El carrito de la compra y el autobús


Escribía Juan López de Uralde, director general de Greenpeace España, que en nuestro país consumimos nada menos que 10.500 millones de bolsas de plástico, de las cuales sólo un 10 % aproximadamente se recicla. Sí, no es una errata: 10.500 millones... Ya está bien, ¿no?

En mi caso, las uso luego para residuos, con lo cual nunca compro bolsas de basura específicamente, sino que reutilizo las de los supermercados.

Aun así, tenía previsto comprar una bolsa de tela para las compras pequeñas y un carrito –que hasta ahora no tenía- para las compras un poco más voluminosas.

Como no suelo comprar en grandes superficies, sino en autoservicios medianos cerca de casa, en lugar de venir cargado con seis bolsas de plástico pensaba que el uso de un carrito me lo agradecerían tanto mi espalda como el medio ambiente.

Y ahí empieza mi odisea. Para comprar el carrito sí fui a una gran superficie, porque no había visto que los vendieran en ningún establecimiento cercano. Para ello tomé un autobús –son dos o tres paradas hasta el Carrefour más cercano-.

Compré el carrito, aproveché para comprar algunas cosas más y, como me conozco a mis clásicos por esta primera vez metí la compra en bolsas de plástico antes de introducirla en el carro.

Cuando vaya a comprar de ordinario, puedo ir perfectamente caminando con el carrito, porque me desplazo a un supermercado cercano. Pero ese día había comprado el propio carro y no estaba tan cerca como para regresar andando.

Cuando me dispongo a subir al autobús el conductor me dice:

- No se puede subir con un carrito.
- ¿Por qué? –pregunto, ingenuo de mí.
- Porque no se puede.
- Ya, pero ¿por qué no se puede? -uno, que es así de maniático de los razonamientos.
- Pues porque lo digo yo.

Acabáramos. Otro españolito al que le dan un uniforme y considera que su palabra se convierte en norma de obligado cumplimiento para todos los demás.

- ¿No me va a hacer caso, verdad? –me pregunta él, al ver que no me apeo.
- No.
- Pues ya veremos qué pasa –me amenaza, aunque no sé muy bien con qué.
- Usted haga lo que tenga que hacer. Si es “porque lo digo yo”, no me voy a bajar. Si hay alguna norma, sí.
- Es que sí que hay una norma –ve la luz.
- ¿Y qué norma es ésa?
- Pues una que prohibe subir carritos de compra al autobús- puestos a inventarse la norma le faltó añadir: "carritos de color verde, como el tuyo, espabilao".
- Me conozco las normas de los autobuses y no hay ninguna que diga eso.
- Mírelo, está por ahí atrás.
- Ya lo he mirado muchas veces -dije con seguridad, aunque me lo inventaba-. La única que hace referencia a carros se refiere a carros de bebé y sólo prohíbe subir más de uno simultáneamente o subir uno en momentos de máxima ocupación del vehículo y ahora mismo vamos cuatro gatos. También hay otra norma que prohíbe subir objetos o equipaje que por su volumen puedan molestar a los viajeros, pero aquí ahora hay viajeros que llevan objetos más voluminosos que este carrito y no creo que haya nadie a quien yo vaya a molestar -sí, me puse un poco repelente, pero se lo merecía.
- ¿No se da cuenta de que estamos al lado de un centro comercial y, si permitimos a uno, todo el mundo haría lo mismo? - Eso ya me empezaba a sonar a argumento medio razonable, aunque un tanto rebatible.
- ¿Y si lo pliego? –no hay nada como darles una salida.
- Si lo pliega, entonces sí -repuso aliviado.
- Perfecto, pues me bajo para no molestar si va a entrar alguien, lo pliego y subo de nuevo.

Saco las bolsas de plástico con la compra, las llevo en una mano y llevo el carrito plegado en la otra. Pico mi billete y entro al fondo del vehículo. Ni que decir tiene que de esta forma la compra, con las bolsas depositadas en el suelo y el carro por otro lado, ocupa más espacio y, si el autobús hubiera estado más lleno, molestaría mucho más, pero buscar racionalidad en cómo funcionan las cosas en España es absurdo.

Hasta no hace demasiado tiempo no se permitía tampoco subir carritos de bebé, hasta que la protesta de una ciudadana y su eco en los medios consiguió que la EMT se lo plantease y lo regulara. Así que no sé si escribir a Miguel Sebastián, ese simpar ministro y singular ex-candidato a la alcaldía de la capital que soluciona la eficiencia energética de todo el país quitándose la corbata en el parlamento. Seguro que de esto podría hacer una auténtica cruzada contra el Ayuntamiento madrileño, por antiecológico, puesto que obliga a la gente a utilizar vehículo privado –más contaminante- en vez de transporte público cuando van a la compra, o bien a tener que comprar con bolsas de plástico –también más contaminantes- en vez de con carrito.

(Fotografía: Pamplona, de Hireen, de la galería Creative Commons de Flickr).

11 comentarios:

TortugaBoba dijo...

¡Ay qué me hubiese gustado estar ahí para verlo con mis propios ojos!! Primero que seamos ecológicos, luego nos ponen trabas. Yo hace tiempo que no uso bolsas de plástico, simplemente para la basura (las reutilizo pues), y para la compra suelo llevar bolsas de tela. En Greenpeace las venden y tengo unas cuantas que me han hecho las veces de bolso y de carrito. Porque hay bolsas y bolsas de tela. Algunas son finitas y otras son más gordas y ahí puedes meter lo que tu hombro o brazos aguanten. Imagíname a mí, que fuerza la justita, cuando voy a la compra, dejo a Alfa atada en la puerta del súper (para indignación de la clientela asustadiza con los canes), y entro, me tiro 15 min. haciendo la compra con la listita de turno, y al salir me voy con mi súper bolsa, el bolso (eso no soléis llevar los hombres) y Alfa tirando de mí. A veces hago paradas, pero en cualquier caso el súper al que voy lo tengo cerquita de casa.
A mí es que lo de los carritos me da por saco. Desde que los niños van al cole cargados hasta las cejas de libros con una mochila-carrito les tengo manía. Por eso me gusta ir a hacer la compra cada 2 días, así nunca falta de nada -o casi nunca-.
Lo de que en cuanto uno lleva uniforme se sabe todas las leyes es algo increíble pero cierto.
Beso ecológico ;-)

el criticon dijo...

qué bien quedaría un bebe en su carrito, con el autobus lleno, en un frenazo ó en un altercado.
la imagen que más me gusta es la de los autobuses de la emt, con gente de pie por la carretera a cien por hora, con gallinas en la parte de arriba y algún pasajero agarrado al estribo.progressia.

Liver dijo...

Aqui no hay ese tipo de problemas en los autobuses, al menos no en mi ciudad, yo co cojo cada día y siempre va algún carrito de bebe, o mas de uno, tienen su sitio con su cinturon de seguridad, no sé si servirá de mucho pero lo tiene y lo usan...los de la compra también suben y nunca he visto ningún problema, hasta yo alguna vez he tenido que subir con el, vamos el otro día vi hasta una señora que llevaba una tumbona enorme, plegada si, pero enorme... y cap problema jeje... además tampoco pueden hablar mientras conducen y aqui a veces se la pasan charlando todo el camino, asi que una cosa por la otra...
A mi las bolsas del super me vienen muy bien para la tierra del gato... las bolsas ecológicas son carisimas... algo falla...

Saludos

Carlos dijo...

Reconozco, Tortugaboba, que normalmente estas situaciones me dan corte, porque soy de talante conciliador y no me gusta el conflicto, en general. Pero hay días en que me va la marcha. Y, sobre todo, me puede la irracionalidad, me rebelo contra el "porque sí" y todo eso. Bueno, se supone que esto ya no me pasará más veces, porque fue ocasional; ahora el carrito lo utilizo para ir al super del barrio y voy caminando.
La anécdota -que fue a principios de agosto, por eso el autobús estaba casi vacío- tuvo continuidad: el otro día me subí al autobús de la misma línea, en sentido contrario, para llevar al gato al veterinario, dos paradas más allá y... era el mismo conductor. Me miró a la cesta del Nico y me dio él los buenos días como diciendo "te conozco, eres el del carrito otra vez". Yo creo que, viéndome ahora con un gato, debe de pensar que soy un periodista con cámara oculta que estoy poniendo a prueba a los conductores de la EMT o algo así. Yo por si acaso, me había empollado ya la norma: se pueden portar animales de pequeño tamaño cerrados en receptáculo adecuado de forma que no constituyan peligro ni molestia para el resto de pasajeros.

Criticón, en momentos de máxima ocupación el conductor sí puede impedir la entrada de carritos de bebé. Cuando suben, sólo puede subir uno en cada autobús, tiene que colocarse en un lugar expresamente habilitado y se supone que se sujetan con un cinturón de seguridad que existe para ello (en realidad estaban pensados para las sillas de ruedas de los discapacitados, pero ahora se usan también para esto). O sea, en caso de frenazo, teóricamente tienen más peligro los pasajeros que van de pie que el carrito; otra cuestión es en un altercado, pero ahí el riesgo está en un autobús, en la calle, en un establecimiento...

Mejor, Liver, que en tu ciudad no haya ese problema. A mí me pasa lo que dices: que, a pesar del carrito, tendré que coger de todas formas alguna bolsa, para la basura y para el gato, porque si ahora tengo que comprar bolsas específicamente para eso, me parece que algo no encaja.

TortugaBoba dijo...

Jaajja, estoy viendo la cara del conductor del autobús cuando subes con el transportín de Nico, jajaj ;-)

ANA DE LA ROBLA dijo...

Me mondo con el diálogo, es de traca :-) Ya me imagino la cara del tarugo. Estos en cuanto les rebates la prohibición se quedan sin argumentos (obviamente, porque no los tienen). Me acuerdo de una que tuve con un espécimen de esos en diciembre, con un frío de agárrate, cayendo un aguacero y... entro al bus y el cenutrio tenía ¡¡el aire acondicionado!! a toda pastilla; el autobús, además, prácticamente vacío: una nevera. El tío me decía que el aire acondicionado se encendía solo, que no se podía quitar. Después de una amable conversación logré demostrarle que habría un botoncillo que él apretaba para que aquello escupiera hielo; pero lo que me costó, oye.
Besitos.

carlos dijo...

Jajajajaja, qué bueno. Es para nota, Ana. El tipo, convencido de que, al poner en marcha el autobús, se encendía automáticamente el aire acondicionado fuera cual fuera la temperatura... Fantástico... Ufff, menos mal que le enseñaste lo de pulsar el botoncillo, sino le ves en las páginas de sucesos porque mata a medio pasaje durante el invierno...
Yo, por mi profesión, tengo toda una antología de diálogos curiosos con los típicos funcionarios de ventanilla, que van a piñón fijo y que no les gusta nada que les saques de las cuatro instrucciones que les han dado...
Por cierto, el otro día me acordé de ti (bueno, te tengo presente cada vez que leo tus poemas, pero el otro día fue a propósito de otra cosa). Vi en "El Mundo", a página completa, un anuncio de agradecimiento institucional, donde reproducían el cartel de nuestro entrañable barco emblemático entrando en la bahía sobre el rojo aterciopelado... Y sonreía yo solo en el metro al recordar el texto de "Gorjeos y Gorgojeos" de tu blog. El de al lado leía los titulares de reojillo para intentar descubrir qué noticia del periódico me hacía tanta gracia, pero creo que no dio con la respuesta...
Un beso.

carlos dijo...

Fe de erratas. En mi comentario hay un "sino" que es un "si no". Es que, si no lo corrijo, hablando con una escritora y teniendo una lectora habitual que se dedica últimamente a la corrección de manuscritos...

TortugaBoba dijo...

Bien bien, así me gusta Carlos ;-)
Que si no llamo a tu editorial. Me voy a dedicar a llamar a todas vuestras editorialessssss, jajja
Besooooooooooooooooo

ANA DE LA ROBLA dijo...

Te estás hecho todo un gamberro... Que yo me ría del barco emblemático y sus terciopelos, pase. Pero túuuuuuu :-) Besotes.

carlos dijo...

Bueno, efectivamente yo no era nada gamberro antes ;-) pero será que todo se contagia, querida Ana...
Date un vistazo al video de Magdalena Álvarez en el post de "Vaya tropa de ministros II", anda. Estoy seguro de que te gustará mucho la coherencia y claridad expositiva de todos los ¿razonamientos? Descubrirás que el aeropuerto de Barajas es muy grande, que las listas de pasajeros es un "sector" muy complejo, que aunque no tenga ni idea de la Ley de la Función Pública -que eso da igual- la ministra pertenecía como funcionaria a un cuerpo que además -pásmate- es "un cuerpo que existe". Y, sobre todo, que hay cosas que, aun conociéndolas no las conocemos. Te sentirás identificada con la cara de póker de la pobre Uxue Barkos. Con tu habilidad para el comentario de textos y tu ingenio lo habrías sacado mucha más punta.