Nuestras palabras

Publicado en Diario de Ávila, 03/11/2026. 


Nuestras lenguas, nuestros acentos, tantas palabras que se han transmitido de generación en generación, sobreviviendo a pesar del tiempo gracias a las manos, los oficios, las reuniones en torno a la lumbre, los encuentros por las calles, las sillas al fresco…

-María Sánchez. Almáciga-

 

Si alguna vez visita El Hoyo de Pinares y por casualidad necesita una piña abierta y seca para prender la chimenea, no se le ocurra pedirla por su nombre botánico. No diga «cono vacío» y mucho menos diga «estróbilo dehiscente»: todos le miraremos como si fuera un extraterrestre. Diga usted que quiere un piñoto y no habrá un solo hoyanco, del más chico al más viejo, que no sepa exactamente a qué se refiere. En el Diccionario de la Real Academia Española no encontrará piñoto, por más que busque. Pero en mi pueblo nadie duda de que existe, de que se llama así… y de que es muy útil cuando llega el frío.

 

Tuve ocasión de comprobar hasta qué punto esas palabras siguen vivas cuando me correspondió el honor de pronunciar el pregón de las Fiestas patronales en 2017. Tras hablar de historia local y de vivencias personales, y justificar mi admiración por las gentes de mi pueblo, me propuse terminar con un pequeño juego lingüístico: fingí que se me «había escapado» el habla de Madrid, donde entonces residía, y fui pidiendo ayuda a los presentes para corregirme. Había utilizado en el pregón la palabra delantal, «pero aquí no se dice delantal -recordé-, ¿cómo se dice?». La plaza al unísono exclamó: «¡Mandil!». Pregunté luego qué decimos nosotros en vez de pedrada. «¡Cantazo!» contestó la plaza. Les pedí cuál era el término que usábamos en lugar de azada y se oyó un grito unánime: «¡Legón!»... Fue un momento divertido, pero también revelador: más de un millar de personas coincidiendo, sin ensayo previo, en un vocabulario que no aprendieron en ningún libro de texto, sino de labios de sus mayores.

 

Y es que el habla de nuestros pueblos no es un adorno folclórico ni una curiosidad para sonreír con condescendencia. Es patrimonio cultural en el sentido más estricto: un depósito de la forma en que generaciones enteras nombraron el mundo que habitaban, su trabajo, sus juegos, su paisaje. Cada palabra que perdemos es una manera de mirar que se va con ella. Dicen que cuando se extingue una lengua, se apaga una manera de pensar el mundo. Con las hablas locales pasa algo parecido, a escala más modesta pero no menos real. 


Diccionarios en nuestra provincia

Por fortuna, en El Hoyo de Pinares hay memoria escrita de ese patrimonio. En agosto de 1994 se publicó la tercera edición de un pequeño diccionario artesanal, de distribución gratuita, redactado por Alberto Santamaría sobre una idea de Mariano Miguel y con la colaboración de Ángel Fernández y José Martín en la recopilación de términos. En sus páginas, cotejadas entrada por entrada con el Diccionario de la Real Academia de la época para distinguir lo que era vulgarismo, lo que era propio de la villa y lo que simplemente eran términos muy usados en la misma, ya figuran el piñoto o el legón. Un puñado de jóvenes, hace más de treinta años, tuvo la lucidez de sentarse a poner por escrito lo que sus mayores decían o incluso lo que ellos mismos habían dicho en unos juegos infantiles que iban desapareciendo.

 

No somos los únicos en la provincia que hemos sentido esa necesidad. En Zapardiel de la Ribera, Rosa María Jiménez de Miguel escribió Palabras nuestras (2008), un rescate del habla propia de este rincón del Valle del Tormes. En La Adrada, J. J. Sánchez Ondal publicó Adradismos (2009). Ángeles Moreno Monforte es autora de la obra De no querío… bien lo valga ello. Diccionario del habla candeledana (Libros de la mora encantada, 2011). Mateo Cano Silva puso en marcha en 2011 un blog en internet de Palabras de El Arenal. En el Valle del Tiétar, José María Santamaría García publicó ¡Velo ahílo! Primer diccionario de localismos cuchareros (2017) dedicado al habla de Pedro Bernardo, y ¡Velo ahíle! Primer diccionario de localismos gavilaniegos (2024), al de Gavilanes. El gran Tomás García Yebra y su taller de escritura son los autores de Naverismos. El habla popular de Las Navas del Marqués (Editorial Maxtor, 2018). En Hablario de Villanueva de Ávila (Mundo Libre Libros, 2025), Francisco Martín García y Estanislao Martínez Garro han reunido alrededor de un millar de palabras utilizadas en ese municipio. Y seguro que en otros pueblos de nuestra provincia hay más iniciativas de recuperación que desconozco.

 

Con carácter más general, nuestro añorado Agapito Díaz Cabrera recogió en su día en La lengua viva de Ávila (Caja de Ávila, 1998) expresiones usadas en la zona de Gredos, mientras que María Rosario Llorente, con su libro -ahora inhallable- El habla de la provincia de Ávila (Caja Salamanca y Soria, 1997), abarcó 21 localidades abulenses en lo que sin duda constituye un estudio de referencia.

 

Almáciga

Esa misma preocupación, llevada a una escala mucho mayor, es la que ha convertido a la escritora y veterinaria María Sánchez en una de las voces más leídas sobre el mundo rural español. Almáciga (Geoplaneta, 2020) es un libro delicioso por su impagable contenido, pero también por las ilustraciones de Cristina Jiménez y por la edición tan cuidada. En él, reúne la autora palabras del campo de toda España, en todas sus lenguas, pero no se limita a colocarlas una tras otra como hacen los diccionarios, sino que las pone a caminar por un texto con aliento lírico. Su idea es la de quien planta un semillero -eso es justamente una almáciga-, un lugar donde esas voces heridas puedan reponerse y, con suerte, volver a brotar en nuevas conversaciones. La idea es sencilla y poderosa: no se trata de embalsamar el lenguaje, sino de devolverlo a la vida cotidiana.

 

«Quiero que este libro -escribe-, como nuestros pueblos, sea también una invitación a que no dejemos de recuperar y rescatar nuestras palabras. Una mano tendida que abraza todos los acentos, expresiones y lenguas. Una excusa para comenzar a preparar la tierra y mirar el cielo para crear vuestras propias almácigas: de vuestras aldeas, de vuestros pueblos, de vuestra familia; una llamada a la memoria, un retrato que pueda alimentarse de nuestras palabras (…). Otra manera igual de válida y necesaria de narrarnos, de reimaginar un paisaje, de devolverle la vida, el sonido, las huellas».

 

Decir las palabras

 

Pienso lo mismo. Los entomólogos necesitan que las mariposas estén pinchadas en un corcho para estudiarlas. Pero, para todos los demás, lo importante es que haya mariposas que vuelen. Y eso es lo que yo creo que hay que hacer con las palabras. No solamente guardarlas en diccionarios, sino, sobre todo, decirlas en voz alta, seguir usándolas. No defiendo que reivindiquemos los vulgarismos o las meras deformaciones locales de términos comunes, pero sí los propios, aquellos que no están en el diccionario, o que están pero apenas se usan y corren el riesgo de quedar fuera en cualquier próxima edición. Al menos, entre nosotros, cuando nos encontramos y nos reconocemos como paisanos de un mismo pueblo en cualquier ocasión y en cualquier rincón del mundo.

 

En otro pregón de fiestas de San Miguel, el de 2004, el exdiputado autonómico de Madrid Juan Antonio Ruiz Castillo, casado con una hoyanca, contaba con simpatía cómo había integrado nuestra habla: «He aprendido que, si llevo una mancha en la ropa, voy como un zolocho; que no debo hacer mucho caso a quien es un poco calvazo; que la vida que llevo no son aljares; y, cuando me critican, ya me digo: ¡allá cuidaos!». 


Por mi parte, seguiré encendiendo una chasca, caminando por el pinar entre jaúgo, intentaré -seguramente sin mucho éxito- acumular menos guangos, procuraré no ser raleoso en la vida, no fiarme de los maulas y, sin duda alguna, celebrar alboroques siempre que la ocasión lo merezca. Que nuestras palabras nos sobrevivan, aunque solo sea porque sigamos empeñados en pronunciarlas.

¿Por qué no debemos olvidar a Nevenka Fernández veinticinco años después?

 Publicado en Jupsin, 1 de octubre de 2026.


Han pasado veinticinco años. Una generación entera ha crecido sin saber quién es Nevenka Fernández, sin conocer los detalles de un caso que en su momento dio lugar a un intenso debate público, pero que luego se fue difuminando en la memoria colectiva. Para muchos jóvenes, el nombre de Nevenka seguramente no evoca nada. Y, sin embargo, su historia fue la primera en la que un cargo político en España fue condenado por acoso sexual. Tardaría aún más de dos décadas en llegar el movimiento Me Too y en que la sociedad empezara a estar dispuesta a escuchar a las víctimas de otra manera.

Escribir hoy sobre Nevenka no es un ejercicio de mero recordatorio histórico. Es una necesidad. Porque en ese caso se condensan casi todos los tópicos, los sesgos, la incomprensión y los errores de enfoque que, tal vez de forma menos burda, todavía hoy siguen apareciendo cuando la sociedad, los medios o incluso a veces la propia Justicia se enfrentan a un caso de acoso sexual. Este artículo pretende recordar. Volver sobre los hechos para intentar extraer de ellos algunas lecciones que aún hoy cuesta aprender.

Una joven economista con un futuro prometedor

Nevenka Fernández García había nacido en Ponferrada (León) en 1974. Era licenciada en Ciencias Económicas y contaba con un Máster. Trabajaba en la consultora Arthur Andersen cuando recibió una oferta que cambiaría su vida: incorporarse como número 3 en la candidatura del Partido Popular al Ayuntamiento de su localidad natal, liderada por el entonces alcalde, Ismael Álvarez[i].

Álvarez era entonces una figura poderosa en la ciudad. Licenciado en Derecho, presidía el consistorio desde 1995, había sido senador entre 1993 y 1996 y era procurador en las Cortes de Castilla y León. Gozaba de un importante predicamento en su partido y en la localidad. La buena relación entre la familia de Nevenka y el entorno del primer edil, así como la ilusión de la joven por trabajar en su tierra -y por su tierra- facilitaron que aceptara el cargo[ii].

 

Tras la victoria electoral, Nevenka fue designada como Concejala Delegada de Hacienda. Tenía  24 años y todo apuntaba a una prometedora carrera política.

 

Los hechos

 

Tras enviudar, Ismael Álvarez inició a finales de 1999 una relación sentimental -consentida- con Nevenka Fernández[iii], que duró algunos meses. Cuando la joven decidió poner fin a la misma, comenzó lo que describió como «un infierno»[iv]: presión constante con notas manuscritas, mensajes en el teléfono móvil, hasta 40 llamadas al día[v], cartas… Después, el alcalde pasó del halago y el asedio asfixiante a las represalias: comentarios hirientes, descalificaciones públicas, encerronas y vejaciones, así como retención ilegal de parte de su sueldo e incluso intentos de poner a sus padres contra ella. Se produjo un deterioro absoluto en su situación personal y en su cometido en el Ayuntamiento.

 

En septiembre de 2000, incapaz ya de sostener la situación, Nevenka causó baja por depresión y se trasladó a Madrid, alejándose de su ciudad y de quien había sido su acosador.

 

La rueda de prensa que cambió su vida

 

Tras meses de rumores en la calle y en los medios de comunicación locales sobre los motivos de su ausencia -que si una adicción oculta, que si un problema psicológico…-[vi], Nevenka dio un paso valiente, que entonces resultaba inédito en España: regresó a Ponferrada y convocó una rueda de prensa el 26 de marzo de 2001[vii]. En la misma, explicó públicamente lo sucedido y anunció que presentaba una querella por acoso sexual y laboral contra Ismael Álvarez ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, órgano competente a causa del aforamiento que la condición de procurador otorgaba al querellado.

 

Denunciar no le reportó la solidaridad ni el alivio que podía esperar. Su camino desde ese momento no fue nada fácil. Lo hizo sabiendo el enorme poder que Ismael Álvarez tenía en su partido y en la ciudad. Éste calificó la denuncia como «rotundamente falsa» y afirmó que se trataba de una operación urdida para lograr su «destrucción política». Los compañeros de partido en la Corporación Municipal dieron la espalda a Nevenka y se alinearon con el alcalde. Incluso, como ha recordado Juan José Millás[viii], hubo un silencio generalizado en buena parte del movimiento feminista y la izquierda de la época, con algunas notables excepciones. Una de las escasas voces que se significaron a su favor fue la de Charo Velasco, portavoz socialista en el Ayuntamiento. Una parte mayoritaria de la sociedad local, e incluso de la clase política y la opinión pública nacional, no pareció comprender ni acompañar la decisión de Nevenka. 

 

El juicio y la polémica del fiscal

 

El juicio ante el TSJ comenzó el 29 de abril de 2002 y tuvo una enorme repercusión mediática: era la primera vez que un cargo político en España se sentaba en el banquillo por un delito de acoso sexual, tipificado en nuestro Código Penal solo unos años antes, en 1995.

 

El fiscal jefe de Castilla y León, José Luis García Ancos, asumió la acusación pública. Sin embargo, su actuación durante el interrogatorio a Nevenka Fernández resultó tan controvertida e inadecuada que la Fiscalía General del Estado tomó la decisión de apartarle del caso el 6 de mayo de 2002, apenas unos días después de iniciarse la vista oral, por entender que había ejercido «un auténtico acoso procesal» sobre Nevenka[ix].

 

García Ancos sometió a la querellante a un interrogatorio en el que, más que preguntar, parecía reprender a la víctima. El intercambio más recordado -y más improcedente desde cualquier punto de vista- fue este:

 

- Fiscal: «¿Por qué usted, que ha pasado este calvario, este sufrimiento, que se le han saltado las lágrimas, por qué usted, que no es una empleada de Hipercor que le tocan el trasero y que tiene que aguantar por el pan de sus hijos, por qué usted aguantó?».

- Nevenka: «No quería irme porque quedaría la imagen de que había hecho algo malo».

 

En otro momento del interrogatorio Nevenka afirmó que se estaba «jugando su dignidad», a lo que el fiscal seguidamente objetó:

 

- Fiscal: «¿Su dignidad?»

- Nevenka: «Querían que me marchara como si hubiera hecho algo malo, como si fuese una incompetente. Yo no podía permitir eso».

- Fiscal: «Pues uno se marcha, si tiene dignidad, y luego denuncia».

- Nevenka: «Pues eso es lo que hice».

 

El propio presidente de la sala tuvo que llamarle la atención y recordarle que era una testigo, no la acusada[x].

 

La «víctima perfecta» no existe

 

Aquella pregunta del fiscal -«por qué usted aguantó»- refleja, con toda su crudeza, quizá de forma extrema pero no excepcional, la misma incomprensión popular que a menudo acompaña a estos casos. No es solo que un fiscal, que debería representar la acusación pública, se colocara en la posición de juzgar a la propia víctima. Es que su pregunta encarna un modo de pensar lamentablemente extendido: la creencia de que existe una forma «correcta» de reaccionar frente al acoso -u otros delitos, como las agresiones sexuales- y que quien no reacciona como se espera tiene algo que explicar o que justificar o, lo que es peor, resulta menos creíble en su relato de los hechos. Estamos ante el sesgo conocido como la «víctima perfecta», un cliché sumamente pernicioso.

 

Se trata de una visión que, como ya comenté en otro artículo sobre el caso Rubiales en este mismo portal[xi], carece de fundamento. Los mecanismos psicológicos son mucho más complejos de lo que un pretendido «sentido común» tendente a la simplificación quiere suponer. Cualquiera de nosotros, ante una situación de acoso o de violencia por parte de alguien de quien no lo esperamos, o incluso de quien debería protegernos -pareja, padre o madre, superior jerárquico en cualquier ámbito, profesional de la medicina que nos está atendiendo, o de la docencia que nos está educando…, alguien en quien se confía- puede reaccionar sin reconocer inicialmente lo que está ocurriendo, o tolerándolo por necesidad -por dependencia laboral, académica, familiar… pura supervivencia-, o minimizándolo tácitamente, o incluso otorgando una segunda oportunidad con la esperanza de recuperar el clima de una convivencia diaria que se ha vuelto irrespirable. El tránsito hasta ir siendo consciente de la realidad, asumirla y decidirse a plantarle cara no siempre es lineal ni sencillo y, desde luego, no responde a un único patrón invariable y exigible a todas las víctimas por igual.

 

Juzgar desde fuera estas situaciones de manera simplista, exigiendo a quienes las sufren una reacción consciente, inmediata y contundente, como condición para otorgarles credibilidad, no solo es un error de análisis: es, sobre todo, una profunda falta de empatía. Supone creer que todas las personas reaccionaríamos igual ante los mismos hechos, cuando los profesionales, la experiencia, la propia realidad, nos demuestran justamente lo contrario.

 

La sentencia

 

El 30 de mayo de 2002, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León dictó sentencia[xii]. Condenó a Ismael Álvarez como autor de un delito de acoso sexual del artículo 184.1 y 2 del Código Penal, en el subtipo agravado de abuso de superioridad, a la pena de multa de nueve meses a razón de 24 euros diarios -es decir, 6.480 euros- y una indemnización de 12.000 euros a Nevenka Fernández por todos los daños y perjuicios. Lo absolvió, en cambio, del delito de lesiones psíquicas que también se le imputaba, al considerar que, si bien la víctima «sufrió angustia y depresión» que precisó de «asistencia facultativa», no podía establecerse una relación causal concluyente entre las acciones del alcalde y esa situación de su víctima.

 

Ismael Álvarez dimitió como alcalde el mismo día que se hizo pública la sentencia, afirmando hacerlo «libre, personal y unilateralmente», pero manteniendo su inocencia: «Soy inocente, digan lo contrario uno o cien mil jueces» y presentándose como víctima de un «linchamiento político y judicial»[xiii].

 

Ambas partes recurrieron. El 7 de noviembre de 2003, el Tribunal Supremo dictó sentencia[xiv], que confirmó la condena por acoso sexual, pero estimó parcialmente el recurso del condenado y eliminó el agravante de abuso de superioridad, lo que supuso la rebaja de la pena a tres meses de multa, 2.160 euros, aunque mantuvo la indemnización de 12.000 euros. El alto tribunal entendió que no concurría jerarquía con los concejales del Ayuntamiento. Afirmación, por cierto, discutible en mi opinión, porque es cierto que no hay relación jerárquica con la concejalía como tal -que es de elección popular y no depende de decisiones de la alcaldía ni está sometido a sus órdenes o instrucciones- pero sí con la delegación de área -de libre nombramiento y cese por el alcalde y sujeta a sus directrices políticas-, que a menudo es precisamente la que otorga la condición de cargo retribuido (de cuyos ingresos está viviendo en ese momento la persona que lo desempeña).

 

La sentencia del TS confirmó la absolución del delito de lesiones psíquicas, pero por considerar que son «secuelas derivadas de la acción delictiva» y que, por tanto, están compensadas con la indemnización por responsabilidad civil inherente al delito.

 

El 27 de enero de 2005, el Tribunal Constitucional inadmitió por unanimidad el recurso de amparo interpuesto por Álvarez[xv], que invocaba la vulneración de su derecho fundamental a la presunción de inocencia.

 

La condena social para la víctima

 

La sentencia no puso fin al calvario de Nevenka Fernández. En junio de 2002, se organizaron manifestaciones ciudadanas en apoyo de Ismael Álvarez[xvi], que siguió viviendo en Ponferrada y que más tarde volvería a presentarse a las elecciones y ser elegido concejal por una agrupación local[xvii].

 

Entretanto, la persona acosada, quien había tenido el valor de denunciarlo, tuvo que rehacer su vida fuera de su ciudad y, durante años, también fuera de España, primero en Inglaterra y luego en Irlanda[xviii].

 

Un aprendizaje social pendiente

 

Ha hecho falta un cuarto de siglo y un progresivo y lento cambio social, para que el caso empezara a mirarse de otra manera. El movimiento Me Too, la explosión de un feminismo transversal en las calles, algunos cambios legislativos y la voluntad de escuchar a las víctimas, han cambiado el marco.

 

La propia Nevenka fue recuperada por la memoria colectiva de forma gradual. En 2021, la ilustradora Mercedes Debellard pintó un mural[xix] dedicado a ella en una calle de Ponferrada. En 2023, el Ayuntamiento de Ponferrada colocó un monolito[xx] en una rotonda con su rostro y la inscripción «Gracias por tu valentía». En 2025, el mural fue tapado con pintura por el propietario del local, lo que obligó a reproducirlo en un espacio cultural de la ciudad.

 

Muy recientemente, en junio de 2026, Nevenka Fernández volvió a la ciudad que tuvo que abandonar[xxi], en un acto institucional descrito por la propia ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, como un gesto de justicia, memoria y reparación. En aquel encuentro, volvió a intervenir Charo Velasco, aquella compañera que se posicionó a su favor cuando casi nadie lo hizo: «Es muy importante que puedas venir aquí y decir: esta es mi ciudad, quiero estar aquí con mis amigos y con mi familia». La propia Nevenka resumió el sentido de aquel regreso preguntándose si no era, en sí mismo, una forma de reparación. Afirmó sentirse «nerviosa pero muy contenta» y lanzó un mensaje de esperanza: «Es posible salir del infierno y reconstruir algo donde no gane la oscuridad, donde venza la luz»[xxii]. Ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que pudiera ser recibida en su propia ciudad con una larga ovación de cientos de personas que llenaron el auditorio del centro cultural donde se celebró.

 

Cuatro obras para comprender

 

Para quien quiera profundizar en lo que vivió Nevenka Fernández y en lo que supuso social, política y jurídicamente este caso, sugiero especialmente cuatro obras que lo abordan desde ángulos distintos y complementarios:

 

- El libro de la propia Nevenka Fernández, El poder de la verdad[xxiii]. Una obra que, según ha explicado ella misma, empezó a escribir casi como una forma de terapia personal. Es su propia voz, 25 años después, la que narra en primera persona lo vivido y reivindica el valor de la dignidad frente al silencio. La propia autora ha señalado que hablar fue lo que le salvó y con este libro pretende transmitir esperanza a otras mujeres que puedan atravesar situaciones semejantes.

 

- El libro de Juan José Millás, Hay algo que no es como me dicen: el caso de Nevenka Fernández contra la realidad[xxiv]. El escritor valenciano publicó esta obra testimonial a partir de entrevistas con la protagonista y del seguimiento del proceso judicial. Millás narra la crónica de un caso real de lucha contra el machismo e investiga los mecanismos internos de superación de la víctima. Es una obra de menos de 200 páginas, pero de una densidad humana y literaria extraordinaria. Como ha escrito Millás, «esta es la historia de una mujer sensata que, cuando se dio cuenta de que todo lo que le habían contado era mentira, fue al juzgado, denunció los hechos y lo puso todo patas arriba».

 

- La película de Icíar Bollaín, Soy Nevenka[xxv]. La directora madrileña, que ya había explorado la violencia machista en Te doy mis ojos (2003, siete premios Goya), llevó al cine este caso con un guion coescrito con Isa Campo y basado tanto en el libro de Millás como en el testimonio de la víctima. Protagonizada por Mireia Oriol en el papel de Nevenka y Urko Olazábal en el de Ismael Álvarez, se presentó en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 2024. La directora la describió como una «llamada de atención para cambiar el foco hacia el agresor»[xxvi]. La película asume «el reto de ceñirse al rigor de los hechos para exponer las dinámicas del acoso, la indefensión asumida y el clima de presión de una sociedad que todavía no estaba concienciada sobre el tema», escribió Eulàlia Iglesias en su crítica de Fotogramas[xxvii]. Significativamente, no pudo ser rodada en Ponferrada al no obtener permiso municipal, por lo que el equipo tuvo que recrear la ciudad en Bilbao y Zamora, un dato que por sí solo dice mucho sobre las resistencias que el caso sigue aún generando.

 

- El documental emitido en Netflix, Nevenka[xxviii]. Reconstruye en tres episodios, con materiales de archivo y con testimonios directos, la historia, el desarrollo del juicio y la sentencia. Fue la primera vez que Nevenka Fernández rompió su silencio, veinte años después de los hechos, para contar en primera persona y sin intermediarios lo que vivió, desde la ilusión inicial por incorporarse al Ayuntamiento hasta el calvario del acoso, el juicio y el exilio. Es probablemente el punto de partida más accesible para quien no conozca el caso, antes de adentrarse en las otras obras que he recomendado.

 

Lecciones que deberíamos aprender

 

La historia de Nevenka Fernández nos enseña, en primer lugar, que el acoso no es un asunto privado ni una «trifulca sentimental» como llegó a describirlo algún medio de la época. Es un delito, con víctimas y con agresores, con mecanismos de poder y de subordinación que lo hacen posible.

 

En segundo lugar, deberíamos aprender que la víctima no queda vinculada indefinidamente por su reacción inmediata. Que una persona no denuncie al instante, que dude, que tema, antes de dar el paso definitivo, no significa que el acoso no exista ni que la víctima lo consintiera. Como afirma el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, las estrategias cognitivas y emocionales del acosado son varias y complejas[xxix].

 

En tercer lugar, el caso nos muestra que el juicio social puede ser tanto o más devastador que el acoso mismo. Nevenka ganó en los tribunales pero perdió en la plaza pública. En la calle se defendía a su acosador. No encontró trabajo en nuestro país: tuvo que marcharse. Y todo esto no ocurrió en una sociedad ignara o lejana, sino en la España de 2002, una democracia con medios de comunicación, con instituciones, con una Justicia que condenó.

 

Todos deberíamos aprender que la pregunta no es «por qué aguantó» sino «por qué alguien se creyó con derecho a acosar». La cuestión no es «por qué la víctima tardó en reaccionar…», sino «por qué el agresor usó su posición para vejar». La pregunta nunca es «por qué no se fue antes» sino «por qué tenía que irse ella».

 

Queda mucho por avanzar, incluso me temo que hay que pelear con pedagogía cada día frente a ciertos discursos para no retroceder. Pero el sufrimiento y la valentía de Nevenka, aunque entonces no se reconociera, abrieron brecha. Lamentablemente, no por las muestras de apoyo, sino únicamente por su decisión personal, por la verdad de su testimonio en una rueda de prensa, confirmada luego por los tribunales. Sirvieron para que hoy no tardemos tanto en escuchar y para que, veinticinco años después, otras mujeres puedan recorrer ese camino con algo menos de soledad.

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[i] Nevenka Fernández. Wikipedia.
[ii]  Cuando Nevenka habló: cronología de la denuncia por acoso sexual pionera en España. Público, 09/09/2025.
[iii] Ramírez, Daniel. Nevenka, la primera que se atrevió a denunciar al jefe acosador: ganó pero vive exiliada. El Español, 09/12/2017.
[iv] Cronología del juicio al alcalde de Ponferrada por acoso sexual. El País, 30/05/2002.
[v] Sanchís, Inma. Nevenka Fernández, economista y víctima de acoso sexual: “Me quemaron en la plaza pública, como a las brujas del siglo XVI”. La Vanguardia, 24/09/2025.
[vi] Serna, Carmen. El infierno de Nevenka, 20 años después: la víctima de acoso sexual que desafió a España con su ‘no es no’. El Español, 05/03/2021.
[vii] Nevenka Fernández rompe su silencio y relata el acoso sexual de Ismael Álvarez en un documental que estrenará Netflix. ElDiario.es, 08/02/2021.
[viii] Millás, Juan José. Perro mundo. El País, 08/12/2017.
[ix] G.F.A. Cardenal releva al fiscal del caso Nevenka por «acoso procesal» a la denunciante. La Voz de Galicia, 06/05/2002.
[x] G. Cano, Carlos. Del 'caso Nevenka' a la 'manada de Sabadell': dos interrogatorios polémicos separados por 20 años. Cadena Ser, 07/04/2021.
[xi] Galán, Carlos Javier. Cinco enseñanzas laborales del caso Rubiales. Jupsin, 06/09/2023.
[xii] Sentencia TSJ Castilla y León 1/2002, de 29 de mayo.
[xiii] Ismael Álvarez denuncia que la sentencia en un "linchamiento político". El País, 30/05/2002.
[xiv] Sentencia TS 1460/2003, de 7 de noviembre.
[xv] El TC deniega el recurso de amparo del ex alcalde de Ponferrada contra la condena por el 'caso Nevenka. El Mundo, 27/01/2005.
[xvi] Unas 3.000 personas acuden a una concentración en apoyo al ex alcalde de Ponferrada. El País, 07/06/2002.
[xvii]Ismael Álvarez vuelve a escena en Ponferrada. El Mundo, 22/05/2011.

[xviii] Pozo García, Cristina. La historia real detrás de 'Soy Nevenka', el caso de acoso que sacudió a España. RTVE, 07/03/2026.
[xix] Peláez, Raquel. Mercedes Debellard: “Cuando borraron mi mural de Nevenka me enfadé mucho”. El País, 03/10/2025.
[xx] Ponferrada rinde homenaje a Nevenka por su "valentía" al denunciar el acoso sexual del exalcalde Ismael Álvarez. La Sexta, 30/03/2023.
[xxi] Nevenka, emocionada al regresar a Ponferrada 25 años después de tener que huir: "Lo difícil es atreverse a hablar". RTVE, 20/06/2026.
[xxii] Nevenka: "Es posible salir del infierno y reconstruir algo donde no gane la oscuridad". ABC, 20/06/2026.
[xxiii] Fernández, Nevenka. El poder de la verdad. Ediciones B, 2025.
[xxiv] Millás, Juan José. Hay algo que no es como me dicen: el caso de Nevenka Fernández contra la realidad. Aguilar, 2004.
[xxv] Bollaín, Icíar (directora). Soy Nevenka. Kowalski Films, Feelgood Media, Garbo Produzioni, Movistar +, 2024.
[xxvi] 'Soy Nevenka', de Icíar Bollain, "un acto político" que clama por cambiar el foco. Infobae, 21/09/2024.
[xxvii] Iglesias, Eulàlia. Crítica de 'Soy Nevenka', la película de Icíar Bollaín sobre una mujer pionera en la lucha contra el acoso en España. Fotogramas, 21/09/2024.
[xxviii] Sánchez Maroto, Maribel (directora). Nevenka. Newtral, 2021.
[xxix] Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), Nota técnica de prevención 507, Acoso sexual en el trabajo.