Memoria del paraíso

Encontró en sus ojos la misma obstinación por crecer, la misma hambre de vivir. En su guarida, los mismos libros subrayados, las mismas inquietudes. En sus palabras, la misma rebeldía insobornable.

Tuvieron noches de luna y cervezas, de largas conversaciones. Rieron, rieron, rieron. Acarició su pelo, besó sus labios, juntaron sus cuerpos. Y a menudo se les hizo de día con los ojos abiertos.

Soñó en silencio con compartir la isla utópica que ella iba inventando, los inciertos caminos, el riesgo de la aventura y el calor amigo de su hoguera india.

Pero sólo estaba permitido vivir el momento, prohibido asomarse al mañana. Era fácil olvidar esta norma no escrita, tanto como difícil imaginar un futuro sin ella.

Y ella fue quien lo expulsó, mientras apartaba su mirada. Jamás pensó escuchar esa orden de su boca, pero no le sorprendieron los motivos que no dijo. Hacía ya tiempo que en aquel paraíso no quedaba sitio para él.

Había mordido la manzana, claro, pero ésa no era la causa. Si lo fuera, no importarían entonces la herida ni el destierro: por nada ni nadie hubiera renunciado a aquel intenso y jugoso bocado de vida.

(Fotografía del autor: Muchacha en el Café de los Poetas. Buenos Aires, marzo 2010).

13 comentarios:

Anónimo dijo...

URGENTE.COMIDA EN MAMMA JU.

susana dijo...

Carlos, precioso texto y preciosa foto.

Henar dijo...

¿ostrás?

j.p. dijo...

me ha gustado lo que escribes, y muy bonita la foto.
una curiosidad se dio cuenta cuando se la hiciste?

Anónimo dijo...

Madre mía!!!!!!!!!!!

maría dijo...

Si sólo estaba permitido vivir el momento, eso gusto es lo que hay que vivir: el momento.

A veces nos empeñamos en que tenemos que vivir el todo, y no nos damos cuenta la apasionante que es vivir la parte.

Muy bonita foto Carlos.

Besazo

laura dijo...

Aunque había leido otras cosas tuyas, nunca había comentado en el blog, pero este texto me ha fascinado. No sé si el relato es puramente de ficción o tiene que ver con tu vida personal, pero de verdad que me encanta cada linea. Y la foto también es fantástica. Un saludo.

Anónimo dijo...

Cuando se siente de esta forma la pasión, uno casi, casi puede morir tranquilo, pensando que ha conocido algo que por desgracia no todo el mundo tiene la suerte de conocer.

Qué bonito!, y encima yo soy tan romántica: qué me viene al pelo...

saludos

anónimo3

Fernando Solera dijo...

Por algo los regalos también se llaman presentes. Si supiéramos que vamos a morir mañana, seguramente viviríamos nuestras últimas horas de manera diferente; sin embargo malgastamos la vida creyendo que va a ser infinita, cuando no es así. Por cierto, Carlos, el texto me ha parecido sublime.

Sil dijo...

Hoy he estado en la feria del libro, he comprado varios ejemplares, entre otros, uno de Carlos Fuentes, que he forrado, personalizado y mimado durante un rato. Después lo he colocado en mi mesilla de noche. Me encantaría que, alguna vez, descansara en esa mesilla, uno que escribiese Carlos Javier Galán.Un beso.

Montse dijo...

Precioso texto, Carlos. Si tienes muchos así, te prometo que el día que publiques tu libro yo lo tendré en mi mesilla.
Por cierto, yo nací en Hoyo de Pinares, pero por circunstancias y como la vida es una corriente que te arrastra nunca he estado mucho por allí. Ha sido una casualidad y una suerte descubir tu blog, que entre otras cosas, me ha "reconciliado" nuevamente con mi pueblo. Y descubrir muchos gustos en común (Aute, Galeano, Cinema Paradiso, ¡Mi planta de Naranja Lima!!!! y muchísimos más.
Por cierto, mi abuela se llamaba Galán de apellido, Martín Galán ¡a ver si al final vamos a ser parientes!
Muchas gracias por tu blog y enhorabuena por tu sensibilidad.

NuriaNómada dijo...

Hola Carlos. Estuve perdida un tiempo por Japón, con unos días adicionales, cortesía del volcán, y me perdí tus relatos.

En un relato tan breve defines muy bien como se acercan dos personas, y como se separan.
"En su guarida, los mismos libros subrayados, las mismas inquietudes. En sus palabras, la misma rebeldía insobornable".
Espero que sigas teniendo muchas noches de luna y cerveza, que sigas dando bocados jugosos a la vida y que los escribas.

Un abrazo de otra letraherida.

Carlos J. Galán dijo...

Cuando quieras, anónimo, pero no por este relato, sino porque ya toca, ¿no?

Gracias, Susana, me alegro de que te gusten.

A ti Henarcita creo que ya te he contestado en persona, con caña de por medio, ¿no?

No se dio cuenta, J.P. La disparé sin flash y ella estaba muy concentrada escribiendo.

No sé si te sorprende el texto, anónimo o qué.

Pues sí, María. Pero eso no me lo quita nadie: hay muchas cosas que hago fatal, pero por fortuna soy experto en saborear momentos.

Me alegro de que te animes a comentar, Laura, y que te haya gustado el texto y la imagen.

Toda la razón, Anónima 3. Aunque a veces se pase mal, yo prefiero sentir intensamente. Y sentirme vivo.

Pues sí, Fernando, Carpe Diem. Viniendo de ti el elogio al texto, no sabes cómo lo valoro. Un abrazo.

Sil, pues como no pongas en tu mesilla de noche "Nóminas" o "Derecho Laboral"... va a tardar. Y si pones esos libros podrías tener pesadillas, quita, quita ;-) Un besazo.

Hola, Montse, paisana "en el exilio". Bienvenida, estás en tu casa.


Hola, Nuria. Ya había echado un vistazo por encima a tus andanzas japonesas, aunque tengo que volver a aterrizar por tu blog para leerlas con más tranquilidad. Te haré caso y procuraré buscar más noches de luna y cerveza y más bocados vitales. Un abrazo.