Maestros que dejaron huella

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, de El Hoyo de Pinares, septiembre 2025.


Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo. También, añado yo, a más pequeño nivel, para cambiar los pueblos. 

El Ayuntamiento publica con frecuencia en sus redes lo que llama #TalentoHoyanco, personas de nuestra localidad que destacan en distintas facetas personales o profesionales. Estoy seguro de que existe muchísimo más talento oculto, que tal vez solo conocen las personas más cercanas, de gente que brilla hoy en numerosos quehaceres.

El crecimiento formativo y cultural que, generación tras generación, se ha ido experimentando en El Hoyo de Pinares no hubiera sido posible sin muchas circunstancias y sin algunas contribuciones imprescindibles. Por supuesto, sin los cambios sociales que se han producido a nivel global. Por descontado también, sin el mérito de los propios interesados que han desarrollado esas trayectorias dignas de elogio. Pero no sería justo dejar de lado dos factores que han contribuido de forma importante. 

El primero, que nunca debemos olvidar, es el sacrificio y el esfuerzo de quienes los precedieron: los padres y madres que quisieron para sus hijos las oportunidades que ellos no habían podido tener. 

Y el segundo, sin duda, la labor de los docentes. Esos maestros que dejaron huella y a los que este año queremos recordar en nuestras Fiestas. Cuando la Escuela quedó atrás hace tiempo, descubrimos que nuestras aficiones e incluso nuestras vocaciones tienen a menudo un nombre propio. Años más tarde, cuando disfrutamos con la música o con la literatura, cuando amamos la naturaleza, cuando nos interesa la ciencia, la historia o la informática, cuando practicamos la fotografía, cuando tenemos afición al deporte…, somos capaces de reconocer detrás al maestro o la maestra que nos inculcó por vez primera esa inquietud, que nació en nuestra etapa escolar, a veces incluso de forma desapercibida. 

Repite acertadamente Ever Garrison que un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, el conocimiento y la sabiduría en sus alumnos. Es como una semilla que no se ve en el momento, pero que germina con el tiempo. 

La Escuela no solo nos proporciona conocimientos -de hecho, muchos de esos datos sabemos que se nos acabarán olvidando- sino que debe aportar algo más: una ambición por saber, una conciencia del valor del conocimiento, un espíritu crítico que es cada vez más necesario ante las facilidades tecnológicas de manipulación y la avalancha de información, donde resulta difícil distinguir lo verdadero de lo falso. 

Hoy ya no tenemos que recurrir a los pesados tomos de la Espasa o la Larousse para consultar datos, porque pulsando apenas una tecla tenemos acceso a una cantidad inmensa de ellos. Pero las herramientas personales, para saber cómo buscar en internet o cómo preguntar a la inteligencia artificial, para manejar luego esa información, para asimilarla, para ser capaces de relacionar conceptos, de descubrir constantes, de dotar de sentido a todo lo que nos llega, no te las da ninguna máquina. Las adquirimos nosotros y, en ese proceso, los maestros son figuras me atrevería a decir que cada vez más importantes. 

Tampoco se aprenden a golpe de click otras cosas, como los valores o la experiencia práctica. El compañerismo, la ética, el esfuerzo, la superación, el trabajo en equipo, la convivencia con la persona que es diferente a nosotros…, nada de eso lo encontraremos en Google ni en Chat GPT. 

Creo que todos recordamos con cariño los años pasados en las Antiguas Escuelas o en el nuevo edificio del Colegio de abajo. Pero lo más importante es lo que allí se sembró en nosotros. Las distintas generaciones hemos ido conociendo a docentes vocacionales que se han relevado en las aulas de El Hoyo de Pinares. No quiero mencionar en este texto a ninguno, tampoco a los que yo recuerdo con mayor gratitud y afecto, porque sería injusto con los que dejase sin citar, como aquellos otros de épocas que yo ya no he conocido de forma directa. 

Los docentes de los años setenta, los de mi etapa escolar, fueron los maestros de la transición, los que nos hicieron apreciar el valor de la convivencia plural, los que nos enseñaron a caminar por unas libertades recién estrenadas. Los docentes de los ochenta y los noventa hicieron su labor de preparar a niños y niñas para una sociedad en constante proceso de cambio. Los del siglo XXI, han tenido que orientar a las generaciones más recientes en un mundo ya digital, donde las tecnologías de la información y la comunicación han cobrado un protagonismo antes inimaginable. 

Queremos recordar a todos los que, a lo largo de los años, pusieron su esfuerzo, su vocación, al servicio de la enseñanza en El Hoyo de Pinares. A quienes desempeñaron su profesión con cariño y con entrega y han dejado en el pueblo un recuerdo imborrable. 

Especialmente a quienes se implicaron en hacer algo más de lo obligatorio, quienes sabían que también se educa fuera del aula -en el patio, en las pistas deportivas, en las calles…-, a quienes se mojaron socialmente, interactuaron con las familias, acompañaron en esos viajes y excursiones que nunca se olvidan, impulsaron medios de comunicación de nuestra comunidad educativa (nosotros siempre recordamos El Escolar de mi época o más tarde aquella querida Radio Piñón, pero luego vinieron otros), organizaron jornadas culturales o promovieron actividades de lo más diverso. 

El Ayuntamiento ha querido que, en la víspera de nuestras Fiestas de San Miguel, el pregón de apertura sirva de esta ocasión para que todo un pueblo homenajee a sus educadores. Para que sus distintas generaciones los recuerden y les expresen gratitud. Se me ocurren pocos gestos más acertados, más hermosos, más justos. Allí estaremos.

Jorge Martín, un campeón del mundo con ancestros hoyancos

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, El Hoyo de Pinares, septiembre 2025.
Era el 17 de noviembre de 2024 cuando, en el circuito barcelonés de Montmeló, el piloto español Jorge Martín, conocido por la afición por su nombre de guerra de Martinator, se alzaba con el título de Campeón del Mundo de Moto GP. Culminaba así una brillante temporada en la que consiguió superar a rivales de todo el mundo y especialmente ganar el pulso al italiano Pecco Bagnaia. 

En 2023 ya había sido subcampeón mundial y, entre lágrimas, en la última carrera en la que la suerte le fue esquiva, prometió no rendirse y que lo lograría al año siguiente. Y vaya si lo hizo. Era el quinto español en la historia que lograba el título mundial -tras Alex Crivillé, Jorge Lorenzo, Marc Márquez y Joan Mir-, pero el primero que lo hacía desde una escudería satélite y no de fábrica -en este caso el equipo Prima Pramac Racing-. Jorge Martín, a bordo de una Ducati, fue líder durante casi toda la temporada, acumulando 3 victorias -Portugal, Francia e Indonesia-, 7 victorias sprint, 15 poles … y cosechando el amplio margen que le permitió alzarse finalmente con el título mundial. 

La gesta de este joven deportista es sobradamente conocida por los aficionados al motociclismo e incluso por el público en general. Pero lo que no es apenas conocido es la relación familiar que Jorge Martín Almoguera tiene con nuestro pueblo. Y es que su bisabuela era Felipa Martín, nacida en El Hoyo de Pinares en el año 1901. 

El bisabuelo de Jorge, Emiliano Rubín de Celix, era un guardia civil nacido en Muñogalindo en 1889 y que había sido destinado a nuestro pueblo. Aquí enviudó, en octubre de 1928, de su primera esposa, Leonarda, con la que tenía tres hijos: Simeón, Antonio y Emiliano. 

En el pueblo le presentarían más tarde a Felipa, también viuda, sin hijos, con la que acabaría contrayendo matrimonio. 

La bisabuela de Jorge, Felipa Martín, tenía cuatro hermanos: Isabel, Gabriela, Casimiro y Dionisia, todos naturales de El Hoyo de Pinares, aunque la última fue vecina de Escalona (Toledo). A la que yo más recuerdo de mi infancia es a Isabel, que vivía en la Puerta del Sol y era la madre de Guillermo Marín. 

El matrimonio formado por Emiliano y Felipa residió inicialmente en la Casa Cuartel de nuestra localidad. 

Durante la guerra civil, Emiliano intentó en la medida de lo posible salvar vidas y tuvo también algunos de los escasos gestos de humanidad que se dieron en aquella dura contienda. 

En el pueblo vivieron Emiliano y Felipa hasta que él fue destinado a otras localidades. En San Bartolomé de Pinares nació su hija Maruja y, ya en Madrid, verían la luz Julio y las mellizas, Pepi y Julia. 

Julia Rubín de Celix Martín es precisamente la abuela materna de nuestro campeón del mundo de moto GP. 

Tras el fallecimiento de Emiliano, sus hijas asistieron al Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil desde los 6 hasta los 19 años. Julia y Pepi, mujeres emprendedoras en tiempos difíciles, abrirían luego su propio centro de enseñanza. 

En todo ese tiempo, durante las vacaciones escolares las hijas de Emiliano y Felipa venían siempre a El Hoyo de Pinares, a casa de su tía Isabel, y aquí pasaban el verano con sus primos, el matrimonio formado por Guillermo Marín y Concepción Carvajal. 

Felipa quiso que se mantuviera esa vinculación familiar con su pueblo natal y acabaron comprando una casita, en la Corredera de San Miguel, detrás del pilón. 

Julia contrajo matrimonio con Rafael Almoguera y tuvieron tres hijos: Susana, Eva y Rafael. Y ahí seguimos acercándonos en el árbol genealógico al joven piloto madrileño, porque la primera de ellas, Susana Almoguera Rubin de Celix, es su madre. 

Susana también veraneó de niña en El Hoyo de Pinares, en la casilla de la Corredera, y tiene un especial cariño al pueblo, del que narra un sinfín de gratos recuerdos: cómo su abuela Felipa los recibía con una bandeja de torreznos, los bocadillos junto al pilón, el reencuentro con sus vecinos -como Nasta o Ana Mari-, aquellos días de campo y de comidas familiares en El Mancho o en La Enebrosilla con sus tíos Guille y Conce y sus primos, jugar con su galga Perla que tenía en depósito en casa de éstos, las primeras salidas de adolescente, las Fiestas de San Miguel… 

Ya de jóvenes, en los años ochenta, aunque no venían con la misma frecuencia, sí hicieron algunas escapadas para ver a la familia y tuvieron ocasión de salir por los lugares de moda del momento: la Discoteca Thomas, el Montecarlo, el Muskaria… especialmente con su primo Mario Marín, al que tanto recordamos. 

Susana Almoguera se casó con Ángel Martín y tuvieron dos hijos: Jorge y Javier. 

Jorge Martín Almoguera nació en San Sebastián de los Reyes en 1998. Llevaba ya en las venas la afición por las motos que sus padres le transmitieron, especialmente Ángel, piloto aficionado. No resultaron sencillos los comienzos en el mundo del motor, para el que Jorge mostró indudables cualidades. La preparación y la participación en competiciones resultaba sumamente costosa y fueron años de esfuerzos y sacrificios para una familia trabajadora, hasta lograr que Jorge pudiera desarrollar su carrera deportiva y demostrar su capacidad a bordo de la moto. 

Jorge Martín fue, ya en el año 2014, el primer español en ganar la copa de promoción internacional Red Bull Roockies Cup. 

Al año siguiente, debutó en Catar en Moto3. Subió por primera vez al podio en 2016 como subcampeón del Gran Premio de la República Checa, pero esa temporada las lesiones no le permitieron desarrollar su potencial. 

Su primer título puntuable para el mundial fue el Gran Premio de la Comunidad Valenciana, que obtuvo en 2017, año en el que subió nueve veces al podio en distintos circuitos y superó el récord mundial de poles en una sola temporada. 

En 2018, con siete victorias y diez podios, Jorge Martín se alzó ya nada menos que con el título de Campeón del Mundo de Moto3 y superó el récord de pole positions que él mismo ostentaba. 

Fue fichado entonces por Red Bull para la categoría Moto2 donde, a pesar de algunas limitaciones de la máquina con la que competía inicialmente, acabó logrando subir al podio en Japón y alcanzar la victoria en Austria. 

En 2021 pasó a competir en Moto GP, con el equipo italiano Pramac Racing y obtuvo cuatro podios en la temporada. El 8 de agosto alcanzó su primera victoria en la categoría reina en el Gran Premio de Estiria, en Spielberg. 

Con un gran talento en su disciplina deportiva y una enorme fortaleza mental y capacidad de superación, Jorge ha ido reponiéndose de todas las dificultades -caídas, accidentes, problemas técnicos…- hasta culminar nada menos que con el título mundial al que nos hemos referido al principio. El pueblo de San Sebastián de los Reyes, que lo vio nacer, le recibió con una multitudinaria acogida y el Ayuntamiento ha dado su nombre a una glorieta. Unos meses más tarde, la Presidenta de la Comunidad de Madrid le impuso la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo. 

Tras fichar por Aprilia, en este año 2025 no ha podido estar a su nivel, debido a que tres accidentes importantes -con 25 fracturas, un neumotórax, 2 intervenciones quirúrgicas…-, le han apartado de la competición durante gran parte del campeonato del mundo. Tras su recuperación, Martinator ha vuelto con fuerza a los circuitos y estamos seguros de que pronto nos dará más alegrías. 

Un apunte final: la bisabuela de Jorge, Felipa, era de El Hoyo de Pinares; su abuela, Julia, conoce perfectamente el pueblo; y su madre, Susana, también lo frecuentó. Pero el piloto madrileño no ha estado nunca aquí…. Creo que eso habrá que remediarlo en algún momento, ¿no? 

Ya conocéis esta curiosidad que comparto con vosotros en nuestro programa de fiestas de este año. Ahora, cuando vibremos ante las pantallas de televisión con los nuevos éxitos deportivos de Jorge Martín, recordad que no solo estamos animando y aplaudiendo a un piloto español, sino a alguien aún más cercano: al bisnieto de una mujer buena, Felipa, que nació y vivió en El Hoyo de Pinares. Al menos una pequeña parte de los genes del campeón del mundo proceden de nuestra tierra.

(Fotografías de Jorge Martín cedidas por Susana Almoguera. y fotografía de Felipa Martín con sus hijas Julia y Pepi, cedida por Julia Rubín de Célix).

Nombramiento como Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares

Con mucha ilusión comparto la noticia de que el Pleno del Ayuntamiento de mi pueblo, El Hoyo de Pinares (Ávila) ha acordado por unanimidad mi nombramiento como Cronista Oficial de la Villa. 

Se trata de una distinción de carácter honorífico y no retribuida, que, en palabras de la Corporación Municipal, viene a reconocer una "amplia trayectoria en la investigación y divulgación de nuestra historia local", así como la "labor en la conservación de la memoria colectiva" y un "firme compromiso con la cultura hoyanca", valoración con la que me siento enormemente honrado.  

El acuerdo municipal subraya como méritos para este reconocimiento "la creación y mantenimiento del Fondo Documental de El Hoyo de Pinares, un valioso repositorio en línea que recopila documentos históricos, literarios, audiovisuales y de memoria local del municipio, iniciativa personal abierta al público y de gran utilidad para investigadores y vecinos; la autoría y comisariado de proyectos de memoria gráfica local, incluyendo las dos exposiciones Imágenes del Ayer (1988 y 1999) y el libro del mismo título, que han permitido recuperar y difundir centenares de fotografías históricas del municipio; las numerosas investigaciones y artículos de historia local publicados a lo largo de los años; el impulso a iniciativas pioneras, como la primera votación popular por Internet en la historia de España (2003), promovida por la FNMT con la colaboración del Ayuntamiento; el impulso y promoción, desde el plano institucional, asociativo o incluso a título personal, durante décadas, de numerosas actividades socioculturales y deportivas en nuestro municipio". 

La credencial será entregada en un acto público en las próximas Fiestas patronales. Espero estar a la altura de este reconocimiento, que recibo con enorme gratitud. 

La judicatura y la fiscalía, en huelga



Durante los días 1, 2 y 3 de julio, tres de cada cuatro integrantes de la judicatura y la fiscalía estamos secundando una convocatoria de huelga, efectuada por cinco asociaciones (por cierto, no todas ellas “conservadoras”, como repiten perezosamente muchos medios) contra el Proyecto de Ley Orgánica que modifica estas carreras. No comparto todos y cada uno de los argumentos y el discurso de los convocantes, pero mi reflexión personal me ha llevado a sumarme a la medida, por coincidir en aspectos muy relevantes con su motivación. 

El Proyecto de Ley, impulsado por trámite de urgencia y sin diálogo, incide en extremos que guardan indudable relación con los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad en el acceso a la función pública, y despierta también no pocos recelos en cuestiones que podrían afectar a la imprescindible independencia judicial. 

Desde hace años, se viene proyectando encomendar la instrucción de las causas penales en España al Ministerio Fiscal, como sucede en otros países. Pero, a la hora de preparar el escenario para esa reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, no se opta, como sería deseable, por dotar de mayor autonomía a la Fiscalía, sino todo lo contrario: hay un reforzamiento de las competencias del Fiscal General del Estado -nombrado por el Gobierno- y un debilitamiento de la función del Consejo Fiscal. Piensen en un escenario donde la UCO y toda la policía judicial reciba las instrucciones de una fiscalía jerárquica y, simultáneamente, en la limitación de la acusación popular que también impulsa el gobierno. No resulta difícil de imaginar qué hubiera sucedido con determinadas causas judiciales por todos conocidas. 

En la carrera judicial, tampoco una sola de las medidas apunta a un fortalecimiento de la independencia: se mantiene la designación partidista de la totalidad del CGPJ, la discrecionalidad en los nombramientos judiciales por parte de éste -que se han convertido en un sonrojante reparto de cromos- y la existencia de unos Magistrados en los Tribunales Superiores de Justicia que son directamente designados por los parlamentos autonómicos. 

Tras años de convocar menos plazas de las que exigía la tasa de reposición, se utiliza ahora el falso argumento de un supuesto mandato de la UE para poner en marcha un proceso extraordinario de entrada de más de un millar de personas en las carreras judicial y fiscal, sin ajustarse a ninguno de los actuales cauces de acceso: con carácter general, la oposición libre y, para cierta proporción de magistrados, un concurso-oposición para juristas con más de 10 años de experiencia. Conozco los abusos en el tratamiento de los jueces sustitutos y coincido en que debería darse una solución a su anómala situación. Pero se está utilizando la misma como mera excusa para un proceso de supuesta estabilización que realmente no es tal: no se busca consolidar un cuerpo estable para sustituciones necesarias, sino de habilitar el acceso, como funcionarios de carrera, a la titularidad de otras plazas, que se sustraen a la libre concurrencia, para después continuar recurriendo a la precariedad a la hora de cubrir las sustituciones. Si reparamos en que, en realidad, ese proceso está abierto a otros juristas que no hayan sido jueces sustitutos, los riesgos resultan más que evidentes. 

El Proyecto impulsa un Centro público para la preparación de la oposición, cuyo control gubernamental resulta muy preocupante, tanto desde criterios de igualdad como desde parámetros de independencia. Entre otras medidas que sería largo enumerar, el nuevo texto legal introduce también un retroceso democrático en la elección de órganos de gobierno de los tribunales. 

Creo que no es irrelevante que esta iniciativa legal venga precedida de una sostenida campaña, partidista y mediática, de descalificación de la propia judicatura ante la opinión pública, con acusaciones de lawfare y con tergiversación de las resoluciones, para deslegitimar al Poder Judicial y especialmente a quienes investigan presuntas irregularidades de políticos. Esto nos hace ser particularmente cautelosos a la hora de valorar cualquier decisión que, incluso gradualmente, pueda pretender abrir paso a una judicatura cómoda para los poderosos. Los tribunales son la garantía última de los derechos de la ciudadanía y de la igualdad de todas las personas e instituciones ante la ley.

Jaime Mir

Tuve la fortuna de conocer a Jaime Mir Payá cuando éramos jóvenes universitarios y compartí con él el tiempo de la utopía y de la rebeldía. Desde el minuto uno se convirtió en un referente. Era inteligente, ingenioso, brillante y siempre iba varios pasos por delante de todos. Era como una antorcha y por eso yo le seguía cuando él decía “avancemos por aquí” y también daba media vuelta con él cuando decía “por aquí no hay salida”. 

Hace varios años que ya le tenía algo más perdida la pista, pero la admiración, el afecto, los recuerdos, nunca han desaparecido. Por eso me duele enterarme de su prematura marcha. 

En todo lo que hiciera en estos años no me cabe duda de que habrá dejado una huella enorme y tengo la certeza de que su familia, sus amigos, los que hayan sido sus alumnos, sus compañeros, todos los que le hayan conocido en algún momento, estarán echando ya de menos esa luz. 

Y yo recuerdo con dolor y con cariño enorme a mi compañero de tantas aventuras. Recuerdo pensamientos, proyectos, mil y una anécdotas (espero que me perdonase el hacerme pasar por teléfono por el desvalijador de su vivienda) y vivencias. No cambiamos el mundo, claro. Pero, como a D. Quijote, nadie podrá arrebatarnos la gloria del intento. 

Compartir inquietudes, esbozar sueños, escucharte, leerte, indignarnos juntos ante las injusticias, reír contigo, aprender de ti, de tu creatividad, de tu lucidez, de tu nobleza, fue para mí un honor, querido e inolvidable Jaime.

Francisco, una renovación inacabada




En España ya sabemos que hay que elegir constantemente bando, hasta en las cosas más nimias, y analizar todo en términos de blanco o negro. Tener lo que el periodista francés Jean Birnbaum ha llamado con acierto “el coraje del matiz” no está bien visto, en medio de esta perenne devotio ibérica digna de ser aplicada a mejores causas. Hasta la muerte de un Papa nos da una nueva ocasión de exhibir -especialmente en las redes sociales- ese sectarismo instalado en casi todos los aspectos de la vida pública. Pero tienen algo en común quienes reivindican ahora a Francisco en los mismos términos que si hubiera fallecido un líder de su propio espacio político y quienes le dedicaron ya en vida las más crueles e injustas descalificaciones: ambos silencian interesadamente una buena parte de lo que su figura ha representado y subrayan solo aquella otra que encaja en su discurso predefinido. 

No parece muy razonable esperar que un Papa se pronuncie contra la enseñanza religiosa o que apoye la eutanasia, por ejemplo. Pero tampoco cabe sorprenderse de que no aplauda acríticamente un sistema económico que condena a una buena parte de la humanidad a la pobreza o que comulgue con la criminalización de aquellas personas que tiene que abandonar su país por no tener cubiertas sus más elementales necesidades. 

Durante décadas, especialmente con el impulso de Juan Pablo II, la Iglesia había sido muy crítica con los totalitarismos comunistas y con su anulación de las libertades básicas y los derechos humanos. También desde el Vaticano se había desautorizado la Teología de la Liberación surgida en Iberoamérica, precisamente por su influencia filosófica marxista. Derribado el muro de Berlín, parecía un momento histórico oportuno para revindicar valores alternativos, cuestionar también aspectos negativos del capitalismo, denunciar la explotación del ser humano allí donde se produjera, reflexionar sobre la idolatría del mercado: insistir, en suma, en la doctrina social de la Iglesia. No era, por el contrario, el momento de secundar el pretendido «fin de la historia», ni de asistir en silencio -cuando no unirse con entusiasmo-, a la gran fiesta de un neoliberalismo económico universal ya sin contrapesos. 

Sin embargo, ese paso no llegó o no lo hizo de forma suficiente. La prometida Teología que, ya sin influencia marxista, ofreciera cercanía, compromiso y esperanza a los pobres del mundo, no se desarrolló con convicción. El rearme de la doctrina social para situarla en lugar destacado del discurso eclesiástico, tampoco. Por el contrario, acabó teniendo amplia influencia el catolicismo más neoconservador, los llamados teocom por algunos autores, que, con una lectura sumamente sesgada de la Centesimus Annus de Juan Pablo II, legitimaron sin apenas matices el modelo de capitalismo americano y europeo, pretendiendo centrar el discurso de la Iglesia tan solo en un puñado de recurrentes cuestiones relacionadas más con la moral privada que con la moral pública. 

La llegada de Francisco al pontificado supone un importante obstáculo para esta tendencia. Bergoglio, el Papa que viene de Iberoamérica, apuesta por una Iglesia en misión, por un Catolicismo que -haciendo honor a su nombre- reafirme su carácter Universal y, por tanto, no solo centrado en Occidente. Denuncia con valentía la «economía de la exclusión y la inequidad», en la que «grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida», aquella donde se trata «al ser humano en sí mismo como un bien de consumo». Es consciente del valor de la comunicación en nuestro tiempo y empieza a utilizar habitualmente un lenguaje cercano, efectivo, que llega al pueblo. Realiza no pocos gestos de reivindicación de la austeridad, de la humildad y del ejemplo. Afronta con decisión dos heridas sangrantes y complicadas: la pederastia en la curia y las finanzas vaticanas. Clama públicamente contra las guerras de nuestro tiempo pero, además, se mueve del púlpito, se reúne con líderes, se ofrece a mediar. Más que por visitas de Estado a países «cómodos» (salvo las que tienen que ver con grandes eventos eclesiásticos), opta por acudir a lugares donde el dolor o la tragedia se han hecho presentes. Y a lo largo de su pontificado se esfuerza en mostrar una Iglesia más abierta y más cercana, que combate el relativismo moral, pero sin caer en la rigidez de señalar, excluir y juzgar constantemente a las personas. 

El Papa no es solo la cabeza visible de una de las grandes religiones, sino que es uno de los líderes mundiales con mayor proyección y, por tanto, quién sea, qué diga o qué haga resulta de interés no solo para los fieles de la confesión a la que representa, sino para muchas personas. Por eso, el mundo entero estará pendiente en los próximos días del color del humo que salga de una vieja chimenea en la Plaza de San Pedro. Por mi parte, ojalá que ese anuncio sirva para seguir dando pasos, para continuar con ese esfuerzo renovador que ha representado Francisco.