Por el Pirineo aragonés

Si la sección de viajes del blog la abrí en su momento con una visita a Huesca, invitado por Virginia, la guinda con la que puse fin a las escapadas del pasado verano (las que ya he contado aquí de Lleida, Soria y Florencia) fue precisamente el regreso a su tierra. Pero esta vez nos adentramos, con Rubén como magnífico guía, por la provincia, con un fantástico recorrido por los valles del Pirineo oscense, con la compañía también de Lorena, Carlos V. y Carlos C.

Cualquiera de las numerosas rutas que pueden hacerse por la zona atraviesa paisajes espectaculares de montaña y pueblos con encanto.

En un promontorio entre la unión de los ríos Ara y Cinca, nuestra primera parada fue L’Aínsa, en la comarca de Sobrarbe.

La leyenda dice que el territorio fue conquistado milagrosamente a los musulmanes en el año 724 por las tropas del rey Garcí Ximenez de Sobrarbe (sí, Sobrarbe fue reino, que luego perteneció al de Nájera-Pamplona, de ahí se integró en el reino de Navarra y finalmente en el de Aragón), aunque algunos historiadores sostienen que los árabes realmente no llegaron a asentarse en la zona.

En todo caso, el núcleo medieval amurallado se convirtió en línea defensiva de los cristianos.

La población conserva esa apariencia medieval, con las fachadas de las casas restauradas y cuidadas. El conjunto histórico está dispuesto alrededor de una Plaza Mayor porticada y cuenta con sólo dos calles. Se conservan algunos resto del castillo y, en un extremo de la plaza, está la iglesia románica de Santa María, ambas obras comenzadas en el siglo XI.

Más al Norte, comimos –estupendamente, por cierto- en Bielsa, otra población de origen medieval ya cercana a Francia.

No pudimos entrar ese día al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, así que seguimos nuestro camino.

En el valle de Tena, un pequeño núcleo, Lanuza, prácticamente despoblado tras la creación del embalse que lleva el mismo nombre, se ha ido poco a poco recuperando. Pertenece al término municipal de Sallent de Gállego. En Lanuza, durante el verano, se celebra, en un escenario flotante sobre el pantano, el Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur.


La cabecera de la comarca, Sallent de Gállego, está atravesada por el río del que toma su apellido.

Tiene una iglesia gótica y un puente medieval y un conjunto vistoso de casas típicas de la zona, con sus tejados de pizarra.

Nuestra última parada antes de regresar a Huesca capital fue Jaca, la conocida capital de la comarca de la Jacetania. Allí pueden visitarse, entre otros muchos puntos de interés, la catedral románica de San Pedro y la ciudadela, un recinto fortificado de finales del XVI, que conserva sus baluartes y polvorines, e incluso el foso alrededor (donde ahora habitan unos ciervos) y el puente levadizo de la entrada.

Aunque no formó parte de nuestra ruta, aprovecho para colgar y compartir también unas fotos que hice en un viaje mío anterior (2005) a Alquézar, otra recomendable localidad oscense, en la sierra de Guara.


Antiguo enclave musulmán (Al Qasr significa la fortaleza) cuenta con un castillo colegiata dedicado a Santa María La Mayor y que alberga un buen número de obras de arte. Tiene también una iglesia dedicada a San Miguel y un conjunto de calles que conservan su fisonomía medieval, un entorno natural espectacular y, además, un puñado de excelentes restaurantes.


(Fotografías del autor, excepto ciudadela de Jaca, de la web municipal).

Día de la Mujer

Hoy, Día Internacional de la Mujer, que sea una mujer la que hable aquí.

Mi regalo es este homenaje a todas las mujeres del mundo, un reconocimiento al largo camino de su liberación, en la voz y la palabra de la nicaragüense Gioconda Belli.

(Quizá yo no haría mías un par de afirmaciones, al menos no sin matizarlas, pero me parece en conjunto un hermosísimo poema y un oportuno mensaje).

Dos grandes actores y un texto flojo


Dos enfermos comparten habitación en una clínica. El médico les anuncia que les queda un corto plazo de vida y ambos toman la decisión de fugarse y emprender una escapada: quieren aprovechar sus últimos días, fuera de las cuatro paredes del centro hospitalario.

El punto de partida de Dos menos, obra teatral escrita por el francés Samuel Benchetrit es, por tanto, sugestivo… Pero el desarrollo posterior me resultó decepcionante. La trama podría plantear reflexión sobre la vida, o podría abordarse desde la ternura, o incluso desde el humor negro… De todo ello hay algunas pinceladas, pero el resultado queda tremendamente superficial, mal resuelto y desaprovechado, para mi gusto. Obviamente no soy crítico teatral, sólo espectador de a pie. Y como espectador no me sentí interesado, ni conmovido, y–salvo momentos muy concretos- tampoco me divertí. No sé si el texto original es así de endeble o si no se ha hecho una buena adaptación del mismo a nuestra particular idiosincrasia.

La obra se había representado con éxito en Francia hace tres años. El año pasado, dos grandes de la interpretación, Héctor Alterio y José Sacristán, se juntaron por vez primera en un escenario para representarla, también con muy buena acogida, en Buenos Aires. Cuando estuve allí en diciembre, había terminado la temporada teatral y no pude verla. Mi hermana ya me aseguró que no me perdía gran cosa, pero hace algunas semanas unos amigos, César y Teresa, me invitaron al Teatro Fernán Gómez de Madrid y… pude confirmar que mi hermana tenía toda la razón.

No hace mucho comentaba aquí que Aitana Sánchez-Gijón y Maribel Verdú habían estado buscando el texto adecuado para coincidir en escena y lo habían conseguido con Un dios salvaje. Es una pena que Alterio y Sacristán no hayan encontrado algo más acorde con su indiscutible calidad interpretativa. Precisamente si la obra no naufraga del todo es por ellos. De El Cid decían Dios qué buen vasallo, si oviera buen señor; pues eso: qué pedazo de actores si representaran un texto a la altura de su talento.

Lo que sembramos

Año 2003. Intento comprar.

- Buenas tardes, ¿en qué puedo atenderle?
- Hola. Pues mira, quería un videojuego de ordenador para el hijo de una amiga. Tiene 12 años.
- Muy bien. Aquí tienes cientos de ellos, puedes mirar... O si te puedo ayudar en algo... ¿Tenías alguna idea o buscas algo concreto?
- Pues no... Si me puedes recomendar algo... Lo único que te puedo decir es que yo quiero un juego que no consista en circular a mucha velocidad ni en matar a nadie ni a nada. Por lo demás, me da igual.
- Ni correr ni matar
-se recita a sí misma la lección, sonriendome-... Pues espera, ahora mismo te lo miro y te enseño algunos.

Se va muy decidida. Largo rato después, la chica desiste.

- Lo que quieres no lo hay, lo siento.
- ¿Ni uno?
- No, he estado mirando y nada.
- Bueno, pues muchas gracias.


Año 2009. Leo el periódico.

Puedo poner cara de horror. Pero, qué quieren, no sé fingir cara de sorpresa.

Florencia (y V)

Junto con los museos y la arquitectura civil, Florencia cuenta con una amplia arquitectura religiosa. Además de su mundialmente célebre Duomo, resultan muy interesantes iglesias como Santa Croce, San Lorenzo, Santa María Novella, el Convento de San Marco, San Miniato al Monte, Santo Spirito o la Capilla Brancacci…, por citar sólo algunas.

El Convento de San Marco (s. XIII) es una delicia de lugar, porque en él vivió Fra Angelico y lo decoró con su pintura al fresco, dejando en las paredes del edificio que acogía a su comunidad más de un centenar de obras, en las distintas salas y en cada una de las celdas de los religiosos. Está visto que nada como tener de compañero a Fra Angelico para disfrutar de una decoración de lujo en tu propio dormitorio. Sobresale La Crucifixión, en la Sala Capitular y, al subir la escalera, La Anunciación (aunque quizá La Anunciación de este artista que nos resulta más familiar y que tenemos en la memoria es la que se conserva en el Museo del Prado).

Cerca, la iglesia de San Lorenzo, la antigua parroquia de los Médicis, data del siglo XV y es obra de Brunelleschi. Allí se halla el mausoleo familiar donde descansan los seis Grandes Duques.

Esta iglesia es el centro de un barrio repleto de vendedores ambulantes y donde se alza el Mercado Central, una construcción de cristal y acero del siglo XIX.

En Florencia, yo me alojaba en el barrio de Santa María Novella, junto a la estación de ferrocarril.

La iglesia de Santa María Novella tiene una nave gótica con vistosas vidrieras. Un crucifijo de madera de Brunelleschi, la Trinidad de Masaccio o frescos de Filipo Lippi son algunas de las obras de arte que pueden encontrarse en el interior.

Su fachada renacentista, obra de Leon Battista Alberti, es de mármol, y el resto del exterior es de piedra. Como anexo, hay un convento con un bellísimo claustro.

Muy cerca está un local que resulta muy curioso visitar, la Officina Profumo Farmaceutica di Santa Maria Novella, una antigua farmacia del siglo XVIII donde se elaboraban las esencias, bálsamos, ungüentos y remedios de la época. Cuenta con una colección visitable de alambiques, instrumental, libros y botes de cerámica. Y todavía hoy despachan al público perfumes y productos de herbolario.

La plaza de Santa Croce es el nucleo de un barrio con encanto, en el que encontramos anticuarios y vendedores ambulantes. Allí, la actual iglesia ocupa el lugar donde se ubicaron un pequeño templo y un hospicio, fundados por el propio San Francisco de Asís y sus seguidores en 1228, construcciones luego ampliadas en 1252. En 1294 se edifica el actual complejo, una iglesia gótica con tres naves, seis capillas, un campanario y un magnífico claustro.

La basílica de Santa Croce es un auténtico panteón de florentinos ilustres, porque en ella están enterrados nada menos que Miguel Ángel, Galileo, Dante o Maquiavelo, entre otros muchos.

Y es también otra interesantísima referencia en el arte, porque las capillas están adornadas por frescos de Giotto y porque alberga una amplia muestra de pintura y escultura religiosa. Allí, en el refectorio transformado el museo, se conserva el crucifijo de Cimabúe.

A la salida de esta basílica fue precisamente cuando el escritor Stendhal, en el siglo XIX, comenzó a sentir una especie de ansiedad: “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”. La psiquiatra italiana Graziella Magherini describió este fenómeno en 1979, analizando más de un centenar de casos similares entre turistas y visitantes en Florencia. Hoy se llama síndrome de Stendhal a esa reacción psicomática que se puede producir cuando alguien es expuesto a una sobredosis de belleza artística, provocándole una aceleración del ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso en algunos casos alucinaciones o histeria. Pero el síndrome de Stendhal, además de un fenómeno descrito clínicamente, es también una referencia cultural o literaria, para expresar de forma figurada la reacción ante la belleza artística. No en vano recordarán que, cuando iniciaba el relato de este viaje, recomendaba visitar Florencia con calma, disfrutándola y sin empacharse. Stendhal no me hizo caso y ya ven…

Ubicado en una cumbre, el barrio de San Nicolò es un lugar rodeado de bosques olorosos al que se llega cruzando el Arno por el puente de la Grazie y subiendo por una larga escalinata. En la subida se pasa por el Fuerte Belvedere, una construcción militar del siglo XVI.

Al llegar arriba, podemos visitar la pequeña iglesia renacentista de San Salvatore al Monte que gustaba a Miguel Ángel y, destacadamente, la iglesia románica de San Miniato al Monte, dedicada al primer mártir cristiano de la ciudad.

La fachada de San Miniato, también de mármol blanco (como Santa Croce y Santa María Novella), es del siglo XII.

La decoración interior tiene mosaicos y frescos y llama la atención el coro, con su balaustrada y su púlpito.

Junto a la iglesia, puede caminarse por un curioso cementerio neogótico, con algunas llamativas esculturas. Paseando por él nos encontramos con las tumbas de algunos figuras como Carlo Collodi –el autor de Pinocho-, el también escritor Giovanni Papini o el ex primer ministro Giovanni Spadolini.

En la cumbre donde se ubican estas iglesias está un lugar de obligada visita: la Piazzale Michelangelo. La plaza Miguel Ángel es una amplia terraza com mirador desde la que se divisa el río, el conjunto arquitectónico urbano -del que sobresalen las torres de los palacios y la cúpula del Duomo- y el fondo de los Apeninos. Las mejores vistas de una ciudad inolvidable.

(Fotografías del autor, excepto pintura La Anunciación de Fra Angelico, interior de Sta. Maria Novella y ábside de Santa Croce).

Presentación del Libro-Homenaje a la Escuela de Música de El Hoyo de Pinares


Hace algunos meses comentaba, en otra entrada de este mismo blog, que no era fruto de la casualidad que un pequeño municipio como El Barraco hubiera alumbrado tantos ciclistas de prestigio. Pues bien, salvando las distancias, resulta que de El Hoyo de Pinares, otro pueblo abulense de apenas 2.500 habitantes, han salido en los últimos años varios componentes de orquestas musicales, unos cuantos integrantes de charangas y, además, que yo recuerde de memoria, al menos una profesora de Conservatorio, algo así como siete profesores de música –en Enseñanza Secundaria o ejerciendo en distintas Escuelas Municipales de varias localidades-, decenas de estudiantes de Conservatorio de grado medio y superior, dos músicos militares… Es una proporción inusual para un municipio rural donde hay sólo unos centenares de jóvenes. Y todo esto, ya se imaginarán, tampoco ha brotado por generación espontánea.


En 1988 se creó la Escuela Municipal de Música, por la que han pasado, desde su fundación y hasta la actualidad, decenas de jóvenes que han encontrado en la expresión musical a veces un simple hobby, a veces incluso una profesión, y casi siempre una pasión y una vocación.

En 2008, la Escuela de Música de mi pueblo cumplía, pues, dos décadas y, para celebrarlo, se llevaron a cabo a lo largo del año numerosas actividades públicas, que sirvieron para dar a conocer con más detalle esta obra que -con escasez de medios pero con sobrado entusiasmo y entrega por parte de profesores, alumnos y directivos- ha desarrollado una labor encomiable. El colofón a esta serie de actos tuvo lugar con ocasión de la festividad de Santa Cecilia, patrona de los músicos, el pasado mes de noviembre.

Ese día, además de inaugurarse un monumento a la Escuela de Música y la Banda que de ella nació, se presentó un magnífico libro, El triunfo de una vocación, del que es autor Antonio José Ropa Mañas, y que da un completo repaso a la historia musical de la villa y a lo que ha supuesto esta iniciativa, de la que El Hoyo de Pinares se siente tan orgulloso.

Fue un día muy especial: brillante, divertido, emotivo, repleto de sensaciones y de muchos recuerdos. Mi ejemplar del libro, recién adquirido, parecía ya envejecido por el uso. Alguien me dijo: “Te lo estamos estropeando”. Pero a mí me parecía lo contrario: que era el ejemplar más hermoso de todos, porque en él estamparon afectuosas dedicatorias no sólo el autor, sino el resto de personas que habían intervenido en el acto, los presidentes que ha tenido la Escuela, los profesores de la misma y muchos de los componentes de la Banda (al resto ya les iré pillando después), así que poseo un precioso recuerdo de una iniciativa a la que tengo cariño y a la que me siento muy unido.

Yo no tengo ni idea de música, desafino hasta silbando y no soy más que un mero oyente o un espectador que disfruta con ella. Pero he seguido de cerca la ilusión y el trabajo desarrollados en la Escuela y la Banda y no puedo, por descontado, percibirlo como algo ajeno. Durante los dieciséis años en que fui concejal, lógicamente viví muy de cerca la marcha de la Escuela Municipal de Música y, en aquellos períodos en que, además, desempeñé la delegación de Cultura, intervine de forma mucho más intensa.

El autor de este libro conmemorativo, Antonio Ropa, me hizo el honor de invitarme a intervenir en el acto, así como colaborar en su organización, y acepté encantado.

Por la mañana, en un hermoso gesto, la Banda se acercó a los hogares de los músicos más pequeños que ese día entraban a formar parte de la misma y, entre la ilusión de ellos y la emoción de sus familiares, les incorporó al pasacalles. Seguidamente se inauguró el monumento, que representa un arpa, y del que es autor Óscar Roda, precisamente uno de los integrantes de la promoción fundacional de la Banda y que sigue en activo.
La introducción al acto público de presentación del libro corrió a cargo de la periodista de Telemadrid Chus Galán, vinculada familiarmente a la localidad. Chus destacó que esta obra “es un perfecto archivo de cien años de historia de la música en El Hoyo de Pinares” y aseguró que “con este libro tendremos en nuestro poder parte del espíritu, de la esencia de este pueblo y, cuando pase el tiempo, estemos donde estemos, cada vez que lo descubramos en nuestra librería nos hará dibujar una sonrisa”.

Elogió la dedicación del autor porque “por mucho tiempo que se tenga, dedicarle mil horas a un libro a cambio de nada es verdaderamente generoso. Y digo esto porque él se reserva el 'copyright' intelectual pero ha cedido todos los beneficios económicos a la Escuela Municipal de Música. Y todos los que han colaborado en la elaboración de este libro también lo han hecho desinteresadamente”.


La alcaldesa de la localidad fue la siguiente en saludar a los asistentes. Pilar Ochando felicitó a la Escuela de Música y a la Banda por este vigésimo aniversario y por el trabajo desarrollado calladamente a lo largo de tanto tiempo por directivos y profesores, “que está fomentando algo que tiene mucho futuro como desarrollo intelectual y cultural para nuestra comunidad”.

El Presidente de la asociación que gestiona esta iniciativa formativa y musical, Juan Herráez, detalló cómo se gestó la decisión de elaborar el libro y cómo se han desarollado los actos conmemorativos a lo largo de 2008. Afirmó que “desde la Asociación Escuela de Música valoramos y agradecemos las muestras de afecto de las distintas asociaciones y peñas y de todo el pueblo en general”.

El siguiente turno me correspondió a mí. Es una pena que el video no recoja la presentación que hizo Chus, porque quedó simpática. “El siguiente en hablar es, seguro, al que más conozco de esta mesa”. Comentó que siempre que me refiero a ella –en este blog o en otros artículos- lo hago como “la periodista de Telemadrid Chus Galán…, mi prima”. Así que, después de recordar que soy abogado, que he ejercido como concejal durante dieciséis años y varios de ellos como teniente de alcalde, que participo activamente en la vida cultural del pueblo..., terminó vengándose y me presentó, entre las risas de los presentes como “Carlos Javier Galán…, mi primo”. Así que no pude por menos que comenzar mi intervención con un “gracias, prima”.

Yo expliqué que para mí era un honor intervenir en este acto “por el autor, con el que me une amistad”, “por el libro, porque veréis que es una magnífica obra”, “por la Escuela, que es la iniciativa cultural más importante que hemos tenido en la historia de este pueblo y que además concita la unanimidad de todos”, “y también por amistad con varios miembros de la Banda a los que tengo especial afecto”.
Expresé mi opinión de que “lo milagroso no es tanto la creación de la Escuela, con ser importante, sino que veinte años después siga aquí” puesto que “nuestro pecado había sido hasta ahora la falta de constancia”. Elogié los actos conmemorativos del XX aniversario que han servido “para que todo el pueblo vuelva la mirada sobre la Escuela y la Banda y no sólo vea lo externo, lo bien que nos lo hace pasar en algunos momentos, sino todo el esfuerzo que hay detrás de esta iniciativa”.

Respecto al autor, Antonio Ropa, aseguré que, a mi juicio, “nadie podía haberlo hecho mejor”. Por un lado “por su cariño a El Hoyo de Pinares, porque, aun no habiendo nacido aquí, familiarmente está muy vinculado e integrado y ha participado en la vida cultural, asociativa y recreativa del pueblo durante estos años”. Pero también, por otro lado, por su extrema minuciosidad y su perfeccionismo, cualidades sobre las que bromeé cariñosamente, entre las risas de los presentes y especialmente de su familia y de las personas más cercanas, que le conocen bien. “En el libro estamos prácticamente todos, refleja una parte de nuestra propia vida de estos veinte años”.

Valoré positivamente que esta obra no sólo hable de la Escuela, sino que recuerde sus antecedentes, incluyendo un resumen de la historia musical de nuestro pueblo, sus costumbres, su folclore musical, sus rondas y también iniciativas anteriores de antiguas Rondallas y Bandas de Música, “porque la Escuela no surge de la nada, sino que nace en el contexto de una tradición musical”.

Elogié el acierto de que, al lado de la Banda, se creara en su día una Escuela, que garantiza la superviviencia de aquélla porque es “un vivero permanente que va incorporando savia nueva a la Banda”. Recordé que la Banda de Música de El Hoyo de Pinares es muy valorada en Castilla y León y que su ejemplo ha dado origen a otras Bandas en distintas localidades.

Además, subrayé que el libro “no es una enciclopedia fría que sólo ofrezca datos y más datos, sino que es una obra amena, que se lee con gusto. Y a eso ayuda también que hay una parte, en la que, dentro de los perfiles de los músicos, se incluyen anécdotas de estos veinte años... Yo me he reído mucho con algunas de ellas”.

Terminé recordando que el poeta H. Martín Borro escribió hace años que El Hoyo de Pinares “es un pueblo que canta” y que allí donde suena la música “existe la felicidad”. Di las gracias a todos cuantos han hecho posible estas dos décadas fructíferas de la Escuela y la Banda, que tanto nos han hecho disfrutar, “y a Antonio, como cronista, por haberlo contado tan bien”.

Me sucedió en el uso de la palabra otro compañero abogado, Jacinto Blanco, que calificó el libro como “un compendio histórico documentado y riguroso” que demuestra la profunda y laboriosa dedicación del autor y que “quedará incorporado para siempre a los anales de la historia de este pueblo”. Recordó que “en El Hoyo de Pinares existe una acentuada vocación musical, es un pueblo melómano, y resultado de ello ha venido a ser la Escuela de Música y su criatura, la Banda”. “El espléndido presente que hoy viven ambas instituciones –prosiguió- lleva a congratularse de ello y a confiar en que su futuro nos deparará a hoyancos por nacimiento y adopción, como el que habla, innúmeras satisfacciones”, por lo que deseó larga vida a esta obra cultural.

Uno de los integrantes de la Banda de Música de El Hoyo de Pinares desde su fundación, Rubén Roda, manifestó que “es un orgullo para nosotros, los músicos de esta Escuela, la aparición de este trabajo, que no sólo tiene como finalidad el reconocimiento a la labor realizada durante veinte años por esta gran familia compuesta por profesores, directivas, alumnos y músicos, sino que es un espejo de lo que representa en nuestro pueblo nuestra principal afición, la música, ese arte tan necesario para el ser humano”. Coincidió en que “recoge acertadamente los orígenes de la cultura musical en nuestro pueblo”, todo ello “unido a un exhaustivo relato de la historia de la Banda actual y a una presentación en detalle del funcionamiento de la Escuela”, por lo que “constituye una verdadera enciclopedia de la música en El Hoyo de Pinares”.

Se dirigió al autor con estas palabras: “Antonio, queremos darte intensamente las gracias por dedicar todo tu esfuerzo y tesón para llevar a cabo esta magnífica obra” porque “con este libro has contribuido a enriquecer el patrimonio cultural” del pueblo. “Para expresarte nuestro más humilde pero sincero agradecimiento -concluyó- por tu impagable esfuerzo y dedicación, me quedo sin palabras.... Y, después del silencio, lo que más se acercaría a expresar lo inexpresable, sería la música”.

Otro músico, Raúl Abad, puso el contrapunto con sus ingeniosos comentarios. Habló también de la síntesis que el libro ofrece sobre la historia musical del pueblo, recordando como anécdota, por ejemplo, que incluye un acta municipal de 1908, en el que se contrataban “músicos de aire” para las fiestas por doscientas pesetas. “No está mal, si tenemos en cuenta que es lo mismo que entonces cobraban los toreros… y lo de músico parece menos arriesgado”. Considera que el libro refleja muy bien la ilusión que presidió la creación de la Escuela: “me he sentido totalmente identificado”, aseveró. Subrayó la “evolución musical del pueblo, que ha pasado de considerar la música solamente diversión, a entender algo de este arte”. No pudimos evitar unas risas cuando Raúl quiso definir el libro como “colofón final” de los actos de Santa Cecilia y, en un lapsus, lo definió como “colocón final”. El joven músico se preguntó ante el éxito de una iniciativa asi: “¿Cómo ha sido posible esto? ¿por genética? ¿por las piñas? –bromeó-… Creo que aquí hay algo que en este pueblo nos hace sentir la música de una forma muy especial” y agradeció a Antonio Ropa el regalo que ha hecho a El Hoyo de Pinares con este libro.

Cerró el acto, como es lógico, el propio autor, Antonio J. Ropa, quien comenzó bromeando: “Las personas que han intervenido anteriormente no han escatimado palabras de elogio hacia mi persona y hacia el libro que hoy presentamos. No me han extrañado tantos halagos, porque tuve la picardía de elegirlas entre mis amigos y un amigo nunca habla mal de otro amigo… sobre todo si éste está presente”.
 
Explicó que el libro cuenta con una primera parte dedicada a la música tradicional del pueblo, un segundo bloque dedicado a la propia Escuela de Música y a lo acontecido en sus veinte años de existencia, un tercer apartado sobre la historia de la Banda de Música y un último capítulo dedicado a la propia conmemoración de este XX aniversario.

“La historia no se escribe si no existen los protagonistas –afirmó- y, en este caso, yo lo he tenido muy fácil. Por un lado, he contado con un pueblo repleto de ricas tradiciones folclóricas y, por otro, con los músicos y alumnos de ahora, rebosantes de experiencias musicales. Entre todos habéis escrito el libro. Yo sólo he tenido el privilegio, el honor y la oportunidad de ahondar en la historia de la vocación musical que los hoyancos lleváis innata. Mi mayor deseo es que os guste y que haya sido capaz de plasmar todo cuando de grandeza tiene vuestra historia musical”.

"Las piñas –terminó, haciendo referencia al fruto más típico de la localidad- no sólo nacen de los pinos piñoneros. Existen otras piñas humanas, unidas por el arte, el buen hacer y la buena gente, que son capaces de resistir los avatares más aciagos y salir airosas y triunfantes. Vuestras armas han sido la constancia y la fe en lo que hacíais. El premio, el éxito de estos veinte años de buena música y reconocido prestigio”.

Como cierre del acto, la Asociación Escuela Municipal de Música hizo entrega al autor de una placa de agradecimiento y, finalmente, se proyectó un audiovisual elaborado por otro músico, Luis Miguel Tejedor, con una acertada y emotiva selección de imágenes de estas dos décadas.

Por la noche, la Banda de Música clausuró los actos de su XX aniversario con un brillantísimo concierto, en la iglesia de San Miguel Arcángel, donde destacararon las bandas sonoras de cine y los fragmentos de ópera y zarzuela.
(Fotografías: Francisco Javier Tabasco y Francisco Javier Sánchez Doello. Videos grabados por Carlos Rodríguez).