Aquellos sabios con boina

Publicado en Diario de Ávila, 30/08/2026.

Sentados junto al antiguo estanco. Fotografía cedida por Alberto Organista y Guillerma Fernández para la exposición El Hoyo de Pinares: Imágenes del ayer (1999) comisariada por Carlos J. Galán

En mi pueblo, durante mi infancia, todos los hombres mayores llevaban una boina negra. Tenía tan interiorizado que esto era siempre así que, siendo muy niño, una vez le espeté a mi padre, caminando por la calle: 

- Papá, y si Franco tiene más de ochenta años, ¿por qué no lleva boina? 

 Después de reír con la ocurrencia, me respondió con otra: 

- Bueno, a veces lleva una boina roja. 

La boina era, en el ámbito rural, una costumbre y un símbolo de identidad. La portaba la práctica totalidad de los que aún todo el mundo llamaba viejos, aunque sin ninguna connotación negativa. No había llegado la sucesión de eufemismos que se desgastaron a gran velocidad: primero ancianos, luego tercera edad y ahora mayores. 

Debajo de aquellas boinas de los hombres y de los pañuelos de las mujeres de mi pueblo se ocultaban muchas cosas. Mucha experiencia vivida, y nada fácil. Mucha educación cívica en el trato con los demás. Poca formación por falta de posibilidades, pero mucha sabiduría sencilla. 

Porque aquellos hombres con boina que en mi niñez paseaban por las calles, se sentaban en los poyos o entraban a los bares a tomar un chato de vino, y aquellas mujeres, con moño y a menudo con pañuelo, que veía también callejear o ir a las tiendas y a los puestos del mercado, sabían. 

Sabían leer el cielo antes de que el parte meteorológico confirmara sus intuiciones, y cuándo iba a helar con solo mirar la luna. Sabían cuándo emigraba la cigüeña y cuándo regresaba a la torre de la iglesia. Sabían qué año había más piñas y cuándo habían tejido las orugas sus capullos. Sabían cuándo había que podar la vid, y sabían hacer el vino sin más termómetro que el gusto ni más receta que la memoria de sus padres. 

Sabían dar los buenos días, decir “gracias”, pedir perdón. Sabían conversar de pie en la calle o sentados a la puerta de sus casas, sin prisa y sin nada que los interrumpiera. Sabían escuchar a sus mayores sin cortarles la palabra, aunque llevaran ya oída la historia veinte veces. Sabían fiar una compra con solo apuntar un nombre en un cuaderno. Sabían mantener su palabra sin más firma que un apretón de manos. 

Conversando en la puerta, fotografía original de Jacinto Herrero, publicada en el libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del ayer (1999), de Carlos Javier Galán

Sabían remendar un roto y dar otra vida a una prenda. Sabían cómo aprovechar del cerdo “hasta los andares”. Sabían curar un empacho con manzanilla, un resfriado con leche, miel y limón, o las pequeñas rozaduras infantiles con un beso y un ensalmo. Sabían levantar una pared de piedra que no se caía en cien años. 

Sabían compartir lo poco que poseían con quien tenía menos. Sabían resignarse ante lo que no podían cambiar, y pelear sin descanso por lo que sí. Sabían sacar alegría de las penas, para no cargar con ellas a los demás. A su manera, con sus defectos, con sus virtudes, sabían vivir. 

Habían padecido la crueldad de la guerra, habían sufrido el hambre y la miseria de la posguerra, habían sacado adelante a sus familias, sin hacer alarde de nada, como quien se limita a cumplir una misión. Y, llegado el final de la dictadura, nos dieron el mayor ejemplo de reconciliación, de mirar hacia delante, de pensar en su país, de pensar en las generaciones venideras. 

Si hoy esas nuevas generaciones en el mundo rural tienen títulos universitarios, mayor acceso a la cultura o mejores medios materiales es, en buena medida, por el sacrificio y el legado de aquellos hombres con boina y aquellas mujeres con pañuelo, que auparon sobre sus hombros a sus hijos y permitieron así que estos pudieran hacerlo con sus nietos. Por todo ello, hoy déjenme que me ponga simbólicamente mi boina. Como homenaje, como memoria. Porque sé dónde estoy y dónde quiero ir, pero nunca, ni un solo día, me olvido de dónde vengo.

Enrique Ortiz Sierra, in memoriam

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy, 05/03/2026.

Panorama / Cultura / Obituario 
El pasado 22 de febrero falleció a los 59 años el abogado y poeta de origen granadino en el Monte del Pilar, en la localidad madrileña de Majadahonda

Nos conocimos por el Derecho, claro. Pero él, de forma casi desapercibida, se las arreglaba para llevarte al territorio de la poesía y de la música.

Fueron dos de sus grandes pasiones, junto con disfrutar de su gente querida y correr por parajes de montaña. Precisamente en el Monte del Pilar de la localidad madrileña de Majadahonda -al que a menudo nos permitía asomarnos con sus fotografías- es donde terminó su camino hace unos días. Dolorosamente, para tantos como le queríamos. Podría decir también que inesperadamente, porque casi siempre la muerte nos pilla con el paso cambiado: él sabía muy bien cómo «nos aferramos a ese sueño insomne / de que mañana habrá otro mañana».

Enrique Ortiz Sierra había nacido en Granada y acababa de cumplir 59 años. Tenía una asesoría de empresas y despacho jurídico en la Comunidad de Madrid y soy testigo de que en su labor profesional era garantía de seriedad y responsabilidad. Ahora que tantos venden puro humo en redes sociales, él representaba justamente lo contrario: se conducía con rigor, con mucho trabajo, con profesionalidad…, pero apenas se daba importancia. En el trato con los demás, sobresalía su enorme generosidad: ennoblecía la palabra «compañero».

 

Como poeta, un joven Enrique Ortiz Sierra tuvo un comienzo fructífero. Su primer poemario publicado, Tormenta alrededor de una fotografía (Diputación de Granada, 1991) obtuvo el Premio de Poesía Andaluza Villa de Peligros. En 1992 la Dirección General de Juventud de Andalucía le distinguió con el Premio Gustavo Adolfo Bécquer de Literatura Juvenil, en la modalidad de poesía, por Descubrimiento de la lentitud (Junta de Andalucía, 1992). Y ese mismo año, con solo 26 de edad, obtuvo un Accésit del prestigioso premio Adonais con Extraño abordaje (Ediciones Rialp, 1993), una mirada a distintas experiencias humanas, desde la doble perspectiva de la sombra y de la luz. «Procuré -contaba-, en paseos al anochecer en Granada, sobre todo en los meses de verano de 1991, que el primer verso fuese regalado (fruto de intuición, inspiración, suerte) (…) y el resto trabajado como un espejo entre partes».

Después, dejó de publicar. Sus libros de juventud los atribuía a «necesidades biográficas» y bromeaba diciendo que «por lo visto, desde 1992 no me ha pasado nada». Al final de su último poemario editado, se había propuesto la tarea de seguir expresando ese extraño abordaje de vivir «desde el artificio más hermoso que existe: un poema». Pero llevaba ya tres décadas escribiendo solo algunas piezas sueltas y trabajando en un proyecto que iba cociendo a fuego lento. En sus redes decía ahora que ya estaba ultimando Lecciones de cosas. No sé si esta obra habrá quedado inconclusa (apenas unos días antes de su muerte escribía «la tarde se ha esculpido en tachones»), pero ojalá no permanezca inédita.

 

En 2021, el creador de la firma @lamalagamoderna, Diego Ríos Padrón, y él hicieron un maravilloso «sujétame el cubata» en Instagram y en lo que aún se llamaba Twitter: acordaron que Enrique seleccionaría cada día del año un poema, de distintos autores, y Diego se ocuparía de caligrafiarlo e ilustrarlo con sus pinceles. La tarea de éste era más laboriosa y a veces se le acumulaba, pero al final cumplieron con 365 poemas ilustrados. Para quienes seguimos aquella aventura, el año fue más hermoso al menos durante un rato cada día.

 

Estos últimos tiempos, Quique participaba en un proyecto municipalista, Vecinos por Majadahonda. Era su manera de implicarse en mejorar la comunidad en la que vivía.

 

En su forma de conducirse en la vida practicaba costumbres que antes sonaban clásicas y hoy son casi revolucionarias. Por ejemplo, la virtud del respeto: era siempre exquisito. O la capacidad de escuchar, impresionante. Y era palpable cómo -rara avis- se alegraba sinceramente con los éxitos de los demás.

 

En ese sentido, recuerdo su felicitación, de corazón y no como un mero cumplido, por mi paso de la abogacía a la judicatura. Y será imposible olvidar cómo estuvo siempre al tanto de Raquel y de mí como pareja, acompañando desde la distancia, con visible cariño, cada uno de nuestros pasos.

No tuvimos una amistad íntima o un trato frecuente, pero era siempre cercano y afectuoso. Se las apañaba para que no nos perdiéramos la pista, para tender puentes entre afines, de lo que dan fe los mensajes que he leído a muchos de sus compañeros de toda España. Y era una persona inspiradora, a quien hubiera confiado con los ojos cerrados cualquier cosa, en lo profesional o en lo personal.

 

Produce una tristeza profunda que se nos marche alguien de corazón limpio, una persona que, a su alrededor, en su pequeña parcela, siempre hizo el mundo mejor.


Se nos quedan, querido Enrique, muchas conversaciones inacabadas, incluso algunas por iniciar, tal vez alrededor de esa «hoguera de siempre / donde cada uno diga, mire, / pronuncie / los recodos de su dolor, / el sosegado júbilo / de su camino». Aquí seguimos Raquel y yo heridos, apenados, recordándote, pero celebrando haberte conocido. Intentando, como tú, que «este breve hábito de estar aún vivos / nos colme de sentir que hemos vivido».


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Ilustraciones: fragmento del poema Tema de Trabajo, de Enrique Ortiz, ilustrado por Diego Ríos Padrón. Portada de Extraño Abordaje. Imagen de Enrique Ortiz Sierra, de la web de su despacho. 

Acto público de entrega de la credencial de Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares


El viernes 26 de septiembre de 2025 me fue entregada la credencial de Cronista Oficial de la Villa de mi pueblo, El Hoyo de Pinares, en un emotivo acto en la Plaza de España, con carácter previo al Pregón de apertura de las Fiestas patronales de San Miguel Arcángel.


El alcalde, David Beltrán, explicó los motivos de esta distinción y afirmó que había "llevado la cultura de El Hoyo de Pinares por bandera". 


La credencial de cronista me fue impuesta por el Vicealcalde, Antonio Pablo, y posteriormente se me entregó un ejemplar enmarcado por el Diputado responsable de Cultura de la Diputación Provincial de Ávila, Javier González. 




En mi intervención, tuve palabras de agradecimiento para los proponentes de esta iniciativa y para toda la Corporación que la aprobó por unanimidad. Expliqué en qué consiste la figura del cronista, con referencia a los orígenes ancestrales de la figura. Afirmé que la recibía "como un honor y también como un compromiso", el de seguir contando la historia de mi tierra y de sus gentes. Quise dar las gracias por su apoyo a mi familia. Y cité a cuatro personas que han sido fundamentales en toda mi labor de recuperación de la historia: a Alipio García, quien me abrió las puertas del libro de las fiestas; a Manuel Tabasco, quien lo hizo con las páginas del Diario de Ávila; a mi amigo el historiador Paco Ortiz, por sus lecciones particulares de historia, de paleografía y de archivística; y a Pedro Grande, por toda la información y el apoyo que me ha proporcionado. Por último, pedí ayuda a los vecinos cuando haga llamamientos en las redes sociales para recabar los imprescindibles testimonios orales que permiten recuperar nuestra memoria como pueblo.

Vídeo de la entrega de la credencial y de mi intervención: 


Maestros que dejaron huella

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, de El Hoyo de Pinares, septiembre 2025.


Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo. También, añado yo, a más pequeño nivel, para cambiar los pueblos. 

El Ayuntamiento publica con frecuencia en sus redes lo que llama #TalentoHoyanco, personas de nuestra localidad que destacan en distintas facetas personales o profesionales. Estoy seguro de que existe muchísimo más talento oculto, que tal vez solo conocen las personas más cercanas, de gente que brilla hoy en numerosos quehaceres.

El crecimiento formativo y cultural que, generación tras generación, se ha ido experimentando en El Hoyo de Pinares no hubiera sido posible sin muchas circunstancias y sin algunas contribuciones imprescindibles. Por supuesto, sin los cambios sociales que se han producido a nivel global. Por descontado también, sin el mérito de los propios interesados que han desarrollado esas trayectorias dignas de elogio. Pero no sería justo dejar de lado dos factores que han contribuido de forma importante. 

El primero, que nunca debemos olvidar, es el sacrificio y el esfuerzo de quienes los precedieron: los padres y madres que quisieron para sus hijos las oportunidades que ellos no habían podido tener. 

Y el segundo, sin duda, la labor de los docentes. Esos maestros que dejaron huella y a los que este año queremos recordar en nuestras Fiestas. Cuando la Escuela quedó atrás hace tiempo, descubrimos que nuestras aficiones e incluso nuestras vocaciones tienen a menudo un nombre propio. Años más tarde, cuando disfrutamos con la música o con la literatura, cuando amamos la naturaleza, cuando nos interesa la ciencia, la historia o la informática, cuando practicamos la fotografía, cuando tenemos afición al deporte…, somos capaces de reconocer detrás al maestro o la maestra que nos inculcó por vez primera esa inquietud, que nació en nuestra etapa escolar, a veces incluso de forma desapercibida. 

Repite acertadamente Ever Garrison que un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, el conocimiento y la sabiduría en sus alumnos. Es como una semilla que no se ve en el momento, pero que germina con el tiempo. 

La Escuela no solo nos proporciona conocimientos -de hecho, muchos de esos datos sabemos que se nos acabarán olvidando- sino que debe aportar algo más: una ambición por saber, una conciencia del valor del conocimiento, un espíritu crítico que es cada vez más necesario ante las facilidades tecnológicas de manipulación y la avalancha de información, donde resulta difícil distinguir lo verdadero de lo falso. 

Hoy ya no tenemos que recurrir a los pesados tomos de la Espasa o la Larousse para consultar datos, porque pulsando apenas una tecla tenemos acceso a una cantidad inmensa de ellos. Pero las herramientas personales, para saber cómo buscar en internet o cómo preguntar a la inteligencia artificial, para manejar luego esa información, para asimilarla, para ser capaces de relacionar conceptos, de descubrir constantes, de dotar de sentido a todo lo que nos llega, no te las da ninguna máquina. Las adquirimos nosotros y, en ese proceso, los maestros son figuras me atrevería a decir que cada vez más importantes. 

Tampoco se aprenden a golpe de click otras cosas, como los valores o la experiencia práctica. El compañerismo, la ética, el esfuerzo, la superación, el trabajo en equipo, la convivencia con la persona que es diferente a nosotros…, nada de eso lo encontraremos en Google ni en Chat GPT. 

Creo que todos recordamos con cariño los años pasados en las Antiguas Escuelas o en el nuevo edificio del Colegio de abajo. Pero lo más importante es lo que allí se sembró en nosotros. Las distintas generaciones hemos ido conociendo a docentes vocacionales que se han relevado en las aulas de El Hoyo de Pinares. No quiero mencionar en este texto a ninguno, tampoco a los que yo recuerdo con mayor gratitud y afecto, porque sería injusto con los que dejase sin citar, como aquellos otros de épocas que yo ya no he conocido de forma directa. 

Los docentes de los años setenta, los de mi etapa escolar, fueron los maestros de la transición, los que nos hicieron apreciar el valor de la convivencia plural, los que nos enseñaron a caminar por unas libertades recién estrenadas. Los docentes de los ochenta y los noventa hicieron su labor de preparar a niños y niñas para una sociedad en constante proceso de cambio. Los del siglo XXI, han tenido que orientar a las generaciones más recientes en un mundo ya digital, donde las tecnologías de la información y la comunicación han cobrado un protagonismo antes inimaginable. 

Queremos recordar a todos los que, a lo largo de los años, pusieron su esfuerzo, su vocación, al servicio de la enseñanza en El Hoyo de Pinares. A quienes desempeñaron su profesión con cariño y con entrega y han dejado en el pueblo un recuerdo imborrable. 

Especialmente a quienes se implicaron en hacer algo más de lo obligatorio, quienes sabían que también se educa fuera del aula -en el patio, en las pistas deportivas, en las calles…-, a quienes se mojaron socialmente, interactuaron con las familias, acompañaron en esos viajes y excursiones que nunca se olvidan, impulsaron medios de comunicación de nuestra comunidad educativa (nosotros siempre recordamos El Escolar de mi época o más tarde aquella querida Radio Piñón, pero luego vinieron otros), organizaron jornadas culturales o promovieron actividades de lo más diverso. 

El Ayuntamiento ha querido que, en la víspera de nuestras Fiestas de San Miguel, el pregón de apertura sirva de esta ocasión para que todo un pueblo homenajee a sus educadores. Para que sus distintas generaciones los recuerden y les expresen gratitud. Se me ocurren pocos gestos más acertados, más hermosos, más justos. Allí estaremos.

Jorge Martín, un campeón del mundo con ancestros hoyancos

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, El Hoyo de Pinares, septiembre 2025.
Era el 17 de noviembre de 2024 cuando, en el circuito barcelonés de Montmeló, el piloto español Jorge Martín, conocido por la afición por su nombre de guerra de Martinator, se alzaba con el título de Campeón del Mundo de Moto GP. Culminaba así una brillante temporada en la que consiguió superar a rivales de todo el mundo y especialmente ganar el pulso al italiano Pecco Bagnaia. 

En 2023 ya había sido subcampeón mundial y, entre lágrimas, en la última carrera en la que la suerte le fue esquiva, prometió no rendirse y que lo lograría al año siguiente. Y vaya si lo hizo. Era el quinto español en la historia que lograba el título mundial -tras Alex Crivillé, Jorge Lorenzo, Marc Márquez y Joan Mir-, pero el primero que lo hacía desde una escudería satélite y no de fábrica -en este caso el equipo Prima Pramac Racing-. Jorge Martín, a bordo de una Ducati, fue líder durante casi toda la temporada, acumulando 3 victorias -Portugal, Francia e Indonesia-, 7 victorias sprint, 15 poles … y cosechando el amplio margen que le permitió alzarse finalmente con el título mundial. 

La gesta de este joven deportista es sobradamente conocida por los aficionados al motociclismo e incluso por el público en general. Pero lo que no es apenas conocido es la relación familiar que Jorge Martín Almoguera tiene con nuestro pueblo. Y es que su bisabuela era Felipa Martín, nacida en El Hoyo de Pinares en el año 1901. 

El bisabuelo de Jorge, Emiliano Rubín de Celix, era un guardia civil nacido en Muñogalindo en 1889 y que había sido destinado a nuestro pueblo. Aquí enviudó, en octubre de 1928, de su primera esposa, Leonarda, con la que tenía tres hijos: Simeón, Antonio y Emiliano. 

En el pueblo le presentarían más tarde a Felipa, también viuda, sin hijos, con la que acabaría contrayendo matrimonio. 

La bisabuela de Jorge, Felipa Martín, tenía cuatro hermanos: Isabel, Gabriela, Casimiro y Dionisia, todos naturales de El Hoyo de Pinares, aunque la última fue vecina de Escalona (Toledo). A la que yo más recuerdo de mi infancia es a Isabel, que vivía en la Puerta del Sol y era la madre de Guillermo Marín. 

El matrimonio formado por Emiliano y Felipa residió inicialmente en la Casa Cuartel de nuestra localidad. 

Durante la guerra civil, Emiliano intentó en la medida de lo posible salvar vidas y tuvo también algunos de los escasos gestos de humanidad que se dieron en aquella dura contienda. 

En el pueblo vivieron Emiliano y Felipa hasta que él fue destinado a otras localidades. En San Bartolomé de Pinares nació su hija Maruja y, ya en Madrid, verían la luz Julio y las mellizas, Pepi y Julia. 

Julia Rubín de Celix Martín es precisamente la abuela materna de nuestro campeón del mundo de moto GP. 

Tras el fallecimiento de Emiliano, sus hijas asistieron al Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil desde los 6 hasta los 19 años. Julia y Pepi, mujeres emprendedoras en tiempos difíciles, abrirían luego su propio centro de enseñanza. 

En todo ese tiempo, durante las vacaciones escolares las hijas de Emiliano y Felipa venían siempre a El Hoyo de Pinares, a casa de su tía Isabel, y aquí pasaban el verano con sus primos, el matrimonio formado por Guillermo Marín y Concepción Carvajal. 

Felipa quiso que se mantuviera esa vinculación familiar con su pueblo natal y acabaron comprando una casita, en la Corredera de San Miguel, detrás del pilón. 

Julia contrajo matrimonio con Rafael Almoguera y tuvieron tres hijos: Susana, Eva y Rafael. Y ahí seguimos acercándonos en el árbol genealógico al joven piloto madrileño, porque la primera de ellas, Susana Almoguera Rubin de Celix, es su madre. 

Susana también veraneó de niña en El Hoyo de Pinares, en la casilla de la Corredera, y tiene un especial cariño al pueblo, del que narra un sinfín de gratos recuerdos: cómo su abuela Felipa los recibía con una bandeja de torreznos, los bocadillos junto al pilón, el reencuentro con sus vecinos -como Nasta o Ana Mari-, aquellos días de campo y de comidas familiares en El Mancho o en La Enebrosilla con sus tíos Guille y Conce y sus primos, jugar con su galga Perla que tenía en depósito en casa de éstos, las primeras salidas de adolescente, las Fiestas de San Miguel… 

Ya de jóvenes, en los años ochenta, aunque no venían con la misma frecuencia, sí hicieron algunas escapadas para ver a la familia y tuvieron ocasión de salir por los lugares de moda del momento: la Discoteca Thomas, el Montecarlo, el Muskaria… especialmente con su primo Mario Marín, al que tanto recordamos. 

Susana Almoguera se casó con Ángel Martín y tuvieron dos hijos: Jorge y Javier. 

Jorge Martín Almoguera nació en San Sebastián de los Reyes en 1998. Llevaba ya en las venas la afición por las motos que sus padres le transmitieron, especialmente Ángel, piloto aficionado. No resultaron sencillos los comienzos en el mundo del motor, para el que Jorge mostró indudables cualidades. La preparación y la participación en competiciones resultaba sumamente costosa y fueron años de esfuerzos y sacrificios para una familia trabajadora, hasta lograr que Jorge pudiera desarrollar su carrera deportiva y demostrar su capacidad a bordo de la moto. 

Jorge Martín fue, ya en el año 2014, el primer español en ganar la copa de promoción internacional Red Bull Roockies Cup. 

Al año siguiente, debutó en Catar en Moto3. Subió por primera vez al podio en 2016 como subcampeón del Gran Premio de la República Checa, pero esa temporada las lesiones no le permitieron desarrollar su potencial. 

Su primer título puntuable para el mundial fue el Gran Premio de la Comunidad Valenciana, que obtuvo en 2017, año en el que subió nueve veces al podio en distintos circuitos y superó el récord mundial de poles en una sola temporada. 

En 2018, con siete victorias y diez podios, Jorge Martín se alzó ya nada menos que con el título de Campeón del Mundo de Moto3 y superó el récord de pole positions que él mismo ostentaba. 

Fue fichado entonces por Red Bull para la categoría Moto2 donde, a pesar de algunas limitaciones de la máquina con la que competía inicialmente, acabó logrando subir al podio en Japón y alcanzar la victoria en Austria. 

En 2021 pasó a competir en Moto GP, con el equipo italiano Pramac Racing y obtuvo cuatro podios en la temporada. El 8 de agosto alcanzó su primera victoria en la categoría reina en el Gran Premio de Estiria, en Spielberg. 

Con un gran talento en su disciplina deportiva y una enorme fortaleza mental y capacidad de superación, Jorge ha ido reponiéndose de todas las dificultades -caídas, accidentes, problemas técnicos…- hasta culminar nada menos que con el título mundial al que nos hemos referido al principio. El pueblo de San Sebastián de los Reyes, que lo vio nacer, le recibió con una multitudinaria acogida y el Ayuntamiento ha dado su nombre a una glorieta. Unos meses más tarde, la Presidenta de la Comunidad de Madrid le impuso la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo. 

Tras fichar por Aprilia, en este año 2025 no ha podido estar a su nivel, debido a que tres accidentes importantes -con 25 fracturas, un neumotórax, 2 intervenciones quirúrgicas…-, le han apartado de la competición durante gran parte del campeonato del mundo. Tras su recuperación, Martinator ha vuelto con fuerza a los circuitos y estamos seguros de que pronto nos dará más alegrías. 

Un apunte final: la bisabuela de Jorge, Felipa, era de El Hoyo de Pinares; su abuela, Julia, conoce perfectamente el pueblo; y su madre, Susana, también lo frecuentó. Pero el piloto madrileño no ha estado nunca aquí…. Creo que eso habrá que remediarlo en algún momento, ¿no? 

Ya conocéis esta curiosidad que comparto con vosotros en nuestro programa de fiestas de este año. Ahora, cuando vibremos ante las pantallas de televisión con los nuevos éxitos deportivos de Jorge Martín, recordad que no solo estamos animando y aplaudiendo a un piloto español, sino a alguien aún más cercano: al bisnieto de una mujer buena, Felipa, que nació y vivió en El Hoyo de Pinares. Al menos una pequeña parte de los genes del campeón del mundo proceden de nuestra tierra.

(Fotografías de Jorge Martín cedidas por Susana Almoguera. y fotografía de Felipa Martín con sus hijas Julia y Pepi, cedida por Julia Rubín de Célix).

Nombramiento como Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares

Con mucha ilusión comparto la noticia de que el Pleno del Ayuntamiento de mi pueblo, El Hoyo de Pinares (Ávila) ha acordado por unanimidad mi nombramiento como Cronista Oficial de la Villa. 

Se trata de una distinción de carácter honorífico y no retribuida, que, en palabras de la Corporación Municipal, viene a reconocer una "amplia trayectoria en la investigación y divulgación de nuestra historia local", así como la "labor en la conservación de la memoria colectiva" y un "firme compromiso con la cultura hoyanca", valoración con la que me siento enormemente honrado.  

El acuerdo municipal subraya como méritos para este reconocimiento "la creación y mantenimiento del Fondo Documental de El Hoyo de Pinares, un valioso repositorio en línea que recopila documentos históricos, literarios, audiovisuales y de memoria local del municipio, iniciativa personal abierta al público y de gran utilidad para investigadores y vecinos; la autoría y comisariado de proyectos de memoria gráfica local, incluyendo las dos exposiciones Imágenes del Ayer (1988 y 1999) y el libro del mismo título, que han permitido recuperar y difundir centenares de fotografías históricas del municipio; las numerosas investigaciones y artículos de historia local publicados a lo largo de los años; el impulso a iniciativas pioneras, como la primera votación popular por Internet en la historia de España (2003), promovida por la FNMT con la colaboración del Ayuntamiento; el impulso y promoción, desde el plano institucional, asociativo o incluso a título personal, durante décadas, de numerosas actividades socioculturales y deportivas en nuestro municipio". 

La credencial será entregada en un acto público en las próximas Fiestas patronales. Espero estar a la altura de este reconocimiento, que recibo con enorme gratitud. 
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La noticia en medios informativos:
 
- ÁvilaRed.com, 20/09/2025
- Tribuna de Ávila, 20/09/2025
- Diario de Ávila, 23/09/2025