De cena con Antonio Ruiz Vega


Y de disfrutar aquella tarde de agosto de la hospitalidad y la amistad de Fernando Sánchez Dragó en Castilfrío de la Sierra, pasamos a encontrarnos también como en nuestra propia casa visitando por la noche a Antonio Ruiz Vega.

Su pueblo, La Rubia, es otra pequeña localidad que tampoco alcanza la treintena de habitantes y que pertenece al Ayuntamiento de Los Villares de Soria.

Si alguien creía que eso de los tradicionales valores castellanos de la nobleza, la austeridad y la hospitalidad eran meros tópicos, podemos dar fe de que al menos hay un soriano que los personifica a la perfección.

A Antonio Ruiz Vega nos lo presentó en Madrid Fernando Sánchez Dragó y allí compartimos una cena oriental y animada tertulia, algunas semanas más tarde de la presentación de Muertes paralelas. Luego nos propuso prepararnos una cena en su tierra y, aunque con más de un año de retraso, al final le dimos ocasión de cumplir aquel ofrecimiento.

Antonio es un incansable estudioso de la historia, la cultura y la etnología de su provincia. Ha fundado revistas, ha escrito numerosos artículos, tiene publicados varios ensayos –como Juegos populares sorianos, Remedios caseros y otras magias sorianas, La Soria Mágica, Calatañazor. La huella de los pasos, Numancia. El Imperio que no pudo ser…- y algunas novelas -como la premiada Últimas palabras de Kate Eddowes-. En su casa, nos regaló a los tres Carlos, con dedicatoria incluida, su relato La isla suspendida y su estudio Las relaciones entre Soria y Euskadi. Yo me llevé desde Madrid, para que me lo firmase, otro libro suyo que tenía y que ya había leído, Los hijos de Túbal, interesante recopilación de mitología hispánica publicada por la editorial La Esfera de los Libros en 2002.

Ruiz Vega es uno de los más estrechos colaboradores de Dragó. Entre otras muchas tareas, le auxilia habitualmente en las investigaciones y las labores de documentación, escribió con él el Diccionario de la España Mágica (1997) y fue antólogo de sus textos en Libertad, Fraternidad, Desigualdad (2007). Juntos, cual caballero andante y escudero, tenían también el sugestivo proyecto de hacer, al estilo Labordeta, un recorrido televisivo por la España mágica (les recomiendo ver el video promocional al que enlazo), idea que por ahora está aparcada, pero que a mí me encantaría que pudiesen llevar a la práctica, porque me parece enormemente atractiva.

Antonio nos esperaba en su casa a Fernando y a los tres Carlos con otro amigo suyo, Raúl. Nos preparó una estupenda fideua junto con unas tortillas de patata y otros manjares varios, y todo lo acompañamos de buen vino. Pero, por si esto fuera poco, tuvimos como ingredientes de la cena y de la sobremesa la calidez y la conversación inteligente y divertida. ¿Qué más se puede pedir?

Le pregunté a Antonio por sus proyectos, porque sabía, por anteriores conversaciones, que anda embarcado en otra imaginativa novela, esta vez de política-ficción iberista, que a mí (que soy iberista convencido) me despierta curiosidad.

Tras comentar algunos pormenores de nuestro viaje, fuimos saltando de tema en tema y tejiendo una simpática charla de cultura, historia, literatura, política…

Bueno, sí, vale: y de mujeres. De hecho, creo que la mente calenturienta de alguno de los tres Carlos –no desvelaremos cuál- es corresponsable del posterior artículo veraniego de Dragó sobre las mujeres más deseadas, que le valió su penúltima polémica pública, por la alusión a Leire Pajín.

Antonio Ruiz Vega había echado a todos los gatos hacia el corral, para que no molestasen durante la cena, pero sabido es que las casas tradicionales de pueblo tienen gatera y que los animalillos se la saben todas, así que uno acabó volviendo a colarse y compartiendo sobremesa conmigo.


Cuando, horas más tarde, Fernando regresó a Castilfrío, para poder levantarse a escribir al día siguiente, allí nos quedamos todavía los demás arreglando el mundo. Comenzamos por reivindicar Castilla –una cuestión que nos interesa a Ruiz Vega, a mí y a cuatro más- para terminar cuestionando todo el sistema económico mundial.

Desde esa noche yo a Antonio le tengo como mi gurú en materia social (Carlos V. decía que hubo un momento en el que sólo me faltó aplaudir y hacerle la ola) porque canta las verdades del barquero, esas cosas elementales que nadie dice o que los poderes políticos y económicos y los medios informativos silencian. En estos tiempos de crisis -en los que las vergüenzas del capitalismo están quedando al aire, en los que nuevamente vamos a vivir, tras una privatización de los beneficios, la socialización de las pérdidas-, es mentalmente muy sano, para mantener cierto espíritu crítico e independiente, escuchar razonamientos como los que esa noche expuso Antonio Ruiz Vega, tan diferentes del discurso dominante. Yo no sabría repetírselos a ustedes igual de bien, pero espero que él se anime a escribir sobre estas cosas, sin necesidad de ser economista, como ciudadano libre que piensa y que hace preguntas incómodas en voz alta.

Carlos V., desde el escepticismo por las vías políticas, apostaba por la acción social y, entre que a mí ese discurso no me gusta nada y que a esas alturas el licor de hierbas no facilitaba mucho su explicación ni el limoncello mi comprensión, terminamos polemizando distendida y cordialmente. Y creo que en un momento determinado yo le dije que estaba haciendo “un discurso liberal” y la siguientes veces añadí –entre risas- “si me apuras hasta esperancista” (por Esperanza Aguirre, y esto si lo hubiera dicho Dragó se trataría de un elogio, pero si lo digo yo tiene que tomarlo justamente como lo contrario…). Yo creo que la mera caridad es desmovilizadora. Que sí hay que hacer labor social inmediata, pero siempre cuestionando el modelo, planteando a la vez el debate de por qué existe esa situación. Si nos limitamos a paliar sus consecuencias, con buena voluntad, lo que estamos haciendo es precisamente contribuir a taponar las fugas de agua del sistema y quien sabe si a mantenerlo a flote. Se solucionan situaciones puntuales, pero a base de mantener intactas las causas que las provocan y que, por tanto, las seguirán provocando. Recordaba la frase del inolvidable obispo brasileño Helder Cámara: “Si doy pan a un pobre, me dicen que soy un santo; si pregunto por qué el pobre no tiene pan, me llaman comunista”. Yo creo que hay que dar pan, pero hay que seguir preguntando a cada instante por qué no tiene pan. Carlos V. defiende que hay que dar prioridad a proyectos concretos de compromiso social por encima de teorizaciones, pero me parece que, en realidad, no discutía el fondo de lo que yo exponía, sino que sencillamente está decepcionado en estos momentos por todos los proyectos políticos.

Esta foto -de cuando aún no se había marchado Fernando- me gusta, porque da el pego: se ve a los dos escritores atentos a lo que yo decía como si realmente tuviese algún interés.


Agotados los licores y una vez que habíamos solucionado primero Castilla, luego España, después Iberia toda y finalmente el mundo en general, nos despedimos afectuosamente de Antonio Ruiz Vega -a quien debemos una-, de su amigo Raúl y de los tropecientos gatitos que rondaban por la casa y el exterior, y nos retiramos.

Pero no precisamente a nuestros aposentos. Mientras Carlos C. (que llevaba ya, responsablemente, tiempo sin beber para poder conducir) proponía, con bastante sentido común, irnos a dormir, Carlos V. y yo manteníamos animados la esperanza de que hubiera fiesta en algún pueblo cercano, al ser 15 de agosto, para estar un rato más por ahí. Carlos C. –seguro de que todo estaría desierto- cometió el error de intentar convencernos enseñándonos los pequeños pueblos casi deshabitados. Y saltó la sorpresa, porque en Aldealseñor –de poco más de 40 habitantes- había una orquesta actuando en la plaza, compuesta por dos integrantes –la chica que cantaba y el chico de los teclados-, un centro social donde servían cervezas y unas cuantas decenas de jóvenes de todos los pueblos de alrededor. Así que estuvimos allí hasta que terminó la actuación. Carlos V., para variar, confraternizó con la juventud del lugar y terminó apalabrando ya las fiestas de Pobar -37 habitantes- para el mes de septiembre. A ese pueblo también hicimos una rápida visita esa misma madrugada, con situaciones surrealistas que luego han dado muchísimo juego en las anécdotas privadas. La que se podía contar, ya la apunté en una entrada anterior.

Nuestro alojamiento lo habíamos reservado en una casa rural en Ausejo. Dragó nos dijo amablemente "la próxima vez os quedáis en mi casa", pero la verdad es que la casa rural nos daba más libertad para no molestar y no tener a Naoko y Fernando como anfitriones pendientes de nosotros al día siguiente y, visto nuestro trasnoche por las aldeas sorianas, fue mejor así.

Ausejo de la Sierra es otro pequeño municipio de unos sesenta habitantes y en esta foto se pueden hacer una idea de su tamaño: miren dónde está la señal de comienzo de población y dónde se ve al fondo la señal de final de población.

Allí se pronunció una de mis frases favoritas -"No andéis trayendo barullos al pueblo"-, episodio que ya conté en Volver.

Al día siguiente, tras descansar y tomar un buen desayuno, nos esperaba la capital soriana.

(Fotografías del autor, de Carlos Cardesa y Carlos Vara).

14 comentarios:

j.p. dijo...

vaya como os lo pasais eh?
curioso el video del proyecto de viaje por la españa oculta, no estaria mal.
(no puedes ocultar que te gustan los gatos está claro).

Carlos dijo...

Gracias por el comentario, J.P
Sí lo pasamos bien, sí.
El video de lo de la España Oculta ya decía yo que merecía la pena, creo que es una buena idea. Sólo viendo las imágenes del mismo y el índice que aparece al final, ya es significativo del interés. Ahora FSD anda liado con mil proyectos, pero estaría bien que en algún momento lo retomara con su escudero Ruiz Vega. Además un recorrido por la España mágica sí que me parece que absolutamente nadie lo puede hacer como él.
Y, sí, claro, me gustan mucho los gatos, es público y notorio.

PEGASA dijo...

He visto un lindo gatito..... jajaja. Que bonita historia, sabes lo que más me gusta que las personas más "importantes" es que realmente si que lo son. No porque sean famosos escritores sino, al contrario, porque son personas ante todo que disfrutan de su vida a su modo y la comparten con sus amigos y los amigos de sus amigos y no pretenden ser otra ser más. Solo eso, persona.
Bueno espero que practicaras tus clases de baile en la fiesta de la aldea, solo ten cuidao de no pisar los pies mucho jajaja. Un BESAZOOOOOOO MUY GORDOOOOOO Y APRETAOOOO.

Carlos dijo...

Claro que sí, Pegasa, lo importante son las personas, no las profesiones ni las etiquetas.

Por eso, este post no recoge la historia de ningún pedante intelectual en un banquete servido en un restaurante de lujo, sino que es la historia sencilla de unos amigos (creo yo que todos mis compañeros de mesa gente interesante y buenas personas) delante de una fideua, unas fantásticas tortillas y una botella de vino de la tierra, departiendo amigablemente y pasando un buen rato que, desde luego, todos esperamos tener ocasión de repetir.

Nada, no bailé ni en Aldealseñor, que no me conocía nadie. Bueno, me moví levemente al ritmo de la música, me tomé unas cervecitas y me eché unas buenas risas.

Besos!!

TortugaBoba dijo...

Me he quedado encantada con la cocina de Antonio: es caótica o muy vivida, como se prefiera. Y esa bombilla de bajo consumo que sobresale de la lámpara es fantástica. Es de los míos este señor. Y encima deja campar a sus anchas a los mininos por su casa, qué divertido, ¡yo quiero!
Por cierto, os cuidais poco los Carlos por lo que veo...
¡Beso!

carlos dijo...

No es una vivienda de urbanita con toques rurales, la de Antonio es la típica casa de pueblo castellano auténtica, como la que tenía mi abuela, vamos. Y "mi" gato de la foto no me digas que no mola un puñao... Y sí, curramos como campeones pero luego nos damos estos ratos de amistad, gastronomía y risas que son todo un lujo. Un besote.

Sil dijo...

Si soy yo la que tiene que tener al gato durante la comida en mis brazos, ya lo podéis dar por pérdido, porque la ong de Silvia se lo trae pa Madrid. Es divina esa foto. La casa me recuerda mucho a una que yo conozco..., pero sin lámpara ni agua en la cocina.
Se te ve disfrutar de lo lindo, y yo que me alegro. Un beso.

carlos dijo...

Como que te crees Sil que no estuvimos tentados de llevarnos alguno de los gatillos que correteaban por la casa y el exterior... La casa, pues de pueblo, nada de una casa imitando decoración rústica, no, la típica casa de pueblo de toda la vida de Dios... Así que acogedora y cálida, sensación a la que también contribuye lo campechano y buena gente que es el dueño. Y, sí, lo pasamos bien, es de esas cosas que se pueden repetir perfectamente.

Marisol dijo...

Anda que no te lo pasas bien........., y con estos dos acompañantes de viaje....lo que me hubiera gustado oir las conversaciones de madrugada...........

Dartagnan dijo...

Que guapo ese chico de camiseta roja, y me da que era el de la mente calenturienta, no? En fin que es un delirante, pero es mi ídolo.

carlos dijo...

Vaya, D'Artagnan, así que te gusta el de la camiseta roja... Tiene que haber gustos para todo. Suerte que tiene el jodío... ;-)

Antonio Ruiz Vega dijo...

Hola a todos. Bueeno, cogimos una buena, con el puto limoncello... Pero, como mi personaje (Kate Eddowes), nunca razono mejor que cuando estoy borracho. Y sigo pensando que la cuestión es cómo acabar de una vez por todas con el capitalismo. Ha cambiado el paradigma que comenzó en los 80 con la Tatcher y Reagan. Nos la metieron doblada, muchachos, con eseo del liberalismo. Y lo dice uno que anduvo por los clubs liberales a comienzos de los 80. Por cierto, es mentira que Aznar estuviera en esa movida. Nunca le ví por ningún lado, y eso que me recorrí media geografía española, a base de caracol gordo, por cierto. Gracias Antonio Garrigues Walker. Ojo, que iba de chófer de mi tío Emilio Ruiz Ruiz, ése sí que liberal de toda la vida y economista de raza. A lo que vamos... Se acabó la tomadura de pelo.Hay que echar ala zorra libre del gallinero libre, nacionalizar la banca, cerrar la Bolsa (y muchas bolsas con minúscula) y, de una vez por todas, colectivizar los medios de producción (así, entre otras cosas, no podrán deslocalizarlos). A final de los setenta el protelariado perdió una oportunidad de oro de, repitiendo la gesta anarcosindicalista del 36, hacerse con fábricas y empresas, prácticamente abandonadas por sus propietarios por mor de la crisis de entonces (esa sí que fue gorda, yo me acuerdo del 26% de inflacción del 78 o 79). Ahora, con más razón, y con perspectiva histórica, habría que hacer lo mismo. Lectio brevis: la historia también nos ha enseñado que no es bueno (ni posible) prescindir del Mercado. No caer en la trampa de confundir Capitalismo con Libre Mercado. El capitalismo es, quizá, la peor manera de asignar recursos de la historia. Peor que el feudalismo, si a eso vamos, que al menos era mecenas de las catedrales y las cruzadas. No sólo la peor, sino la más estúpida y artificial. El capital no produce riqueza. La riqueza sólo la produce el trabajo y el ingenio. Hay que acabar con la usura y con la dictadura del interés. Game over.

carlos dijo...

Vaya, el gurú en persona, bienvenido... Habrá que repetir algún encuentro gastronómico sin tanto limoncello :-) Y a ver si terminamos de retamar el capitalismo, ahora que está contra las cuerdas. Completamente de acuerdo en que es una falacia identificar mercado con capitalismo y viceversa, si bien creo que el mercado no puede marcar tampoco ciertas cosas (cultura, educación, sanidad, vivienda, etc.). Yo soy pesimista, viendo la escasísima capacidad de reacción del personal y como los políticos pierden el culo para salvar -con nuestro dinero- a los bancos de las consecuencias de sus propios errores, mientras estos años de atrás les traía por saco los problemas económicos de los ciudadanos (vivienda, precios, empleo...).

Carlos dijo...

No me puedo resistir a transcribir este párrafo del último libro de Dragó, "Soseki, inmortal y tigre":

“El individuo barrigón se llamaba Antonio, era viejo amigo del escritor, y escritor el mismo, por más que pareciese (…)según los días leñador de Alaska, buscador de oro en los afluentes del Duero, gladiador numantino o gnomo salido del tronco de cualquier sabina del bosque legendario que una vez hubo, al parecer, cerca del pueblo y del que ya no quedaban ni las raíces (…). Antonio vivía en la capital de la provincia, pero pasaba gran parte del año en un destartalado caserón de La Rubia, y de su propiedad, que por los objetos amontonados en su interior, cada uno de su padre y de su madre, y no muy bien avenidos entre sí, parecía una sucursal del Rastro”.