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Enrique Ortiz Sierra, in memoriam

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy, 05/03/2026.

Panorama / Cultura / Obituario 
El pasado 22 de febrero falleció a los 59 años el abogado y poeta de origen granadino en el Monte del Pilar, en la localidad madrileña de Majadahonda

Nos conocimos por el Derecho, claro. Pero él, de forma casi desapercibida, se las arreglaba para llevarte al territorio de la poesía y de la música.

Fueron dos de sus grandes pasiones, junto con disfrutar de su gente querida y correr por parajes de montaña. Precisamente en el Monte del Pilar de la localidad madrileña de Majadahonda -al que a menudo nos permitía asomarnos con sus fotografías- es donde terminó su camino hace unos días. Dolorosamente, para tantos como le queríamos. Podría decir también que inesperadamente, porque casi siempre la muerte nos pilla con el paso cambiado: él sabía muy bien cómo «nos aferramos a ese sueño insomne / de que mañana habrá otro mañana».

Enrique Ortiz Sierra había nacido en Granada y acababa de cumplir 59 años. Tenía una asesoría de empresas y despacho jurídico en la Comunidad de Madrid y soy testigo de que en su labor profesional era garantía de seriedad y responsabilidad. Ahora que tantos venden puro humo en redes sociales, él representaba justamente lo contrario: se conducía con rigor, con mucho trabajo, con profesionalidad…, pero apenas se daba importancia. En el trato con los demás, sobresalía su enorme generosidad: ennoblecía la palabra «compañero».

 

Como poeta, un joven Enrique Ortiz Sierra tuvo un comienzo fructífero. Su primer poemario publicado, Tormenta alrededor de una fotografía (Diputación de Granada, 1991) obtuvo el Premio de Poesía Andaluza Villa de Peligros. En 1992 la Dirección General de Juventud de Andalucía le distinguió con el Premio Gustavo Adolfo Bécquer de Literatura Juvenil, en la modalidad de poesía, por Descubrimiento de la lentitud (Junta de Andalucía, 1992). Y ese mismo año, con solo 26 de edad, obtuvo un Accésit del prestigioso premio Adonais con Extraño abordaje (Ediciones Rialp, 1993), una mirada a distintas experiencias humanas, desde la doble perspectiva de la sombra y de la luz. «Procuré -contaba-, en paseos al anochecer en Granada, sobre todo en los meses de verano de 1991, que el primer verso fuese regalado (fruto de intuición, inspiración, suerte) (…) y el resto trabajado como un espejo entre partes».

Después, dejó de publicar. Sus libros de juventud los atribuía a «necesidades biográficas» y bromeaba diciendo que «por lo visto, desde 1992 no me ha pasado nada». Al final de su último poemario editado, se había propuesto la tarea de seguir expresando ese extraño abordaje de vivir «desde el artificio más hermoso que existe: un poema». Pero llevaba ya tres décadas escribiendo solo algunas piezas sueltas y trabajando en un proyecto que iba cociendo a fuego lento. En sus redes decía ahora que ya estaba ultimando Lecciones de cosas. No sé si esta obra habrá quedado inconclusa (apenas unos días antes de su muerte escribía «la tarde se ha esculpido en tachones»), pero ojalá no permanezca inédita.

 

En 2021, el creador de la firma @lamalagamoderna, Diego Ríos Padrón, y él hicieron un maravilloso «sujétame el cubata» en Instagram y en lo que aún se llamaba Twitter: acordaron que Enrique seleccionaría cada día del año un poema, de distintos autores, y Diego se ocuparía de caligrafiarlo e ilustrarlo con sus pinceles. La tarea de éste era más laboriosa y a veces se le acumulaba, pero al final cumplieron con 365 poemas ilustrados. Para quienes seguimos aquella aventura, el año fue más hermoso al menos durante un rato cada día.

 

Estos últimos tiempos, Quique participaba en un proyecto municipalista, Vecinos por Majadahonda. Era su manera de implicarse en mejorar la comunidad en la que vivía.

 

En su forma de conducirse en la vida practicaba costumbres que antes sonaban clásicas y hoy son casi revolucionarias. Por ejemplo, la virtud del respeto: era siempre exquisito. O la capacidad de escuchar, impresionante. Y era palpable cómo -rara avis- se alegraba sinceramente con los éxitos de los demás.

 

En ese sentido, recuerdo su felicitación, de corazón y no como un mero cumplido, por mi paso de la abogacía a la judicatura. Y será imposible olvidar cómo estuvo siempre al tanto de Raquel y de mí como pareja, acompañando desde la distancia, con visible cariño, cada uno de nuestros pasos.

No tuvimos una amistad íntima o un trato frecuente, pero era siempre cercano y afectuoso. Se las apañaba para que no nos perdiéramos la pista, para tender puentes entre afines, de lo que dan fe los mensajes que he leído a muchos de sus compañeros de toda España. Y era una persona inspiradora, a quien hubiera confiado con los ojos cerrados cualquier cosa, en lo profesional o en lo personal.

 

Produce una tristeza profunda que se nos marche alguien de corazón limpio, una persona que, a su alrededor, en su pequeña parcela, siempre hizo el mundo mejor.


Se nos quedan, querido Enrique, muchas conversaciones inacabadas, incluso algunas por iniciar, tal vez alrededor de esa «hoguera de siempre / donde cada uno diga, mire, / pronuncie / los recodos de su dolor, / el sosegado júbilo / de su camino». Aquí seguimos Raquel y yo heridos, apenados, recordándote, pero celebrando haberte conocido. Intentando, como tú, que «este breve hábito de estar aún vivos / nos colme de sentir que hemos vivido».


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Ilustraciones: fragmento del poema Tema de Trabajo, de Enrique Ortiz, ilustrado por Diego Ríos Padrón. Portada de Extraño Abordaje. Imagen de Enrique Ortiz Sierra, de la web de su despacho. 

Presentación de "El alma en los viajes", de Sonsoles Sánchez-Reyes


El pasado viernes 6 de septiembre tuve el honor de participar en la presentación pública del libro El alma en los viajes, de Sonsoles Sánchez-Reyes (Editorial Cuaderno del Laberinto, 2023), en El Hoyo de Pinares (Ávila). 

La sinopsis de la edición nos anuncia que "a través de una selección de historias recogidas a lo largo del tiempo por los lugares más diversos, en su mayoría poco conocidas, con un enfoque original y profundamente humanas, la autora proponer un recorrido al lector por ciudades, figuras, leyendas y episodios que se muestran a otra luz y abren posibilidades inexploradas, haciendo gala de una aguda percepción aderezada con umor, ternura, preciosas ilustraciones y un bello estilo".   

Tras un saludo inicial del alcalde de El Hoyo de Pinares, David Beltrán, introdujo el acto la concejala de Cultura, Raquel Martín. 

A continuación intervino Teresa Galán, quien, además de ofrecernos su visión como lectora sobre el libro que se presentaba, nos habló de la personalidad de la autora, a la que conoce desde muy joven. Quiso subrayar su enorme talento y su carácter inquieto y emprendedor, para lo que narró elocuentes anécdotas que nos hicieron sonreír. 


Por mi parte, intenté transmitir cuál es el espíritu del libro, que narra interesantes y sugestivas relatos históricos o legendarios a partir de lugares visitados por la autora a lo largo de los años. Aquellas historias que en los viajes nos llegan hondo y nos llevamos con nosotros, Sonsoles las ha plasmado en un libro, con su maestría habitual. También quise reconocer a otras personas que, además de la autora, han hecho también posible el resultado final de El alma en los viajes, como es su prologuista, Carlos del Amor, y la editora, Alicia Arés, que mima cada edición que afronta. 

Sonsoles tuvo cariñosas palabras de agradecimiento a quienes la habíamos precedido en el uso de la palabra y a todos los asistentes y, tras unos comentarios sobre su obra, nos ofreció -como aperitivo a la recomendable lectura íntegra de la misma- algunas de las narraciones, como ejemplo de lo que podemos encontrar en el libro. 

El acto finalizó con la firma de ejemplares de El alma en los viajes por parte de Sonsoles Sánchez-Reyes y con un vino español obsequiado por el Ayuntamiento. Fue, sin duda, una agradable cita en torno a la literatura y los viajes, dos de las cosas que hacen más hermosas nuestras vidas.    

Adiós a Ernesto Cardenal

Aquí pasaba a pie por estas calles,
sin empleo ni puesto y sin un peso.
Sólo poetas, putas y picados
conocieron sus versos. 
(...) 
Ahora está muerto. No tiene ningún monumento…
Pero
recordadle cuando tengáis puentes
de concreto,
grandes turbinas, tractores, plateados graneros,
buenos gobiernos.
Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo,
en el que un día se escribirán los tratados de comercio, 
la Constitución, las cartas de amor, y los decretos.

- Ernesto Cardenal- 


Hoy se nos ha ido en Nicaragua, a los 95 años, mi querido Ernesto Cardenal, cura, poeta y revolucionario. 

Creó su pequeña utopía artística  y humana en una isla de Solentiname. Fue ministro de cultura y sufrió aquella célebre bronca del Papa... Formó parte de un gobierno que, entre otras cosas, organizó la mayor movilización alfabetizadora de la historia, donde más de 90.000 personas consiguieron reducir el analfabetismo de su país de más del 50 % a menos del 13 % en medio año. Luchó contra la dictadura somocista y se puso enfrente de algunos de sus antiguos compañeros cuando empezaron a parecerse a Somoza. 

Siempre fue pueblo. Nos regaló poesía y memorias. Si existe el cielo, allí estará hoy. Y yo recordaré siempre con admiración y con cariño a este viejo de boina negra, barba blanca, versos limpios y corazón grande.