Luis Javier Sánchez
Presentación del Premio del ICAM en Memoria de los Abogados de Atocha
Publicado en Confilegal, 02.10.2016
EL COLEGIO DE ABOGADOS DE MADRID PRESENTA LA PRIMERA EDICIÓN DEL PREMIO ABOGADOS DE ATOCHA
Luis Javier Sánchez
A punto de cumplirse cuarenta años del trágico atentado que segó la vida de cuatro abogados laboralistas y un estudiante de Derecho y dejó malheridos a cuatro letrados en un bufete situado en Atocha 55, la abogacía ha decidido recordar la memoria de estos letrados.
Aquel fatídico 24 de enero de 1977 quedó marcado por la llamada “Matanza de Atocha”, un momento clave para la transición española.
A la película "Siete días de Enero" de Juan Antonio Bardem y al libro publicado a primeros de año "La matanza de Atocha. 24 de enero de 1977" (La Esfera de los libros), obra de Jorge e Isabel Martínez Reverte se ha sumado la iniciativa del Colegio de Abogados de Madrid.
Por ello la Decana, Sonia Gumpert, acompañada del vicepresidente de la Fundación Abogados de Atocha, Raúl Cordero, y del presidente de la Sección de Derecho Laboral del Colegio, Carlos Javier Galán, ha presentado la primera edición de los Premios En Memoria de los Abogados de Atocha convocados por la propia entidad colegial.
“Éste era, es y será para siempre –dijo Gumpert– el Colegio de nuestros compañeros asesinados y, por tanto, somos depositarios de un legado moral de formidables dimensiones, que nos impone obligaciones irrenunciables no sólo para conservarlo, sino para hacerlo crecer”.
Para la Decana, los abogados de Atocha son “una inspiración para la los empeños de hoy en la regeneración del Estado democrático y en la causa, siempre inacabable, de los más débiles”. Por ello, este premio hace para “honrar a los compañeros asesinados en la calle Atocha y en reconocimiento de los valores de la abogacía en la defensa de los Derechos Humanos”.
Por su parte, Raúl Cordero agradeció la iniciativa del ICAM: “Hace cuarenta años, cuando el gobierno quería hacer un entierro semiclandestino, el Decano Antonio Pedrol dio la cara para que los abogados de Atocha fueran velados en su Colegio y honrados como se merecían. Cuarenta años después, con Sonia Gumpert, los abogados de Atocha vuelven por la puerta grande a su Colegio”. La Fundación apoya por ello la iniciativa y un representante de la misma formará parte del jurado.
En su intervención, el Presidente de la Sección de Derecho Laboral y uno de los impulsores de la idea, Carlos J. Galán, recordó que los abogados de Atocha “concibieron el Derecho como una herramienta más de lucha y supieron exprimir las leyes de la dictadura para defender los derechos de los trabajadores”.
Aseguró que “en el mundo actual, se lucha por la libertad de expresión, s contra las condiciones de esclavitud laboral, se defiende el acceso de la mujer a la educación en países donde se le quiere privar de ese derecho básico, se combate las redes de trata de personas, se denuncia la explotación infantil, o se defiende a los refugiados en una Europa que parece olvidar por momentos sus valores.”
En todas situaciones Galán recordó que "también hay abogados haciendo lo mismo: usando el Derecho como herramienta para defender derechos sociales”. Por ello, afirmó “queremos reconocer a esos juristas comprometidos y hacerlo con un nombre tan querido para nosotros como es el de los abogados de Atocha”.
El premio, que ha sido creado en colaboración con la Fundación Abogados de Atocha de CCOO, se divide en dos categorías. Por un lado se encuentra la categoría ‘Sénior’, que premiará a los abogados de todo el mundo por su labor en el campo de los derechos humanos desde el ámbito social.
Por otro lado, la categoría ‘Junior’ entregará el premio ‘Serafín Holgado’, en memoria del estudiante de derecho fallecido. Esta categoría premiará a los estudiantes de derecho, los cuales tendrán que presentar un ensayo jurídico breve sobre un tema social relacionado con los derechos humanos.
HISTORIA DE MUCHOS AGRADECIMIENTOS PÓSTUMOS
Las candidaturas podrán ser presentadas hasta el 31 de diciembre de este año, por al menos 25 firmas de abogados o por asociaciones de letrados legalmente constituidas, entre otros, y los galardones se fallarán en enero de 2017.
La Fundación Abogados de Atocha de Comisiones Obreras de Madrid trabaja desde el 2004 para que los abogados de Atocha continúen vivos en la memoria de la sociedad. Es un homenaje continuo a los abogados asesinados el 24 de enero de 1977 en Atocha 55: Luis Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez y a sus compañeros malheridos, Alejandro Ruiz-Huerta, Luis Ramos, Dolores González y Miguel Sarabia.
A lo largo de los años han sido numerosos los homenajes en recuerdo de las víctimas de Atocha. Además de la puesta en marcha de dicha entidad, dieron su nombre al Centro de Empleo y Formación de CCOO de Madrid, situado en la calle Sebastián Herrera, 14.
En 2007, en recuerdo a los ausentes se adoptó como lema las palabras de Paul Éluard: "Si el eco de su voz se debilita, pereceremos”.
Al mismo tiempo, el Estado español les ha concedido la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo y la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, la más alta distinción que se da en la Judicatura; la Comunidad de Madrid les otorgó la Primera Distinción a la Tolerancia que se concedía.
Además, en estos momentos, 25 municipios madrileños y muchos más en toda España tienen alguna calle, parque, plaza o edificio público que lleva el nombre de los Abogados de Atocha o de alguno de sus integrantes. También el Ayuntamiento de Madrid creo hace tres años un grupo escultórico en la Glorieta de Antón Martín, a escasos 30 metros del número 55 de la calle de Atocha, que representa El abrazo del artista valenciano Juan Genovés.
Centenario de la muerte del banderillero Serafín Uría, "Barbero"
Publicado en Programa de Fiestas de San Miguel 2016 de El Hoyo de Pinares y en Diario de Ávila, 27.09.2016
29 de septiembre de 1916. El Hoyo de Pinares había festejado por la mañana a su patrón, San Miguel Arcángel, con misa y procesión. Por la tarde, se celebraba una novillada en la plaza del pueblo, habilitada como coso taurino para satisfacer una afición inmemorial.
El novillero Francisco Martínez, Palmerito, se enfrentaba al primero de la tarde, un difícil ejemplar de la ganadería de Robles, cuando el banderillero Serafín Uría, Barbero, resultó fuertemente corneado.
Según narraron algunas crónicas de la época (publicadas en La Acción, Heraldo de Madrid, La Correspondencia de España y La Lidia) fue trasladado a la enfermería, donde el médico le atendió sin percatarse de que su situación fuera tan grave.
Para que se recuperase de la conmoción y poder ponerse en camino a Madrid, lo acogieron en un domicilio particular. Allí fue empeorando, hasta sufrir horas después una parada cardíaca. En el pueblo no se conocía su estado y se había mantenido el baile, en el que muchas personas disfrutaban ajenas a la tragedia que se producía a poca distancia. A las diez de la noche, moría en El Hoyo de Pinares Serafín Uría, con tan solo veintiséis años.
El acta de defunción, extendida el 1 de octubre y suscrita por el juez Julio Miguel y por el secretario Vicente Herranz, recoge como causa de la muerte “fractura de la base del cráneo”, tras haberle practicado la autopsia. El declarante fue el alguacil de la localidad y firmaron como testigos dos vecinos, Sebastián Herranz y Rafael Martín.
Serafín había nacido el 10 de julio de 1890 en Madrid. Era hijo de madre soltera, Teresa Uría, de Villafranca del Bierzo (León). La familia vivía en el madrileño barrio de Chamberí, concretamente en la calle Covarrubias y, al parecer, tanto la madre como los hermanos dependían de los ingresos del banderillero.
El desafortunado joven recibió sepultura en el cementerio municipal de El Hoyo de Pinares. Es de suponer que la familia no pudiera acometer los gastos del traslado y de adquirir nicho en la capital. De la precaria situación económica en que quedaron sus allegados nos da idea el hecho de que, algunas semanas más tarde, el 15 de octubre de 1916, se celebró en la Plaza de Toros de Tetuán una cuestación a su favor entre el público después de lidiarse el tercero de la tarde. Los toreros que tomaban parte en la corrida, junto a otros que estaban de espectadores y se unieron, recolectaron 145 pesetas de la época para la madre y hermanos de su compañero, un gesto del que dan cuenta las revistas La Lidia y Toros y Toreros.
El desafortunado joven recibió sepultura en el cementerio municipal de El Hoyo de Pinares. Es de suponer que la familia no pudiera acometer los gastos del traslado y de adquirir nicho en la capital. De la precaria situación económica en que quedaron sus allegados nos da idea el hecho de que, algunas semanas más tarde, el 15 de octubre de 1916, se celebró en la Plaza de Toros de Tetuán una cuestación a su favor entre el público después de lidiarse el tercero de la tarde. Los toreros que tomaban parte en la corrida, junto a otros que estaban de espectadores y se unieron, recolectaron 145 pesetas de la época para la madre y hermanos de su compañero, un gesto del que dan cuenta las revistas La Lidia y Toros y Toreros.
En el viejo cementerio de nuestra villa puede encontrarse la tumba en la que, a pesar del deterioro del siglo transcurrido, aún puede leerse: “A nuestro infortunado hijo Serafín Uría Barbero, víctima del toreo el 29 de septiembre de 1916, a los 26 años de edad. Tu madre, tía y hermanos nunca te olvidan. D.E.P.”. Durante muchos años se conservó la memoria de un suceso que impresionó hondamente al pueblo y, por ello, cada 1 de noviembre, cuando las familias iban a honrar a sus difuntos, era costumbre que las jóvenes de la localidad depositaran flores sobre esa solitaria lápida.
Este año, con ocasión de cumplirse el centenario de aquella desgraciada muerte, la Corporación Municipal ha tenido el acierto de programar un hermoso gesto de recuerdo a Serafín Uría Mauriz, Barbero. El jueves 29 de septiembre de 2016, la novillada se lidiará con divisas negras y la plaza guardará un minuto de silencio en memoria del torero. Un hombre joven que vino a El Hoyo de Pinares hace cien años, quién sabe si persiguiendo con vocación sus sueños, o tal vez solamente en busca de unos pequeños ingresos con los que mantener a su familia, y que ya nunca regresaría al hogar donde lo esperaban.
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(Ilustración: Torero cubista de Rafa Chevira, y fotografía de la sepultura de Serafín Uría en el cementerio de El Hoyo de Pinares de Manuel Tabasco)
Timoteo Gallego, alcalde de El Hoyo de Pinares (1952-63)
Publicado en el Programa de Fiestas de San Miguel 2016 de El Hoyo de Pinares
El pasado 8 de julio falleció, a los 98 años de edad, Timoteo Gallego Galán, quien fuera alcalde de El Hoyo de Pinares durante más de una década, un mandato que sin duda marcó un punto de inflexión en la evolución del municipio. Si cada año damos a conocer aquí episodios de nuestra historia local, resulta muy oportuno recordar en esta ocasión algunos de los hitos fundamentales de esa etapa.
Timoteo Gallego fue nombrado alcalde por el gobernador civil de Ávila el 11 de julio de 1952, sustituyendo en el cargo a Fabriciano Galán Tejedor. Para las más recientes generaciones hay que explicar que, durante el régimen franquista, los alcaldes no eran elegidos democráticamente, sino nombrados por el Gobernador Civil (figura que es la antecesora de los actuales Subdelegados del Gobierno en cada provincia, pero con mayor poder). Los concejales, por su parte, se renovaban por tercios: uno ellos designado por el sector sindical, otro por las instituciones culturales de la localidad y el tercio restante elegido por los cabezas de familia del pueblo, pero sin que se autorizase la existencia de partidos políticos.
A mediados del siglo pasado, el pueblo carecía de suministro de agua potable. El agua para beber, cocinar, limpiar o asearse, se tenía que llevar en cántaros a las casas. En la parte alta del arroyo se lavaba la ropa. Y en la parte baja del mismo –que atravesaba el casco urbano- y en muchas callejas se arrojaban aguas fecales, porque las viviendas, claro está, tampoco contaban con cuartos de baño ni desagües.
Éste es el panorama en el que la Corporación Municipal presidida por Fabriciano Galán acuerda poner en marcha en 1951 la ambiciosa obra de abastecimiento de agua al municipio, aprobando un presupuesto de 1.213.138 ptas. y solicitando el auxilio estatal.
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| Inauguración red de agua potable |
El agua potabilizada abasteció inicialmente las fuentes públicas y, durante los años siguientes, hasta 1958, se adoptaron los acuerdos precisos que permitieron que llegase a los hogares y que el municipio contase con una red de saneamiento. La transformación que supuso esta obra fue inmensa, en términos sanitarios y de calidad de vida.
Coincidiendo con el abastecimiento de agua, se construyó en 1955 una nueva fuente en la entonces denominada Plaza de los Mártires, hoy precisamente Plaza del Caño. Con un presupuesto de 14.900 ptas., el cantero Julián Estévez se encargaría de ejecutar esa obra, que actualmente es uno de los emblemas de nuestro pueblo. Luego se le encargarían siete fuentes más, distribuidas por distintos barrios.
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| Bendición y entrega de viviendas sociales |
El 23 de enero de 1955 el consistorio acuerda ofrecer a la Obra Sindical del Hogar de la Delegación Nacional de Sindicatos dos terrenos del municipio para la construcción de 50 viviendas en cada uno. La primera fase que aprobó este organismo fue de 34 viviendas en el Plan Sindical de 1955. En 1959 se lograría la aprobación de otra promoción de viviendas sociales. Las llamadas popularmente “casas baratas”, en la zona de Fuente Nueva y en la zona de la Herrén de las Ánimas, contribuyeron a mejorar la vida de muchas familias y fueron otro impulso a la modernización del municipio.
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| Inauguración Escuelas, 1957 |
Para ello, la Corporación acuerda acogerse a las subvenciones que el Ministerio de Educación otorgaba y utilizar para el futuro edificio escolar un solar de propiedad municipal en la “Herrén del Cristo”. Como curiosidad, señalaremos que hubo de llegarse a un acuerdo con la iglesia, porque en el mismo había estado ubicado un viejo cementerio, cuyos restos se trasladaron al actual (obviamente nos referimos a su ala más antigua, de los años veinte, y no a la ampliación que se llevo a cabo en la década de los ochenta).
Se acordó que el proyecto contase con dos clases unitarias y ocho clases o grados más, cuatro para niños y cuatro para niñas. El 12 de diciembre de 1954 se sacó a concurso-subasta su ejecución y el 23 de enero se adjudicó al constructor Mario Iglesias Ferrer en la cantidad de 1.200.000 ptas., la mitad subvencionada por el Estado. La ejecución de la obra culminó en 1957.
También corresponde a este mandato la edificación del Matadero Municipal de ganados. El 30 de febrero de 1955 se da luz verde al presupuesto, de 198.581 ptas. para unas instalaciones que se ubicarían “en el sitio llamado Los Herrenazos, entre el Camino del Cementerio y la Carretera de Valdemaqueda”.
En 1957, el pueblo vivirá una jornada histórica y festiva con la inauguración de la red de agua, las Escuelas y el Matadero, en presencia de las autoridades provinciales. Timoteo quería que el acto gozara de la solemnidad que la ocasión requería y así lo expuso al pleno: “Sería prudente que, al tener lugar la total terminación de las obras de abastecimiento de aguas a la población, así como también las de construcción de los Grupos Escolares y Matadero Municipal, ambas de bastante consideración y de incalculable utilidad para el vecindario en general, se lleve a efecto la inauguración de las mismas con toda la brillantez que sea posible, dada la importancia de estos servicios para el progreso en esta localidad, señalándose una fecha para la realización de la ceremonia, a la que serán invitadas cuantas autoridades y jerarquías sean dignas de tal distinción”.
El 31 de diciembre de 1960 se acuerda adquirir terrenos para que el Grupo Sindical de Colonización construya una Bodega Cooperativa para los viticultores de El Hoyo de Pinares, edificio cuya ejecución saldría a subasta en el Boletín Oficial del Estado en 1962.
La educación y la cultura fue otra de las inquietudes del Ayuntamiento, que promovió la creación de una Academia para preparar alumnos de la localidad para el Bachillerato Elemental, dispuso becas municipales para ayudar a las familias de estudiantes y creó la Escuela de Formación Profesional de la Madera, donde muchas personas aprendieron un oficio.
Una parte de un edificio de titularidad municipal sito en Plaza de los Mártires sería cedido en 1956 para ubicar la Hermandad de Labradores y Ganaderos. La otra mitad del mismo edificio se alquilaría en 1958 por 1.200 ptas. anuales para que el pueblo contase con otro nuevo servicio: la sucursal de la Caja de Ahorros de Ávila.
También muchas calles, como Santa Teresa, Plaza de la Resurrección, Portugal, Mediodía, etc. fueron pavimentadas en la época, algunas de ellas con adoquinado fabricado por los canteros del propio pueblo.
La subasta y adjudicación de decenas de parcelas en las zonas de la Perdiguera y Niña Montero a partir de 1959 supuso el impulso decidido del Ayuntamiento a una incipiente colonia veraniega, que transformaría definitivamente la realidad de nuestro pueblo.
El 24 de julio de 1962 el pleno acordó la construcción de las piscinas naturales, mediante retenciones en el río Becedas.
El fructífero período de Timoteo al frente de la alcaldía terminó en enero de 1963. No cabe duda de que, durante ese mandato, El Hoyo de Pinares da el salto de la miseria de posguerra al desarrollo. Pasa de ser un pueblo agrario a desarrollar por vez primera los sectores del turismo, la construcción y los servicios, tendencia que continuaría con los dos siguientes alcaldes.
Podría pensarse que la localidad se limitó a verse beneficiada por esa misma evolución en el país. Y no es cierto. Efectivamente, España experimenta similar transformación con los Planes de Desarrollo, pero fue algunos años más tarde y, además, ese crecimiento económico no benefició a todos los municipios sino que, muy al contrario, marcó el inicio del éxodo rural a las ciudades y la desaparición de no pocos pueblos.
Fue la capacidad visionaria de quien estaba en la alcaldía, con el apoyo de los integrantes de sus Corporaciones, lo que permitió que nuestra villa se adelantase a tener servicios esenciales para la población y a sentar las bases para, a continuación, promover que pudiera ser también elegida como segunda residencia. Un acierto que cambió el destino de El Hoyo de Pinares, que, hasta mediados de la década de los setenta, experimentaría un notable desarrollo.
Aunque sólo me estoy refiriendo a su etapa como regidor y no a toda su trayectoria vital, creo que no sería justo quedarnos con la imagen de Timoteo Gallego únicamente como alcalde de la dictadura, aun cuando tuviera esta brillante gestión. Ha de reconocerse también que fue un hombre que, años después, apostó por la reforma democrática, por la reconciliación y por la convivencia de todos.
Dotado de una gran inteligencia e interesante conversación y con casi un siglo de vida a sus espaldas, Timoteo era historia viva. Una calle con su nombre recuerda hoy en nuestra localidad a un alcalde cuya gestión, como toda obra humana, tendría sus virtudes y sus defectos, pero cuya extraordinaria visión de futuro contribuyó posiblemente a cambiar el destino de nuestro pueblo.
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Fuentes consultadas:
- Archivo Municipal. Libros de actas de plenos. (Mi agradecimiento a Juan Luis Beltrán por su inestimable colaboración en la labor de documentación).
- Libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del Ayer. Carlos Javier Galán. 1999.
- Artículo Los alcaldes del siglo XX en El Hoyo de Pinares. Raúl Santamaría. Programa de fiestas 2002.
- Artículo Timoteo Gallego Galán, de la serie Alcaldes de Hoyo de Pinares. Juan de Pablo Ayuso. El mirador de la Sierra.
- Serie de artículos Retazos de nuestra historia. Carlos Javier Galán. Programas de fiestas de San Miguel en El Hoyo de Pinares, 2001 a 2005.
- Boletín Oficial del Estado
- Diario de Ávila
- Diario hoyanco
Imágenes:
- Fotografías cedidas por Timoteo Gallego Galán para el libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del Ayer, de Carlos Javier Galán.
- Fotografías cedidas por Timoteo Gallego Galán para el libro El Hoyo de Pinares: Imágenes del Ayer, de Carlos Javier Galán.
Homenaje a Teresa Beltrán
Hoy sábado 10 de septiembre El Hoyo de Pinares rendirá merecido tributo a la acuarelista natural de esa villa Teresa Beltrán. Por diversas circunstancias, no será posible que esté físicamente presente y participe en el acto, pero nada ni nadie va a impedir que, aunque sea desde la distancia, sume mi palabra a este homenaje.
Nuestra primera conversación tuvo lugar hace casi treinta años, con ocasión de una entrevista que le hice para Diario de Ávila. Yo formaba parte entonces de un grupo de jóvenes que habíamos fundado una asociación con la intención de cambiar el panorama de la entonces inexistente vida cultural de nuestro pueblo. Por su parte, Teresa acababa de exponer, con una gran acogida, por vez primera en la localidad. Por fin se había animado a sacar de la invisibilidad su arte, en el comienzo de una trayectoria que estaría repleta de éxitos y reconocimientos. La casa de Teresa se convirtió aquellos años en un refugio, en una trinchera de belleza y de poesía, en la que íbamos coincidiendo personas que compartíamos inquietudes, al calor de la tertulia y la amistad.
En las décadas siguientes la calidad artística de nuestra paisana fue siendo cada vez más conocida y reconocida nacional e internacionalmente. La obra de Teresa protagonizó exposiciones individuales y formó parte de muestras colectivas y comenzó a formar parte de importantes colecciones públicas y privadas. Las numerosas distinciones tuvieron su cota más alta cuando obtuvo la Medalla de Oro en acuarela del Concurso Nacional de Pintura, convocado por la Federación de Casinos de España. Además, por sus clases en El Hoyo de Pinares y en el Centro Cultural Palacio Los Serrano de la Obra Social de Caja Ávila han pasado a lo largo de los años numerosos alumnos, que se han iniciado de su mano en el mundo de la pintura.
Teresa había sido ya homenajeada en Navalperal de Pinares, en el municipio segoviano de Zarzuela del Monte -por su impulso a la notable pinacoteca del municipio- y en Ávila, primero con un premio de la Asociación de Mujeres Empresarias Ximena Blázquez y luego en un cálido e inolvidable acto que organizó el propio Ayuntamiento de la ciudad... Sin duda, ya tocaba que nuestro pueblo se uniera y, por ello, aplaudo este oportuno gesto de la Corporación Municipal.
"Cuando el alma no colabora con las manos, no hay arte", dijo el gran Leonardo Da Vinci. Eso es exactamente Teresa: no sólo técnica, no sólo talento, también, y muy especialmente, alma. Que sigamos disfrutando muchos años de esa creatividad y esa sensibilidad. Felicidades.
En las décadas siguientes la calidad artística de nuestra paisana fue siendo cada vez más conocida y reconocida nacional e internacionalmente. La obra de Teresa protagonizó exposiciones individuales y formó parte de muestras colectivas y comenzó a formar parte de importantes colecciones públicas y privadas. Las numerosas distinciones tuvieron su cota más alta cuando obtuvo la Medalla de Oro en acuarela del Concurso Nacional de Pintura, convocado por la Federación de Casinos de España. Además, por sus clases en El Hoyo de Pinares y en el Centro Cultural Palacio Los Serrano de la Obra Social de Caja Ávila han pasado a lo largo de los años numerosos alumnos, que se han iniciado de su mano en el mundo de la pintura.
Teresa había sido ya homenajeada en Navalperal de Pinares, en el municipio segoviano de Zarzuela del Monte -por su impulso a la notable pinacoteca del municipio- y en Ávila, primero con un premio de la Asociación de Mujeres Empresarias Ximena Blázquez y luego en un cálido e inolvidable acto que organizó el propio Ayuntamiento de la ciudad... Sin duda, ya tocaba que nuestro pueblo se uniera y, por ello, aplaudo este oportuno gesto de la Corporación Municipal.
"Cuando el alma no colabora con las manos, no hay arte", dijo el gran Leonardo Da Vinci. Eso es exactamente Teresa: no sólo técnica, no sólo talento, también, y muy especialmente, alma. Que sigamos disfrutando muchos años de esa creatividad y esa sensibilidad. Felicidades.
Tío Juan
Fue el poeta Luys Santamarina quien se refirió a esa generación de “niños hechos hombres de un estirón de pólvora”. Uno de los primeros recuerdos de infancia de tío Juan posiblemente sea cómo unos milicianos armados entraron en su casa y se llevaron a su padre, un maestro de escuela, mientras su madre intentaba evitarlo desesperadamente. Era aquella España terrible donde te asesinaban por "delitos” tan graves como asistir a misa los domingos –en una de las retaguardias- o haber estado afiliado a un sindicato –en la otra-... Él tenía 10 años y nunca más volvería a ver a su padre, ni vivo ni muerto. Sufrió también la temprana orfandad de madre por enfermedad, la dura posguerra y una infancia y adolescencia que no fue fácil para nadie de su generación.
Pero, con todo, la tragedia tuvo un efecto colateral positivo: las seis hermanas Estévez, tres de ellas viudas por aquel cainismo feroz, hicieron piña. Y con ellas, sus hijos. Todos los primos tejieron una unión, una complicidad, un cariño y una red de apoyo mutuo que en alguna medida nos transmitieron a sus hijos, junto con unos valores humanos que constituyen nuestra más preciada herencia.
Tío Juan se esforzó, estudió, aprobó las oposiciones a policía… y el ejercicio de su profesión, como inspector y como comisario después, le llevó a Aragón, al País Vasco o a Asturias, entre otros sitios. Participó en algunas operaciones policiales importantes de un tiempo marcado por el sangriento terrorismo. También formó parte del primer equipo docente y directivo de la Escuela Nacional de Policía en Ávila. En Zaragoza había conocido a tía Ana y allí se casaron. Toda una vida juntos hasta que hace nueve años murió ella.
Cuando tío Juan –que no tenía hijos- venía cada verano al pueblo, una cuadrilla de sobrinos nos convertíamos en su sombra. Nos llevaba a la piscina (a todos nos enseñó él a nadar) y a pasear por el pinar. Nos regalaba libros cada año para alimentar nuestra afición por la lectura. Y hasta organizaba un certamen literario doméstico para alentarnos también a escribir. Era muy aficionado a la fotografía y ha dejado el álbum familiar más valioso: nuestra infancia en imágenes, en un tiempo en el que no era tan común como ahora.
Hace unas semanas, el día de su cumpleaños, hablamos y le prometí que volvería a Zaragoza a finales de julio a pasar un día con él. Cumplí mi promesa, pero para verle en la cama de un hospital y darle el último beso del que ya no fue consciente.
Hombre muy inteligente, lúcido, de conversación siempre interesante y sugestiva, seguía manteniendo –nonagenario ya- la curiosidad por todo lo que le rodeaba. Leía vorazmente, disfrutaba de las retransmisiones deportivas, recibía clases particulares de informática y se había abierto cuentas en las redes sociales. En Facebook colgó esta foto que le hice con mi sobrina, en la que ésta le muestra algo en un móvil, y escribió al pie: Aprendiendo con la niña. Cuando una persona con su trayectoria vital y profesional sabe que se puede aprender de una niña de cinco años, indudablemente es alguien muy grande.
Cuando murió Pepín Bello –quien fuera argamasa de la Generación del 27-, a mi amigo Petón –que había tenido largas conversaciones con él-, le decían al verle apenado: “Normal, qué quieres, tenía ciento tres años”. Y él les contestaba: “No sabéis cuánta luz se va”. Cierto que no podíamos pedir más. Tío Juan estaba agradecido por la vida que tuvo. Y murió en paz. Pero entended nuestra tristeza: dejar atrás un trozo de nuestra propia vida, decir adiós a noventa y un años de cariño, de sabiduría y de bondad.
__Post relacionado:
- Tía Ana, 13.12.2007.
La noticia de su fallecimiento en algunos medios:
- ÁvilaRed, 18.07.2016
- Tribuna de Ávila, 18.07.2016
- Diario de Ávila, 19.07.2016
- Diario hoyanco, 19.07.2016
25 años de abogado
Intervención en el acto de entrega de diplomas por 25 años de colegiación en los VIII Encuentros Internacionales de Madrid, organizados por el Colegio de Abogados de Madrid, 22 de abril de 2016.
Autoridades, Presidenta del Consejo, querida Decana, Junta de Gobierno, compañeros y amigos:
La frase no puede ser más tópica pero tampoco más sincera: es un honor hablar en nombre de los compañeros que cumplen sus 25 años de colegiación. Y lo primero es lo primero: dar las gracias a nuestro Colegio por este gesto de reconocimiento.
Cuando, recién comenzado mi ejercicio profesional, veía de vez en cuando en el Otrosí la entrega de diplomas a los compañeros que cumplían sus bodas de plata con la profesión, veinticinco años de ejercicio me parecía un horizonte lejanísimo. Ahora que estamos aquí recogiendo ese diploma, podría decir, parafraseando el viejo tango que cantaba Gardel, que es un soplo la vida y que veinticinco años no son nada.
Pero sí, han transcurrido ya veinticinco años desde aquel día en que acudimos a la calle Serrano para colegiarnos y comenzar nuestro ejercicio profesional. Hoy tenemos más edad, más conocimientos y más experiencia, pero quiero pensar que también persiste en nosotros una parte de aquella joven ilusión con la que empezábamos nuestra andadura en la abogacía.
No sé si la profesión ha resultado ser como cada cual la suponía. En nuestro imaginario seguro que estaban las grandes películas y series norteamericanas de abogados, pero también esas series más cercanas a nuestra realidad. El año pasado Fran Estévez citaba Turno de Oficio. Yo me acordaba, con el reciente adiós a Ana Diosdado, de Anillos de Oro. Sabíamos que la realidad es diferente del cine y la televisión, pero no sé si éramos conscientes de que la realidad a veces supera a la ficción.
El caso es que, recogido nuestro carnet profesional, se iniciaba una trayectoria en la que a buen seguro hemos vivido de todo.
Hemos trabajado mucho. Esto es “marca de la casa”. Decir "abogado" y "muy trabajador" casi es una redundancia.
Con la risa a veces contenida, hemos acumulado a buen seguro un montón de anécdotas. Yo me acordaba estos días cuando fui a uno de mis primeros juicios y le preguntaron a un testigo por las generales de la ley y él explicaba con mucho enfasis: "Sí, señora, soy mu amigo, mu amigo, mu amigo de ése, y mu enemigo, mu enemigo, mu enemigo de aquél". O una señora a la que entregué una sentencia absolutamente improbable, porque habíamos ganado y yo le había anunciado que íbamos perder, que entrábamos a juicio únicamente por su empeño, y no mostró ninguna sorpresa. Y cuando yo le preguntaba "¿por qué estabas tan segura de entrar a juicio?" me dijo: "Carlos, porque tú eres muy buen abogado... Bueno, por eso y porque había consultado a una vidente antes". Y la última, hace apenas unas semanas, una señora que me decía en el despacho: "D. Carlos, a mí me sometieron a la prueba del polígrafo". Yo puse los ojos como platos: "¿En España, me está usted diciendo". "Sí, sí -contestó-, en el juzgado". "¿Y cómo era esa prueba del polígrafo?". "Pues me llevaron allí -me explicó-, me dijeron que tenía que escribir con mi letra y lo iban a comparar con la firma que había en el contrato". "¡Ah, calígrafo". Y me dijo: "Sí... ¿Le estaba volviendo a usted loco, verdad?".
Hemos recibido resoluciones que nos han producido especial disgusto y hemos recibido sentencias que seguro nos han producido una particular alegría o incluso nos han emocionado, por las dificultades superadas, por el intenso trabajo que quedaba detrás o por el trasfondo humano del asunto.
No sé las razones de cada cual para elegir esta profesión, pero sí sé que, en medio de muchos sinsabores, también nos da cada día razones para seguir en ella.
Hace siglos, cuando en el Reino de Castilla los jueces se llamaban oidores, los abogados eran los voceros. Porque esa es nuestra tarea: poner voz –que es tanto como decir fundamentos jurídicos, razones, argumentos…- a los intereses y los derechos de quienes confían en nosotros. Así lo contaba el Rey Sabio en las Partidas: “El oficio de los abogados es muy provechoso para ser mejor librados los pleitos (…) Tuvieron por bien los sabios antiguos que fizieron las leyes, que ellos pudieran razonar por otros (...) de guisa que los dueños dellos, por mengua de saber razones, o por miedo, por vergüenza o por no ser usados de los pleytos, no perdieran su derecho". Ésta es la enorme responsabilidad a la que nos dedicamos cada día.
Hace siglos, cuando en el Reino de Castilla los jueces se llamaban oidores, los abogados eran los voceros. Porque esa es nuestra tarea: poner voz –que es tanto como decir fundamentos jurídicos, razones, argumentos…- a los intereses y los derechos de quienes confían en nosotros. Así lo contaba el Rey Sabio en las Partidas: “El oficio de los abogados es muy provechoso para ser mejor librados los pleitos (…) Tuvieron por bien los sabios antiguos que fizieron las leyes, que ellos pudieran razonar por otros (...) de guisa que los dueños dellos, por mengua de saber razones, o por miedo, por vergüenza o por no ser usados de los pleytos, no perdieran su derecho". Ésta es la enorme responsabilidad a la que nos dedicamos cada día.
Me gusta este oficio, entre otras cosas, porque la ética no es opcional. No es una apuesta individual del profesional, sino que es norma. La ética es esencia misma de la abogacía. No sólo estamos obligados a aplicar buena praxis en los aspectos técnico-jurídicos: como en el caso de la Medicina y otros, nuestro Código Deontológico nos obliga a mucho más. En nuestro caso, se consagra y protege esa especial relación de confianza cliente-abogado, el secreto profesional, la independencia e incluso el compañerismo, algo que no deberíamos olvidar.
De ahí la importancia de los Colegios Profesionales como salvaguarda de esas señas de identidad. Todas las alternativas a los Colegios son peligrosas y mucho menos deseables: en un extremo, la mercantilización absoluta de la profesión; en el otro, que ese necesario control se ejerciera desde el intervencionismo de los poderes públicos, con mengua de nuestra independencia. Nuestros Colegios representan la autorregulación de la profesión, desde la libertad y desde la responsabilidad, y por ello tenemos que defenderlos y cuidarlos, por interés de los profesionales, pero también por garantía de los ciudadanos y por el bien común de la sociedad.
Me vais a permitir un pequeño desahogo personal. Yo no vengo de una estirpe de abogados. Vengo de una familia de clase media, modesta, de un pequeño pueblo de Ávila, El Hoyo de Pinares. Mi padre era funcionario y mi madre tenía un pequeño comercio. Los dos, que por distintas circunstancias no habían podido pasar más allá de los estudios primarios, se empeñaron en que los tres hermanos pudiéramos tener acceso a los estudios universitarios y trabajaron años sin descanso para ello. Hoy mi hermana es médico, mi hermano ingeniero y yo abogado. Mis padres estaban convencidos de que esas carreras, elegidas por nosotros, eran el mejor patrimonio que podían brindarnos. Y no es verdad. Eso es lo segundo mejor. Lo primero es que con su ejemplo nos enseñaron a ser buenas personas.
Cuando terminé la carrera mis padres recibieron la invitación para ir a un acto de graduación. Creo que les hacía ilusión. Cuando me lo dijeron, yo, afectado por una especie de fiebre iconoclasta muy veinteañera, les dije que no tenía pensado ir. No me di cuenta entonces de que para ellos, que no habían estado en el día a día del aula y que no iban a estar tampoco en el día a día del despacho y de los tribunales, aquello era como la pequeña ventana para asomarse a un logro que era también suyo. Hoy mi padre ya no puede estar aquí, aunque espero que de alguna forma pudiera sentirse orgulloso. Pero mi madre sí está y, aunque sea con veinticinco años de retraso, hoy ella se puede sacar esa espinita y yo le puedo dar las gracias.
Decía que era un desahogo personal, pero quizá no es tan personal, porque, salvando las circunstancias, vosotros compartiréis un sentimiento parecido, de gratitud hacia las personas cercanas. A quienes están aquí acompañándonos y a quienes no han podido venir pero están de corazón. A nuestros padres, parejas, hijos, hermanos, amigos… A esas personas a las que hemos robado tanto tiempo, a esas personas que se han alegrado con cada uno de nuestros avances, a quienes nos han dado ánimos en los momentos de desaliento, a quienes han estado ahí a nuestro lado. Estoy seguro de que no me equivoco al hablar en nombre de todos si os digo que este diploma es también vuestro.
Felicidades a los compañeros que tienen ese mérito de haber cubierto 50 años de ejercicio profesional.
A quienes hoy habéis jurado como abogados, felicidades, mucho ánimo y muchos éxitos. Dos consejos:
- Haced vida colegial. Como dije antes, estar colegiado no es un mero trámite, el Colegio es garantía de la libertad del abogado y de los valores de nuestra profesión. Tenéis un área de empleo, un departamento de turno de oficio, una biblioteca magnífica, un Centro de Estudios para actualizarnos permanentemente que ha cumplido treinta años de buen hacer y que el año pasado formó a nada menos que 25.000 alumnos, unas secciones donde podéis compartir experiencias con compañeros de vuestras mismas especialidades o circunstancias profesionales... Los que empezáis, tenéis un Grupo de Abogados Jóvenes y una Sección de Iniciación que os acompaña en vuestros primeros pasos. El Colegio se está esforzando por estar cada día más cercano al colegiado, no hagáis dejación vosotros de vuestro derecho y vuestro deber de participar, porque el Colegio de Abogados es vuestro, es nuestro.
- No perdáis nunca esa especie de cuidado artesanal del principio: por mucho tiempo que pase y muchos casos que llevéis, no los convirtáis nunca en un número. Haced de cada caso algo singular, poned en cada uno de ellos lo mejor de vuestra capacidad y de vuestro oficio. Caso a caso, como ese “partido a partido” que constituye la filosofía del mejor entrenador del mundo... ¿verdad, Sonia?
Y a vosotros, mis compañeras y compañeros que compartís conmigo este diploma, enhorabuena por 25 años de independencia, de esfuerzo, de constancia, de superación, de sinsabores y de éxitos. Por 25 años de dedicación a esta profesión, exigente pero apasionante, ingrata pero hermosa. Felicidades.
La sentencia por acoso laboral a discapacitado, en Cuatro y Telecinco
El grupo Mediaset difundió el 26 de mayo, en Informativos Telecinco, Noticias Cuatro, y en un reportaje de la agencia Atlas, la información sobre la sentencia judicial que condena a una empresa de servicios por el acoso laboral sufrido durante varios años por uno de sus empleados, una persona con discapacidad intelectual.
El reportaje incluyó declaraciones mías como abogado del trabajador en este proceso judicial.
La sentencia por acoso laboral a discapacitado, en Telemadrid
La noticia incluye unas breves declaraciones mías y, a continuación, una interesante entrevista con Alberto Alemany, de la Fundación Carmen Pardo Valcarce.
En la Cadena Ser, sentencia sobre condena a una empresa por acoso a un trabajador con discapacidad intelectual
Cadena Ser, 26.05.2016
CONDENADA UNA EMPRESA POR ACOSO Y AGRESIONES A UN DISCAPACITADO
El Juzgado de lo Social nº 7 de Madrid obliga a Servicios Securitas a indemnizar a un empleado con un 39 % de discapacidad psíquica que fue acosado y maltratado en el trabajo
Alberto Pozas. Madrid.
Luis llevaba trabajando en el servicio de paquetería y mensajería de la Torre Picasso de Madrid desde junio de 1997, pero el infierno empezó quince años más tarde: un día era el chico de los recados de los otros trabajadores, otro día era insultado por haber traído el bocadillo equivocado y un día sus compañeros le ataron con cinta aislante a una silla y apareció en su casa con moratones en los brazos. Luis no se llama Luis, tiene un 39% de discapacidad psíquica reconocida, y un juzgado de Madrid acaba de condenar a su empresa a indemnizarle con más de 44.000 euros por, entre otras cosas, no haber evitado una situación de acoso de la que tenía conocimiento.
El juzgado de lo social número 7 de Madrid ha condenado a la empresa Servicios Securitas S.A a indemnizar a este trabajador con 44.892,02 euros: aproximadamente la mitad se corresponde con la extinción de su contrato , y el resto con una indemnización de daños y perjuicios por, según el fallo, vulnerar su derecho fundamental a la dignidad y a la integridad física.
Según los hechos que la jueza Inmaculada González ha declarado probados, la víctima llevaba trabajando desde 1997 en la Torre Picasso del Paseo de la Castellana de Madrid -desde 2008 para Servicios Securitas - y el acoso empezó en 2012. Obedecía a su jefa "en todo, tanto si eran órdenes laborales como no laborales, como por ejemplo hacerle la compra para su casa". El hijo de su jefa se incorporó a la oficina y sus atribuciones aumentaron: era el encargado de salir a comprar los bocadillos de media mañana, y si se equivocaba le llamaban "tonto e imbécil", teniendo que pagar la diferencia de su bolsillo. "Era frecuente que le tiraran a la cara gomas, bolas de papel o clics a la voz de 'tonto, imbécil, que no te enteras".
Un maltrato probado por la Justicia del que él no se daba cuenta: su 39% de discapacidad psíquica reconocido por la Comunidad de Madrid posteriormente le hacían "insumiso, aquiescente, incapaz de enfrentarse a problemas nuevos y que tiende a culpabilizarse de todo lo que pasa", sin ser consciente de su discapacidad. Las intervenciones de su hermana tampoco mejoraron la situación: le empezaron a pegar en los brazos y a llamarle "chivato". Sólo encontró un poco de calma cuando su familia le prometió que nunca más volvería a su trabajo. Tras seis horas con la psicóloga descubrieron que un día le habían atado con cinta aislante a una silla, y que otro le habían tapado la cabeza con una bolsa y sólo se la habían liberado para beber champán, mientras varios lo grababan en vídeo.
LA EMPRESA, RESPONSABLE
La sentencia declara probada la situación de acoso y maltrato pero también carga contra la empresa, que "nada hizo para poner coto a estas conductas, ni tan siquiera cuando por petición de la hermana intervino el Jefe de Seguridad de Torre Picasso", advertencia a la que también hay que añadir la de una delegada sindical de Comisiones Obreras. Asegura que "no es excusa que la empresa cuente con códigos éticos, líneas internas de denuncia o compliance, porque no son instrumentos hábiles para que los maneje un discapacitado intelectual aterrorizado", concluyendo que "la empresa es la responsable de las consecuencias" y que conocía la discapacidad que sufría su trabajador.
En declaraciones a Radio Madrid, el letrado defensor de la víctima Carlos Javier Galán, de Alberche Abogados, destaca que a lo largo del proceso judicial la empresa se ha puesto del lado de los supuestos acosadores en vez de brindarle apoyo a la víctima.
La sentencia revela que la empresa llegó a pedir, a lo largo del proceso, los movimientos bancarios de la víctima, algo "contrario al derecho a la intimidad y que además a nadie interesa" según la sentencia. Resalta también que víctimas como su cliente, con una discapacidad psíquica, son "especialmente vulnerables" por su reticencia a denunciar el acoso o simplemente a reconocerlo.
PESADILLAS, INSOMNIO Y MIEDO
Según declara probado también la sentencia, las consecuencias de años de acoso y maltrato se traducen en flashbacks, pesadillas, insomnio y "miedo intenso a volver al lugar de trabajo". Según su abogado, podrá volver a integrarse en el mercado laboral, con el apoyo de su familia y de compañeros que "no le hagan la vida imposible".
La sentencia es recurrible ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, y por tanto no es firme.
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La noticia en otros medios:
- Europa Press, 26.05.2016- El Mundo, 26.05.2016
- ABC, 26.05.2016
- La Sexta, 27.05.2016
- La Vanguardia, 26.05.2016
- El Economista, 27.05.2016
- Infolibre, 26.05.2016
- Diario de Avisos-El Español, 26.05.2016
- Ideal, 27.05.2016
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La última comunera de Castilla
“Si preguntas mi nombre, fue María…”. Así comenzaba el epitafio escrito por su hermano. Al final, sometía su recuerdo al juicio de su propio pueblo: “España te dirá mi cualidad, / que nunca niega España la verdad”.
Diego Hurtado de Mendoza no sabía que, casi cinco siglos después, España no niega ni afirma la verdad: la ignora. Desconocemos nuestra propia historia, la de las gentes que sufrieron, lucharon, inventaron, escribieron, amaron o soñaron sobre esta misma tierra.
Leía esta mañana que hoy se cumplen 494 años de la huida, camino de Portugal, de María Pacheco, la Leona de Castilla, una brava mujer que terminaría sus días en Oporto, viviendo de la caridad.
Si hubiera sido un hombre, hoy todos tendríamos claro que la rebelión comunera no terminó en abril de 1521 en Villalar, cuando decapitaron a Padilla, Bravo y Maldonado. María Pacheco, primero sola y luego con el obispo Acuña, siguió gobernando no una plaza menor, sino nada menos que Toledo, que sería una de las sedes de la Corte, y resistiendo a las tropas realistas hasta febrero de 1522.
María, nacida en la Alhambra de Granada, donde su padre era alcalde perpetuo, había elegido anteponer el apellido de su madre, Pacheco, al paterno, Mendoza. Contrajo matrimonio con Padilla, pero, por linaje, en los textos se la cita a ella como doña María y a él como Juan.
Un 3 de febrero de 1522, tras haber conseguido ese día volver a tomar el Alcázar y liberar a sus compañeros, disfrazada y con su hijo en brazos, escapaba en la noche de una muerte segura.
Declaraciones a La Sexta sobre conciliación laboral y familiar
El pasado 17 de enero, la presencia del bebé de la diputada Carolina Bescansa en el Congreso sirvió como excusa para que La Sexta Noticias abordase el estado de las medidas de conciliación familiar y laboral en España, en este reportaje que incluyó unas breves declaraciones mías como abogado laboralista.
En Enfoque, la crisis de los refugiados
El pasado 6 de enero se emitió un espacio de la tertulia de actualidad Enfoque, en Hispan TV, dedicado a la crisis de los refugiados en Europa, en el que participé junto con Tomás Calvo (presidente del Centro de Estudios sobre Migraciones y Racismo de la Universidad Complutense de Madrid), Francisco Trejo (experto en seguridad y defensa) y Filippo Riccardi (analista político), moderados por Jesús Villegas.
En mi intervención denuncié que, generalmente, estamos más centrados en las consecuencias que en las causas de fondo que provocan esta crisis migratoria, así como la falta de una auténtica política común europea.
Etiquetas: Actualidad social, Carlos Javier Galán, Enfoque, Hispan TV, Política, Refugiados, Televisión
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