Que el Intercambiador de Transportes de Moncloa se quedara ya insuficiente el primer día de su inauguración, en 1995, para acoger a las líneas de autobuses interurbanos que operaban en la zona, pase.
Que se haya tenido finalmente que afrontar su ampliación y se haya abierto ocho meses más tarde de lo previsto, pase.
Lo de la desviación presupuestaria no lo he consultado, pero seguro que la habrá y esta vez también se lo perdono.
Pero lo que bajo ningún concepto puedo pasar por alto a los políticos, o a los técnicos, o a quienes planifiquen estas cosas, es que me hayan robado a Neruda. Que sus versos ya no estén en las paredes de la estación de metro. Que, al partir o regresar de un viaje cualquier fría mañana, no pueda seguir girando la vista y leer:
Eso sí que no tiene perdón.
(Fotografía del blog Nosolometro).