50 años de Romerías de El Hoyo de Pinares en El Fresne

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, El Hoyo de Pinares, septiembre 2024.


Desde hace siglos, nuestro pueblo venera a la Virgen de Navaserrada, cuya imagen se conserva en uno de los retablos laterales de la iglesia de San Miguel Arcángel. Está documentado, por ejemplo, que en el siglo XVII existió una Cofradía de Nuestra Señora de Navaserrada, activa al menos entre los años 1652 y 1698. 

La tradición oral -y la advocación parece avalarlo- sostiene que la imagen mariana procedía de la pequeña iglesia existente en Navaserrada, lugar que, durante la Edad Media, no era una zona de El Hoyo como hoy, sino que tenía entidad diferenciada. De hecho, en la Carta de heredad otorgada por el rey Alfonso X el 30 de octubre de 1273, el lindero que se establece transcurre «Valdemoscoso abajo y se desvía al fresno que está al fondo del camino que va de El Hoyo a Navaserrada». Existen también numerosas referencias documentales a este lugar (generalmente escrito como Nabazerrada) en documentos oficiales del siglo XV. Por circunstancias que se desconocen -más allá de narraciones legendarias-, Navaserrada acabó despoblada, sus tierras se integraron en nuestro término municipal y su Virgen se convirtió en patrona de El Hoyo de Pinares. 

La romería histórica en honor a Nuestra Señora de Navaserrada tenía lugar el martes después de Semana Santa. Sin embargo, de la ermita únicamente quedaban restos ruinosos, enclavados entre viñedos de titularidad privada, por lo que no era un sitio adecuado para una celebración popular. La imagen de la Virgen solía salir en procesión desde la iglesia hasta la zona de La Perdiguera, como narra Germana de Miguel en su magnífico libro Muregas, que recoge tradiciones orales de nuestro pueblo. Cada familia o grupo de amigos salía a comer y festejar al campo, donde tuviera por costumbre. En esa comida no faltaban tortillas metidas en los típicos panecillos, además de la tradicional limonada. 

En el año 1974, el alcalde, Julián Carvajal Luque, propuso a la Corporación Municipal cambiar la fecha, fijándola en un día que no fuera laborable y acercándola al buen tiempo, pues -como consta literalmente en la propuesta- «entrada la primavera el desplazamiento al campo sería más agradable para los vecinos a disfrutar del paisaje, comer las meriendas y esparcirse en los festejos religiosos y profanos, ya que la mayoría de los años no se podía realizar por la inclemencia del tiempo». La propuesta resultó aprobada por unanimidad y se acordó que el alcalde se comunicara con el párroco, que en aquel entonces era D. Julio H. Martín de Ximeno, y se procediera a dar publicidad al acuerdo tanto a los vecinos como a «todos los hijos del pueblo que se hallan ausentes». 

Al año siguiente, en abril de 1975, se dio otro paso decisivo: el pleno acordó un nuevo emplazamiento para la Romería, en los prados de El Fresne, de titularidad pública. Allí se trasladaron una parte de los restos de la vieja ermita y otros encontrados en sus alrededores, bajo el impulso de D. Julio y de la Corporación Municipal y con la colaboración del Instituto de Conservación de la Naturaleza (ICONA). Hoy, con casi total seguridad, no se hubiera permitido mover elementos arqueológicos de su ubicación originaria, menos aún sin dejar testimonio gráfico de la disposición que tenían, pero eran otros tiempos. 

Eleuterio Fernández, que trabajó en aquel traslado, me contó con todo detalle cómo se numeraron las piedras y se transportaron los distintos elementos, hasta configurar el conjunto que actualmente conocemos en El Fresne. Allí se conservan, entre otros, un arco de medio punto del antiguo templo, que se reconstruyó sobre un armazón de madera preparado por Adolfo Gallego, un púlpito, una pila bautismal, una laja de granito que hace las veces de altar y una estela discoidea que posiblemente tuviera un antiguo uso funerario. 

Aquel último domingo de mayo del año 1975 se estrenó, pues, la Romería en su nuevo paraje y ya con la obra de piedra realizada. Por primera vez, la imagen de la Virgen de Navaserrada llegaba, portada a hombros por las mujeres de nuestro pueblo, a las praderas de El Fresne, que desde entonces visita cada año. Allí se ofició la primera misa y se disputaron los juegos infantiles y la cucaña, en una jornada amenizada por dulzainas castellanas. Se convocó también un concurso de carrozas y de caballerías enjaezadas, con premios de hasta 3.000 pesetas, así como otro de baile de jotas, con un premio de 1.000 pesetas a la pareja ganadora. La convocatoria registró una multitudinaria afluencia de vecinos y visitantes, constituyendo un éxito rotundo, que respaldó la nueva fecha y la nueva ubicación elegidas. 


El último hito vinculado a la Romería se produjo en el año 2003. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, gracias a su ingeniero Eduardo Kropnick, eligió El Hoyo de Pinares para desarrollar una prueba piloto de un sistema de votación por internet. Desde hacía tiempo se venía comentando la posibilidad de cambiar la romería del domingo al sábado, facilitando así un día de descanso posterior y que no tuvieran que irse a media tarde las familias de procedencia hoyanca que acuden ese día pero viven y trabajan en otros lugares. El Ayuntamiento consideró que éste podría ser el objeto de la proyectada consulta popular. El Hoyo de Pinares vivió una jornada histórica y festiva, con presencia de medios de comunicación nacionales y de expertos que vinieron a estudiar in situ la novedosa experiencia. El resultado arrojó una participación del 58,10 % de electores, de los cuales un 59,75 % apoyó cambiarla al sábado, el 38,71 % se mostró a favor de mantenerla el domingo y el 1,64 % votó en blanco. Esta decisión popular no vinculante se trasladó a un acuerdo oficial del pleno y desde entonces la romería quedó establecida en su actual fecha, el último sábado de mayo. 

La romería que se ha celebrado en 2024 ha sido, pues, la edición número 50 de las que han tenido lugar en El Fresne. Aquellas decisiones de los años setenta del siglo pasado de fijar la Romería en el mes de mayo y de trasladarla a este paraje fueron un acierto indudable, que dotó de identidad propia a un festejo local, ya consolidado a lo largo de este medio siglo de notoria aceptación y de masiva participación popular. 
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Fuentes consultadas: 

• Testimonio oral de D. Eleuterio Fernández y D. Fernando Fernández (a los que agradezco públicamente su ayuda e información). 
• Libro de Actas de plenos del Archivo municipal. (Mi agradecimiento a D. Juan Luis Beltrán por su colaboración). 
• Programa de Fiestas de San Miguel Arcángel. Ayuntamiento de El Hoyo de Pinares, septiembre 1975. (Mi agradecimiento a Dª Margarita Fernández por habérmelo facilitado). 
• Fichas arqueológicas del Servicio Territorial de Cultura, Turismo y Deporte de Ávila. 
• Miguel Martín, Germana. Muregas. Ediciones Cardeñoso y Ayuntamiento de El Hoyo de Pinares, 2018. 
• Barrios García Ángel y otros. Documentación del Archivo Municipal de Ávila (1256-1474), volumen I. Institución Gran Duque de Alba, 1988. 
• Luis López, Carmelo y otro. Documentación medieval del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila, tomos I y II. Institución Gran Duque de Alba, 1990. 
• Índices del Archivo Diocesano de Ávila 
• Fichas de carteles y programas de festejos conservados en la Biblioteca Nacional 
• Archivo personal sobre la votación por internet de marzo de 2003.

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Ilustraciones | Fotografías de la primera Romería en El Fresne realizadas en mayo de 1975 por Jacinto Herrero de mi libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del ayer

Presentación de "El alma en los viajes", de Sonsoles Sánchez-Reyes


El pasado viernes 6 de septiembre tuve el honor de participar en la presentación pública del libro El alma en los viajes, de Sonsoles Sánchez-Reyes (Editorial Cuaderno del Laberinto, 2023), en El Hoyo de Pinares (Ávila). 

La sinopsis de la edición nos anuncia que "a través de una selección de historias recogidas a lo largo del tiempo por los lugares más diversos, en su mayoría poco conocidas, con un enfoque original y profundamente humanas, la autora proponer un recorrido al lector por ciudades, figuras, leyendas y episodios que se muestran a otra luz y abren posibilidades inexploradas, haciendo gala de una aguda percepción aderezada con umor, ternura, preciosas ilustraciones y un bello estilo".   

Tras un saludo inicial del alcalde de El Hoyo de Pinares, David Beltrán, introdujo el acto la concejala de Cultura, Raquel Martín. 

A continuación intervino Teresa Galán, quien, además de ofrecernos su visión como lectora sobre el libro que se presentaba, nos habló de la personalidad de la autora, a la que conoce desde muy joven. Quiso subrayar su enorme talento y su carácter inquieto y emprendedor, para lo que narró elocuentes anécdotas que nos hicieron sonreír. 


Por mi parte, intenté transmitir cuál es el espíritu del libro, que narra interesantes y sugestivas relatos históricos o legendarios a partir de lugares visitados por la autora a lo largo de los años. Aquellas historias que en los viajes nos llegan hondo y nos llevamos con nosotros, Sonsoles las ha plasmado en un libro, con su maestría habitual. También quise reconocer a otras personas que, además de la autora, han hecho también posible el resultado final de El alma en los viajes, como es su prologuista, Carlos del Amor, y la editora, Alicia Arés, que mima cada edición que afronta. 

Sonsoles tuvo cariñosas palabras de agradecimiento a quienes la habíamos precedido en el uso de la palabra y a todos los asistentes y, tras unos comentarios sobre su obra, nos ofreció -como aperitivo a la recomendable lectura íntegra de la misma- algunas de las narraciones, como ejemplo de lo que podemos encontrar en el libro. 

El acto finalizó con la firma de ejemplares de El alma en los viajes por parte de Sonsoles Sánchez-Reyes y con un vino español obsequiado por el Ayuntamiento. Fue, sin duda, una agradable cita en torno a la literatura y los viajes, dos de las cosas que hacen más hermosas nuestras vidas.    

Debatir lo que importa

 Publicado en Diario de Sevilla, Diario de CádizDiario de Jerez, Europa Sur, Málaga hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba y Granada hoy29/05/2024.


Tras las lecciones históricas de la derrota del totalitarismo fascista en la 2ª guerra mundial y la posterior caída del totalitarismo comunista en los años 80-90, es generalizada -y acertada- la creencia de que la democracia pluralista es la mejor forma de legitimación del poder y de organización de la convivencia. 

Sin embargo, el sometimiento de los gobernantes a la valoración ciudadana cada cuatro años -o menos- produce un efecto secundario indeseado, que es el cortoplacismo en la gestión política. Así, a veces se rehúye afrontar medidas oportunas si resultan impopulares. O se pospone el diseño y ejecución de infraestructuras necesarias, cuando van a precisar una gran inversión de recursos y el promotor no será quien las inaugure. O se eluden cambios culturales o educativos de fondo, porque los frutos se apreciarán a medio o largo plazo y difícilmente se reconocerá mérito alguno a su impulsor. 

Cuando era aún primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Junker afirmó, refiriéndose a la crisis económica: «Sabemos exactamente lo que hay que hacer. Pero no sabemos cómo ser reelegidos si lo hacemos». Para evitar que ese cortoplacismo domine por completo la gestión pública existen los consensos políticos. Desde un ejercicio de responsabilidad, partidos opuestos pueden definir determinadas líneas políticas compartidas sobre materias de interés general, que tengan continuidad aun cuando se produzca alternancia en el poder. Del mismo modo, pueden comprometerse a no utilizar como arma electoral ciertas decisiones políticas que no resulten populares o cuya utilidad solo se aprecie en el largo plazo. 

En España, sin embargo, tenemos escasos ejemplos de tales usos. En la transición, los Pactos de la Moncloa permitieron que el objetivo común de consolidación democrática no se viera perjudicado por los efectos de la crisis del petróleo. Desde el Pacto de Ajuria Enea en 1988 hasta el Antiterrorista en 2000, fueron varios los intentos de que los partidos hicieran frente al terrorismo con ciertos criterios compartidos y sin utilizarlo como argumento electoral. En materia de pensiones, el Pacto de Toledo nació con la finalidad -no siempre cumplida- de debatir con rigor sobre el sistema de protección social y su sostenibilidad sin que el oportunismo electoral lo impidiera. Pero lo que ha prevalecido -y creo que actualmente se manifiesta con mayor intensidad- es nuestra tradicional política de trincheras, que sitúa a menudo en el centro del debate público asuntos broncos, que dan juego en medios y redes sociales, pero sirven de excusa para posponer indefinidamente el abordaje de otros debates de mayor calado. 

Somos una potencia turística mundial por nuestras condiciones, pero sin una estrategia nacional de qué clase de turismo queremos atraer, con qué límites, con qué enfoques y qué vamos a hacer para ello, mientras se suceden medidas municipales y autonómicas contradictorias entre sí. 

En el mundo sociolaboral, por ejemplo, no nos detenemos siquiera a reflexionar sobre cómo afrontar los retos que la robótica y la inteligencia artificial generativa, además de nuestra demografía, van a plantear, cada vez más, sobre el mercado de trabajo y el sistema de Seguridad Social. 

La Justicia es la permanente olvidada, sin un gran pacto (hubo algunos con esa denominación formal, pero de extraordinaria cortedad de miras). Seguimos por debajo de la media de jueces de la Unión Europea, sin verdaderas alternativas a la litigiosidad y con una dotación de medios insatisfactoria. 

Desde hace casi medio siglo carecemos de verdadera política educativa. Cada gobierno impone un modelo, que el siguiente cambia, mientras nuestra enseñanza obligatoria sigue suspendiendo en evaluaciones internacionales, la endogamia y otros problemas de la Universidad no se afrontan, y no aprovechamos con inteligencia la actual demanda de Formación Profesional y la enorme oportunidad que ofrece. 

Estamos muy entretenidos cada día con el asunto mediático que toque -Carles Puigdemont, Koldo García, José Luis Ábalos, el novio de Isabel Díaz Ayuso, Begoña Gómez, Óscar Puente, Javier Milei… y cuestiones similares- y así van pasando los años. No digo yo que no sean debates pertinentes los que conciernen, por ejemplo, a la amnistía, la ejemplaridad pública o la diplomacia internacional, en absoluto. Pero alguna vez vendría bien que mirásemos más allá del siguiente proceso electoral. Hace muchas décadas que la actualidad más inmediata no parece dejarnos tiempo ni oportunidades para pensar, como sociedad, qué queremos ser y hacia dónde queremos ir.

El otro "salario mínimo", ¿cuándo?



En los últimos años, desde el gobierno se ha venido impulsando un importante crecimiento del salario mínimo interprofesional. El objetivo parece ser la convergencia con el objetivo marcado a los países que, como el nuestro, han ratificado la Carta Social Europea revisada. El máximo intérprete de ese tratado internacional, el Comité Europeo de Derechos Sociales, ha considerado que el derecho a una “remuneración equitativa” para sostener “un nivel de vida decoroso”, que proclama su artículo 4, exige que el salario mínimo alcance el 60 % del salario medio del país. 

Sin embargo, a la vez que el SMI evolucionaba notablemente al alza en España, el IPREM, otro índice emparentado con aquel, ha ido quedando en el olvido, desfasado desde hace ya largos años. Aunque ese índice sea menos conocido popularmente, ello no significa que no repercuta en aspectos importantes de la vida cotidiana de muchas familias. 

El origen del mismo data de hace ya dos décadas. Durante muchos años, el salario mínimo interprofesional no solo operó como límite inferior de la retribución de los asalariados. También se utilizaba como referencia para la concesión de buena parte de las ayudas públicas, definiendo el nivel de ingresos (un determinado número de veces el SMI, en función del número de miembros de la unidad familiar) que no debían superar sus beneficiarios. Del mismo modo, se utilizaba también para cuantificar algunos subsidios, cuyo importe se fijaba en un porcentaje del SMI. 

Se advertía entonces de que este doble uso perjudicaba al crecimiento del salario mínimo: los gobiernos eran reacios a incrementarlo porque no afectaba únicamente a las empresas, sino que provocaba un aumento de diversas partidas del gasto público. 

Por ese motivo, en el año 2004, el ejecutivo decidió separar ambas funciones y creó el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), a fin de que pudieran establecerse cuantías distintas para el salario mínimo de los trabajadores y para el índice que sirve de referencia para prestaciones públicas. 

Desde entonces, mientras el SMI se ha ido incrementando notablemente, el IPREM sufrió una total congelación entre 2010 y 2016 y, tras modificarse levemente en 2017, de nuevo quedó estancado hasta el año 2020 inclusive, para actualizarse después cada año, pero en mucha menor proporción. 

El primer IPREM de 460,50 euros equivalía hace veinte años al 93,88 % del salario mínimo vigente. Hoy, el IPREM de 600 euros representa solamente el 52,91 % del SMI actual. 

Como anticipaba, no deberíamos pensar que es una cuestión menor o meramente técnica: repercute en los derechos sociales y en los medios de subsistencia de muchas personas. La falta de actualización del IPREM se proyecta en ámbitos tales como ayudas al alquiler, becas de estudio, bono social eléctrico, viviendas protegidas o pensiones no contributivas, entre otros. 

Cuánta mayor divergencia exista entre el IPREM y el SMI, más familias van quedando excluidas de los umbrales de renta establecidos para ser beneficiario de ayudas públicas. Por poner un ejemplo, en 2003 una persona sola y sin hijos veía reconocida la asistencia jurídica gratuita, con abogado de oficio para su defensa, siempre que no cobrase más del doble del SMI de la época. Hoy, si esa persona percibe tan solo 67 euros más del salario mínimo obligatorio, ya no se le reconocerá ese derecho. 

Y, por otro lado, cuánto más lejos esté el IPREM del SMI, mayor diferencia existirá entre lo que perciben los beneficiarios de subsidios asistenciales y el salario mínimo. Por ejemplo, en 2003, un parado que hubiera agotado las prestaciones contributivas y cumpliera ciertas condiciones (tener responsabilidades familiares, ser mayor de 52 años, etc.) percibía un subsidio del 75 % del SMI. Hoy, ese subsidio por desempleo no alcanza siquiera el 40 % del salario que el propio gobierno ha considerado adecuado para garantizar una vida digna. 

Es verdad que el IPREM se estableció pensando precisamente en que su cuantía fuera diferente de la del SMI, pero ¿tanto? Desde los poderes públicos se viene exigiendo un esfuerzo a las empresas privadas porque los incrementos anuales del SMI “hacen de España un país mejor”. Por ello, no parece muy congruente que el Estado no haga un esfuerzo equivalente para actualizar un índice paralelo, que afecta al acceso de las familias a ayudas sociales y que determina la cuantía de relevantes prestaciones de nuestro sistema de protección social.
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Ilustración: Roseell, Diario de Sevilla.

La risa como herencia

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de CádizDiario de JerezEuropa Sur, Málaga HoyHuelva Información, El Día de Córdoba y Granada hoy, 02/01/2024.


En la boda de mi amigo Mario, el cura tuvo la desafortunada ocurrencia de abrir en la homilía una especie de coloquio, dirigiendo preguntas individuales a algunos asistentes sobre el evangelio leído y su aplicación práctica a la vida: el resultado rozó por momentos la tragedia. A ello hay que añadir que confundió reiteradamente el nombre de la novia y, ante la perplejidad de Clara -que así se llamaba de verdad la contrayente-, impartió detalladas instrucciones al novio para que amase a una tal Blanca hasta que la muerte los separase. Como Mario era muy ocurrente, el episodio de lo que bauticé como misa fórum y el error de identidad nos dio juego durante años. 

Cuando, en efecto, la muerte nos separó prematuramente a todos de Mario, el sacerdote de su funeral no tuvo a bien obsequiarnos con unas palabras que nos reconfortaran, sino que decidió desplegar un discurso un tanto delirante, plagado de referencias al Apocalipsis. Yo tenía el alma rota, pero pensaba en lo que hubiera dicho mi amigo y no pude evitar abandonar aquella capilla con media sonrisa. Vi que Clara salía también igual: 
 - Te ríes de lo mismo que yo, ¿no? 
Enseguida se nos acercó mi hermana: 
 - Hay que ver qué mala suerte ha tenido Mario con los curas… 

En el funeral de mi abuela, que murió con 100 años, muchos sonreían también cuando hice mención a las típicas frases suyas en las que no daba puntada sin hilo. 

Hace poco falleció en Sevilla, con 103 años, Concepción Góngora, la abuela Conchita de nuestro amigo Jorge -y un poco abuela también de toda la Hermandad del Rocío de Sevilla Sur-, una mujer cariñosa que transmitía alegría. Cuando sus hijos y nietos quieren recordarla, lo hacen con una sevillana, dedicada a su Huelva natal, que le gustaba cantar en los buenos momentos de celebración familiar. Y, entonces, las sonrisas se abren paso entre ojos empañados. 

Hace algunas semanas asistí en Ávila a un Encuentro Eleusino dedicado a la memoria de Fernando Sánchez Dragó. Con su hija Ayanta Barilli como maestra de ceremonias, varios escritores y amigos del homenajeado trazaron un emotivo retrato y abordaron desde distintas perspectivas su amplia obra. Su pareja, la periodista Emma Nogueiro, además de ofrecernos un amoroso testimonio donde la persona se superpuso al personaje, decidió compartir con los presentes un video personal grabado con su teléfono móvil, en el que le daba instrucciones para usar una lavadora y una secadora en su ausencia. El hombre que se las apañó para sobrevivir a mil y una tribulaciones por los cinco continentes, provocó afectuosas carcajadas con una exhibición de inutilidad que, cuando descendía al terreno de lo doméstico, nada tenía que envidiar a Mr. Bean. 

Con una convocatoria de estas características, se corre el riesgo de que la tristeza inunde todas las jornadas. Pero no fue así. Hubo lágrimas, pero también momentos divertidos, como corresponde al legado de alguien que, en su libro El Sendero de la Mano Izquierda, dejó escrito este consejo: “Sonríe siempre, incluso cuando hables por teléfono. La sonrisa se nota en la voz”. 

Con Fernando mantuve amistad durante treinta y siete años, desde que yo era un universitario inquieto, y me sigo riendo con un buen puñado de anécdotas, en medio de multitud de conversaciones interesantes y amenas, comidas fraternas, gestos de generosidad por su parte y no pocas aventuras compartidas, a menudo tan disparatadas como hermosas. 

Cuando tanto cenizo siente la necesidad de contestarnos agriamente en redes sociales desde que apenas hemos dado los buenos días, cuando -también fuera de lo digital- tanta gente amargada se empeña en hacernos -y hacerse- la vida más difícil, cada vez aprecio más a quienes adoptan el buen humor por bandera, a quienes incluso intentan ponerle buena cara al inevitable mal tiempo. Admiro a aquellas personas que, hasta después de muertas, nos siguen contagiando su buena onda, a quienes se las apañan para seguir viviendo en la sonrisa que su recuerdo evoca en los demás.

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Ilustración: Rosell, publicada en los medios del grupo Joly

Una responsabilidad política, no judicial

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba y Granada Hoy, 05/12/2023.


Se cumplen cinco años desde el final del mandato del CGPJ sin que se haya procedido a la renovación del mismo por parte de las Cortes Generales.

Si echamos un vistazo a algunas de las redes sociales más populares, podemos comprobar cómo, a los integrantes en funciones del CGPJ, se les tilda de “jueces okupas” y “jueces caducados”, se propone que no cobren retribución o se alude a su supuesta resistencia a abandonar el cargo, con ese rigor y sutileza que caracterizan a menudo los juicios vertidos en tales foros.

 

Me fascina cómo los políticos españoles, que están incumpliendo desde hace un lustro su obligación de renovar el CGPJ, no sólo han conseguido eludir su responsabilidad ante la opinión pública, sino que se la han endosado injustamente a unos vocales del CGPJ que, obviamente, no pueden nombrar a sus sucesores y no han hecho sino cumplir la obligación prevista en el artículo 570.2 de la Ley Orgánica: Si ninguna de las dos cámaras hubieren efectuado en el plazo legalmente previsto la designación de los vocales que les corresponda, el Consejo saliente continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo.

 

Discrepo en no pocos aspectos de la línea de actuación y gestión que sigue nuestro CGPJ, pero ello no me impide reconocer algo evidente: que sus actuales integrantes no han perdido oportunidad de reclamar, pública y reiteradamente, a los responsables políticos que cumplan con su obligación de renovar la institución.

 

El anterior Presidente, Carlos Lesmes, decidió presentar su dimisión, con la pretensión de que ese gesto supusiera una llamada de atención a la clase política y se procediera al nombramiento del nuevo Consejo por quienes tienen atribuida tal competencia. De nada sirvió.

 

El actual, Vicente Guilarte, incluso ha elaborado y formulado algunas propuestas con el ánimo de que puedan contribuir a desbloquear la situación, para que sean valoradas por los responsables políticos que tienen en sus manos la decisión.

 

El CGPJ está compuesto por 20 vocales, la mitad elegidos por el Congreso y la mitad por el Senado. 8 de ellos deben ser juristas de reconocida competencia y los otros 12 magistrados en activo con más de 15 años de servicio. Para estas últimas plazas, se pueden presentar candidatos avalados por una asociación judicial o por 25 miembros de la judicatura.

 

En su día, el Presidente del CGPJ remitió a las Cortes el listado de candidaturas a vocales judiciales presentadas en plazo. A lo largo de cinco años, las sucesivas presidencias del Congreso y del Senado han incumplido por completo su obligación de convocar los plenos para que sean votadas.

 

Cuando muchos representantes políticos hacen declaraciones críticas y hasta descalificatorias sobre la no renovación del Consejo, hay que recordar que la carrera judicial sí “hizo sus deberes” y que el incumplimiento se produce por parte de quienes ni siquiera han convocado las sesiones parlamentarias en las que someter a votación dichas candidaturas, obtengan o no finalmente los tres quintos necesarios.

 

No está previsto en la ley que, si no hay acuerdo previo entre los grupos parlamentarios mayoritarios o, lo que es peor, si el acuerdo no se produce entre dos concretos partidos en ámbitos ajenos al parlamento -por un bloqueo deliberado o por incapacidad para alcanzar consensos-, la consecuencia sea paralizar arbitrariamente un proceso reglado y que es de obligado cumplimiento.

 

Lo acabamos de ver en los debates de investidura: aunque el primer candidato a la presidencia del gobierno no obtuvo la confianza mayoritaria de la cámara, a nadie se le pasó por la cabeza dejar de convocar el pleno del Congreso e impedir que la votación se produjera. Con el CGPJ sí lo han hecho. Y es grave.

 

Por ello, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en sentencia de 22 de junio de 2023, ha condenado a España y ha reconocido el derecho de los aspirantes propuestos por la Asociación Judicial Francisco de Vitoria a que sus candidaturas fueran examinadas por el Parlamento en el plazo determinado legalmente.

 

La pelota sigue estando, pues, en el tejado del Congreso y del Senado, cuyos presidentes han de cumplir con la obligación que tienen legalmente atribuida de convocar los plenos y realizar la votación. Y que luego cada cual se retrate.

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(Ilustración: Rosell, Diario de Sevilla)