Melchor Rodríguez

Hoy, 14 de febrero, se cumple el aniversario de la muerte de Melchor Rodríguez García. Supongo que a la mayor parte de lectores no les sonará ni remotamente este nombre, condenado al olvido por los Hunos y por los Hotros, como diría Unamuno, otra figura que en el mismo período histórico también representó la dignidad de la tercera España en medio de los sectarismos enfrentados con las armas.

Yo no coincido con las ideas políticas de Melchor, pero eso no me impide decir, alto y claro, que el suyo debería ser hoy un nombre conocido, que se enseñase en nuestra historia, que tuviera un reconocimiento general. En la mayor parte de los países sería así, no me cabe duda. Pero nuestra memoria oficial es experta en el olvido de los mejores y en falsear y mitificar la trayectoria de los peores para presentarles como lo que no fueron.

Aquí no tenemos ningún Spielberg que le haga una película, pero este anarquista andaluz salvó en Madrid durante la guerra civil más vidas que Schindler y protagonizó, con arrojo personal, algunos de los contados episodios de dignidad que pueden recordarse en aquel cúmulo de atrocidades cometidas por ambos bandos. Sólo el periodista Alfonso Domingo preparó un interesante proyecto de documental, que sigue inédito, porque para esta otra memoria histórica, me temo que no encontrará fácilmente apoyos. Al menos espero que no tarden en publicarse algunos de los varios libros que, desde distintas perspectivas y géneros, abordan esta figura, incómoda para el discurso dominante, y que me consta andan esperando la decisión de algunas editoriales.

Melchor nació en Triana (Sevilla) en 1893. Quedó pronto huérfano de padre, por lo que se vio obligado a ponerse a trabajar muy joven para paliar la pobreza en la que se desenvolvía su familia. Así, tras estudiar en la escuela del asilo hasta los 13 años, comenzó luego a trabajar como calderero en un taller sevillano. Una de las facetes curiosas de su vida es que probó suerte en el toreo, pero se retiró en 1920.

Ese año llega a Madrid y se vuelca en su trayectoria sindicalista. Inicialmente se había afiliado a CNT, luego estuvo en UGT durante algún período de prohibición de la central anarcosindicalista y volvió al anarquismo, siendo uno de los primeros integrantes de la FAI.

Proclamada la República, desplegó una intensa actividad sindicalista, dirigiendo movilizaciones y huelgas obreras, escribiendo artículos en la prensa anarquista y participando en varios mítines como brillante orador. En ese período ya da muestras de su sentido humanista, cuando en un artículo publicado en 1932, muestra su actitud de crítica hacia el clima de violencia que se vivía y las muertes ocasionadas por la represión.

Tras el estallido de la guerra, los anarquistas colaboran con el gobierno frente a los sublevados y Melchor Rodríguez fue nombrado en otoño responsable de prisiones. Melchor intenta entonces detener las sacas de los centros penitenciarios madrileños, esto es, los traslados y asesinatos masivos de presos que se producían estando el comunista Santiago Carrillo al frente del Consejo de Orden Público y el socialista Ángel Galarza en el Ministerio de la Gobernación. Melchor prohibió terminantemente en lo sucesivo los traslados nocturnos de reclusos, exigiendo su firma y sello para cualquier movimiento de presos, impuso normas a las milicias que operaban en las cárceles y dio pasos para tomar el control efectivo de las mismas. Esta postura firme frente a los asesinatos le valió el choque con los dirigentes y las milicias comunistas y acusaciones de quintacolumnismo. El primer enfrentamiento se saldó con su dimisión a cuatro días de su nombramiento. Pero, tras presiones internacionales y del Tribunal Supremo, el Ministro de Justicia del Gobierno republicano, el anarquista García Oliver, le pidió que retomase el cargo con plenos poderes, por lo que en ese momento volvió reforzado. Carillo fue cesado y Melchor Rodríguez consigue así acabar con el terror en las cárceles e imponer garantías en el trato a los prisioneros de guerra. En este pulso, Melchor había llegado a parar en el puente de Ventas a punta de pistola la última de estas negras expediciones que acababan en las fosas comunes de Paracuellos del Jarama.

Pero no fue ésa la única vez que corrió peligro personal para imponer su autoridad y detener este tipo de crímenes. Tras un duro bombardeo de la aviación franquista sobre la población civil que ocasiona muertos y heridos, una multitud de doscientas personas, entre ellos numerosos milicianos armados, pretende asaltar la cárcel de Alcalá de Henares y matar en venganza a los 1.500 reclusos. Melchor Rodríguez, con riesgo de su propia vida, se pone delante e intenta contener las iras. Se enfrenta a la masa para defender a sus enemigos políticos encarcelados, asegurando que no permitirá un asesinato masivo. Llega a amenazar a los congregados con que, si intentan el asalto, ordenará repartir armas a los presos para que puedan defenderse. Tras horas de tensión, consiguió contener la indignación popular y evitar una matanza. Sus actuaciones le valieron el sobrenombre de El Ángel Rojo.

En marzo de 1937 es relevado de la dirección de prisiones y nombrado concejal del Ayuntamiento de Madrid, cargo en el que se mantiene hasta acabar la guerra. Algunas fuentes señalan que fue designado alcalde (quizá sólo con carácter accidental) por el General Casado ya en la etapa final (aunque he visto que no aparece en los listados de alcaldes en la web del Ayuntamiento) y, tras la derrota, tuvo que entregar el Ayuntamiento madrileño a las fuerzas nacionales.

Como no había huído, fue detenido y procesado por las tropas franquistas. A pesar de los numerosos testimonios que durante el juicio prestaron personas del bando nacional a su favor por su valerosa actuación -Melchor no sólo no intervino en nigún crimen de guerra, sino que los evitó-, fue condenado por el mero hecho de haber participado en la administración republicana, a treinta años de cárcel he leido en algunos sitios y a seis en otros. El caso es que permaneció en prisión cerca de dos años hasta ser finalmente indultado.

Durante los años posteriores, se ganó la vida trabajando como agente de seguros, en medio del respeto general de quienes habían sido sus correligionarios y de quienes habían sido sus adversarios.

Hay testimonios que señalan que nunca renegó de sus ideas y que durante la posguerra trabajó a favor de varios comités clandestinos. Entre la Monarquía, la República y la dictadura franquista, había sufrido en su vida más de treinta detenciones.

Murió el 14 de febrero de 1972. Gentes procedentes de uno y de otro bando, sus compañeros de militancia y aquellos enemigos a los que había salvado la vida, coincidieron aquel día en su entierro, porque no en vano Melchor es un símbolo de reconciliacion. Fue enterrado con un crucifijo y con la bandera rojinegra de la CNT. Se rezó un multitudinario Padrenuestro y cuentan algunos testimonios de la época que al final, algunos falangistas auténticos -es decir, los fieles al pensamiento joseantoniano y opuestos al franquismo- y algunos anarcosindicalistas unieron sus voces cantando en recuerdo de Melchor la vieja canción anarquista Negras Tormentas. Así, con la bella música de la Varsoviana, en plena dictadura, sonaron aquel día en Madrid para Melchor Rodríguez aquellas estrofas: "El bien más preciado es la libertad, / hay que defenderla con fe y valor..."

Más de treinta años después de esa muerte, en la capital de España no hay ni un triste monumento, ni una triste placa, ni un triste hueco en el callejero para quien fue su concejal, que vivió y trabajó toda su vida en la ciudad y que aquí llevó a cabo algunos de sus comportamientos más ejemplares.

Casi coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento, hace unos días, en la noche madrileña, un pequeño grupo de ciudadanos de a pie, españoles anónimos, protagonizaron una modesta acción que tenía el sabor dulce de la clandestinidad y de la libertad. Quisieron que -hasta que alguien se dé cuenta y el SELUR actúe- en una calle de Madrid estuviera algunas horas o algunos días el nombre de Melchor. Por eso, la calle de Fomento, donde se ubicó una de las más sanguinarias checas durante la guerra, pasó a llamarse esa noche calle de Melchor Rodríguez.

Luego dicen que celebraron este gesto humilde y rebelde con unas cañas en una taberna madrileña, brindando por la reconciliación y por la dignidad. A la salida, sintiendo el viento de la noche, me cuentan que les pareció que se había hecho un poquito, sólo un poquito, de justicia histórica.

(Fotografía de Melchor Rodríguez original de Alfonso).

Premio Calidez

Últimamente en la blogosfera se han puesto de moda los premios en cadena. Como es un espacio autogestionario, nos damos los premios nosotros mismos, unos a otros.

La historia consiste en que un bloguero define y pone en marcha un premio y se lo otorga a uno o varios blogs que reúnan los requisitos para ser acreedores al simbólico galardón. Los agraciados a su vez se lo otorgan a otros, y así sucesivamente.

El Premio Calidez, que alguien instituyó hace tiempo, parece que ha cruzado el charco en ambas direcciones. Y algún bloguero se lo ha otorgado ahora a Shikihouse. Muy merecidamente, por cierto.

La autora de ese blog, Shikilla, ha considerado que aquí, en este blog, entre este batiburrillo de ideas, reflexiones, historias y sentimientos, es posible encontrar eso mismo, calidez, y ha otorgado el premio a La nota discordante, explicando sus motivos en una entrada de su bitácora, cosa que la agradezco de corazón.

A mí las cadenas -en todos los sentidos de la palabra- me gustan más bien poco y suelo ignorarlas. Aun a riesgo de sufrir todas esas desgracias que nos suelen vaticinar si las rompemos o de haberme perdido las extraordinarias riquezas que nos prometen cuando las seguimos. Pero estas cadenas de premios al menos no amenazan con nada y no está mal darles continuidad, porque más que premios son en realidad recomendaciones de lectura. Cuando otorgas este Premio Calidez o cualquier otro en realidad no estás haciendo otra cosa que dar a conocer a tus lectores otros blogs que consideras dignos de interés.

Parece ser, por lo que he visto, que hay que colgar en el blog la distinción -hecho queda- y a continuación conceder el premio a otros cuatro o cinco blogs de tu elección, sin ningún orden, y que -por lo que tú sabes- no tengan ya el premio. Así que, reunido conmigo mismo como jurado, he otorgado el Premio Calidez a:

  • El blog de Labana. No es un blog personal, es una página no oficial dedicada a la periodista Mara Torres, de la que ya hablé en una anterior entrada de este blog. ¿Calidez en una web informativa? Pues sí, porque la persona a la que está dedicada transmite esa sensación en lo que hace y porque lo mismo pasa con la webmaster; porque recoge las cosas con naturalidad y no de forma pretenciosa; porque se ha convertido en punto de encuentro de seguidores de un informativo distinto –La 2 Noticias-, de chatines del Hablar por Hablar y de gentes variopintas con un común denominador de sensibilidad.
  • Chez Henar. A veces es desahogo, a veces terapia, a veces páginas de un diario, a veces pensamiento, a veces sentimiento, a veces noticias compartidas, a veces charla de amigos… Muy original el detalle de que cada post tenga incluido el regalo de una o varias obras de arte (una pintura, una foto, una música, un libro…). No es un blog que pretenda abordar temas de interés general, es de tono intimista, muy personal. Pero trasluce una inteligencia, un buen humor y una sensibilidad que hacen muy grata la estancia en esa acogedora casa.
  • A Vuelapluma. Las vivencias y los sueños de alguien que quiere ser escritor. Las andanzas de un inquieto andaluz por Madrid. Atinadas reflexiones vitales de un enamorado de los viajes, de los libros, de la historia y de la vida.
  • Despejado y cálido. Con ese nombre, me lo ponía fácil para lo de la calidez. la bitácora de Alemamá es sencilla: recuerdos, vivencias, escenas, reflexiones… todo contado con naturalidad y con autenticidad. Ahí es nada. Y, además, cada vez que pasas por el sitio, puedes coger un caramelo: los caramelos para el espíritu. Tiene también el complemento de excelentes fotologs paralelos de la misma autora.
  • Y 7 días 7 razones. María habla de vivencias, historias, lugares… y todo lo complementa con unos atractivos diseños gráficos de su creación, que convierten su blog en un lugar muy agradable para recalar.

Espero que a los agraciados no les ponga en ningún compromiso y que lo acepten como un humilde reconocimiento personal a unos sitios donde entro y me encuentro a gusto. Salvo el caso de Javi -A Vuelapluma-, el resto no nos conocemos personalmente y, sin embargo, en esos blogs que cito me encuentro en un ambiente cálido y de tertulia, como si estuviera delante de un café calentito en buena conversación con amigos.

Curso de Derecho Mercantil para no expertos

Siguiendo con la costumbre de dar a conocer en el blog los cursos que imparto, tengo que informar de que el próximo martes 19 de febrero, en el Hotel NH Balboa, tendrá lugar el seminario Derecho Mercantil para no expertos, organizado por la Fundación Confemetal.

Esta jornada la imparto junto con Lorena Salamanca Cuevas, abogada mercantilista del despacho Auxadi Contables y Consultores y, como yo, consultora docente en el Campus Virtual de la Universitat Oberta de Catalunya.

La jornada trata de ofrecer, a quien no se dedica normalmente al ámbito jurídico-mercantil pero necesita tener unas nociones básicas del mismo, una visión general sobre esta materia: tipos de sociedades con sus características y regulación, principales figuras de contratos mercantiles, defensa de la competencia, propiedad industrial, títulos valores, etc., etc.

El programa completo y las condiciones de inscripción pueden consultarse en la web de Fundación Confemetal y para información e inscripciones pueden dirigirse a inscripciones@fundacionconfemetal.es.

Asomándome a la superficie

El otro día anuncié urbi et orbe, sobre todo a los amigos que pudieran aún quedarme, que, después de más de un mes abducido por el trabajo, por fin empezaba a respirar y que iba a volver a intentar recuperar algo de vida social.

- Perdona, ¿quién eres? –fue el primer mensaje que me llegó.
- Me lo temía… -contesté.
- Bien. No moleste más.

No todos mis amigos son así de sarcásticos y hay algunos que me han recordado que son incondicionales aunque yo sea un impresentable.

La Bruja echó mano de la complicidad habitual y sin reproches me acogió como al hijo pródigo: “Vaya, vaya… se te echaba de menos, tendremos que quedar para contarnos…”.

Hay palabras que, después de un forzado exilio de mi vocabulario, han vuelto este último fin de semana a mis conversaciones con los demás: concierto, teatro, cena, cañas, escapada… Qué bien suenan.

Cuando regresé de Costa Rica (tengo pendiente contar aquí ese singular viaje y colgar fotos, no me olvido), sabía que me esperaba un mes duro de trabajo, pero no imaginaba hasta qué punto.

En realidad, alguien dijo que quienes trabajamos por cuenta propia (y añado yo: también quienes trabajan por cuenta ajena pero no tienen a nadie en su empresa que les sustituya) no tenemos vacaciones reales. Lo que hacemos es tomarnos unos días libres, pero haciendo en definitiva el mismo trabajo que si no nos los hubiéramos tomado. Esos días los disfrutamos a costa del sobreesfuerzo de adelantar una parte de nuestras tareas los días previos y de que el resto nos esté esperando a la vuelta.

Para mí, enero es un mes que suele resultar complicado, sobre todo por los cierres fiscales, a lo que en esta ocasión se ha unido una sobrecarga en mis labores jurídicas (demandas, juicios, etc.) y docentes (trabajo de la UOC, modificaciones para una nueva edición de un libro, preparación de material para cursos a distancia de Fundación Confemetal, etc.). Y, como la Ley de Murphy siempre está haciendo de las suyas, pues a la acumulación de trabajo se unen las complicaciones.

Ha sido un mes horrible. Hubo especialmente un día negro en que batí mi propio récord: no dormí y no comí. Sé lo que me dirán algunas personas cercanas y estoy de acuerdo: merecería una buena leche por ello, porque todo eso tarde o temprano te pasa factura. Terminé de trabajar a las 4’30 h. de la madrugada en El Hoyo de Pinares porque surgió una incidencia imprevista que tenía que resolver necesariamente esa noche. Y a las 6’00 h. ya estaba en pie porque había quedado muy pronto en Madrid para otro asunto profesional. Para completar la jornada, me tuvieron colgado al teléfono con unas consultas hasta las 14’30 h. y yo había quedado luego con clientes a partir de las 15’00 h. Sé que esa forma de vida no merece la pena, lo sé de sobra. Pero no encuentro la solución fácil y rápida que me gustaría.

Me decía una vez un amigo que, como en el blog sólo reflejaba la parte agradable, parecía que me pasaba todo el día viajando por Europa, viendo actuaciones de Faemino y Cansado y de Fito y Fitipaldis, y saliendo con amigos/as de cañas. Lamentablemente, no es ésa toda mi realidad, pero claro, no voy a aburrir a la gente contándoles ciertos tostones cotidianos. Se ha notado, eso sí, mi sobrecarga en que después de Reyes sólo escribí en el blog cuatro entradas en enero, y gracias. Llevo ya más en estos días de febrero que en todo el mes anterior.

Durante ese tiempo de agobio, la verdad es que curiosamente Ávila ha acudido en mi ayuda para darme algún pequeño respiro. Tuve que ir varios días, por una convención de Mapfre y por varios juicios y, quieras o no, esa ciudad te cambia el ritmo. Por muy agobiado que estés, al final te impone su propia cadencia. En Madrid haces una gestión y ya tienes que dar por perdida toda la mañana. En Ávila haces una decena de gestiones sin prisas y te sobra tiempo para tomarte una caña y una buena tapa. Vas caminando por sus calles, saboreando ese aire, y no existe la prisa enfermiza de Madrid. Saludas a gente conocida casi de continuo, todo es más cercano, más familiar, para bien y para mal.

Aproveché una de las visitas para ir a ver a mi abuela, a que me invitase a un café y, con sus lúcidos 96 años, me dijo que no soporta la precampaña electoral “con estos políticos que, en vez de ponerse de acuerdo para hacer algunas cosas bien, están todo el día insultándose y desprestigiándose unos a otros”. Y me contó unas cuantas historias curiosas. Algún día tengo que hablarles de ella. Sin duda, aquel café y aquella conversación fueron uno de los ratos que más han merecido la pena en este tiempo para olvidar. Del que espero haber pasado página. Cruzaré los dedos. Los dedos, pero no los brazos: intentaré hacer algo más para que, si es posible, no se repita una situación de agobio tan exagerado.

El nacionalismo vasco ¿contra la Justicia?


En una ocasión me paró un joven por la calle y me dijo que firmase “contra el SIDA”. Yo le dije: “¿contra el SIDA? ¿Y a quién le vais a presentar las firmas, al virus?”.

No, no soy un borde ni un insensible. Cuando eché un vistazo a la hoja que me extendía, claramente vi que estaba ante el típico caso en el que se utiliza un reclamo de tipo humanitario para conseguir datos personales –nombres y apellidos, DNI y firmas- que luego serán posiblemente utilizados para otros fines.

Pero la pregunta que le hice, en realidad, tenía mucho sentido. Si uno pide firmas para que haya más investigación sobre el SIDA, o para que haya más medios en la atención a los afectados, o para que se realicen más campañas divulgativas… la iniciativa tiene su lógica, hay unas peticiones concretas y unos responsables que pueden ser destinatarios de las mismas. Pero si uno pide firmas directamente contra una enfermedad, ¿cuál es el objetivo que persigue esta iniciativa? ¿a quién se dirige? Porque puede ser tan absurdo como recoger firmas contra los terremotos.

Me acordaba yo de este razonamiento al ver la manifestación convocada por el Partido Nacionalista Vasco, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua-Izquierda Unida en Bilbao contra la sentencia condenatoria a Juan María Atutxa, Gorka Knorr y Kontxi Bilbao por incumplir una orden judicial.

No voy a entrar en la discusión sobre el fallo de la sentencia. En mi opinión, no es injusto. Pero puedo entender perfectamente que a ellos se lo parezca. Bien, prescindiendo de ese debate, les preguntaría: ¿y ahora qué? ¿qué quieren que hagamos?

Yo soy profesional del Derecho. En muchas ocasiones afortunadamente me encuentro sentencias que me satisfacen. Pero también me pasa algunas veces, como a los manifestantes del PNV, EA y EB, que me encuentro con sentencias que no me gustan ni un pelo, que me parecen profundamente injustas y que discutiría hasta la saciedad. Y si les contase algún caso concreto, incluso muchos lectores de este blog seguramente me darían la razón indignados y podríamos montar una manifestación. Pero, descuiden, no lo haremos.

El Estado de Derecho funciona así y, aun cuando sea imperfecto como obra humana, no hay otra forma más razonable de organizar el sistema de aplicación de la ley. Acato las sentencias, cuando me dan la razón y cuando no me la dan, cuando me parecen jurídicamente bien fundamentadas y cuando me parecen de mala calidad.

Prácticamente siempre que hay un juicio encontramos, casi por definición, posturas enfrentadas. Visiones antagónicas que no han podido conciliarse y que, precisamente por eso mismo, llegan a un Juzgado buscando solución. Cada uno piensa que tiene razón y que el otro no la tiene, y cada parte lo argumenta razonablemente. ¿Cómo se resuelve esa situación? Pues, cuando los interesados no se ponen de acuerdo, todos los Estados de Derecho han establecido sistemas similares: un tercero, o varios, generalmente profesionales, que tienen que ser neutrales y que se suponen independientes, tienen la facultad de decidir. Dictan una resolución que obliga a ambas partes, a la que gana y a la que pierde, a la beneficiada y a la perjudicada.

Eso, o restablecemos el duelo a espada. Ustedes dirán. De verdad, ¿a alguien se le ocurre otro sistema civilizado de resolución de conflictos que no sea la de unos jueces profesionales e independientes que interpreten y apliquen la ley? Sus decisiones resultarán más o menos acertadas, más o menos discutibles, pero es una fórmula sensata de afrontar estas situaciones de conflicto, de discrepancias en la aplicación de la norma. Imperfecta, sin duda, pero la más adecuada que se ha encontrado en todo el mundo.

El concepto de que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley –ya sean nacionalistas vascos o no, ya sean diputados autonómicos o no- sin distinción de clases, ideologías, condición social, sexo, procedencia… y que puedan acudir al amparo de un juez independiente es un avance social, a mi modo de ver incuestionable. Aunque ese juez no nos dé esa razón que nosotros creemos tener.

Por eso, vuelvo a la pregunta. A estos señores les parece injusta la sentencia que el Tribunal Supremo –es decir, varios jueces con experiencia y amplia trayectoria que están en la cúspide de la organización judicial- ha dictado, condenándoles por desobediencia. De acuerdo, pero ¿qué es lo que piden entonces? ¿Que los nacionalistas vascos no puedan nunca ser condenados por un tribunal? ¿Que no estén sometidos a la ley como el resto de ciudadanos? ¿Que los jueces siempre les den la razón a ellos y así nunca pueda haber una sentencia que subjetivamente se les antoje injusta? ¿Que estén obligados a dictar la resolución que a ellos les parezca bien y no la que fundamente consideren los propios jueces que es la más acertada? ¿Qué hacemos, pues, para satisfacerles? ¿Desmontamos el Estado de Derecho, desmontamos el sistema judicial? No me digan que la sentencia es muy injusta: no lo comparto pero lo respeto. Díganme, una vez dictada en un proceso con garantías y en aplicación de una ley, qué quieren ahora que hagamos con ella. ¿No la damos cumplimiento? ¿Establecemos un privilegio especial de impunidad si el procesado es del PNV, de EA o de EB?

¿Que les parece mal una resolución judicial? Bien, están en su derecho, a mí también me pasa con otras. ¿Qué muestran su desagrado manifestándose? Pues, entonces, como en el caso del señor de las firmas “contra el SIDA”, habría que preguntarles contra qué o contra quién va dirigida esa movilización, qué objetivos persigue, qué soluciones propone. Me gustaría que estos señores, apeándose por un momento del victimismo que explotan hasta el aburrimiento, explicaran a la ciudadanía qué plantean, qué diablos pretenden que hagamos cada vez que a ellos no les gusten las sentencias judiciales.

Seguridad en los aeropuertos

Lo de la seguridad en los aeropuertos cada día es más arbitrario.

Yo antes sacaba el líquido de las lentillas y lo ponía en una bolsita de plástico cerrada, según las normas que dan, hasta que me di cuenta de que en realidad no lo miran, es un auténtico paripé.

Por otro lado, siempre tenía la idea de que, una vez pasado el control, ya podías comprar líquidos. Vamos, una botellita de agua mineral que es lo único que yo compro, no comparto hábitos con Melendi. Pero, viniendo de Costa Rica, descubrí que esa norma, la de la admisión de líquidos comprados en las tiendas tras al control de seguridad, sólo es aplicable cuando el aeropuerto de origen es de la Unión Europea. Si vienes a España pero el aeropuerto de procedencia no es de la UE, como era el caso, no puedes subir a bordo absolutamente ningún líquido. Teniendo en cuenta que, además, no estaba advertido en lugar alguno, me hicieron abrir el equipaje de mano antes de subir al avión y tuve que dejar allí la botella. Otro atento vigilante, mientras tanto, estaba ocupado en desinflarle la pelota a un niño, otra peligrosa arma.

Aquello nos sirvió para que echásemos unas risas especulando sobre qué rayos pensará esta gente que puedes hacer con una botella de agua. ¿Se imaginan?

Te acercas al comandante y le aterrorizas:

- O desvías ahora mismo el rumbo del avión o te mojo.

Es una amenaza paralizante:

- Venga, ya estás estrellándote contra esas torres de ahí o te pongo como una sopa, chaval.
Parece ser que temen que sea un explosivo líquido, pero supongo que bastaría con que te hicieran probarlo o algo así, ¿no?

¿Ustedes han leído los folletos de Aena sobre lo que no puede llevarse en un avión? Son fantásticos. Escuchen este fragmento de monólogo de Luismi en Paramount Comedy:

Concurso de logos y carteles

La asociación Escuela de Música de mi pueblo, El Hoyo de Pinares (Ávila), cumple en 2008 veinte años de existencia y, para conmemorarlo, ha convocado un concurso de logotipos para la propia Escuela y de cartel para esta celebración.


Desde hace dos décadas, esta asociación local, que gestiona, con apoyo económico municipal, la Escuela de Música y la Banda de Música, viene haciendo una excelente labor cultural y educativa entre los jóvenes del pueblo. La banda ameniza con brillantez todas las ocasiones festivas, ofrece conciertos en otras localidades y de ella ya han salido en este tiempo incluso varios profesionales de la música.

Si entre quienes recalen en este blog hay alguna persona que tenga habilidad para el dibujo, la fotografía, el diseño, etc., y se anime a participar, hay unos premios en metálico que no son muy grandes (por la modestia de recursos de esta entidad), pero sobre todo yo creo que puede ganar una satisfacción: la de haber colaborado con una obra muy loable. Buena gente y buena labor, lo puedo asegurar.

Las bases íntegras se pueden consultar en las webs locales de El Hoyo de Pinares, como es el caso de la publicación digital El Mirador de la Sierra o la web de información local de FA.

(Fotografía: Bandas de Música de El Hoyo de Pinares -Ávila- y Galapagar -Madrid- tras un concierto conjunto, original de Manuel Tabasco, corresponsal de Diario de Ávila).

Unos gritos en el metro

Yo iba en el metro, de pie, leyendo, cuando me sobresaltaron las voces de un niño. Me asomé a ver si le ocurría algo y vi un grupo de menores discapacitados psíquicos, junto con quienes supongo eran sus educadores.

El niño, sentado en el suelo, no dejaba de gritar frases poco inteligibles. A su lado, de pie, una chica joven se comportaba con indiferencia, como si no le oyera. Y doy fe de que era imposible no oírle, ni siquiera a la distancia a la que yo me encontraba, cuanto más estando justamente al lado.

Todos los viajeros estábamos ya contemplando la escena.

Al cabo de un rato, una señora reclama la atención del vociferante pequeño desde enfrente de mí:
- Ven, mira lo que te doy –le dice enseñándole alguna golosina.
- No, señora, no le dé nada, por favor –la corta la chica.

Los gritos del niño son molestos y difícilmente soportables. Pero, junto a él, la monitora que le acompaña sigue impasible, mientras escribe con parsimonia en un cuaderno.

El niño la llama. Ella se agacha solícita, en actitud de escucharle. Él le grita y ella nuevamente finge no poder oírle:

- Es que si chillas no te oigo. Si me hablas bien sí.

Como no cesa de gritar, la chica se incorpora de nuevo y vuelve a enfrascarse en su cuaderno.

Ella, sin un mal gesto, mantiene una paciencia rayana en lo imposible, porque les aseguro que dan ganas de hacer lo que sea con tal de que se calle.

En realidad, eso, lo fácil, lo que nuestra sociedad emplea como respuesta ante tantas cosas, es lo que quiso hacer la señora que pretendía comprar su silencio con una chuchería. Pero esa respuesta a corto plazo luego no sirve, no educa, es contraproducente. La escena me parece la metáfora de tantas cosas que vivimos…

Se suceden varios intentos en los que la chica intenta que el pequeño le hable con un tono adecuado. Él no la comprende y persiste en vocear, y ella vuelve a ignorarle. Siguen resonando los gritos en todo el metro.

Al final, ella termina lo que estaba escribiendo -quizá también dibujando-, se agacha y, con una mezcla de firmeza y de cariño, le pide que lo lea. El niño coge el cuaderno y poco a poco va descifrando el mensaje que didácticamente se esfuerza en transmitirle su acompañante.

Se ha hecho el silencio. Vuelvo a levantar la mirada de mi libro. El niño ya no tiene el cuaderno en sus manos. La chica se ha vuelto a poner de pie. El muchacho, sentado, mirando hacia un lado, como queriendo asimilarlo y convencerse, está diciéndose a sí mismo, ya sin voces ni aspavientos:

- Si David grita, Bea se enfada y no hay beso. Si David no grita, entonces Bea está contenta.

Sonrío. Me bajo del metro lentamente, conmovido por ese alarde de saber hacer, por la paciencia, por la ternura. A mis espaldas ya no hay gritos. Ahora sólo se escucha una voz tenue que sigue repitiendo:

- Si David no grita, Bea está contenta…

Ella le mira y asiente.

A este tipo de gente le cae bien la expresión que empleé en Por ti misma: son mis sencillos héroes cotidianos.

Supongo que nunca leerás esto pero, dondequiera que estés, va por ti, Bea.

(Fotografía: DSCN8731, de Sideshowmom, procedente del Banco de imágenes gratuitas MorgueFile.com).

Cristina me da como caso perdido

- ¿Te vas a quedar a dormir en nuestra casa en Reyes?
- Sí.
- ¿Vas a venir con X [nombre de chica]?
- No, yo solo.
- ¿Tú no tienes novia?
- No -le digo.
- Pues hazte una.

El padre, Mario, que escucha la conversación, interviene para apoyar esa lógica tan aplastante de su hija de siete años:

- A ver, Galán, "hazte" una.
- Claro, claro...

Yo sigo el juego con Cris:

- Pues a ver, dime tú una que creas que me vaya bien como novia...
- Tere.
- Ésa no puede ser, la Tere que tú conoces es mi hermana. Y además es novia de Burgui, con el que jugabas una vez a hacer el gato.
- Pues entonces no sé.
- Piensa a ver. Una que conozcas y que te guste para mí: no sé, a lo mejor alguna chica de las que trabajan en la oficina con tu padre, alguna vecina tuya, o una madre de niños de tu cole que sea maja...

Se queda un rato pensativa, pero enseguida me da por imposible. Mira a su padre y reclama ayuda para quedar liberada de tan titánica tarea:

- Joooooo, papá, que se la busque él...
- Jajajajajaja, di que sí, hija, que se la busque él.

(Fotografía de Mario Marín).

Lo del himno (y II). Música y letras


En España el Himno Nacional, uno de los más antiguos del continente, es la Marcha Real o Marcha Granadera.

Los antecedentes más remotos de la música del himno son controvertidos. Circula una teoría que sostiene que procede de una música andalusí compuesta por el filósofo y músico árabe Avempace, la Nuba al-Istihal.

En la década de los ochenta se descubrió en un archivo veneciano una partitura que podría ser la fuente original de la obra, una llamada, al parecer del siglo XVI, y que se dice que habría sido un regalo del rey prusiano Federico Guillermo I a su sobrina María Amalia de Sajonia con ocasión de contraer matrimonio con el Rey español Carlos III (en aquella época también Rey de Nápoles).

Lo que sí está contrastado es que la Marcha de Granaderos, de autor desconocido, figura en el Libro de Ordenanza de los Toques Militares de la Infantería Española, de Manuel Espinosa de los Monteros (1761). Fue precisamente el Rey Carlos III quien la declaró marcha de honor el 3 de septiembre de 1770.

Pronto la Marcha de Granaderos sería conocida como Marcha Real, al interpretarse en los actos solemnes a los que asistían los reyes. Pero, sobre todo, a partir de ese momento iría ganando presencia e interpretándose en festividades civiles e incluso religiosas, por lo que fue el propio sentir popular el que identificó esa marcha de honor, de facto, como himno nacional.

En la web de Moncloa recuerdan que, en 1870, el General Prim convocó un concurso para elegir un himno. Finalmente, el jurado lo declaró desierto por entender que ninguna de las composiciones presentadas superaba en calidad a la Marcha Granadera y aconsejó mantenerla como himno nacional.

En 1908, se estableció realmente su oficialidad como himno –algo que popularmente, como digo, ya estaba reconocido en la práctica- y se fijó la partitura de Bartolomé Pérez Casas, por la creo que el Estado estuvo pagando derechos de autor hasta no hace muchos años.

Por tanto, el actual himno lo ha sido, de forma oficiosa u oficial, según los períodos, pero ininterrumpidamente, con el único paréntesis de la II República. Excepto el Himno de Riego y la Marcha Real, España no ha tenido otro himno nacional.

Si no me equivoco, me parece que la Constitución no recoge nada respecto al Himno (sí respecto a bandera, capitalidad y lenguas oficiales, pero no en cuando a escudo ni himno), por lo que en realidad siguió vigente el Decreto franquista que lo restableció en 1942. No fue hasta 1997 cuando se dictó un nuevo Decreto desarrollando la reglamentación del Himno Nacional.

Se fijaron entonces nuevos arreglos, obra de Francisco Grau Vergara, Director de la Unidad de Música de la Guardia Real, que en 1998 cedió gratuitamente todos sus derechos al Estado. El himno nacional tiene dos versiones, la extensa y la abreviada, y se utiliza una u otra dependiendo de la ocasión y el acto de que se trate.

Oficialmente el himno español sólo ha tenido música, pero ha habido diversos intentos de dotarla de letra antes del más reciente del COE y que motiva este comentario.

La mayor parte de los himnos nacionales tienen letra, en eso el caso español es una excepción. De ahí que hayan surgido a lo largo de la historia varias iniciativas para poner letra a la Marcha Real. En las hemerotecas hay decenas de propuestas, la mayoría hoy olvidadas.

Quizá la más antigua sea la de Ventura de la Vega en 1843. También los carlistas tuvieron su propia versión, con párrafos belicosos incluidos, supongo que dirigidos contra los isabelinos y alfonsinistas.

Pero las más difundidas fueron, sin duda, las de Marquina y las de Pemán.

En 1909 el escritor Eduardo Marquina escribió una letra, que tuvo cierta aceptación en época de Alfonso XIII:

Gloria, gloria,
corona de la Patria,
soberana luz
que es oro en tu pendón.

Vida, vida,
futuro de la Patria,
que en tus ojos es
abierto corazón.

Púrpura y oro:
bandera inmortal;
en tus colores, juntas,
carne y alma están.

Púrpura y oro:
querer y lograr;
Tú eres, bandera,
el signo del humano afán.

(En el archivo de noticias del diario El Mundo puede escucharse el Himno Nacional con letra de Marquina).

Por encargo del dictador Miguel Primo de Rivera, el escritor gaditano José María Pemán escribió una nueva letra, posiblemente la más conocida hasta ahora:

Viva España,
alzad la frente
hijos del pueblo español
que vuelve a resurgir.

Gloria a la patria
que supo seguir
sobre el azul del mar
el caminar del sol.

Triunfa España,
los yunques y las ruedas
canten al compás
un nuevo himno de fe.

Juntos con ellos
cantemos de pie
la vida nueva y fuerte
de trabajo y paz.

Aunque en ningún momento adquirió oficialidad, durante el franquismo, se utilizó mucho esta versión de Pemán, aunque con algunas variaciones propias del momento, como que el alzad la frente se convirtió en alzad los brazos.

(También puede escucharse en la web de El Mundo el Himno cantado con el texto de Pemán).

Después de la transición política, la letra de José María Pemán cayó en completo desuso y, aunque realmente era anterior, quedó muy marcada por su identificación con el régimen de Franco.

El año pasado, el Comité Olímpico Español puso en marcha una nueva iniciativa para dotar de letra –esta vez oficial- al himno. Para ello convocó junto con la Sociedad General de Autores un concurso abierto. Una vez elegida y presentada una letra, la idea era recoger las firmas necesarias para llevarla al parlamento como Iniciativa Legislativa Popular y que así no fuera iniciativa de ningún gobierno ni ningún partido concreto.

La letra finalmente seleccionada, de la que era autor Paulino Cubero fue ésta:

Viva España,
cantemos todos juntos
con distinta voz
y un solo corazón

Viva España,
desde los verdes valles
al inmenso mar,
un himno de hermandad

Ama a la patria,
pues sabe abrazar,
bajo su cielo azul,
pueblos en libertad.

Gloria a los hijos
que a la Historia dan
justicia y grandeza
democracia y paz.

La letra tiene la virtud de que su contenido no resulta controvertido: no reviste tono guerrero, no es excesivamente rimbombante, apela a valores que pueden ser universalmente reconocidos como la libertad, la justicia, la paz, la democracia... Por lo demás, contiene algunos aciertos, a mi juicio, como recoger la idea de la unidad y la pluralidad de España (distinta voz y un solo corazón, sabe abrazar pueblos, etc).

No creo que, en ese sentido, tuviera nada que envidiar a las letras de himnos nacionales de otros países (Francia, Estados Unidos, Reino Unido, etc.) ni, por descontado, a las del Himno de Riego, ni a las de algunos himnos de comunidades autónomas (como Els Segadors), más bien lo contrario, porque jugábamos con la ventaja de escribirla hoy y no heredar un texto lleno de sangrientas hazañas guerreras.

Quizá podría haberse evitado lo de los hijos. Yo no soy de los que creen que hay que hablar de esa forma tan estúpida que pretenden imponer algunos políticos y algunas feministas: “Estamos todos y todas aquí juntos y juntas y muy contentos y muy contentas por poder celebrar esta fiesta...”. Aparte de un uso horrible desde un punto de vista lingüístico, me parece una memez. Creo que en castellano el género neutro, aunque coincida en forma con el masculino, incluye también lo femenino. Pero es verdad, que en aras a evitar discusiones estériles, a veces puede eludirse el uso de ese tipo de formas y en este caso, resulta que la patria abraza a los hijos y alguien se preguntará si no debería abrazar también a las hijas.

Por otra parte, el imperativo de ama a la patria resulta hoy arcaico; sería muy deseable, pero no se puede exigir ni imponer el amor a nadie ni a nada.

Sin embargo, más allá del fondo, casi todas las críticas se han centrado en la forma. Prácticamente todos los que opinaron coincidían en que resultaba un tanto pobre desde el punto de vista literario. La letra era más bien simplona, tópica en la elección de adjetivos –verdes valles, inmenso mar, cielo azul…- y prosaica hasta en los verbos -dan…-

Tenía, por otro lado, varias coincidencias con la escrita por José María Pemán. Parecía un intento de actualización de la misma, pero de mucha peor calidad: se mantiene el Viva España inicial, aparecen los hijos de la patria, aparece el mar, se incluye la apelación a cantar el himno que antes era de fe y ahora de hermandad

Finalmente, ante la controversia creada, el propio COE decidió descartar la letra y aparcar, al menos temporalmente, el proyecto.

A mí, en principio, no me parece imprescindible que el himno tenga letra. Más bien me resulta indiferente. Si no la tiene, pues lo escucharé en silencio como hasta ahora. Y si la tiene y se tercia, pues supongo que la cantaré bajito (canto mal).

Yo creo que las cosas, para que tengan cierta calidad, tienen que hacerlas los que saben hacerlas, aunque quien las encarga fije pautas. Es decir, pienso que, cuando se requiere cierto nivel, la publicidad la tienen que hacer los publicistas, los dibujos los dibujantes, los proyectos de edificios los arquitectos, la música los músicos… En un himno, debe ser el Estado o el organismo promotor el que establezca criterios y luego cualquiera de los excelentes literatos con que cuenta España –con la participación, si se quiere, de profesionales de la historia, de la música, etc.- quien escriba una letra.

Hay un antecedente cuando menos interesante. Durante el mandato de Aznar, una comisión formada por el poeta madrileño Luis Alberto de Cuenca (entonces Secretario de Estado de Cultura), el catedrático de filología y escritor vasco Jon Juaristi, el poeta andaluz Abelardo Linares y el poeta gallego Ramiro Fonte, escribió una letra por encargo del gobierno. Sin embargo, la propuesta final quedó también aparcada, al parecer porque la tensión PP-PSOE hizo que el gobierno desistiera de su pretensión inicial. La letra era:

Canta, España,
y al viento de los pueblos
lanza tu cantar:
hora es de recordar

que alas de lino
te abrieron camino
de un confín al otro
del inmenso mar.

Patria mía,
que guardas la alegría
de la antigua edad:
florezca en tu heredad,

al sol de Europa
alzada la copa,
el árbol sagrado
de la Libertad.

A mí me pareció muy lograda, con muchos aspectos positivos. Primero, como muy bien detalló Juaristi en un artículo en ABC, recogía el eco de algunos elementos de la tradición literaria española: el viento del pueblo de Miguel Hernández, el camino de Machado, el confín y el mar de Espronceda… También, reflejaba, de alguna forma, las dos vocaciones de España: la europea expresamente al final, e indirectamente la iberoamericana, al evocar la proyección universal al otro lado del océano. Evitaba cualquier acento bélico. Y terminaba utilizando la imagen del árbol (que evoca arraigo, fuerza, etc., y que yo creo que también está presente en nuestra literatura, con el olivo, el roble, el ciprés, el olmo…, e incluso en nuestra historia política, con el fuerte simbolismo del árbol de Guernica) para apelar al valor de la libertad.

Como defecto, podría pensarse que precisamente esa densidad literaria e histórica quizá la hiciera poco comprensible para mucha gente. Un himno tiene que tener calidad, pero es cierto que también tiene que ser popular. Y tal vez esta letra resultase algo complicada de memorizar y de sentir para muchas personas.

Respecto a propuestas recientes, no se han comentado mucho, pero a mí me resultaban cuando menos sugestivas las que hizo Joaquín Sabina. Como decía Cela, España no da para tener dos ideas de la misma persona y, como tenemos el concepto del Sabina cantautor, nos olvidamos de que es también un notable escritor. Por otro lado, Sabina, persona que quiere a España como herencia cultural y como proyecto de convivencia futura, no habría podido ser identificado sin embargo con ningún tipo de patriotería rancia.

No me parecen redondas ni definitivas –él mismo reconocía ofrecía varios borradores alternativos y los llamaba anteproyectos-, pero insisto en que tienen elementos interesantes y acertados. Sobre todo, porque conseguía completar las habituales referencias a la historia con una invocación al futuro: hijos del ayer, / hay tanto por hacer.

El final de una de sus propuestas incluía la evocación de la España geográfica, de España como paisaje –en esto coincidía con Pemán y Cubero-, jugaba con el doble sentido de la palabra sol pero, sobre todo, terminaba con un hermoso reto:

Alta montaña
con puerto de mar,
clave de sol, España,
atrévete a soñar.

Esto sí me hubiera gustado cantarlo, me da igual en un acto oficial, en un partido de fútbol, en un homenaje a las víctimas del terrorismo o en las fiestas de cualquier pueblo de nuestra geografía. Pero sería bonito que los españoles, cantando unidos, nos dijésemos a nosotros mismos eso: atrévete a soñar.