Una nueva actividad docente


Cuando terminé la carrera de Derecho, con veintitrés años -uffff, qué vértigo da esto del tiempo-, se me pasó por la cabeza la posibilidad de dedicarme a la enseñanza. Hice algunas gestiones con amigos y conocidos que eran profesores universitarios y la experiencia que me transmitieron fue unánime. Yo saqué la impresión de que hacía falta cierto mamoneo: estar muy cercano a algún catedrático o profesor bien situado, pulular mucho por un departamento, ir preparando por allí la tesis, esperar a que le tocara el turno a tu protector y no tuviera compromisos mejores, etc., etc. La verdad es que no me apetecía nada entrar en esa dinámica. Y con mi carácter de entonces, en plena efervescencia rebelde, mucho menos.

Así que lo descarté y -tras un primer empleo inmediato cuyo fin era simplemente proporcionarme ingresos propios y algo de experiencia- me encaminé enseguida hacia el ejercicio libre de la profesión.

Sin embargo, unos años después, a mi compañera de despacho de entonces, Ana, y a mí nos ofrecieron la posibilidad de impartir cursos jurídico-empresariales y comenzamos a hacer nuestros pinitos en esto de la docencia, con buen resultado (supongo, porque repetían en lo de llamarnos).

Una década después de haber terminado mi carrera, aprovechando un cambio profesional, volví a tantear diversos contactos, con desigual respuesta. Pero la consecuencia de ello fue que, finalmente, comencé a incrementar progresivamente mi actividad docente, aunque siempre como complementaria de mi dedicación a la abogacía.

Desde entonces, he impartido numerosos cursos organizados por sindicatos, por organizaciones empresariales, por entidades sin ánimo de lucro, por administraciones públicas… y, en general, siempre con valoraciones positivas por parte de los alumnos en sus encuestas.

El ejercicio de la abogacía personalmente me gusta, particularmente la intervención en juicios y todo lo que implique algún reto (de enfoque, de estudio, de estrategia procesal, de exposición oral…), lo que no sea meramente repetitivo o de trámite. Pero esa labor profesional es poco reconocida, tiene siempre algo ingrato: si un juicio concluye con resultado satisfactorio para tu cliente, él tiene la percepción de que tu labor no tiene demasiado mérito, puesto que la verdad estaba de su parte; si no termina con sentencia a su favor, sin embargo, el demérito sí que es del abogado, que lo habrá defendido mal… Es decir, casi siempre el juicio lo gana el cliente y lo pierde el abogado, desde el punto de vista de aquél. El justiciable normalmente cree que le asiste la razón y generalmente suele despreciar el peso de las otras razones de quien está enfrente; y, por otro lado, carece de conocimientos legales y de elementos comparativos para saber si un planteamiento jurídico es más o menos acertado, si una estrategia procesal resulta más o menos hábil, o si una intervención en juicio reviste mayor o menor calidad. Sólo te queda, pues, la íntima satisfacción personal de que tú sepas que has hecho un buen trabajo.

En la docencia, sin embargo -al menos desde mi experiencia hasta ahora-, los alumnos habitualmente sí te evalúan y, si tu trabajo les ha parecido bueno, lo reflejan así. No te encuentras con esa paradoja de que si aprenden sea exclusivamente por sus aptitudes y si no aprenden sea consecuencia de que el profesor es malo.

Todo este preámbulo venía a cuento para justificar que tengo una inclinación (no sé si se le puede llamar vocación, porque dudo que tenga alguna) por la docencia, que me ha resultado siempre algo más gratificante que la abogacía, aunque las dos actividades indudablemente me satisfacen y realmente mis intervenciones como profesor están hoy claramente derivadas de mi dedicación principal a la abogacía.

En los últimos años, mi labor docente se ha venido centrando especialmente en la Fundación Confemetal, donde he impartido seminarios presenciales, preparado cursos a distancia -tanto en papel como online- y donde he publicado varios manuales jurídicos, en una agradable colaboración profesional que es ya larga y fructífera.

También comencé una colaboración docente con la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) en los estudios de Economía y Empresa, primero en una materia de Introducción al Derecho y, desde hace ya unos años, en la asignatura de Derecho Laboral, compartiendo equipo con unos excelentes compañeros de departamento, como profesores y como personas. La UOC fue en su momento pionera en el campo de la enseñanza virtual y hoy sigue a la vanguardia de este tipo de procesos. Es un proyecto con el que, globalmente y considecaciones menores al margen, me siento muy identificado. Prefiero, qué duda cabe, la calidez de la enseñanza presencial, pero en nuestro mundo hay una serie de necesidades formativas que ésta no puede atender y a las que hay que ofrecer respuesta. Me parece que las nuevas tecnologías (especialmente cuando se vayan desarrollando instrumentos audiovisuales tales como las videoconferencias y similares) ofrecen un campo de enormes y atractivas posibilidades y personalmente soy un decidido entusiasta de este tipo de iniciativas.

Y hoy comienzo una nueva experiencia en ese ámbito de la educación en entornos virtuales. La de impartir, desde mediados de abril hasta primeros de junio, la asignatura de Derecho Internacional del Trabajo como profesor del Máster de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de Online Business School, una iniciativa impulsada por IL3 (el Instituto de Formación a Distancia de la Universitat de Barcelona) y la Escuela de Administración de Empresas.

Mi gente cercana, la que me ve sobrecargado de trabajo cada día, me preguntará irónicamente que si me aburría y por eso me he buscado un nuevo entretenimiento. Lo cierto es que, cuando me comprometí con la Universidad de Barcelona, abril de 2009 sonaba aún muy lejano y, para estas fechas, pensaba estar más aligerado de carga de mi despacho. Todo se andará. Pero por otro lado, como dice el refranero “sarna con gusto no pica”. Y esto es una actividad que me apetecía mucho desarrollar, aun suponiendo un sobreesfuerzo temporal.

Y para mí, que no me caracterizo precisamente por tener subidones de autoestima, tiene una parte de pequeña valoración personal. Supongo que si muchas entidades, pero especialmente la Fundación Confemetal, la UOC y ahora la UB, han confiado en mí como docente (bien porque conocen sobradamente mi labor en el caso de las dos primeras, o bien porque alguien les ha dado buenas referencias en el caso de la segunda), será que no lo hago demasiado mal. Y me acuerdo ahora un poco de algunas personas que, hace veinte años o hace diez, cuando les planteé que quería hacer algo de enseñanza y ellos estaban –por su responsabilidad- en situación de haberme prestado al menos una mínima atención, directamente me miraron por encima del hombro y pasaron ni de considerar siquiera la posibilidad. Y no hablo de personas para los que fuera un desconocido. Supongo que pesaron sus prejuicios: un recién licenciado de veintitrés, o un abogado de treinta y tres años, joven y con pelo largo… En fin, no sé si habrán cazado muchos talentos después, pero como hayan tenido el mismo olfato… Y es que a veces es bueno dar una oportunidad a la gente, ¿no? Escuchar y probar antes de sacar conclusiones.
Discúlpenme ustedes esta especie de pequeña reivindicación personal. Bien saben quienes me conocen que no es nada frecuente en mí, pero hoy, casi veinte años después, tocaba.

Y ya. Ahora, a explicar hoy a mis alumnos en el campus virtual qué es la Organización Internacional del Trabajo y a intentar hacer bien mi cometido…
(Fotografía: Coffee and a laptop, de Steve Garfield, de la galería Creative Commons de Flickr).

16 comentarios:

Melba dijo...


Felicitaciones. La labor docente es sumamente importante. Y si te gusta y la oportunidad se presenta, ¿qué mejor? ADELANTE.

Salud♥s

¡Ah!, ¡muy linda Mafaldita!...y muy bien enterada...como siempre.

Jose Manuel Solera dijo...

Bien dicho Carlos,suerte en este último reto, seguro que al final del día duermes como un lirón,cansado debes acabar.
Saludos

Anónimo dijo...

Hola! Carlos.
Cómo qué no te caracterizas por subidones de autoestima?
Pues arriba esa autoestima...!
Haces muy bien en coger algo que te apetece y encima quitarte esa espinita.
También sabes que es un tiempo dónde vas a estar un poco más agobiado, pero como quieres, lo vas a llevar bien.
Te deseo todo lo mejor y a disfrutar de tu nueva iniciativa.
Y si alguna vez el trabajo te sobrepasa, tú no lo cuentas y entre todos te animanos.
Besos

maría dijo...

Carlos se me ha colado la mano, la de arriba soy yo, María.
Ciao.

TortugaBoba dijo...

He visto el título y ya venía a darte un tironazo de oreja: "¿pero de dónde vas a sacar tiempo???". Pero "en viendo" que lo haces con sumo placer y que te viene de maravilla porque tú lo vales (y tu pelo también), me tengo que quedar callada (a medias por todo lo que he largado ya) y desearte suerte y que lo pases muy bien.
Muak
(Yo voy a poner una Mafalda también en mi blog, o un Garfield, te voy a copiar, lo sepas -es que me ha gustado-:P)

Carlos dijo...

Pues sí, Melba, transmitir conocimientos (en lo que a mí respecta, escasos conocimientos) a otras personas es una responsabilidad y también un placer... Y qué sabia es Mafalda...
Saludos.

Pues acabo como en el dicho, Josema: jodido pero contento. Esto no es mucho, porque es mes y medio sólo y no es exagerado de trabajo. Saludos.

Sí, María, me hace ilusión esta tarea. Y en realidad no es disparatado: si coges un caso judicial más un poco largo más o menos es el mismo esfuerzo y menos gratificante. Besos.

Me apetecía, Tortu, así que... Lo de Mafalda es que es como mi frase de cabecera. Copia, copia lo que quieras. Beso.

Bárbara dijo...

Pues motivos hay para que tengas subidones de autoestima, Carlos. Enhorabuena por esa nueva actividad docente y decente. (y sí, lo de sacar plaza titular en la universidad suele pasar por un mamoneo o politiqueo un tanto repugnante, al menos por aquí...)
Un beso.

Bernardo Rivero dijo...

Buena suerte en tus proyectos docentes. La enseñanza es algo vocacional, aunque los que damos clases a adolescentes sufrimos un desgaste extraordinario y no precisamente porque nustros alumnos lleguen con un nivel bajo (a veces ínfimo), sino porque con demasiada frecuencia falta la educación más elemental. A veces les digo: "La Física y Química no tiene la más mínima importancia comparada con la educación y el respeto, eso sí que es imprescindible".
Buena suerte y "al toro".
Bernardo.

ana de la robla dijo...

Pues me parece muy bien que expongas abiertamente tus habilidades. Yo personalmente estoy un poco cansada de falsas modestias por doquier. Cuique suum :-) Y tú a disfrutar con tu nueva actividad. Felicidades para ti y para tus alumnos. Besote.

artorius dijo...

espero que puedas enseñar todo lo que sabes, pero lo dudo porque tendrían que tener tu cabeza.
un abrazo

Anónimo dijo...

¡QUÉ HONOR TRABAJAR EN FUNDACIÓN CONFEMETAL!!!!!!!!, me encantaría asistir a alguno de tus cursos. ¿Dónde más dices que impartes clases?............je,je,je

Carlos dijo...

Hmmm, pues desarrolla la idea, Bárbara, detalla esos motivos, jajajaja. Es parte de un tratamiento precisamente para subir la autoestima. Muchas gracias por los ánimos y un beso.

Cierto, Bernardo, no debe tener mucho que ver lo dar clases en el mundo empresarial o incluso en universidades virtuales, máster, etc., donde la gente está más motivada e incluso a menudo compatibilizan estudios y trabajo, que dar clases en Secundaria, con lo que conlleva. Lo del nivel ínfimo es común. No en la materia de que se trate, donde a veces el nivel es bueno, sino el nivel de instrucción y de cultura general. Yo al principio, hace años, me cabreaba, pero ahora en realidad los veo como víctimas. ¿Como no van ellos a "aperturar" en vez de "abrir", te pongo por ejemplo que tengo reciente, si lo llevan escuchando a los políticos, en la tele, etc., desde siempre?

Luego tengo mil campos, Ana, para demostrar mis torpezas, así que si hay algunos en los que puedo reconocer mis propias habilidades... Besos.

Te invito a una caña, Artorius :-) Un abrazo.

No sé por qué me da en la nariz que es un honor que tú compartes, Anónima...

Enano dijo...

Hola. Acabo de descubrir este blog (pura casualidad, buscaba información sobre Hoyo de Pinares, tu pueblo y el mío, jeje), y que duda cabe que me he llevado una grata sorpresa.

A menos de 2 meses para acabar mi licenciatura en Derecho, pienso seriamente la posibilidad de continuar por la rama del doctorado, y sin embargo creo que tendré que hacerlo por la rama de la abogacía. De ahí que me sienta identificado con lo que expones.

En todo caso, viendo tu trayectoria, me conformo con poder seguir tu camino.

Un saludo!

Carlos dijo...

Pues muchísima suerte, Enano, en cualquiera de las cosas que te propongas. Otro saludo para ti.

Anónimo dijo...

On ne vie pas éternellement ... profitons de la vie a pleine dent ! lol Ingrid

carlos dijo...

Mais oui, Ingrid!! Je suis d'accord.