Declaraciones sobre absentismo laboral en Kilómetro 0 de Telemadrid

Como ya había anunciado en este blog, el pasado 18 de junio tuve ocasión de intervenir -en mi condición de abogado laboralista y de coordinador y coautor del libro La empresa ante las bajas por incapacidad temporal-, en el espacio de análisis y debate Kilómetro 0, que presenta Ana Samboal en la cadena autonómica Telemadrid.

El dirigente de la CEOE José de la Cavada había pronunciado unos días antes unas polémicas declaraciones, cuestionando la duración -en su opinión, excesiva- del permiso por fallecimiento de familiar directo cuando existe desplazamiento (4 días).

Al hilo de estas manifestaciones, el programa abordó algo más genérico: el problema del absentismo laboral en nuestro país. Y tuve ocasión de ofrecer unos muy breves apuntes, como contribución al debate que mantuvieron los invitados: el periodista José María Carrascal, el economista Juan Antonio Maroto y los políticos Antonio González (PP) y Libertad Martínez (IU).
 

 
Las declaraciones de José de la Cavada me parecieron muy desafortunadas. El permiso por fallecimiento de un familiar abarca sólo (salvo que los convenios colectivos lo amplíen) hasta el segundo grado de parentesco (es decir, estamos hablando de que haya fallecido alguien tan cercano como tu padre o tu madre, tu hijo/a, tu hermano/a, tu abuelo/a, tu nieto/a...) y entiendo que no sólo está pensado para el entierro, como algunos parecen creer, sino que toma en consideración una mínima reposición anímica, las gestiones que a veces hay que realizar, etc. Parece un motivo de licencia más que razonable. Otra cuestión distinta es que no estaría de más que el artículo 37.3.b) del Estatuto de los Trabajadores, que establece dos días de permiso con carácter general y cuatro "cuando el trabajador necesite hacer un desplazamiento", hubiera concretado qué entiende por desplazamiento, por una elemental cuestión de seguridad jurídica. No sé si debe otorgarse el mismo tratamiento a un desplazamiento de media hora que a uno de seis horas: es evidente que no es lo mismo hacer Madrid-Getafe que Madrid-Cádiz. Pero, desde luego, este permiso en concreto no constituye un problema relevante en términos de absentismo. Y las declaraciones del dirigente empresarial se percibieron en general como de escasa sensibilidad incluso desde un punto de vista meramente humano.

Tan evidente error de comunicación tuvo, además, un pésimo efecto: eclipsar el acto en el que se pronunciaron tales manifestaciones, conseguir que todos los medios se centraran en esta polémica colateral y anecdótica, y que apenas mereciera atención la propia presentación del II Informe Adecco sobre Absentismo Laboral, un interesante documento en el que colaboran IESE, Garrigues, Fremap y la Universidad Carlos III, y que se ha convertido ya en una referencia ineludible en la materia.
 
Aunque la tasa de absentismo en España se ha reducido, con un 4'3 % sigue estando por encima de la media de la Unión Europea. Entre los países analizados por el informe, España sigue a la cabeza, con 11'4 días perdidos por trabajador y año. Es el equivalente a que casi 800.000 trabajadores no hubieran ido a trabajar ningún día del año, con la repercusión que ellos supone en productividad.
 
En el debate en Kilómetro 0, el alcalde de Boadilla del Monte, Antonio González Terol, alabó la política de la Comunidad de Madrid en este sentido, afirmando que el recorte de las retribuciones durante las bajas laborales supuso, según aseguró, la reincorporación de 2.500 funcionarios al trabajo y una reducción del 40 % de absentismo en esta administración.

Creo que, en efecto, está muy demostrado que los complementos de empresa en situaciones de baja laboral (es decir, el importe adicional que la empresa paga en algunos convenios y sectores para complementar la prestación por incapacidad temporal de la Seguridad Social) han funcionado como un auténtico incentivo al absentismo. Sin embargo, no estoy de acuerdo en que la supresión de los complementos de IT, como única medida aislada y, además, sin discriminación de casos, sea una  decisión adecuada. Sin duda, hay que modularla: no se pueden tratar igual todas las contingencias (lo mismo una enfermedad común que un accidente laboral, por ejemplo), como no se pueden tratar las bajas de corta duración como las de larga duración y todas las dolencias por igual (lo mismo una gripe de cuatro días que un cáncer u otra enfermedad grave). Este tipo de medidas tienen que articularse de forma inteligente y, desde luego, en el marco de planes integrales de lucha contra el absentismo que contemplen otras muchas actuaciones. Si no, me temo que algún político podrá presumir de resultados numéricos sin más, pero posiblemente estemos consiguiendo un efecto perverso: que, en la actual situación, haya personas que, para no ver mermados sus ingresos, se vean obligados por las circunstancias a ir a trabajar estando enfermos. Eso es un despropósito y, en determinadas ocupaciones y responsabilidades laborales, un riesgo grave. Nos estaríamos engañando a nosotros mismos.
 
La lucha contra el absentismo pasa no sólo por redefinir complementos de IT, sino también por otras iniciativas, como dotar de mayor intervención a las Mutuas en estos procesos, establecer mecanismos de control más efectivos y racionales, por mejorar las medidas preventivas, mejorar las actuaciones terapéuticas y de recuperación, o replantearse por completo el tratamiento legal que se da hoy a las enfermedades psíquicas (no lo olvidemos: primera causa en bajas de larga duración y segunda causa en términos absolutos, sobre la que recientemente la psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui escribía un interesante artículo)...

Personalmente, me parece lamentable que la disminución del absentismo que se está registrando se deba más a la crisis económica, al puro y simple miedo a perder un puesto de trabajo o a ver mermados los ingresos económicos, que a la aplicación de planes adecuados.  El debate tendría que ser cómo avanzar hacia un objetivo ambicioso en su alcance pero muy sencillo en su definición: que ningún trabajador que deba estar trabajando esté de baja y que tampoco ningún trabajador que deba estar de baja esté trabajando.

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