Desde España (I) La crisis

Artículo publicado en la edición impresa de la revista argentina
El Descamisado nº 16, tercer trimestre 2012
 
El capitalismo siempre ha tenido crisis periódicas que utiliza como instrumento de regulación: son los momentos que aprovecha para ajustar salarios (y así frenar los aumentos de los mismos que los ciclos expansivos pueden producir) y para recortar derechos sociales. Es una constante histórica en el modelo económico dominante: beneficios que recaen en pocas manos, pérdidas que se acaban repartiendo entre muchos.

En España, la actual crisis económica se ha visto significativamente agravada respecto a los restantes países europeos, en especial en lo que se refiere al desempleo (estamos en tasas superiores al 20 % de paro, cifra que se eleva al 50 % entre los más jóvenes), por la práctica inexistencia de una estructura realmente productiva. El crecimiento económico español en los últimos años estuvo vinculado casi en exclusiva a la especulación inmobiliaria. Con la construcción y las actividades relacionadas con la misma, nuestro país llegó a batir récords de creación de empleo… Pero, a un ritmo aún más rápido, millones de personas se quedaron sin sus puestos de trabajo tan pronto como se pinchó la inconsistente burbuja.

En España los dos grandes grupos que se alternan en el gobierno, Partido Popular y Partido Socialista, son, al modo norteamericano, idénticos en lo sustancial: dos gigantescas maquinarias de intereses y de marketing disputándose el poder. Sus discursos son esencialmente intercambiables entre sí, de acuerdo con el rol que desempeñen en cada momento, gobierno u oposición.

La forma en que nuestra clase política ha gestionado y nos ha explicado la grave situación en la que nos encontramos ha sido, desde el principio y hasta hoy, una auténtica burla a los ciudadanos.


El ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero primero hizo el cálculo de que estábamos ante otra crisis meramente coyuntural que no se prolongaría mucho en el tiempo. Así que optó sencillamente por negar durante largo tiempo la existencia de la misma. Más tarde, adoptó algunas medidas superficiales, como maniobra de distracción: improvisó una pequeña ayuda fiscal indiscriminada (supuestamente para incentivar el consumo) o un apresurado y mal diseñado plan de obras públicas en los municipios (con el fin de desacelerar la destrucción de empleo). Creyó que, maquillando levemente las cifras, se podría aguantar hasta que el temporal escampase. Su discurso político reiterado era que de la recesión saldríamos sin recortes sociales. Pero ignorar públicamente la realidad y aumentar el déficit con medidas irreflexivas e ineficaces no era, evidentemente, la respuesta adecuada. La crisis se prolongó e intensificó mucho más de lo previsto, la situación de las finanzas públicas llegó a situaciones enormemente complicadas y, finalmente, la Unión Europea y los poderes económicos hicieron que Zapatero asumiera un nuevo planteamiento. Se desdijo de todo lo que había mantenido previamente, para realizar y justificar el que hasta ese momento era el mayor recorte social de la democracia, con subida de impuestos, supresión de algunas ayudas sociales, congelación de pensiones a los jubilados y rebaja del sueldo de los empleados públicos.

Las elecciones generales de noviembre 2011 dieron la victoria al Partido Popular de Mariano Rajoy con mayoría absoluta en el parlamento, pero sin que fuera capaz de generar una esperanza real. El resultado se debió mucho más al hundimiento del PSOE, al hartazgo ciudadano ante la falta de respuestas a una situación económica que se agravaba cada día, que a los méritos del ganador. Ya en el gobierno, enseguida se comprobó que el PP también había hecho un análisis falaz, al suponer que el mero anuncio de una serie de reformas y el propio relevo gubernamental despejarían las dudas en los países dominantes del continente, en los burócratas europeos, en los mercados y en los inversores. No ha sido así y, en pocos meses, prácticamente no queda ya una sola promesa destacada del programa electoral del PP que no haya sido flagrantemente incumplida. Las decisiones se están centrando, cómo no, en recortar de forma importante derechos laborales, en aumentar impuestos, en congelar salarios y prestaciones públicas… Pero nada que afecte (ni siquiera simbólicamente, por una cuestión de elemental ejemplaridad) a la reducción de los privilegios de la casta política, al derroche y la irracionalidad de las estructuras burocráticas que padecemos, o a los intereses de los grupos económicos poderosos.

Unos y otros, PP y PSOE, los mismos a los que no se les ha movido ni una pestaña viendo que millones de españoles se quedaban sin empleo, los mismos que contemplan impasiblemente como siguen cayendo miles de pequeñas y medidas empresas, los mismos que hasta hoy no han sido capaces de implementar una sola medida de apoyo a los emprendedores de verdad, corren sin embargo en auxilio de la banca cada vez que ésta lo precisa… O se acuerdan de enarbolar la bandera de un fingido patriotismo cuando toca defender los intereses de una multinacional petrolera, algo que les resultará sin duda conocido a nuestros hermanos argentinos.

Un día se nos intenta convencer de que es inevitable afrontar recortes incluso en la sanidad y la educación públicas para así ahorrar 10.000 millones de euros. Al día siguiente no se duda en anunciar que se inyectará el doble de esa cifra a una gran entidad financiera, Bankia.

Uno de los episodios más sangrantes en España, y del que recientemente estamos viendo los resultados, ha sido el de las Cajas de Ahorros. Nacidas como iniciativa social sin ánimo de lucro, eran entidades financieras que gestionaban el ahorro, sobre todo de particulares y pequeñas empresas, y que reinvertían obligatoriamente su beneficio en la llamada Obra Social en su ámbito territorial: salas de arte, proyectos universitarios, restauración del patrimonio histórico, centros culturales, residencias para mayores… Durante años, los políticos fueron tejiendo una legislación que les permitió ir copando sus órganos de representación, en detrimento de las entidades fundadoras y de los propios ahorradores. Las pusieron al servicio de los proyectos políticos que les interesaban, e incluso de su propia financiación, con créditos a su favor en condiciones privilegiadas y hasta frecuentemente luego condonados. A la vez que en muchos casos han terminado conduciéndolas a la ruina, los ejecutores de la operación las saqueaban sin pudor cobrando indemnizaciones y pensiones multimillonarias. El sistema de Cajas de Ahorros –un patrimonio social y popular- va a ser desmantelado por completo: primero las van a sanear con dinero público y, a continuación, serán servidas en bandeja a los grandes bancos privados para que las absorban.


Éstas son algunas de las negras pinceladas que definen el panorama que se vive en España: se ha pasado de un cierto bienestar económico medio en los años previos (aun cuando hubiera capas sociales de excluidos) a una situación negativa que afecta a sectores cada vez más amplios de la población. Numerosas familias son desahuciadas de sus viviendas por no poder pagar los préstamos. Otras han agotado el plazo máximo de la prestación por desempleo y ya no ingresan nada. Otras muchas han visto como se precarizan sus condiciones laborales. Jóvenes que no ven perspectiva de acceder a su primer trabajo, contemplan el futuro con justificado desaliento. Los crecientes sacrificios que se exigen sin respiro a la ciudadanía están recayendo sobre las mismas espaldas. Los políticos hablan todos los días y a todas horas del rescate a los bancos pero nadie se está ocupando de cómo rescatar a las personas.

Y, en medio de la incertidumbre, la mayoría de los españoles tenemos la sensación de que estamos pagando una crisis que no hemos provocado, mientras contemplamos la absoluta impunidad –cuando no la desvergüenza- de los verdaderos culpables.

5 comentarios:

j.p. dijo...

buen resumen carlos

falta comentar la falta de reaccion de los ciudadanos

Carlos J. Galán dijo...

Gracias, J.P.
Bueno, yo no hablaría de falta de reacción, sino de reacción insuficiente. Hay un descontento claro, pero no se acaba de vertebrar. Entre otras cosas porque no tenemos cauces naturales: la gente desconfía de los grandes sindicatos. Pero hay muchas personas que sí se están moviendo y diciendo y haciendo cosas. De hecho, el segundo capítulo de "Desde España" si no hay cambios está previsto que trate del movimiento de los indignados.

Melba Reyes A. dijo...


Lamento tanto esta situación, tengo algunos amigos españoles y sé que sus situaciones son difíciles.

Muchas gracias, Carlos Javier, por tu visita y comentario por el fallecimiento de Vicente Martín Martín

Un abrazo

Carlos J. Galán dijo...

Gracias, Melba. Lo peor es que todo esto no es fruto del azar, son consecuencias de un sistema y una política que sacrifican las personas a la economía. Un abrazo.

Hernan dijo...

Totalmente de acuerdo.

Y sobre S.A.R. Juan Carlos, Qué ?