Vuelvo a La Mañana de La 1, sobre estafas de prestamistas

El pasado 5 de marzo el espacio La Mañana que presenta en TVE Mariló Montero entrevistó a Monchi, una de las numerosas víctimas de estafas cometida por un conocido prestamista privado, imputado por varios juzgados de Madrid.

En plató estaban presentes dos colaboradores habituales del programa -el abogado Joaquín Moeckel y el periodista Juan Baño- y acudí yo como invitado, en mi condición de asesor jurídico de la asociación Stop Estafadores, que agrupa a los afectados por estas prácticas fraudulentas.

Una vez más tuvimos ocasión de describir y analizar el modus operandi habitual de estas redes que, aprovechándose de la necesidad, consiguen engañar para hacer constar un capital superior al entregado, con elevado interés de demora y plazo muy reducido de devolución, con la finalidad última de apoderarse del inmueble.

De mar a mar

Calculo que Mario tendría 16 y yo 17 años. Nos habíamos propuesto irnos a Asturias con nuestras mochilas a la espalda, una tienda de campaña, un walkman y algunas cintas de cassette, un pequeño hornillo para cocinar y unas cuantas latas de comida, ganas de aventura y muchas dosis de ilusión. Lo que apenas llevábamos era dinero, pero esto nos parecía entonces un detalle insignificante. 

Cuando llegamos a Oviedo, en la misma estación Mario preguntó: “¿Cuál es el primer tren que sale para un sitio con mar?”. Aparecimos en la playa de San Juan de Nieva, un hermoso lugar cerca de Avilés. 

Al llegar al destino, comenzamos a caminar, suponíamos que en dirección al Cantábrico, pero no estábamos seguros y llevábamos demasiada carga como para dar paseos inútiles. Mario soltó entonces la mochila, se adelantó corriendo, subió a un montículo y mientras volvía me gritaba desde lejos todo emocionado: “¡Tío, el mar!”. 

Más de treinta años después, de mil y una vivencias compartidas, mientras echábamos al mar las cenizas de Mario, recordaba yo aquella escena. Los inicios de una amistad que ya es para siempre. Y esa atracción que él sentía por el mar. Le hubiera gustado el sitio que sus compañeros de buceo eligieron para que le despidiéramos. 

Se me ha ido con él tanta historia, tanta vida, que cinco meses después no encuentro aún palabras que puedan reflejar, siquiera pálidamente, esta herida. 

Me encanta la gente que mira hacia adelante, la que mantiene firmemente que lo mejor está por venir. Y quisiera creerlo, pero me resulta hoy imposible. Muy generoso tendría que ser el futuro conmigo para no pensar que lo mejor de mi vida se quedó aquel atardecer entre las olas del Mediterráneo.


(Fotografías: Galicia, 1985; Marrakech, 2006; y Jávea)