Costa Rica (III). Tortuguero



Dentro de lo mucho que me gustó todo en Costa Rica, Tortuguero fue lo que más disfruté.

El Parque Nacional Tortuguero está en el Noroeste del país, en la provincia de Limón. Aunque los datos que encuentro son contradictorios, creo que tiene una superficie de unas 30.000 hectáreas terrestres y más de 50.000 marinas.

El desove de las tortugas marinas, que dan nombre al Parque, atrae cada año a numerosos visitantes. De las ocho especies de tortugas marinas conocidas en el mundo hay seis en Costa Rica y, de éstas, cuatro (la tortuga laud, la tortuga verde, la tortuga boba y la tortuga carey) ponen sus huevos en Tortuguero. Si han visto los documentales de La 2, National Geographic o similares, seguro que conocerán la repetidísima escena. Las hembras, una o dos semanas después del apareamiento, salen del mar por la noche. Cuentan que, instintivamente, van a la misma playa donde ellas nacieron. Allí excavan un agujero en la arena y depositan cuidadosamente sus huevos. Algunos naturalistas aseguran que a veces preparan otros nidos falsos para intentar confundir a los depredadores (entre ellos, como siempre, el hombre, a pesar de los controles y la vigilancia). Tras el período de incubación -aproximadamente entre mes y medio y dos meses y medio- las crías salen laboriosamente del huevo, rompiéndolo con su carúncula (una especie de diente temporal) y se desentierran. Luego, esas pequeñas tortugas recién nacidas caminan muy deprisa hacia el mar, para evitar la deshidratación y los peligros que puedan acecharlas. Entre febrero y noviembre se permite a los visitantes, en grupos controlados, observar por la noche la salida de las tortugas para anidar. En la época en que nosotros fuimos –diciembre/enero- no era temporada de tortugas, así que ya sabíamos que no podríamos contemplar este espectáculo de la naturaleza. Otro motivo para volver.


Uno de los elementos más característicos de este Parque Natural es su sistema de canales navegables, una obra de ingeniería que conectó algunos meandros de ríos y lagunas y que permite acceder a las distintas áreas de bosque lluvioso para su exploración. Al parque se puede llegar por vía aérea –avionetas o helicópteros- o por vía acuática, pero luego para moverse dentro del mismo de unas zonas a otras hay que hacerlo en embarcaciones. Esta red de canales es riquísima en fauna y flora.



Nosotros estábamos alojados en un lodge. Las cabañas no tenían cristales en las ventanas (no hacía frío, aunque sí humedad, porque en Tortuguero no hay realmente estación seca) sólo telas metálicas para evitar que entrasen insectos u otros animales. Te despertabas, pues, con el ruido que producían las aves, las ranas, los monos aulladores y otras especies. Ésta de la foto era mi cabaña. Acogedora, ¿a qué sí?

Por la mañana, nos llevaban en barcas a hacer excursiones con guías naturalistas, bien por los propios canales explorando sus orillas, o bien caminando por la selva.

Luego, en cuanto cogimos un poco de confianza y de conocimiento de la zona, nos movíamos en kayak por la red de canales, ya por nuestra cuenta, y nos acercábamos, por ejemplo, a Tortuguero pueblo.
El pueblo de Tortuguero es un poblado apacible, rodeado de selva y mar, con unos 700 habitantes a lo sumo, que viven de los visitantes (empresas de actividades y modestos establecimientos comerciales y hosteleros). Ahí es donde está la playa caribeña en la que anidan las torgugas y dónde capté el precioso atardecer que aparece en una de las fotografías que han visto más arriba.

Otra de las actividades que practicamos en Tortuguero es el canopy, que se oferta en muchas zonas de Costa Rica. Una parte importante de la vida de la selva se desarrolla al nivel de las elevadas copas de los árboles, por lo que queda lejos del ojo humano. Por eso se han popularizado los llamados canopy tours, la exploración de esas copas, bien mediante sistemas de plataformas metálicas por las que se camina o bien mediante la fórmula de ir colgado con un arnés a un sistema de cables, lo que nosotros llamamos aquí tirolina. Las plataformas sí permiten observar la vida natural a esa altura, mientras que la tirolina en realidad no, por la velocidad que se alcanza. Pero es una fórmula de ocio muy extendida. A mí me dan auténtico pavor las alturas y deslizarme de árbol en arbol a treinta metros de altura (o sea, la altura de un edificio de unos diez pisos) para mí no es divertido, más bien es un mal trago, pero por aquello de acompañar a los amigos... Ahí me tienen con cara de circunstancias subiendo a una de las bases.


Aquí Cristina nos enseña cómo hay que hacer la tirolina: con una mano se sujeta al arnés, utiliza la otra para deslizarse suavemente por el cable y no torcerse, lleva el cuerpo más o menos horizontal y las piernas cruzadas.


Sin embargo yo aquí hago un esfuerzo didáctico sólo para enseñarles a ustedes cómo no hay que hacer esto del canopy...: me agarro con las dos manos (y porque no tenía más que dos), llevo el cuerpo vertical para ver bien por dónde voy (tumbado no me fío nada), los pies van sin cruzar y llevo encima más miedo que vergüenza. Pero es que esas alturas a mí me imponen mucho cuando miro para abajo, no lo puedo evitar.



Llovió bastante esos días y, como verán, el bosque se encharcó un pelín y nos obligó a usar botas de agua:



Pero hay quien no necesita botas de agua. Para ellos es su hábitat natural:


Fue tanta la inundación en el bosque que, caminando por la selva, nos encontramos en tierra firme esta tortuga de río:


En la selva vas moviéndote, como es sabido, en medio de esa vegetación tan espectacular de árboles grandes, lianas, gigantescas raíces...


Pero en Tortuguero lo más increible es la cantidad y diversidad de fauna que puede hallarse. Las fotos no son muy buenas, pero sean conscientes del mérito porque, aunque pueda parecer lo contrario, los animales no están ahí quietos posando, hay que encontrarlos (por tu cuenta o, en muchos casos, con la ayuda de los naturalistas), pillar una imagen que se aprecie bien y hacerle la foto sin que huya, a veces desde una barca que oscila. Y todo esto, además, sin tener, en mi caso, un buen equipo fotográfico, cuando una buena óptica y un buen zoom son imprescindibles porque, al contrario de lo que puedan dar a entender algunas imágenes, lógicamente hay que hacerlo a distancia.

En la zona de los canales existía una gran variedad de aves. La anhinga, por ejemplo, es un ave acuática propia de la América Tropical con un plumaje oscuro pero brillante. En algunas zonas las llaman pájaro serpiente porque al nadar sólo exhibe su largo cuello. En el agua se oculta con facilidad sumergiéndose unos instantes hasta salir por otro lado y no resultaba fácil fotografiarla nadando. Cuando están en las orillas, entre la vegetación, si no te detectan es más sencillo captar alguna imagen. A menudo en el exterior del agua están con las alas abiertas, supongo que para secarse. El macho es todo de color negro:


La hembra, sin embargo, tiene el pecho y el cuello color canela:



Otra ave característica de Costa Rica es el ibis verde, una especie que se produce en un área de América desde Honduras hasta el Norte de Argentina. Su coloración de plumaje es un negro verdoso. Habita en los bosques lluviosos y en las zonas pantanosas próximas. Anida en los árboles.



Este animal es una garza nocturna, que anida en la vegetación sobre el agua y es más activa al atardecer y por la noche:


¿Ven como no es tan fácil hacerles la foto? Ésta me descubrió:

Aquí tenemos a la garza tigre, que también es otra ave de río muy vistosa por el colorido y que se alimenta de peces e insectos:


La jacana o cañito de agua tiene el cuello negro y el dorso rojizo, con unas llamativas protuberancias amarillas en la frente. Ave zancuda de largas patas, se mueve sobre la vegetación flotante de los ríos. La misma hembra copula con varios machos a la vez y, una vez que pone los huevos, son precisamente los machos quienes los incuban y los que luego cuidarán a los polluelos cuando nazcan (los ticos bromeaban diciendo que es un ave feminista).

Esta otra maravilla es conocida como espátula rosa, obviamente por el colorido de su plumaje y la forma del pico. También habita en las lagunas y humedales y se alimenta de crustáceos, moluscos...



No sé cuál será el nombre científico de estas aves, pero en Costa Rica se las conoce popularmente como soldaditos:


El ave que más me apetecía fotografiar, por lo exótico, era el tucán. Sin embargo se me resistió, o no los veíamos durante días o avistaba alguno demasiado lejos y tapado por las ramas de los árboles. Por fin Cristina fue quien detectó un ejemplar accesible. Para llegar dónde estaba sin que se me escapara, tuve que ponerme de barro hasta las cejas, pero por fin pude captar su imagen. La variedad concreta -porque los hay de distintos coloridos- es en este caso el tucán arakami. No es muy allá la foto, pero al menos conseguí mi tucán:


Una de las especies más presentes en Costa Rica son las pequeñas ranas. Hay muchas variantes de estos anfibios, de unos tres centímetros de longitud más o menos. Ésta es una de las más frecuentes, la rana blue jeans, de color rojo y con ancas oscuras azuladas. Tiene veneno en la piel para defenderse de sus depredadores.


Esta otra mini rana estaba en la puerta de una de las cabañas. No le hizo ninguna gracia el flash y me saltó directamente a la cara:


Ya sé que queda mucho más vistosa en un plano frontal, con su lengua bífida, su penetrante mirada y todo eso, pero en fin, ustedes me sabrán disculpar que a este animalito que viene a continuación no le hiciera la fotografía de frente. La boa permanece durante el día descansando entre la vegetación, con frecuencia en los árboles, y baja por la noche para cazar, a veces murciélagos o roedores terrestres, pájaros... pero en ocasiones también animales de mayor tamaño, pues son capaces de matar, por ejemplo, a un mono. Acaba con sus víctimas por constricción, se enrosca a su alrededor y les aprieta hasta estrangularlas.


Y por último esta iguana. Aunque es más usual verlas con tono verdoso, las iguanas pueden variar de color y fíjense la tonalidad tan anaranjada que ha adoptado ésta para mimetizarse con el tronco desnudo del árbol. Son animales hervíboros que se reproducen por medio de huevos. Tienen escamas y sus extremidades terminan en garras muy afiladas.


Aparte de que esto es una simple selección, me faltaron muchos animales sin encontrar o sin fotografiar. Uno que me quedé con muchas ganas fue el perezoso. En este caso, siempre los vi en árboles demasiado altos y con frecuencia parcialmente cubiertos por la vegetación, lo que me impedía sacar fotos donde realmente se les apreciara. Ahora bien, si los localizas con una buena imagen, por tiempo para hacer la foto no hay problema, porque no se caracterizan precisamente por su dinamismo y rapidez...

Aunque Tortuguero fue lo más interesante desde el punto de vista de naturaleza, todavía nos esperarían algunos animales en nuestros próximos destinos: Arenal y Playa Tambor. Y muchas otras cosas aparte de animales.



(Fotografías del autor y de Mario Marín, excepto las del canopy que son de los fotógrafos del mismo, Phocus Green).

16 comentarios:

j.p. dijo...

que buena pinta tiene el viaje, carlos. me parecen buenas algunas fotos, magnifica la de los chiquillos metidos en el agua

Shikilla dijo...

Impresionante reportaje, a ti te he visto muy suelto capaz de posar para la foto mientras vas por las alturas, te admiro porque yo tengo vértigo y sería incapaz del todo.

Qué bonito colorido en los paisajes y qué envidia me das.

Me gusta el vídeo también de abajo, de Noa, esa canción me encanta. Tanto es así que puede que ponga la canción entre la música de mi blog, vamos, que te copio!

Un abrazo, Tarzán, sigue así.

Anónimo dijo...

un abrazo tarzan?
creo que nos confundimos de personaje, aunque entiendo el error pues tambien andaba por las ramas.
me encantaria saber cuanto tiempo estuvo clara insistiendo en que subieses.

carlos dijo...

j.p., sí es majo el viaje, muy recomendable Costa Rica. La foto de los críos corriendo por el agua está un poco oscura -pero es que así estaba el día- y sí es simpática. A mí me gusta mucho la del atardecer en la playa de Tortuguero.

Shiki, tenéis que apreciar mi esfuerzo didáctico por mostrar cómo NO hay que hacerlo. Las imágenes son sólo una selección, pero creo que son un buen botón de muestra. Y todavía quedan más. Te aseguro que merece la pena el viaje, para mí fue una gozada. En sitios así sí que me olvido del trabajo y de todo.

Jajajaja, anónimo, bueno lo de las ramas. Clara no me insistió mucho, pero no sabes el pavor que pasé. Llegué muy decidido, porque no era consciente, hasta que empezamos a subir cada vez a mayor altura. Estuve a punto de rendirme, y se lo dije a Mario: mira, que yo me bajo aquí, por la escalera. Pero después de ver a Cristina, con 7 años y esa soltura, ya era cuestión de amor propio, aparte de que liaba una buena a los organizadores bajándome a mitad del recorrido en pleno bosque. Así que terminé, pero con auténtico miedecito. Está claro que lo de las alturas no es lo mío, tengo pánico y es un sueño recurrente.

Nin dijo...

Échale un vistazo. Merece la pena. Tal vez de para un post, ¿no?

www.paisdemierda.org

Pdt:¡Jo, qué viaje!

Fernando Solera dijo...

Vaya pedazo de viaje te has metido entre pecho y espalda, Carlos. Una pasada de las buenas, de ésas que provocan en el lector un aumento ostensible de su longitud dental.

Anónimo dijo...

No conocía yo esa faceta tuya de ave trepadora........de ahí a Cercedilla no hay nada. El próximo curso de tirolinas lo impartes tú.

Por cierto tienes mal el blog...sólo me puedo identificar como anónimo.....

Maravilloso viaje, ya te pediré algunas fotos

Mª Gemma dijo...

Gracias por contarnos tu viaje y experiencias...
Un saludo

carlos dijo...

Nin, Fernando, "Anónima", M. Gemma, me alegro de que os guste el relato y las fotos. Si os animáis alguna vez a ir por Costa Rica, lo disfrutaréis como yo. Quedan todavía un par de etapas del viaje que contar.

Javier Adán dijo...

Muy chulo los post de CR. a mi la selva me encanto. estuve en la de Perú. Muy buenas tus fotos y una gran experiencia.

carlos dijo...

Gracias, Javier. También mi primera experiencia viajera a la selva fue en Perú, en la selva amazónica en Puerto Maldonado.

Anónimo dijo...

Yo soy una tica orgullosa de mi pais, este 31 de diciembre lo pasamos de maravilla en Tortuguero y disfrutamos de las maravillas de la naturaleza que ha sido esplendida en Tortuguero.

Los invitamos a venir y descontaminarse de la modernidad

Un abrazo,
Ligia Rodriguez, Puntarenas, Costa Rica

Carlos dijo...

Gracias, Ligia, por tu mensaje desde ese hermoso país, del que tan buenos recuerdos me traje hace hace dos años. Un abrazo.

NuriaNómada dijo...

Buena manera de acabar y empezar el año, viajando...He elegido esta entrada tuya sobre el Parque de Tortuguero para comentarte. Me gustan esos canales, que me recuerdan a otros lugares...

Tienes buenas fotos de los animales, y tu texto es interesante y ameno aunque me parece un poco laaargo, es una opinión. Yo suelo escribir cuadernos de unas doscientas páginas en los viajes, pero luego publico fragmentos (tengo piedad de mis lectores, jeje), pero cada uno tiene su estilo...
Un gusto viajar contigo, Carlos. Besos.

Carlos J. Galán dijo...

Gracias, Nuria. Me alegro de que te hayan gustado algunas fotos y te haya interesado el texto. La verdad es casi nunca sé muy bien cómo hacerlo. La "capacidad de síntesis" la heredé de mi madre, así que no tengo remedio. En alguna ocasión mis relatos de viajes los he dividido en más entregas para que no fueran post excesivamente largos, pero también hay gente que se desconecta de la serie si se alarga. En fin, iremos probando. Bss.

Anónimo dijo...

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