Año 2003. Intento comprar.
- Buenas tardes, ¿en qué puedo atenderle?
- Hola. Pues mira, quería un videojuego de ordenador para el hijo de una amiga. Tiene 12 años.
- Muy bien. Aquí tienes cientos de ellos, puedes mirar... O si te puedo ayudar en algo... ¿Tenías alguna idea o buscas algo concreto?
- Pues no... Si me puedes recomendar algo... Lo único que te puedo decir es que yo quiero un juego que no consista en circular a mucha velocidad ni en matar a nadie ni a nada. Por lo demás, me da igual.
- Ni correr ni matar -se recita a sí misma la lección, sonriendome-... Pues espera, ahora mismo te lo miro y te enseño algunos.
Se va muy decidida. Largo rato después, la chica desiste.
- Lo que quieres no lo hay, lo siento.
- ¿Ni uno?
- No, he estado mirando y nada.
- Bueno, pues muchas gracias.

Año 2009. Leo el periódico.
Puedo poner cara de horror. Pero, qué quieren, no sé fingir cara de sorpresa.
Lo que sembramos
Florencia (y V)
Junto con los museos y la arquitectura civil, Florencia cuenta con una amplia arquitectura religiosa. Además de su mundialmente célebre Duomo, resultan muy interesantes iglesias como Santa Croce, San Lorenzo, Santa María Novella, el Convento de San Marco, San Miniato al Monte, Santo Spirito o la Capilla Brancacci…, por citar sólo algunas.
El Convento de San Marco (s. XIII) es una delicia de lugar, porque en él vivió Fra Angelico y lo decoró con su pintura al fresco, dejando en las paredes del edificio que acogía a su comunidad más de un centenar de obras, en las distintas salas y en cada una de las celdas de los religiosos. Está visto que nada como tener de compañero a Fra Angelico para disfrutar de una decoración de lujo en tu propio dormitorio. Sobresale La Crucifixión, en la Sala Capitular y, al subir la escalera, La Anunciación (aunque quizá La Anunciación de este artista que nos resulta más familiar y que tenemos en la memoria es la que se conserva en el Museo del Prado).
Cerca, la iglesia de San Lorenzo, la antigua parroquia de los Médicis, data del siglo XV y es obra de Brunelleschi. Allí se halla el mausoleo familiar donde descansan los seis Grandes Duques.
Esta iglesia es el centro de un barrio repleto de vendedores ambulantes y donde se alza el Mercado Central, una construcción de cristal y acero del siglo XIX.

En Florencia, yo me alojaba en el barrio de Santa María Novella, junto a la estación de ferrocarril.
La iglesia de Santa María Novella tiene una nave gótica con vistosas vidrieras. Un crucifijo de madera de Brunelleschi, la Trinidad de Masaccio o frescos de Filipo Lippi son algunas de las obras de arte que pueden encontrarse en el interior.
Su fachada renacentista, obra de Leon Battista Alberti, es de mármol, y el resto del exterior es de piedra. Como anexo, hay un convento con un bellísimo claustro.
Muy cerca está un local que resulta muy curioso visitar, la Officina Profumo Farmaceutica di Santa Maria Novella, una antigua farmacia del siglo XVIII donde se elaboraban las esencias, bálsamos, ungüentos y remedios de la época. Cuenta con una colección visitable de alambiques, instrumental, libros y botes de cerámica. Y todavía hoy despachan al público perfumes y productos de herbolario.
La plaza de Santa Croce es el nucleo de un barrio con encanto, en el que encontramos anticuarios y vendedores ambulantes. Allí, la actual iglesia ocupa el lugar donde se ubicaron un pequeño templo y un hospicio, fundados por el propio San Francisco de Asís y sus seguidores en 1228, construcciones luego ampliadas en 1252. En 1294 se edifica el actual complejo, una iglesia gótica con tres naves, seis capillas, un campanario y un magnífico claustro.

La basílica de Santa Croce es un auténtico panteón de florentinos ilustres, porque en ella están enterrados nada menos que Miguel Ángel, Galileo, Dante o Maquiavelo, entre otros muchos.
Y es también otra interesantísima referencia en el arte, porque las capillas están adornadas por frescos de Giotto y porque alberga una amplia muestra de pintura y escultura religiosa. Allí, en el refectorio transformado el museo, se conserva el crucifijo de Cimabúe.
A la salida de esta basílica fue precisamente cuando el escritor Stendhal, en el siglo XIX, comenzó a sentir una especie de ansiedad: “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”. La psiquiatra italiana Graziella Magherini describió este fenómeno en 1979, analizando más de un centenar de casos similares entre turistas y visitantes en Florencia. Hoy se llama síndrome de Stendhal a esa reacción psicomática que se puede producir cuando alguien es expuesto a una sobredosis de belleza artística, provocándole una aceleración del ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso en algunos casos alucinaciones o histeria. Pero el síndrome de Stendhal, además de un fenómeno descrito clínicamente, es también una referencia cultural o literaria, para expresar de forma figurada la reacción ante la belleza artística. No en vano recordarán que, cuando iniciaba el relato de este viaje, recomendaba visitar Florencia con calma, disfrutándola y sin empacharse. Stendhal no me hizo caso y ya ven…
Ubicado en una cumbre, el barrio de San Nicolò es un lugar rodeado de bosques olorosos al que se llega cruzando el Arno por el puente de la Grazie y subiendo por una larga escalinata. En la subida se pasa por el Fuerte Belvedere, una construcción militar del siglo XVI.
Al llegar arriba, podemos visitar la pequeña iglesia renacentista de San Salvatore al Monte que gustaba a Miguel Ángel y, destacadamente, la iglesia románica de San Miniato al Monte, dedicada al primer mártir cristiano de la ciudad.
La fachada de San Miniato, también de mármol blanco (como Santa Croce y Santa María Novella), es del siglo XII.
La decoración interior tiene mosaicos y frescos y llama la atención el coro, con su balaustrada y su púlpito.
Junto a la iglesia, puede caminarse por un curioso cementerio neogótico, con algunas llamativas esculturas. Paseando por él nos encontramos con las tumbas de algunos figuras como Carlo Collodi –el autor de Pinocho-, el también escritor Giovanni Papini o el ex primer ministro Giovanni Spadolini.
En la cumbre donde se ubican estas iglesias está un lugar de obligada visita: la Piazzale Michelangelo. La plaza Miguel Ángel es una amplia terraza com mirador desde la que se divisa el río, el conjunto arquitectónico urbano -del que sobresalen las torres de los palacios y la cúpula del Duomo- y el fondo de los Apeninos. Las mejores vistas de una ciudad inolvidable.

Presentación del Libro-Homenaje a la Escuela de Música de El Hoyo de Pinares
Ese día, además de inaugurarse un monumento a la Escuela de Música y la Banda que de ella nació, se presentó un magnífico libro, El triunfo de una vocación, del que es autor Antonio José Ropa Mañas, y que da un completo repaso a la historia musical de la villa y a lo que ha supuesto esta iniciativa, de la que El Hoyo de Pinares se siente tan orgulloso.Elogió la dedicación del autor porque “por mucho tiempo que se tenga, dedicarle mil horas a un libro a cambio de nada es verdaderamente generoso. Y digo esto porque él se reserva el 'copyright' intelectual pero ha cedido todos los beneficios económicos a la Escuela Municipal de Música. Y todos los que han colaborado en la elaboración de este libro también lo han hecho desinteresadamente”.
Yo expliqué que para mí era un honor intervenir en este acto “por el autor, con el que me une amistad”, “por el libro, porque veréis que es una magnífica obra”, “por la Escuela, que es la iniciativa cultural más importante que hemos tenido en la historia de este pueblo y que además concita la unanimidad de todos”, “y también por amistad con varios miembros de la Banda a los que tengo especial afecto”.
(Fotografías: Francisco Javier Tabasco y Francisco Javier Sánchez Doello. Videos grabados por Carlos Rodríguez). Florencia (IV)
Además de la Galería de los Uffizi, el Museo de la Ópera del Duomo y el Museo de la Academia… es cita obligada, en lo que a pinacotecas se refiere, la Galería Palatina.El Palacio Pitti, del siglo XV, fue la nueva residencia de los Médicis a partir del siglo siguiente. Situado en el barrio de Oltrarno, es decir, el valle que se extendía a la otra orilla del río Arno, se trata de un edificio renacentista con una fachada de piedra de almohadillado florentino, de unos 200 metros de largo. El rey Víctor Manuel III decidió, a principios del siglo pasado, que dejara de ser residencia real y pasara al patrimonio público. Además de tesoros artísticos de los Médicis, de los Lorena y de los Saboya, acoge hoy, convertido en museo estatal, una extensa e interesantísima muestra de arte que se ha ampliado de forma muy considerable.
La Galería Palatina -cuyos techos están decorados con frescos de temas mitológicos que dan nombre a algunas salas- acoge buena parte de las colecciones pictóricas visitables, donde encontramos cuadros de nombres como Boticcelli, Signorelli, Lippi, Perugino, Van Dyck, Caravaggio, Tintoretto
, Veronés o Rubens, entre otros. Vi numerosas obras de Tiziano y, destacadamente, una buena representación de la pintura de Rafael. Entre los artistas españoles, nos encontramos con trabajos de Murillo, por ejemplo. En el palacio son visitables los antiguos Apartamentos Reales, con sus majestuosos ambientes y su decoración suntuosa, generalmente del estilo neobarroco que impusieron en palacio los Habsburgo-Lorena. Allí se puede pasar por la Sala Roja o del Trono, la Sala Celeste donde escuchaban conciertos, la Capilla, y los distintos dormitorios, gabinetes y despachos. Además de esos Apartamentos Reales, también pueden verse los Apartamentos Borbónicos, el de la Duquesa de Aosta o el del Príncipe de Nápoles.
Pero, junto a las amplias colecciones de arte antiguo ubicadas en la galería palatina, el Palacio Pitti acoge, además, una extensa y sorprendente colección de arte moderno, con escultura y pintura del siglo XIX al XXI. Un recorrido artístico que merece la pena, que pasa por los distintos movimientos artísticos - impresionismo, realismo…- y por todas las técnicas, temáticas y estilos.
No terminan ahí los tesoros del Pitti, puesto que también alberga una Galería del Traje y un Museo degli Argenti (de objetos de metales preciosos).
Situado junto a Palacio, el Jardín de Bóboli, comenzado en el siglo XVI y sucesivamente ampliado en la siguiente centuria, es como una especie de jardines de Versalles pero de gusto italiano, con una amplia superficie de 45.000 metros cuadrados de vegetación, parterres, fuentes, estatuas, un anfiteatro y una cueva artificial. Ofrece , además, una hermosa vista de la ciudad y de las colinas toscanas.
Ubicado en la Florencia medieval se halla el Palacio del Bargello (que era el capitán de la policía de la ciudad), una construcción con una torre almenada. Hoy, está convertido en un museo de escultura toscana, en la que pueden verse obras de Miguel Ángel, Cellini, Juan de Bolonia… y de Donatello. Yo buscaba su famoso David, sin tener ni idea de que estaba en restauración, hasta que, para mi sorpresa, me lo encontré de pronto tumbado en una especie de mesa de operaciones. Curiosamente, el museo había organizado una restauración visitable. A este célebre bronce le han hecho, por vez primera desde el siglo XV, radiografías, comprobaciones microscópicas, mediciones, verificaciones de su estado de conservación… Y le han sometido a un proceso de limpieza y reparación que podía seguirse en directo a través de internet o visitarse en el propio museo. 
(Fotografías: fachada Palacio Pitti, Jardín de Bóboli y patio Bargello, del autor; interior Galería Palatina, de J.R.G. Castro, de la Galería de imágenes Creative Commons de Flickr; restauración del David de Donatello, de la web Il restauro del David de Donatello . Las pinturas son: Virgen de la Silla, de Rafael, y En la cama, de Federico Zandomeneghi)
Lo peor
Que el Intercambiador de Transportes de Moncloa se quedara ya insuficiente el primer día de su inauguración, en 1995, para acoger a las líneas de autobuses interurbanos que operaban en la zona, pase.
Que se haya tenido finalmente que afrontar su ampliación y se haya abierto ocho meses más tarde de lo previsto, pase.
Lo de la desviación presupuestaria no lo he consultado, pero seguro que la habrá y esta vez también se lo perdono.
Pero lo que bajo ningún concepto puedo pasar por alto a los políticos, o a los técnicos, o a quienes planifiquen estas cosas, es que me hayan robado a Neruda. Que sus versos ya no estén en las paredes de la estación de metro. Que, al partir o regresar de un viaje cualquier fría mañana, no pueda seguir girando la vista y leer:
Eso sí que no tiene perdón.
(Fotografía del blog Nosolometro).
Florencia (III)
Además de la Galería de los Uffizi, que es el museo florentino por excelencia, otro de los más atractivos centros de arte de la ciudad es la Galería de la Academia, con una exposición permanente de instrumentos musicales antiguos y una interesante muestra de pintura y escultura.
En el apartado pictórico, alberga una amplia colección de pintura religiosa, que va desde el siglo XII hasta el XIX, desde tablas medievales embellecidas con pan de oro hasta pinturas renacentistas, incluyendo también una curiosa colección de iconos rusos.
En cuanto a lo más destacable en esculturas, en la Sala del Coloso encontramos El Rapto de las Sabinas, de Juan de Bolonia, una obra de grandes dimensiones que representa tres figuras entrelazadas en espiral, como formando una sola. No tiene, por tanto, un frontal y una parte trasera, sino que instintivamente obliga al espectador a girar alrededor de ella para poder apreciarla.

También están en este museo los cuatro Esclavos de Miguel Ángel, interesantes esculturas que finalmente no se utilizaron en el mausoleo romano del papa Julio II al que iban destinadas, y que fueron donadas por su autor a Cosme de Médicis. La técnica del inacabado que aplica el autor transmite la sensación del esfuerzo de las figuras humanas por liberarse de la materia.
Pero la estrella absoluta de la Galería de la Academia es, qué duda cabe, el David de Miguel Ángel...
Qué puede decirse. Impresionante. Yo no soy (no sé si después del viaje a Florencia debería decir no era) muy aficionado a la escultura, me inclinaba más por la pintura. Y uno llega allí, además, con la sensación de que ya no va a sorprenderle esta obra, después de haberla visto centenares de veces en fotografías y tras haber contemplado su réplica en la Plaza de la Signoria… Pero es inevitable quedarse cautivado ante una de las esculturas más conocidas y admiradas de la historia. Cómo no fijar la atención en la expresividad de los ojos o en la fortaleza y tensión de las manos, incluso con el detalle de las venas…

La Ópera del Duomo quería una representación de David –el pastor de rebaño que sería luego proclamado Rey de Israel-, inicialmente para ubicarla en la catedral. El bloque de mármol de Carrara que ofrecía era muy estrecho y llevaba abandonado a la intemperie en el patio de obras del Duomo más de cuatro décadas. Otros escultores declinaron el encargo precisamente por esa circunstancia. Miguel Ángel Buonarotti, con 26 años y un talento ya excepcional, aceptó el reto que se le planteó y, de aquel mármol rechazado por otros, consiguió obtener una de las obras maestras más reconocidas de todos los tiempos.
Pero, además, como me explicaba más tarde Renatta, una amiga a la que conocí en Florencia, otros artistas modelaban primero bocetos en barro del mismo tamaño que tendría la obra definitiva y luego ellos o sus discípulos trasladaban la figura al material definitivo, trabajando además por todos los lados para evitar errores de cálculo o perspectiva. No así Miguel Ángel, que al parecer sólo utilizó un pequeño boceto y que empleó una técnica sustractiva hasta obtener, de aquel estrecho y dificultoso bloque, la obra pretendida.El David, de más de cuatro metros de altura, no fue finalmente colocado en el Duomo, sino en la entrada del Palacio de la Signoria en 1504 y, en el período republicano, se convirtió en el símbolo de la ciudad y de sus libertades.
La escultura sufrió una rotura durante una revuelta popular –resultó golpeada con un mueble lanzado desde una ventana-, así que, después de ser reparado en época de Cosme I –aún se aprecian las marcas- las autoridades decidieron su traslado a un emplazamiento interior y fue cuando se colocó la actual réplica en la plaza. Téngase en cuenta que en 1873 no existían, claro está, los modernos camiones y grúas, así que, para llevarlo al lucernario en el que se exhibe, se construyó expresamente una vía con raíles y se transportó cuidadosamente en una vagoneta.Frente a la tradicional iconografía del David muchacho, Miguel Ángel lo concibe como un hombre fuerte. Y si lo habitual era representarlo después de la victoria sobre Goliat, incluso con la cabeza del gigantón filisteo cortada, aquí parece que está en los momentos previos. David se nos muestra con una pierna adelantada, con la honda preparada sobre el hombro y mirando a lo lejos para divisar y recibir a su adversario. La cabeza y las manos están sobredimensionadas respecto al cuerpo, quizá teniendo en cuenta que la figura se iba a contemplar desde abajo y de esa forma el escultor consigue reforzar la sensación de vigor y de tensión.
(Ilustraciones: Cristo de la Piedad, de Andrea del Sarto; El Rapto de las Sabinas, de Gianbologna; Esclavo despertando, de Miguel Ángel; y David, de Miguel Ángel, vista general y detalle de la cara y de la mano derecha).

