Desde España (I) La crisis

Artículo publicado en la edición impresa de la revista argentina
El Descamisado nº 16, tercer trimestre 2012
 
El capitalismo siempre ha tenido crisis periódicas que utiliza como instrumento de regulación: son los momentos que aprovecha para ajustar salarios (y así frenar los aumentos de los mismos que los ciclos expansivos pueden producir) y para recortar derechos sociales. Es una constante histórica en el modelo económico dominante: beneficios que recaen en pocas manos, pérdidas que se acaban repartiendo entre muchos.

En España, la actual crisis económica se ha visto significativamente agravada respecto a los restantes países europeos, en especial en lo que se refiere al desempleo (estamos en tasas superiores al 20 % de paro, cifra que se eleva al 50 % entre los más jóvenes), por la práctica inexistencia de una estructura realmente productiva. El crecimiento económico español en los últimos años estuvo vinculado casi en exclusiva a la especulación inmobiliaria. Con la construcción y las actividades relacionadas con la misma, nuestro país llegó a batir récords de creación de empleo… Pero, a un ritmo aún más rápido, millones de personas se quedaron sin sus puestos de trabajo tan pronto como se pinchó la inconsistente burbuja.

En España los dos grandes grupos que se alternan en el gobierno, Partido Popular y Partido Socialista, son, al modo norteamericano, idénticos en lo sustancial: dos gigantescas maquinarias de intereses y de marketing disputándose el poder. Sus discursos son esencialmente intercambiables entre sí, de acuerdo con el rol que desempeñen en cada momento, gobierno u oposición.

La forma en que nuestra clase política ha gestionado y nos ha explicado la grave situación en la que nos encontramos ha sido, desde el principio y hasta hoy, una auténtica burla a los ciudadanos.


El ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero primero hizo el cálculo de que estábamos ante otra crisis meramente coyuntural que no se prolongaría mucho en el tiempo. Así que optó sencillamente por negar durante largo tiempo la existencia de la misma. Más tarde, adoptó algunas medidas superficiales, como maniobra de distracción: improvisó una pequeña ayuda fiscal indiscriminada (supuestamente para incentivar el consumo) o un apresurado y mal diseñado plan de obras públicas en los municipios (con el fin de desacelerar la destrucción de empleo). Creyó que, maquillando levemente las cifras, se podría aguantar hasta que el temporal escampase. Su discurso político reiterado era que de la recesión saldríamos sin recortes sociales. Pero ignorar públicamente la realidad y aumentar el déficit con medidas irreflexivas e ineficaces no era, evidentemente, la respuesta adecuada. La crisis se prolongó e intensificó mucho más de lo previsto, la situación de las finanzas públicas llegó a situaciones enormemente complicadas y, finalmente, la Unión Europea y los poderes económicos hicieron que Zapatero asumiera un nuevo planteamiento. Se desdijo de todo lo que había mantenido previamente, para realizar y justificar el que hasta ese momento era el mayor recorte social de la democracia, con subida de impuestos, supresión de algunas ayudas sociales, congelación de pensiones a los jubilados y rebaja del sueldo de los empleados públicos.

Las elecciones generales de noviembre 2011 dieron la victoria al Partido Popular de Mariano Rajoy con mayoría absoluta en el parlamento, pero sin que fuera capaz de generar una esperanza real. El resultado se debió mucho más al hundimiento del PSOE, al hartazgo ciudadano ante la falta de respuestas a una situación económica que se agravaba cada día, que a los méritos del ganador. Ya en el gobierno, enseguida se comprobó que el PP también había hecho un análisis falaz, al suponer que el mero anuncio de una serie de reformas y el propio relevo gubernamental despejarían las dudas en los países dominantes del continente, en los burócratas europeos, en los mercados y en los inversores. No ha sido así y, en pocos meses, prácticamente no queda ya una sola promesa destacada del programa electoral del PP que no haya sido flagrantemente incumplida. Las decisiones se están centrando, cómo no, en recortar de forma importante derechos laborales, en aumentar impuestos, en congelar salarios y prestaciones públicas… Pero nada que afecte (ni siquiera simbólicamente, por una cuestión de elemental ejemplaridad) a la reducción de los privilegios de la casta política, al derroche y la irracionalidad de las estructuras burocráticas que padecemos, o a los intereses de los grupos económicos poderosos.

Unos y otros, PP y PSOE, los mismos a los que no se les ha movido ni una pestaña viendo que millones de españoles se quedaban sin empleo, los mismos que contemplan impasiblemente como siguen cayendo miles de pequeñas y medidas empresas, los mismos que hasta hoy no han sido capaces de implementar una sola medida de apoyo a los emprendedores de verdad, corren sin embargo en auxilio de la banca cada vez que ésta lo precisa… O se acuerdan de enarbolar la bandera de un fingido patriotismo cuando toca defender los intereses de una multinacional petrolera, algo que les resultará sin duda conocido a nuestros hermanos argentinos.

Un día se nos intenta convencer de que es inevitable afrontar recortes incluso en la sanidad y la educación públicas para así ahorrar 10.000 millones de euros. Al día siguiente no se duda en anunciar que se inyectará el doble de esa cifra a una gran entidad financiera, Bankia.

Uno de los episodios más sangrantes en España, y del que recientemente estamos viendo los resultados, ha sido el de las Cajas de Ahorros. Nacidas como iniciativa social sin ánimo de lucro, eran entidades financieras que gestionaban el ahorro, sobre todo de particulares y pequeñas empresas, y que reinvertían obligatoriamente su beneficio en la llamada Obra Social en su ámbito territorial: salas de arte, proyectos universitarios, restauración del patrimonio histórico, centros culturales, residencias para mayores… Durante años, los políticos fueron tejiendo una legislación que les permitió ir copando sus órganos de representación, en detrimento de las entidades fundadoras y de los propios ahorradores. Las pusieron al servicio de los proyectos políticos que les interesaban, e incluso de su propia financiación, con créditos a su favor en condiciones privilegiadas y hasta frecuentemente luego condonados. A la vez que en muchos casos han terminado conduciéndolas a la ruina, los ejecutores de la operación las saqueaban sin pudor cobrando indemnizaciones y pensiones multimillonarias. El sistema de Cajas de Ahorros –un patrimonio social y popular- va a ser desmantelado por completo: primero las van a sanear con dinero público y, a continuación, serán servidas en bandeja a los grandes bancos privados para que las absorban.


Éstas son algunas de las negras pinceladas que definen el panorama que se vive en España: se ha pasado de un cierto bienestar económico medio en los años previos (aun cuando hubiera capas sociales de excluidos) a una situación negativa que afecta a sectores cada vez más amplios de la población. Numerosas familias son desahuciadas de sus viviendas por no poder pagar los préstamos. Otras han agotado el plazo máximo de la prestación por desempleo y ya no ingresan nada. Otras muchas han visto como se precarizan sus condiciones laborales. Jóvenes que no ven perspectiva de acceder a su primer trabajo, contemplan el futuro con justificado desaliento. Los crecientes sacrificios que se exigen sin respiro a la ciudadanía están recayendo sobre las mismas espaldas. Los políticos hablan todos los días y a todas horas del rescate a los bancos pero nadie se está ocupando de cómo rescatar a las personas.

Y, en medio de la incertidumbre, la mayoría de los españoles tenemos la sensación de que estamos pagando una crisis que no hemos provocado, mientras contemplamos la absoluta impunidad –cuando no la desvergüenza- de los verdaderos culpables.

El piropo español, a salvo de la crisis del ladrillo

Uno de los temidos efectos colaterales de la actual crisis económica es que se hubiera podido extinguir el tradicional piropo de albañil. No deberíamos olvidar tampoco la desorientación de los jubilados, sin obras que mirar y vigilar en todo el día. Pero centrémonos hoy en el desolador panorama que se podía haber producido: mujeres pasando delante de obras inactivas, desde las que nadie les dice que eso es carne y no lo que le echa su madre al cocido y todas esas frases tan sutiles e ingeniosas. 

Sin embargo, yo ayer me quedé mucho más tranquilo en este aspecto. Otros gremios han asumido su parte de responsabilidad para que no se pierdan nuestras esencias patrias. 

Sale A. ayer del metro con un precioso vestido de color…(bueno, da igual, de un color así como morado, no voy a acertar de ninguna forma con el nombre porque ella dice que no distingo entre violeta, malva, lila, fucsia, etc., y tiene razón) y al pasar frente a una parada de taxis se escucha un sonoro:

- ¡Ole, ole y ole! 

Mientras un compañero la eleva en la clasificación:

- Esto se merece cinco oles por lo menos. 

Ahí lo tenemos: otro gremio, con no menos solera, el del taxi, saliendo al rescate, cual Banco Central Europeo, de una de nuestras más arraigadas escenas costumbristas. 

Pero lo más sorprendente es un empleado del Banco Santander, que le dice a la misma A., que ha venido morenita de la playa: 

- Me entran ganas de darle un bocao a ese brazo gitano… 

Piropo bancario, un poco flojito (un albañil le hubiera dicho que le comía otra cosa), pero piropo al fin y al cabo. Y un ejemplo de compromiso por parte del empleado de banca, que sabe que su sector tiene mucha responsabilidad en esta crisis. Tiene su mérito, porque una ventanilla no es lo mismo que un andamio: la cercanía a la piropeada, el contexto, la falta de costumbre… Hay que valorar el esfuerzo. 

En fin, sensación de alivio, como comprenderán ustedes. La crisis, que tantas cosas se ha llevado por delante, no va a privarnos del piropo de toda la vida. Otros sectores se reciclan y toman el relevo. Ya podrían haberlo hecho así nuestros políticos con el empleo. 

Por cierto, A., que no te falte mi cuota y que el sector de la abogacía arrime también el hombro. Hala, a vencer la timidez, Carlos, y a soltar burradas. Una pequeña selección de finos piropos de albañil que te dedico, que sé que te gustan:

- El cipote de tu padre es mejor que el cincel de Miguel Ángel, pa haber hecho semejante escultura.

- Estás tan buena que te comería con ropa y todo aunque me pasara un mes cagando trapos.

- Chavalota, haría contigo más cosas que McGyver en Bricomania. 

- Si tú fueras Bollycao me comeria hasta el cromo. 

- Tienes unos ojos...que te comería to’l coño. 

Al más puro estilo, como se ve ;-)

En RNE, 28 y 30.06.12: una sentencia injusta e incomprensible


El programa de Radio 5-RNE Tolerancia Cero, que dirige Marta Gómez Casas, dedicó su atención el pasado 28 de junio, en un reportaje de su redactora Patricia Costa,  a una controvertida sentencia que ha otorgado la custodia a un padre que retuvo a sus hijos durante más de un año y les impidió ver a su madre. El espacio, además de exponer el testimonio de la mujer afectada y de su madre, quiso recabar la opinión de una psicóloga, Ana Isabel Gutiérrez Salegui, y de un abogado, por lo que, a propuesta de Ana, me invitaron a dar mi parecer profesional.

Éste es el audio completo de este espacio. El reportaje al que hacemos referencia está a partir del minuto 41:39.


La protagonista del caso es una mujer de etnia gitana, Mercedes [nombre supuesto para preservar su seguridad] que se casó a los 15 años con su primo, también gitano. A los 17 tuvieron su primera hija. Tres años después, su marido inició otra relación paralela. Mercedes comenzó a sufrir continuo maltrato físico y psicológico por parte de su pareja y de su familia política (suegra y cuñada). Tras seis años de soportarlo, decidió marcharse con sus dos hijos a vivir con su madre. Su pareja le exigió la entrega de los menores, a lo que ella inicialmente se negó. Esa negativa le obligó a huir durante algún tiempo de la ciudad en la que estaba con su madre. Al final, se vio obligada a entregar a sus hijos a la familia paterna bajo amenazas de muerte. El padre se los llevó fuera de la ciudad donde estaban escolarizados y donde residían, los retuvo en su poder y no les permitió, durante más de un año, tener contacto alguno con su madre. Cuando por fin ésta decide solicitar abogado de oficio y formular demanda para recuperar su custodia, el juez ha decidido, sorprendentemente, atribuírsela al padre. La sentencia está actualmente recurrida en apelación ante la Audiencia Provincial por el abogado que lleva el caso.

El juez no otorga ninguna consideración a los antecedentes de violencia, al no existir denuncia. Ana Gutiérrez Salegui aclaró que, aunque no hubiera denuncia formal, sí existía constancia de fechas de atención a la víctima y diversos testimonios cualificados que avalaban la veracidad de estos sucesos. Por su parte, la afectada explicó que el hecho de que una mujer presente una denuncia contra su pareja es, en la cultura gitana, algo proscrito y con graves consecuencias.

Yo pienso que, incluso prescindiendo de estos antecedentes y ateniéndonos a los propios hechos reflejados en sentencia, la argumentación de ésta -dicho sea con todos los respetos hacia una decisión judicial que obviamente no comparto- chirría gravemente.

La resolución parte de que "el comportamiento de ambos progenitores no ha sido el adecuado" y que tanto uno como otro han realizado acciones que justificarían que no se les otorgara la custodia. En el caso del padre, el juez refleja que "de forma unilateral no procedió a la devolución de los menores a su residencia (...), no habiendo permitido contacto con su madre desde entonces". Además, asegura que "queda claro para este órgano que, en la situación actual, el padre no es quien se encarga de forma directa e inmediata de sus hijos, desconociendo cuestiones tan esenciales como en qué año se escolarizaron o qué curso siguen actualmente, siendo su madre y su hermana quien parece ser (sic) que se ocupan de forma adecuada de su cuidado y atención". Y a la madre le reprocha, entre otras cosas, que dejase "a los niños varias horas solos en el parque". 

La sentencia está así equiparando hechos claros y no controvertidos con otros que son negados y no aceptados por la madre. Pero, lo que es más grave, está equiparando un comportamiento (dejar a unos niños de cierta edad en un parque jugando solos, que por cierto no es tan infrecuente en zonas rurales y pequeñas capitales de provincia) que tal vez podría ser inadecuado, con un hecho de tantísima gravedad como es la sustracción de menores, que puede tener incluso relevancia penal.

En estas circunstancias en que el juzgador achaca "inconvenientes" a ambos progenitores la sentencia opta por resolver "en base a lo que se considera más beneficioso para los menores, acudiendo a parámetros de segundo orden". Y, fundamentalmente, se basa en que "se considera más conveniente mantener la situación fáctica de los menores, antes que someterles a un nuevo cambio en cuanto a ciudad, núcleo familiar y colegio". Pero aquí es donde más perversa me resulta la lógica aplicada. Porque acordar que, para que no haya más cambios, se queden con el padre, cuando es éste quien se los llevó y quien les privó de ver a su madre durante más de un año, lanza, a mi modo de ver, un peligroso mensaje: legitima una situación de hecho cuyo origen es una conducta absolutamente ilegal.

Recuerdo a un hombre luchador


Creo que es de Jean Cocteau la frase “lo consiguieron porque no sabían que era imposible”. Algo así habría que aplicar a los vecinos de mi pueblo, El Hoyo de Pinares, en la lucha que mantuvieron entre 1995 y 2002 para lograr que la Educación Secundaria Obligatoria se impartiera en la localidad.

El mapa escolar que diseñó el Ministerio (PSOE) y que compartía la Junta de Castilla y León (PP), preveía que, con la progresiva implantanción del sistema establecido en la LOGSE, la oferta educativa en el municipio se limitase hasta los 12 años y que, a partir de esa edad, tuvieran ya que salir diariamente fuera de la localidad. Teníamos población escolar suficiente y un edificio que previsiblemente se quedaría vacío. Los padres no se resignaron y protagonizaron una rebelión cívica que hoy todavía me sigue pareciendo impresionante y aleccionadora. Porque lo difícil no era movilizarse masivamente. Lo complicado era mantener y dosificar inteligentemente esa movilización durante años, dar en cada momento el paso preciso, conseguir que los dos grandes partidos se implicaran a nivel local en esta reivindicación sin tirarse los trastos a pesar de las presiones que recibieran de sus “superiores”, y jugar la baza más adecuada en cada fase de un proceso largo y complejo.


Para ello, en una asamblea popular decidimos crear la Coordinadora en Defensa de la Enseñanza Obligatoria en El Hoyo de Pinares, que, encabezada siempre por madres y padres de alumnos para garantizar su independencia, agrupó a representantes políticos municipales de todos los signos, a representantes del centro educativo y a asociaciones locales en un objetivo común. Todos trabajamos con rigor y dedicándole muchas horas a lo largo de años: recogimos firmas, presentamos fundadas alegaciones al mapa escolar, remitimos informes y estudios a las autoridades, tuvimos una marcada presencia en los medios de comunicación, protagonizamos numerosos gestos reivindicativos, nos encerramos en la Dirección Provincial de Educación, mantuvimos infinidad de reuniones, nos manifestamos en El Hoyo de Pinares, en Ávila, en Valladolid y en Madrid… y llegamos incluso a practicar una sonada abstención masiva en unas elecciones generales. Conseguimos que los mismos políticos que no nos tomaban en serio al principio se sentaran finalmente a escucharnos y a dialogar. Hoy, El Hoyo de Pinares tiene un C.E.O., Centro de Educación Obligatoria, una tipología novedosa donde se imparten la Primaria y la Secundaria Obligatoria y los niños del pueblo no tienen que salir a estudiar fuera hasta los 16 años.


Yo personalmente no me olvido nunca de todas y cada una de las personas que formaron parte de aquella Coordinadora. Contábamos con el respaldo de todo el pueblo, que fue decisivo, pero sólo desde dentro se tiene una idea real de lo que supuso aquel trabajo y aquella lucha, para gente normal, de a pie, que no éramos expertos en nada, unos pequeños David que nos enfrentábamos a poderosos Goliat. Los que formamos parte de aquel empeño vivimos muchas cosas juntos, momentos amargos, dudas, decisiones difíciles, alegrías y mil y una anécdotas.

Entre los integrantes de la Coordinadora, estaba Luis Ayuso, un joven de la localidad, casado, padre de dos hijos (que luego fueron tres, mientras estábamos embarcados en la lucha), que como el resto se había comprometido para defender el futuro educativo de su pueblo. Al igual que sus compañeros, le robó tiempo a sus quehaceres personales y profesionales (en su caso, a su familia, a su negocio de fontanería y calefacción…) para aportar su apoyo a una lucha que sin duda mereció la pena.

Nos conocíamos antes -como es lógico tratándose de un pueblo- pero con ocasión de esa iniciativa se estrechó mucho la relación. Luis fue compañero en aquella aventura, fue cliente de mi asesoría hasta que no pudo ejercer su actividad por motivos de salud y fue, por encima de todo ello, amigo.

En el trato que tuvimos fui descubriendo a una persona trabajadora, luchadora, íntegra, respetuosa y afectuosa. Era serio y responsable en todo lo que acometía. Se implicaba socialmente en los asuntos públicos. Se comportaba con una coherencia admirable. Tenía, además, esa rarísima virtud de decir todo a la cara: tanto si te tenía que echar una bronca merecida como si te tenía que felicitar. Y ambas cosas las sabía hacer sin perder su sonrisa.

Hace ya muchos meses, a Luis le falló el corazón. A él, que tanto corazón, del otro, del de los buenos sentimientos, había derrochado con los demás. Nos vimos algún tiempo después del infarto y estuvimos hablando. Luego, en estos meses, charlamos un par de veces por teléfono y su gente más cercana me mantenía informado. La última vez que vi a Montse, su mujer, me prometí a mí mismo ir en breve al pueblo a visitarle. No fue ya posible. Quiero pensar que él, por aquello del afecto que sabe que le tenía, me lo habrá perdonado. Pero creo que yo no me lo perdonaré nunca.

El lunes 13 de agosto me llamaron para darme la noticia de que había muerto mientras le intentaban trasplantar un corazón compatible que había llegado.

Es muy duro y muy triste tener que decir adiós a un amigo. Lo es más si sólo tiene 48 años. Y mucho más aún cuando nos deja una buena persona.

En su enfermedad, Luis fue tan luchador hasta el final como lo había sido en toda su vida. Lástima que él, que había ganado tantas batallas, perdiera ésta. Sólo por mala suerte. Porque coraje, fuerza y ánimo no le faltaron.

El otro día pensaba que sus hijos, Diego, David y Esther, que han padecido la desgracia de perderle tan pronto, sin embargo pueden sentirse unos privilegiados por haberle tenido como padre.

Le vamos a echar mucho de menos.

(Las fotografías de la reunión de la Coordinadora y de la cabecera de una manifestación son de Manuel Tabasco, corresponsal de Diario de Ávila en El Hoyo de Pinares. En la manifestación Luis va en la pancarta de delante y yo, que era concejal de educación, iba en la de atrás, una norma que nos habíamos marcado: los padres de alumnos en primera línea y los "políticos" locales en segunda fila).

Acto público de presentación del libro La empresa ante las bajas por incapacidad temporal

Como ya anuncié en su día en una entrada del blog, el pasado 17 de mayo tuvo lugar, en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, amablemente cedido para la ocasión, el acto de presentación pública del libro La empresa ante las bajas por incapacidad temporal, del que soy coordinador y coautor y en el que participan Ana Isabel Gutiérrez (psicóloga), M. Paz Martín (abogada y profesora), Antonio Salas (FREMAP) y David A. Sanmartín (detective privado).

Aunque ya ha pasado tiempo, para quienes les interese la materia y no pudieron estar, dejo aquí la grabación completa del acto, gracias a la gentileza de Vorácine y de IF3 Social Media:



En sustitución de Luis Asensio, Presidente de Fundación Confemetal, presentó el acto Valle Molinero, Directora de Programas de Formación de esta entidad, cuya editorial ha publicado la obra. Tras exponer la labor realizada por su Fundación en apoyo a las empresas y trabadores, hizó hincapié en el fenómeno del absentismo como objeto de atención empresarial, y explicó que "este libro, de una forma práctica, amena y sencilla, trata desde todos los distintos ámbitos la problemática de las bajas laborales". 

La psicóloga Ana Isabel Gutiérrez Salegui resaltó la relevancia específica de las bajas psiquiátricas y la dificultad que reviste su tratamiento y control. Hizo referencia a las herramientas con que se cuenta hoy para detectar la simulación, la disimulación o la neurosis de renta, apelando a una adecuada formación permanente de los profesionales. Defendió una política flexible en la reincorporación al trabajo y un cambio de los parámetros legales y prácticos desde los que se afrontan hoy este tipo de bajas. Apostó por una adecuada política de prevención en la empresa y una detección precoz de los síntomas.

Por su parte, Antonio Salas Baena, director de prestaciones de la Mutua Fremap y miembro del grupo de trabajo de prestaciones de AMAT, defendió un mayor papel de las Mutuas en el control de las situaciones de IT por contigencias comunes, basándose en la experiencia práctica y los resultados eficaces acreditados en el ámbito de las contingencias profesionales. En su capítulo del libro, este especialista ofrece una serie de medidas preventivas a las empresas para evitar o reducir las bajas por incapacidad temporal.

Cerré yo el turno de intervenciones, recordando, a través de varios titulares de prensa, como las bajas laborales ha trascendido del ámbito empresarial para convertirse con frecuencia en una preocupación social. Creo que la reducción de bajas temporales en una responsabilidad que debería ser compartida por empresarios y trabajadores. En el acto tuve ocasión de elogiar, uno por uno, el trabajo de mis compañeros y hacer un repaso sobre el contenido de la obra, de cuyo resultado me siento satisfecho. "No nos planteábamos -aseguré- hacer un trabajo teórico y doctrinal. Queríamos un manual práctico y útil para las empresas".

En RNE, 15.05.12: las bajas laborales, una responsabilidad compartida


Como ya anticipé en una anterior entrada, el pasado 15 de mayo de 2012, tuve el placer de volver a sentarme ante los micrófonos de Radio Nacional, en esta ocasión como invitado, en la tertulia de Afectos en la noche, el programa de actualidad social que dirige y presenta cada noche Silvia Tarragona, para hablar sobre el libro La empresa ante las bajas por incapacidad temporal, que he coordinado y cuya autoría comparto con la abogada y profesora M. Paz Martín, la psicóloga Ana I. Gutiérrez, el director de prestaciones económicas de FREMAP Antonio Salas y el detective privado David Sanmartín.

Éste es el podcast completo de la intervención:


El subdirector del espacio, Óscar López, introdujo la conversación con un interesante informe, en el que, entre otros datos, recordó que, según la CEOE, cada día faltan en España un millón de personas a su puesto de trabajo. La patronal cifra las bajas injustificadas en un 20 %, porcentaje que reduce a menos del 12 % la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo.

Yo apunté que, según el reciente Informe Adecco sobre absentismo, se produce una media de 11’6 días perdidos por trabajador y año, una cifra por encima de la media europea y una de los más altas entre los países desarrollados objeto de la comparativa. La preocupación de la gente por conservar su puesto de trabajo ha hecho que en estos últimos años de crisis se haya reducido el absentismo, pero sigue estando en niveles elevados.

Pero, en la reducción del absentismo, opino que no se tiene que pensar exclusivamente en evitar conductas irregulares de los empleados: “Las causas del absentismo son muy variadas y no sólo tienen que ver con situaciones de fraude por parte de algunos trabajadores. A veces también tienen que ver con conductas atribuibles a la empresa, como climas de trabajo que provocan estrés, falta de medidas de prevención de riesgos laborales que provocan accidentes evitables, etc. Hay que poner la linterna, indudablemente, sobre aquellos trabajadores que fingen sus bajas o las prolongan artificialmente, pero sería injusto extender una sospecha generalizada”.

La periodista Nuria Ribó, colaboradora habitual del programa, subrayó “la impresión de equilibrio y de ecuanimidad” de este trabajo. Agradecí esa apreciación, porque “en España cada vez que escribes algo sobre una materia padeces la sospecha de en qué 'bando' estás, si el libro es 'a favor o en contra'”. Y en este caso hay que buscar el sentido común: “Estamos a favor de que se den las bajas que se tienen que dar y que duren lo que tienen que durar, ni más ni menos”. “Yo siempre digo –afirmé- que, por mucho que los empresarios pongan el acento en evitar que haya bajas fraudulentas o abusivas y que los sindicatos lógicamente lo pongan en defender los derechos del trabador en situación de baja, no debería haber ningún empresario tan insensato como para querer que quien no está en condiciones de trabajar esté en su puesto de trabajo, como tampoco ningún trabajador debería solidarizarse con quien, estando en condiciones de trabajar, está en su casa cobrando una prestación de todos”.

Personalmente apuesto por no vincular medidas de reducción del absentismo y crisis económica, me parece un grave error: “La lucha contra el absentismo injustificado se tiene que dar en todo momento, con independencia de coyunturas como la crisis actual. En la medida en que se intenten vincular las medidas de reducción del absentismo con medidas de recortes sociales, yo creo que nos equivocamos”. Considero que, si en tiempos de crisis, “apretamos las clavijas” indiscriminadamente, el efecto no deseado puede ser que “haya personas trabajando cuando no deben, por miedo a cogerse una baja y perder su puesto de trabajo”. En este sentido, mostré mi posición contraria a la nueva regulación del despido por absentismo introducida en la reforma laboral: “Me parece injusta, se aprovechará para casos que no tienen que ver con esta causa. Creo que no va a reducir el absentismo. Pero, si disminuye, será por miedo y no porque se corrijan los factores que lo producen”. Cree que “miedo es una palabra que habría que desterrar del vocabulario en el ámbito laboral. Deberíamos poder ejercer nuestros derechos, sin abusos, pero también sin restricciones injustificadas”.

Aposté por dar un mayor protagonismo a las Mutuas colaboradoras de la Seguridad Social, con los adecuados controles. “La vigilancia administrativa de las bajas laborales en contingencias comunes depende hoy de los médicos de atención primaria que extienden los partes de baja, confirmación y alta”. Es decir, se convierte en controlador administrativo a un profesional de confianza del paciente, cuya función debería ser curarle, no fiscalizarle. Añadí que “cuando se da la baja en atención primaria se hace a menudo en atención únicamente a lo que el trabajador refiere, porque no hay posibilidad material de realizar pruebas diagnósticas de forma rápida. Primero se da la baja y las pruebas ya se harán después”. Pienso que “las Mutuas están especializadas en Medicina del Trabajo y, a la hora de considerar una baja, lo harían no sólo en relación con el estado del enfermo, sino con el concreto puesto de trabajo de éste. Podrían controlar mejor la duración del proceso, podrían ejercer un mayor seguimiento e intervención en su recuperación, con la posibilidad de adelantar tratamientos, etc.”

Sobre el complejo asunto de las bajas psíquicas, Silvia Tarragona apuntó que, según la OMS, la depresión será en breve la principal causa de bajas laborales. Yo me referí al capítulo específico del libro, escrito por Ana Isabel Gutiérrez Salegui. Aludí a su más difícil control, pero expliqué que la autora apuesta por la detección precoz de síntomas y por la necesidad de impulsar medidas de recuperación desde otros parámetros distintos a los actuales.

En cuanto al papel de los detectives en la investigación de bajas, asunto al que también dedica atención este volumen en el capítulo escrito por el investigador privado David A. Sanmartín, dije que “no me parece adecuado extender este tipo de vigilancia sobre todos los trabajadores de baja, porque hay métodos de control menos invasivos. Pero es una herramienta muy útil en aquellos casos en los que existe una sospecha fundada de que se realizan actividades incompatibles con la situación de IT o que perjudican la recuperación”.

A preguntas de Silvia Tarragona, aludí también a las medidas preventivas que, tanto Antonio Salas como Ana Isabel Gutiérrez contemplan en sus respectivos capítulos. “La vigilancia de la salud laboral tiene que ser efectiva y a menudo la hemos convertido, como tantas cosas en España, en una cuestión de puro trámite”, aseguré.

La redactora del espacio Marta Conde resumió algunas de las aportaciones de los oyentes en las redes sociales y, a lo largo del programa, se dio paso a varias llamadas en las que se trataron cuestiones relacionadas con el papel de los médicos de atención primaria, el control de abusos empresariales, qué son las Mutuas, o la actuación de los Equipos de Valoración de Incapacidades, entre otras.