Enrique Ortiz Sierra, in memoriam

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de Cádiz, Diario de Jerez, Europa Sur, Málaga Hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba, Granada Hoy, Diario de Almería y Jaén Hoy, 05/03/2026.

Panorama / Cultura / Obituario 
El pasado 22 de febrero falleció a los 59 años el abogado y poeta de origen granadino en el Monte del Pilar, en la localidad madrileña de Majadahonda

Nos conocimos por el Derecho, claro. Pero él, de forma casi desapercibida, se las arreglaba para llevarte al territorio de la poesía y de la música.

Fueron dos de sus grandes pasiones, junto con disfrutar de su gente querida y correr por parajes de montaña. Precisamente en el Monte del Pilar de la localidad madrileña de Majadahonda -al que a menudo nos permitía asomarnos con sus fotografías- es donde terminó su camino hace unos días. Dolorosamente, para tantos como le queríamos. Podría decir también que inesperadamente, porque casi siempre la muerte nos pilla con el paso cambiado: él sabía muy bien cómo «nos aferramos a ese sueño insomne / de que mañana habrá otro mañana».

Enrique Ortiz Sierra había nacido en Granada y acababa de cumplir 59 años. Tenía una asesoría de empresas y despacho jurídico en la Comunidad de Madrid y soy testigo de que en su labor profesional era garantía de seriedad y responsabilidad. Ahora que tantos venden puro humo en redes sociales, él representaba justamente lo contrario: se conducía con rigor, con mucho trabajo, con profesionalidad…, pero apenas se daba importancia. En el trato con los demás, sobresalía su enorme generosidad: ennoblecía la palabra «compañero».

 

Como poeta, un joven Enrique Ortiz Sierra tuvo un comienzo fructífero. Su primer poemario publicado, Tormenta alrededor de una fotografía (Diputación de Granada, 1991) obtuvo el Premio de Poesía Andaluza Villa de Peligros. En 1992 la Dirección General de Juventud de Andalucía le distinguió con el Premio Gustavo Adolfo Bécquer de Literatura Juvenil, en la modalidad de poesía, por Descubrimiento de la lentitud (Junta de Andalucía, 1992). Y ese mismo año, con solo 26 de edad, obtuvo un Accésit del prestigioso premio Adonais con Extraño abordaje (Ediciones Rialp, 1993), una mirada a distintas experiencias humanas, desde la doble perspectiva de la sombra y de la luz. «Procuré -contaba-, en paseos al anochecer en Granada, sobre todo en los meses de verano de 1991, que el primer verso fuese regalado (fruto de intuición, inspiración, suerte) (…) y el resto trabajado como un espejo entre partes».

Después, dejó de publicar. Sus libros de juventud los atribuía a «necesidades biográficas» y bromeaba diciendo que «por lo visto, desde 1992 no me ha pasado nada». Al final de su último poemario editado, se había propuesto la tarea de seguir expresando ese extraño abordaje de vivir «desde el artificio más hermoso que existe: un poema». Pero llevaba ya tres décadas escribiendo solo algunas piezas sueltas y trabajando en un proyecto que iba cociendo a fuego lento. En sus redes decía ahora que ya estaba ultimando Lecciones de cosas. No sé si esta obra habrá quedado inconclusa (apenas unos días antes de su muerte escribía «la tarde se ha esculpido en tachones»), pero ojalá no permanezca inédita.

 

En 2021, el creador de la firma @lamalagamoderna, Diego Ríos Padrón, y él hicieron un maravilloso «sujétame el cubata» en Instagram y en lo que aún se llamaba Twitter: acordaron que Enrique seleccionaría cada día del año un poema, de distintos autores, y Diego se ocuparía de caligrafiarlo e ilustrarlo con sus pinceles. La tarea de éste era más laboriosa y a veces se le acumulaba, pero al final cumplieron con 365 poemas ilustrados. Para quienes seguimos aquella aventura, el año fue más hermoso al menos durante un rato cada día.

 

Estos últimos tiempos, Quique participaba en un proyecto municipalista, Vecinos por Majadahonda. Era su manera de implicarse en mejorar la comunidad en la que vivía.

 

En su forma de conducirse en la vida practicaba costumbres que antes sonaban clásicas y hoy son casi revolucionarias. Por ejemplo, la virtud del respeto: era siempre exquisito. O la capacidad de escuchar, impresionante. Y era palpable cómo -rara avis- se alegraba sinceramente con los éxitos de los demás.

 

En ese sentido, recuerdo su felicitación, de corazón y no como un mero cumplido, por mi paso de la abogacía a la judicatura. Y será imposible olvidar cómo estuvo siempre al tanto de Raquel y de mí como pareja, acompañando desde la distancia, con visible cariño, cada uno de nuestros pasos.

No tuvimos una amistad íntima o un trato frecuente, pero era siempre cercano y afectuoso. Se las apañaba para que no nos perdiéramos la pista, para tender puentes entre afines, de lo que dan fe los mensajes que he leído a muchos de sus compañeros de toda España. Y era una persona inspiradora, a quien hubiera confiado con los ojos cerrados cualquier cosa, en lo profesional o en lo personal.

 

Produce una tristeza profunda que se nos marche alguien de corazón limpio, una persona que, a su alrededor, en su pequeña parcela, siempre hizo el mundo mejor.


Se nos quedan, querido Enrique, muchas conversaciones inacabadas, incluso algunas por iniciar, tal vez alrededor de esa «hoguera de siempre / donde cada uno diga, mire, / pronuncie / los recodos de su dolor, / el sosegado júbilo / de su camino». Aquí seguimos Raquel y yo heridos, apenados, recordándote, pero celebrando haberte conocido. Intentando, como tú, que «este breve hábito de estar aún vivos / nos colme de sentir que hemos vivido».


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Ilustraciones: fragmento del poema Tema de Trabajo, de Enrique Ortiz, ilustrado por Diego Ríos Padrón. Portada de Extraño Abordaje. Imagen de Enrique Ortiz Sierra, de la web de su despacho. 

Acto público de entrega de la credencial de Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares


El viernes 26 de septiembre de 2025 me fue entregada la credencial de Cronista Oficial de la Villa de mi pueblo, El Hoyo de Pinares, en un emotivo acto en la Plaza de España, con carácter previo al Pregón de apertura de las Fiestas patronales de San Miguel Arcángel.


El alcalde, David Beltrán, explicó los motivos de esta distinción y afirmó que había "llevado la cultura de El Hoyo de Pinares por bandera". 


La credencial de cronista me fue impuesta por el Vicealcalde, Antonio Pablo, y posteriormente se me entregó un ejemplar enmarcado por el Diputado responsable de Cultura de la Diputación Provincial de Ávila, Javier González. 




En mi intervención, tuve palabras de agradecimiento para los proponentes de esta iniciativa y para toda la Corporación que la aprobó por unanimidad. Expliqué en qué consiste la figura del cronista, con referencia a los orígenes ancestrales de la figura. Afirmé que la recibía "como un honor y también como un compromiso", el de seguir contando la historia de mi tierra y de sus gentes. Quise dar las gracias por su apoyo a mi familia. Y cité a cuatro personas que han sido fundamentales en toda mi labor de recuperación de la historia: a Alipio García, quien me abrió las puertas del libro de las fiestas; a Manuel Tabasco, quien lo hizo con las páginas del Diario de Ávila; a mi amigo el historiador Paco Ortiz, por sus lecciones particulares de historia, de paleografía y de archivística; y a Pedro Grande, por toda la información y el apoyo que me ha proporcionado. Por último, pedí ayuda a los vecinos cuando haga llamamientos en las redes sociales para recabar los imprescindibles testimonios orales que permiten recuperar nuestra memoria como pueblo.

Vídeo de la entrega de la credencial y de mi intervención: 


Maestros que dejaron huella

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, de El Hoyo de Pinares, septiembre 2025.


Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo. También, añado yo, a más pequeño nivel, para cambiar los pueblos. 

El Ayuntamiento publica con frecuencia en sus redes lo que llama #TalentoHoyanco, personas de nuestra localidad que destacan en distintas facetas personales o profesionales. Estoy seguro de que existe muchísimo más talento oculto, que tal vez solo conocen las personas más cercanas, de gente que brilla hoy en numerosos quehaceres.

El crecimiento formativo y cultural que, generación tras generación, se ha ido experimentando en El Hoyo de Pinares no hubiera sido posible sin muchas circunstancias y sin algunas contribuciones imprescindibles. Por supuesto, sin los cambios sociales que se han producido a nivel global. Por descontado también, sin el mérito de los propios interesados que han desarrollado esas trayectorias dignas de elogio. Pero no sería justo dejar de lado dos factores que han contribuido de forma importante. 

El primero, que nunca debemos olvidar, es el sacrificio y el esfuerzo de quienes los precedieron: los padres y madres que quisieron para sus hijos las oportunidades que ellos no habían podido tener. 

Y el segundo, sin duda, la labor de los docentes. Esos maestros que dejaron huella y a los que este año queremos recordar en nuestras Fiestas. Cuando la Escuela quedó atrás hace tiempo, descubrimos que nuestras aficiones e incluso nuestras vocaciones tienen a menudo un nombre propio. Años más tarde, cuando disfrutamos con la música o con la literatura, cuando amamos la naturaleza, cuando nos interesa la ciencia, la historia o la informática, cuando practicamos la fotografía, cuando tenemos afición al deporte…, somos capaces de reconocer detrás al maestro o la maestra que nos inculcó por vez primera esa inquietud, que nació en nuestra etapa escolar, a veces incluso de forma desapercibida. 

Repite acertadamente Ever Garrison que un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, el conocimiento y la sabiduría en sus alumnos. Es como una semilla que no se ve en el momento, pero que germina con el tiempo. 

La Escuela no solo nos proporciona conocimientos -de hecho, muchos de esos datos sabemos que se nos acabarán olvidando- sino que debe aportar algo más: una ambición por saber, una conciencia del valor del conocimiento, un espíritu crítico que es cada vez más necesario ante las facilidades tecnológicas de manipulación y la avalancha de información, donde resulta difícil distinguir lo verdadero de lo falso. 

Hoy ya no tenemos que recurrir a los pesados tomos de la Espasa o la Larousse para consultar datos, porque pulsando apenas una tecla tenemos acceso a una cantidad inmensa de ellos. Pero las herramientas personales, para saber cómo buscar en internet o cómo preguntar a la inteligencia artificial, para manejar luego esa información, para asimilarla, para ser capaces de relacionar conceptos, de descubrir constantes, de dotar de sentido a todo lo que nos llega, no te las da ninguna máquina. Las adquirimos nosotros y, en ese proceso, los maestros son figuras me atrevería a decir que cada vez más importantes. 

Tampoco se aprenden a golpe de click otras cosas, como los valores o la experiencia práctica. El compañerismo, la ética, el esfuerzo, la superación, el trabajo en equipo, la convivencia con la persona que es diferente a nosotros…, nada de eso lo encontraremos en Google ni en Chat GPT. 

Creo que todos recordamos con cariño los años pasados en las Antiguas Escuelas o en el nuevo edificio del Colegio de abajo. Pero lo más importante es lo que allí se sembró en nosotros. Las distintas generaciones hemos ido conociendo a docentes vocacionales que se han relevado en las aulas de El Hoyo de Pinares. No quiero mencionar en este texto a ninguno, tampoco a los que yo recuerdo con mayor gratitud y afecto, porque sería injusto con los que dejase sin citar, como aquellos otros de épocas que yo ya no he conocido de forma directa. 

Los docentes de los años setenta, los de mi etapa escolar, fueron los maestros de la transición, los que nos hicieron apreciar el valor de la convivencia plural, los que nos enseñaron a caminar por unas libertades recién estrenadas. Los docentes de los ochenta y los noventa hicieron su labor de preparar a niños y niñas para una sociedad en constante proceso de cambio. Los del siglo XXI, han tenido que orientar a las generaciones más recientes en un mundo ya digital, donde las tecnologías de la información y la comunicación han cobrado un protagonismo antes inimaginable. 

Queremos recordar a todos los que, a lo largo de los años, pusieron su esfuerzo, su vocación, al servicio de la enseñanza en El Hoyo de Pinares. A quienes desempeñaron su profesión con cariño y con entrega y han dejado en el pueblo un recuerdo imborrable. 

Especialmente a quienes se implicaron en hacer algo más de lo obligatorio, quienes sabían que también se educa fuera del aula -en el patio, en las pistas deportivas, en las calles…-, a quienes se mojaron socialmente, interactuaron con las familias, acompañaron en esos viajes y excursiones que nunca se olvidan, impulsaron medios de comunicación de nuestra comunidad educativa (nosotros siempre recordamos El Escolar de mi época o más tarde aquella querida Radio Piñón, pero luego vinieron otros), organizaron jornadas culturales o promovieron actividades de lo más diverso. 

El Ayuntamiento ha querido que, en la víspera de nuestras Fiestas de San Miguel, el pregón de apertura sirva de esta ocasión para que todo un pueblo homenajee a sus educadores. Para que sus distintas generaciones los recuerden y les expresen gratitud. Se me ocurren pocos gestos más acertados, más hermosos, más justos. Allí estaremos.

Jorge Martín, un campeón del mundo con ancestros hoyancos

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, El Hoyo de Pinares, septiembre 2025.
Era el 17 de noviembre de 2024 cuando, en el circuito barcelonés de Montmeló, el piloto español Jorge Martín, conocido por la afición por su nombre de guerra de Martinator, se alzaba con el título de Campeón del Mundo de Moto GP. Culminaba así una brillante temporada en la que consiguió superar a rivales de todo el mundo y especialmente ganar el pulso al italiano Pecco Bagnaia. 

En 2023 ya había sido subcampeón mundial y, entre lágrimas, en la última carrera en la que la suerte le fue esquiva, prometió no rendirse y que lo lograría al año siguiente. Y vaya si lo hizo. Era el quinto español en la historia que lograba el título mundial -tras Alex Crivillé, Jorge Lorenzo, Marc Márquez y Joan Mir-, pero el primero que lo hacía desde una escudería satélite y no de fábrica -en este caso el equipo Prima Pramac Racing-. Jorge Martín, a bordo de una Ducati, fue líder durante casi toda la temporada, acumulando 3 victorias -Portugal, Francia e Indonesia-, 7 victorias sprint, 15 poles … y cosechando el amplio margen que le permitió alzarse finalmente con el título mundial. 

La gesta de este joven deportista es sobradamente conocida por los aficionados al motociclismo e incluso por el público en general. Pero lo que no es apenas conocido es la relación familiar que Jorge Martín Almoguera tiene con nuestro pueblo. Y es que su bisabuela era Felipa Martín, nacida en El Hoyo de Pinares en el año 1901. 

El bisabuelo de Jorge, Emiliano Rubín de Celix, era un guardia civil nacido en Muñogalindo en 1889 y que había sido destinado a nuestro pueblo. Aquí enviudó, en octubre de 1928, de su primera esposa, Leonarda, con la que tenía tres hijos: Simeón, Antonio y Emiliano. 

En el pueblo le presentarían más tarde a Felipa, también viuda, sin hijos, con la que acabaría contrayendo matrimonio. 

La bisabuela de Jorge, Felipa Martín, tenía cuatro hermanos: Isabel, Gabriela, Casimiro y Dionisia, todos naturales de El Hoyo de Pinares, aunque la última fue vecina de Escalona (Toledo). A la que yo más recuerdo de mi infancia es a Isabel, que vivía en la Puerta del Sol y era la madre de Guillermo Marín. 

El matrimonio formado por Emiliano y Felipa residió inicialmente en la Casa Cuartel de nuestra localidad. 

Durante la guerra civil, Emiliano intentó en la medida de lo posible salvar vidas y tuvo también algunos de los escasos gestos de humanidad que se dieron en aquella dura contienda. 

En el pueblo vivieron Emiliano y Felipa hasta que él fue destinado a otras localidades. En San Bartolomé de Pinares nació su hija Maruja y, ya en Madrid, verían la luz Julio y las mellizas, Pepi y Julia. 

Julia Rubín de Celix Martín es precisamente la abuela materna de nuestro campeón del mundo de moto GP. 

Tras el fallecimiento de Emiliano, sus hijas asistieron al Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil desde los 6 hasta los 19 años. Julia y Pepi, mujeres emprendedoras en tiempos difíciles, abrirían luego su propio centro de enseñanza. 

En todo ese tiempo, durante las vacaciones escolares las hijas de Emiliano y Felipa venían siempre a El Hoyo de Pinares, a casa de su tía Isabel, y aquí pasaban el verano con sus primos, el matrimonio formado por Guillermo Marín y Concepción Carvajal. 

Felipa quiso que se mantuviera esa vinculación familiar con su pueblo natal y acabaron comprando una casita, en la Corredera de San Miguel, detrás del pilón. 

Julia contrajo matrimonio con Rafael Almoguera y tuvieron tres hijos: Susana, Eva y Rafael. Y ahí seguimos acercándonos en el árbol genealógico al joven piloto madrileño, porque la primera de ellas, Susana Almoguera Rubin de Celix, es su madre. 

Susana también veraneó de niña en El Hoyo de Pinares, en la casilla de la Corredera, y tiene un especial cariño al pueblo, del que narra un sinfín de gratos recuerdos: cómo su abuela Felipa los recibía con una bandeja de torreznos, los bocadillos junto al pilón, el reencuentro con sus vecinos -como Nasta o Ana Mari-, aquellos días de campo y de comidas familiares en El Mancho o en La Enebrosilla con sus tíos Guille y Conce y sus primos, jugar con su galga Perla que tenía en depósito en casa de éstos, las primeras salidas de adolescente, las Fiestas de San Miguel… 

Ya de jóvenes, en los años ochenta, aunque no venían con la misma frecuencia, sí hicieron algunas escapadas para ver a la familia y tuvieron ocasión de salir por los lugares de moda del momento: la Discoteca Thomas, el Montecarlo, el Muskaria… especialmente con su primo Mario Marín, al que tanto recordamos. 

Susana Almoguera se casó con Ángel Martín y tuvieron dos hijos: Jorge y Javier. 

Jorge Martín Almoguera nació en San Sebastián de los Reyes en 1998. Llevaba ya en las venas la afición por las motos que sus padres le transmitieron, especialmente Ángel, piloto aficionado. No resultaron sencillos los comienzos en el mundo del motor, para el que Jorge mostró indudables cualidades. La preparación y la participación en competiciones resultaba sumamente costosa y fueron años de esfuerzos y sacrificios para una familia trabajadora, hasta lograr que Jorge pudiera desarrollar su carrera deportiva y demostrar su capacidad a bordo de la moto. 

Jorge Martín fue, ya en el año 2014, el primer español en ganar la copa de promoción internacional Red Bull Roockies Cup. 

Al año siguiente, debutó en Catar en Moto3. Subió por primera vez al podio en 2016 como subcampeón del Gran Premio de la República Checa, pero esa temporada las lesiones no le permitieron desarrollar su potencial. 

Su primer título puntuable para el mundial fue el Gran Premio de la Comunidad Valenciana, que obtuvo en 2017, año en el que subió nueve veces al podio en distintos circuitos y superó el récord mundial de poles en una sola temporada. 

En 2018, con siete victorias y diez podios, Jorge Martín se alzó ya nada menos que con el título de Campeón del Mundo de Moto3 y superó el récord de pole positions que él mismo ostentaba. 

Fue fichado entonces por Red Bull para la categoría Moto2 donde, a pesar de algunas limitaciones de la máquina con la que competía inicialmente, acabó logrando subir al podio en Japón y alcanzar la victoria en Austria. 

En 2021 pasó a competir en Moto GP, con el equipo italiano Pramac Racing y obtuvo cuatro podios en la temporada. El 8 de agosto alcanzó su primera victoria en la categoría reina en el Gran Premio de Estiria, en Spielberg. 

Con un gran talento en su disciplina deportiva y una enorme fortaleza mental y capacidad de superación, Jorge ha ido reponiéndose de todas las dificultades -caídas, accidentes, problemas técnicos…- hasta culminar nada menos que con el título mundial al que nos hemos referido al principio. El pueblo de San Sebastián de los Reyes, que lo vio nacer, le recibió con una multitudinaria acogida y el Ayuntamiento ha dado su nombre a una glorieta. Unos meses más tarde, la Presidenta de la Comunidad de Madrid le impuso la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo. 

Tras fichar por Aprilia, en este año 2025 no ha podido estar a su nivel, debido a que tres accidentes importantes -con 25 fracturas, un neumotórax, 2 intervenciones quirúrgicas…-, le han apartado de la competición durante gran parte del campeonato del mundo. Tras su recuperación, Martinator ha vuelto con fuerza a los circuitos y estamos seguros de que pronto nos dará más alegrías. 

Un apunte final: la bisabuela de Jorge, Felipa, era de El Hoyo de Pinares; su abuela, Julia, conoce perfectamente el pueblo; y su madre, Susana, también lo frecuentó. Pero el piloto madrileño no ha estado nunca aquí…. Creo que eso habrá que remediarlo en algún momento, ¿no? 

Ya conocéis esta curiosidad que comparto con vosotros en nuestro programa de fiestas de este año. Ahora, cuando vibremos ante las pantallas de televisión con los nuevos éxitos deportivos de Jorge Martín, recordad que no solo estamos animando y aplaudiendo a un piloto español, sino a alguien aún más cercano: al bisnieto de una mujer buena, Felipa, que nació y vivió en El Hoyo de Pinares. Al menos una pequeña parte de los genes del campeón del mundo proceden de nuestra tierra.

(Fotografías de Jorge Martín cedidas por Susana Almoguera. y fotografía de Felipa Martín con sus hijas Julia y Pepi, cedida por Julia Rubín de Célix).

Nombramiento como Cronista Oficial de la Villa de El Hoyo de Pinares

Con mucha ilusión comparto la noticia de que el Pleno del Ayuntamiento de mi pueblo, El Hoyo de Pinares (Ávila) ha acordado por unanimidad mi nombramiento como Cronista Oficial de la Villa. 

Se trata de una distinción de carácter honorífico y no retribuida, que, en palabras de la Corporación Municipal, viene a reconocer una "amplia trayectoria en la investigación y divulgación de nuestra historia local", así como la "labor en la conservación de la memoria colectiva" y un "firme compromiso con la cultura hoyanca", valoración con la que me siento enormemente honrado.  

El acuerdo municipal subraya como méritos para este reconocimiento "la creación y mantenimiento del Fondo Documental de El Hoyo de Pinares, un valioso repositorio en línea que recopila documentos históricos, literarios, audiovisuales y de memoria local del municipio, iniciativa personal abierta al público y de gran utilidad para investigadores y vecinos; la autoría y comisariado de proyectos de memoria gráfica local, incluyendo las dos exposiciones Imágenes del Ayer (1988 y 1999) y el libro del mismo título, que han permitido recuperar y difundir centenares de fotografías históricas del municipio; las numerosas investigaciones y artículos de historia local publicados a lo largo de los años; el impulso a iniciativas pioneras, como la primera votación popular por Internet en la historia de España (2003), promovida por la FNMT con la colaboración del Ayuntamiento; el impulso y promoción, desde el plano institucional, asociativo o incluso a título personal, durante décadas, de numerosas actividades socioculturales y deportivas en nuestro municipio". 

La credencial será entregada en un acto público en las próximas Fiestas patronales. Espero estar a la altura de este reconocimiento, que recibo con enorme gratitud. 
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La noticia en medios informativos:
 
- ÁvilaRed.com, 20/09/2025
- Tribuna de Ávila, 20/09/2025
- Diario de Ávila, 23/09/2025

La judicatura y la fiscalía, en huelga



Durante los días 1, 2 y 3 de julio, tres de cada cuatro integrantes de la judicatura y la fiscalía estamos secundando una convocatoria de huelga, efectuada por cinco asociaciones (por cierto, no todas ellas “conservadoras”, como repiten perezosamente muchos medios) contra el Proyecto de Ley Orgánica que modifica estas carreras. No comparto todos y cada uno de los argumentos y el discurso de los convocantes, pero mi reflexión personal me ha llevado a sumarme a la medida, por coincidir en aspectos muy relevantes con su motivación. 

El Proyecto de Ley, impulsado por trámite de urgencia y sin diálogo, incide en extremos que guardan indudable relación con los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad en el acceso a la función pública, y despierta también no pocos recelos en cuestiones que podrían afectar a la imprescindible independencia judicial. 

Desde hace años, se viene proyectando encomendar la instrucción de las causas penales en España al Ministerio Fiscal, como sucede en otros países. Pero, a la hora de preparar el escenario para esa reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, no se opta, como sería deseable, por dotar de mayor autonomía a la Fiscalía, sino todo lo contrario: hay un reforzamiento de las competencias del Fiscal General del Estado -nombrado por el Gobierno- y un debilitamiento de la función del Consejo Fiscal. Piensen en un escenario donde la UCO y toda la policía judicial reciba las instrucciones de una fiscalía jerárquica y, simultáneamente, en la limitación de la acusación popular que también impulsa el gobierno. No resulta difícil de imaginar qué hubiera sucedido con determinadas causas judiciales por todos conocidas. 

En la carrera judicial, tampoco una sola de las medidas apunta a un fortalecimiento de la independencia: se mantiene la designación partidista de la totalidad del CGPJ, la discrecionalidad en los nombramientos judiciales por parte de éste -que se han convertido en un sonrojante reparto de cromos- y la existencia de unos Magistrados en los Tribunales Superiores de Justicia que son directamente designados por los parlamentos autonómicos. 

Tras años de convocar menos plazas de las que exigía la tasa de reposición, se utiliza ahora el falso argumento de un supuesto mandato de la UE para poner en marcha un proceso extraordinario de entrada de más de un millar de personas en las carreras judicial y fiscal, sin ajustarse a ninguno de los actuales cauces de acceso: con carácter general, la oposición libre y, para cierta proporción de magistrados, un concurso-oposición para juristas con más de 10 años de experiencia. Conozco los abusos en el tratamiento de los jueces sustitutos y coincido en que debería darse una solución a su anómala situación. Pero se está utilizando la misma como mera excusa para un proceso de supuesta estabilización que realmente no es tal: no se busca consolidar un cuerpo estable para sustituciones necesarias, sino de habilitar el acceso, como funcionarios de carrera, a la titularidad de otras plazas, que se sustraen a la libre concurrencia, para después continuar recurriendo a la precariedad a la hora de cubrir las sustituciones. Si reparamos en que, en realidad, ese proceso está abierto a otros juristas que no hayan sido jueces sustitutos, los riesgos resultan más que evidentes. 

El Proyecto impulsa un Centro público para la preparación de la oposición, cuyo control gubernamental resulta muy preocupante, tanto desde criterios de igualdad como desde parámetros de independencia. Entre otras medidas que sería largo enumerar, el nuevo texto legal introduce también un retroceso democrático en la elección de órganos de gobierno de los tribunales. 

Creo que no es irrelevante que esta iniciativa legal venga precedida de una sostenida campaña, partidista y mediática, de descalificación de la propia judicatura ante la opinión pública, con acusaciones de lawfare y con tergiversación de las resoluciones, para deslegitimar al Poder Judicial y especialmente a quienes investigan presuntas irregularidades de políticos. Esto nos hace ser particularmente cautelosos a la hora de valorar cualquier decisión que, incluso gradualmente, pueda pretender abrir paso a una judicatura cómoda para los poderosos. Los tribunales son la garantía última de los derechos de la ciudadanía y de la igualdad de todas las personas e instituciones ante la ley.

Jaime Mir

Tuve la fortuna de conocer a Jaime Mir Payá cuando éramos jóvenes universitarios y compartí con él el tiempo de la utopía y de la rebeldía. Desde el minuto uno se convirtió en un referente. Era inteligente, ingenioso, brillante y siempre iba varios pasos por delante de todos. Era como una antorcha y por eso yo le seguía cuando él decía “avancemos por aquí” y también daba media vuelta con él cuando decía “por aquí no hay salida”. 

Hace varios años que ya le tenía algo más perdida la pista, pero la admiración, el afecto, los recuerdos, nunca han desaparecido. Por eso me duele enterarme de su prematura marcha. 

En todo lo que hiciera en estos años no me cabe duda de que habrá dejado una huella enorme y tengo la certeza de que su familia, sus amigos, los que hayan sido sus alumnos, sus compañeros, todos los que le hayan conocido en algún momento, estarán echando ya de menos esa luz. 

Y yo recuerdo con dolor y con cariño enorme a mi compañero de tantas aventuras. Recuerdo pensamientos, proyectos, mil y una anécdotas (espero que me perdonase el hacerme pasar por teléfono por el desvalijador de su vivienda) y vivencias. No cambiamos el mundo, claro. Pero, como a D. Quijote, nadie podrá arrebatarnos la gloria del intento. 

Compartir inquietudes, esbozar sueños, escucharte, leerte, indignarnos juntos ante las injusticias, reír contigo, aprender de ti, de tu creatividad, de tu lucidez, de tu nobleza, fue para mí un honor, querido e inolvidable Jaime.

Francisco, una renovación inacabada




En España ya sabemos que hay que elegir constantemente bando, hasta en las cosas más nimias, y analizar todo en términos de blanco o negro. Tener lo que el periodista francés Jean Birnbaum ha llamado con acierto “el coraje del matiz” no está bien visto, en medio de esta perenne devotio ibérica digna de ser aplicada a mejores causas. Hasta la muerte de un Papa nos da una nueva ocasión de exhibir -especialmente en las redes sociales- ese sectarismo instalado en casi todos los aspectos de la vida pública. Pero tienen algo en común quienes reivindican ahora a Francisco en los mismos términos que si hubiera fallecido un líder de su propio espacio político y quienes le dedicaron ya en vida las más crueles e injustas descalificaciones: ambos silencian interesadamente una buena parte de lo que su figura ha representado y subrayan solo aquella otra que encaja en su discurso predefinido. 

No parece muy razonable esperar que un Papa se pronuncie contra la enseñanza religiosa o que apoye la eutanasia, por ejemplo. Pero tampoco cabe sorprenderse de que no aplauda acríticamente un sistema económico que condena a una buena parte de la humanidad a la pobreza o que comulgue con la criminalización de aquellas personas que tiene que abandonar su país por no tener cubiertas sus más elementales necesidades. 

Durante décadas, especialmente con el impulso de Juan Pablo II, la Iglesia había sido muy crítica con los totalitarismos comunistas y con su anulación de las libertades básicas y los derechos humanos. También desde el Vaticano se había desautorizado la Teología de la Liberación surgida en Iberoamérica, precisamente por su influencia filosófica marxista. Derribado el muro de Berlín, parecía un momento histórico oportuno para revindicar valores alternativos, cuestionar también aspectos negativos del capitalismo, denunciar la explotación del ser humano allí donde se produjera, reflexionar sobre la idolatría del mercado: insistir, en suma, en la doctrina social de la Iglesia. No era, por el contrario, el momento de secundar el pretendido «fin de la historia», ni de asistir en silencio -cuando no unirse con entusiasmo-, a la gran fiesta de un neoliberalismo económico universal ya sin contrapesos. 

Sin embargo, ese paso no llegó o no lo hizo de forma suficiente. La prometida Teología que, ya sin influencia marxista, ofreciera cercanía, compromiso y esperanza a los pobres del mundo, no se desarrolló con convicción. El rearme de la doctrina social para situarla en lugar destacado del discurso eclesiástico, tampoco. Por el contrario, acabó teniendo amplia influencia el catolicismo más neoconservador, los llamados teocom por algunos autores, que, con una lectura sumamente sesgada de la Centesimus Annus de Juan Pablo II, legitimaron sin apenas matices el modelo de capitalismo americano y europeo, pretendiendo centrar el discurso de la Iglesia tan solo en un puñado de recurrentes cuestiones relacionadas más con la moral privada que con la moral pública. 

La llegada de Francisco al pontificado supone un importante obstáculo para esta tendencia. Bergoglio, el Papa que viene de Iberoamérica, apuesta por una Iglesia en misión, por un Catolicismo que -haciendo honor a su nombre- reafirme su carácter Universal y, por tanto, no solo centrado en Occidente. Denuncia con valentía la «economía de la exclusión y la inequidad», en la que «grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida», aquella donde se trata «al ser humano en sí mismo como un bien de consumo». Es consciente del valor de la comunicación en nuestro tiempo y empieza a utilizar habitualmente un lenguaje cercano, efectivo, que llega al pueblo. Realiza no pocos gestos de reivindicación de la austeridad, de la humildad y del ejemplo. Afronta con decisión dos heridas sangrantes y complicadas: la pederastia en la curia y las finanzas vaticanas. Clama públicamente contra las guerras de nuestro tiempo pero, además, se mueve del púlpito, se reúne con líderes, se ofrece a mediar. Más que por visitas de Estado a países «cómodos» (salvo las que tienen que ver con grandes eventos eclesiásticos), opta por acudir a lugares donde el dolor o la tragedia se han hecho presentes. Y a lo largo de su pontificado se esfuerza en mostrar una Iglesia más abierta y más cercana, que combate el relativismo moral, pero sin caer en la rigidez de señalar, excluir y juzgar constantemente a las personas. 

El Papa no es solo la cabeza visible de una de las grandes religiones, sino que es uno de los líderes mundiales con mayor proyección y, por tanto, quién sea, qué diga o qué haga resulta de interés no solo para los fieles de la confesión a la que representa, sino para muchas personas. Por eso, el mundo entero estará pendiente en los próximos días del color del humo que salga de una vieja chimenea en la Plaza de San Pedro. Por mi parte, ojalá que ese anuncio sirva para seguir dando pasos, para continuar con ese esfuerzo renovador que ha representado Francisco.

50 años de Romerías de El Hoyo de Pinares en El Fresne

Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel, El Hoyo de Pinares, septiembre 2024.


Desde hace siglos, nuestro pueblo venera a la Virgen de Navaserrada, cuya imagen se conserva en uno de los retablos laterales de la iglesia de San Miguel Arcángel. Está documentado, por ejemplo, que en el siglo XVII existió una Cofradía de Nuestra Señora de Navaserrada, activa al menos entre los años 1652 y 1698. 

La tradición oral -y la advocación parece avalarlo- sostiene que la imagen mariana procedía de la pequeña iglesia existente en Navaserrada, lugar que, durante la Edad Media, no era una zona de El Hoyo como hoy, sino que tenía entidad diferenciada. De hecho, en la Carta de heredad otorgada por el rey Alfonso X el 30 de octubre de 1273, el lindero que se establece transcurre «Valdemoscoso abajo y se desvía al fresno que está al fondo del camino que va de El Hoyo a Navaserrada». Existen también numerosas referencias documentales a este lugar (generalmente escrito como Nabazerrada) en documentos oficiales del siglo XV. Por circunstancias que se desconocen -más allá de narraciones legendarias-, Navaserrada acabó despoblada, sus tierras se integraron en nuestro término municipal y su Virgen se convirtió en patrona de El Hoyo de Pinares. 

La romería histórica en honor a Nuestra Señora de Navaserrada tenía lugar el martes después de Semana Santa. Sin embargo, de la ermita únicamente quedaban restos ruinosos, enclavados entre viñedos de titularidad privada, por lo que no era un sitio adecuado para una celebración popular. La imagen de la Virgen solía salir en procesión desde la iglesia hasta la zona de La Perdiguera, como narra Germana de Miguel en su magnífico libro Muregas, que recoge tradiciones orales de nuestro pueblo. Cada familia o grupo de amigos salía a comer y festejar al campo, donde tuviera por costumbre. En esa comida no faltaban tortillas metidas en los típicos panecillos, además de la tradicional limonada. 

En el año 1974, el alcalde, Julián Carvajal Luque, propuso a la Corporación Municipal cambiar la fecha, fijándola en un día que no fuera laborable y acercándola al buen tiempo, pues -como consta literalmente en la propuesta- «entrada la primavera el desplazamiento al campo sería más agradable para los vecinos a disfrutar del paisaje, comer las meriendas y esparcirse en los festejos religiosos y profanos, ya que la mayoría de los años no se podía realizar por la inclemencia del tiempo». La propuesta resultó aprobada por unanimidad y se acordó que el alcalde se comunicara con el párroco, que en aquel entonces era D. Julio H. Martín de Ximeno, y se procediera a dar publicidad al acuerdo tanto a los vecinos como a «todos los hijos del pueblo que se hallan ausentes». 

Al año siguiente, en abril de 1975, se dio otro paso decisivo: el pleno acordó un nuevo emplazamiento para la Romería, en los prados de El Fresne, de titularidad pública. Allí se trasladaron una parte de los restos de la vieja ermita y otros encontrados en sus alrededores, bajo el impulso de D. Julio y de la Corporación Municipal y con la colaboración del Instituto de Conservación de la Naturaleza (ICONA). Hoy, con casi total seguridad, no se hubiera permitido mover elementos arqueológicos de su ubicación originaria, menos aún sin dejar testimonio gráfico de la disposición que tenían, pero eran otros tiempos. 

Eleuterio Fernández, que trabajó en aquel traslado, me contó con todo detalle cómo se numeraron las piedras y se transportaron los distintos elementos, hasta configurar el conjunto que actualmente conocemos en El Fresne. Allí se conservan, entre otros, un arco de medio punto del antiguo templo, que se reconstruyó sobre un armazón de madera preparado por Adolfo Gallego, un púlpito, una pila bautismal, una laja de granito que hace las veces de altar y una estela discoidea que posiblemente tuviera un antiguo uso funerario. 

Aquel último domingo de mayo del año 1975 se estrenó, pues, la Romería en su nuevo paraje y ya con la obra de piedra realizada. Por primera vez, la imagen de la Virgen de Navaserrada llegaba, portada a hombros por las mujeres de nuestro pueblo, a las praderas de El Fresne, que desde entonces visita cada año. Allí se ofició la primera misa y se disputaron los juegos infantiles y la cucaña, en una jornada amenizada por dulzainas castellanas. Se convocó también un concurso de carrozas y de caballerías enjaezadas, con premios de hasta 3.000 pesetas, así como otro de baile de jotas, con un premio de 1.000 pesetas a la pareja ganadora. La convocatoria registró una multitudinaria afluencia de vecinos y visitantes, constituyendo un éxito rotundo, que respaldó la nueva fecha y la nueva ubicación elegidas. 


El último hito vinculado a la Romería se produjo en el año 2003. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, gracias a su ingeniero Eduardo Kropnick, eligió El Hoyo de Pinares para desarrollar una prueba piloto de un sistema de votación por internet. Desde hacía tiempo se venía comentando la posibilidad de cambiar la romería del domingo al sábado, facilitando así un día de descanso posterior y que no tuvieran que irse a media tarde las familias de procedencia hoyanca que acuden ese día pero viven y trabajan en otros lugares. El Ayuntamiento consideró que éste podría ser el objeto de la proyectada consulta popular. El Hoyo de Pinares vivió una jornada histórica y festiva, con presencia de medios de comunicación nacionales y de expertos que vinieron a estudiar in situ la novedosa experiencia. El resultado arrojó una participación del 58,10 % de electores, de los cuales un 59,75 % apoyó cambiarla al sábado, el 38,71 % se mostró a favor de mantenerla el domingo y el 1,64 % votó en blanco. Esta decisión popular no vinculante se trasladó a un acuerdo oficial del pleno y desde entonces la romería quedó establecida en su actual fecha, el último sábado de mayo. 

La romería que se ha celebrado en 2024 ha sido, pues, la edición número 50 de las que han tenido lugar en El Fresne. Aquellas decisiones de los años setenta del siglo pasado de fijar la Romería en el mes de mayo y de trasladarla a este paraje fueron un acierto indudable, que dotó de identidad propia a un festejo local, ya consolidado a lo largo de este medio siglo de notoria aceptación y de masiva participación popular. 
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Fuentes consultadas: 

• Testimonio oral de D. Eleuterio Fernández y D. Fernando Fernández (a los que agradezco públicamente su ayuda e información). 
• Libro de Actas de plenos del Archivo municipal. (Mi agradecimiento a D. Juan Luis Beltrán por su colaboración). 
• Programa de Fiestas de San Miguel Arcángel. Ayuntamiento de El Hoyo de Pinares, septiembre 1975. (Mi agradecimiento a Dª Margarita Fernández por habérmelo facilitado). 
• Fichas arqueológicas del Servicio Territorial de Cultura, Turismo y Deporte de Ávila. 
• Miguel Martín, Germana. Muregas. Ediciones Cardeñoso y Ayuntamiento de El Hoyo de Pinares, 2018. 
• Barrios García Ángel y otros. Documentación del Archivo Municipal de Ávila (1256-1474), volumen I. Institución Gran Duque de Alba, 1988. 
• Luis López, Carmelo y otro. Documentación medieval del Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Ávila, tomos I y II. Institución Gran Duque de Alba, 1990. 
• Índices del Archivo Diocesano de Ávila 
• Fichas de carteles y programas de festejos conservados en la Biblioteca Nacional 
• Archivo personal sobre la votación por internet de marzo de 2003.

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Ilustraciones | Fotografías de la primera Romería en El Fresne realizadas en mayo de 1975 por Jacinto Herrero de mi libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del ayer

Presentación de "El alma en los viajes", de Sonsoles Sánchez-Reyes


El pasado viernes 6 de septiembre tuve el honor de participar en la presentación pública del libro El alma en los viajes, de Sonsoles Sánchez-Reyes (Editorial Cuaderno del Laberinto, 2023), en El Hoyo de Pinares (Ávila). 

La sinopsis de la edición nos anuncia que "a través de una selección de historias recogidas a lo largo del tiempo por los lugares más diversos, en su mayoría poco conocidas, con un enfoque original y profundamente humanas, la autora proponer un recorrido al lector por ciudades, figuras, leyendas y episodios que se muestran a otra luz y abren posibilidades inexploradas, haciendo gala de una aguda percepción aderezada con umor, ternura, preciosas ilustraciones y un bello estilo".   

Tras un saludo inicial del alcalde de El Hoyo de Pinares, David Beltrán, introdujo el acto la concejala de Cultura, Raquel Martín. 

A continuación intervino Teresa Galán, quien, además de ofrecernos su visión como lectora sobre el libro que se presentaba, nos habló de la personalidad de la autora, a la que conoce desde muy joven. Quiso subrayar su enorme talento y su carácter inquieto y emprendedor, para lo que narró elocuentes anécdotas que nos hicieron sonreír. 


Por mi parte, intenté transmitir cuál es el espíritu del libro, que narra interesantes y sugestivas relatos históricos o legendarios a partir de lugares visitados por la autora a lo largo de los años. Aquellas historias que en los viajes nos llegan hondo y nos llevamos con nosotros, Sonsoles las ha plasmado en un libro, con su maestría habitual. También quise reconocer a otras personas que, además de la autora, han hecho también posible el resultado final de El alma en los viajes, como es su prologuista, Carlos del Amor, y la editora, Alicia Arés, que mima cada edición que afronta. 

Sonsoles tuvo cariñosas palabras de agradecimiento a quienes la habíamos precedido en el uso de la palabra y a todos los asistentes y, tras unos comentarios sobre su obra, nos ofreció -como aperitivo a la recomendable lectura íntegra de la misma- algunas de las narraciones, como ejemplo de lo que podemos encontrar en el libro. 

El acto finalizó con la firma de ejemplares de El alma en los viajes por parte de Sonsoles Sánchez-Reyes y con un vino español obsequiado por el Ayuntamiento. Fue, sin duda, una agradable cita en torno a la literatura y los viajes, dos de las cosas que hacen más hermosas nuestras vidas.    

Debatir lo que importa

 Publicado en Diario de Sevilla, Diario de CádizDiario de Jerez, Europa Sur, Málaga hoy, Huelva Información, El Día de Córdoba y Granada hoy29/05/2024.


Tras las lecciones históricas de la derrota del totalitarismo fascista en la 2ª guerra mundial y la posterior caída del totalitarismo comunista en los años 80-90, es generalizada -y acertada- la creencia de que la democracia pluralista es la mejor forma de legitimación del poder y de organización de la convivencia. 

Sin embargo, el sometimiento de los gobernantes a la valoración ciudadana cada cuatro años -o menos- produce un efecto secundario indeseado, que es el cortoplacismo en la gestión política. Así, a veces se rehúye afrontar medidas oportunas si resultan impopulares. O se pospone el diseño y ejecución de infraestructuras necesarias, cuando van a precisar una gran inversión de recursos y el promotor no será quien las inaugure. O se eluden cambios culturales o educativos de fondo, porque los frutos se apreciarán a medio o largo plazo y difícilmente se reconocerá mérito alguno a su impulsor. 

Cuando era aún primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Junker afirmó, refiriéndose a la crisis económica: «Sabemos exactamente lo que hay que hacer. Pero no sabemos cómo ser reelegidos si lo hacemos». Para evitar que ese cortoplacismo domine por completo la gestión pública existen los consensos políticos. Desde un ejercicio de responsabilidad, partidos opuestos pueden definir determinadas líneas políticas compartidas sobre materias de interés general, que tengan continuidad aun cuando se produzca alternancia en el poder. Del mismo modo, pueden comprometerse a no utilizar como arma electoral ciertas decisiones políticas que no resulten populares o cuya utilidad solo se aprecie en el largo plazo. 

En España, sin embargo, tenemos escasos ejemplos de tales usos. En la transición, los Pactos de la Moncloa permitieron que el objetivo común de consolidación democrática no se viera perjudicado por los efectos de la crisis del petróleo. Desde el Pacto de Ajuria Enea en 1988 hasta el Antiterrorista en 2000, fueron varios los intentos de que los partidos hicieran frente al terrorismo con ciertos criterios compartidos y sin utilizarlo como argumento electoral. En materia de pensiones, el Pacto de Toledo nació con la finalidad -no siempre cumplida- de debatir con rigor sobre el sistema de protección social y su sostenibilidad sin que el oportunismo electoral lo impidiera. Pero lo que ha prevalecido -y creo que actualmente se manifiesta con mayor intensidad- es nuestra tradicional política de trincheras, que sitúa a menudo en el centro del debate público asuntos broncos, que dan juego en medios y redes sociales, pero sirven de excusa para posponer indefinidamente el abordaje de otros debates de mayor calado. 

Somos una potencia turística mundial por nuestras condiciones, pero sin una estrategia nacional de qué clase de turismo queremos atraer, con qué límites, con qué enfoques y qué vamos a hacer para ello, mientras se suceden medidas municipales y autonómicas contradictorias entre sí. 

En el mundo sociolaboral, por ejemplo, no nos detenemos siquiera a reflexionar sobre cómo afrontar los retos que la robótica y la inteligencia artificial generativa, además de nuestra demografía, van a plantear, cada vez más, sobre el mercado de trabajo y el sistema de Seguridad Social. 

La Justicia es la permanente olvidada, sin un gran pacto (hubo algunos con esa denominación formal, pero de extraordinaria cortedad de miras). Seguimos por debajo de la media de jueces de la Unión Europea, sin verdaderas alternativas a la litigiosidad y con una dotación de medios insatisfactoria. 

Desde hace casi medio siglo carecemos de verdadera política educativa. Cada gobierno impone un modelo, que el siguiente cambia, mientras nuestra enseñanza obligatoria sigue suspendiendo en evaluaciones internacionales, la endogamia y otros problemas de la Universidad no se afrontan, y no aprovechamos con inteligencia la actual demanda de Formación Profesional y la enorme oportunidad que ofrece. 

Estamos muy entretenidos cada día con el asunto mediático que toque -Carles Puigdemont, Koldo García, José Luis Ábalos, el novio de Isabel Díaz Ayuso, Begoña Gómez, Óscar Puente, Javier Milei… y cuestiones similares- y así van pasando los años. No digo yo que no sean debates pertinentes los que conciernen, por ejemplo, a la amnistía, la ejemplaridad pública o la diplomacia internacional, en absoluto. Pero alguna vez vendría bien que mirásemos más allá del siguiente proceso electoral. Hace muchas décadas que la actualidad más inmediata no parece dejarnos tiempo ni oportunidades para pensar, como sociedad, qué queremos ser y hacia dónde queremos ir.

El otro "salario mínimo", ¿cuándo?



En los últimos años, desde el gobierno se ha venido impulsando un importante crecimiento del salario mínimo interprofesional. El objetivo parece ser la convergencia con el objetivo marcado a los países que, como el nuestro, han ratificado la Carta Social Europea revisada. El máximo intérprete de ese tratado internacional, el Comité Europeo de Derechos Sociales, ha considerado que el derecho a una “remuneración equitativa” para sostener “un nivel de vida decoroso”, que proclama su artículo 4, exige que el salario mínimo alcance el 60 % del salario medio del país. 

Sin embargo, a la vez que el SMI evolucionaba notablemente al alza en España, el IPREM, otro índice emparentado con aquel, ha ido quedando en el olvido, desfasado desde hace ya largos años. Aunque ese índice sea menos conocido popularmente, ello no significa que no repercuta en aspectos importantes de la vida cotidiana de muchas familias. 

El origen del mismo data de hace ya dos décadas. Durante muchos años, el salario mínimo interprofesional no solo operó como límite inferior de la retribución de los asalariados. También se utilizaba como referencia para la concesión de buena parte de las ayudas públicas, definiendo el nivel de ingresos (un determinado número de veces el SMI, en función del número de miembros de la unidad familiar) que no debían superar sus beneficiarios. Del mismo modo, se utilizaba también para cuantificar algunos subsidios, cuyo importe se fijaba en un porcentaje del SMI. 

Se advertía entonces de que este doble uso perjudicaba al crecimiento del salario mínimo: los gobiernos eran reacios a incrementarlo porque no afectaba únicamente a las empresas, sino que provocaba un aumento de diversas partidas del gasto público. 

Por ese motivo, en el año 2004, el ejecutivo decidió separar ambas funciones y creó el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), a fin de que pudieran establecerse cuantías distintas para el salario mínimo de los trabajadores y para el índice que sirve de referencia para prestaciones públicas. 

Desde entonces, mientras el SMI se ha ido incrementando notablemente, el IPREM sufrió una total congelación entre 2010 y 2016 y, tras modificarse levemente en 2017, de nuevo quedó estancado hasta el año 2020 inclusive, para actualizarse después cada año, pero en mucha menor proporción. 

El primer IPREM de 460,50 euros equivalía hace veinte años al 93,88 % del salario mínimo vigente. Hoy, el IPREM de 600 euros representa solamente el 52,91 % del SMI actual. 

Como anticipaba, no deberíamos pensar que es una cuestión menor o meramente técnica: repercute en los derechos sociales y en los medios de subsistencia de muchas personas. La falta de actualización del IPREM se proyecta en ámbitos tales como ayudas al alquiler, becas de estudio, bono social eléctrico, viviendas protegidas o pensiones no contributivas, entre otros. 

Cuánta mayor divergencia exista entre el IPREM y el SMI, más familias van quedando excluidas de los umbrales de renta establecidos para ser beneficiario de ayudas públicas. Por poner un ejemplo, en 2003 una persona sola y sin hijos veía reconocida la asistencia jurídica gratuita, con abogado de oficio para su defensa, siempre que no cobrase más del doble del SMI de la época. Hoy, si esa persona percibe tan solo 67 euros más del salario mínimo obligatorio, ya no se le reconocerá ese derecho. 

Y, por otro lado, cuánto más lejos esté el IPREM del SMI, mayor diferencia existirá entre lo que perciben los beneficiarios de subsidios asistenciales y el salario mínimo. Por ejemplo, en 2003, un parado que hubiera agotado las prestaciones contributivas y cumpliera ciertas condiciones (tener responsabilidades familiares, ser mayor de 52 años, etc.) percibía un subsidio del 75 % del SMI. Hoy, ese subsidio por desempleo no alcanza siquiera el 40 % del salario que el propio gobierno ha considerado adecuado para garantizar una vida digna. 

Es verdad que el IPREM se estableció pensando precisamente en que su cuantía fuera diferente de la del SMI, pero ¿tanto? Desde los poderes públicos se viene exigiendo un esfuerzo a las empresas privadas porque los incrementos anuales del SMI “hacen de España un país mejor”. Por ello, no parece muy congruente que el Estado no haga un esfuerzo equivalente para actualizar un índice paralelo, que afecta al acceso de las familias a ayudas sociales y que determina la cuantía de relevantes prestaciones de nuestro sistema de protección social.
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Ilustración: Roseell, Diario de Sevilla.

La risa como herencia

Publicado en Diario de Sevilla, Diario de CádizDiario de JerezEuropa Sur, Málaga HoyHuelva Información, El Día de Córdoba y Granada hoy, 02/01/2024.


En la boda de mi amigo Mario, el cura tuvo la desafortunada ocurrencia de abrir en la homilía una especie de coloquio, dirigiendo preguntas individuales a algunos asistentes sobre el evangelio leído y su aplicación práctica a la vida: el resultado rozó por momentos la tragedia. A ello hay que añadir que confundió reiteradamente el nombre de la novia y, ante la perplejidad de Clara -que así se llamaba de verdad la contrayente-, impartió detalladas instrucciones al novio para que amase a una tal Blanca hasta que la muerte los separase. Como Mario era muy ocurrente, el episodio de lo que bauticé como misa fórum y el error de identidad nos dio juego durante años. 

Cuando, en efecto, la muerte nos separó prematuramente a todos de Mario, el sacerdote de su funeral no tuvo a bien obsequiarnos con unas palabras que nos reconfortaran, sino que decidió desplegar un discurso un tanto delirante, plagado de referencias al Apocalipsis. Yo tenía el alma rota, pero pensaba en lo que hubiera dicho mi amigo y no pude evitar abandonar aquella capilla con media sonrisa. Vi que Clara salía también igual: 
 - Te ríes de lo mismo que yo, ¿no? 
Enseguida se nos acercó mi hermana: 
 - Hay que ver qué mala suerte ha tenido Mario con los curas… 

En el funeral de mi abuela, que murió con 100 años, muchos sonreían también cuando hice mención a las típicas frases suyas en las que no daba puntada sin hilo. 

Hace poco falleció en Sevilla, con 103 años, Concepción Góngora, la abuela Conchita de nuestro amigo Jorge -y un poco abuela también de toda la Hermandad del Rocío de Sevilla Sur-, una mujer cariñosa que transmitía alegría. Cuando sus hijos y nietos quieren recordarla, lo hacen con una sevillana, dedicada a su Huelva natal, que le gustaba cantar en los buenos momentos de celebración familiar. Y, entonces, las sonrisas se abren paso entre ojos empañados. 

Hace algunas semanas asistí en Ávila a un Encuentro Eleusino dedicado a la memoria de Fernando Sánchez Dragó. Con su hija Ayanta Barilli como maestra de ceremonias, varios escritores y amigos del homenajeado trazaron un emotivo retrato y abordaron desde distintas perspectivas su amplia obra. Su pareja, la periodista Emma Nogueiro, además de ofrecernos un amoroso testimonio donde la persona se superpuso al personaje, decidió compartir con los presentes un video personal grabado con su teléfono móvil, en el que le daba instrucciones para usar una lavadora y una secadora en su ausencia. El hombre que se las apañó para sobrevivir a mil y una tribulaciones por los cinco continentes, provocó afectuosas carcajadas con una exhibición de inutilidad que, cuando descendía al terreno de lo doméstico, nada tenía que envidiar a Mr. Bean. 

Con una convocatoria de estas características, se corre el riesgo de que la tristeza inunde todas las jornadas. Pero no fue así. Hubo lágrimas, pero también momentos divertidos, como corresponde al legado de alguien que, en su libro El Sendero de la Mano Izquierda, dejó escrito este consejo: “Sonríe siempre, incluso cuando hables por teléfono. La sonrisa se nota en la voz”. 

Con Fernando mantuve amistad durante treinta y siete años, desde que yo era un universitario inquieto, y me sigo riendo con un buen puñado de anécdotas, en medio de multitud de conversaciones interesantes y amenas, comidas fraternas, gestos de generosidad por su parte y no pocas aventuras compartidas, a menudo tan disparatadas como hermosas. 

Cuando tanto cenizo siente la necesidad de contestarnos agriamente en redes sociales desde que apenas hemos dado los buenos días, cuando -también fuera de lo digital- tanta gente amargada se empeña en hacernos -y hacerse- la vida más difícil, cada vez aprecio más a quienes adoptan el buen humor por bandera, a quienes incluso intentan ponerle buena cara al inevitable mal tiempo. Admiro a aquellas personas que, hasta después de muertas, nos siguen contagiando su buena onda, a quienes se las apañan para seguir viviendo en la sonrisa que su recuerdo evoca en los demás.

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Ilustración: Rosell, publicada en los medios del grupo Joly