La España que me gustaría
Aquellos sabios con boina
Publicado en Diario de Ávila, 30/08/2026.
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| Sentados junto al antiguo estanco. Fotografía cedida por Alberto Organista y Guillerma Fernández para la exposición El Hoyo de Pinares: Imágenes del ayer (1999) comisariada por Carlos J. Galán |
En mi pueblo, durante mi infancia, todos los hombres mayores llevaban una boina negra. Tenía tan interiorizado que esto era siempre así que, siendo muy niño, una vez le espeté a mi padre, caminando por la calle:
- Papá, y si Franco tiene más de ochenta años, ¿por qué no lleva boina?
Después de reír con la ocurrencia, me respondió con otra:
- Bueno, a veces lleva una boina roja.
La boina era, en el ámbito rural, una costumbre y un símbolo de identidad. La portaba la práctica totalidad de los que aún todo el mundo llamaba viejos, aunque sin ninguna connotación negativa. No había llegado la sucesión de eufemismos que se desgastaron a gran velocidad: primero ancianos, luego tercera edad y ahora mayores.
Debajo de aquellas boinas de los hombres y de los pañuelos de las mujeres de mi pueblo se ocultaban muchas cosas. Mucha experiencia vivida, y nada fácil. Mucha educación cívica en el trato con los demás. Poca formación por falta de posibilidades, pero mucha sabiduría sencilla.
Porque aquellos hombres con boina que en mi niñez paseaban por las calles, se sentaban en los poyos o entraban a los bares a tomar un chato de vino, y aquellas mujeres, con moño y a menudo con pañuelo, que veía también callejear o ir a las tiendas y a los puestos del mercado, sabían.
Sabían leer el cielo antes de que el parte meteorológico confirmara sus intuiciones, y cuándo iba a helar con solo mirar la luna. Sabían cuándo emigraba la cigüeña y cuándo regresaba a la torre de la iglesia. Sabían qué año había más piñas y cuándo habían tejido las orugas sus capullos. Sabían cuándo había que podar la vid, y sabían hacer el vino sin más termómetro que el gusto ni más receta que la memoria de sus padres.
Sabían dar los buenos días, decir “gracias”, pedir perdón. Sabían conversar de pie en la calle o sentados a la puerta de sus casas, sin prisa y sin nada que los interrumpiera. Sabían escuchar a sus mayores sin cortarles la palabra, aunque llevaran ya oída la historia veinte veces. Sabían fiar una compra con solo apuntar un nombre en un cuaderno. Sabían mantener su palabra sin más firma que un apretón de manos.
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| Conversando en la puerta, fotografía original de Jacinto Herrero, publicada en el libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del ayer (1999), de Carlos Javier Galán |
Sabían remendar un roto y dar otra vida a una prenda. Sabían cómo aprovechar del cerdo “hasta los andares”. Sabían curar un empacho con manzanilla, un resfriado con leche, miel y limón, o las pequeñas rozaduras infantiles con un beso y un ensalmo. Sabían levantar una pared de piedra que no se caía en cien años.
Sabían compartir lo poco que poseían con quien tenía menos. Sabían resignarse ante lo que no podían cambiar, y pelear sin descanso por lo que sí. Sabían sacar alegría de las penas, para no cargar con ellas a los demás. A su manera, con sus defectos, con sus virtudes, sabían vivir.
Habían padecido la crueldad de la guerra, habían sufrido el hambre y la miseria de la posguerra, habían sacado adelante a sus familias, sin hacer alarde de nada, como quien se limita a cumplir una misión. Y, llegado el final de la dictadura, nos dieron el mayor ejemplo de reconciliación, de mirar hacia delante, de pensar en su país, de pensar en las generaciones venideras.
Si hoy esas nuevas generaciones en el mundo rural tienen títulos universitarios, mayor acceso a la cultura o mejores medios materiales es, en buena medida, por el sacrificio y el legado de aquellos hombres con boina y aquellas mujeres con pañuelo, que auparon sobre sus hombros a sus hijos y permitieron así que estos pudieran hacerlo con sus nietos. Por todo ello, hoy déjenme que me ponga simbólicamente mi boina. Como homenaje, como memoria. Porque sé dónde estoy y dónde quiero ir, pero nunca, ni un solo día, me olvido de dónde vengo.
Enrique Ortiz Sierra, in memoriam
Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy, 05/03/2026.
Nos conocimos por el Derecho, claro. Pero él, de forma casi desapercibida, se las arreglaba para llevarte al territorio de la poesía y de la música.
Fueron dos de sus grandes pasiones, junto con disfrutar de su gente querida y correr por parajes de montaña. Precisamente en el Monte del Pilar de la localidad madrileña de Majadahonda -al que a menudo nos permitía asomarnos con sus fotografías- es donde terminó su camino hace unos días. Dolorosamente, para tantos como le queríamos. Podría decir también que inesperadamente, porque casi siempre la muerte nos pilla con el paso cambiado: él sabía muy bien cómo «nos aferramos a ese sueño insomne / de que mañana habrá otro mañana».
Enrique Ortiz Sierra había nacido en Granada y acababa de
cumplir 59 años. Tenía una asesoría de empresas y despacho jurídico en la
Comunidad de Madrid y soy testigo de que en su labor profesional era garantía
de seriedad y responsabilidad. Ahora que tantos venden puro humo en redes
sociales, él representaba justamente lo contrario: se conducía con rigor, con mucho
trabajo, con profesionalidad…, pero apenas se daba importancia. En el trato con
los demás, sobresalía su enorme generosidad: ennoblecía la palabra «compañero».
Después, dejó de publicar. Sus libros de juventud los atribuía a «necesidades biográficas» y bromeaba diciendo que «por lo visto, desde 1992 no me ha pasado nada». Al final de su último poemario editado, se había propuesto la tarea de seguir expresando ese extraño abordaje de vivir «desde el artificio más hermoso que existe: un poema». Pero llevaba ya tres décadas escribiendo solo algunas piezas sueltas y trabajando en un proyecto que iba cociendo a fuego lento. En sus redes decía ahora que ya estaba ultimando Lecciones de cosas. No sé si esta obra habrá quedado inconclusa (apenas unos días antes de su muerte escribía «la tarde se ha esculpido en tachones»), pero ojalá no permanezca inédita.
En 2021, el creador de la firma @lamalagamoderna, Diego
Ríos Padrón, y él hicieron un maravilloso «sujétame el cubata» en Instagram y en
lo que aún se llamaba Twitter: acordaron que Enrique seleccionaría cada día del
año un poema, de distintos autores, y Diego se ocuparía de caligrafiarlo e
ilustrarlo con sus pinceles. La tarea de éste era más laboriosa y a veces se le
acumulaba, pero al final cumplieron con 365 poemas ilustrados. Para quienes
seguimos aquella aventura, el año fue más hermoso al menos durante un rato cada
día.
Estos últimos tiempos, Quique participaba en un proyecto
municipalista, Vecinos por Majadahonda. Era su manera de implicarse en mejorar
la comunidad en la que vivía.
En su forma de conducirse en la vida practicaba costumbres
que antes sonaban clásicas y hoy son casi revolucionarias. Por ejemplo, la
virtud del respeto: era siempre exquisito. O la capacidad de escuchar,
impresionante. Y era palpable cómo -rara avis- se alegraba sinceramente con los
éxitos de los demás.
No tuvimos una amistad íntima o un trato frecuente, pero era siempre cercano y afectuoso. Se las apañaba para que no nos perdiéramos la pista, para tender puentes entre afines, de lo que dan fe los mensajes que he leído a muchos de sus compañeros de toda España. Y era una persona inspiradora, a quien hubiera confiado con los ojos cerrados cualquier cosa, en lo profesional o en lo personal.
Produce una tristeza profunda que se nos marche alguien de corazón limpio, una persona que, a su alrededor, en su pequeña parcela, siempre hizo el mundo mejor.
Se nos quedan, querido Enrique, muchas conversaciones inacabadas, incluso algunas por iniciar, tal vez alrededor de esa «hoguera de siempre / donde cada uno diga, mire, / pronuncie / los recodos de su dolor, / el sosegado júbilo / de su camino». Aquí seguimos Raquel y yo heridos, apenados, recordándote, pero celebrando haberte conocido. Intentando, como tú, que «este breve hábito de estar aún vivos / nos colme de sentir que hemos vivido».
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Ilustraciones: fragmento del poema Tema de Trabajo, de Enrique Ortiz, ilustrado por Diego Ríos Padrón. Portada de Extraño Abordaje. Imagen de Enrique Ortiz Sierra, de la web de su despacho.
Acto público de entrega de la credencial de Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares
El viernes 26 de septiembre de 2025 me fue entregada la credencial de Cronista Oficial de la Villa de mi pueblo, El Hoyo de Pinares, en un emotivo acto en la Plaza de España, con carácter previo al Pregón de apertura de las Fiestas patronales de San Miguel Arcángel.
Maestros que dejaron huella
Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo. También, añado yo, a más pequeño nivel, para cambiar los pueblos.
El crecimiento formativo y cultural que, generación tras generación, se ha ido experimentando en El Hoyo de Pinares no hubiera sido posible sin muchas circunstancias y sin algunas contribuciones imprescindibles. Por supuesto, sin los cambios sociales que se han producido a nivel global. Por descontado también, sin el mérito de los propios interesados que han desarrollado esas trayectorias dignas de elogio. Pero no sería justo dejar de lado dos factores que han contribuido de forma importante.
Jorge Martín, un campeón del mundo con ancestros hoyancos
Nombramiento como Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares
La judicatura y la fiscalía, en huelga
Durante los días 1, 2 y 3 de julio, tres de cada cuatro integrantes de la judicatura y la fiscalía estamos secundando una convocatoria de huelga, efectuada por cinco asociaciones (por cierto, no todas ellas “conservadoras”, como repiten perezosamente muchos medios) contra el Proyecto de Ley Orgánica que modifica estas carreras. No comparto todos y cada uno de los argumentos y el discurso de los convocantes, pero mi reflexión personal me ha llevado a sumarme a la medida, por coincidir en aspectos muy relevantes con su motivación.
Jaime Mir
Francisco, una renovación inacabada
En España ya sabemos que hay que elegir constantemente bando, hasta en las cosas más nimias, y analizar todo en términos de blanco o negro. Tener lo que el periodista francés Jean Birnbaum ha llamado con acierto “el coraje del matiz” no está bien visto, en medio de esta perenne devotio ibérica digna de ser aplicada a mejores causas. Hasta la muerte de un Papa nos da una nueva ocasión de exhibir -especialmente en las redes sociales- ese sectarismo instalado en casi todos los aspectos de la vida pública. Pero tienen algo en común quienes reivindican ahora a Francisco en los mismos términos que si hubiera fallecido un líder de su propio espacio político y quienes le dedicaron ya en vida las más crueles e injustas descalificaciones: ambos silencian interesadamente una buena parte de lo que su figura ha representado y subrayan solo aquella otra que encaja en su discurso predefinido.
50 años de Romerías de El Hoyo de Pinares en El Fresne
Presentación de "El alma en los viajes", de Sonsoles Sánchez-Reyes
El pasado viernes 6 de septiembre tuve el honor de participar en la presentación pública del libro El alma en los viajes, de Sonsoles Sánchez-Reyes (Editorial Cuaderno del Laberinto, 2023), en El Hoyo de Pinares (Ávila).
La sinopsis de la edición nos anuncia que "a través de una selección de historias recogidas a lo largo del tiempo por los lugares más diversos, en su mayoría poco conocidas, con un enfoque original y profundamente humanas, la autora proponer un recorrido al lector por ciudades, figuras, leyendas y episodios que se muestran a otra luz y abren posibilidades inexploradas, haciendo gala de una aguda percepción aderezada con umor, ternura, preciosas ilustraciones y un bello estilo".
Tras un saludo inicial del alcalde de El Hoyo de Pinares, David Beltrán, introdujo el acto la concejala de Cultura, Raquel Martín.
A continuación intervino Teresa Galán, quien, además de ofrecernos su visión como lectora sobre el libro que se presentaba, nos habló de la personalidad de la autora, a la que conoce desde muy joven. Quiso subrayar su enorme talento y su carácter inquieto y emprendedor, para lo que narró elocuentes anécdotas que nos hicieron sonreír.
Por mi parte, intenté transmitir cuál es el espíritu del libro, que narra interesantes y sugestivas relatos históricos o legendarios a partir de lugares visitados por la autora a lo largo de los años. Aquellas historias que en los viajes nos llegan hondo y nos llevamos con nosotros, Sonsoles las ha plasmado en un libro, con su maestría habitual. También quise reconocer a otras personas que, además de la autora, han hecho también posible el resultado final de El alma en los viajes, como es su prologuista, Carlos del Amor, y la editora, Alicia Arés, que mima cada edición que afronta.
Sonsoles tuvo cariñosas palabras de agradecimiento a quienes la habíamos precedido en el uso de la palabra y a todos los asistentes y, tras unos comentarios sobre su obra, nos ofreció -como aperitivo a la recomendable lectura íntegra de la misma- algunas de las narraciones, como ejemplo de lo que podemos encontrar en el libro.
El acto finalizó con la firma de ejemplares de El alma en los viajes por parte de Sonsoles Sánchez-Reyes y con un vino español obsequiado por el Ayuntamiento. Fue, sin duda, una agradable cita en torno a la literatura y los viajes, dos de las cosas que hacen más hermosas nuestras vidas.
Debatir lo que importa
Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba y Granada hoy, 29/05/2024.
Tras las lecciones históricas de la derrota del totalitarismo fascista en la 2ª guerra mundial y la posterior caída del totalitarismo comunista en los años 80-90, es generalizada -y acertada- la creencia de que la democracia pluralista es la mejor forma de legitimación del poder y de organización de la convivencia.






















