean más intensas o más leves, siempre terminan igual desde que tengo uso de razón: los beneficios son privados y las pérdidas son públicas. Y no hace falta que les diga quiénes somos los paganos. Eso nunca cambia.

Así que comprenderán que, como buena nota discordante, me parezca fantástico que se alcen voces y manos en la calle. ¡Ya era hora! 

La Puerta del Sol de Madrid ha sido escenario de las manifestaciones populares, de las citas con la historia, desde el 2 de mayo de 1808 hasta el 14 de abril de 1931. Ya sé que a Aguirre le pilla demasiado cerca, le molesta y nos sugería amablemente que nos fuésemos a manifestar a la Carretera de La Coruña. Ya sé que a Zapatero le pillaba también demasiado cerca de su mitin de cierre de campaña y tuvo que trasladarlo a IFEMA “para no perjudicar a los hosteleros de la Plaza Mayor” (como todo el mundo sabe, no había hosteleros en la Plaza Mayor cuando lo convocó, todos acaban de inaugurar sus negocios en estos días).

La chispa, el detonante, posiblemente ha salido del entorno de la izquierda más alternativa. ¿Y qué? Lo cierto es que había un malestar latente y que allí se ha dado cita gente de toda procedencia y condición. Generalmente en la plaza se ha rechazado y afeado la conducta de quienes han intentado capitalizarlo o mostrar simbologías partidistas. La extrema izquierda a estas alturas sabe que esto es demasiado grande como para pretender monopolizarlo: puede aspirar legítimamente a pescar en el río, pero difícilmente puede pretender encauzar ese río y que desemboque en sus sedes.
En medio de una campaña electoral con un debate de encefalograma plano, me ha encantado ver estos días a los políticos y a los medios tan nerviosos, tan descolocados. Han hecho e intentado de todo, han oscilado entre subirse al carro unas veces y descalificar abruptamente la movilización otras. Su esquizofrenia se ha movido entre la comprensión con la indignación y el rechazo a la reacción. Han investigado en vano todas las conexiones que pudieran demostrar el origen turbio e interesado de la protesta. Gallardón y Rubalcaba, de común acuerdo, reprimieron y levantaron el campamento la primera noche, hasta que vieron que eso le hizo crecer al día siguiente y la policía empezó a cumplir la orden de silbar mirando al cielo. El pobre Cayo Lara no entendía por qué los que considera los suyos, en vez de votarle a él sin más, se echaban a la calle a pensar y hablar por su cuenta. Algunos del PSOE han dicho que, en el fondo, pero muy en el fondo, compartían un poquito la protesta, olvidándose de que ellos gobiernan y de que todos los días son aludidos en la movilización no precisamente de forma elogiosa. Gallardón, por su parte, nos han recomendado que votemos y callemos (bueno, él lo dijo en politiqués: “si se quiere mejorar un sistema, lo que hay que hacer es participar en la forma más auténtica del ejercicio de la soberanía y bla bla bla). Rajoy nos ha recordado que criticar a los políticos es muy fácil (querrá decir que ellos nos lo ponen muy fácil). Intereconomía proclamaba que la izquierda socialcomunista nos maneja desde la sombra. Trillo hacía la peineta a quienes pedían listas electorales sin procesados por corrupción. César Vidal (ese personaje tan riguroso en el análisis del presente como lo es en sus libros con la historia) aseguraba sin rubor que estábamos adiestrados por ETA. La Junta Electoral Provincial de Madrid (3 magistrados elegidos por el CGPJ que designan los partidos por cuotas, y 2 juristas propuestos directamente por los partidos) y la Junta Electoral Central (8 magistrados del TS nombrados por el CGPJ que se reparten los partidos, más cinco 5 juristas elegidos directamente por los partidos políticos con representación en el Congreso) han prohibido todo lo prohibible, sin excesivo éxito, porque la gente, a estas alturas de la película y de la desesperación, con cinco millones de parados y un futuro nada prometedor, estaba un poco harta de pedir permiso hasta para poder quejarse.

No sé si soy un perroflauta, si me estará manejando ETA, el maquiavélico Rubalcaba o la mismísima KGB si siguiera existiendo. Pero me han engañado y decepcionado tantos veces, que una más no me importa. El riesgo es muy pequeño y tengo poco que perder. Y por una causa así merece la pena intentarlo. Si me equivoco o me manipulan, lo reconoceré. Si lo que veo comienza a no gustarme, si el horizonte me inquieta, me daré media vuelta y me iré a casa.

No sé qué dará de sí esto. Pero sí sé con certeza lo que ha dado de sí lo que he visto hasta ahora, lo establecido. Como cantaba Silvio Rodríguez, “he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado”.

Así que, entre el escepticismo y la esperanza, por mí no va a quedar el intentarlo. Si Sol de verdad significa, como expresa su manifiesto, una democracia más participativa frente a la meramente representativa, la proclamación de que hay derechos básicos que deberían estar cubiertos en todas las sociedades, y la defensa de una revolución ética que anteponga el ser humano al dinero, creo que, en realidad, llevo toda mi vida acampado ahí.


(Imágenes: Viñeta de El Roto en El País y fotografías del autor y de Ana I.)

Libro Nóminas, Seguridad Social y Contratación Laboral 2011

A finales del pasado mes de marzo, como viene haciendo cada año desde 2005, FC Editorial publicó una nueva edición de mi libro Nóminas, Seguridad Social y Contratación Laboral correspondiente a 2011.

Este volumen, eminentemente práctico, está orientado a su utilización como manual en centros de formación y como libro de consulta en empresas.

La presente edición 2011 incluye todas las reformas que en el ámbito laboral se han ido sucediendo en los últimos meses, en modalidades contractuales, en regulación de aspectos concretos de la relación de trabajo, en modificación y extinción de la misma o en materia de bonificaciones y cotización a la Seguridad Social, entre otros.

Andrés Molina presenta en Madrid su último disco

Hablar hoy de Andrés Molina no es sólo aprovechar mi blog para publicitar a los amigos, algo que siempre está bien. Es, además, una recomendación que hago al margen de la amistad y absolutamente convencido de su calidad artística.

En los años ochenta integró, con Rogelio Botanz y Pedro Guerra, el grupo Taller Canario de Canción. Como compositor, es autor de algunos de los más hermosos temas de Ana Belén (por ejemplo, su Yo también nací en el 53 es una adaptación que Víctor Manuel hizo de una canción de Andrés Molina), Olga Román (María vale más), Los Sabandeños, Cristina del Valle o Sergio Dalma. Tanto en su carrera en solitario como en la etapa en que formó dúo con Eva de Goñi, ha compartido escenario o estudio de grabación con nombres como Víctor y Ana, Aute, Jorge Drexler, Javier Álvarez, Ismael Serrano, Amaral, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés…

Y ahora nos trae a Madrid su último disco, que ya presentó con éxito en su tierra natal. Desnudo es un cuidadísimo trabajo, con un puñado de magníficas canciones, y en el que han participado, respaldando y acompañando a Andrés, artistas de la talla de Luis Eduardo Aute, Ismael Serrano, Javier Álvarez, Sole Giménez o Caco Senante, entre otros.

El CD recoge algunas de sus viejas y excelentes canciones, como Yo también nací en el 63, Castillos de arena o Flores Nuevas:

Será por tu niñez
que tengo tan adentro
donde me habitan
árboles tiernos,
flores, risas (…).
Será por tantas cosas
que sabes y no digo
pero ando por las calles
buscándote.

E incorpora, grabados en directo en el Teatro Leal de La Laguna, otros muchos temas. A mí me gustan prácticamente todos, pero podría citar entre mis favoritos, por ejemplo, Mes de abril, con la letra y la voz de Eva de Goñi:

Y ahora que estoy
desnuda,
qué debo sentir.
Las dudas
caen livianas sobre mí,
como este mes de abril
que me viene con torrijas
de canela y limón
todo para el corazón.

O, también entre mis preferidas, Todo mi amor:

Alguna noche tu recuerdo imagino,
una tormenta se cruzó en mi camino.
Si alguna vez dañé tus labios heridos
regresa llena de perdones y olvidos.

Tengo que decir, desde el afecto y la confianza, que Andrés es tan buena persona, tan ajeno a los enredos de la industria, que su visión comercial es inversamente proporcional a su enorme talento y creatividad. Así que por mi parte pongo un humildísimo granito de arena a la difusión, al invitarles a su actuación del lunes 2 de mayo, a las 21’30 h. en el conocido Café Libertad 8 de Madrid, y a la presentación de su disco, con un pequeño concierto acústico en FNAC Callao el martes 3 a las 18 h.. Por alguno de los dos sitios, o por ambos si puedo, nos veremos. Lo que descubrirán algunos o reencontrarán otros será la sensibilidad, las sugerentes palabras, la buena música y la personal voz de un gran cantautor. Disfrutarán, seguro.