Nombramiento como Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares

Con mucha ilusión comparto la noticia de que el Pleno del Ayuntamiento ha acordado por unanimidad mi nombramiento como Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares. 

Se trata de una distinción de carácter honorífico y no retribuida, que, en palabras de la Corporación Municipal, viene a reconocer una "amplia trayectoria en la investigación y divulgación de nuestra historia local", así como la "labor en la conservación de la memoria colectiva" y un "firme compromiso con la cultura hoyanca", valoración con la que me siento enormemente honrado.  

El acuerdo municipal subraya como méritos para este reconocimiento "la creación y mantenimiento del Fondo Documental de El Hoyo de Pinares, un valioso repositorio en línea que recopila documentos históricos, literarios, audiovisuales y de memoria local del municipio, iniciativa personal abierta al público y de gran utilidad para investigadores y vecinos; la autoría y comisariado de proyectos de memoria gráfica local, incluyendo las dos exposiciones Imágenes del Ayer (1988 y 1999) y el libro del mismo título, que han permitido recuperar y difundir centenares de fotografías históricas del municipio; las numerosas investigaciones y artículos de historia local publicados a lo largo de los años; el impulso a iniciativas pioneras, como la primera votación popular por Internet en la historia de España (2003), promovida por la FNMT con la colaboración del Ayuntamiento; el impulso y promoción, desde el plano institucional, asociativo o incluso a título personal, durante décadas, de numerosas actividades socioculturales y deportivas en nuestro municipio". 

La credencial será entregada en un acto público en las próximas Fiestas patronales. Espero estar a la altura de este reconocimiento, que recibo con enorme gratitud. 

Jaime Mir

Tuve la fortuna de conocer a Jaime Mir Payá cuando éramos jóvenes universitarios y compartí con él el tiempo de la utopía y de la rebeldía. Desde el minuto uno se convirtió en un referente. Era inteligente, ingenioso, brillante y siempre iba varios pasos por delante de todos. Era como una antorcha y por eso yo le seguía cuando él decía “avancemos por aquí” y también daba media vuelta con él cuando decía “por aquí no hay salida”. 

Hace varios años que ya le tenía algo más perdida la pista, pero la admiración, el afecto, los recuerdos, nunca han desaparecido. Por eso me duele enterarme de su prematura marcha. 

En todo lo que hiciera en estos años no me cabe duda de que habrá dejado una huella enorme y tengo la certeza de que su familia, sus amigos, los que hayan sido sus alumnos, sus compañeros, todos los que le hayan conocido en algún momento, estarán echando ya de menos esa luz. 

Y yo recuerdo con dolor y con cariño enorme a mi compañero de tantas aventuras. Recuerdo pensamientos, proyectos, mil y una anécdotas (espero que me perdonase el hacerme pasar por teléfono por el desvalijador de su vivienda) y vivencias. No cambiamos el mundo, claro. Pero, como a D. Quijote, nadie podrá arrebatarnos la gloria del intento. 

Compartir inquietudes, esbozar sueños, escucharte, leerte, indignarnos juntos ante las injusticias, reír contigo, aprender de ti, de tu creatividad, de tu lucidez, de tu nobleza, fue para mí un honor, querido e inolvidable Jaime.

Francisco, una renovación inacabada

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy 24/04/2025.



En España ya sabemos que hay que elegir constantemente bando, hasta en las cosas más nimias, y analizar todo en términos de blanco o negro. Tener lo que el periodista francés Jean Birnbaum ha llamado con acierto “el coraje del matiz” no está bien visto, en medio de esta perenne devotio ibérica digna de ser aplicada a mejores causas. Hasta la muerte de un Papa nos da una nueva ocasión de exhibir -especialmente en las redes sociales- ese sectarismo instalado en casi todos los aspectos de la vida pública. Pero tienen algo en común quienes reivindican ahora a Francisco en los mismos términos que si hubiera fallecido un líder de su propio espacio político y quienes le dedicaron ya en vida las más crueles e injustas descalificaciones: ambos silencian interesadamente una buena parte de lo que su figura ha representado y subrayan solo aquella otra que encaja en su discurso predefinido. 

No parece muy razonable esperar que un Papa se pronuncie contra la enseñanza religiosa o que apoye la eutanasia, por ejemplo. Pero tampoco cabe sorprenderse de que no aplauda acríticamente un sistema económico que condena a una buena parte de la humanidad a la pobreza o que comulgue con la criminalización de aquellas personas que tiene que abandonar su país por no tener cubiertas sus más elementales necesidades. 

Durante décadas, especialmente con el impulso de Juan Pablo II, la Iglesia había sido muy crítica con los totalitarismos comunistas y con su anulación de las libertades básicas y los derechos humanos. También desde el Vaticano se había desautorizado la Teología de la Liberación surgida en Iberoamérica, precisamente por su influencia filosófica marxista. Derribado el muro de Berlín, parecía un momento histórico oportuno para revindicar valores alternativos, cuestionar también aspectos negativos del capitalismo, denunciar la explotación del ser humano allí donde se produjera, reflexionar sobre la idolatría del mercado: insistir, en suma, en la doctrina social de la Iglesia. No era, por el contrario, el momento de secundar el pretendido «fin de la historia», ni de asistir en silencio -cuando no unirse con entusiasmo-, a la gran fiesta de un neoliberalismo económico universal ya sin contrapesos. 

Sin embargo, ese paso no llegó o no lo hizo de forma suficiente. La prometida Teología que, ya sin influencia marxista, ofreciera cercanía, compromiso y esperanza a los pobres del mundo, no se desarrolló con convicción. El rearme de la doctrina social para situarla en lugar destacado del discurso eclesiástico, tampoco. Por el contrario, acabó teniendo amplia influencia el catolicismo más neoconservador, los llamados teocom por algunos autores, que, con una lectura sumamente sesgada de la Centesimus Annus de Juan Pablo II, legitimaron sin apenas matices el modelo de capitalismo americano y europeo, pretendiendo centrar el discurso de la Iglesia tan solo en un puñado de recurrentes cuestiones relacionadas más con la moral privada que con la moral pública. 

La llegada de Francisco al pontificado supone un importante obstáculo para esta tendencia. Bergoglio, el Papa que viene de Iberoamérica, apuesta por una Iglesia en misión, por un Catolicismo que -haciendo honor a su nombre- reafirme su carácter Universal y, por tanto, no solo centrado en Occidente. Denuncia con valentía la «economía de la exclusión y la inequidad», en la que «grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida», aquella donde se trata «al ser humano en sí mismo como un bien de consumo». Es consciente del valor de la comunicación en nuestro tiempo y empieza a utilizar habitualmente un lenguaje cercano, efectivo, que llega al pueblo. Realiza no pocos gestos de reivindicación de la austeridad, de la humildad y del ejemplo. Afronta con decisión dos heridas sangrantes y complicadas: la pederastia en la curia y las finanzas vaticanas. Clama públicamente contra las guerras de nuestro tiempo pero, además, se mueve del púlpito, se reúne con líderes, se ofrece a mediar. Más que por visitas de Estado a países «cómodos» (salvo las que tienen que ver con grandes eventos eclesiásticos), opta por acudir a lugares donde el dolor o la tragedia se han hecho presentes. Y a lo largo de su pontificado se esfuerza en mostrar una Iglesia más abierta y más cercana, que combate el relativismo moral, pero sin caer en la rigidez de señalar, excluir y juzgar constantemente a las personas. 

El Papa no es solo la cabeza visible de una de las grandes religiones, sino que es uno de los líderes mundiales con mayor proyección y, por tanto, quién sea, qué diga o qué haga resulta de interés no solo para los fieles de la confesión a la que representa, sino para muchas personas. Por eso, el mundo entero estará pendiente en los próximos días del color del humo que salga de una vieja chimenea en la Plaza de San Pedro. Por mi parte, ojalá que ese anuncio sirva para seguir dando pasos, para continuar con ese esfuerzo renovador que ha representado Francisco.

Presentación de "El alma en los viajes", de Sonsoles Sánchez-Reyes


El pasado viernes 6 de septiembre tuve el honor de participar en la presentación pública del libro El alma en los viajes, de Sonsoles Sánchez-Reyes (Editorial Cuaderno del Laberinto, 2023), en El Hoyo de Pinares (Ávila). 

La sinopsis de la edición nos anuncia que "a través de una selección de historias recogidas a lo largo del tiempo por los lugares más diversos, en su mayoría poco conocidas, con un enfoque original y profundamente humanas, la autora proponer un recorrido al lector por ciudades, figuras, leyendas y episodios que se muestran a otra luz y abren posibilidades inexploradas, haciendo gala de una aguda percepción aderezada con umor, ternura, preciosas ilustraciones y un bello estilo".   

Tras un saludo inicial del alcalde de El Hoyo de Pinares, David Beltrán, introdujo el acto la concejala de Cultura, Raquel Martín. 

A continuación intervino Teresa Galán, quien, además de ofrecernos su visión como lectora sobre el libro que se presentaba, nos habló de la personalidad de la autora, a la que conoce desde muy joven. Quiso subrayar su enorme talento y su carácter inquieto y emprendedor, para lo que narró elocuentes anécdotas que nos hicieron sonreír. 


Por mi parte, intenté transmitir cuál es el espíritu del libro, que narra interesantes y sugestivas relatos históricos o legendarios a partir de lugares visitados por la autora a lo largo de los años. Aquellas historias que en los viajes nos llegan hondo y nos llevamos con nosotros, Sonsoles las ha plasmado en un libro, con su maestría habitual. También quise reconocer a otras personas que, además de la autora, han hecho también posible el resultado final de El alma en los viajes, como es su prologuista, Carlos del Amor, y la editora, Alicia Arés, que mima cada edición que afronta. 

Sonsoles tuvo cariñosas palabras de agradecimiento a quienes la habíamos precedido en el uso de la palabra y a todos los asistentes y, tras unos comentarios sobre su obra, nos ofreció -como aperitivo a la recomendable lectura íntegra de la misma- algunas de las narraciones, como ejemplo de lo que podemos encontrar en el libro. 

El acto finalizó con la firma de ejemplares de El alma en los viajes por parte de Sonsoles Sánchez-Reyes y con un vino español obsequiado por el Ayuntamiento. Fue, sin duda, una agradable cita en torno a la literatura y los viajes, dos de las cosas que hacen más hermosas nuestras vidas.    

Debatir lo que importa

 Publicado en Diario de SevillaDiario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa SurMálaga HoyHuelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy 29/05/2024


Tras las lecciones históricas de la derrota del totalitarismo fascista en la 2ª guerra mundial y la posterior caída del totalitarismo comunista en los años 80-90, es generalizada -y acertada- la creencia de que la democracia pluralista es la mejor forma de legitimación del poder y de organización de la convivencia. 

Sin embargo, el sometimiento de los gobernantes a la valoración ciudadana cada cuatro años -o menos- produce un efecto secundario indeseado, que es el cortoplacismo en la gestión política. Así, a veces se rehúye afrontar medidas oportunas si resultan impopulares. O se pospone el diseño y ejecución de infraestructuras necesarias, cuando van a precisar una gran inversión de recursos y el promotor no será quien las inaugure. O se eluden cambios culturales o educativos de fondo, porque los frutos se apreciarán a medio o largo plazo y difícilmente se reconocerá mérito alguno a su impulsor. 

Cuando era aún primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Junker afirmó, refiriéndose a la crisis económica: «Sabemos exactamente lo que hay que hacer. Pero no sabemos cómo ser reelegidos si lo hacemos». Para evitar que ese cortoplacismo domine por completo la gestión pública existen los consensos políticos. Desde un ejercicio de responsabilidad, partidos opuestos pueden definir determinadas líneas políticas compartidas sobre materias de interés general, que tengan continuidad aun cuando se produzca alternancia en el poder. Del mismo modo, pueden comprometerse a no utilizar como arma electoral ciertas decisiones políticas que no resulten populares o cuya utilidad solo se aprecie en el largo plazo. 

En España, sin embargo, tenemos escasos ejemplos de tales usos. En la transición, los Pactos de la Moncloa permitieron que el objetivo común de consolidación democrática no se viera perjudicado por los efectos de la crisis del petróleo. Desde el Pacto de Ajuria Enea en 1988 hasta el Antiterrorista en 2000, fueron varios los intentos de que los partidos hicieran frente al terrorismo con ciertos criterios compartidos y sin utilizarlo como argumento electoral. En materia de pensiones, el Pacto de Toledo nació con la finalidad -no siempre cumplida- de debatir con rigor sobre el sistema de protección social y su sostenibilidad sin que el oportunismo electoral lo impidiera. Pero lo que ha prevalecido -y creo que actualmente se manifiesta con mayor intensidad- es nuestra tradicional política de trincheras, que sitúa a menudo en el centro del debate público asuntos broncos, que dan juego en medios y redes sociales, pero sirven de excusa para posponer indefinidamente el abordaje de otros debates de mayor calado. 

Somos una potencia turística mundial por nuestras condiciones, pero sin una estrategia nacional de qué clase de turismo queremos atraer, con qué límites, con qué enfoques y qué vamos a hacer para ello, mientras se suceden medidas municipales y autonómicas contradictorias entre sí. 

En el mundo sociolaboral, por ejemplo, no nos detenemos siquiera a reflexionar sobre cómo afrontar los retos que la robótica y la inteligencia artificial generativa, además de nuestra demografía, van a plantear, cada vez más, sobre el mercado de trabajo y el sistema de Seguridad Social. 

La Justicia es la permanente olvidada, sin un gran pacto (hubo algunos con esa denominación formal, pero de extraordinaria cortedad de miras). Seguimos por debajo de la media de jueces de la Unión Europea, sin verdaderas alternativas a la litigiosidad y con una dotación de medios insatisfactoria. 

Desde hace casi medio siglo carecemos de verdadera política educativa. Cada gobierno impone un modelo, que el siguiente cambia, mientras nuestra enseñanza obligatoria sigue suspendiendo en evaluaciones internacionales, la endogamia y otros problemas de la Universidad no se afrontan, y no aprovechamos con inteligencia la actual demanda de Formación Profesional y la enorme oportunidad que ofrece. 

Estamos muy entretenidos cada día con el asunto mediático que toque -Carles Puigdemont, Koldo García, José Luis Ábalos, el novio de Isabel Díaz Ayuso, Begoña Gómez, Óscar Puente, Javier Milei… y cuestiones similares- y así van pasando los años. No digo yo que no sean debates pertinentes los que conciernen, por ejemplo, a la amnistía, la ejemplaridad pública o la diplomacia internacional, en absoluto. Pero alguna vez vendría bien que mirásemos más allá del siguiente proceso electoral. Hace muchas décadas que la actualidad más inmediata no parece dejarnos tiempo ni oportunidades para pensar, como sociedad, qué queremos ser y hacia dónde queremos ir.