LAS RONDALLAS Y LA BANDA DE MÚSICA
Julián Gómez, los acordes de un pueblo
LAS RONDALLAS Y LA BANDA DE MÚSICA
Tears in heaven
Lleva música pregrabada con una gran calidad de sonido y, en cuanto el tren echa a andar, comienzan a sonar unos acordes que nos resultan familiares...
Pronto, su voz, sin micro, se apodera de todos, comienza a atraer todas las miradas y todos los oídos.
Él mira sólo al suelo o al techo del tren, no cruza la vista con nadie, como si estuviera viviendo dentro de la música y de las palabras…
'Cause I know
I don’t belong here in heaven.
Javier Krahe
Festival solidario Tiéndele una mano a Gambia
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(Fotografía del autor: Gambia, 2013)
Que alegraba siempre el corazón
Quiero creer que, cuando alguien les pregunte cómo están, los niños de hoy y los de mañana, a pesar de tantas cosas, se podrán seguir desgañitando:
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El mundo que no vivirá
Se nos va Agustín García Calvo, filósofo, poeta. Inclasificable, indómito, hombre libre.
Cultura Inquieta
Supongo que lo ideal es hacer eventos aunando buen criterio y mucho presupuesto. Pero, cuando ambas cosas no pueden ir unidas, es más importante lo primero que lo segundo. De hecho, hay algunos que se han empeñado en darnos reiterado ejemplo práctico de cómo, con mucho presupuesto, se pueden organizar auténticos bodrios. Y Cultura Inquieta cada año muestra cómo, con poco presupuesto, se puede conseguir una programación de notable calidad. Y, además, asequible para los castigados bolsillos de todos los públicos.
O esta impresionante escultura del francés Bruno Catalano:
O los increibles escenarios en que se desarolla el Festival Ópera en el Lago en Bregenz (Austria):
Y también supe que es posible crear nubes en una habitación, o arroparse con el mar para dormir... Pero les dejo que lo comprueben ustedes mismos.
Ellos definen perfectamente lo que les mueve: en Cultura Inquieta nos dedicamos -aseguran- básicamente a divertirnos, a emocionarnos.
Que sigan.
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Sin embargo estoy aquí, resucitando
Disculpad la osadía
Andrés Molina presenta en Madrid su último disco
O, también entre mis preferidas, Todo mi amor:
Con su mochila a otra parte
Eva y Eurovisión
Eva Sebástian, de la que ya hablé en una entrada anterior, aparece entre los candidatos oficiales al Festival de Eurovisión. Y no sólo por razones personales, porque sea amiga, porque sea de Ávila o porque yo crea que se lo merezca, sino que objetivamente me parece una canción mucho más apropiada que algunas de las castañas frikis con las que nos han castigado últimamente.
Para votarla o escuchar su canción, hay que ir aquí.
Lo que no le dije a Aute...
El 4 de noviembre, en el acto de presentación del último libro de Dragó en Castilfrío, tomando un vino coincidimos con Luis Eduardo Aute.
- Yo tengo que saludar a Aute- le advierto a Carlitos.
- ¿Y qué le vas a decir?
- Pues algo original –bromeo-. Me acerco y le suelto con tono solemne: “Eduardo, esta frase seguro que nunca te la han dicho. Verás: tus canciones han sido la banda sonora de mi vida”.
- Jajajajaja, eso nunca se lo han dicho, seguro…
Por supuesto, no le dije eso ni nada. Uno es así de cortado. Simplemente le saludé con cordialidad y me hice una foto con él en el jardín de la casa de Fernando.
Sí le dije, cuando me firmó su disco, que un dibujo similar al que me estaba haciendo (el póster del beso que venía con su disco Cuerpo a cuerpo) había estado durante años colgado en la pared de mi habitación de estudiante en Madrid.Lo que no le dije a Aute es que he ido a varios conciertos suyos. Tres amigos jovencillos acudimos a escucharle a la Plaza de Toros de Ávila y dormimos esa noche en un parque, porque a la hora que terminaba el concierto ya no teníamos medio de transporte para regresar a nuestras casas. Luego fui a verle actuar en Las Ventas también por aquella época. Regresé a ese mismo escenario madrileño años después como espectador del Mano a mano con Silvio Rodríguez. Y, cuando sacó el Auterretratos, nos acercamos a escucharle a Guadalajara, más de veinte años después del primer concierto que he citado.
No le conté que este año les he pedido a los Reyes -que en mi familia siempre van algo retrasados y a su bola- el Auterretratos 3.
Feliz Navidad 2009
Recordando a Antonio Vega
La Sala Clamores programó el pasado 29 de septiembre un concierto de homenaje a Antonio Vega, recientemente fallecido y al que recordé aquí en una entrada anterior. Confieso que pensé –mal- que el homenaje sería simplemente una excusa comercial por parte del local. A pesar de ello decidí acudir a disfrutar de una noche de buena música, acompañado de amigos –Esther, Maite, Carlos C. y, a última hora, Virginia-. Por fortuna, me equivoqué y encontré algo más que lo que esperaba.
Clamores era un lugar especial para Antonio y para sus seguidores, la sala donde actuaba habitualmente en Madrid y donde yo fui a verle y escucharle con frecuencia. Ya se sabe lo particular que era Antonio: tenía días mejores y días peores, de inspiración, de voz o de talante..., pero siempre, siempre, dejó sobre el escenario retazos de su capacidad creativa, de la sensibilidad de sus letras y su música, la magia de su enorme talento.
La recaudación de este concierto se destinó a la ONG que lleva el nombre de la que fue compañera sentimental de Antonio Vega, también fallecida, la Fundación Margarita del Río, que impulsa una serie de proyectos educativos en Nicaragua. Entre el público, estaban familiares, amigos y compañeros de Antonio.
Sobre el escenario, la banda que le acompañó allí mismo tantas noches recreó los temas más célebres de su repertorio. Luego subieron a interpretar también algunas de sus canciones compañeros suyos como Nacho García Vega, Álvaro Urquijo, Carlos Vega, Rebeca Jiménez, Quique González, Vicky Castelo, Tontxu, Cristina Narea y otros cuantos, que nos hicieron disfrutar de una excelente selección, tanto de la época de Nacha Pop como de su etapa en solitario.
Cuando llegó el final, no cabía duda de qué canción era la que correspondía como cierre de la noche. Yo pensaba que iban a subir entonces todos los músicos que habían intervenido, a interpretarla juntos. Pero pasó algo mucho mejor. Sobre el escenario, la foto de Antonio y un micrófono vacío. Uno de los miembros de su banda dijo una de las frases habituales con las que Antonio animó allí a los presentes a cantar muchas noches. Y comenzaron los acordes de la Chica de Ayer. Todo el público puesto en pie cantó completa la canción, con la música de la banda de Antonio Vega. Sonó realmente hermosa. Fue un momento emotivo, donde muchas voces juntas hicieron suya una voz ausente, a través de una obra que no muere.
Este video doméstico recoge un fragmento de El sitio de mi recreo interpretado por Antonio Vega nueve meses antes en el mismo escenario donde se desarrolló este homenaje:
Cantantes de mi infancia
He dedicado ya en este blog varias entradas a cantantes lamentablemente fallecidos –Joan Baptista Humet, Antonio Vega, Mercedes Sosa- cuya trayectoria musical había seguido con interés y admiración. Autores o intérpretes cuya obra coincide con mis gustos musicales, nombres que han tenido significación para mí.
Pero están luego esos otros cantantes cuyas creaciones o interpretaciones no están entre lo que escucho habitualmente ni se corresponden con lo que realmente me gusta, pero que, cuando fallecen, uno de pronto recuerda que sus canciones estuvieron ocasional e inevitablemente presentes en algún momento de su vida.
Luis Aguilé, cantante argentino afincado en España, era autor de muchas canciones ligeras que a mí no me llaman la atención en absoluto, como La Chatunga, Juanita Banana, El Tío Calambres y cosas así. Pero de niño me gustaba ver su programa El Hotel de las mil y una estrellas, supongo que porque me resultaría entretenido o curioso para mi mentalidad de entonces. Siempre lo recuerdo como uno de los personajes más parodiados de la época: desde Fernando Esteso hasta Martes y Trece, todos cayeron en la tentación de colocarse unas gafas, un sombrero y unas corbatas gigantescas para imitar su peculiar estilo. Con todo, alguna de sus canciones más livianas –por ejemplo, Es una lata el trabajar-, aun cuando carezca de pretensiones, suena simpática y me parece que no tiene nada que envidiar a algunos temas que se entronizan hoy como reyes del verano de forma machacante y son de mucho peor gusto y calidad. En Madrid coincidí una vez con él en un homenaje a Eva Perón y tuve oportunidad de saludarle brevemente. Pero sí hay que recordar que Luis Aguilé es autor de una canción muy sencilla que, sin embargo, sí forma parte de la memoria de casi todo el mundo y que para algunas personas es casi un himno: la emotiva Cuando salí de Cuba:
mi corazón no lo tengo aquí…
Hay un mundo inmenso que hay que cuidarlo.
(…)
No hay quejido negro, ni canto blanco,
hay solamente quejido y canto.
Duerme, duerme, Negrita...
calla la vida
-Horacio Guarany-
El viernes por la tarde, sin saber por qué, me vino a la cabeza la canción La Maza, de Silvio Rodríguez (Si no creyera en la locura… si no creyera en la esperanza… si no creyera en mi camino…), pero específicamente la versión cantada por Mercedes Sosa. Y tuve el impulso en ese momento de compartirla con amigos. Quienes vieron el video, debieron de pensar que era mi recuerdo a una persona que en ese momento se debatía entre la vida y la muerte. Pero yo no tenía ni la menor idea. Cuando llegué esa noche a casa, leí en un periódico que Mercedes estaba muy grave y tuve ese escalofrío de lo inexplicable: las intuiciones, los pálpitos, las comunicaciones intangibles, las “casualidades”… Hoy ha muerto La Negra Mercedes Sosa.Desde la primera vez que la escuché en mi vida, me ganó esa fuerza, esa voz vigorosa que hoy se ha apagado. Han sido más de dos décadas en las que sus canciones -como las de otros artistas- han hecho compañía a mis amores, a mis alegrías, a mis penas, a mis rebeldías… Desde que, siendo estudiante, tuve que ahorrar de mi paga semanal para poder comprarme el primer cassette, hasta ese último CD comprado en Argentina en enero pasado, titulado Treinta Años y con una magnífica recopilación de su repertorio: La Maza, María María, Gracias a la vida, Todo cambia, Sólo le pido a Dios, Canción con todos, Años, Alfonsina y el mar, Unicornio, Hermano dame tu mano, Como la cigarra, Si se calla el cantor, Duerme negrito, Dale alegría a mi corazón…
Mercedes no tenía ese vacuo glamour de las estrellas prefabricadas, poseía la elegancia humana de los sencillos, la autenticidad personal. Y una voz caudalosa que cantaba los dolores y las esperanzas de todo un continente.
Esta mañana su familia –su hijo, sus nietos, sus hermanos, sus sobrinos-, decían en un comunicado: “Lo que más feliz le hacía a Mercedes era cantar. Y seguramente ella hubiera querido cantarles también en este final. De modo que así queremos recordarla y así les invitamos a hacerlo con nosotros”. Así la recuerdo yo hoy: cantando.















