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Sin Justicia a tiempo no hay derechos



A punto de encarar el último trimestre de 2026, en la Sección de lo Social del Tribunal de Instancia de Sevilla -los antiguos juzgados de lo social- estamos señalando juicios ordinarios para el año 2030: quien presenta hoy una demanda de cantidad o de reconocimiento de derechos sabe que su acto de juicio se celebrará dentro de cuatro años. 

Los datos son tozudos: los módulos que fija el Consejo General del Poder Judicial establecen que cada unidad judicial -antes juzgado, hoy plaza- debería recibir 800 asuntos al año y en Sevilla esa cifra se duplica ampliamente. Solo el sobreesfuerzo personal de quienes trabajamos en esos órganos -que acaba pasando factura en términos de vida personal y familiar y no pocas veces de salud- evita que cada ejercicio consuma dos años enteros de agenda. Pero ni aun así se contiene el retraso, que se ha ido incrementando año tras año. 

Sevilla padece la peor situación, pero no es un caso aislado dentro de Andalucía. En procedimientos ordinarios, Málaga y Almería superan también los veinte meses de espera media, mientras Cádiz y Huelva no se quedan atrás. Y tampoco es un problema privativo de nuestra Comunidad Autónoma: Barcelona y Madrid, por ejemplo, también arrastran tiempos similares en los procesos no preferentes. A esos plazos hay que añadir, en muchos casos, las fases de recursos ante los Tribunales Superiores de Justicia y el Tribunal Supremo, que tampoco escapan al deterioro. 

La situación viene siendo denunciada reiteradamente por las asociaciones judiciales y por los Colegios de la Abogacía y de Graduados Sociales, pero a quien más perjudica no es a los operadores jurídicos, sino a los justiciables, a la ciudadanía que busca amparo en la jurisdicción social. Porque no hablamos de una abstracción estadística. Hablamos de la trabajadora despedida que, si finalmente se declara improcedente su cese, percibirá la indemnización mucho más tarde de cuando la necesitaba o, lo que es peor aún, se determinará su readmisión, que resulta una broma pesada cuando hace años que se tuvo que buscar otro empleo. Hablamos también del trabajador al que no le pagan el salario, de cómo su crédito pierde valor real y capacidad de presión frente a la empresa. De quien impugna una alta médica indebida y debe seguir acudiendo a un trabajo que no se siente en condiciones de afrontar. De quien reclama una incapacidad permanente y sostiene su vida, mientras tanto, sin ingresos y sin certezas. De la familia que ha visto denegado un ingreso mínimo vital y necesita esa prestación para comer ahora, no dentro de varios años. En todos estos casos la Justicia tardía no protege: llega cuando el año está consumado y, a menudo, cuando ya es irreversible. 

Durante años me sorprendía -y me entristecía- que los sindicatos no situasen esta cuestión entre sus reivindicaciones más destacadas, como un problema gravísimo y de imprescindible respuesta. Porque de nada sirven los derechos reconocidos en la ley, ni los obtenidos en la negociación colectiva, ni los conquistados con movilizaciones, si después la tutela judicial llega tarde para protegerlos y hacerlos realidad. 

Por eso mismo, me alegra que Comisiones Obreras haya iniciado una campaña al respecto, con la elaboración de un informe detallado –“Sin Justicia a tiempo no hay derechos”- y el anuncio de actuaciones ante el Ministerio de Justicia, el CGPJ, el Defensor del Pueblo e incluso una reclamación colectiva ante el Comité Europeo de Derechos Sociales. El sindicato denuncia con acierto que se trata de un problema estructural del Estado de Derecho, que la demora erosiona el derecho a un proceso sin dilaciones indebidas, y que la desigualdad territorial hace que su efectividad dependa del código postal donde se ejerce la acción. Ojalá esta denuncia no sea algo puntual y se mantenga como una prioridad sostenida. 

Y anticipo ya con claridad que, en contra de lo que sostiene el Ministerio de Justicia, las recientes reformas legales -por razones que no caben aquí y que merecerían un artículo específico- no suponen, ni de lejos, una solución a este problema. Hace falta un diálogo sincero con quienes conocemos la situación desde dentro, un acuerdo para un plan de choque que aporte soluciones efectivas. 

Mientras tanto, seguimos trabajando cada día más de lo exigible, con normas ineficientes, con recursos insuficientes, con una digitalización defectuosa y con esa sensación descorazonadora de llegar tarde, de no hacer Justicia a tiempo cuando los ciudadanos que la necesitan la están reclamando.

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Nota.- Aquí se recoge la versión íntegra del artículo incluidas las partes que, por razones de espacio, no se publicaron en los periódicos.

Enrique Ortiz Sierra, in memoriam

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy, 05/03/2026.

Panorama / Cultura / Obituario 
El pasado 22 de febrero falleció a los 59 años el abogado y poeta de origen granadino en el Monte del Pilar, en la localidad madrileña de Majadahonda

Nos conocimos por el Derecho, claro. Pero él, de forma casi desapercibida, se las arreglaba para llevarte al territorio de la poesía y de la música.

Fueron dos de sus grandes pasiones, junto con disfrutar de su gente querida y correr por parajes de montaña. Precisamente en el Monte del Pilar de la localidad madrileña de Majadahonda -al que a menudo nos permitía asomarnos con sus fotografías- es donde terminó su camino hace unos días. Dolorosamente, para tantos como le queríamos. Podría decir también que inesperadamente, porque casi siempre la muerte nos pilla con el paso cambiado: él sabía muy bien cómo «nos aferramos a ese sueño insomne / de que mañana habrá otro mañana».

Enrique Ortiz Sierra había nacido en Granada y acababa de cumplir 59 años. Tenía una asesoría de empresas y despacho jurídico en la Comunidad de Madrid y soy testigo de que en su labor profesional era garantía de seriedad y responsabilidad. Ahora que tantos venden puro humo en redes sociales, él representaba justamente lo contrario: se conducía con rigor, con mucho trabajo, con profesionalidad…, pero apenas se daba importancia. En el trato con los demás, sobresalía su enorme generosidad: ennoblecía la palabra «compañero».

 

Como poeta, un joven Enrique Ortiz Sierra tuvo un comienzo fructífero. Su primer poemario publicado, Tormenta alrededor de una fotografía (Diputación de Granada, 1991) obtuvo el Premio de Poesía Andaluza Villa de Peligros. En 1992 la Dirección General de Juventud de Andalucía le distinguió con el Premio Gustavo Adolfo Bécquer de Literatura Juvenil, en la modalidad de poesía, por Descubrimiento de la lentitud (Junta de Andalucía, 1992). Y ese mismo año, con solo 26 de edad, obtuvo un Accésit del prestigioso premio Adonais con Extraño abordaje (Ediciones Rialp, 1993), una mirada a distintas experiencias humanas, desde la doble perspectiva de la sombra y de la luz. «Procuré -contaba-, en paseos al anochecer en Granada, sobre todo en los meses de verano de 1991, que el primer verso fuese regalado (fruto de intuición, inspiración, suerte) (…) y el resto trabajado como un espejo entre partes».

Después, dejó de publicar. Sus libros de juventud los atribuía a «necesidades biográficas» y bromeaba diciendo que «por lo visto, desde 1992 no me ha pasado nada». Al final de su último poemario editado, se había propuesto la tarea de seguir expresando ese extraño abordaje de vivir «desde el artificio más hermoso que existe: un poema». Pero llevaba ya tres décadas escribiendo solo algunas piezas sueltas y trabajando en un proyecto que iba cociendo a fuego lento. En sus redes decía ahora que ya estaba ultimando Lecciones de cosas. No sé si esta obra habrá quedado inconclusa (apenas unos días antes de su muerte escribía «la tarde se ha esculpido en tachones»), pero ojalá no permanezca inédita.

 

En 2021, el creador de la firma @lamalagamoderna, Diego Ríos Padrón, y él hicieron un maravilloso «sujétame el cubata» en Instagram y en lo que aún se llamaba Twitter: acordaron que Enrique seleccionaría cada día del año un poema, de distintos autores, y Diego se ocuparía de caligrafiarlo e ilustrarlo con sus pinceles. La tarea de éste era más laboriosa y a veces se le acumulaba, pero al final cumplieron con 365 poemas ilustrados. Para quienes seguimos aquella aventura, el año fue más hermoso al menos durante un rato cada día.

 

Estos últimos tiempos, Quique participaba en un proyecto municipalista, Vecinos por Majadahonda. Era su manera de implicarse en mejorar la comunidad en la que vivía.

 

En su forma de conducirse en la vida practicaba costumbres que antes sonaban clásicas y hoy son casi revolucionarias. Por ejemplo, la virtud del respeto: era siempre exquisito. O la capacidad de escuchar, impresionante. Y era palpable cómo -rara avis- se alegraba sinceramente con los éxitos de los demás.

 

En ese sentido, recuerdo su felicitación, de corazón y no como un mero cumplido, por mi paso de la abogacía a la judicatura. Y será imposible olvidar cómo estuvo siempre al tanto de Raquel y de mí como pareja, acompañando desde la distancia, con visible cariño, cada uno de nuestros pasos.

No tuvimos una amistad íntima o un trato frecuente, pero era siempre cercano y afectuoso. Se las apañaba para que no nos perdiéramos la pista, para tender puentes entre afines, de lo que dan fe los mensajes que he leído a muchos de sus compañeros de toda España. Y era una persona inspiradora, a quien hubiera confiado con los ojos cerrados cualquier cosa, en lo profesional o en lo personal.

 

Produce una tristeza profunda que se nos marche alguien de corazón limpio, una persona que, a su alrededor, en su pequeña parcela, siempre hizo el mundo mejor.


Se nos quedan, querido Enrique, muchas conversaciones inacabadas, incluso algunas por iniciar, tal vez alrededor de esa «hoguera de siempre / donde cada uno diga, mire, / pronuncie / los recodos de su dolor, / el sosegado júbilo / de su camino». Aquí seguimos Raquel y yo heridos, apenados, recordándote, pero celebrando haberte conocido. Intentando, como tú, que «este breve hábito de estar aún vivos / nos colme de sentir que hemos vivido».


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Ilustraciones: fragmento del poema Tema de Trabajo, de Enrique Ortiz, ilustrado por Diego Ríos Padrón. Portada de Extraño Abordaje. Imagen de Enrique Ortiz Sierra, de la web de su despacho. 

La judicatura y la fiscalía, en huelga



Durante los días 1, 2 y 3 de julio, tres de cada cuatro integrantes de la judicatura y la fiscalía estamos secundando una convocatoria de huelga, efectuada por cinco asociaciones (por cierto, no todas ellas “conservadoras”, como repiten perezosamente muchos medios) contra el Proyecto de Ley Orgánica que modifica estas carreras. No comparto todos y cada uno de los argumentos y el discurso de los convocantes, pero mi reflexión personal me ha llevado a sumarme a la medida, por coincidir en aspectos muy relevantes con su motivación. 

El Proyecto de Ley, impulsado por trámite de urgencia y sin diálogo, incide en extremos que guardan indudable relación con los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad en el acceso a la función pública, y despierta también no pocos recelos en cuestiones que podrían afectar a la imprescindible independencia judicial. 

Desde hace años, se viene proyectando encomendar la instrucción de las causas penales en España al Ministerio Fiscal, como sucede en otros países. Pero, a la hora de preparar el escenario para esa reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, no se opta, como sería deseable, por dotar de mayor autonomía a la Fiscalía, sino todo lo contrario: hay un reforzamiento de las competencias del Fiscal General del Estado -nombrado por el Gobierno- y un debilitamiento de la función del Consejo Fiscal. Piensen en un escenario donde la UCO y toda la policía judicial reciba las instrucciones de una fiscalía jerárquica y, simultáneamente, en la limitación de la acusación popular que también impulsa el gobierno. No resulta difícil de imaginar qué hubiera sucedido con determinadas causas judiciales por todos conocidas. 

En la carrera judicial, tampoco una sola de las medidas apunta a un fortalecimiento de la independencia: se mantiene la designación partidista de la totalidad del CGPJ, la discrecionalidad en los nombramientos judiciales por parte de éste -que se han convertido en un sonrojante reparto de cromos- y la existencia de unos Magistrados en los Tribunales Superiores de Justicia que son directamente designados por los parlamentos autonómicos. 

Tras años de convocar menos plazas de las que exigía la tasa de reposición, se utiliza ahora el falso argumento de un supuesto mandato de la UE para poner en marcha un proceso extraordinario de entrada de más de un millar de personas en las carreras judicial y fiscal, sin ajustarse a ninguno de los actuales cauces de acceso: con carácter general, la oposición libre y, para cierta proporción de magistrados, un concurso-oposición para juristas con más de 10 años de experiencia. Conozco los abusos en el tratamiento de los jueces sustitutos y coincido en que debería darse una solución a su anómala situación. Pero se está utilizando la misma como mera excusa para un proceso de supuesta estabilización que realmente no es tal: no se busca consolidar un cuerpo estable para sustituciones necesarias, sino de habilitar el acceso, como funcionarios de carrera, a la titularidad de otras plazas, que se sustraen a la libre concurrencia, para después continuar recurriendo a la precariedad a la hora de cubrir las sustituciones. Si reparamos en que, en realidad, ese proceso está abierto a otros juristas que no hayan sido jueces sustitutos, los riesgos resultan más que evidentes. 

El Proyecto impulsa un Centro público para la preparación de la oposición, cuyo control gubernamental resulta muy preocupante, tanto desde criterios de igualdad como desde parámetros de independencia. Entre otras medidas que sería largo enumerar, el nuevo texto legal introduce también un retroceso democrático en la elección de órganos de gobierno de los tribunales. 

Creo que no es irrelevante que esta iniciativa legal venga precedida de una sostenida campaña, partidista y mediática, de descalificación de la propia judicatura ante la opinión pública, con acusaciones de lawfare y con tergiversación de las resoluciones, para deslegitimar al Poder Judicial y especialmente a quienes investigan presuntas irregularidades de políticos. Esto nos hace ser particularmente cautelosos a la hora de valorar cualquier decisión que, incluso gradualmente, pueda pretender abrir paso a una judicatura cómoda para los poderosos. Los tribunales son la garantía última de los derechos de la ciudadanía y de la igualdad de todas las personas e instituciones ante la ley.

Una responsabilidad política, no judicial

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba y Granada Hoy, 05/12/2023.


Se cumplen cinco años desde el final del mandato del CGPJ sin que se haya procedido a la renovación del mismo por parte de las Cortes Generales.

Si echamos un vistazo a algunas de las redes sociales más populares, podemos comprobar cómo, a los integrantes en funciones del CGPJ, se les tilda de “jueces okupas” y “jueces caducados”, se propone que no cobren retribución o se alude a su supuesta resistencia a abandonar el cargo, con ese rigor y sutileza que caracterizan a menudo los juicios vertidos en tales foros.

 

Me fascina cómo los políticos españoles, que están incumpliendo desde hace un lustro su obligación de renovar el CGPJ, no sólo han conseguido eludir su responsabilidad ante la opinión pública, sino que se la han endosado injustamente a unos vocales del CGPJ que, obviamente, no pueden nombrar a sus sucesores y no han hecho sino cumplir la obligación prevista en el artículo 570.2 de la Ley Orgánica: Si ninguna de las dos cámaras hubieren efectuado en el plazo legalmente previsto la designación de los vocales que les corresponda, el Consejo saliente continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo.

 

Discrepo en no pocos aspectos de la línea de actuación y gestión que sigue nuestro CGPJ, pero ello no me impide reconocer algo evidente: que sus actuales integrantes no han perdido oportunidad de reclamar, pública y reiteradamente, a los responsables políticos que cumplan con su obligación de renovar la institución.

 

El anterior Presidente, Carlos Lesmes, decidió presentar su dimisión, con la pretensión de que ese gesto supusiera una llamada de atención a la clase política y se procediera al nombramiento del nuevo Consejo por quienes tienen atribuida tal competencia. De nada sirvió.

 

El actual, Vicente Guilarte, incluso ha elaborado y formulado algunas propuestas con el ánimo de que puedan contribuir a desbloquear la situación, para que sean valoradas por los responsables políticos que tienen en sus manos la decisión.

 

El CGPJ está compuesto por 20 vocales, la mitad elegidos por el Congreso y la mitad por el Senado. 8 de ellos deben ser juristas de reconocida competencia y los otros 12 magistrados en activo con más de 15 años de servicio. Para estas últimas plazas, se pueden presentar candidatos avalados por una asociación judicial o por 25 miembros de la judicatura.

 

En su día, el Presidente del CGPJ remitió a las Cortes el listado de candidaturas a vocales judiciales presentadas en plazo. A lo largo de cinco años, las sucesivas presidencias del Congreso y del Senado han incumplido por completo su obligación de convocar los plenos para que sean votadas.

 

Cuando muchos representantes políticos hacen declaraciones críticas y hasta descalificatorias sobre la no renovación del Consejo, hay que recordar que la carrera judicial sí “hizo sus deberes” y que el incumplimiento se produce por parte de quienes ni siquiera han convocado las sesiones parlamentarias en las que someter a votación dichas candidaturas, obtengan o no finalmente los tres quintos necesarios.

 

No está previsto en la ley que, si no hay acuerdo previo entre los grupos parlamentarios mayoritarios o, lo que es peor, si el acuerdo no se produce entre dos concretos partidos en ámbitos ajenos al parlamento -por un bloqueo deliberado o por incapacidad para alcanzar consensos-, la consecuencia sea paralizar arbitrariamente un proceso reglado y que es de obligado cumplimiento.

 

Lo acabamos de ver en los debates de investidura: aunque el primer candidato a la presidencia del gobierno no obtuvo la confianza mayoritaria de la cámara, a nadie se le pasó por la cabeza dejar de convocar el pleno del Congreso e impedir que la votación se produjera. Con el CGPJ sí lo han hecho. Y es grave.

 

Por ello, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en sentencia de 22 de junio de 2023, ha condenado a España y ha reconocido el derecho de los aspirantes propuestos por la Asociación Judicial Francisco de Vitoria a que sus candidaturas fueran examinadas por el Parlamento en el plazo determinado legalmente.

 

La pelota sigue estando, pues, en el tejado del Congreso y del Senado, cuyos presidentes han de cumplir con la obligación que tienen legalmente atribuida de convocar los plenos y realizar la votación. Y que luego cada cual se retrate.

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(Ilustración: Rosell, Diario de Sevilla)

¿Deben cotizar los robots a la Seguridad Social?

Publicado en El País, suplemento Retina, 15.04.2019.

¿Se imaginan una resolución oficial de un parlamento que incluyese referencias al monstruo de Frankenstein, a Pigmalión o al Golem de Praga? Pues existe. El 16 de febrero de 2017, la mayoría de eurodiputados adoptó un acuerdo que recordaba estos mitos de nuestra cultura antes de entrar en harina y solicitar al Consejo y a la Comisión europea que presenten una propuesta de Directiva para desarrollar normas civiles en materia de robótica. 

Los robots han llegado a la sociedad del siglo XXI para quedarse y convertirse en algo cotidiano. Ya no estamos sólo ante experimentos más o menos vistosos para exhibir en alguna feria tecnológica. Se calcula que más de 35.000 robots están operativos en la actualidad en la industria española, mientras que la Federación Internacional de Robótica (IFR) estima que este mismo año se llegará en el mundo a 2’6 millones de robots industriales instalados. 

¿Hasta qué punto sustituirán los robots a las personas en la realización de tareas profesionales y laborales? Podemos encontrar proyecciones para todos los gustos. Hay quienes piensan que, como ya sucedió con la revolución industrial o tras la popularización de la informática, sólo será cuestión de adaptación: desaparecerán puestos de trabajo, sí, pero serán sustituidos por nuevos cometidos profesionales. La UE recuerda que la informática sirvió para liberar a las personas de tareas monótonas pero que al final no destruyó empleo, todo lo contrario. El Foro Económico Mundial (WEF) cree que en 2025 se habrán perdido 75 millones de empleos que hoy existen, pero que a su vez estas mismas tecnologías generarán 133 millones de empleos, con lo que el saldo neto sería de 58 millones de puestos de trabajo nuevos. 

Sin embargo, en general, parece mayoritaria y muy extendida la opinión de que la expansión de los ingenios electrónicos tendrá impacto negativo -cuando menos en una primera fase de adaptación- en materia de empleo. La consultora McKinsey Global cree que el 20 % de los trabajadores del mundo serán reemplazados por robots en sólo 12 años. Un estudio de la Universidad de Oxford sostiene que, en un intervalo de 10 a 20 años, el 47 % de los trabajos serán realizados por máquinas. 

Una cosa es segura: por más que las previsiones sean diversas y discutibles, la implosión de la robótica no será inocua ni intrascendente. Y más nos vale habernos preparado para distintos escenarios posibles antes de que la realidad nos arrolle. 

En febrero se sometió a la consideración del Pacto de Toledo un texto que reunía alto grado de consenso, aunque finalmente no salió adelante, posiblemente por la inminencia del horizonte electoral. La propuesta de resolución incluía una afirmación que, sin embargo, no consta que resultase controvertida: “Si la revolución tecnológica implica un incremento de la productividad, pero no necesariamente un aumento del empleo, el reto pasa por encontrar mecanismos innovadores que complementen la financiación de la Seguridad Social”. 

¿Estaban queriendo abrir los expertos y los partidos políticos la puerta a que los robots coticen a la Seguridad Social? 

El líder de UGT, Pepe Álvarez, defendía esa idea, asegurando que “el proceso de irrupción de los robots en la Economía va a tener consecuencias directas sobre los trabajadores, sus puestos de trabajo, sus salarios, sus condiciones laborales, sobre las cotizaciones sociales y sus pensiones, los sistemas fiscales y los de protección social. Cuando nos pronunciamos a favor de que los robots coticen a la Seguridad Social lo que hacemos es una simplificación metafórica para poner sobre la mesa este problema y la necesidad de buscar soluciones para afrontarlo (…). Estos robots sustituirán a muchos trabajadores que dejarán de ganar un salario, no podrán cotizar a la Seguridad Social y no pagarán impuestos, y eso tendrá una consecuencia directa sobre nuestro sistema de pensiones”. 

No coincidía con él su homólogo de Comisiones Obreras, Unai Sordo, quien considera que “gravar fiscalmente lo que no deja de ser una inversión en tecnología, productiva, no parece ser el mejor camino para que la productividad de las empresas mejore”, pero apuesta por mejorar la configuración del Impuesto de Sociedades para que esa mejora de rendimiento empresarial se traduzca en una contribución efectiva a las arcas públicas.

¿TIENEN QUE PAGAR LOS ROBOTS… O SUS DUEÑOS? 

Dos son las grandes líneas que se apuntan a la hora de configurar obligaciones vinculadas a estas tecnologías. Una de ellas pasaría por dotar a los robots de cierto reconocimiento jurídico, una especie de personalidad digital. Así, el parlamento europeo apunta expresamente a una personalidad electrónica como forma de personalidad jurídica específica, cuando menos para los robots autónomos más complejos. 

Personalmente, no soy partidario de esta vía, porque me parece que genera más complicaciones que ventajas. Si ni siquiera hemos reconocido a otros seres vivos, como los animales, ser titulares limitados de derechos y obligaciones, dar ahora el paso de reconocer alguna especie de pseudopersonalidad a máquinas, a creaciones del ser humano, resulta innecesario. Todos los retos jurídicos que plantea la robótica -desde la responsabilidad civil a la tributación, pasando por principios éticos, propiedad intelectual, seguridad, etc.- me parece que se pueden resolver legislativamente con un sistema de registro y estableciendo una persona física o jurídica responsable de los mismos. 

Realmente, y por simplificar, no tienen que pagar los robots, sino sus dueños por todo lo que se derive del uso de los mismos y sus fabricantes o programadores por los defectos que les sean atribuibles. Como sucede hoy con los vehículos o con cualquier otra maquinaria. 

Por tanto, huelga decir que no creo que los robots como tales deban tener obligación de cotizar, como tampoco han de generar ninguno de los derechos propios de los cotizantes ni ser acreedores de prestaciones de Seguridad Social. Pienso, sin embargo que hay que articular mecanismos para que quienes emplean esos robots sí contribuyan a la financiación de nuestro sistema de Seguridad Social. 

La opinión de Unai Sordo plantea, a mi juicio, al menos dos inconvenientes. En principio, no me parece incuestionable esa ecuación de a mayor número de robots, mayor productividad y, como consecuencia, mayor beneficio empresarial. Puede haber casos en los que simplemente se sustituyan personas por máquinas sin que ello sea más barato para la empresa, que puede hacerlo motivada por otros beneficios indirectos: ganar en precisión en las tareas o evitar factores tan propiamente humanos como el error o el conflicto. Estaríamos ante supuestos en los que se destruiría empleo sin aumentar el beneficio empresarial ni, por tanto, la tributación sobre el mismo. 

Por otro lado, una mayor recaudación en el Impuesto de Sociedades hoy por hoy no tiene impacto en el sistema de pensiones. Nuestro sistema contributivo financia prestaciones con cotizaciones y no con tributos. Los Impuestos, por definición legal (artículo 2.2.c de la Ley General Tributaria), no son finalistas: van a la caja común de las Administraciones, su recaudación no se asigna a un destino concreto. Los pagos finalistas, como las tasas o los precios públicos, sí responden a un servicio prestado y se destinan a financiar el mismo. Pero aquí tampoco estamos un servicio concreto que vayan a proporcionar los poderes públicos a los titulares de ingenios tecnológicos. La pretensión es que las empresas usuarias de robots contribuyan al sostenimiento del sistema público de Seguridad Social pero sin una contraprestación particular. 

¿ESTÁ CLARO QUÉ ES UN ROBOT? 

Otra de las dificultades que se pueden plantear es precisamente el alcance de una medida de este tipo y cómo evitar las más que previsibles maniobras de elusión. 

Porque, en definitiva, ¿qué es un robot y qué no lo es? Si ponemos el énfasis en la capacidad de realizar tareas de forma autónoma una vez programadas, muchas máquinas de cualquier cadena de montaje actual podrían ser incluidas en el concepto. Si, por el contrario, ponemos el acento en la inteligencia artificial, cualquier ordenador podría ser considerado como tal. El término acuñado por el escritor checo Karel Čapek no posee una acepción unívoca y universalmente aceptada… y mucho menos lo será cuando de la misma se derive una obligación contributiva. 

Una vez establecida en la norma una definición de qué se considera robot a efectos de aportación pública, no tengo ninguna duda de que, en muchos casos y en la medida de lo posible, se modificarán características técnicas para quedar fuera del alcance de cualquier gravamen, aun cuando el ingenio electrónico en cuestión sí esté sustituyendo al trabajo humano y no tenga un papel meramente auxiliar de éste. 

Coincido con los redactores del documento del Pacto de Toledo antes citado en que tenemos un importante desafío: encontrar mecanismos de financiación innovadores, si queremos que la robótica no tenga un impacto negativo sobre la sostenibilidad del sistema de prestaciones. Por usar terminología tributaria, no creo que los robots tengan que ser considerados sujetos pasivos, pero sí hecho imponible: sus dueños tendrán que asumir obligaciones. Habrá que determinar qué entendemos por robot a estos efectos. Y se hace necesario ir desarrollando algún nuevo concepto de cotización empresarial vinculada a la sustitución tecnológica de la actual mano de obra y que, de alguna forma, se destine a la financiación de prestaciones de Seguridad Social y no a las arcas de las Administraciones en general. Los robots, a la postre, deberán estar al servicio del bienestar de las personas.

Intervención en Antena 3 Noticias sobre homeschooling


El pasado 2 de septiembre el informativo de Antena 3 presentado por Matías Prats emitió un breve reportaje de Lidia Ruiz sobre la educación no escalarizada.
En el mismo, insertaron unas declaraciones mías sobre el tratamiento legal de esa opción del homeschooling en nuestro país.

Intervención en Hoy por hoy de la Cadena Ser sobre precariedad laboral

Hoy por hoy, Cadena Ser, 02.06.2017

Precariedad laboral

BECARIOS, SUBCONTRATADOS Y TEMPORALES: ASÍ LOGRARON PRECARIZAR NUESTRO HOTEL

La industria del turismo supone un 11,2 % del Producto Interior Bruto

Marisol Rojas. Madrid.

Martín trabajó 41 años en un hotel de Madrid. Juan llegó más tarde, pero pasó 12 años ayudando en la recepción, echando una mano con el mantenimiento y haciendo de mozo de equipajes. Los dos tenían contrato fijo, pero el hotel optó por una estrategia que implicaba sustituir a su plantilla por jóvenes baratos y precarios. Los números lo demuestran: de un equipo con 50 personas en nómina, ahora quedan poco más de una decena.

Los caminos para deshacerse de ellos fueron diferentes. El que le tocó a Martín fue un atajo en toda regla. Tenía que cuidar de su madre, pero no le permitieron conciliar. La estrategia le funcionó al hotel, porque él no vio otra salida que marcharse cuando la vida se le hizo imposible. La empresa se ahorró su despido.

A Martín le enseñaron la puerta de salida cuando ya estaba en marcha una estrategia que pasaba por tener mano de obra compuesta por becarios, empleados de ETT y subcontratas. La preocupación de los trabajadores fue a más, temían ir cayendo uno a uno. Fue entonces cuando Juan decidió dar el paso y presentarse como representante sindical: "Cuando ves las barbas de tu vecino mojar, pon las tuyas a remojar. Yo veo que mi director fuera, la jefa de recepción fuera, trabajadores y compañeros míos que eran profesionales como la copa de un pino, fuera. Yo ya sabía que estaba sentenciado". Le echaron antes de que pudiera llegar a representar a sus compañeros.

Consiguió un buen acuerdo gracias a su abogado, Carlos Galán, que además preside la Sección de Derecho Laboral del Colegio de Abogados de Madrid. Los testimonios de Juan y Martín son el fiel reflejo de una tendencia que afecta a trabajadores de muchos sectores: "En construcción se abusaba mucho de los trade, los autónomos económicamente dependientes; en el sector servicios abundan los falsos autónomos y en la industria hay mucha subcontratación, más o menos fraudulenta, que roza los límites legales. En todos los sectores ha habido esa tendencia". Su repaso a los sectores productivos y su experiencia profesional le hacen llegar a una conclusión qu se ha convertido en realidad en muchos hogares: "Cualquier persona que durante esta crisis haya perdido su empleo y haya conseguido recuperarlo, habrá podido comprobar que no se recuperan las condiciones anteriores. Todo el mundo ha experimentado en carne propia que es es muy difícil volver a las condiciones que se tenía en el anterior empleo".

Martín ya ha conseguido jubilarse, Juan tiene otro empleo. A su manera, se sienten afortunados porque comparan su situación con la de sus excompañeros. "Hay compañeros que tienen hipotecas y a los que a lo mejor les tienen que quitar la casa. Compañeros que llevan en paro dos, tres o cuatro años. Algunos han tenido que dejar Madrid para irse a vivir al pueblo", dice Juan, que no puede ocultar su enfado al pensar en la vida actual de sus antiguos colegas. "Son de esa gente que se ha dejado la vida por las empresas, pero como eres un número y les importas un pimiento".

1º de mayo: entrevista en Onda Cero sobre actualidad laboral


El 1 de mayo, fiesta del trabajo, el programa En la Onda, que presenta Pepa Gea, emitió una entrevista conmigo, en mi condición de presidente de la Sección de Derecho Laboral,  para repasar la actualidad del mundo del trabajo en nuestro país. Hablamos del minuto 10:00 de crisis, abusos y fraudes, sindicatos, precarización, reclamaciones laborales, impagos salariales, cambios de condiciones, etc.

Declaraciones a Confilegal sobre lucha contra el fraude laboral

Publicado en Confilegal.com, 21.04.2017

RECLAMAN UN INCREMENTO EN LA INSPECCIÓN DE TRABAJO PARA LUCHAR CONTRA EL FRAUDE LABORAL

Luis Javier Sánchez. 

Incrementar notablemente el millar de inspectores de trabajo que hay en nuestro país parece ser una de las claves para luchar de manera efectiva contra la economía sumergida, contexto en el que muchas empresas operan de forma fraudulentamente. Pese a ello Trabajo ha convertido 265.170 contratos temporales en indefinidos y recuperado entre 2012 hasta febrero del 2017 18.237 millones de euros. Sin embargo, la tarea aún es ardua, sobre todo por la falta de medios que hace que esas inspecciones muchas veces sean documentales.

La propia Ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha afirmado en diferentes foros públicos que “el fraude laboral supone una agresión intolerable contra los derechos laborales básicos de los trabajadores”. Por ello ha resaltado que “gracias a la labor desarrollada por la Inspección de Trabajo y Seguridad Social se ha logrado la conversión de más de 265.710 contratos indebidamente temporales en contratos indefinidos”.

Sin embargo expertos como Carlos Javier Galán, socio director de Alberche Abogados y presidente de la sección de Derecho Laboral del ICAM, consideran que aún hay mucho por hacer: “Creo que es importante reforzar los medios de la Inspección de Trabajo. Un millar de inspectores aproximado para todas las empresas del país es claramente insuficiente. Estamos a la cola de Europa en la ratio entre número de inspectores y número de empresas y empleados”.

Para este experto, la situación actual lo que está generando es que “se tenga que hacer una actuación inspectora más documental que de visitas. Y a su vez lleva a la paradoja de que se controle más al que está dado de alta que al 'pirata': se vigilan los incumplimientos concretos de las empresas que sí están regularizadas más que el incumplimiento absoluto que supone la economía sumergida”.

Desde el propio Ministerio de Empleo aseguran que el impacto global de las actuaciones entre los años 2012 y 2017 asciende a unos 18.237 millones de euros. Se insiste también en que la calidad del empleo comienza con el derecho a tener un contrato, a estar afiliado a la Seguridad Social, a tener formación, pensión de jubilación, o prestación por enfermedad. Desde agosto del 2013 funciona un buzón anónimo contra el fraude laboral que permite diferentes denuncias que luego comprueba la inspección de trabajo. Según sus primeros datos en sus dos primeros años de vida afloró 4.000 empleos sumergidos.

A juicio de nuestro experto, el problema reside en la falta de medios antes citada que deja situaciones sin atender: “No me parece que la cuantía de las sanciones sea baja, en términos generales, sin perjuicio de que se pueda hacer algún ajuste. El problema no es que se actúe y el resultado sancionador sea insuficiente, el problema son las numerosas situaciones de incumplimiento ante las que no se llegar a actuar por esas limitaciones existentes”.

Otros datos que se conocen señalan que en nuestro país, desde 2012, gracias a la actuación de la Inspección, han aflorado 430.773 empleos, que antes no tenían derechos. Y al mismo tiempo se han detectado 6101 empresas sin actividad real, creadas únicamente con el objeto de acceder de forma indebida a diferentes prestaciones.

Sobre la tipología de fraude existente en nuestro país, Galán destaca que “el gran problema sigue siendo el volumen de economía sumergida: empresas sin dar de alta a las que nadie controla y trabajadores sin dar de alta. Esto implica detraer ingresos a la Hacienda Pública y a la Seguridad Social, pero además una inadmisible competencia desleal para las empresas que sí cumplen”.

Al mismo tiempo subraya que “dentro de las empresas registradas, la irregularidad más generalizada creo que es el fraude de ley en la contratación temporal, especialmente los contratos para supuestas obras o servicios determinados que realmente no tienen autonomía ni sustantividad propia, así como los falsos contratos formativos”.

Junto a ellos también se puede señalar como “otro fraude extendido tiene que ver con la jornada: altas a tiempo parcial que encubren realmente jornadas a tiempo completo, horas extraordinarias no retribuidas, etc.“.

Además, este experto abogado laboralista señala que “no podemos olvidar las situaciones en las que no se reconoce una laboralidad que sí existe: los numerosos falsos autónomos que realmente son empleados y las subcontrataciones que encubren cesiones ilegales de mano de obra”.

También cree que “podría citarse la imposición en la práctica de condiciones de trabajo inferiores a las reconocidas en convenio y todo lo que son prácticas antisindicales en las empresas”.

Presentación del Premio del ICAM en Memoria de los Abogados de Atocha

Publicado en Confilegal, 02.10.2016

EL COLEGIO DE ABOGADOS DE MADRID PRESENTA LA PRIMERA EDICIÓN DEL PREMIO ABOGADOS DE ATOCHA

Luis Javier Sánchez

A punto de cumplirse cuarenta años del trágico atentado que segó la vida de cuatro abogados laboralistas y un estudiante de Derecho y dejó malheridos a cuatro letrados en un bufete situado en Atocha 55, la abogacía ha decidido recordar la memoria de estos letrados.
Aquel fatídico 24 de enero de 1977 quedó marcado por la llamada “Matanza de Atocha”, un momento clave para la transición española.
A la película "Siete días de Enero" de Juan Antonio Bardem y al libro publicado a primeros de año "La matanza de Atocha. 24 de enero de 1977" (La Esfera de los libros), obra de Jorge e Isabel Martínez Reverte se ha sumado la iniciativa del Colegio de Abogados de Madrid.
Por ello la Decana, Sonia Gumpert, acompañada del vicepresidente de la Fundación Abogados de Atocha, Raúl Cordero, y del presidente de la Sección de Derecho Laboral del Colegio, Carlos Javier Galán, ha presentado la primera edición de los Premios En Memoria de los Abogados de Atocha convocados por la propia entidad colegial.
“Éste era, es y será para siempre –dijo Gumpert– el Colegio de nuestros compañeros asesinados y, por tanto, somos depositarios de un legado moral de formidables dimensiones, que nos impone obligaciones irrenunciables no sólo para conservarlo, sino para hacerlo crecer”.
Para la Decana, los abogados de Atocha son “una inspiración para la los empeños de hoy en la regeneración del Estado democrático y en la causa, siempre inacabable, de los más débiles”. Por ello, este premio hace para “honrar a los compañeros asesinados en la calle Atocha y en reconocimiento de los valores de la abogacía en la defensa de los Derechos Humanos”.
Por su parte, Raúl Cordero agradeció la iniciativa del ICAM: “Hace cuarenta años, cuando el gobierno quería hacer un entierro semiclandestino, el Decano Antonio Pedrol dio la cara para que los abogados de Atocha fueran velados en su Colegio y honrados como se merecían. Cuarenta años después, con Sonia Gumpert, los abogados de Atocha vuelven por la puerta grande a su Colegio”. La Fundación apoya por ello la iniciativa y un representante de la misma formará parte del jurado.
En su intervención, el Presidente de la Sección de Derecho Laboral y uno de los impulsores de la idea, Carlos J. Galán, recordó que los abogados de Atocha “concibieron el Derecho como una herramienta más de lucha y supieron exprimir las leyes de la dictadura para defender los derechos de los trabajadores”.
Aseguró que “en el mundo actual, se lucha por la libertad de expresión, s contra las condiciones de esclavitud laboral, se defiende el acceso de la mujer a la educación en países donde se le quiere privar de ese derecho básico, se combate las redes de trata de personas, se denuncia la explotación infantil, o se defiende a los refugiados en una Europa que parece olvidar por momentos sus valores.”
En todas situaciones Galán recordó que "también hay abogados haciendo lo mismo: usando el Derecho como herramienta para defender derechos sociales”. Por ello, afirmó “queremos reconocer a esos juristas comprometidos y hacerlo con un nombre tan querido para nosotros como es el de los abogados de Atocha”.
El premio, que ha sido creado en colaboración con la Fundación Abogados de Atocha de CCOO, se divide en dos categorías. Por un lado se encuentra la categoría ‘Sénior’, que premiará a los abogados de todo el mundo por su labor en el campo de los derechos humanos desde el ámbito social.
Por otro lado, la categoría ‘Junior’ entregará el premio ‘Serafín Holgado’, en memoria del estudiante de derecho fallecido. Esta categoría premiará a los estudiantes de derecho, los cuales tendrán que presentar un ensayo jurídico breve sobre un tema social relacionado con los derechos humanos.
HISTORIA DE MUCHOS AGRADECIMIENTOS PÓSTUMOS
Las candidaturas podrán ser presentadas hasta el 31 de diciembre de este año, por al menos 25 firmas de abogados o por asociaciones de letrados legalmente constituidas, entre otros, y los galardones se fallarán en enero de 2017.
La Fundación Abogados de Atocha de Comisiones Obreras de Madrid trabaja desde el 2004 para que los abogados de Atocha continúen vivos en la memoria de la sociedad. Es un homenaje continuo a los abogados asesinados el 24 de enero de 1977 en Atocha 55: Luis Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez y a sus compañeros malheridos, Alejandro Ruiz-Huerta, Luis Ramos, Dolores González y Miguel Sarabia.
A lo largo de los años han sido numerosos los homenajes en recuerdo de las víctimas de Atocha. Además de la puesta en marcha de dicha entidad, dieron su nombre al Centro de Empleo y Formación de CCOO de Madrid, situado en la calle Sebastián Herrera, 14.
En 2007, en recuerdo a los ausentes se adoptó como lema las palabras de Paul Éluard: "Si el eco de su voz se debilita, pereceremos”.
Al mismo tiempo, el Estado español les ha concedido la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo y la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, la más alta distinción que se da en la Judicatura; la Comunidad de Madrid les otorgó la Primera Distinción a la Tolerancia que se concedía.
Además, en estos momentos, 25 municipios madrileños y muchos más en toda España tienen alguna calle, parque, plaza o edificio público que lleva el nombre de los Abogados de Atocha o de alguno de sus integrantes. También el Ayuntamiento de Madrid creo hace tres años un grupo escultórico en la Glorieta de Antón Martín, a escasos 30 metros del número 55 de la calle de Atocha, que representa El abrazo del artista valenciano Juan Genovés.

25 años de abogado


Intervención en el acto de entrega de diplomas por 25 años de colegiación en los VIII Encuentros Internacionales de Madrid, organizados por el Colegio de Abogados de Madrid, 22 de abril de 2016.

Autoridades, Presidenta del Consejo, querida Decana, Junta de Gobierno, compañeros y amigos:

La frase no puede ser más tópica pero tampoco más sincera: es un honor hablar en nombre de los compañeros que cumplen sus 25 años de colegiación. Y lo primero es lo primero: dar las gracias a nuestro Colegio por este gesto de reconocimiento. 

Cuando, recién comenzado mi ejercicio profesional, veía de vez en cuando en el Otrosí la entrega de diplomas a los compañeros que cumplían sus bodas de plata con la profesión, veinticinco años de ejercicio me parecía un horizonte lejanísimo. Ahora que estamos aquí recogiendo ese diploma, podría decir, parafraseando el viejo tango que cantaba Gardel, que es un soplo la vida y que veinticinco años no son nada. 

Pero sí, han transcurrido ya veinticinco años desde aquel día en que acudimos a la calle Serrano para colegiarnos y comenzar nuestro ejercicio profesional. Hoy tenemos más edad, más conocimientos y más experiencia, pero quiero pensar que también persiste en nosotros una parte de aquella joven ilusión con la que empezábamos nuestra andadura en la abogacía. 

No sé si la profesión ha resultado ser como cada cual la suponía. En nuestro imaginario seguro que estaban las grandes películas y series norteamericanas de abogados, pero también esas series más cercanas a nuestra realidad. El año pasado Fran Estévez citaba Turno de Oficio. Yo me acordaba, con el reciente adiós a Ana Diosdado, de Anillos de Oro. Sabíamos que la realidad es diferente del cine y la televisión, pero no sé si éramos conscientes de que la realidad a veces supera a la ficción. 

El caso es que, recogido nuestro carnet profesional, se iniciaba una trayectoria en la que a buen seguro hemos vivido de todo. 

Hemos trabajado mucho. Esto es “marca de la casa”. Decir "abogado" y "muy trabajador" casi es una redundancia.

Con la risa a veces contenida, hemos acumulado a buen seguro un montón de anécdotas. Yo me acordaba estos días cuando fui a uno de mis primeros juicios y le preguntaron a un testigo por las generales de la ley y él explicaba con mucho enfasis: "Sí, señora, soy mu amigo, mu amigo, mu amigo de ése, y mu enemigo, mu enemigo, mu enemigo de aquél". O una señora a la que entregué una sentencia absolutamente improbable, porque habíamos ganado y yo le había anunciado que íbamos perder, que entrábamos a juicio únicamente por su empeño, y no mostró ninguna sorpresa. Y cuando yo le preguntaba "¿por qué estabas tan segura de entrar a juicio?" me dijo: "Carlos, porque tú eres muy buen abogado... Bueno, por eso y porque había consultado a una vidente antes". Y la última, hace apenas unas semanas, una señora que me decía en el despacho: "D. Carlos, a mí me sometieron a la prueba del polígrafo". Yo puse los ojos como platos: "¿En España, me está usted diciendo". "Sí, sí -contestó-, en el juzgado". "¿Y cómo era esa prueba del polígrafo?". "Pues me llevaron allí -me explicó-, me dijeron que tenía que escribir con mi letra y lo iban a comparar con la firma que había en el contrato". "¡Ah, calígrafo". Y me dijo: "Sí... ¿Le estaba volviendo a usted loco, verdad?". 

Hemos recibido resoluciones que nos han producido especial disgusto y hemos recibido sentencias que seguro nos han producido una particular alegría o incluso nos han emocionado, por las dificultades superadas, por el intenso trabajo que quedaba detrás o por el trasfondo humano del asunto. 

No sé las razones de cada cual para elegir esta profesión, pero sí sé que, en medio de muchos sinsabores, también nos da cada día razones para seguir en ella.

Hace siglos, cuando en el Reino de Castilla los jueces se llamaban oidores, los abogados eran los voceros. Porque esa es nuestra tarea: poner voz –que es tanto como decir fundamentos jurídicos, razones, argumentos…- a los intereses y los derechos de quienes confían en nosotros. Así lo contaba el Rey Sabio en las Partidas: “El oficio de los abogados es muy provechoso para ser mejor librados los pleitos (…) Tuvieron por bien los sabios antiguos que fizieron las leyes, que ellos pudieran razonar por otros (...) de guisa que los dueños dellos, por mengua de saber razones, o por miedo, por vergüenza o por no ser usados de los pleytos, no perdieran su derecho". Ésta es la enorme responsabilidad a la que nos dedicamos cada día. 

Me gusta este oficio, entre otras cosas, porque la ética no es opcional. No es una apuesta individual del profesional, sino que es norma. La ética es esencia misma de la abogacía. No sólo estamos obligados a aplicar buena praxis en los aspectos técnico-jurídicos: como en el caso de la Medicina y otros, nuestro Código Deontológico nos obliga a mucho más. En nuestro caso, se consagra y protege esa especial relación de confianza cliente-abogado, el secreto profesional, la independencia e incluso el compañerismo, algo que no deberíamos olvidar. 

De ahí la importancia de los Colegios Profesionales como salvaguarda de esas señas de identidad. Todas las alternativas a los Colegios son peligrosas y mucho menos deseables: en un extremo, la mercantilización absoluta de la profesión; en el otro, que ese necesario control se ejerciera desde el intervencionismo de los poderes públicos, con mengua de nuestra independencia. Nuestros Colegios representan la autorregulación de la profesión, desde la libertad y desde la responsabilidad, y por ello tenemos que defenderlos y cuidarlos, por interés de los profesionales, pero también por garantía de los ciudadanos y por el bien común de la sociedad. 

Me vais a permitir un pequeño desahogo personal. Yo no vengo de una estirpe de abogados. Vengo de una familia de clase media, modesta, de un pequeño pueblo de Ávila, El Hoyo de Pinares. Mi padre era funcionario y mi madre tenía un pequeño comercio. Los dos, que por distintas circunstancias no habían podido pasar más allá de los estudios primarios, se empeñaron en que los tres hermanos pudiéramos tener acceso a los estudios universitarios y trabajaron años sin descanso para ello. Hoy mi hermana es médico, mi hermano ingeniero y yo abogado. Mis padres estaban convencidos de que esas carreras, elegidas por nosotros, eran el mejor patrimonio que podían brindarnos. Y no es verdad. Eso es lo segundo mejor. Lo primero es que con su ejemplo nos enseñaron a ser buenas personas. 

Cuando terminé la carrera mis padres recibieron la invitación para ir a un acto de graduación. Creo que les hacía ilusión. Cuando me lo dijeron, yo, afectado por una especie de fiebre iconoclasta muy veinteañera, les dije que no tenía pensado ir. No me di cuenta entonces de que para ellos, que no habían estado en el día a día del aula y que no iban a estar tampoco en el día a día del despacho y de los tribunales, aquello era como la pequeña ventana para asomarse a un logro que era también suyo. Hoy mi padre ya no puede estar aquí, aunque espero que de alguna forma pudiera sentirse orgulloso. Pero mi madre sí está y, aunque sea con veinticinco años de retraso, hoy ella se puede sacar esa espinita y yo le puedo dar las gracias. 

Decía que era un desahogo personal, pero quizá no es tan personal, porque, salvando las circunstancias, vosotros compartiréis un sentimiento parecido, de gratitud hacia las personas cercanas. A quienes están aquí acompañándonos y a quienes no han podido venir pero están de corazón. A nuestros padres, parejas, hijos, hermanos, amigos… A esas personas a las que hemos robado tanto tiempo, a esas personas que se han alegrado con cada uno de nuestros avances, a quienes nos han dado ánimos en los momentos de desaliento, a quienes han estado ahí a nuestro lado. Estoy seguro de que no me equivoco al hablar en nombre de todos si os digo que este diploma es también vuestro. 

Felicidades a los compañeros que tienen ese mérito de haber cubierto 50 años de ejercicio profesional. 

A quienes hoy habéis jurado como abogados, felicidades, mucho ánimo y muchos éxitos. Dos consejos: 

- Haced vida colegial. Como dije antes, estar colegiado no es un mero trámite, el Colegio es garantía de la libertad del abogado y de los valores de nuestra profesión. Tenéis un área de empleo, un departamento de turno de oficio, una biblioteca magnífica, un Centro de Estudios para actualizarnos permanentemente que ha cumplido treinta años de buen hacer y que el año pasado formó a nada menos que 25.000 alumnos, unas secciones donde podéis compartir experiencias con compañeros de vuestras mismas especialidades o circunstancias profesionales... Los que empezáis, tenéis un Grupo de Abogados Jóvenes y una Sección de Iniciación que os acompaña en vuestros primeros pasos. El Colegio se está esforzando por estar cada día más cercano al colegiado, no hagáis dejación vosotros de vuestro derecho y vuestro deber de participar, porque el Colegio de Abogados es vuestro, es nuestro. 

- No perdáis nunca esa especie de cuidado artesanal del principio: por mucho tiempo que pase y muchos casos que llevéis, no los convirtáis nunca en un número. Haced de cada caso algo singular, poned en cada uno de ellos lo mejor de vuestra capacidad y de vuestro oficio. Caso a caso, como ese “partido a partido” que constituye la filosofía del mejor entrenador del mundo... ¿verdad, Sonia? 

Y a vosotros, mis compañeras y compañeros que compartís conmigo este diploma, enhorabuena por 25 años de independencia, de esfuerzo, de constancia, de superación, de sinsabores y de éxitos. Por 25 años de dedicación a esta profesión, exigente pero apasionante, ingrata pero hermosa. Felicidades.

La sentencia por acoso laboral a discapacitado, en Cuatro y Telecinco


El grupo Mediaset difundió el 26 de mayo, en Informativos Telecinco, Noticias Cuatro, y en un reportaje de la agencia Atlas, la información sobre la sentencia judicial que condena a una empresa de servicios por el acoso laboral sufrido durante varios años por uno de sus empleados, una persona con discapacidad intelectual.

El reportaje incluyó declaraciones mías como abogado del trabajador en este proceso judicial.

La sentencia por acoso laboral a discapacitado, en Telemadrid


El informativo Telenoticias, de Telemadrid incluyó el 26 de mayo de 2016 información sobre la sentencia condenatoria a una empresa por acoso a un empleado con discapacidad psíquica, caso en el que fui abogado de la víctima. 

La noticia incluye unas breves declaraciones mías y, a continuación, una interesante entrevista con Alberto Alemany, de la Fundación Carmen Pardo Valcarce.

En la Cadena Ser, sentencia sobre condena a una empresa por acoso a un trabajador con discapacidad intelectual

Cadena Ser, 26.05.2016

CONDENADA UNA EMPRESA POR ACOSO Y AGRESIONES A UN DISCAPACITADO

El Juzgado de lo Social nº 7 de Madrid obliga a Servicios Securitas a indemnizar a un empleado con un 39 % de discapacidad psíquica que fue acosado y maltratado en el trabajo

Alberto Pozas. Madrid.

Luis llevaba trabajando en el servicio de paquetería y mensajería de la Torre Picasso de Madrid desde junio de 1997, pero el infierno empezó quince años más tarde: un día era el chico de los recados de los otros trabajadores, otro día era insultado por haber traído el bocadillo equivocado y un día sus compañeros le ataron con cinta aislante a una silla y apareció en su casa con moratones en los brazos. Luis no se llama Luis, tiene un 39% de discapacidad psíquica reconocida, y un juzgado de Madrid acaba de condenar a su empresa a indemnizarle con más de 44.000 euros por, entre otras cosas, no haber evitado una situación de acoso de la que tenía conocimiento.

El juzgado de lo social número 7 de Madrid ha condenado a la empresa Servicios Securitas S.A a indemnizar a este trabajador con 44.892,02 euros: aproximadamente la mitad se corresponde con la extinción de su contrato , y el resto con una indemnización de daños y perjuicios por, según el fallo, vulnerar su derecho fundamental a la dignidad y a la integridad física.

Según los hechos que la jueza Inmaculada González ha declarado probados, la víctima llevaba trabajando desde 1997 en la Torre Picasso del Paseo de la Castellana de Madrid -desde 2008 para Servicios Securitas - y el acoso empezó en 2012. Obedecía a su jefa "en todo, tanto si eran órdenes laborales como no laborales, como por ejemplo hacerle la compra para su casa". El hijo de su jefa se incorporó a la oficina y sus atribuciones aumentaron: era el encargado de salir a comprar los bocadillos de media mañana, y si se equivocaba le llamaban "tonto e imbécil", teniendo que pagar la diferencia de su bolsillo. "Era frecuente que le tiraran a la cara gomas, bolas de papel o clics a la voz de 'tonto, imbécil, que no te enteras".

Un maltrato probado por la Justicia del que él no se daba cuenta: su 39% de discapacidad psíquica reconocido por la Comunidad de Madrid posteriormente le hacían "insumiso, aquiescente, incapaz de enfrentarse a problemas nuevos y que tiende a culpabilizarse de todo lo que pasa", sin ser consciente de su discapacidad. Las intervenciones de su hermana tampoco mejoraron la situación: le empezaron a pegar en los brazos y a llamarle "chivato". Sólo encontró un poco de calma cuando su familia le prometió que nunca más volvería a su trabajo. Tras seis horas con la psicóloga descubrieron que un día le habían atado con cinta aislante a una silla, y que otro le habían tapado la cabeza con una bolsa y sólo se la habían liberado para beber champán, mientras varios lo grababan en vídeo.

LA EMPRESA, RESPONSABLE

La sentencia declara probada la situación de acoso y maltrato pero también carga contra la empresa, que "nada hizo para poner coto a estas conductas, ni tan siquiera cuando por petición de la hermana intervino el Jefe de Seguridad de Torre Picasso", advertencia a la que también hay que añadir la de una delegada sindical de Comisiones Obreras. Asegura que "no es excusa que la empresa cuente con códigos éticos, líneas internas de denuncia o compliance, porque no son instrumentos hábiles para que los maneje un discapacitado intelectual aterrorizado", concluyendo que "la empresa es la responsable de las consecuencias" y que conocía la discapacidad que sufría su trabajador.

En declaraciones a Radio Madrid, el letrado defensor de la víctima Carlos Javier Galán, de Alberche Abogados, destaca que a lo largo del proceso judicial la empresa se ha puesto del lado de los supuestos acosadores en vez de brindarle apoyo a la víctima.

La sentencia revela que la empresa llegó a pedir, a lo largo del proceso, los movimientos bancarios de la víctima, algo "contrario al derecho a la intimidad y que además a nadie interesa" según la sentencia. Resalta también que víctimas como su cliente, con una discapacidad psíquica, son "especialmente vulnerables" por su reticencia a denunciar el acoso o simplemente a reconocerlo.

PESADILLAS, INSOMNIO Y MIEDO

Según declara probado también la sentencia, las consecuencias de años de acoso y maltrato se traducen en flashbacks, pesadillas, insomnio y "miedo intenso a volver al lugar de trabajo". Según su abogado, podrá volver a integrarse en el mercado laboral, con el apoyo de su familia y de compañeros que "no le hagan la vida imposible".

La sentencia es recurrible ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, y por tanto no es firme.
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La noticia en otros medios:
- Europa Press, 26.05.2016
- El Mundo, 26.05.2016
- ABC, 26.05.2016
- La Sexta, 27.05.2016
- La Vanguardia, 26.05.2016
- El Economista, 27.05.2016
- Infolibre, 26.05.2016
- Diario de Avisos-El Español, 26.05.2016
- Ideal, 27.05.2016