Para variar, ando absorbido por el trabajo acumulado y, además, estamos en pleno apogeo de juicios de antes del verano, cursos, Declaraciones de la Renta y demás historias. Como tampoco me gusta tomarme el blog como una obligacion, sino precisamente como un placer, procuro no forzar las cosas. Así que, ya que no he terminado las siguientes entregas de la crónica de Costa Rica y otras dos o tres textos que tengo en mente, al menos dejo un aperitivillo musical para que los internautas, después de varias semanas de silencio, no acaben desertando de entrar por aquí.
El mes pasado, unos amigos, Eduardo y Mariajo, me invitaron a ir al concierto que Noa ofrecía en Madrid. En mi línea, no les contesté sobre la marcha sino unos días más tarde y ya habían comprado las entradas. Así que me lo perdí y bien que lo siento.
Esta artista, nacida en Tel Aviv pero crecida en Estados Unidos, se trasladó a vivir a Israel con 17 años para recuperar sus raíces y no sólo las incorporó a su vida sino a su música.
Es una singular intérprete, con influencia de cantautores norteamericanos, del jazz, de la música clásica, de la música yemení... que ha generado en su obra un mestizaje musical muy interesante.
Además, Noa defiende el diálogo y el entendimiento de su país con el pueblo palestino y el mundo árabe. Ha tenido numerosos gestos, actuando con muchos artistas de estas nacionalidades, apostando públicamente por la paz entre los pueblos.
La grabación que dejo pertenece a la banda sonora de La vida es bella, una de esas canciones capaces de endulzar el día. Que lo disfruten.
Noa
El sábado, homenaje a D. Alipio en El Hoyo de Pinares
El próximo sábado 17 de mayo, intervendré gustoso en el acto público que tendrá lugar en mi pueblo, El Hoyo de Pinares (Ávila), un homenaje organizado por el Ayuntamiento de esta villa a D. Alipio García León, quien fuera practicante titular en la misma durante casi medio siglo, con ocasión de cumplirse este año el centenario de su nacimiento.
D. Alipio es de esas personas ejemplares cuya vida fue una permanente dedicación a los demás. Con ocasión de su fallecimiento, le dediqué un afectuoso artículo en el programa de fiestas del pueblo, en el que él mismo había colaborado tantas veces.
El veterano practicante había nacido en este municipio abulense en 1908 y desempeñó, entre 1929 y 1978, la plaza de practicante titular en el mismo, aplicando los entonces aún novedosos tratamientos antibióticos y antipalúdicos. También ejerció durante años como comadrón y de hecho más de 2.500 hoyancos llegaron al mundo agarrados de sus manos. Destacó, además, por su intensa labor social y cultural, pues fundó y dirigió el grupo local de teatro D. Bosco en los años 50 y 60, colaboró con la actividad de la asociación Cultura Joven a finales de los 80 y principios de los 90 y fue uno de los entusiastas fundadores y primer secretario de la asociación Escuela de Música, que sigue siendo el auténtico vivero de la banda de música de la localidad y que cumple ahora su vigésimo aniversario. Además, publicó durante años escritos en prensa y en revistas culturales y profesionales. Su pueblo le homenajeó en 1988 y en aquella ocasión el consistorio dio su nombre a una calle de la localidad. El Colegio de ATS le concedió la Medalla de Oro al Mérito Profesional en 1977 y la Ministra de Sanidad Ángeles Amador le impuso la medalla de la Orden Civil de Sanidad en 1995. Falleció en 1999 en Madrid, cuando contaba 91 años de edad.
Su semblanza está recogida en el libro Personajes abulenses, del que es autor Francisco López Hernández. Será precisamente este sacerdote y escritor quien abra el acto del sábado, con el perfil biográfico del homenajeado. Su trayectoria profesional será glosada por algún compañero de profesión, que dará lectura al escrito remitido por José Carbó Lomba, veterano ex presidente del Colegio de Enfermería de Cantabria. Los retratos más personales correrán a cargo de varios convecinos y amigos: el ingeniero técnico aeronáutico Andrés del Prado -que ha escrito recientemente un magnífico artículo al respecto-, la acuarelista Teresa Beltrán, y yo mismo. Yod Samuel Martín, nieto del homenajeado, dará lectura a algunos de sus escritos. Clausurará el acto la actual alcaldesa de El Hoyo de Pinares, Pilar Ochando. Tras las palabras de agradecimiento a los asistentes por parte de una de las hijas de D. Alipio, se recordará luego su trayectoria profesional y vital a través de una selección de imágenes, para finalizar con un vino español.
Costa Rica (II). San José y Braulio Carrillo
Sus habitantes la llaman cariñosamente Chepe. La actual capital de Costa Rica se fundó en 1737, aunque a lo largo de la historia San José se disputó, a veces violentamente, la capitalidad con Cartago, el primer asentamiento estable de los españoles.
Actualmente yo creo que tendrá una población cercana al millón de habitantes, pues ha ido aumentando, tanto por la inmigración interior del país como por la de nicaragüenses, todos ellos buscando una mayor prosperidad económica.
Además de pasear por la ciudad y conversar con los josefinos, de San José no hay que perderse la vida que late en sus bulliciosos mercados, especialmente el Mercado Central.
La capital tiene algunos museos (el Museo del Jade, el Museo de Arte Contemporaneo, el Museo Postal…), parques (La Sabana, el Central…) y plazas simbólicas (la Plaza de la Cultura, la Plaza de la democracia…).

Pero sobre todo la visita obligada en San José de Costa Rica es su Teatro Nacional, construido en 1890. Es el edificio público más vistoso de la ciudad, con una fachada neoclásica y una rica decoración interior. Hoy acoge óperas y conciertos e incluye una cafetería y una galería de arte.
Al salir de San José, atravesamos el Parque Nacional Braulio Carrillo. Resulta increíble que a unos veinte kilómetro de la capital se pueda uno encontrar un bosque virgen como éste.El parque lleva el nombre del tercer presidente electo de la república, tiene 48.000 hectáreas de bosque tropical, colinas, cascadas y algunos volcanes.
Lonely Planet y otras guías explican que este parque fue un compromiso entre el conservacionismo y la necesidad de desarrollo nacional. La única comunicación entre San José y Puerto Limón era el viejo ferrocarril y una carretera rural en mal estado. Se necesitaba una carretera más moderna que uniera la capital del país y su puerto más importante, pero la única ruta viable era a través de esta selva virgen y entre dos volcanes.
La solución fue construir la carretera, a la par que se creaba en 1978 el Parque Nacional y se prohibía cualquier otra intervención que no fuera esa vía de comunicación.Bueno, preparen las maletas, que nos vamos para Tortuguero. Ahí ya sí que nos encontraremos de lleno y con más detalle con lo mejor de Costa Rica: su increíble naturaleza.
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Costa Rica (I). El país
Maite siempre me había hablado con fascinación de Costa Rica y César corroboraba que me iba a gustar. Mario & family me propusieron unirme al viaje, así que ni me lo pensé y, en la mañana del día de navidad, salí con mi maleta con destino a este pequeño país centroamericano.
Lo recomendable es tener más tiempo para dedicarle, porque en apenas diez días tuvimos que concentrar toda la visita, pero aun así mereció mucho la pena. Tuvimos un par de breves estancias en San José –una tarde a la llegada, y una noche y una mañana a la vuelta- y del resto de tiempo un tercio lo dedicamos al Parque Nacional de Tortuguero, otro tercio al área del volcán Arenal y el último tercio lo pasamos en Playa Tambor. Yo esa última parte en principio hubiera preferido dedicarla a visitar la Reserva Biológica de Monteverde, a ir a Puerto Limón u otras opciones, pero lógicamente en viajes en grupo hay que conciliar las preferencias e intereses de todos y tampoco vienen nada mal unos días de relax.
Colón arribó accidentalmente en la zona de Veragua en su cuarto y último viaje a América. En carta al rey Fernando aseguraba –y de ahí surgió el nombre actual del país- que había visto “más oro en dos días que en cuatro años en La Española”. Tras reiterados fracasos en el intento de colonizar la zona, el descubrimiento del Pacífico a cargo de Núñez de Balboa en 1513 impulsó el avance de la conquista y permitió las primeras fundaciones a partir de 1560. Sin embargo, los españoles no encontraron minerales que explotar. La verdadera riqueza de este país era –y sigue siéndolo- su naturaleza.
Costa Rica solamente tiene poco más de 51.000 kilómetros de los más de 510 millones de kilómetros cuadrados de superficie del planeta, pero se estima que acoge no menos del 5 % de la biodiversidad mundial. Más del 27 % del territorio costarricense está sometido a alguna figura de protección medioambiental.
Costa Rica, desde finales de los años cuarenta, apostó por un modelo de democracia sin armas. José Figueres, una figura central en su historia reciente, fue el artífice de una profunda transformación política, pues nacionalizó la banca, estableció impuestos sobre los patrimonios más altos para redistribuir la riqueza, introdujo los derechos políticos de mujeres, grupos indígenas, negros y otras minorías étnicas y abolió el ejército, lo que libro a este país del rosario de golpes de Estado y dictaduras militares que padecieron otras naciones de su entorno. Las políticas han cambiado y distintas opciones se han alternado en el poder. Pero todas han mantenido el modelo de país sin ejército y los costarricenses de a pie se suelen mostrar orgullosos de invertir ese dinero en gastos sociales.
Sin embargo, tengo que decir que a mí personalmente hubo una época, en los años ochenta, en que la política de este país me resultaba especialmente antipática, porque Estados Unidos, con el presidente Reagan al frente, mantuvo un claro desprecio a la soberanía de todos los Estados de la zona y utilizó Costa Rica como base para atacar a la vecina Nicaragua. El gobierno sandinista estaba haciendo un colosal esfuerzo de reconstrucción del país, incluyendo alfabetización, servicios sanitarios, infraestructuras de comunicación… pero la administración norteamericana invertía mucho más dinero en armar a la Contra y en atacar y destruir lo que se iba haciendo. Llegaron al extremo de construir una pista de aterrizaje militar en plena selva costarricense, mientras las autoridades del país miraban para otro lado. Todo cambió cuando fue elegido presidente Óscar Arias, que reafirmó la independencia nacional, expulsó a la contra de su territorio e impulsó el grupo de Contadora y los tratados de paz de Esquipulas para Centroamérica. En un acto público, llevó a escolares a plantar árboles en la pista clandestina de aterrizaje de la CIA. Recibiría en 1987 el Premio Nobel de la Paz.
Costa Rica es hoy un país modesto, pero con más estabilidad, con mayor nivel educativo y cultural, y con mejor nivel de vida que otros países de su entorno.
Un recorrido por Costa Rica permite conocer zonas de costa –tan diferentes en el Pacífico y en el Caribe-, bosques lluviosos, zonas volcánicas, reservas pantanosas, montaña…
Pero el encanto del país no es sólo su maravilla natural. Los ticos –como se llaman a sí mismos- son gente vital, pacífica, amable, acogedora. Tendría ocasión de descubrirlo en los siguientes días.
(Las fotografías del Slide son del autor y de Mario Marín)
(Música: Cómo un pájaro, del grupo costarricense Malpaís)
Puente en Madrid
Cuando sales, Madrid está delicioso, sin atascos, sin aglomeraciones, sin colas. Caminar por el Centro, visitar cualquier exposición, ir por Moyano y Retiro, salir a tomar algo a cualquier sitio de Latina, Huertas o Malasaña, curiosear por el Rastro… siempre es una gozada, pero en estos días más.
Ángel Antonio Herrera (que escribe buena poesía y que escribiría muy bien en prosa si no fuera por ese empeño en imitar al inimitable Umbral) lo ha descrito perfectamente: “Madrid de puente, que es como si dijéramos que la ciudad se pone a pensar en sí misma, libre de gentíos. (…) Madrid no nos deja ver Madrid, salvo cuando llegan unos días de fiesta y Madrid se vuelve abarcable, o sea, visitable”.
Y un año sin Isabel
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
En la foto de cabecera de este blog verán una rosa roja, ya seca. Es un recuerdo a Isabel Marín. Una tarde triste de abril, la robé de uno de los ramos que había sobre su tumba y desde entonces está en mi casa, junto a la vieja máquina de escribir, recordando cada día a la amiga que se fue.
Porque Isabel empezó siendo la hermana del amigo, pero luego fue amiga. Desde aquellos tiempos inolvidables de su casa en Carabanchel, que era un poco de todos, hasta el final, en medio siempre Isabel. Como ha escrito sobre ella Pedro Alonso en su libro El Silencio de la Tierra, “tu luz nos iluminó a todos los que tuvimos la suerte de compartir el camino a tu lado”.
Isabel o la ternura, la inteligencia, la sensibilidad, los despistes (yo creía ser la persona más despistada del planeta hasta que la conocí a ella), la pasión por la lectura, por el arte, los pinchos (“en esta casa se podrá comer luego o no, pero el pincho de antes no puede faltar”), los vinos, sus tradicionales cocidos que nos reunían de vez en cuando, las tertulias sobre política, sobre literatura, sobre viajes, las risas compartidas, las ilusiones, la amistad...
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
Y una historia de amor de ésas que uno observa con admiración, la de Juanjo e Isabel. De ésas que son resultado de tener la fortuna de encontrar a la persona, pero también de saber ir construyendo y alimentando la relación y la complicidad día a día.
Todavía a Isabel no le habían diagnosticado su enfermedad. Estábamos sentados en una terraza y hablábamos, no sé a cuento de qué, sobre objetivos en la vida. Y Juanjo dijo, con esa sencillez que tiene a veces la verdad:
- Pues en mi caso, por ejemplo, uno de los objetivos de mi vida es hacer feliz a Isabel.
Bromeamos con ella:
- Bueeeenoooo, no te quejarás...
Sabíamos que eso que Juanjo decía con absoluta naturalidad, era totalmente sincero.
que les ayude tu alegría…
Y, como dice Mario, tocó tirar adelante. Aprender a vivir con las ausencias, caminar con estas heridas en el alma.
En la última visita a su casa, en la fase final de su enfermedad, tras el beso de una despedida que presentíamos podía ser definitiva, mi hermana le dijo a Isabel mientras yo caminaba hacia la puerta:
-¿Estarás contenta de que ha venido hoy a verte tu niño?
- Claro, es que es mi niño.
Me giré y me regaló esa última mirada, dolorida y cariñosa. Esa mirada que ya nunca se olvida.
(Fotografía del autor) .



