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No, mi general

En sólo dos días, a ratos, me devoré No, mi general, la estremecedora crónica del doble acoso, primero sexual y luego laboral, al que fue sometida la entonces capitán Zaida Cantera, y de la denuncia y la lucha tenaz de ésta. 

Cuando cerré su última página, dije una frase que mis amigos me han oído a veces tras leer un relato de ficción, pero nunca tras leer una historia real, dramáticamente real: “este libro tiene una película dentro”. Creo sinceramente que la merecería. Porque la única consecuencia positiva que puede tener un caso así es precisamente alcanzar tal relevancia que no se repita nunca más. Que las Zaida del futuro no tengan motivos para temer. Que los Lezcano y los Villanueva del futuro se lo piensen dos veces. 

No, mi general es el reflejo de dos mujeres cumpliendo su deber y dejando en evidencia a otras muchas personas que no lo cumplieron. 

Es –principalmente, porque el protagonismo de esta obra es suyo- la historia de Zaida, profesional brillante, comprometida, valiente y humana. Estoy convencido de que hubiera estado llamada a ser una de las primeras mujeres generales del Ejército español. Y, sin embargo, unos cuantos personajes indignos de la institución militar, consiguieron -unos por acción y otros por omisión- convertir su vida cotidiana en un infierno y acabar frustrando su vocación. Su resistencia y su tesón son un ejemplo profesional y humano. Como español de a pie, confío en que la defensa de mi país esté, cada vez más, en manos de profesionales como Zaida y no de miserables como los que la sometieron a una despiadada persecución. 

Pero, indirectamente, es también reflejo de la buena labor de Irene Lozano, una diputada trabajadora y luchadora que, tantas veces y en tantos temas, ha sido en estos últimos años la voz de la dignidad en el Congreso. Que escuchó a una ciudadana cuyos derechos estaban siendo atropellados. Que entendió que era de elemental justicia llevar este caso al parlamento y darle visibilidad para intentar cambiar las cosas. Que no hizo ningún cálculo de rentabilidades políticas y se puso desde el principio del lado correcto, de aquel en el que ha estado siempre en su labor parlamentaria: el de la ciudadanía, frente a los abusos. Y que, finalmente, ha acabado sacando a la Irene periodista y escritora, para dejar testimonio de unos episodios que jamás deberíamos olvidar. 

No sé si a estas alturas alguien dudará de la veracidad de esta historia. Parte de ella está declarada probada por sentencia judicial firme. Pero, al margen de la enorme verosimilitud de todo lo que se cuenta y de cómo se cuenta, la reacción del ministro Morenés no pudo ser más elocuente: no dedicó un solo argumento ni un solo dato a desmentir o a poner en cuestión lo que Irene Lozano denunciaba ante el parlamento. Se limitó a descalificarla de forma miserable por atreverse a preguntar. 

Morenés tampoco empleó ni un segundo en pedir perdón desde la institución a Zaida, en prometer reparación, en asegurar que se exigirán responsabilidades, en anunciar que se investigará todo hasta el final... Ni siquiera en lamentar lo sucedido y en comprometerse a que no se volverá a repetir nada semejante. Si antes decía que sus silencios no pudieron ser más elocuentes, lo cierto es que tampoco pudieron ser más repugnantes. 

No, mi General es un libro valiente, que publica los nombres y apellidos de la infamia. Si no hay ya varias querellas contra Irene y Zaida es precisamente porque lo que cuentan es verdad. Y porque los culpables prefieren que no se profundice en su actuación y confían en que el tiempo traiga olvido y consagre la impunidad de la mayoría de ellos. 

Zaida Cantera quizá haya librado –muy a su pesar- una de las más importantes batallas de las Fuerzas Armadas españolas a lo largo de su historia. Quiero creer que, tal vez gracias a ella, algunas cosas empiecen por fin a cambiar. Ella se perderá algunos ascensos y algunas condecoraciones, pero espero que gane el reconocimiento social que merece. Al menos yo, como ciudadano, le estoy inmensamente agradecido. 

Hace unos meses, cuando aún no conocía este caso con el detalle de ahora y tan sólo tenía algunas referencias de prensa sobre el mismo, me enteré de que Zaida era por fin comandante, por mérito propio y contra todos los obstáculos imaginables. Y la felicité por Twitter. Entonces intuía lo que significaba aquel ascenso. Ahora lo sé. Por eso vuelvo a decir, pero con más conocimiento de causa, lo mismo que aquel día: felicidades y gracias, mi comandante.

Presentación en Sevilla de libro-homenaje a Mercedes Fórmica


El próximo jueves 11 de diciembre tendré el honor de intervenir en el Colegio de Abogados de Sevilla en un acto de presentación del libro Un grito en el silencio. Homenaje a Mercedes Fórmica (Editorial Barbarroja).

La obra incluye el prólogo de Javier Compás, un poema de Mercedes Colubi, y textos de la empresaria Mercedes Valdivia, el historiador  José M. García de Tuñón, el abogado José Manuel Sánchez del Águila y los periodistas Laura Martín y Gustavo Morales, que ofrecen, desde distintas perspectivas, un sugestivo retrato de esta abogada y escritora. 

Mercedes Fórmica, a la que ya dediqué este post en el blog, tuvo la habilidad y la valentía de generar en los años cincuenta un debate público que acabaría desembocando en un cambio nada desdeñable de la situación legal de la mujer española. 

El acto está organizado por la Asociación Cultural Ademán y dará comienzo a las 20'30 horas, en el salón de actos del Colegio (calle Chapineros nº 6, de Sevilla).

Declaraciones a El País sobre igualdad y conciliación de la vida familiar y laboral

El País del 1 de noviembre publica un reportaje de Alba Casas titulado Planes de vida congelados, sobre la influencia de la carrera profesional en la postergación de los planes de maternidad hacer carrera profesional. 

Dentro del mismo recoge unas breves declaraciones mías:

“Las trabajadoras han salido peor paradas de la crisis”, opina el abogado laboralista Carlos Javier Galán. Según el letrado, las empresas prefieren no contratar mujeres porque son las principales beneficiarias de las prestaciones por maternidad (solo el 1,25% de las parejas compartieron la baja en 2014). La propia Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, aseguraba hace tres semanas preferir contratar a menores de 25 o mayores de 45 para evitarse “el problema” de un embarazo en su empresa. Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres, constata el problema y añade que se denuncia poco, o no se denuncia por la “doble discriminación”. “Si denuncias y ganas, tienes que reincorporarte al lugar donde se te discriminó, y eso desanima”, ilustra. 

Buenos y felices por decreto

El título podría servir perfectamente para reflexionar sobre estas fechas que se nos avecinan, pero no va por ahí.

Cada vez más, nuestros políticos actúan como si las leyes por sí solas pudieran cambiar las cosas. No es que ellos lo crean así, sería demasiada ingenuidad. Sucede, seguramente, que han llegado a la conclusión de que, como resolver problemas complejos es a su vez complejo, resulta más vendible y electoralmente más rentable promulgar una ley. Cuando se quieran evaluar los resultados de la misma, ya habrá transcurrido un plazo razonable, con lo cual habrá ocasión para renovar la confianza electoral, para echar la culpa a los ciudadanos (esos señores que no compran conejo en Navidad y que dejan un euro de propina cuando toman café, los muy irresponsables), para que la gente se haya distraído en otras cuestiones... o para huir hacia delante promulgando una nueva ley que sustituya a la anterior.

Yo sí creo que las leyes son necesarias para cambiar las cosas, pero no suficientes. La realidad es más compleja y, como señala el artículo 9.2 de la Constitución, los poderes públicos tienen la obligación de promover condiciones, buscar efectividad, remover obstáculos, incidir socialmente…Como eso es indudablemente difícil, los políticos se quedan en la mera proclamación formal de derechos, obligaciones y principios.

¿Que en España hay una cifra de accidentes laborales exagerada? Pues, en vez de hacer que se cumplan las normas de seguridad, se aprueban sucesivas reformas que las aumenten y, de paso –esto es una afición que no falla- que incrementen todo lo posible la burocracia. Muchos empresarios y muchos trabajadores siguen sin cumplir medidas elementales, pero todas las empresas tienen más papeles en sus estanterías por si llega un inspector.

¿Que hay inmigración ilegal, porque el sistema económico mundial fomenta la emigración forzosa de quienes no tienen cubiertas ni sus necesidades básicas? Pues sacamos una norma que legaliza a los que hay y que dice: es la última vez, hasta aquí hemos llegado, regularizamos a éstos pero ya queda prohibido que entren más, ¿eh? Y como todo el mundo sabe, no ha vuelto a entrar nadie ilegalmente en España desde entonces y el problema de los sin papeles quedó resuelto.

¿Que existe un problema de malos tratos en el ámbito familiar? Pues se promulga una Ley de Violencia de Género y asunto arreglado. Las víctimas siguen aumentando, pero ¿para qué vamos a cuestionarnos otros aspectos –educativos, sociales, informativos...- si ya tenemos una ley?

¿Que existe una atención insuficiente a las personas en situación de dependencia? Pues hacemos una Ley de Dependencia y en paz. A fecha de hoy, casi un año después, sigue sin cumplirse, pero nadie lo denuncia. Este año sólo hubiera cubierto a los dependientes severos -a pesar de que la publicidad nos hace creer que afecta a todos- pero es que, incluso respecto a esos grandes dependientes, no se están resolviendo las solicitudes presentadas ni concediendo aún las ayudas y el año está a punto de terminar. No conozco a ningún solicitante que, desde el mes de abril en que se abrió el plazo de solicitud, haya recibido ni un solo céntimo en las dos comunidades autónomas donde me suelo desenvolver. Pero, exceptuando a los propios afectados, lo que le llega a la mayor parte de la gente es una bonita campaña publicitaria del Gobierno diciendo que ahora los dependientes tienen ya la vida resuelta.

¿Que la discriminación por razón de sexo sigue manifestándose en muchos ámbitos? Pues nada, una Ley de Igualdad y todo solucionado. Junto con algunas medidas muy positivas (permiso de paternidad, cambios en la maternidad, etc.) se incluyen un montón de declaraciones meramente literarias y algunas ocurrencias paritarias, y eso se vende ante la opinión pública como un avance que ha terminado con siglos de desigualdad familiar y laboral.

En esta línea, ayer el Congreso decidió terminar con los malos tratos a menores. Es que están lanzados. El Código Civil decía que los padres podrían “corregir razonable y moderadamente a los hijos”. Según el Gobierno, eso era una puerta abierta al maltrato. No salgo de mi asombro: o yo no entiendo el castellano o no veo esa puerta por ningún lado. Y, desde luego, ningún Juzgado interpreta ese precepto como legitimador del maltrato. El maltrato infantil ya está claramente prohibido y castigado en el Código Penal, no hace falta modificar la ley para que sea así. Lo que hay que hacer es establecer medidas para cumplirla y aplicarla. Ayer, tras amplio debate, se ha suprimido esa frase. ¿Esto quiere decir que los padres ya no podrán corregir razonable y moderadamente a los hijos? No entiendo nada.

Así que, además de resolver de un plumazo la siniestralidad laboral, la inmigración ilegal, la violencia doméstica, las carencias de los dependientes y la discriminación a la mujer, como guinda de la legislatura acabamos de solucionar también por ley el maltrato a menores. Otro problema menos. Qué afortunados somos con legisladores tan eficaces.

Para el año que viene espero que los que salgan elegidos prohíban por ley la infelicidad, el dolor, la enfermedad o incluso el aburrimiento. Serían también avances históricos.

Cada vez me parece más razonable uno de los consejos que D. Quijote le daba a Sancho Panza cuando éste era gobernador de la Ínsula Barataria: “No hagas muchas pragmáticas, y si las hicieres, procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan es lo mismo que si no lo fuesen”.

 
(Ilustración: Pablo Egea Palomares, Justicia de los Reyes. Banco gratuito de Imágenes del CNICE-Ministerio de Educación).