Homenaje a Félix Tabasco


Como también anticipé en una anterior entrada del blog, el sábado 9 de agosto se celebró un homenaje público al pintor Félix Tabasco Cubero, fallecido el pasado mes de febrero. El acto tuvo lugar en su localidad natal, El Hoyo de Pinares, cuyo Ayuntamiento le había nombrado hijo predilecto.

Por invitación de la organización de este homenaje, intervine en el mismo, junto con el poeta José Félix Olalla, el pintor Francisco Recuero, el escritor Miguel Gutiérrez y la alcaldesa Pilar Ochando, ante la familia y amigos del fallecido artista y un numeroso público que rebasó la capacidad del salón de actos.

La alcaldesa dio la bienvenida a todos los presentes y me presentó a mí, con unas generosas palabras en las que resaltó mi implicación durante años en la vida cultural del municipio, gesto que le agradezco sinceramente a Pilar, porque por desgracia no abundan estos reconocimientos entre personas de distinta adscripción política.

En mi intervención, recordé como, en mis tiempos de estudiante de Derecho en Madrid, recibía cada año una invitación para visitar la exposición de este pintor en la Galería Infantas y era -escribí por entonces en un artículo- "como encontrar un trocito de El Hoyo de Pinares en pleno Madrid. Hallar un oasis de gratificantes tonalidades, donde los grandes edificios, los coches humeantes, el gentío, el metro, las prisas... encuentran una implacable señal de prohibido el paso. Un oasis pictórico donde, por un tiempo, reinan las puertas desvencijadas, los viejos cacharros, los rincones más entrañables, las casas de pueblo, los niños de mirada curiosa, los membrillos o las rosas".

Expresé mi convicción de que en Félix y su relación con el pueblo se dio una aparente paradoja. "Tal vez se encontró a sí mismo -expliqué- precisamente porque huyó del pueblo, del destino al que estaba predestinado en el campo, para desarrollar su auténtica vocación. Su historia artística y personal es la historia de una superación. Pero al mismo tiempo, si acaso es cierto que Tabasco llegó a ser lo que era por haberse marchado del pueblo, a la vez no se entendería la pintura de Tabasco sin la referencia a El Hoyo de Pinares. Porque su personalidad artística tiene mucho que ver con todos los recuerdos que quedaron grabados en su retina, con esa belleza silenciosa de los objetos guardados en nuestros polvorientos desvanes". Evoqué su carácter afable y la humildad que le caracterizaba. Y sellé mi despedida con un hermoso soneto que le escribió Luis Hernández del Pozo:

El ocre y el añil, el amarillo
-cuando la era del robot empieza-
nos enmarcan, Tabasco, la belleza
de una orza, de un cuenco, de un lebrillo.

Granadas desgranadas. Un membrillo
colgado de una guita. Despereza
un perro en duermevela su pereza
y hasta escuchamos el grillar de un grillo.

¡El alma inanimada de las cosas!,
la madera de puertas y ventanas,
el hálito invisible del ayer...

Tú nos pintas las cosas más hermosas,
aquellas que tuvimos más cercanas,
la vieja casa que nos vio nacer.

José Félix Olalla, farmacéutico de profesión y poeta de vocación, había conocido a Félix Tabasco en su día en el recital poético La belleza de las cosas sencillas. Ahora, en este homenaje póstumo quiso reflexionar sobre la relación entre poesía y pintura a la hora de entender la obra de Tabasco y esa predilección por las pequeñas cosas que nos hacen sentir a gusto.

Francisco Recuero, filósofo y pintor, glosó la calidad humana y artística del homenajeado y recordó también su trato amistoso con alguien cuya desaparición consideró "una importante pérdida para quienes le admirábamos como persona y como artista".

Miguel Gutiérrez, escritor y amigo personal del pintor, dio lectura a una sentida carta dirigida a Félix Tabasco, en la que resaltaba su humildad personal: "Aunque tu obra es la que te ha dado fama, la que ha hecho que tu nombre saltara a los medios de comunicación y la que ha entrado en las casas de muchos aficionados a la pintura, sin una personalidad tan humana, sencilla y modesta no estaríamos aquí celebrando con este calor y con esta emoción tu figura de pintor". Recordó su trayectoria artística, ofreciendo alguna información sobre sus últimas experimentaciones en dibujo y acuarela, truncadas por su prematura muerte.


Pilar Ochando también evocó esa calidez que transmitía la persona de Tabasco e hizo hincapié en su vinculación con la localidad, donde había solicitado celebrar una exposición para ese mismo verano, que no pudo ya llevar a cabo.

Al término de las emotivas intervenciones, se proyectó este audiovisual, elaborado por mí con una selección de imágenes de la vida y la obra de este artista.


Más informacion sobre este acto en:
(Fotografías: Manuel Tabasco)

Labastida y la Rioja Alavesa


En marzo, Isa y Txati nos invitaron a visitar el pueblo de la segunda, Labastida, un municipio de la Rioja Alavesa. Hacía algunos años que no iba por Euskadi. Y Álava era, hasta ese momento, la única de las tres provincias de esa Comunidad autónoma en la que no había estado nunca. Fue un viaje en grupo interesante y divertido: buena compañía, planes atractivos… y, claro está, buenos vinos todo el tiempo.

El actual territorio de Labastida (Bastida en su denominación en euskera) estaba ya poblado, al parecer, en época prerromana, pero su fundación como villa data de la Edad Media, dentro del entonces Reino de Navarra, al que perteneció hasta que en el siglo XIII se integró en el Reino de Castilla. El fuero histórico de esta población se otorgó en 1242 por el rey santo, Fernando III. La villa, que durante largos años fue de realengo y dependió, por tanto, directamente de la corona, pasó, sin embargo, a ser de señorío, al ser donada por Enrique II a un noble.

Cuentan que su época dorada fue en el siglo XVII, cuando experimenta el mayor desarrollo económico y se procede a la construcción de casi todo su conjunto monumental urbano. Labastida sufriría las consecuencias de todas las guerras de los siglos XIX y XX: la guerra contra los franceses, las sucesivas guerras carlistas y la guerra civil. Hoy, los motores de la villa parecen ser, sobre todo, el sector vitivinícola y el turismo.

El casco urbano ofrece un conjunto muy vistoso. En la zona de la calle Mayor se aprecia un buen número de casas señoriales, algunas con blasones en sus fachadas. En la plaza está la casa consistorial, un palacete barroco del siglo XVIII. Hay dos llamativos arcos de acceso a la zona medieval, que originariamente debió de estar amurallada: el de Toloño y el de Larrazuria.


En lo alto del pueblo se alza la ermita del Santo Cristo, románica del siglo XII, aunque tiene una parte gótica posterior, y que constituye una privilegiada atalaya sobre la zona.


Más abajo está el otro templo importante de la localidad, la iglesia barroca de Nuestra Señora de la Asunción (s. XVII).


En el municipio se conservan también algunos lagares antiguos.


Pero la verdad es que, en el poco tiempo que tuvimos –un fin de semana-, más que al turismo monumental nos dimos a la gastronomía y a una pequeña ruta del vino por la zona, tanto en la propia localidad como en otros municipios de la Rioja Alavesa.

Dentro de esa limitación de tiempo, visitamos ejemplos de bodegas de distintos estilos y dimensiones. Comenzamos por una industria familiar ubicada en el casco urbano de Labastida, las Bodegas González Teso. Desde que se hizo cargo de esta empresa Jesús, enólogo –que representa ya la cuarta generación familiar en la dirección de la bodega- inició un proceso de modernización, apostando por vinos diferentes y de calidad.


Allí nos explicó amablemente el proceso de elaboración y nos ofreció degustar distintas variedades. Y no es verdad lo que decían las malas lenguas entre mis amigos de que yo estaba más pendiente de unas jugadoras de voleibol brasileñas que estaban haciendo la visita a la vez: sí presté atención a las explicaciones del enólogo... Las principales marcas con las que comercializa su producción esta bodega son Gontés y Olmo.


En los alrededores del municipio está la Granja Nuestra Sra. De Remelluri, una visita que yo creo obligada. Mi hermana ya la conocía y la presenta directamente como si fuera suya (“mi bodega”). Es una heredad que pertenecía al Monasterio de Toloño (s. XIV aproximadamente) y que desde 1968 pasó a titularidad del guipuzoano Jaime Rodríguez Salís.


Este propietario se ocupó de reconstruir lo que en su día fue propiedad de los monjes jerónimos, edificando la actual bodega a partir de las ruinas de los antiguos edificios monásticos, y renovando el viñedo con tempranillo y viera de la zona, en unas cien hectáreas de cultivo.

Dentro de la finca encontramos una necrópolis medieval, con tumbas excavadas en piedra, así como la ermita de Nuestra Señora de Remelluri.

Además de la detallada visita guiada a las instalaciones, con audiovisual incluido, se puede comer en su propio restaurante. Y es lo que hicimos, comer estupendamente allí.

Además, nos ofrecieron durante la comida un excelente vino blanco de limitada producción, porque lo que comercializa Remelluri son, fundamentalmente, tintos, de reserva y gran reserva, alcanzando más de medio millón de botellas al año.


Un municipio cercano que también visitamos es Laguardia (Biasteri en la denominación vascuence), ciudad fortificada en tiempos del rey navarro Sancho VII y cuyo fuero había sido otorgado en 1164 por Sancho VI. Tras numerosos cambios de estatus como resultado de las contiendas en la zona, finalmente en 1464 Laguardia pasa a integrarse en el Reino de Castilla.


Las guerras de los siglos XIX y XX volverán a convertir el recinto fortificado de Laguardia en escenario de confrontaciones bélicas. Entre los laguardenses ilustres destaca el célebre fabulista Félix María de Samaniego, cuyo busto se sitúa en el centro de un templete.


En el término municipal de Laguardia se alzan las bodegas Ysios de Domeq, diseñadas por el arquitecto Santiago Calatrava. A los pies de la sierra de Cantabria, sorprende este singular edificio cuya forma se inspira en una hilera de barricas.

Pero no es la única bodega con edificio vanguardista en la zona. En la localidad de Elciego (Cieko en la versión en euskera) el arquitecto Frank O. Gehry, el autor del Guggemheim de Bilbao, diseñó para Marqués de Riscal el emblemático hotel que se integra en su complejo bodeguero.


La Ciudad del Vino de esta firma, con una superficie que se acerca a los 100.000 m2, integra también un centro de reuniones y un restaurante, en un espacio que auna desde el edificio de la vieja bodega histórica del siglo XIX hasta esta obra de Gehry del siglo XXI.


No sólo hay que agradecer este estupendo viaje a nuestras anfitrionas, Isa, Txati y su hermana Ana. También hay que citar que el centro de operaciones, durante todo el tiempo que permanecimos en Labastida, fue la vinoteca de Lucía y M. Carmen. Nos concertaron las visitas a las bodegas, nos abrieron las puertas de los sitios que visitamos, obtuvieron para nosotros un trato amabilísimo y nos acompañaron a todo lo que pudieron.

Y por si fuera poco, nos tuvieron allí aguantándonos como penitentes todos los días en su tienda, porque nos dejábamos caer con las excusas más peregrinas e incluso ya sin excusa alguna. Era el punto de encuentro. Y ya que estábamos por allí -a encontrarnos con el resto, a buscarlas para tomar algo, a cerrar la tienda…- pues de paso nos entregábamos a unas animadas degustaciones de vinos bajo el asesoramiento de Luci. Ratos inolvidables.

Así que, si viajan por la zona y quieren traerse buen vino con una adecuada relación calidad/precio, ni lo duden, les recomiendo que pasen por la Vinoteca Landa y se dejen orientar por estas chicas. Encontrarán trato agradable, asesoramiento experto y el mejor establecimiento de la zona en selección de vinos y delicatessen varias.


Por la noche, para completar las jornadas gastronómicas, nos dimos también en la villa al copeo nocturno y a la conversación en el pub Jai Alai.

El último día comimos muy bien en un local histórico de esta localidad alavesa, el asador Jatorrena.


Y dos cosas para terminar. Una -porque tengo que cumplir mi palabra y que se vea el glamour de algunas personas en Labastida- es publicar en el blog la foto de estas zapatillas brillantes:


Y otra, que Labastida nos despidió con este atardecer:


(Fotografías del autor)

Lerma y Silos

Antes de comenzar con el relato de los viajes veraniegos, tenía pendiente contar una escapadita que hicimos a Labastida (Álava) allá por marzo y de la que aún no había publicado nada. Al final, va a tener razón mi hermana con su teoría del pan de ayer que me estuvo repitiendo precisamente allí…

Pero, de camino a la Rioja Alavesa, nos detuvimos antes en tierras burgalesas, visitando primero la histórica villa de Lerma y asistiendo más tarde, ya al atardecer, a la oración y el canto de los monjes de Silos.

Aunque con orígenes que se remontan a período prerromano, Lerma alcanza su apogeo cuando Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma y valido del rey Felipe III, decidió establecer allí su propia corte, alejada de la capitalidad oficial fijada en Valladolid, considerando que la capacidad y el interés del monarca por los asuntos de gobierno eran más bien escasos.

Durante las dos décadas en las que el Duque de Lerma ejerció el poder político en el imperio español, la villa se vio engrandecida con construcciones civiles y religiosas y se convirtió en un importante centro para la vida política e incluso cultural y recreativa del país.

De Lerma son también otros personajes históricos relevantes, como Hernando de Lerma –quien fuera gobernador de la provincia argentina de Tucumán en el siglo XVI- o Jerónimo Merino –el cura que se convirtió en uno de los cabecillas guerrilleros de la resistencia contra la invasión francesa en el siglo XIX-.

Entre los puntos de interés de esta histórica ciudad castellana, está el monumental palacio del Duque de Lerma, hoy utilizado como Parador de Turismo. Se construyó en los primeros años del siglo XVII en estilo herreriano y preside una amplia Plaza Mayor porticada.

En la plaza nos topamos esa tarde con una tienda tradicional castellana verdaderamente peculiar e indefinible. Con decir que compramos en ella una cuchara de madera, una cántara de cristal y una camisa de lino cuello cura, se pueden hacer una idea de lo que podía encontrarse en la misma...

La antigua Colegiata de San Pedro responde al intento de dotar a la villa de un templo de grandes dimensiones, también en estilo herreriano y con abundante decoración interior barroca.

La iglesia estaba unida al palacio ducal por un pasadizo, que ha sido recientemente recuperado y se ha convertido en visitable.

Un vistoso conjunto monumental lo constituye la Plaza de Santa Clara, en cuyo centro reposan los restos del Cura Merino. Una arcada de piedra se abre como mirador sobre el río Arlanza. En la zona están los monasterios de Santa Teresa y de Santa Clara, donde compramos algunos dulces.

Hay varios conventos, de los cuales tuvimos ocasión de visitar brevemente el de San Blas, también ordenado levantar por el Duque y que parece ser que está igualmente unido al palacio por un pasadizo. El interior contiene algunas tallas de interés.

Hay en la villa algunas zonas urbanas de la Edad Media bien conservadas, con casas de la época, un puente medieval y el arco de la cárcel.

Tras este recorrido, salimos de Lerma con intención de acercarnos a Silos a escuchar el canto de los monjes benedictinos.

El viejo Monasterio de Santo Domingo de Silos, con una parte medieval y otra parte barroca, alberga una inmensa tradición religiosa y cultural entre sus muros. Su imponente claustro románico ofrece riqueza arquitectónica y artística en cada capitel y, en el centro del mismo, se alza el célebre ciprés -plantado a finales del siglo XIX- que cantara en su poema Gerardo Diego.

No llegamos a la visita del claustro –ya estaba cerrado- pero sí a vivir la sensación especial –de recogimiento, de paz…- que supone escuchar cantar vísperas a los monjes.

(Fotografías del autor, excepto el ciprés de Silos que es de la web de la Comunidad Benedictina)

Sentirse como un famoso


No hace mucho una joven periodista comentaba en su blog que había tenido una curiosa sensación, porque la habían reconocido y le habían felicitado por un reportaje y se había sentido por un rato como si fuera famosa.

Para la gente que no somos conocidos, estas situaciones -que las celebridades deben de vivir cotidianamente y para nosotros son excepcionales- implican, efectivamente, una sensación muy extraña. Pero a veces pasa. Doy fe.

(Ahora bien, algún día hablaré también de lo que supone tener un hermano o una hermana más popular que tú en ciertos ámbitos. En Ávila yo digo que mi hermana debería ir por la calle en un Papa-móvil saludando con la mano a través de los cristales, para no tener que ir parándose cada dos minutos. Es un tostón ir con ella. Y es un castiguito que, hasta en tus propias actividades políticas o jurídicas, en vez de conocerte por ti mismo te pregunten: “tú eres el hermano de Tere Galán, ¿verdad?”).

Cuando, en mi época universitaria, yo participaba en activismo estudiantil y, por tanto, intervenía en actos, asambleas, alguna vez fui entrevistado en prensa, etc., en algunas ocasiones me vi muy sorprendido cuando de repente, en Madrid –me pasó dos o tres veces- me paraba un joven por la calle y me preguntaba:

- Tú eres Carlos Galán, ¿no?

En política, igual. Mi actividad se desarrollaba a través de un micropartido prácticamente sin notoriedad pero, como intervenía en mítines, salía en algún spot electoral y cosas así, pues alguna vez, ocasionalmente, había alguien que me reconocía por la calle y me saludaba.

A raíz de coordinar en 2003 la labor del Ayuntamiento en la primera votación por Internet celebrada en España, que tuvo lugar en El Hoyo de Pinares, salí en muchos medios y se repitieron también situaciones así.


También pasó cuando presenté al jugador de fútbol Roberto Carlos el día que pronunció el pregón de fiestas del año 2000 en mi pueblo.

Ahora Internet multiplica estas posibilidades de que alguien casualmente te conozca. Hace poco me ocurrió en un funeral en Madrid. A la salida me saludó un joven por mi nombre y pasé mi típico mal rato de “qué desastre soy, por qué tendré tan poca memoria visual, que yo no le conozco y me saluda amablemente…”, hasta que él mismo me aclaró que sólo me conocía por las fotos que había visto en Internet y que leía mis artículos. Mis primos alucinaban viéndome hablar animadamente con uno de su barrio.

Sin embargo, mi récord de sorpresa en esto sucedió en una cafetería madrileña. Estaba tomando algo con unos amigos y observé que andaba por allí un diputado del Partido Popular en el parlamento vasco. Es sabido que no tengo afinidad política con el PP, pero todos los que dan la cara en Euskadi -en medio de la imposición asfixiante del nacionalismo obligatorio y de la dictadura cotidiana de los matones- sean del PP, del PSE-EE o de lo que sea, me merecen un especial respeto, porque al final están defendiendo, a un alto precio personal, libertades básicas de todos. En concreto, este parlamentario autonómico ha sido objeto de numerosas amenazas de ETA y ha sufrido acciones propias del más puro estilo nazi. Así que pensé que le iba a saludar al salir, con alguna palabra de ánimo. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando veo que él pasa varias veces por delante de la barra mirándome y al final se decide, se acerca directamente a mí ¡¡y me conocía!! Yo puse los ojos como platos y no disimulé mi absoluta perplejidad. Y él me confirmó que me leía "con interés". Estuvimos charlando un rato y nos hicimos una foto de grupo que, por prudencia y para no complicarle, no voy a utilizar.

Pero, con diferencia, la vez que más sensación de famoso ocasional he tenido fue cuando intervine hace casi seis años en un programa de Telemadrid que presentaba Juan Ramón Lucas. En su área de influencia, superamos aquella noche en audiencia a Sardá y sus Crónicas Marcianas, algo que en aquel entonces era todo un logro.

Los días siguientes, la gente me conocía hasta en el metro. Todo el mundo me había visto, hasta los que yo hubiera querido que no: el juez del juicio al que asistía como letrado, el empleado de la notaría donde iba a firmar una escritura, varios de mis clientes…

El fin de semana siguiente fui a un pueblo de Ávila –donde parece ser que llegaban las emisiones de Telemadrid-, invitado por el joven alcalde a asistir a las fiestas de esa localidad. Y resultó que todo el mundo parecía haber visto el programa y nos reconocía por la calle (venía conmigo otra persona que también había participado en el mismo). Hasta la Reina de las Fiestas y sus damas de honor le dijeron al alcalde que si podían hacerse una foto “con el de la tele”, momento que yo aproveché para intentar flirtear –por supuesto sin éxito- con la miss del pueblo en cuestión, mientras mis acompañantes me llamaban infanticida los muy capullos.

Terminé totalmente sorprendido esos días por la influencia que tiene la caja tonta. Y por la memoria visual de la gente, porque yo veo hoy un debate en la tele y mañana me encuentro en el metro a uno de los que han debatido y, salvo que sea alguien muy famoso, por ahí andará que le reconozca. Y aunque le reconociera no creo que me acercase a decirle nada.

Todavía al año siguiente estaba yo un día en los toros en mi pueblo y se me quedó mirando uno de la cuadrilla antes de iniciar el paseíllo. Al cabo de un momento me dijo:

-Usté salió en la tele el año pasao…
- –me reí
- Me gustó musho como habló usté.
- Bueno, muchas gracias, hombre.

Para flipar, sí.

La explicación está en que, justamente antes de nuestro debate, habían emitido un reportaje de cámara oculta sobre las irregularidades en los festejos taurinos en los pueblos de Madrid y supongo que este hombre lo vería al referirse a su gremio y se engancharía luego al siguiente bloque. Pero me sigue resultando curioso que un año después me recordase.

Sorpréndanse: el debate de Juan Ramón Lucas iba ¡¡sobre caravanas de mujeres!! Los que no me conozcan personalmente, no sean de mi pueblo y no vieran aquel programa, se preguntarán qué rayos hacía yo en semejante embolado… No había participado en ninguna buscando novia, ya lo anticipo. Ya les contaré en otra ocasión cuál era mi papel en todo aquello. Y prometo que un día cuelgo en el Youtube mi intervención en esa polémica y les aviso para que puedan echar unas risas.

Y lo más divertido es cuando creen que me conocen pero realmente no me conocen. Me explico. Hubo una temporada (esto no sé si debería contarlo, porque es una época felizmente superada y puedo reabrir yo solo el cachondeito) en que Pío Cabanillas era ministro portavoz del gobierno y yo llevaba gafas como él y llevábamos de forma similar el pelo largo y la gente me decía calumniosamente que teníamos cierto parecido... De hecho, en un curso que impartí para funcionarios en un Ayuntamiento madrileño, el último día mis alumnos me confesaron que entre ellos siempre me llamaban Pío, los muy mamones. Esto lo dijeron ya una vez aprobados, claro, mientras tomaba con ellos unas cañas después del curso.

Pues iba yo por la calle Orense hablando por el móvil y un hincha de un equipo que ese día jugaba algún partido internacional con el Real Madrid se quedó parado mirándome, con su bufanda y todo, y al cabo de un momento me espetó con acento guiri:

-¿Usted es Pío Cabanillas?

No me sorprendí de que me confundieran con él. Ya me había pasado. Lo que me alucinó fue que un inglés, alemán o lo que fuera supiera quién diablos era Pío Cabanillas. Exceptuando a Angela Merkel, ¿ustedes conocen el nombre -no digamos nada el rostro- de algún integrante del gobierno alemán? Y salvo Gordon Brown, prueben a recordar un nombre o una cara del gobierno británico... Pues eso. Que un extranjero conociera en esa época a Aznar tiene un pase, pero a Pío Cabanillas es para nota...

De acuerdo, la explicación seguramente es que, aunque fuera extranjero y estuviera ejerciendo de hincha de su equipo, que ese día venía a Madrid, quizá vivía en España habitualmente y por eso era conocedor de la política española hasta el nivel de Cabanillas. Pero eso no me evitó a mí la sorpresa de una situación tan surrealista como aquella.
(Fotografía de arriba: Fernando Burguillo. Soy yo, ejerciendo de camarero en Nueva York, en abril de 2004, preguntándole a Barbra Streisand qué va a tomar... Lástima que fuera la cafetería del Museo Madame Tussaud y que la Streisand fuera de cera. Está muy bien hecha la figura, ¿verdad?.. De las fotos de abajo la mía la hizo Víctor Martín y la de Pío ni la menor idea).

¿Qué es lo que no entienden del concepto vacaciones?

Hay personas (clientes, colaboradores, etc.) que han hablado conmigo en persona o por teléfono justamente antes de marcharme de vacaciones y les informé cumplidamente de cómo estaban los asuntos profesionales de su interés en ese momento.


Yo a continuación, insisto, me iba de vacaciones ("vacación: del lat. vacatĭo, -ōnis. 1. f. Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios. U. m. en pl.", según el Diccionario de la R.A.E.) y ellos lo sabían, porque expresamente se lo dije. Por otro lado, los juzgados están cerrados en agosto.

Bien, pues varios de ellos me telefonearon precisamente el primer día después de vacaciones (no pasados unos días, sino el primer día, algunos incluso a primera hora) para preguntarme qué tal iba su asunto (y no por despiste, no, conscientemente: "porque como hoy volvías ya de vacaciones, digo: 'voy a preguntarle qué tal va mi asunto'...").

¿Alguien se presta a contestarles por mí, por favor? Es que ya me cansa y me aburre repetir un razonamiento tan elemental y, además, intentar hacerlo educadamente...: "Pues el primer día después de vacaciones tu asunto está exactamente igual que estaba el último día antes de vacaciones. Es que, verás,...".

¿Esto sólo me pasa a mí o es algo extendido, que sucede a otras personas y en otros sectores de actividad? Y ¿a qué es debido? ¿no saben en qué consisten las vacaciones, piensan que me llevo su expediente cuando voy de viaje para seguir gestionándolo a ratitos si me aburro... o el problema de fondo es otro que yo, torpe de mí, no acierto a comprender?

(Fotografía: Cerrado por vacaciones, de La Ignorancia Mata, de la galería Creative Commons de Flickr).