La risa como herencia

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de CádizDiario de JerezEuropa Sur, Málaga HoyHuelva Información, El Día de Córdoba y Granada hoy, 02/01/2024.


En la boda de mi amigo Mario, el cura tuvo la desafortunada ocurrencia de abrir en la homilía una especie de coloquio, dirigiendo preguntas individuales a algunos asistentes sobre el evangelio leído y su aplicación práctica a la vida: el resultado rozó por momentos la tragedia. A ello hay que añadir que confundió reiteradamente el nombre de la novia y, ante la perplejidad de Clara -que así se llamaba de verdad la contrayente-, impartió detalladas instrucciones al novio para que amase a una tal Blanca hasta que la muerte los separase. Como Mario era muy ocurrente, el episodio de lo que bauticé como misa fórum y el error de identidad nos dio juego durante años. 

Cuando, en efecto, la muerte nos separó prematuramente a todos de Mario, el sacerdote de su funeral no tuvo a bien obsequiarnos con unas palabras que nos reconfortaran, sino que decidió desplegar un discurso un tanto delirante, plagado de referencias al Apocalipsis. Yo tenía el alma rota, pero pensaba en lo que hubiera dicho mi amigo y no pude evitar abandonar aquella capilla con media sonrisa. Vi que Clara salía también igual: 
 - Te ríes de lo mismo que yo, ¿no? 
Enseguida se nos acercó mi hermana: 
 - Hay que ver qué mala suerte ha tenido Mario con los curas… 

En el funeral de mi abuela, que murió con 100 años, muchos sonreían también cuando hice mención a las típicas frases suyas en las que no daba puntada sin hilo. 

Hace poco falleció en Sevilla, con 103 años, Concepción Góngora, la abuela Conchita de nuestro amigo Jorge -y un poco abuela también de toda la Hermandad del Rocío de Sevilla Sur-, una mujer cariñosa que transmitía alegría. Cuando sus hijos y nietos quieren recordarla, lo hacen con una sevillana, dedicada a su Huelva natal, que le gustaba cantar en los buenos momentos de celebración familiar. Y, entonces, las sonrisas se abren paso entre ojos empañados. 

Hace algunas semanas asistí en Ávila a un Encuentro Eleusino dedicado a la memoria de Fernando Sánchez Dragó. Con su hija Ayanta Barilli como maestra de ceremonias, varios escritores y amigos del homenajeado trazaron un emotivo retrato y abordaron desde distintas perspectivas su amplia obra. Su pareja, la periodista Emma Nogueiro, además de ofrecernos un amoroso testimonio donde la persona se superpuso al personaje, decidió compartir con los presentes un video personal grabado con su teléfono móvil, en el que le daba instrucciones para usar una lavadora y una secadora en su ausencia. El hombre que se las apañó para sobrevivir a mil y una tribulaciones por los cinco continentes, provocó afectuosas carcajadas con una exhibición de inutilidad que, cuando descendía al terreno de lo doméstico, nada tenía que envidiar a Mr. Bean. 

Con una convocatoria de estas características, se corre el riesgo de que la tristeza inunde todas las jornadas. Pero no fue así. Hubo lágrimas, pero también momentos divertidos, como corresponde al legado de alguien que, en su libro El Sendero de la Mano Izquierda, dejó escrito este consejo: “Sonríe siempre, incluso cuando hables por teléfono. La sonrisa se nota en la voz”. 

Con Fernando mantuve amistad durante treinta y siete años, desde que yo era un universitario inquieto, y me sigo riendo con un buen puñado de anécdotas, en medio de multitud de conversaciones interesantes y amenas, comidas fraternas, gestos de generosidad por su parte y no pocas aventuras compartidas, a menudo tan disparatadas como hermosas. 

Cuando tanto cenizo siente la necesidad de contestarnos agriamente en redes sociales desde que apenas hemos dado los buenos días, cuando -también fuera de lo digital- tanta gente amargada se empeña en hacernos -y hacerse- la vida más difícil, cada vez aprecio más a quienes adoptan el buen humor por bandera, a quienes incluso intentan ponerle buena cara al inevitable mal tiempo. Admiro a aquellas personas que, hasta después de muertas, nos siguen contagiando su buena onda, a quienes se las apañan para seguir viviendo en la sonrisa que su recuerdo evoca en los demás.

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Ilustración: Rosell, publicada en los medios del grupo Joly

Una responsabilidad política, no judicial

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba y Granada Hoy, 05/12/2023.


Se cumplen cinco años desde el final del mandato del CGPJ sin que se haya procedido a la renovación del mismo por parte de las Cortes Generales.

Si echamos un vistazo a algunas de las redes sociales más populares, podemos comprobar cómo, a los integrantes en funciones del CGPJ, se les tilda de “jueces okupas” y “jueces caducados”, se propone que no cobren retribución o se alude a su supuesta resistencia a abandonar el cargo, con ese rigor y sutileza que caracterizan a menudo los juicios vertidos en tales foros.

 

Me fascina cómo los políticos españoles, que están incumpliendo desde hace un lustro su obligación de renovar el CGPJ, no sólo han conseguido eludir su responsabilidad ante la opinión pública, sino que se la han endosado injustamente a unos vocales del CGPJ que, obviamente, no pueden nombrar a sus sucesores y no han hecho sino cumplir la obligación prevista en el artículo 570.2 de la Ley Orgánica: Si ninguna de las dos cámaras hubieren efectuado en el plazo legalmente previsto la designación de los vocales que les corresponda, el Consejo saliente continuará en funciones hasta la toma de posesión del nuevo.

 

Discrepo en no pocos aspectos de la línea de actuación y gestión que sigue nuestro CGPJ, pero ello no me impide reconocer algo evidente: que sus actuales integrantes no han perdido oportunidad de reclamar, pública y reiteradamente, a los responsables políticos que cumplan con su obligación de renovar la institución.

 

El anterior Presidente, Carlos Lesmes, decidió presentar su dimisión, con la pretensión de que ese gesto supusiera una llamada de atención a la clase política y se procediera al nombramiento del nuevo Consejo por quienes tienen atribuida tal competencia. De nada sirvió.

 

El actual, Vicente Guilarte, incluso ha elaborado y formulado algunas propuestas con el ánimo de que puedan contribuir a desbloquear la situación, para que sean valoradas por los responsables políticos que tienen en sus manos la decisión.

 

El CGPJ está compuesto por 20 vocales, la mitad elegidos por el Congreso y la mitad por el Senado. 8 de ellos deben ser juristas de reconocida competencia y los otros 12 magistrados en activo con más de 15 años de servicio. Para estas últimas plazas, se pueden presentar candidatos avalados por una asociación judicial o por 25 miembros de la judicatura.

 

En su día, el Presidente del CGPJ remitió a las Cortes el listado de candidaturas a vocales judiciales presentadas en plazo. A lo largo de cinco años, las sucesivas presidencias del Congreso y del Senado han incumplido por completo su obligación de convocar los plenos para que sean votadas.

 

Cuando muchos representantes políticos hacen declaraciones críticas y hasta descalificatorias sobre la no renovación del Consejo, hay que recordar que la carrera judicial sí “hizo sus deberes” y que el incumplimiento se produce por parte de quienes ni siquiera han convocado las sesiones parlamentarias en las que someter a votación dichas candidaturas, obtengan o no finalmente los tres quintos necesarios.

 

No está previsto en la ley que, si no hay acuerdo previo entre los grupos parlamentarios mayoritarios o, lo que es peor, si el acuerdo no se produce entre dos concretos partidos en ámbitos ajenos al parlamento -por un bloqueo deliberado o por incapacidad para alcanzar consensos-, la consecuencia sea paralizar arbitrariamente un proceso reglado y que es de obligado cumplimiento.

 

Lo acabamos de ver en los debates de investidura: aunque el primer candidato a la presidencia del gobierno no obtuvo la confianza mayoritaria de la cámara, a nadie se le pasó por la cabeza dejar de convocar el pleno del Congreso e impedir que la votación se produjera. Con el CGPJ sí lo han hecho. Y es grave.

 

Por ello, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en sentencia de 22 de junio de 2023, ha condenado a España y ha reconocido el derecho de los aspirantes propuestos por la Asociación Judicial Francisco de Vitoria a que sus candidaturas fueran examinadas por el Parlamento en el plazo determinado legalmente.

 

La pelota sigue estando, pues, en el tejado del Congreso y del Senado, cuyos presidentes han de cumplir con la obligación que tienen legalmente atribuida de convocar los plenos y realizar la votación. Y que luego cada cual se retrate.

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(Ilustración: Rosell, Diario de Sevilla)