El cuatripartito o la profecía autocumplida


If men define situations as real, they are real in their consequences 
(Teorema de Thomas) 

La pequeña grieta que UPyD fue abriendo, modesta y trabajosamente, en el muro de un rocoso bipartidismo contribuyó a que éste acabara resquebrajándose. Una de las manifestaciones de la onda expansiva del 15-M, el fenómeno Podemos, hizo quebrar en las Elecciones Europeas el esquema dominante de dos grandes partidos incuestionables. Y, finalmente, por esa senda abierta, desfila ahora plácidamente Ciudadanos, un partido circunscrito durante años a Cataluña y que había fracasado en sus anteriores intentos de expansión nacional. 

En ese movimiento sísmico, el riesgo de que se colaran fuerzas políticas diferentes, con nuevos usos y nuevas ideas, que pusieran en peligro los pactos de silencio y el reparto del pastel vigentes durante décadas, era evidente. ¿Cómo neutralizarlo? Pues haciendo que la inevitable ruptura del modelo esté controlada y limitada en sus efectos. Rendidos ya a la evidencia -no deseada- de que resulta imposible salvar el bipartidismo, se acepta como mal menor un bipartidismo con ruedines. 

Mejor un bloque de cuatro partidos asentados, que un pluralismo más amplio. Y, por descontado, mucho mejor que un esquema cambiante y abierto, algo ciertamente peligroso para el establishment político y los poderes económicos que lo sostienen. De Podemos se espera que pueda dar apoyo al PSOE cuando le falte la mayoría absoluta y, si es posible, irle domesticando. De Ciudadanos se espera que sea la bisagra por excelencia, que dé apoyo al PP, e incluso al PSOE, cuando les falte esa mayoría, y ni siquiera hace falta domesticarle: viene así ya de serie. 

Pero este nuevo cuatripartito aceptado a regañadientes por el sistema, se enfrentaba a algunos obstáculos menores, dos pequeños competidores a los que había que neutralizar: Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia. Sobre todo este último, una formación ciertamente peligrosa, porque hasta ahora ha hecho lo que ha dicho, porque no ha aceptado las porciones de la tarta que "le tocaban" (ni en Consejos televisivos, ni en el Poder Judicial, ni en ningún otro órgano de aquellos que debieran ser independientes) y porque ha pasado de las palabras a los hechos sentando en el banquillo a corruptos de todos los colores. 


Y para ello, todo el sistema, desde el gobierno hasta los medios de comunicación privados -que, al fin y al cabo, en algunos casos son terminales de los poderes económicos-, no ha dudado incluso en cambiar de facto las reglas del juego vigentes durante casi cuatro décadas.

Siempre, siempre, sin excepción alguna, en la etapa democrática, la información electoral había tenido en cuenta los votos obtenidos en las anteriores elecciones y la representación existente en ese momento. La vigente Ley Electoral adopta ese criterio para todo: reparto de espacios públicos para la propaganda electoral (artículo 55), locales gratuitos para actos (artículo 57), espacios en medios de comunicación públicos (artículos 60 y siguientes)… Y también impone a los medios privados, en el artículo 66.2, obligación de neutralidad informativa y respeto al pluralismo, precepto que en esta ocasión se están saltando abiertamente.  

Por vez primera en cuarenta años, interesa sentar un nuevo criterio que no sea la representatividad actual. Y lo han encontrado: las encuestas. De pronto, ése ese el nuevo baremo que nunca se aplicó pero que ahora nadie parece cuestionar. Jamás ningún partido que no estuviera previamente representado había gozado, ni por asomo, del nivel de proyección y de apoyo mediático que se ha concedido a Podemos y Ciudadanos: ni el CDS en 1982, ni el PRD y la "Operación Roca" en 1986, ni UPyD en 2008 pudieron soñar algo similar...

Pero lo peor no es que se haya incluido a los llamados emergentes, aún extraparlamentarios. Lo escandaloso es la exclusión sistemática y deliberada de partidos que sí tienen representación y que desde el poder se desea que desaparezcan.

Las encuestas son el nuevo paradigma que se utiliza para que, en la foto fija de opciones que se ofrezca al electorado, entren con calzador las dos nuevas patas del modelo, mientras se invisibiliza a los díscolos. Se insiste en presentar sistemáticamente en todo momento las elecciones como una partida que se disputa sólo a cuatro. Como a dos no puede ser, se acepta que sean cuatro como mal menor, pero ni uno más. Y mucho menos si ese uno es un elemento respondón e imprevisible.

Hoy, los debates y la información, hasta en sus más pequeños detalles, están ya plenamente adaptados a ese guión preconcebido de elecciones con sólo cuatro contendientes. ¿De verdad creen que es una simple casualidad?

Pero, ¿y si las encuestas tomadas como criterio no hubieran dado carta de naturaleza a esa pretensión y aparecieran otras opciones? Pues se conjura ese riesgo por el sencillo recurso de no preguntar por las mismas. Metroscopia, por ejemplo, ha reconocido expresamente que en sus sondeos no pregunta por UPyD. Si no se pregunta por ellos, obviamente no salen en las encuestas y se transmite repetidamente a la opinión pública la idea de que no tendrán ninguna representación, de que apoyarles será un "voto desperdiciado". Muchos ciudadanos no elegirán la papeleta de UPyD alegando eso de "yo les votaría, pero como no van a sacar nada…”. En la encuesta del CIS, donde obligadamente tienen que preguntar por ellos, la previsión resultante es que Andrés Herzog sí obtendría escaño por Madrid. Pero en las encuestas cocinadas de los distintos medios, obviamente no aparecerá.

Se nos quiere hacer creer que estos partidos no salen en las encuestas porque la gente no les vota. Y es exactamente al revés: no les votarán si no salen en las encuestas. La gente elige libremente, cierto, pero en la mayor parte de los casos entre aquellas opciones que considera con posibilidades reales de obtener representación. Se nos da a entender también que no se pregunta en las encuestas por estos partidos porque no tienen apoyo, pero esto también es exactamente a la inversa: no pueden recibir apoyo porque ni siquiera se pregunta por ellos.

Profecía autocumplida. Todo bajo control. El guión de un nuevo sistema a cuatro ya está escrito y se cumplirá irremediablemente el 20 de diciembre. A no ser que haya un sector de la ciudadanía que no se resigne a esta descarada manipulación… Un sector que no conciba las elecciones como un concurso donde tienes que acertar quién va a ganar, sino una consulta democrática donde preguntan quién te gustaría a ti que ganara.