Por qué Andrés

El domingo me daré el gustazo de votar a Andrés Herzog. 

Por autenticidad. Porque frente a productos de marketing político, frente a discursos calculados en función de su rentabilidad electoral, Andrés ha hablado con claridad de cosas que me importan. 

Por coherencia. Porque los demás vienen con cargamentos de palabras, pero las mujeres y hombres de UPyD se presentan con hechos. Todos los errores que se les achacan –que son muchos y algunos de ellos muy reales- tienen que ver con haber descuidado su propio interés como partido, con su estrategia, con su comunicación… Pero es significativo que no hay ni un solo reproche sobre incoherencias, incumplimientos o falta de ejemplaridad en su actividad política, cosa que muy pocos -¿acaso alguno?- podrían decir. No he escuchado ninguna crítica de fondo sobre su labor en el parlamento nacional, en el parlamento europeo, en los parlamentos autonómicos de Madrid y Euskadi, en centenares de Ayuntamientos… Porque, allí donde han estando, han trabajado ejemplarmente y de forma congruente con el compromiso asumido con nosotros, los ciudadanos. 

Por ideas. Hay algunas propuestas de UPyD que no comparto y otras muchas sí, como es natural en personas que piensan por sí mismas y no obedecen a un pack ideológico que ya les dan pensado. Digamos que, en líneas generales, yo sería más radical, más “de izquierda”, para entendernos, en lo social. Pero, en lo sustancial, creo necesario que exista una formación progresista que, además, tenga un sentido de proyecto nacional, ése que le falta a la izquierda tradicional de este país, una patología que no se da en la izquierda de ningún otro país de Europa ni de Iberoamérica. 

Por regeneración. Porque ellos fueron quienes abrieron la primera grieta en el bipartidismo que nos asfixiaba. Porque trajeron al debate asuntos de los que nadie hablaba y que llegaron para quedarse: verdadera separación de poderes, reforma constitucional, supresión de diputaciones provinciales, reforma del Senado, transparencia, aforamiento, independencia de órganos reguladores… Y uno importantísimo: la necesitad imperiosa de combatir una corrupción fuertemente enraizada. Tengo memoria y no se me olvida cómo, cuando abrieron sucesivamente cada uno de esos temas, fueron sistemáticamente insultados por ello. Y que hoy, los mismos que les descalificaban, han aceptado que estos debates son inevitables. Y algunos hasta los incluyen sin sonrojo en sus programas. 

Por autodefensa ciudadana. Porque, ante la corrupción que nos empobrece como país, económica y moralmente, salieron del discurso permanente del arrojadizo “y tú más”, del amagar y no dar, del tirarse trastos dialécticos mientras en los hechos se ejercitaba el “hoy por ti, mañana por mí”. Ellos no han tenido nada de qué avergonzarse en materia de corrupción desde que nacieron hasta hoy. Y dieron un paso decisivo: denunciarla y combatirla. Ante la escandalosa dejación de funciones del gobierno y de la fiscalía, ejercieron la acusación popular y sentaron a no pocos corruptos en los banquillos. Andrés ha sido el abogado defensor de los ciudadanos españoles. Sin él y su partido, Rato seguiría siendo un respetable gurú económico y jamás hubiéramos oído hablar de tarjetas black, por citar sólo el caso más relevante de los muchos frente a los que han actuado. Los partidos, incluidos alguno de los emergentes, han criticado esta actuación, que les resulta peligrosa y que nos abre los ojos. Y, por descontado, jamás la han ejercido. Si UPyD no obtiene representación, ¿cómo nos enteraremos de la existencia de esas cloacas? ¿quién sentará en el banquillo a los corruptos? ¿quién evitará que echen encima la manta de un renovado pacto de silencio o apliquen los plazos máximos de instrucción…? Desde luego, los demás no han hecho nunca nada ni remotamente parecido en aquellas instituciones donde han estado. La presencia parlamentaria de UPyD supone una garantía para los españoles decentes. 

Por rebeldía cívica. Porque los poderes políticos y económicos, y sus terminales mediáticas, dictaron la sentencia de muerte civil contra un partido que, con sus errores y aciertos, hizo todo esto y les resultó sumamente peligroso. Todo el guión de estas elecciones ha estado orientado -incluso modificando y vulnerando las reglas del juego democrático vigentes casi cuatro décadas- a predeterminar un escenario a cuatro, como “mal menor” que sustituya al bipartidismo. Unas encuestas cocinadas en las que no se preguntaba siquiera por UPyD han servido para que fuera calando la idea de que no valía la pena "desperdiciar" el voto destinándolo a una formación que previsiblemente no saldría. Y, frente a lo impuesto, frente a lo que quieren los poderosos, frente a los que me dictan los medios, me da la gana no hacerles caso y votar sin taparme la nariz, sin resignarme al “no voto lo que quiero porque como no va a salir…”. No hay ninguna papeleta metida en ninguna urna aún. Y, desde luego, por mí no va a quedar. Voy a votar a quien me apetece, al que han querido silenciar e invisibilizar, al que más incómodo les resulta, al que no han podido domesticar. Y no voy a limitarme a elegir entre las cartas de la baraja que me enseñan los prestidigitadores interesados. 

Un solo diputado de UPyD, Rosa Díez, hizo en cuatro años más que decenas y decenas de diputados de otras formaciones pulsando dócilmente el botón que les ordenaban. Estoy convencido de que un solo diputado de UPyD el domingo hará más por nosotros que decenas y decenas de cargos públicos que, incluso antes de llegar, ya nos han dado amplias muestras de ser sustancialmente más de lo mismo con renovadas marcas. 

Andrés se merece ser diputado. Pero, lo que es más importante, los ciudadanos nos merecemos poder contar con un diputado como Andrés.

1 comentarios:

Mary yañez dijo...

Carlos estoy de acuerdo en muchas cosas que dices, pero bajo mi punto de vista quien ha hecho daño a UPyD ha sido la Sra. Diez. como dice el refrán una retirada a tiempo es una victoria.